
Todas la queremos, la perseguimos, la deseamos pero, pocas veces, podemos alcanzarla tal cual la imaginamos. Quizás sea porque nuestra mente es capaz de imaginar la perfección, lo ideal…
Una familia feliz (escrita por Javier Naudeau y dirigida por Federico Bruso) es un cachetazo a la realidad. Es como un “¡despertate que es tarde!”.
Heidi Fauth protagoniza a Raquel, una madre soltera que hace absolutamente de todo para conseguir sus caprichosos propósitos. Podría decir que no tiene demasiada conciencia y eso es lo que más llama la atención a lo largo de toda la dramaturgia.
Esta mujer se las trae con su temperamento ambiguo y deleitante. Atrae, seduce, propone y se desmorona -en breve- para volver a levantarse. Un personaje muy difícil de interpretar y que ella lo consigue con su virtuosismo.
Como si la realidad no fuera ya de por sí dura, tiene un hijo adolescente al que no le da demasiados buenos ejemplos. Y es que ella no puede ni siquiera con ella misma. Hace lo que puede entre vaso y vaso de alcohol. ¿Qué se le podría exigir?
Un living es el lugar en el que transcurren casi todas las escenas centrales, un sitio que alberga todo tipo de conflictos (algunos menores y otras casi imposibles de resolver con whisky).
Ella no es irresponsable, no es infantil, no es poca madre. Simplemente es lo que le permitió su pasado y que no pudo cambiar en el presente. Está sola. Más allá de tener a su hijo (Pedro Maurizi) y de querer fabricar un mundo ideal. Está en soledad porque no comprendió aún de qué se trata vivir. No comprendió que la excelencia no puede darse siempre y que los mandatos sociales y culturales tienen un nivel que logra deprimir a toda alma que no encuentre aún su rumbo.
Esta sociedad no ayuda, hunde.
Una familia feliz es una comedia dramática y, al menos, permite que respiremos risas en muchísimos momentos de la obra de teatro. Lo irrisorio es que este tipo de vínculos, como los que se suceden en la puesta; existen. Y en muchos casos.
Avanzar hacia adelante como quien camina sin recorrer algo. Poniendo curitas a las heridas, tapándolas para imaginar que no existen hasta que se desate una catástrofe.
Un padre para su hijo, sin importar quién o para qué. Un hombre, ¿no?
Sociedad patriarcal que se derrumba, que ya no tiene sentido. Y que, probablemente, nunca lo haya tenido.
Un niño que crece, que tiene que ocuparse de cosas que no le corresponden.
Pero, ¿qué es lo correcto o normal o?
Estafas, inmoralidades y varias situaciones contempladas en un abrir y cerrar de ojos. Papeles de regalo y bolsas de shopping que siguen en la misma línea lo idealmente adecuado para el capitalismo.
Uno, dos, ninguno. ¿Para que un hombre en casa? ¿Por deporte?
Emborracharse para disimular la angustia y tristeza de una vida que se desmorona, perjudicando (sin querer) a quien convive con ella.
Sensaciones tensas, información oculta, burlas constantes y la realidad que se planta para no irse más.
Rodrigo Paredes y Diego López Domínguez encarnan a dos hombres opuestos entre sí pero, a la vez, muy parecidos cuando se trata de engaños.
Hombres sin códigos y una “frágil” mujer que también aprovecha los momentos para vengarse de su miserable y penosa vida.
¿Hay algo que el dinero no pueda comprar?
En esta genial y entretenida historia podemos comprobar que lo cotidiano sí y que es lo que Raquel busca para solucionar el minuto a minuto. Las horas que disfraza con placer y cada vez más tragos. ¿Tiene sentido?
Contratar a alguien para su objetivo es lo que nos mantendrá ocupados a lo largo de la función y lo que hará que reflexionemos entre tanta adrenalina.
Alquilar para prescindir cuando se quiera, sin explicaciones. ¿Es tonta?
A veces es preferible que una copa sea la compañera ideal y delirar el presente como si la vida fuera parte de una ficción contemplada.
¿Dónde está la línea entre lo real y ficticio?
Comer para no tener hambre, amar para sentir el corazón contento y hacer el amor para que el cuerpo galope.
Raquel es una de tantas y, probablemente, una fiel figura de tantas mujeres que siguen atadas al deber ser para aparentar lo que no quisieran jamás tener.
Dramaturgia: Javier Naudeau Actúan: Heidi Fauth, Diego López Domínguez, Pedro Maurizi, Rodrigo Paredes Dirección: Federico Buso Funciones: Sábados, 21 hs Espacio Callejón


Un hombre en lo cotidiano de su hogar le confiesa a su mujer que ha matado a un tipo. Lo que aparentemente es un hecho único, producto de un impulso, de un momento de locura se transformará en un hecho cotidiano. Su esposa, quien hace lo posible para alejarlo del crimen, se verá transformada en su principal encubridora. La compulsión homicida del esposo encuentra «contención familiar» en su mujer, pero, finalmente, todos, caerán en su furor asesino. A través de un humor del color más oscuro, la obra nos lleva por los laberintos del matrimonio y nos muestra hasta dónde es capaz, la familia, de encubrir los horrores más terribles. El lenguaje de la pieza parece el compendio de los lugares comunes de las relaciones de pareja hasta el vaciamiento del sentido, hasta el disparate como único modo de relacionarse.
Cuenta la esperanza y el amor de dos jóvenes en un contexto urbano poblado de falsas convenciones y prejuicios sociales, y de cómo el amor cuando es autentico y correspondido se ve obligado a abrirse paso entre toda esa maraña de absurdos obstáculos de clase. En la obra José, un joven mecánico de humilde procedencia obrera, conoce a María, la hija de una acomodada familia de profesionales. A los padres de María el amor se les apago hace mucho tiempo atrás teniendo que permanecer juntos nada mas que por compromiso y apariencia para complacer a las paginas sociales de los periódicos. José y María se enamoran y se ven obligados a enfrentar el ensueño de su amor con la dura realidad de sus diferentes procedencias sociales. Como dice Dragún la historia trata del amor que todos buscan romper porque se les exige resolver todos los problemas que no hemos podido resolver nosotros mismos. En este sentido, las contrapuestas familias de ambos jóvenes están peleadas no tanto por sus apellidos, que ni son Montescos ni Capuleto como en la inmortal historia de Shakespeare, como por la riña interna que cada familia libra con sus frustraciones, prejuicios, y una deformada visión del mundo de las relaciones humanas. La pregunta que la obra logra contestar es si el amor logra triunfar cuando los protagonistas son un mecánico, sin mucha escuela ni refinamiento social, y una futura estudiante de arquitectura de elegantes modales y cultura aparentemente superior, que por otra parte es incapaz de valerse por si misma, acostumbrada siempre a conseguirlo y tenerlo todo gracias al dinero de sus padres, y que nada sabe de ganarse la vida con el sudor y la presión del desempleo, el hambre y la carestía familiar.
*GANADOR PREMIO HUGO a MEJOR MUSICAL OFF* (2017-2018)
Un aviso en el Petit Journal de París que parecía sincero, y que en medio de la tragedia de la Primera Guerra Mundial, se convirtió en una esperanza para viudas desesperadas. El aviso decía: «Viudo, dos hijos, cuarenta y tres años, solvente, afectuoso, serio y en ascenso social, desea conocer a viuda con intenciones matrimoniales». Dos años después aparecería el segundo: «Señor de cuarenta y cinco años, solo, desea casarse con dama de edad y situación económica similar».
Un pueblo de provincias; dos mujeres, Marta y Juana, enamoradas del mismo hombre, se suicidan al saber que él ha muerto. Ambas se encuentran finalmente en «el más allá» para seguir con su eterna rivalidad y la búsqueda del hombre amado, esta vez, entre lápidas.
A partir del 6 de abril llega 
Escrito
en abril 6, 2019