*** Noviembre 2017 ***

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Cuando el paso del tiempo es mucho más que eso

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Resulta muy conmovedor asistir a una obra que presenta una temática tan vinculada con pensamientos propios. Sin pretender robar ideas ni apropiar contenidos, asumo que ver Los milagros (escrita y dirigida por Agostina Luz López) es parte de la vida de muchas de nosotras. De varias mujeres que hemos sido niñas, que hemos sufrido, que nos hemos sentido incomprendidas, solas aún en compañía, afines a personas ajenas a nuestras familias e inmersas en un círculo vicioso que, tantas veces, resulta imposible de cortar.

Martina (Martina Juncadella) es la creadora de este universo tan bien plantado, difundido, soslayado y representado. Porque ella recuerda quién fue y quién pretender ser, rememora ciertas escenas de su vida pasada y, para ellos, precisa de colaboradoras. Unas intérpretes de lujo que son, nada más ni nada menos, su madre, abuela y niñera.

Imaginen un mundo cotidiano donde solo las voces son femeninas, donde lo masculino puede ser oído o escuchado solo en la televisión, o leído en revistas o pretendido en los cuentos.

Esta joven es una manipuladora, como todos, una creadora, una innovadora y, al fin de cuentas, una demagoga. Sí, porque, utilizando correctamente el término, narra su historia desde ella misma, tajantemente; y las voces y cuerpos que vemos son ejecutados según sus hilos. Entonces, hace justicia en cada relato, llora cuando no consigue lo que quiere, se encapricha desde bebita y hasta el momento, juega con todo lo que encuentra, permite que su cuerpo dance y se recupere de cada agresión sufrida.

Porque el silencio a veces resulta más dramático que un grito, porque ella necesita tenernos como público pero también como testigos de esos años en que tanto le pasó.

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Los milagros es una comedia dramática, una historia de vida, un tesoro que Martina guardó y quiso compartir con nosotros y, al mismo tiempo, con ella misma. Porque el recuerdo puede ser lo que la memoria permita, al igual que el correr de los años ir transformando el dolor en algo bonito y perdonar lo que en cierto instante parecía irreconciliable.

Con respecto a la escenografía, cabe resaltar su practicidad y belleza. Por momentos es como si estuviéramos viendo dentro de un motorhome pero abierto de tal modo que pareciera ser un biombo desplegado. No existe el perder tiempo ni cambiar un espacio por otro, sino que toda la recreación espacio-temporal está a disposición de las actrices para que se trasladen de un ambiente a otro de la casa, contando agradables anécdotas, discutiendo, bailando, cantando, enloqueciendo y conociendo que la historia de esta familia existe en otras. Que ésta es un ejemplo no por distinguirse, sino por ser natural y por no querer tapar absolutamente nada negativo con ríspidas sonrisas.

Los milagros es la posibilidad de pasar de la risa al llanto en cuestión de una hora. De emocionarse tanto y aplaudir cada uno de los aciertos. Porque la naturalidad con la que interpretan, se fusionan y representan los momentos elegidos por la protagonista; hacen relucir las miradas, sentir que lo malo tuvo incluso una enseñanza y el aprendizaje voraz, como aquella sandía que se devora, o los fideos que se mastican o tragan según la personalidad que se trate. O aquellas tardes en que la telenovela era la escuela prodigio, o aquella incomprensión que rodaba cual regalo de cumpleaños. Todo es la puesta en escena de los recuerdos de Martina. De aquellos que quedaron latentes y quisieron salir a la luz.

Tres generaciones que parecen ser familia, que no parecen actuar sino ser. Una madre y una hija que tienen este vínculo en la realidad real, que se miran y se recriminan hasta el hartazgo. Que son y fueron, que crecieron teniendo asperezas, alegrías y tanto por hacer.

Así, todo el objeto de estudio elegido tiene una cronología, no necesariamente temporal sino temática. Así, solo así esta niña y ahora adulta puede escoger seguir siendo el modelo que pretendieron o escoger su propio camino sin culpas.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un melodrama argentino

Deshonrada

Deshonrada (escrita por Gonzalo Demaría y dirigida por Alfredo Arias) se reestrenó en el Teatro Cultural San Martín y fue una función a sala llena en que el mal clima no nos privó de ver esta excelente pieza artística.

Las dos tonalidades que aparecen durante toda la historia son el blanco y negro. Como antítesis, como opuestos, como posibles enemigos y como oportunidad de exhibir el cine expresionista a través de un escenario, dotado de toda la magia que encarnan sus protagonistas. Es deslumbrante el movimiento que se va creando a partir de la puesta en que lo estático cobra vigor y se desplaza sin siquiera hacerlo. A su vez, los actores llevan adelante una interesante coreografía (no en sentido de bailarines) en que sus cuerpos aparecen de un extremo u otro provocando un ilusionismo increíble.

En los años veinte nace la actriz Fanny Navarro, una artista muy aplaudida por algunos y vapuleada por otros tantos.

Como la escena en que Guido Samsa despierta siendo alguien completamente diferente a quien era, así está ella. Desconcertada, sin comprender por qué la vida le responde de esa manera.

Durante el segundo gobierno de Perón, Fanny fue detestada hasta por éste. Ella ya famosa y reconocida en el ambiente no tenía la simpatía de las principales figuras políticas. Pero, la propia Evita la defendía constantemente. Al fin de cuentas era su cuñada, mujer de su hermano Juan (conocido como Juancito o Pebete). Su principal apodo era Jabón Lux haciendo alusión a que lo usaban nueve de cada diez estrellas.

Si bien algunos la tildaban de trepadora, cuando ella conoció a Juancito ya era reconocida, motivo por el cual se comprende la necesidad que tenían de ensuciar su nombre.

En la década del 30′ integró una opera en el teatro colon (encabezada por Claudia Muzzio), protagonizó la película Ambición (de Adelqui Millar) e inclusive fue tapa de la revista Antena en 1941.

Alejandra Radano se viste de ella e interpreta a una Fanny bien caracterizada de pies a cabeza, que logra hasta su modo de hablar, de vocalizar y de ser.

Ella duerme hasta que un oficial conocido como Gandhi(Marcos Montes) la saca de su casa repentinamente. Luego, aparece en una sala donde debe no sólo declarar sino responder a cuestiones que ni siquiera ella sabe.

Pero lejos de convertirse en una obra dramática exclusivamente, esta pieza teatral tiene muchos tintes de comedia, con lo cual se trata de una comedia dramática exquisita -sin dejar de lado al melodrama- en que los años cincuenta están muy bien retratados.

El discurso de ambos fluye como el agua y existen momentos en que las pausas les permiten mostrarse como son, darle lugar a Radano para que cante y detalle quién fue en aquel entonces y conformar una historia deleitosa.

La puesta en escena en que ambos cuerpos se separan, caminan a la par y se confluyen como energías diferentes y simbióticas a la vez, da garantía de la profesionalidad tanto de los actores como del resto del elenco. Esos pasos que marcan distancia y encuentro, que son necesarios para presentar el código de la danza que prescinde de la palabra. Aquella palabra que, en este caso, solo trae más discordia y malos entendidos.

Además de las cuestiones de historia argentina y de la vida de esta artista, existe un juego muy interesante a nivel escénico en el que el mundo del teatro hace su aparición y los dos actores le sacan provecho a la situación.

Dicha fusión entre ficción y realidad se vuelve completamente importante, atrapante y el suspenso va creando las atmósferas necesarias como para que lo trágico y lo subrealista aparezcan y desaparezcan junto a los juegos de iluminación, de modo tan suave como los vestigios que dejan los pasos de estos transeúntes de la vida.

Existen varias escenas fuertes y que provocan desconcierto, quizás, de quienes no conozcan los entretelones de la vida privada de Fanny Navarro. Y para quienes sí saben de qué se trata, las sensaciones son aún más escalofriantes. Por qué tuvo que aguantar ser maltratada de diferentes formas porque a un grupo de militares y de dementes se les ocurrió que ella era culpable de ciertos asuntos de corrupción o de los caprichos eogístas de personas inoperantes.

Un día como cualquier otro se convirtió en penumbras imposibles de borrar de la mente y el corazón de Fanny. Su amado, quien había muerto (los militares aliado de Aramburu reiteraban que fue asesinado), no tuvo un descanso en paz. El Capitán Gandhi (César Fernández Albariño) hizo traer la cabeza del difunto y se la presentó, envuelta en papel de diario. De ahí en más la actriz comenzó a hundirse a ir de mal en peor. Su situación económica fue decreciente al igual que su salud.

Deshonrada permite sonreír, emocionar y llorar por la impotencia que siente Fanny Navarro -una mujer que tuvo el “pecado” de querer ser libre durante la dictadura-. Mientras sus vestuarios negros y su pelo la muestran cuasi desapercibida, su voz evoca el pasado, sus mejores momentos y el dolor de no poder defenderse de un impostor… mejor dicho, de un mecanismo torturador que disfrutaba de la desgracia ajena.

Un gran homenaje a la artista que ni siquiera fue querida por Daniel Tinayre (el director de la película Deshonra, protagonizada por ella misma).

Demasiado para un solo cuerpo, para un solo corazón y para una trayectoria artística que fue cuestionada por muchos.

El daño se concretó y jamás volvió a ser la misma joven llena energía y entusiasmo.

Dramaturgia: Gonzalo Demaría. Elenco: Alejandra Radano, Marcos Montes. Director: Alfredo Arias. Funciones: de miércoles a domingo, 20.30 hs. El Cultural San Martín.

Mariela Verónica Gagliardi

La luz de quien en verdad brilla

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Ser o querer ser como, es el tema central en esta obra de teatro que se ubica en los años 30´, en una época regida por los antagonismos de clases. Dentro de ese panorama, Federico Andahazi escribe “Errante en la sombra” -una novela que le da la oportunidad a aquellos artistas no reconocidos, de ser protagonistas-. En esta historia, el cantor Juan Molina es el homenajeado y traído a la fama de una manera original y atrapante.

Juan Molina (Carlos Ledrag) que conoció al morocho del Zorzal, al tan estimado Carlos Gardel (Gastón Biagioni). A un Gardel diferente, que es mostrado como enamoradizo, sensible y humilde en personalidad.

A lo largo de la obra musical (dirigida por Adrián Blanco), surgen muchísimos detalles que permiten que Errante en la sombra reluzca como es debido. El amor de Ivonne (María Lucía Gerpe), disputado por dos hombres que no se odian ni rivalizan entre sí, la violencia impartida por un padre que descarga toda su agresión en un niño, una madre sin la fortaleza suficiente como para defender a su hijo, el tango como motor que impulsa tantos sentimientos pasionales y contradictorios van delineando aquella sombra que le hace el número uno a Molina, sin siquiera saberlo.

Las canciones que ilustran y complementan la trama, son esbozadas por los protagonistas, con coros por parte del resto del elenco. A esto se suma un trío compuesto por tres músicos (Daniel Domino Iacovino, Pablo Germán Sensottera, Juan Schloeder y Leandro Ángeli) que, de principio a fin, van tiñendo con sus melodías cada escena de la dramaturgia.

Errante en la sombra es una historia popular, para que todos puedan disfrutarla por igual, conocer el momento más predominante de esta música y su respectiva danza, sentirse identificados y pertenecientes a una cultura rioplatense tan importante como necesaria. También, es bonita la forma en que se presentan los diálogos, ya que permite que no sea de manera cronológica sino que las escenas comiencen por el final, dándole una intriga mayor a la historia.

Una historia de amor es imprescindible para que el tango tenga éxito. Aquí ocurre, pero la desgracia también es necesaria como para que el amor sea más valorado por ellos y por todos los espectadores.

Sorprende visualizar a presidiarios, desde el inicio, como disparador de ideas y como escenario fundamental para que luego se entienda quién es y fue Juan Molina en esta ficción. Un hombre soñador, que pasaba sus días tocando la guitarra criolla y vocalizando sus propios temas, que intentó confiar en una propuesta de trabajo para salir de su casa -huyendo de tanto maltrato familiar-, pretendiendo ser aquel que siempre quiso, como sea y donde sea.

Cabe destacarse la voz de Gastón Biagioni -quien tiene un matiz diferente para detallar cada situación- al igual que su interpretación actoral, la cual que va pintando un cuadro de antaño y que logra retrotraernos a una época pasada, muy bien descripta en vestuarios, iluminación y códigos del ambiente-.

Una prisión en la que los propios condenados fueron sus oyentes y seguidores, retroalimentándose de una forma tan espiritual como conmovedora. Una actriz devenida en prostituta. Un Gardel que, al menos aquí, no es mostrado como el mejor sino como el segundo mejor. Un Juan Molina que comenzó cantando en coros religiosos y cayó en manos de cuanto chanta se le cruzó. Y, la figura del narrador presente (Pablo Goldberg) que se convierte en el sub-protagonista de Errante en la sombra ya que no solo da el pie a la siguiente escena sino que se compromete con su rol e interpreta tantas sensaciones y vivencias como pudieran transmitirse en un drama semejante.

Otra de las cuestiones a resaltar es la puesta en escena, dentro de la que se pueden visualizar cambios repentinos y ágiles, los cuales permiten que la composición de una situación se suceda de otra en tan solo segundos. Un preso lavando su ropa y fusionándose con el ritmo acontecido. Este preso que resulta ser el narrador y quien presenciará la intimidad de los tangueros que serán motivo de tristezas y melancolías, propias de los suburbios arrabaleros.

Las pretensiones son dejadas a un lado y reemplazadas por la realidad, una realidad que se debate entre la vida y la muerte.

Errar quedando en ese lado sombrío, propio de quien desea ser como, o de ser alguien diferente.

Juan Molina tenía la luz necesaria para brillar. No tuvo la mejor de las suertes pero lo intentó y eso lo convierte, ahora y siempre, en un ícono del tango. Al menos en estos escritos de Andahazi que lo erigen como tal.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Yo amo a mi papá

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¿Qué podría decirse de él que no se haya dicho, qué acotación de amor, pasión o al pasar se afirmaría al verlo en vivo, en la pantalla chica o, con suerte, en persona?

Nuestro país tiene, a particularidad de no ser demasiado nacionalista ni patriota, por eso es que esta gran figura del fútbol argentino se encargó de poner su sello distintivo para que cualquier extranjero identificara a nuestras tierras con el nombre de Diego Armando Maradona.

Para disgusto de varios, Maradona siempre fue polémico y, su sinceridad, sacó más de una careta política, tal vez sin proponérselo.

Su vida, su intimidad y su hija mayor -en este caso- puede disfrutarse, absolutamente, en el Teatro San Martín con “Hija Hija de Dios2de dios” (escrita por Erika Halvorsen y Dalma Nerea Maradona, dirigida por la primera).

Padre e hija logran un acercamiento, conmovedor, feliz, de crecimiento y total evolución; emocionándonos muchísimo a todos los presentes.

Padre e hija que fueron puestos en tantas bocas hipócritas y que, sin inmiscuirse en vidas privadas ajenas, lograron furor, críticas y palabreríos banales. Ambos tienen la particularidad de amar y dar todo por sus seres queridos así como de perdonar.

Dalma, una gran mujer, se pasea por el escenario con total soltura, narrando unas fotos y videos que acompañarán la obra de principio a fin, a la vez que Mariano Bicain hará de interventor para darle el pie a la Hija de dios.

Ella cuestiona el título el cual es una verdad popular pero una ironía personal. ¿De dios?, se pregunta. Él es mi papá, y esa respuesta será la que nos dará a nosotros como público y a cada interrogante planteado en el guión que compone su vida desde que nace hasta la actualidad.Hija de Dios6

Es muy fuerte ser espectador de una verdad, por más ficcionada que esté la pieza teatral. Justamente, ocurre lo que
deseo pase siempre en todas las obras: esa combinación perfecta entre una realidad y sus componentes irreales. Si bien, Hija de dios es autobiográfica, la dosis de ficción esta presente.

Como en The truman show, miramos, observamos y señalamos todo lo que recordamos, vivimos, presenciamos y desearíamos recordar delante de él. Ese ojo que nos permite conocer todo sobre nuestro ídolo, sintiendo orgullo antes que nada por lo que le dio al deporte pero, también, a la vida. Su humildad con que siempre habló, sin tenerle miedo a nada ni a nadie, fue lo que lo convirtió en uno de los más grandes.

Dalma, desde el día que nació fue advertida, no amenazada, sobre lo que sería su entorno, el fanatismo por su padre y la prácticamente nada de intimidad que tendría. Desde su bautismo, quince años hasta el detalle más secreto, se conoció y conoce, pero él, su papá siempre la preservó de todo lo que estuvo a su alcance.

Halvorsen consigue recrear un espacio precioso, colmado de historias, anécdotas y relatos de la mano de su propia actriz, quien se encarna el interpreta a ella misma. Esta apuesta no es sencilla como parece, es un verdadero desafío que no decae en ningún momento, convirtiendo a la sala en un estadio que llora por las injusticias, por los malos momentos y por la valentía del Diez.

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Si superar no es cosa de grandes, si alcanzar objetivos no es un mérito y si doblegar a la vida no es una manera de resucitar, ¡¿cómo se podría denominar al mejor jugador de todos los tiempos sin que suene exagerado?!

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Pablo Ángeli presenta: “Suegra”

Suegra

Desde este 14 de marzo, todos los jueves y viernes a las 23hs., en la sala John Lennon del Paseo La Plaza, Av. Corrientes 1660, C.A.B.A.

Venta de entradas en la boletería de The Cavern Club. Valor: $100.

 

Sobre Suegra

Pablo Ángeli vuelve a la escena de humor con su nuevo y más desopilante show de personajes. Diferentes monólogos con el aura de la suegra merodeando la escena. Quién no sufrió alguna vez el subliminal maltrato de la madre de nuestra pareja. Ese ser inmaculado para nuestra media naranja y nefasto para nosotros; quien todo lo supervisa y todo lo juzga. Mientras los críticos argentinos se deshacen en elogios hacia Ángeli por su comicidad e histrionismo, su suegra fue contundente: “Que trabaje ese vago, se cree que con esa peluca puede mantener una familia”.

Sobre Pablo Ángeli
Inicia sus estudios en actuación en 1998 en el Centro Cultural San Martin con la actriz y docente Yoyana Polanco, realizando su primer trabajo en la obra “Chau Mr. Iks”. En 1999, comienza estudios de improvisación teatral con el actor pionero en el género Mosquito Sancineto, quien para principios del 2000 lo convoca para ser parte del elenco del espectáculo Match de Improvisación con el que estará cinco años en la compañía realizando temporadas en nuestra ciudad porteña y temporadas de verano en el teatro Auditorium de Mar del Plata. En paralelo con su actividad en la improvisación, perfecciona su técnica tomando seminarios de Pantomima con Pablo Bonta e improvisación dramática con Pompeyo Audivert.

En el 2004 realiza el último espectáculo junto a la compañía de improvisación de Sancineto, “Improvisación Registrada” y desembarca en el club de Comedia Bululú donde comienza a realizar espectáculos de humor en forma unipersonal en los géneros del Stand-up, el humor de personajes y los muy celebrados unipersonales de improvisación teatral, formato que sólo tres personas en el país lo llevan a cabo.

A partir del 2006, dirige la comedia La pulga en la oreja, Actores improvisadores (2007), Improvisadores en el aire (2008) y El show de la improvisación (2009). Otra de las comedias en donde realiza la puesta en escena y la dirección es Animate a pasar los 40.

El año 2009 lo encuentra presentando tres espectáculos: Improvisadores, el humor del momento, Madrugadas improvisadas y Risas Angelicales, y obtuvo una sección dedicada en el primer libro que habla de improvisación teatral en Argentina: el ya celebrado Impro Argentina del autor Gustavo Calett.

2010 es un año de desafíos estrenando su tercera comedia, como director, Cualquier cosa menos pobres, y llevando a la calle Corrientes el espectáculo El Show de la Improvisación, compartiendo escenario con 12 actores. Y un jueves por mes se presenta en La Hiena, club de Comedia.

2011 abre un ciclo en el Paseo La Plaza llamado El ilógico donde invita cada jueves a un grupo de humor para divertir al público asistente. Realiza una participación en la tira televisiva “Los únicos” por canal 13 donde es convocado para hacer un fragmento de su show unipersonal Improvisa que da miedo; espectáculo dedicado íntegramente a parodiar el cine Terror y que pone en cartel en la sala John Lennon del Paseo La Plaza.

Ficha técnica:

Dirección: Pablo Ángeli.
Elenco: Pablo Ángeli.
Prensa & Difusión: Mariano Casas Di Nardo.
Finaliza: Diciembre 2013.

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