*** Octubre 2017 ***

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Entrevista a Gustavo Tarrío

Gustavo Tarrío foto Laura Ortego-1

¿Cómo surge la idea de hacer un Festival en el Conurbano?

Es idea de una amiga, Alejandra Menalled, que trabaja desde hace años en la dirección de producción y programación del Cine teatro Helios. Yo me reencontré con ella el año pasado, fui al Helios a ver una película del festival de cine independiente, EPA. Esa misma noche Alejandra me dijo que quería hacer un festival de teatro independiente y desde ese momento empezamos a trabajar.

Primero le tocó el turno al cine y ahora al teatro. ¿Cómo considerás que será la recepción tanto en Ciudad Jardín como en el resto de las sedes?

Nosotros queremos que sea una fiesta, en un momento del año ideal para ser anfitriones y también para caer de visita. Hay una historia en relación al teatro muy presente en cada uno de los espacios y la intención no es recuperar una tradición sino más bien inventar la posibilidad del encuentro entre vecinos, artistas, locales y lejanos.

¿Por qué LATE? 

Creemos que resume bien el carácter de acontecimiento vivo y una vocación de circulación. LATE da para muchas metáforas, nosotros hacemos uso de algunas.

Parecía casi improbable en que nuestra zona pueda gestarse una movida artística de este nivel. Si bien no es el primer festival del conurbano, sí el originado en Ciudad Jardín. ¿Qué sentís como Director?

Hay un poco de inconsciencia y al mismo tiempo tengo claro que encuentro en LATE algo en común con otros trabajos que hice, obras en la calle y también en la experiencia como director de documentales, en la que tu punto de vista sobre lo real determina la tarea de la obra. Y el festival es una buena manera de disponer de situaciones en las que pensar de manera colectiva.

Respecto a Ciudad Jardín, yo estudiaba en Morón y cuando me rateaba y me venía a pasear a Ciudad Jardín. Me encantaba. La arquitectura redondeada de algunos edificios, lo poco cuadrado de su configuración urbana me hacía pensar que estaba en otro país. Pensándolo ahora, creo que es un poco lo que te pasa en el teatro cuando logra conectar y te traslada a otro lugar, te pone en perspectiva y eso es lo que emociona. Salir de las rutinas, de los deberes y las obligaciones. Al final, LATE es un poco como invitar a todos a una rateada comunitaria.

Pasa el tiempo y tanto la situación política como social nos enseñan que es fundamental plasmar todo en el arte. ¿Habrá algún espacio para debatir después de cada función? 

Claro. Después de las obras va a haber un rato para hablar con los hacedores e intercambiar puntos de vista. Por un lado queremos darlas a conocer y también que las obras conozcan algo más del público con el que compartió todo ese tiempo.

Las obras son un emergente de esta época  y en ese sentido el festival no es para nada una vidriera en la que las obras se exhiben como un cuadro clausurado.

¿Cómo fue el proceso de selección de las obras? Cuándo comenzó? 

Desde que arrancamos con Alejandra y también con Camila Palacios pensamos en la idea de celebración. Obras que permitan el disfrute como condición fundamental. Y que para un público no habituado puedan ser una buena puerta de entrada al teatro independiente. Y para el público que gusta del teatro, una buena oportunidad para repensarse y establecer nuevos lazos.

Creemos que la formación de lo que entendemos por el “gusto personal” a veces se anquilosa de manera demasiado temprana y experiencias como estas tienen un poco la tarea de poner todo en cuestión y de borronear esos límites.

¿Cuál es tu sueño como Director de LATE?

Ahora que está por empezar, ¡que salga todo bien! Que las compañías se sientan en su casa y que, en lo posible, puedan probar más recursos que en sus espacios de origen. Eso es un poco lo que a mí me gusta que me pase cuando voy a un festival, es lo que te hace crecer también como compañía. Pero lo que más queremos todos los que trabajamos es que el público acuda y disfrute. A futuro, nos dan ganas de que la edición de este año sea un puntapié inicial y que con el tiempo el LATE se expanda a varios municipios.  

En la programación puede notarse una diversidad en cuanto a estilos, propuestas, modalidades y estéticas.

Al poco tiempo de empezar nos dimos cuenta de que no solamente queríamos un festival variado pensando en el público. También nos parecía que la verdadera ganancia estaba al revés y era para las obras. Que las compañías puedan enfrentar otros espacios, otro público y que también pudieran dialogar. Y en ese sentido quisimos diversidad de obras, de temáticas, de orígenes y de procedimientos. Por eso las obras son muy distintas entre sí y va a ser interesante ver como cada una resuelve su participación en LATE.

Por ejemplo, Himalaya de la compañía Rojo Accidente nunca hizo la obra en otro espacio desde que estrenó y ahora van a hacer su obra en el Teatro Ocean de Santos Lugares. O La vida brutal, que se va a hacer en el salón de trofeos del club AFALP, un espacio para nada convencional. O la Compañía de Titiriteros de la UNSAM, que va a ocupar el Helios de otra manera con una obra documental de recorrido. O una obra sobre Ciudad Jardín, con el público desplazándose junto a la Compañía de Funciones Patrióticas que de alguna manera invita a percibir de otro modo el espacio propio.

Hay una vocación de salir del cauce y de comunicación. Y también de evitar el hermetismo.   

Habrá muchos corazones latiendo a partir del 29 de octubre.

En términos numéricos, sí. Mucha gente dando vueltas, visitando un barrio cercano al que no van tan seguido o al que no fue nunca. Y es un poco la esencia de este encuentro. La invitación a desconocerse y a descubrir algo nuevo. Porque sentís que te late el corazón cuando estás enamorado o algo te pone nervioso. Y tiene que ver con desviarte del espacio del trabajo, de la producción, donde el descontrol está contraindicado. El teatro, por lo general, te enfrenta a mucha gente junta experimentando una situación, haciendo silencio, respirando con otros. Es un momento muy especial en tiempos de aislamiento en el trabajo o en la familia. Es lo opuesto a ir al supermercado, que es una experiencia de apropiación salvaje. Ir al teatro es lo mejor que le puede pasar a una comunidad.  

¿Qué mensaje le dirías a los vecinos de la zona y al resto de los amantes del teatro?

¡Que vengan a ver las obras! El mensaje del festival está ahí. Hay algunas gratuitas, como la de apertura con Las palomas dicen o Ciudad Jardín, una obra hecha especialmente para LATE. Y las entradas son muy accesibles. Y si alguien no tiene el dinero, puede hablar en la puerta y seguro que entra. Nosotros tenemos ganas de que usen a LATE para su placer personal. Que vayan todos, solos y acompañados. No quisimos ni creemos que LATE sea un festival representativo del teatro del conurbano, no tenemos esa capacidad y hubiese sido ingrato para todos adjudicárnosla. A lo sumo LATE será un nodo por el que se cruzan coordenadas bien diversas. Porque las obras que vienen de CABA tienen integrantes de todo el país, lo mismo que las obras que vienen de otros municipios. El intercambio tiene que ver con la composición de las compañías. Porque ya nadie nace, es criado y se queda a vivir en el mismo lugar. En ese sentido el festival quiere pensar en esta cuestión de límites geográficos, saber si las obras se piensan territoriales o no. Yo pienso que no y que por suerte es más complejo y también mucho más divertido.

Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a Meri Hernández de “Quién retiene a quién”

Ella es una de las actrices de “Quién retiene a quién” (Hereafter, de Vinnie Favale y Frankie Keane), la obra que acaba de estrenarse,  y, a su vez, es quien consiguió los derechos de este musical que es oriundo de Broadway y que tuvo la suerte de ser llevado a la pantalla grande años atrás.

Meri Hernández nos cuenta varios detalles del proceso creativo y del mundo de los muertos, de las despedidas, de ese duelo que tan difícil resulta y que, muchas veces, no sabemos cómo procesar.

Desde que nacemos, tenemos la certeza que algún día moriremos. ¿Cómo surge la idea de llevar adelante este musical con una de las temáticas que más preocupan al ser humano?

La verdad es que el musical Quién retiene a quién, me encontró de casualidad. Esas casualidades que por algo suceden. Buscaba material para Espacio Lemos , donde dicto clases, y me enamoré de la canción “Waiting”. Y como no encontraba la partitura para enseñar el arreglo, Melu (hoy parte de la producción) escribió a los autores y ellos mandaron todo el material. Leí la obra entera y escuche el resto de las canciones ¡y fue amor a primera vista! Por otra parte , pienso que es un tema sensible del cual todos tenemos algo por decir. La muerte de los seres vivos es inevitable y las preguntas que esto genera son sinfín. De todas maneras, la obra tiene mucho humor, no recae solamente en lo solemne acerca de la muerte. Creo que el musical aborda la muerte de una manera muy humana y natural. De manera que te podés identificar con el material.

¿Cómo se logra el duelo perfecto?

Creo que no hay duelo perfecto. Las personas tienen tiempos y maneras distintas de encarar la muerte y el duelo es algo muy personal. ¿Tener un duelo perfecto es creer que no hay más que bellos recuerdos de la persona que ya no esta viva? ¿Es no tener pendientes? No lo sé. En la obra hay un personaje que está esperando reencontrarse con su hijo después de 30 años. ¿Serían 30 años de duelo? ¿Tiene las heridas abiertas aún 30 años después? ¿Es mucho? ¿Es poco?. Creo que no hay un tiempo limite para el dolor, tiene que ver con las personas que lo sufren. Por eso creo que no hay duelo perfecto. Hay emociones varias, para cerrar una historia o recordar a una persona que hoy ya no está en este plano. Creo que la pregunta me trae más preguntas. 

¿Cómo fue el proceso actoral desde el primer contacto con el texto? ¿Existió un momento en que el espíritu de la muerte ya se había apoderado de estos personajes?

El proceso con el texto  fue muy natural. Juan Álvarez Pardo (nuestro director) trabajó con nosotros para no caer en lo obvio con respecto a la muerte y sacarnos del lugar solemne y llorón que por ahí a veces el tema “muerte” pide.  La verdad que fuimos dejando que los personajes aparecieran, que los lazos y vínculos se formaran. Las tres historias que se cuentan son sobre madres e hijas/os que necesitan volver a verse para poder cerrar su historia en paz. Lo mismo pasa con el personaje del médium ( Fabian Vena), quien también tiene una historia personal por resolver. En la obra, los espíritus son quienes finalmente tienen que decidir si hacen contacto o no con sus seres vivos ya que en la trama se plantea que, una vez hecho el contacto, pasarán al más allá. Tratamos de trabajar el texto desde la verdad de estos 8 personajes. 

¿”Quién retiene a quién” podría decirse que es una jugada doble como para concientizar sobre el más allá en caso de que exista?

La muerte es una incertidumbre. ¿Qué nos pasa después? Nadie sabe… y ahí es interesante poder pensar que pasa lo que cada uno crea que tiene que pasar. Hay gente que es feliz pensando que se va a reencontrar con sus seres queridos. Hay gente que piensa que se revive en otra vida para aprender aquello que hicimos mal en la anterior. Hay gente que cree que se apaga la luz y no pasa nada más, eso es muy personal . Yo creo que la obra te deja preguntas, o te deja reflexionando. Pero no entrega respuestas. 

¿A dónde van esas almas que no supieron exprimir sus vidas?

En la obra las almas no están ahí retenidas  como castigo por no haber aprovechado sus vidas, sino que acompañan a sus seres queridos mientras viven. Van a un lugar… pasan a otro plano, pero no dicen a dónde… supongo que depende de cada persona dónde el alma termina.

¿Es más fácil digerir la angustia con canciones y música?

Yo creo que la música es de gran ayuda. Genera momentos y climas hermosos, en el piano Hernán Matorra nos guía con calidez por cada canción. Claro, también, con las palabras que Marcelo Kotliar supo encontrar para cada una. Creo que la música acompaña, pero no aliviana. Hay veces que la música eleva lo dicho, refuerza. Es redondo el intercambio entre la palabra y la canción. Y entre las voces nuestras guiadas por Florencia Carchak. Pero no sé si es más fácil, la angustia es angustia. 

¿Se puede estar muerto en vida?  

No lo sé. Yo soy una entusiasta de la vida, del hacer, no me imagino siendo una persona apática a la que las cosas le sucedan sin capacidad de reacción o disfrute. Nunca digo nunca, pero no me pasó. En la obra se toca un poco este tema, uno de los personajes dice que puede esperar toda la vida hasta hacer contacto con su ser querido. Y el personaje con más experiencia en el tema del duelo, le dice que tiene que tener cuidado… y prestar atención a los que quedan vivos, al aquí ahora. Porque sino va a perder mucho mas que un ser querido. Supongo que tiene que ver con esto de estar muerto en vida. 

Los vivos podemos reflexionar. ¿Y los muertos, qué queda para ellos?

En la obra todos reflexionan. Los vivos tratando de cerrar cuentas pendientes, empatizando con las pérdidas de los demás personajes. Y los muertos tienen esperanza -me parece o así me gusta pensarlo a mí-, que en la obra ellos se van adonde cada uno soñó. Y también reflexionan sobre lo que vivieron, sea mucho, poco o el cómo lo vivieron. 

Nuestra cultura no es muy amiga de mantener una conversación con alguien que ya no está físicamente. ¿Después de ver esta propuesta cambiarán de idea?

Yo creo que la muerte es un tema que genera mucha intriga. Genera algo de miedo, mezclado con ganas de saber. Vértigo a lo desconocido. ¿Quién no conoce a alguien que fue a una bruja, a una astróloga , a una armonizadora? El futuro es un misterio y a la gente lo desconocido le da miedo y a la vez ansiedad. Lo que está fuera de mi control, me puede asustar. Pero todos fantasean con poder saber. Por ahí no lo llevan a cabo, pero seguro se les cruzó por la cabeza. ¿Quién no jugó al juego de la copa de chico ? Uno imagina que será como en las películas. La verdad no sé si va a cambiar por ver la obra, pero supongo que algunos del público lo pensarán.

¿Por qué habría que ir a ver este musical?

Tienen que venir a ver Quién retiene a quién, porque es una obra que te deja pensando. Que te invita a transitar por diferentes emociones. Pasás de reír a carcajadas, a llorar, a emocionarte. Y cuando uno genera algo en el otro haciendo teatro es una sensación maravillosa. Ver la reacción inmediata del público es hermoso. Como público también es hermoso estar sentado en una butaca y meterse en una historia que me provoque millones de sentimientos.

La música es increíblemente bella y, por sobre todo, es una historia que habla sobre las relaciones humanas, las cosas no dichas y el hacer las paces con uno mismo. Porque tenemos un elenco que la rompe y un equipo de trabajo que lo deja todo en el escenario.

 

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Fanático hasta la muerte

La pasión de Toto

La pasión es pasión. Y aquí podría terminar la nota, sin embargo, recién comienza…

Todos los humanos tenemos devoción por algo. Al menos quienes sentimos con el Ficha Totocorazón, quienes, a veces, dejamos de lado la razón y decidimos jugarnos por algo más grande.

Muchos dirán que el fútbol es ver correr a 22 boludos detrás de una pelota. Si fuera sólo eso…

El fútbol, pero el fútbol de verdad es una comunión de sentimientos, de fetiches, de cábalas, de reuniones frente a una pantalla o en el estadio, de una alegría y tristeza inexplicables, de estar -pase lo que pase- alentando a nuestro equipo. De sentir que todo se acaba o todo empieza. De ganar o perder.

En “La pasión de Toto” (escrita por Eduardo Grilli y dirigida por Maximiliano Cesto) puede sentirse, plenamente, la pasión. A través de una historia muy conmovedora, se podrá ir conociendo lo que significa tener raíces en un barrio como La Boca y sentirse identificado.

Porque, antes, se era del equipo de fútbol de su barrio, no del que ganaba o del que tenía los mejores jugadores comprados del extranjero. Se era más coherente, más auténtico.

Hay quienes afirmarán que ser hincha de obnubila y no permite actuar y pensar coherentemente, racionalmente. Y es que para todo no hace falta pensar. Porque cuando un corazón late no lo hace sólo por una camiseta o por un jugador sino por el símbolo, por lo que representa.

Es como cuando una persona sonríe al hablar del lugar en el que vive. Así como existen seres que se mudan de un espacio a otro, hay quienes necesitan pertenecer a un mismo sitio siempre. Dejar huella, impregnarse de los olores, de las fragancias. Ya que esto no tiene que ver con un perfume que se compra. Porque bien podría tratarse del Riachuelo o del Río de La Plata como se narra en la presente historia.

Y podrá pretenderse que un anciano venda su tierra, su casa pero no su pasado. Esto terminaría por matarlo. Por hacerlo desaparecer.

Me gustan mucho las narraciones que no sólo cuentan sino que vivencian al mismo tiempo, aquellas que nos permiten a los espectadores indagar, buscar adentro nuestro, sentirnos parte. Por eso es que La pasión de Toto será para mí como aquella estampilla que se pega en un sobre y se acerca al corazón antes de enviar a su destinatario.

Porque están las raíces que fueron componiendo al Barrio de La Boca, a la ola de inmigrantes que se atrevieron a venir a Argentina en busca de un futuro prometedor, de apostar sus días en la construcción de un mañana. De pintar con lo que fuese los colores que componen este lugar tan fascinante, tan bien representado.

Desde que ingresé a la función me sentí ahí. Me olvidé que existía un escenario y me trasladé al conventillo, al tango, a esos pasos arrabaleros, a la picardía de un niño, a las travesuras de los más grandes y a la nostalgia de pensar que un día podrían irse.

Con respecto a la escenografía, desde ya que el equipo ha indagado en el estilo, ha ensayado en el barrio mismo y eso se nota. Son muchos artistas en escena, podrían existir algunos detalles a corregir a nivel técnico pero eso no importa en este caso. Y digo esto no por pasarlo por alto sino porque hay cosas que se aprenden y otras que se traen desde la cuna. Y este colectivo de actores nació para expresarse, para sacar desde las tripas una lágrima o una sonrisa, para emocionarse y, así, emocionar. Para demostrar que con amor y pasión es posible transformar y brindar un espectáculo -con música y canciones en vivo- de alta calidad.

Al mismo tiempo que los colores nos atrapan, las cánticos boquenses nos invitan a formar parte y a seguir soñando por lo que más nos importa: aquello que no se compra con dinero.

Ganando o perdiendo, la azul y oro representa el amor por un club, por un lugar, por los de afuera y los de adentro, por quien se juega, por quien se pierde y por quien decide pertenecer para siempre. En este sentido, creo que el amor por el fútbol es más grande que por la política.

¿Imaginan a un hincha cambiándose de camiseta?

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Todos nos volveremos a ver

La vida y la muerte, dos momentos, dos etapas. Dos algo que bien se desconoce. A veces, podríamos pensar que estamos soñando o en otra dimensión. Que ya vivimos otras vidas o que esta es, simplemente, la primera.

Existen muchas teorías al respecto. Pero, de lo que podemos estar seguros es que para vivir y para morir hace falta valor.

En el musical “El dedo. ¿Podrá un vivo casarse con un muerto?” (con Libro y dirección de Diego Badaracco) se puede ser feliz durante más de una hora, acercarnos a la parca sin miedo, hacernos amiga, disfrutar y ver un universo de colores que no parece ser para nada malo.

Porque, en verdad, uno suele sentir miedo hacia lo desconocido y esto no es ningún descubrimiento de mi parte. A lo conocido lo podemos manipular, conversar, guardar, quitar y hacer lo que nos plazca. Pero, con aquello que tenemos más incertidumbres que certezas, ¿qué hacemos?

¿Cómo nos enfrentamos ante lo temido, lo inaccesible?

Muchas tonalidades e historias nos invitan a compartir una comedia musical llena de esperanza, de talento y de magia en el éter. Con coreografías súper atractivas, canciones e interpretaciones es que podremos sumergirnos en un matrimonio en vida y otro en muerte. Suena raro, ¿cierto?

Porque al dejar de existir de este lado, no implica que dejemos de existir del otro lado. Parece ficción y en este caso lo es. Aunque hay quienes prometen un Paraíso o un Cielo o un algo que puede ser que sea más deseo que justificación racional. Pero, ¿para qué adelantarnos?

Un joven, protagonista de esta historia, es quien andará de un lado a otro sin pedir permiso. Aventurándose a descubrir todo aquello que le intriga. Paseando como en busca de algo que quizás ni siquiera se imagina. Gracias a su deleite es que podremos sonreír y tener la esperanza de que en algún momento veremos a nuestros seres queridos que ya no nos acompañan físicamente.

Es un cúmulo de sensaciones encontradas que nos recorrerán por dentro y por fuera. Acariciándonos y dándonos un suspiro en medio de la angustia.

Pero, El dedo, no es un musical para llorar sino para conmovernos, para vivir a pleno, para bailar en las butacas e imaginar lo intangible como más allegado.

Como cuando éramos niños que inventábamos cuentos incoherentes porque tan solo se nos ocurrían. La imaginación está a flor de piel y vale la pena despojarnos de prejuicios para escuchar a quienes aman, a quienes tienen la oportunidad de cambiar sus vidas, a quienes se descubren solidarios y se corren a un costado, a quienes se disculpan por decidir por otro, a quienes se dan la posibilidad de querer cambiar el mundo impregnándolo de cosas bonitas y de reencuentros maravillosos.

Como si el tiempo se detuviera, un rostro es reconocido, un vestido se convierte en decorado y el capricho más absurdo en realidad.

Porque siempre se dirá que las cosas se valoran cuando se pierden. Y muchas veces es cierta la frase, aunque no siempre.

Por eso es que la ciencia ficción nos hará palpitar una escenografía que acercará el más allá al más acá. Que nos traerá lo más simple para que, de una vez por todas, sintamos que lo que no se hace ya mañana podría no ser igual.

Un vivo y una muerta pero no que imaginamos. Una muerta que enseña, que construye, que da y se retracta ante sus errores. Porque, evidentemente, en el cielo también se paga por ellos.

Ya habrá tiempo para uniones eternas, quizás.

Lo que hoy vale es el caminar por aquellas sendas añoradas y no impuestas. Por esos paraísos en vida y no los prometidos según la Biblia.

Un elenco maravilloso en el que cada artista tiene su momento para lucirse, para desplegar su talento, su caudal de voz, su delicadeza, su humor y picardía. Un boom que explota y se expande por toda la sala del teatro La Mueca. Adrenalina que recorre los pasillos, que nos contagia e impulsa a aplaudir sin parar. El libro y la dirección son óptimas y se trasluce el trabajo en equipo de modo integral.

La oscuridad aquí es arte, es color, es celebración. Y es una manera de aceptar que así como existe la muerte también existe lo negativo adentro de cada uno de nosotros. Aceptarlo es la única posibilidad que tenemos de construir y no destruir. Quien niegue esa parte estará negándose a sí mismo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Las desgracias del amor

La zorra ilusa1

El teatro es ficción, pero toda ficción está basada en alguna realidad.

Este es el caso de “La zorra ilusa” (escrita por Inés Garland y dirigida por Magela Zanotta) una agrupación de micro historias que van reavivando aquel fuego supuestamente extinguido. Que permite soñar con los ojos abiertos, perdonar mientras se sonríe, al tiempo que se huela la exquisita fragancia de un jugo de naranja recién exprimido o que se recuerda que todo lo pasado no siempre fue lo mejor pero tampoco lo peor.

Lo que en primera instancia llama la atención es la escenografía: es como si entráramos en un living de casa antigua rodeado por un divino jardín. Mucho verde, mucha frescura. Y eso es lo más bonito. La no exageración de los relatos, que son narrados en primera persona por dos actrices pero que interpretan a una misma mujer. Un trabajo muy interesante en el que los vestuarios, el modo de hablar y la conjunción de las voces conforman un canon sutil y exquisito. Como esa naranjada que vemos a los lejos sobre una jarra cristalina con rodajas recién cortadas.

Esta es una obra de teatro artesanal y disfruto este tipo de puestas que nos acercan, que nos conmueven, que permiten que ingresemos en la intimidad de los personajes sin pedir permiso.

Una primera cita, una apuesta por amor, las mentiras, la no atracción y la idealización. Historias de amor sobre una sociedad estructurada que se sigue erigiendo sobre lo conservador y puro. Aquellas bodas que nunca alcanzarán a celebrarse, las heridas del corazón que no siempre cicatrizan, la victimización y la culpa.

Me gustó la Zorra ilusa porque es pura poesía pero esbozada de forma natural y esto consigue un acercamiento inmediato entre el espacio escénico y los espectadores.

Me encantó la zorra porque no se refiere a un insulto machista sino a un animal precioso e inteligente. Y, en esta oportunidad, la ilusión nunca la pierde. La ilusión se convierte en esperanza, provoca y es provocada como un juego seductor, infantil o pasional. Esta mujer pasea por diferentes momentos de su vida, danza por el suelo, se revuelca y se convierte en novia. Aquella que no pudo casarse pero que, finalmente, consigue imaginar. Porque si algo está demostrado en esta dramaturgia es que se puede revertir una situación o ser otra deseándolo. Y para eso la imaginación, sin la cual posiblemente moriría por no haber conseguido todos sus propósitos.

Y, en un momento, se oye la canción de Lola Flores:

(…) “Apuesta por el amor, amor, amor,

Amor, amor;

porque la vida sin amor,

no es nada.

Apuesta por el amor, amor, amor,

Amor, amor;

no le cortemos, por favor,

las alas” (…)

Sin el amor, sin la ternura y sin la pasión todo “fracaso” se convertiría en un sinsentido, en la desdicha más grande y en el fin de los tiempos.

Con muchísimo humor, las actrices (Graciela Muñiz y Victoria Bertone) continúan cada historia. Por momentos vemos a una, luego la otra se suma y este juego de dupla es el que nos convence de la importancia de intercambio, de la necesidad de ser escuchada, observada, por más que se trate de nosotras mismas.

¿Cuántas veces quisiéramos mirarnos desde afuera?

“Me hubiera gustado ir al campo con él si él no era él”, menciona una de las artistas. Y aquí las risas del público arrasan con todo. Como cuando comparan a un hombre con el tronco de un árbol y tantas otras alegrías y tristezas que son evocadas como caricias.

Sonidos nocturnos nos permiten estar allí, esos insectos que se oyen solo cuando las voces humanas se silencian.

La zorra ilusa es un canto a la vida, el amor de una mujer que recuerda desde el presente todo lo vivido y que siente desde cada uno de sus poros. Ella no necesita maquillarse ni ocultar, esta es su vida y la comparte. Es su vida y la narra. La piensa en voz alta… y nosotros, atentamente, la captamos.

Existe una historia para cada tipo de mujer o una mujer con miles de historias.

No puedo decir que está de moda un espectáculo con estas características pero sí que existen más que en otras épocas y eso es realmente grandioso: que haya lugares en que lo íntimo y más preciado se cuenta en voz alta que, luego, llegado el momento de ir a dormir solo cerremos los ojos.

Funciones: miércoles 20.30 hs. El Método Kairós.

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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La puta no tiene casa

Ph: Pablo Tesoriere

Una gran obra puede ser inmensa aún repitiendo fórmulas, temas y sentidos. En definitiva, de lo que se trata es de transmitir, de llegar a un público específico y analizar momentos.

Este es el caso de la comedia dramática Lo único que hice fue jugar (escrita y dirigida por Sebastián Irigo). Una obra realmente conmovedora en la que podemos transitar diferentes clímax -recreados musical y coreográficamente-, en los que las actuaciones comprometidas logran plasmar temas controversiales en nuestra sociedad: el de ser mujer, madre, esposa, ama de casa, trabajadora y mucho más. El de ser niño e hijo. El de ser menor y tener que absorber los problemas de adultos. Patinar, correr, danzar, cantar o entregarse al dolor.

De repente apareció Gerardo Chendo, intepretando a Manuel (un niño de ocho años), a un adulto de 40 y narrando su versión de los hechos. Entonces, todas las décadas que transcurrieron se encargaron de convertirlo en quien es hoy, en lo que es.

Quien crece, sufre. Quien juega se abstrae.

Mientras todo sucumbía en el hogar, él se ponía a jugar. Mientras sus padres discutían problemas graves, él se convertía en un súperhéroe. Mientras Adriana (Josefina Scaglione), su hermana mayor, salía sin dar demasiadas explicaciones, repetía modelos impensadamente y su otro hermano, Ignacio (Sebastián Politino) seguía acumulando obsesiones; él pretendía disfrutar de su niñez. Como si cada momento hubiera podido transformarse en un pentagrama gigante sobre el que conviene cabalgar cada tarde y noche.

Al tiempo que todo lo modificaba y, sin embargo, a este ser tan encantador se encargaba de conservar como en una cajita de cristal.

¿Qué ocurre con los hijos cuando un matrimonio llega a su fin?

¿Los padres se divorcian de sus hijos?

¿Por qué el caos del amor se traslada a los hijos?

¿Por qué?

Una ambientación de los años 80´ junto a un vestuario exquisito y muy bien logrado nos adentra en la casa de una familia de clase media. Una familia muy convencional, con costumbres tradicionales, vacaciones a la costa, fiestas de cumpleaños, silencios otorgados y conflictos no superados.

Existe un trabajo muy interesante en cuanto a la iluminación y la música: cuando las luces bajan, los hermanos comienzan a jugar, a utilizar todo el espacio escénico y a convertirse en los verdaderos dueños de la ficción. De hecho, es esta atmósfera que Manuel recrea, constántemente, la que le permite trepar, luchar como soldado, pilotear un helicóptero y ser un niño dentro de todo feliz. Una capa que lo cuida de todos los peligros inminentes, que lo protege de los posibles daños reales, de las malas decisiones de sus padres y de todo aquello que él, aún, no puede decidir.

La dramaturgia permite distintos tipos de análisis y eso es lo que cautiva del relato: las diversas aristas e interpretaciones que se puedan tener.

Un padre jugador (Federico Buso), un padre que todo lo arriesga sin medir las consecuencias. Que se ahoga en el alcohol a costa de todo y de nada. Un padre que se siente solo y que no hace nada para modificarlo. Pero nadie dice qué se espera de él, qué se pretende. Gritos de un lado y de otro. Estallidos que producen quiebres irremontables. Regalos que se acumulan más que el amor que no se prolonga. La “traición”.

Marcela, su esposa (Laura Oliva) muy sobreprotectora con sus hijos pero no con su marido. Esta relación es la que más importa desde el comienzo, porque todo lo que suceda luego dependerá de esos primeros instantes.

Como una margarita que se va deshojando: me quiere, no me quiere. Entonces, cada pétalo tirado, abandonado, sufrido o apestado. Ocurre de todo y el sufrimiento se ve en sus rostros. Unos rostros que están cansados de lo que les toca. Porque es lo que se trasluce: una sensación de que todo lo que viven no lo eligen sino que les cae de algún lado. Como si ellos no tuvieran responsabilidades.

La selección musical es excelente y permite rememorar hits de los años 80 y 90, esas canciones que al oír los primeros acordes ya asociamos con películas de aquel entonces. Esto es un valor agregado para la dramaturgia que se va construyendo artesanalmente, con relatos en forma de retazos, con el adiós precipitado, con una separación incoherente, con un límite que nada tiene que ver con el amor y unas lágrimas que prefieren esconderse tras el rostro del horror.

La puta no tiene casa, se escucha en un momento de la historia. Y aquí quedo helada. La mujer que quiere separarse (porque el divorcio aún no existía) tratada de la peor manera, tildada de tantas otras y en ningún momento abrazada. La mujer que no ama es despreciada, dejada a un lado, sin techo. Esa mujer que era todo, de un momento a otro estorba y es mencionada como la lepra.

Lo único que hice fue jugar permite un acercamiento con el sentido de la vida, con los valores, el respeto, el amor, la ira, el temor y tantas otras cuestiones que conviene palpitar.

El que esté libre de pecado puede rezar un Padre Nuestro.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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La infamia tiene cara de mujer

Juegos de amor y de guerra1

Ficha Juegos de amor y de guerraGonzalo Demaría es uno de los mejores dramaturgos que existen. Lo afirmo y confirmo sin soberbia sino con total honestidad. Él es capaz de contar un hecho, un acontecimiento o su propia versión de un escritor y darle una impronta como para convertirla en historia.

En esta oportunidad, Juegos de amor y de guerra, nos narra una época recordada como Infame por el Golpe de Estado del 43 en que se pone fin a la presidencia de Ramón S Castillo (1940-1942). La acción se ubica en 1942.

Pero lo más interesante de la obra de teatro no se basa en los detalles políticos y militares, sino en una historia de amor en la que queda inmersa una familia entera. Una familia que dará qué hablar de principio a fin.

Por eso, el elenco con Luisa Kuliok y Diego Mariani a la cabeza podrán ir sacando los trapitos al sol de los personajes que caracterizan y contando las miserias que tienen bien adentro. Porque esta mujer y este hombre representan clases sociales opuestas que lucharán, incansablemente, arriesgándolo todo. ¿Por amor?

Militares, ideas demasiado conservadoras, tiranía, persecusión por ser “diferente”, más dolor y más uniformes por doquier pretendiendo ocupar los cuerpos inocentes en pos de la homogeneidad.

Asco y más asco a esa sociedad que a veces quisiera replicarse sin que “nadie” se de cuenta. Ideas que solo producen rupturas inexplicables y que pretenden demostrar quién tiene el poder.

Una mujer que quiere casar a su hija con un Teniente, dejando de lado los escrúpulos y dejando en evidencia quién es en verdad. A ella parece no importarle demasiado si avanza hacia una u otra dirección porque lo que la mantiene en pie es su condición de millonaria, de señora de clase. Y nada más.

Sus tapados y ropa fina le permiten seducir a quien desee, aunque no convencer como quisiera con sus pobres argumentos.

Una hija (que no está en escena), un hijo manipulado a gusto y piacere de quienes manejan sus hilos, un artista francés que por lucir no tan masculino es perseguido y maltratado. Sangre, muertes y un modelo empecinado en convertir las desigualdades en un molde único.

Espanto y más espanto para quienes se creen con derecho a invertir su tiempo, energía y dinero en utilizar el poder en algo tan mafioso y perverso.

No puedo dejar de pensar en el gran personaje que encarna Sebastián Holtz, en su forma de desplazarse en escena, en su interpretación y canto. Es único, es perfecto. Realmente un rol exquisito para degustar cada vez que interviene.

En cuanto a Luisa Kuliok resulta encantador tener a la diosa de las telenovelas actuando frente a nosotros porque sigue demostrando que una simple mirada, un tenue movimiento o un grito inesperado significan un antes y un después. Ella se luce deleitosamente bien sola o acompañada. Apasionada o ultrajada.

Es atrapante la dramaturgia y la forma en que Oscar Barney Finn la dirige, otorgándole un ritmo muy a su estilo y las pausas en los momentos oportunos. Así se puede disfrutar de Juegos de amor y de guerra sin perder detalle alguno. Contemplando cada diálogo, cada instante… como haciendo que todas las escenas perpetúen en el tiempo.

El resto del elenco acompaña realmente bien y, entre todos, conforman una novela dramática. Con respecto a la escenografía (a cargo del talentoso Alejandro Mateo), es sutil y minimalista, permitiendo fusionar las actuaciones con la misma y no dejándola como parte de un decorado. A esto se suma un vestuario divino que ubica en tiempo y espacio al espectador, junto a la iluminación impecable que recorre el pasado y presente sin inconvenientes.

La sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación le calza justo a esta obra y se observa a cada uno de los actores desde el lugar que se esté. Una historia para reflexionar, para sentir que el tiempo venidero no tiene por qué repetir el pasado. Porque todo lo pasado no siempre fue mejor y el futuro puede construirse con otros ladrillos más imperfectos, únicos, y elegidos por seres que aman la vida; no que quieren destruirla.

¿Alguien que se ama puede aniquilar?

¿Alguien que se respeta puede faltar el respeto?

¿Alguien que tiene una familia puede decidir por ella?

Años después llegaría la Guerra, El Golpe de Estado, la sucesión de gobiernos de facto y una ideología que junta más polillas que sabiduría. Una ideología que mató, mata y matará mientras se la siga repitiendo como verdad.

Mariela Verónica Gagliardi

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Pintando un guau gigante

Quienes amamos a los animales tenemos una sensibilidad superior. Por eso, nuestro universo es muchísimo más grande y precioso. El amor hacia otro ser vivo que no sea humano, sin considerarlo inferior, es algo que se siente y es imposible de explicar con demasiadas palabras.

De repente me encuentro saludando a cuanto can veo por la calle, hablando con sus amos, preguntándoles el nombre, edad, observando si sonríe o esta triste. No se trata de una obsesión sino del amor hacia estos animalitos que nos acompañan en lo cotidiano, que son fieles (de verdad), que no reprochan, que están ahí siempre. Algunos podrán decir que no les queda otra porque, a cambio, piden techo y comida. Pero, no estoy de acuerdo. Cuando un perro no está a gusto lo hace notar y se “porta mal” a su modo para que esto se modifique. Ellos con su lenguaje y nosotros con el nuestro, podemos entendernos completamente.

Qué felicidad tuve al acudir a la función de Mi perro López (Libro y letras: Gastón Cerana; Dirección: Gastón Cerana y Omar Calicchio) porque además de contar con un elenco extraordinario, unas canciones que reflejan el mundo canino y una dirección impecable; resulta emocionante notar cómo Gustavo Cerana pudo captar esa esencia de los perros. Desde la elección de su protagonista (Omar Calicchio) hasta la de su amo (Gustavo Monje) y el resto de los artistas que conforman esta puesta en escena tan maravillosa, así como el piano y efectos sonoros en vivo a cargo de Juan Ignacio López. Cabe resaltar el vestuario, confeccionado con tonalidades muy llamativas al igual que toda la escenografía -que cambia de acuerdo al cuadro musical-.

Este perrito es de la calle, un típico mestizo que un día consigue familia humana. De ahí en más, una sucesión de hechos irán ocurriendo hasta transformar las conductas de las personas y el arte en sí. Porque esta comedia musical entrelaza la ternura con la toma de conciencia, al adoptar una mascota y el amor que siempre habrá que darle a ésta.

A puro color y pasión, los mensajes para los más pequeños no tardarán en llegar y, también, para los adultos que siguen creyendo que un animal es un objeto con el que se puede ganar dinero.

Nada de domar, nada de lucrar. Un perro es solamente para amar y, juntos, ser felices.

Canciones que enseñan y acompañan para la construcción de un mundo mejor, uno en el que todas las especies podamos habitar sin exterminarnos sino cuidarnos.

Hay quienes adoptan o compran un perro para tener seguridad en su casa. Quienes lo mandan a adiestrar para que proteja y, luego, dicha “protección” se vuelve en contra. Porque cada vez que el humano interviene la naturaleza, algo negativo ocurre. Con esto no quiero decir que una castración esté mal. Todo dependerá del caso y de lo que aconseje su veterinario. Para los callejeros, sobre todo perritas, es recomendable hacerlo para que no haya más cachorros abandonados y sin hogar que los repare. Esto también puede verse durante el musical, un musical colmado de enseñanzas, para toda la familia y de un nivel artístico supremo.

El enamoramiento entre ellos, la simpatía de estos actores-perros que, a través, de melodías y coreografías irán recorriendo el escenario llenándolo de alegría, tristeza, melancolía y sabiduría. Porque ellos tienen mucho para mostrarnos, para que cambiemos. Porque un perro no discrimina, no se cree superior por su raza sino que socializa con sus pares corriendo de un lado a otro, ladrando, ¡celebrando la vida!

Y, ¿quién no quisiera tener la libertad de hacer eso mismo?

Es posible transformar una sociedad con pequeños gestos, con sentirnos iguales entre nosotros y con seguir enalteciendo a Mi perro López que, con su cola en movimiento, su ternura y paciencia; dará lengüetazos de amor y compañía durante todos sus días en esta Tierra.

Guau, guau guau. Cada uno sonará distinto según la necesidad y mensaje que López quiera dar. Él no tendrá ningún problema en jugarse por lo que siente, en perseguir al amor de su vida y en aguardar a su amo una y otra vez. También gozará de reuniones con sus amigos, deliciosas comidas en la plaza y un sinfín de aventuras antes de partir al más allá.

Recomiendo esta historia a todos los amantes de los cuadrúpedos, a quienes son pequeños, medianos y grandes. A todo aquel que adore una pieza artística musical y tenga la intriga de saber cómo puede concretarse un sueño aún cuando se lo crea inalcanzable.

Mi perro López necesita un nombre y no tardará en conseguirlo. Lo que no se atreverá es a sumergirse en el mar… Al fin y al cabo, ninguno de ellos simpatiza mucho con el agua.

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Ponerse en los zapatos del otro?

Lo lindo de calzarse es pisar en cualquier lado (escrita y dirigida por Julián Rodríguez Rona) es una canción a la vida. Pero a la vida del planeta de los vivos, que estamos con los ojos abiertos deseosos de palpar con las manos la naturaleza, de respirar fragancias y de descansar sin justificaciones. De indagar por doquier y abrazar lo que sintamos como propio e imprescindible.

Esta dramaturgia es pura melodía a pesar de no convertirse en musical. Porque las palabras son dichas pero los cuerpos generan movimientos, como las notas y su ritmo. Porque pareciera ser un long play con varios tracks que se continúan, teniendo reminiscencias del amor, pero también del abuso, del trauma, de la soledad, de la angustia, del deseo y de tantas cuestiones que se nos pegan a los mortales sin saber cómo quitarlas de encima.

Esta obra de teatro es un placer. Como esas pociones mágicas que pretendemos beber para convertirnos en otros capaces de afrontar lo que no nos animamos.

Lo lindo de calzarse… brinda códigos para que los espectadores juguemos a ser parte de los diferentes microrrelatos. Porque esa es una de las principales aventuras en la que se embarcan los tres actores: en la de ser ellos mismos pero, también, otros. Al ponerse en los pies de “otro”, pueden intentar sentir como tal o distanciarse finalmente. El juego de roles que uno investiga (inconscientemente) cuando es chico y que, se “olvida”, en la valija de la niñez creyendo que es lo que corresponde hacer.

Cuando el río sube, la pasión los enamora pero, cuando baja, todo parece convertirse en un paisaje turbio y lleno de sensaciones tensas e imposibles de digerir.

La escenografía de cartones corrugados es un acierto gigante, que acompaña cada uno de los diálogos, el avance y retroceso, la posibilidad de ubicarnos en tiempo y espacio, de derribar obstáculos o de, simplemente, colocarlos en el lugar que correspondan.

Adoré la puesta en escena por ser tan sencilla y eficaz. Por permitirle a los artistas desplazarse libremente y sin tener que trasladar mobiliarios. La liviandad de los cartones les permite seguir danzando por donde sus cuerpos les pidan, por correr o avanzar en la dirección y a la velocidad que se sientan impulsados a hacerlo.

En cuanto a las interpretaciones, no puedo más que felicitar a todo el elenco, junto su autor/director que supieron otorgarle brillo a esta aventura por el Delta. Una aventura que comienza desde el principio de un viaje que no tiene fin, que se basa en contemplar el afuera y el adentro, en disfrutar de unos versos y del silencio mismo.

La cadencia de cada escena demuestra que cuando se tiene talento se pueden convertir las palabras en actos, las miradas en caricias y la música en poema.

Esta obra es gigante porque invita a la reflexión y al autoconocimiento (sin el cual es imposible de hallar la identificación). Los paisajes se construyen sonoramente y todo lo visual correrá por cuenta de cada imaginación. De hecho, me sorprendí gratamente. Por momentos observaba el agua moverse y unas olas que rompían contra el muelle.

Como pequeños cuentos que se entrelazan entre sí, en un punto de encuentro real o soñado. Como cuando uno cierra los ojos para recostarse sobre su pareja e imaginar el mundo o transformar la realidad.

Disfrutable de principio a fin, para sentir, relajarse, tensionarse y angustiarse. Porque estos sentires y otros estarán presentes como un abanico que se abre -a cada momento- para compartir una bocanada de aire fresco o brumoso.

Lo lindo de calzarse es estar dispuesto a atravesar diversos tipos de terrenos y quedar en pie, sin hundirse por completo. Nadando, reflotando y encontrar la manera de llegar a la superficie. Porque el amor es el único capaz de transformar una realidad en otra por más temporal que pueda desatarse.

Mariela Verónica Gagliardi

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El amor no tiene sexo

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Una historia situada años antes de la vuelta a la Democracia en Argentina, nos permite ver más de cerca el amor prohibido por la sociedad de entonces. Pero pasaron más de 30 años y todavía hay quienes se dan el “lujo” de sentenciar el amor ajeno, como si se pudiera elegir de quién enamorarse.

Contraseña, el musical” (con libro de José Tramontini y Sergio Trevisonno, dirigido por Maximiliano Lovrincevich) es una comedia que por momentos se torna trágica y dramática pero, siempre, conserva esa magia para entretener. Y esto no es casual. Porque durante la Dictadura militar se pretendía distraer la mirada y que las plumas obnubilen a todo transeúnte confundido.

La presente dramaturgia contiene un relato central y varios que se desglosan del mismo. Entonces nos encontramos con un joven que decide irse de su casa para vivir a pleno su sexualidad sin tener que soportar las presiones de sus padres o las conjeturas que estos pudieran transmitirle. Él se marcha y mira hacia adelante, buscando trabajo, vivienda y, cuando menos lo espera, el amor llama a su puerta. Exactamente como en los cuentos, solo que acá el príncipe le ayuda a encontrar su camino y no a darle todo servido en bandeja. Es amor y no caridad.

Fiestas privadas a las que se puede acceder con la clave correcta, una pensión que hospeda a todos los que no tienen casa propia, la cooperación de seres diferentes que se unen para que la vida les sea un poco más fácil y la presencia de las fuerzas represoras que disfrutan haciendo requisas, golpeando al más débil y asustando por el mero hecho de demostrar que es más fuerte quien posee las armas.

A su vez, se suman a estas problemáticas y situaciones, el deseo de una mujer que quiere triunfar como actriz y vedette, pero que comienza con el pie izquierdo. Justamente, por culpa de su “egoísmo” es que se desatarán bastantes conflictos que jamás imaginó.

Un musical para pensar y replantearse el hoy. Para poder empezar a hacerse cargo de las decisiones que se toman y no lavarse las manos ignorantemente. De hecho, es la oportunidad para que todos nos demos cuenta y asumamos que una acción está unida a otra y, así, sucesivamente.

Con respecto a la puesta en escena, están muy bien logrados los momentos y sensaciones, al igual que las caracterizaciones de los personajes, el vestuario y las letras de las canciones -las cuales permiten que nos ubiquemos en tiempo y espacio-.

En cuanto a la pareja encarnada por Emiliano de la Cuétara y Hernán L Cuevas; consiguen crear un clímax muy romántico, dejando en evidencia que para amar solo es necesario sentir y jugarse por lo que dicta el corazón. Cada vez que se produce un acercamiento entre ambos, tanto los nervios como la incertidumbre salen a la luz para demostrarles que solo es cuestión de arriesgarse.

Debo destacar a Romina Groppo por ser quien lleva adelante esta fascinante historia de amor, hilvanando situaciones de encuentros, de represión, de odio, de calidez y, por sobre todas las cosas, otorgando la oportunidad de ver más allá de cada uno. Es ella quien interpreta a la dueña de la pensión donde se suceden casi todas las escenas y diálogos. Es ella quien vocifera sus pasiones y pesares, su dolor y angustia, su soledad y compañía. Su caudal vocal es exquisito, sobrepasa fronteras y produce una satisfacción tan grande que permite olvidar por unos instantes la tormenta desatada por aquella trágica época. También brilla Yasmín Corti, quien protagoniza a una mujer con ansias por triunfar y conseguir su objetivo por encima y a pesar de todo.

Con el tango y otros ritmos sonando, las letras de cada canción irán revelando la sinuosidad del camino, la oscuridad imperante y la brillantez que se sucede luego de tanta batalla.

Ni los uniformados ni los represores ni nadie podrán quitarle a la humanidad su palpitación hacia el amor. El sentimiento más noble, seguramente, que todo mortal podrá sentir en su paso por este mundo (que aunque a veces parezca caerse a pedazos, siempre podrá reconstruirse).

Ficha Contraseña, el musical

Mariela Verónica Gagliardi

 

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