*** Junio 2017 ***

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¿Amar a pesar de todo? O la corrupción de los medios

Sombras de libertad1.jpg

Este año, causalmente, se están presentando muchos musicales con tinte político. No es casualidad sino una necesidad, imperiosa, por demostrar que no todo está perdido. La juventud es la encargada de impulsar cambios, de dar esperanza. Somos responsables todos, igualmente.

“Sombras de libertad” (con libro de Pablo E. Silva, música de Inbal Comedi y dirección de Wilfredo Parra) es una propuesta excelente, cautivante, apasionada, en la que las texturas musicales de pop, rock, murga y folclore se entremezclan conformando un mosaico cultural. No existe un argumento novedoso, no hace falta. Ya no hay inventos sino distintas maneras de mostrar, de convencer y de tener la motivación necesaria para no caer en la mediocridad ni brutalidad.

Adoré la función de esta obra. La volvería a ver una y mil veces más. Desde que empezó hasta que terminó estuve fascinada. Hablé toda la semana de ella. La recomendé, recordé detalles, impresiones, ideas, formatos, coreografías, voces, vestuarios y luces.

Es imposible no quedar absorto y feliz, sintiendo que estando del lado correcto, el universo conspirará a nuestro favor.

En este caso una campaña electoral podría llevar al Senador Antonio Robles como candidato a la presidencia. De hecho, es al único que conoceremos a lo largo de la historia. Porque no se trata de una trama donde exista una rivalidad entre políticos sino entre el cuarto poder y la política. Esto ya es materia conocida por todos, desde hace mucho tiempo. Sin embargo, no es poco meritorio refrescar memorias.

Por ello es que Sombras de libertad es una conjunción de sentimientos a flor de piel que desbordan de un momento a otro. Porque la pasión es así. Porque el amor es así. Porque el poder obnubila y hace perder de foco a lo verdaderamente necesario para ser feliz.

Quizás un sillón presidencial sea el deseo de este candidato pero, el amor, no debería ser dejado a un lado. Pueden subsistir ambas cosas, al menos podrían. Pero Robles no consigue equilibrar ambas cosas y, de ahí en más, una sucesión de acontecimientos ingratos surgirán para quedarse.

La traición aparecerá de la mano de la persona menos pensada y su venganza será “entendida” aunque no aceptada por este devastado ser humano que tenía la fórmula perfecta para sacar a su país adelante.

Este musical es el claro ejemplo de que todos las personas necesitamos ser y no agachar la cabeza en pos del ideal ajeno. Se puede ser solidario pero no presidiario. Esta es justamente la confrontación que se puede vislumbrar desde el comienzo y por no ser oída, todo el panorama político prometedor se verá en picada.

Como una ilustración fotográfica perfecta, esta familia se hará ecos por distintos lugares públicos y privados, hasta que los bandos confronten y el más “vivo” se salga con la suya. Siempre existirá aquel que se lleve su tajada sin tener valores ni culpa. Lavándose las manos y formando parte de algo que ni siquiera podría comprender de verdad.

Mientras una familia se desmorona, una campaña en puja tendrá demasiados vaivenes y solamente subsistirá el más fuerte.

Cabe preguntar cómo un político podría sacar un país adelante durante años si no es capaz de escuchar siquiera a su esposa e hijo. Suena muy conocido este cuestionamiento. Es conocido, famoso diría. No solo se ve en la realidad real sino en miles de series y películas de todo el mundo.

Un sillón que queda holgado, que no es capaz de sostener a un idealista ni a un tirano.

El enemigo está más cerca de lo que se pueda creer, solo es cuestión de esperar y la catástrofe irrumpirá desde los noticieros hasta el programa más cholulo de la televisión.

“Justicia para todos, paz se respirará, hambre nunca más”… son algunas de las promesas del futuro presidente. ¿Quién no quisiera a un líder así? Que además es carismático, seguro y sonriente.

Mientras sus discursos y canciones nos van convenciendo para votarlo, la danza contemporánea arrastra sus pasos terrenalmente, por los aires, con convicción y fugacidad. Realmente, un ensamble muy comprometido con la temática, que se fusiona con el canto y la palabra. Que es parte de los discursos y narra sobre el escenario y a lo largo de la sala. Que se estira y encoge, que se despliega como arte hasta estallar en ira.

“No me ves”, le dicen acongojados y tristes su esposa e hijo al candidato, mientras éste continúa sumergido en las hojas que determinarán su futuro…

Los tres protagonistas (Pablo E. Silva, Inbal Comedi y Lautaro Aguilar) son un destello de luz, con voces distintas y que se proyectan al más allá, que se encarnan en los personajes que interpretan y no sobreactúan absolutamente nada. A este elenco se suma la secretaria de campaña del presidente (Lucía Krusemann) que deleita cada vez que entona sus melodías con una voz sensible y potente.

Amores y desamores, logros y fracasos, violencia y tensiones que cegan la verdadera esencia del ser humano.

“Nublado es el camino si en él no estás”, se escucha por ahí y lo oculto sale a la luz junto a la confianza eterna.

Ficha Sombras de libertad

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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Un Hado Padrino que sí ayuda a ser feliz

Desprincesadas37

Las princesas y sus reinados están extinguiéndose, por suerte. Aquellas épocas en que había que ser “perfecta” físicamente, ya no es lo más aceptado por la sociedad, aunque la moda es un tanto retrógrada y, aún, se empeña por mostrar la anorexia en sus pasarelas.

“Desprincesada” (escrita y dirigida por Luján Zalazar) apunta a algo más profundo: a descubrir, internamente, qué quiere cada mujer en su vida e ir por ello. Parece algo trillado este mensaje pero siempre que una teoría sirva para reforzar un objetivo, no será simplemente slogan sino aprendizaje.

Para el caso, podemos notar cómo un vestuario se pone de “moda” y muchísimas mujeres lucen iguales, idénticas. Ya nada las diferencia. Sin embargo, están aquellas que quieren, que queremos, ser quienes somos y lucir lo que nos guste.

La princesa Victoria (Carolina Domenech), que así ya nace, tiene todo el derecho del mundo de construir su propio reinado que, quizás, se encuentre en el centro de una plaza o siendo hippie o descubriendo al amor en el sitio menos pensado. Pero, esta princesa, se despoja de sus ropas caras y elegantes para ser ayudada por el más carismático Hado Padrino (Alejandro Paker), quien la llenará a esta jovencita de mucha ilusión, algo que no sabía que existía hasta el momento.

Desprincesada es una historia para aquellas niñas y adolescentes, que no son el estereotipo de mujeres perfectas, que no encuentran cómo hacerle frente al mundo cruel que tantas veces se presenta ante ellas. Entonces, esta historia comprometida decide otorgarle el valor necesario a quienes lo precisen y, como si fuera poco, está integrada por un elenco con personajes muy disímiles entre los que cada espectador se podrá Desprincesadas29identificar. El atractivo visual que presenta es mágico y le permite al argumento hacer énfasis en las cuestiones más trascendentes. A esto se suman los cambios de vestuario, la excelente escenografía (a cargo de Francisco Paciullo) e iluminación en distintos colores que hacen de este gran cuento una historia de vida; para luego ubicarnos en el espacio. Así, todo se vuelve más bonito, más relajado y la aventura de ser yo (como se denomina la bajada del título de esta presente historia) con mayor naturalidad.

Los colores y canciones que se pueden percibir durante la función no decoran sino acompañan y narran un antes y un después. Esta historia no tiene un argumento nuevo sino singular, porque cada mirada lo es, al igual que cada una de los terrestres.

Porque desde infantes venimos escuchando y viendo a aquellas niñas que, siendo ricas o pobres, siempre terminan casadas y con el hombre perfecto. Pero, ya es momento de ponerle un stop a esos futuros trazados por Siglos tan lejanos y dejar que cada una elija su destino, no que camine por el sendero ya trazado por sus ancestros.

Desde el comienzo, la Reina Madre Elizabeth (Ana Acosta) y el Rey Padre Maldazzar (Hernán Jimemez) se distinguen. Son ellos los encargados de abrir las puertas del castillo para que veamos sus interiores, para saber de qué se trata estar entre esas paredes tan Desprincesadas13rígidas y conservadoras día tras día. Al parecer, no son solo los padres de Victoria los empecinados con continuar la dinastía sino el temor que sienten por el Ente Poderoso (Christian Sancho), quien vestido de negro y luchando por derrumbar la luz, los envuelve con su gran capa de terror. Este rol le queda muy bien a Sancho y así, la línea divisoria entre el bien y el mal, entre lo que tiene que ser y lo que queremos que sea.

Podría afirmar que la llegada de Paker a escena desdobla la historia en dos. Existe un antes y un después muy notorio. Su talento y composición del personaje le otorgan, como siempre, un plus a las obras musicales. Por ello, su aparición le brinda más fuerza a los relatos, más seguridad a los protagonistas y el vuelo que cobra Desprincesada es el esperado. A su excelencia se suma la de una pequeña de doce años, Barita (Annie Milco), que con su vocecita (y digo vocecita por su ternura, porque realmente es una gran voz) cautiva la sala. Quien hace de su hermano Uli (Simón Hempe) consigue resaltar y la Hada Madrina (Sofía del Tuffo), también, logra unirse a este colectivo de artistas impecables.

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Quedé emocionada y conmovida con un trío a cargo de: Paker, Hempe y Milco. Sus voces, al unísono, demostraron cómo tres generaciones pueden fusionarse tan pero tan bien cuando se tiene ese don en el alma. Se llevaron muchísimos aplausos porque la emoción es algo que sale por cada uno de los poros de la piel hasta convertirla en magia. No esa magia de los cuentos de hadas con el final feliz, sino aquella otra magia que surge cuando se busca la alegría, esa sonrisa que tantas veces se pierde y que es posible recuperar con casi nada. Simplemente poniéndole el cuerpo a la vida.

Mariela Verónica Gagliardi

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Ser feliz aquí y ahora

Malaui1

Ficha MalauiQue un viaje por el mundo hace cambiar a las personas y madurar, ver la vida de otra manera, con otros ojos. Son justificaciones para emprender una travesía…

Malaui es un musical (con libro y dirección de Jorge Camisay, coreografías de Rodo Santamarina, y dirección vocal a cargo de Belén Di Iorio) que tiene varios mensajes por descubrir. Como el mundo, pero mirado más de cerca, bien cerca, como haciendo una introspección en el lugar, sin necesidad de cargar las maletas y subir a un avión.

Porque todos los problemas, situaciones inconclusas, asombros, miradas y conocimientos no se obtienen contemplando paisajes y diferentes culturas sino observándonos.

Malaui es un país al sureste de África, sin salida al mar, colonizado por Gran Bretaña (y manteniendo el poder durante 73 años). ¿Por qué viajar hasta allá? ¿Para qué?

Curiosamente, las canciones de esta obra son de Coldplay (una de las bandas inglesas más famosas de la actualidad). Una banda que aún no había surgido para el momento del imperio, para ocupar tierras que no les pertenecían. Así y todo, la música tiene el don de no poseer fronteras ni de poblar odio, sino de atraer o no a quienes la consuman.

Tres amigos (Mauricio Camuglia, Landriel Oviedo y Diego Crevacuore) se unen para disfrutar de unas vacaciones en Malaui y alrededores, por tiempo casi indefinido. Entonces, este trío tendrá el protagonismo del show, llevando adelante su canto y baile, mostrando su talento y, a su vez, dejando lugar al resto del elenco para que también lo haga.

A lo largo del viaje, como en toda convivencia, surgirán: roces, discusiones, descubrimientos y nuevos placeres. Este viaje les hará reconocer que la felicidad (Daniela Santi) siempre estuvo delante de ellos (sobre todo de uno de ellos).

Todas las canciones conocidas (Paradise, Yellow, Clocks, The scientist, Fix you) están en el repertorio del musical, además de algunas que se suman a la historia. Por ello, podremos cantar por lo bajo, seguir las melodías y sentirnos más cerca de Malaui.

Es una comedia ideal para niños y adolescentes (no por eso no disfrutable por los adultos). Con algunos actores que sobresalen por sobre otros (tanto en caudal de voz como interpretaciones), al igual que en el caso de dos bailarinas que se comen el escenario desde que aparecen.

Vos sos el paraíso”, le dice en cierto momento el protagonista a la felicidad (vestida de blanco y una sonrisa infinita). Claro que él no daba por sentado que la mujer que había conocido era algo mucho más que eso.

Uno de los aspectos más interesantes de la historia es cómo el autor enlaza las canciones con un significado simbólico y, así, se va conformando el gran cuento de la vida. Porque podrían ser adultos, ancianos. Pero todos vamos en busca de lo mismo, solo que en ciertas ocasiones tomamos decisiones y rumbos diferentes.

Malaui es atractivo por donde se lo mire, porque podemos disfrutar de un escenario que cambia de tonalidad en cada uno de sus cuadros musicales, con efectos de humo y lumínicos que harán más llamativo el espectáculo, más cambios de vestuario constantes; permitiendo que todo el conjunto produzca un abanico de sentimientos en vivo tanto por parte de los artistas como del público.

Lo más notorio es el énfasis que pone cada uno de los artistas por permanecer radiante, feliz, con una naturalidad especial y única. Ellos están orgullosos de lo que montaron y eso traspasa las tablas.

Es difícil observar a tantos artistas, mirarles los ojos, las extremidades, los pasos, la voz, la interpretación, el andar, la soltura. Y más y más. Pero, en un momento, descubrí a dos talentosas (Cecilia Cavallero y Agustina Pelaez) que tenían ese plus llamado talento innato. Sus miradas eran distintas, brillaban, se posaban en un horizonte sentido y transferían su actuación con tan solo estar y permanecer paradas.

Si no encontrás tu destino, estás algo perdido, no sabés quién sos ni cuál es tu misión en este mundo; sin dudas que Malaui es la propuesta para vos. Pero, si amás Coldplay y todo el universo melódico de esta banda, también es una gran posibilidad de que te acerques a verla.

Dibujos que conformar situaciones, hechos, momentos y que se deshacen como los imprevistos. Como la vida misma.

Mariela Verónica Gagliardi

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La belleza de un poema y la esencia del amor

Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac, nació en París el 6 de marzo de 1619. En la actualidad es recordado, entre otras cosas, por la obra del dramaturgo Edmond Rostand, que se basa en la vida de este ilustre poeta y soldado. La obra siempre fue exitosa y fue llevada, incluso, al cine (por ejemplo, en los años noventa, teniendo como protagonista a Gerdad Depardieu).

Qué buscaba este revolucionario, qué persiguen los enamorados, hacia dónde van cuando sienten que todo está perdido para sus corazones.

El amor. Qué tema más heroico, controversial e inevitable en la vida de todos los humanos.

La Compañía Criolla vuelve a deleitarnos con otra de sus propuestas escénicas, de la que toma el clásico de Cyrano de Bergerac para convertirlo en una versión más nativa para niños (y adultos, como siempre).

Así es como Cyrano de más acá (escrita y dirigida por Emiliano Dionisi) se traslada de Francia a Buenos Aires, con un estreno a sala llena en el Teatro Cervantes. La nueva comedia musical dará mucho de qué hablar y cautivará a todas las familias que pongan un pie en la calle Libertad.

Estoy convencida de que hacer un espectáculo para niños es muchísimo más intrincado que uno para adultos, sin desmerecer a nadie. Permitir que un infante se interese por el arte, que escuche y vea una historia (que, tal vez, anteriormente leyó o le leyeron) es algo increíble. Único. Por eso es que la cultura no es un plato sobrante sino principal, junto con la educación.

¿Por qué es importante la historia de este poeta sii hubo tantos hombres inteligentes, que enamoraron y cautivaron?

Cyrano tuvo el don de ser leal a sus valores, poniendo en primer lugar su amistad con Cristian y evitando romperle el corazón.

Para quienes no conocen la trama, les cuento que durante el periodo Barroco, en Francia, existió este ser tan particular que logró mezclar sus ideas libertinas con la escritura y su espontaneidad. Él estuvo durante toda su vida enamorado de su prima Roxane, la cual jamás se habría fijado en su persona. En primer lugar por su parentesco y, en segundo lugar, porque estaba obnubilada por el atractivo físico de Cristian. Claro que esa visión cambia, a lo largo del tiempo, cuando deja de ser superficial y conoce lo que es el romanticismo.

Cyrano de más acá tiene esa impronta fresca que con frases modernas, de nuestra época y lugar, captan incluso al menos leído. Cyrano es feo, tiene una nariz muy grande pero, sin embargo, es el hombre más deseado por todas las mujeres. Incluso por Roxane, sin ella saberlo aún.

La dramaturgia se sostiene a lo largo del tiempo y de cada una de las cartas que Cyrano le redacta a su prima, con la firma de Cristian. De esta manera, los dos logran enamorarla, aunque ella tarda toda su vida en saberlo. Recién cuando su primo está por morir, recita una de sus cartas (de memoria) y, así, ella descubre la verdad. Para ese entonces, Cristian (el que creía su gran amor) ya había fallecido, décadas atrás, en la Guerra de los 30 años.

Entonces, cabe preguntarnos, qué habría sido de estos mortales si se hubieran amado libremente, a pesar de todo y más allá de todo.

Quisiera hacer mención a la puesta en escena que es realmente grandiosa, que consigue situarnos en los dos lugares en que se desarrolla la acción, en la iluminación que persigue cada uno de los cuadros de cada situación (porque verlos interpretar a estos actores se torna visible, palpable, real e imposible de olvidar), en la música en vivo que, como siempre, suma un plus y en la perfecta dirección de Dionisi.

Considero que Roberto Peloni es el Cyrano más bello que pudiéramos tener y que consigue tomar la esencia del francés, persiguiendo su misión (al menos la única que se atreve a explorar). Julia Garris es la muestra de femenidad absoluta que pretende ser fiel a su sentir durante toda la vida. Talo Silveyra enaltece, como siempre, ese don para expresar ternura y es así como este trío conmueve desde que aparece en escena hasta que se cierra el telón. Estos talentosos son acompañados por Horacio San Yar, otro excelente actor que lleva adelante la complejidad de interpretar a varios personajes y de hilvanar los hitos de esta gran historia, también uniéndose a la tribu maravillosa.

Me emocioné, lloré, reí, vibré, me conmoví y recordé cada una de las obras que vi de esta compañía. Por eso es que resulta imposible no recomendar una y otra vez.

Mientras sigan existiendo elencos de esta magnitud es que el teatro será infinito, el arte podrá seguir desplegando sus alas y la inocencia de los niños ser conservada como tal.

Mariela Verónica Gagliardi

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Maneras para dejar de ser superficial o el más allá ingobernable

Casa Linguee14

A veces no se puede encasillar a una obra en un género específico ni mencionar un argumento, rígidamente, ni decir que la historia empieza y culmina en un determinado momento y con una finalidad precisa.

Casa Linguee (escrita y dirigida por Christian García) permite jugar entre lo real y ficticio al mismo tiempo, así como comprometer al espectador e involucrarlo en cuestiones sociales y políticas a la vez. Su impecable dirección, convierten esta pieza artística en un tributo a la muerte.

Esta obra de teatro que cuenta con un elenco de actores numeroso y formidable, sorprende de principio a fin. Permite especular, pensar, reflexionar, ir y venir en el tiempo, volver a posicionarnos sobre temáticas de la sociedad no resueltas en nuestros días (incómodas), sentir la muerte de cerca y al mismo tiempo tan pero tan lejana. Porque Casa Linguee es un servicio funerario pero que no huele a tal, sino todo lo contrario, ya que la historia está fragmentada en dos partes: una con mucho humor y dispuesta a generar la risa fácil, así como la siguiente muy dramática y punzante.

Al ingresar en la sala del Teatro Abasto, puede notarse una proximidad con el espacio escénico y un detrás de escena aún más amplio que el primero. Se trata de que estemos ahí, observando, intentando escuchar el murmullo de todo lo que hablan en su intimidad, de sus angustias, de sus penas, de cada uno de los problemas que traen sin resolver. Total, no necesitan sonreír ni pasarla bien sino acompañar a familias que acaban de perder a un ser querido, que están afectadas, dolidas, en una nuble con relámpagos. Y allí están estos empleados atípicos que solo se parecen en sus vestimentas negras, en su palidez, pero nada más.

Están unidos por la desdicha, por un recuerdo atroz, por rememorar a Evita Perón y su pérdida. Pero no se menciona su vida, no se habla de quién fue. Solo se la nombra. Y nada más.

Casa Linguee es una construcción en movimiento, da la sensación de una vivienda que se está construyendo por sus cimientos, que en algún momento colocará sus tejas pero aún no. No es el momento. Con esto no quiero dar lugar a incertidumbres argumentales sino a la sensación vertiginosa que provoca el no tener certezas sobre qué camino pretende recorrerse durante la obra.

Pude captar dos lecturas posibles pero podrían existir varias más.

Porque existe un protagonista (Lucas Crespi), un hombre que llega al lugar en busca de empleo y se encuentra con esto. Con esto que es lo contrario a la vida. Que solo le mencionan algunas cosas, pero nada más. Y él, mientras, intenta recopilar información observando, preguntando. Él es un espectador más podría decirse, como nosotros. Solo que tiene la gran oportunidad de participar activamente. De hecho es el personaje más cautivante y notorio a lo largo de la historia. Nos hace reír a carcajadas, sentir compasión, tristeza, dolor, desesperanza. Él está solo, a pesar de estar acompañado y podría estar muerto. Aunque, una visión más simplista podría realmente acercarnos a una casa fúnebre a la que acude un joven a pedir empleo, y nada más. Si jugáramos a seguir especulando con el argumento también se podría decir que él simboliza a los que no tienen voz, a los que piensan diferente y no son aceptados, a los que se ven obligados a pertenecer o morir en el intento de seguir su camino solitario.

Muy pronto los personajes tendrán voz propia, oiremos sus monólogos y diálogos superpuestos, sus maquillajes pálidos y sus actuaciones frente al nuevo difunto. Un difunto que jamás conoceremos. Pero eso es lo de menos.

Comedia y drama a la vez. Luz y oscuridad. Melodías que pretenden surgir y la posibilidad de mencionar a la cumbia para traer la alegría a tanta desdicha. Ellos son una familia ficticia que participa en el día más trágico de otra familia. Cada día de otra. Acompañando, doblegando el dolor, sufriendo a la par. Porque para eso contratan a la empresa. Para eso la buscan.

Pero, no se respira un aire turbio sino la fragancia a formol que nunca aparece, el procedimiento que hacen rutinariamente y que debe aprender el nuevo. Este nuevo que no sabe de qué se trata todo, que carga su bandeja de mozo y se le cae de repente. Que pretende servir en un evento que jamás comienza y que no tendrá lugar en este relato. Mientras sus lágrimas se derraman, incesantemente, podemos tomar conciencia de la frivolidad, de la calidez de un abrazo (de su importancia).

Casa Linguee es la posibilidad de reconciliarnos con la muerte, con los que ya no están, con las despedidas eternas y con la oportunidad de interpretar a quienes queramos. Porque en algún momento la pintura se correrá y dejará ver la simpleza de cada uno de ellos, de los que componen este trabajo tan singular, tan burocrático, tan congelado y tan necesario por tantos humanos que aún no entienden de qué se trata la vida.

Cuando alguien ya no está, no hay maquillaje que pueda traerlo de nuevo ni pena que pueda hacerse más bonita.

Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a Laura Correa

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¿Cómo se gesta la propuesta de Parrandera´s?

Parrandera´s surge para un ciclo de teatro cumbiero. Me convoca Horacio Nin Uría a participar con la propuesta de escribir una escena de 15 minutos sobre el universo de la cumbia. Así fue que me senté a escribir, con una imagen clara en mi cabeza, que era una mujer de espaldas con los brazos elevados hacia arriba y una campera de flecos colgantes. Y, de ahí, se destapó todo este universo. Realizamos esa escena breve por dos años, en distintos espacios, hasta que me decidí y la hice obra larga. Y allí empezó el proceso de ensayos de lo que hoy es “Parrandera´s. Epifanía de un rapto”.

¿Considerás que es indispensable tener a alguien a quien adorar?

Considero que siempre es bueno tener miras hacia donde aspirar, gente humana y real que admirar, creo que la adoración ciega, endiosando, puede ser bastante falible en su resultado, muy desilusionante. Pero yo tengo grandes artistas mitificados que son mi inspiración y tengo sus fotos dando vueltas por ahí como guardianes de mi inspiración. Tengo mis propios ritualcitos, con objetos e imágenes que tienen un valor para mí, y son mis espacios sagrados.

¿En qué te inspiraste para crear esta historia de suspenso?

El tema de la adoración estaba ya en mí, en otro material que había estado escribiendo, pero con más tinte social político, y cuando empecé a escribir esta obra sobre el universo de la cumbia, nuevamente el tema me surgió desde otro lado y todo se desarrolló muy genuinamente. Fue ir siguiendo a los personajes e ir entendiendo a dónde me iba llevando la trama. La historia me pedía empaparme de algunos materiales, y fui leyendo varias cosas sobre los cultos populares, sobre mitos y, fue ahí, que apareció muy fuertemente Helena de Troya como paralelismo y todo se terminó de acomodar en mi cabeza.

¿Puede el amor salvar a las almas perdidas?

Románticamente hablando podría decirte que sí, que el amor podría salvar todo, pero siendo un poco más errática podría decirte que hay almas que no quieren ser salvadas.

¿Cómo hubiera resultado la historia sin la intervención del hermano de Raquel?

No puedo imaginar la historia sin ese personaje, ya que es el que desata el conflicto central, y la obra se concibe alrededor de su llegada, y ese choque de mundos. Y de esa dualidad entre él y ella, y ellos y él.

No hay personajes buenos o malos.

No, definitivamente. Los personajes son humanos, tienen una historia detrás, tienen sus desilusiones vividas, sus marcas sociales, y justamente desde ahí se definen y desde ahí dialogan con sus imposibilidades y con sus virtudes.

Cuando el afuera es muy cruel, ¿mejor crear un universo paralelo?

Sí, yo creo que hay bellísimas historias sobre cómo en situaciones de opresión, ciertas personas han encontrado una vía para poder encontrar sentido a su existencia (como Ana Frank y su escritura). Aquí, los personajes crean culto, sus propias reglas y se crean, así, una pertenencia y una nueva identidad que el sistema capitalista les ha robado al dejarlos completamente desclasados, desamparados económicamente. Esa es la importancia de la cultura, justamente en una sociedad, a mi entender: suplir ese lugar de pertenencia, de comunión y sentido, más allá de todo. También se incluyen en esto las religiones.

¿Ser o pertenecer?

Me es difícil separarlas. Yo soy una persona muy social, adoro pertenecer a grupos, pero también creo que es importante poder ser más allá de eso. Quiero decir, poder trascender algunas pautas sociales y acomodarlas a antojo. A veces, por pertenecer las personas dejan de ser, y ese es el punto a tener en cuenta y cuestionarse siempre en la grupalidad. A mí me cuesta poder seguir una religión, un partido político, con un 100 por ciento de pertenencia si hay reglas que se imponen que no comparto. Por lo tanto, creo que hay que ser criterioso y no decir sí a todo por miedo a ser excluido.

¿Las luces obnubilan la oscuridad de los personajes?

Sí. En cierta forma, sí. Todo el brillo de sus vestuarios y toda la jocosidad de sus diálogos, tapan una gran oscuridad que llevan consigo, latente.

¿Hay algo de Gilda en Raquel?

Claramente sí. Aunque no sea una decisión premeditada, pero mientras íbamos haciendo la obra, y mientras yo la iba escribiendo, haber vivido el fenómeno Gilda me hacía poder sustentar la historia verídicamente, digamos. Saber qué cultos populares de esa magnitud existen. Helena se esfuerza por ser Raquel, por pertenecer a ese mundo de la cumbia, pero ya su cuerpo cuenta otra cosa. A Gilda le había pasado un poco eso también.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Un impulso al cambio desde lo más profundo

Presidio3

Ficha PresidioEs difícil decir que Presidio sea una obra de teatro o una performance o teatro físico; porque es eso pero muchísimo más. Es la posibilidad de sentir a flor de piel y, mejor dicho, en carne viva. La movilización interna me conmovió de pies a cabeza, me sacudió como se hace con una bolsa de boxeo y salí volando metafóricamente. Para escribir la nota tenía las palabras pero desordenadas. Y tuve que dejar aquietar las aguas. Quizás para quien no sufrió, sea una simple tarea de concentración y nada más. Pero, para quienes tenemos una estrecha unión con el argumento de Presidio, esto se vuelva un poco más complejo.

Esta propuesta nos ubica en un espacio cerrado, delimitado, cercado físicamente y en dentro del que ocurren infinidad de escenas que narran situaciones de la vida real. Y no significa que los espectadores tienen que ser seres que atravesaron traumas, sino que tienen que estar comprometidos con el dolor ajeno, con los vacíos enajenados, con el abandono, con la opresión, con el abuso, con.

No es una muestra de pintura donde se observa algo bonito sino una expresión artística completamente. Porque son cuerpos entrenados para transmitir lo que sus palabras callan, y porque cuando los labios se mueven es para decir lo que sus cuerpos, agotados, ya están cansados de emitir. Porque las frases reiterativas se entremezclan desde lo más bajito hasta estallar en lo más alto de una cúspide, allá a lo lejos. Porque por más que uno se esmere en interpretar lo escuchado, no siempre se podrá y ese es la primera herramienta a tener en cuenta. No tratar de comprender con los oídos sino con el cuerpo.

Cuando las extremidades se gastan, los cuerpos se desvanecen hasta volver a erguirse y tomar las fuerzas necesarias para caminar, correr, danzar o morir.

Lo que está bien o está mal no parece ser juzgado sino mostrado. De ahí que el público se encargue de sacar sus propias conclusiones.

Iluminación, música, objetos y voces se coordinan desde lo más íntimo hasta lo más profundo. Es perfecto lo que ocurre aunque no lo que sucede. De repente podrá notarse la figura de un padre que se va, que no está presente. Y esta desgarradora escena desde su ausencia hasta su retorno no es posible digerir fácilmente. Al menos no para quienes hayamos sido abandonados, para quienes sintamos que ese lugar en la mesa nunca más será ocupado.

Escenas de sexo implícito podrán verse al igual que otras muy fuertes en las que el sentido no es erotizar sino expresar lo que, con palabras, queda pequeño. Un abuso dicho no es igual a mostrado en acción. Y ese es el foco de Presidio (escrita y dirigida por Lucio Bazzalo), un cuadrado del que surgen, como fotografías continuadas, un montón de situaciones para contemplar detalladamente. Los excelentes actores serán los encargados de montar cada escena, encarnando varios personajes a lo largo de la puesta..

Sin embargo, cabe preguntarles por qué están presos si no se ven barrotes, ni cadenas ni una obstrucción a su libertad. Y es que de eso se tratan las micro historias, de la psicología de cada persona que está privada de su completa libertad hasta que decida hacerse cargo de su pasado, de su realidad y de su vida para elegir cambiarla por completo. Al menos, modificar lo que ya ocurrió y que está ocupando un lugar traumático sin tener un verdadero sentido. Como si la respiración se les cortara al rememorar lo que otros hicieron y ya no fuese posible construir algo bonito. Presidio, por ello, demuestra que sí es sensato tener esta terapia de shock para reciclar y avanzar en pos de mostrar un libertinaje despojado de traumas: en el que los cuerpos vibren, amen y odien solo cuando así lo sientan. No cuando una fuerza opresora los obligue ni cuando el más poderoso los haga ver un mundo oscuro y lleno de maldad.

Presidio es un torbellino de ideas para procesar en la intimidad, para meditar sobre sí mismo y no para dar la vuelta de página para evadir el sufrimiento.

Desde que presencié esta propuesta puedo decir que soy más feliz que antes y que me siento modificada por completo.

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Mariela Verónica Gagliardi

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La ausente alegría de vivir

Iracunda tristeza10

Existen historias que indagan en lo más oscuro del ser humano, que se empeñan por escarbar bien profundo hasta destrozar a sus supervivientes. Esta es una de ellas y por eso es que resulta difícil deglutir mientras se la presencia.

Iracunda tristeza (escrita por Gilda Bona y dirigida por Silvia Hilario) presenta un texto lineal, con reiteraciones, con la intencionalidad de victimizar a sus protagonistas y colocarlos en ese lugar del que jamás podrán salir. Dos seres abandonados, relegados por sí mismos, conformistas y patéticos. Uno podría aprender del otro, sin embargo, los traumas presentes y pasados los hacen cometer los mismos errores, llorar sin demasiada angustia y soñar con masticar alimentos de otros hogares.

Mientras una mucama realiza los quehaceres domésticos, le trasladará a su amo absolutamente toda su tristeza y quién es en verdad. Claro que existe tanta oscuridad en el relato que quien más deprimido parecía, termina siendo el más astuto.Y se me viene a la mente la tolerancia. Aquella palabra tan excluida y difícil de poner en práctica. Porque Iracunda tristeza debería ser una ventana para observarnos, para sentir melancolía en un día de otoño y no el temor a la soledad o a lo que no resultó. No existe un final feliz ni una vuelta de tuerca. Es lo que es y nada más.

Como esos viejitos que observan la vida pasar y la gente caminar. Como si sus vidas se hubiesen extinguido sin asumir que les queda más por atravesar y disfrutar.

Esta puesta en escena, esos discos de Pat Boone reproducidos, esos libros investigados y esa máquina de escribir; seguramente seguirán activos. Nunca se sabrá por cuánto porque en esta vida certezas son las que faltan.

Al tiempo que el enojo crece y se apaga, la crítica resucita para hablar mal del de al lado, para tildar a los judíos de avaros. Nada nuevo. Siempre es mejor juzgar que pedir. Aunque la peor avaricia de esta mujer es su manera de ser, tan deplorable y esquizofrénica. Tan apesadumbrada y extinguida. Una muerta en vida.

Ella está contratada para cuidar pero precisa cuidados de todo tipo. Llama la atención su rigidez ya que no da el ejemplo en nada. Tiende la cama en la cual se desvanece y camina taciturna como suplicando cariño, aquel que tal vez nunca tuvo.

Me gustó mucho la escenografía, ese ventanal que permite ver el efecto de lluvia incesante y todo el mobiliario para adentrarnos en el hogar de este escritor en ruina.

Las interpretaciones de Gabriel Nicola y Marta Pomponio son bastante naturales y resulta muy agradable el desempeño del actor, quien consigue transmitir su sentir en todo momento, sin pretender ser otro, sino desnudándose hasta su punto más vulnerable.

Cuando el espiral sigue girando es momento de que la catarsis frene y tome otro rumbo o que la historia concluya. Un fin para un nuevo comienzo que podría ser el del título del libro que está por escribirse o tal vez la promesa de, que jamás llegará.

No hay demasiado para analizar ya que todo está expuesto en unos diálogos que se repiten constantemente. Muchos de nosotros podrán atar cabos y pensar en situaciones de la vida real o en personas que actúen de este modo ante determinadas circunstancias. Pase lo que pase la lluvia no cesará y quizás el mayor consuelo sea visualizar a alguien que esté más atravesado por la fatiga de vivir en el cuerpo equivocado.

Desgarradoras frases que pretenden expresar en palabras todos sus tormentos. Como si el mundo pudiera dejar de girar para que el primer infeliz se baje.

Mariela Verónica Gagliardi

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La cultura nos pertenece

La furia patria1

Ficha La furia patriaA veces quisiera decir tantas cosas pero prefiero callar. No por cobardía sino porque ya se ha dicho todo lo que siento y acotar más significaría reiterar.

Estamos en tiempos difíciles, turbios diría. Duros, muy duros y terribles, donde algunos parecen entender y otros vivir en Disney. Yo ya no entiendo nada. Ya no sé qué tormenta podrá venir mañana y por eso prefiero refugiarme en el arte que es la única esperanza y salvación que tenemos los artistas para permanecer ilesos a tanta crueldad.

Encontrar obras de teatro como “La furia patria” (escrita por el dramaturgo Andrés Binetti y dirigida por Mauro Molina) es hallar la cura momentánea para la angustia, es poder emocionarnos por actuaciones de tanta calidad artística y por un trabajo que merece la pena ser visto y observado en cada uno de sus detalles más de una vez. Porque cuando una dramaturgia se convierte en ARTE, ya nada importa.

Todo el elenco, desde el texto hasta la dirección impecable, conforman una pieza artística cautivante, sensible, con humor negro en el momento justo y la destreza de cada uno de estos artistas.

Hoy pensaba: en esta vida, en cada obra que actué María Viau, sé fehacientemente que quedaré maravillada. Y, en esta oportunidad, los artistas que la acompañan son de su misma magnitud. De la misma sintonía. Ellos no actúan, ninguno. Interpretan a los poderosos y a los débiles, a quienes tienen el dinero y a quienes están despojados de éste. A lo público y lo privado. Al arte versus el capitalismo. A lo que no da ganancia en dinero y debería ser cerrado. ¿Por qué? ¿En qué nos convertimos como sociedad? Hay quienes siguen creyendo que la cultura es un postre y no una materia obligada para poder, no solo sobrevivir, sino ser cada vez más humanos. Pero HUMANOS.

Una furia patria nos presenta un Museo de teatro que hace tiempo no es visitado. Por diferentes motivos, quizás. No se sabe ni se pregunta. Esta sociedad prefiere el silencio absurdo. Muchas esperanzas se han perdido, pero los empleados de esta institución, necesitan seguir trabajando a pesar de no cobrar el sueldo hace meses. Necesitan estar inmersos en la cultura, sentirla, tocarla, hablar de ella, recordar lo que significa un patrimonio cultural, para qué existe.

Porque la cultura puede ser explicada e interpretada de diversos modos, como la vida. Pero, no es un negocio. Para eso están los supermercados y los kioscos. El arte es arte. Es un arma de defensa ante los provocadores que vienen a llevarse todo. Ante los destructores que demuelen lo que no vende… hasta que queda ese vacío imposible de llenar. Desde ese momento la agonía aparece. Estos personajes parecen extinguirse como las piezas del Museo. Ellos se alimentan de cultura, de este lugar, de lo que fueron construyendo con el tiempo. Pero ya nadie ingresa, solo el mal. Solo una persona que trae un comunicado negativo.

La puesta en escena es muy atractiva y atrapa de principio a fin. Son varios los objetos que aparecen y absolutamente todos son utilizados para narrar esta historia que incluye otras. Como una mamushka que nos permite conocer, de a poco, a dónde nos conduce el mensaje. Es entonces cuando las proyecciones audiovisuales se van llevando adelante, en vivo, filmando in situ y permitiendo observar toda la construcción del relato. Mientras algunas escenas se suceden en la sala principal, otras lo hacen desde bambalinas. Como si estuviéramos viendo, por instantes, una película. Esta herramienta produce adrenalina e incluso los volúmenes están bien manejados como para que podamos cerrar los ojos y saber de dónde proviene el sonido y la voz.

Una furia patria es un pedido de auxilio a gritos pero creativamente. Argumentando dónde estamos parados y qué podría ocurrir si se toma una decisión o la opuesta. Por eso es que los que estén en contra de la cultura, deberían asistir a al menos una función para poder estar convencidos de por qué motivo se ubican de ese lado oscuro en que no ganan sino pierden. Porque en la vida el dinero no todo lo compra y menos la felicidad.

Construir es la fórmula perfecta de esta gran historia que sorprende, gratamente. El género absurdo, la comida y el drama están instaurados y se van cruzando en todo momento. Porque hay ciertas cosas que conviene decirlas como son y, otras, que conviene protagonizarlas más humorísticamente para quienes creen que lo diferente debe ser anulado o matado, puedan pensarlo racional y humanamente. Para que los geonocidios de los setenta no se repitan y no existan “desapariciones” convenientes.

¡Si tenemos Patria, debemos defenderla!

Mariela Verónica Gagliardi

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Vuelve “El pacto”, de Stephen Dolginoff

elpacto

VUELVE EL CASO QUE CONMMOCIONÓ A LOS AÑOS ´20.

“EL PACTO”

UN CRIMEN MUSICAL

¿HASTA DONDE SOMOS CAPACES DE LLEGAR POR AMOR?

 Teatro BORDER, Godoy Cruz 1838 (Palermo)

 Con LEANDRO BASSANO y PEDRO VELÁZQUEZ

 PIANO: GASPAR SCABUZZO

LIBRO: STEPHEN DOLGINOFF

DIRECCIÓN: DIEGO ÁVALOS

https://saborateatro.com/2016/10/11/pistas-que-vengan-la-frustracion/

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