*** Abril 2019 ***

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Los 3 chanchitos, de Héctor Presa

Los 3 chanchitos¿De qué se trata?
Nuestra versión del clásico cuento comienza con los tres chanchitos viviendo juntos hasta que un día el más trabajador cansado de la haraganería y desidia de sus hermanos decide irse a vivir solo. Esta situación hace que cada uno tome su rumbo y construya una casa donde vivir. Las casas reflejarán la personalidad de cada uno y Beto el mayor, y más responsable de los tres, deberá socorrer a sus hermanos cuando el Lobo Feroz aparezca.

¿Como autor: qué quiero transmitir? 
Es importante resaltar que las acciones que cada uno realiza siempre traen consecuencias. A veces buenas, a veces malas. Hay que ser responsable de lo que cada uno decide y hacerse cargo de lo que puede pasar después. También la obra hace hincapié en el valor del perdón y de la reflexión a tiempo.

Versión libre de Héctor Presa

Música: Diego Lozano

Coreografía: Mecha Fernández

Vestuario: Lali Lastra

Muñecos y utilería: Lelia Bamondi

Escenografía: Héctor Presa, Claudio Provenzano

Asistentes de Dirección: Ramiro Bianchi

Puesta en escena y dirección: Héctor Presa

Funciones:

Sábado 13/4, Domingo 14/4, Jueves 18/4, Viernes 19/4, Sábado 20/4, Domingo 21/4, Sábado 27/4, Domingo 28/4 a las 16 hs. Miércoles 1/5, Sábado 4/5, Domingo 5/5, Sábado 11/5, Domingo 12/5, Sábado 18/5, Sábado 25/5 a las 15 hs.

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Cuando el amor trasciende al dolor

Kien12

Un ambiente tenue, con mobiliario a un lado y personas hacia otro es la puesta de esta obra que se centra en la guerra y en el amor.

Kien (escrita y dirigida por Martín Barreiro) desarrolla una historia real en épocas del nazismo. Pero, no es simplemente más de lo que se sabe sino lo que, posiblemente, no siempre se consiga plasmar en arte. Sabemos que la guerra es muerte, dinero, poder y miles de negocios que solo les sirven a los más ricos del mundo; pero, la guerra también esconde sentimientos nobles porque se trata de personas (víctimas) que tienen un corazón- el cual jamás se equivoca-.

Entonces, en el Teatro El Convento se puede vivenciar cómo dos enamorados se escriben y extrañan de tal modo que resulta desgarrador y, al mismo tiempo, esperanzador.

Con unas actuaciones más destacadas que otras, se puede valorar un espectáculo digno de recomendar para quienes deseen adentrarse en la vida de un joven que recuerda a sus padres, sus palabras, sus decires. A su novia, a su amada, a aquella mujer que tanto deseó y de la que se tuvo que despedir. A él mismo que se buscó interior y exteriormente, que intentó evadir lo oscuro y tenebroso de la vida hasta con bromas incesantes.

Campos de concentración, torturas, juzgamientos. ¿Por qué?

En 1941 Peter Kien fue deportado al gueto de Terezín donde pudo seguir desarrollándose a nivel artístico y no apagar la luz que tanto lo iluminaba. Se pueden encontrar dibujos que realizaba durante la prisión, diversas escrituras sobre lo que vivía allí dentro, textos sociales (como por ejemplo Marienettes) y obras de teatro y el libreto de una ópera en un acto titulada  Der Kaiser von Atlantis de Viktor Ullmann.

Cuatro años después de Terezín vino el atroz desenlace para Peter y su familia, lo cual puede sentirse tanto en los diálogos como en las interpretaciones. En cada movimiento de los artistas, en sus vestuarios lúgubres y desgastados, en sus cuerpos sin vida que seguían moviéndose por inercia.

Auschwitz sintetiza y simboliza una época difícil de pronunciar sin angustiarse hasta las lágrimas. Siento que el corazón se me frena por un instante, que la lámpara a kerosene ya no es parte del hogar de esta familia, una de millones, de una cantidad aún incierta y que, a la vez, se torna infinita como la angustia que provoca en todos. En judíos y no judíos.

Es difícil, muy difícil el desafío de Martín Barreiro quien además de escribir y dirigir viajó para investigar cada detalle de su artista principal y de toda la época en sí. Atravesar el dolor que, según comentan quienes fueron, es una experiencia muy pero muy desoladora. Fría.

Pero hay quienes no sentían, quienes tenían un proyecto “político” para aniquilar lo que les molestaba o aquello que les producía asco.

Kien se mueve independiente y en grupo, en soledad y acompañado. Es una dramaturgia que permite incluso sonreír sin burlarse, respetar el pasado y pensar en cómo ser mejor persona. Porque el amor, suena trillado, pero es lo que nos salva a absolutamente todos. No existe medicina que pueda beber un malvado y convertirse en ángel.

Quien tiene sentimientos horribles, difícilmente escriba un poema romántico.

Diversos cuadros escénicos surgen para ser representados dentro de la misma historia y esto hace que exista un relato central del que se desprenden otros, para luego aliarse al originario.

Jonathan Di Costanzo es el protagonista, ya se sabe, pero se gana ese lugar. Su interpretación resulta impecable, tal vez sobre actuada por momentos pero me interesa su composición del personaje y su parecido con el real artista. Este aspecto se torna escalofriante una vez que vemos la fotografía de uno y el rostro del otro. Junto a él se unen dos actores (Javier Altamiranda y Fiorella Lo Pinto) que consiguen funcionarse increíblemente bien por su suspicacia, destreza física y picardía. El elenco se completa con: Mimi Ferraro (Madre), Oscar Sandoval Martínez (Padre), Matea Molinatto (Sra. Fromm) y Lilia Cruz (Ilse).

Como un juego pensado para no matarnos de un disgusto, Barreiro encontró la manera de sorprender, equilibrar climas, ritmos y darle al espectador un cúmulo de sensaciones para sentir durante la función. Solo hay que dejarse llevar y no resistirse.

Mariela Verónica Gagliardi

Funciones: Viernes, 21 hs

Teatro El Convento (Reconquista 269 - C.A.B.A.)

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El deseo de ser libre

Por Miserere

Estuve ahí, viendo, sintiendo, escuchando, vibrando junto a cada diálogo de encuentro y rechazo.

Una remisería es el ambiente en que se desarrollan casi todas las acciones de la presente dramaturgia titulada “Por Miserere” (escrita y dirigida por Verónica Schneck).

Olí a cigarrillo, a pollo recién horneado, a ensalada rusa, a discusiones de Noche buena y a velorio incipiente. Pude abrazar en el aire esas sensaciones de antaño, esas frases dichas y nunca obsoletas, aquellos amores que no pueden ser y que, quizás, hoy ya sí.

Uno de los puntos a resaltar en esta obra de teatro es la lentitud, factor poco visto en la actualidad en nuestro país. Esa lentitud que nos permite ver gestos, disfrutarlos, inmiscuirnos en charlas cotidianas, en besos pasionales y en una familia compuesta por personas de diversos ámbitos y lugares.

Nuestra sociedad está acostumbrada a la rapidez que se escurre en segundos. Lo rápido y fugaz como escenario impuesto y que no siempre se consigue admirar ni disfrutar. Por eso, esta representación y puesta en escena, bajo la dirección de Verónica Schneck rompe con el orden establecido, para permitirnos deleitar cada escena y sentirla propia.

Otro de los aspectos muy interesantes de la historia tiene que ver con la búsqueda de cada personaje. Esto, que en un principio parece superfluo, luego se torna profundo e intrincado. Se podría analizar no solamente el interior de cada sujeto sino su frustración y deseo presente. Por ello es que al correr el reloj de modo natural es que puede percibirse cada parpadeo como real. No es necesario mirar el programa y recordar que estamos ante una ficción, esto es una verdadera joya del teatro. Es la manera ideal de dirigir a un grupo de actores para que representen emociones verídicas y puedan plasmarlas arriba sí de un escenario.

Fuimos testigos de la intimidad de un negocio familiar que abrió sus puertas para que podamos conocerlo. De una lucha constante por mantener el equilibrio a la vez que todo se desmorona.

El paso irrumpe sin pedir siquiera permiso o sin dar un aviso por más diminuto que sea. Como quien abre una puerta de golpe… así parecen aparecer las historias grandiosas de estos personajes que están muy vinculados por desgracia o a pesar de. La realidad real frente a nuestros rostros. Esto es posible gracias a un elenco de artistas que dejan todo en escena, que consiguen trascender la frontera y comunicarse desde el alma con su sentir.

Los códigos de duelo judaicos, el amante que pasa de un cuerpo a otro, los bailes que disfrazan la angustia en depresión y que juegan hasta caer la velada. Las risas capaces de hacernos creer que disfrutan de una vida miserable pero elegida en un punto. Asumida o no por momentos, tan visceral y delirante como abandonar una reunión íntima por el impulso de ir a hablar con linyeras en una plaza. Tan increíble como compartir una mesa navideña con quien no es creyente o comparable a las desgracias que pudieron ser digeridas en su momento y se tiran como platos contra la pared. Todo llega a sus máximos niveles de ira, no se disimula, no se esconde, no se colocan caretas para.

En cuanto a la escenografía, es increíblemente funcional ya que nos permite poder palpar dos espacios que conviven entre sí, entre los que ocurren escenas simultáneamente, además de otros lugares de la vivienda que son útiles para narrar otros episodios de la presente dramaturgia. Es posible prestar atención a todos los diálogos que ocurren en distintos planos, con unas voces más altas que otras, con el sonido del ventilador que se apaga para resaltar alguna frase importante y luego hacer callar lo poco trascendente.

Por Miserere está en cada detalle y eso es fascinante. El sonido del agua de un baño tan real como la vida misma, como una respiración alterada y el amor que no consigue explayarse por quienes sufren de manera exhausta.

Por Miserere, en referencia a una plaza, a una zona, a un barrio y a una vida que se va desmoronando a medida que transcurre la noche, las horas y el cúmulo de sensaciones se comprimen y descomprimen de un instante a otro. Todo sucede en menos de 24 horas. Como le puede ocurrir a cada uno de nosotros y por eso merece la pena asistir mínimamente a una función de esta obra. Para reencontrarnos con nosotros, para sentirnos identificados y para poder entender que no estamos solos en esta búsqueda.

Cada mortal necesita un cable a tierra y lo persigue como le sale, como puede y como lo dejan.

Solo la libertad es para los pájaros, el resto es un poco de ella.

Dramaturgia:Verónica Schneck
Actúan: Roberta Blázquez Calo, Daniel Di Cocco, Juan Manuel Maciel, 
Pablo Peverelli, Amelia Pugliese, Viviana Resnik
Escenografía: Laura Echegoyen 
Iluminación: Ricardo Sica
Asistencia de dirección: María Pastur
Dirección: Verónica Schneck
Teatro La Carpintería
Funciones: Viernes 22.30 hs

Mariela Verónica Gagliardi

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Aires de esperanza

los maestranzasUn escenario vacío se va llenando, de a poco, con una propuesta que se gestó hace años atrás y que seguirá estando vigente -tal vez- por siempre.

Por un lado tenemos un programa de televisión que solo piensa en entretener al espectador y en aumentar el rating. Pero una emisión en particular será totalmente distinta, especial y conmovedora.

Los maestranzas de la NASA es humor y conciencia. Es la oportunidad de presenciar una obra de teatro picaresca y picante. Antagonista y precisa. Porque cuando consiguen relajar al público, le clavan el aguijón.

¿Por qué la NASA?

Es un viaje hacia la Luna, hacia interrogantes del pasado, una posibilidad de analizar la información que se nos da procesada, de investigar -junto a los actores- si todo lo que sale de la caja boba es cierto o puro montaje (como el “hito” de 1969).

Supongamos que Neil Armstrong llegó junto a su equipo y plantó la bandera. ¿Y? ¿Cambió en algo al mundo? ¿Nuestro país sacó algún rédito, se volvió más humano, más solidario, más condescendiente con el prójimo?

Con pocos recursos escénicos consiguen una impronta avasallante y sensible. Porque resulta imposible no sentir empatía con la temática, con el discurso y con todo lo que plasman durante la dramaturgia.

¿Un empleado debe perecer en el anonimato? ¿Debe silenciarse automáticamente?

El que calla no siempre otorga.

El que calla, muchas veces tiene miedo.

Entre cientos de bolsas de plástico, el terreno lunar y sus cráteres se harán presentes; y los cuerpos volarán hasta donde su imaginación se los permita. Porque para eso no existe límite geográfico ni represión, ni apriete, ni sueldo que limite.

Dos artistas que logran desenvolverse de manera fluida, con muchos recursos clownescos y una clara destreza física. Junto a un conductor de televisión que será su hilo conductor y la asistencia -en vivo- de una actriz que les hace llegar desde otra galaxia todo lo que solicitan.

Los días pasan entre un planeta y otro, entre juegos y canciones que permiten sobrellevar tiempos difíciles, la vida misma y la precarización laboral.

¿Qué es lo que más impacta de esta puesta en escena?

Muchas cosas. Diría el todo en conjunto, los detalles y la conjunción de los mismos. La modalidad que utilizan para hacer que la tragedia pueda ser digerida sin que el espectador se de cuenta. Como quien aplaude un chiste y en verdad está abrazando una causa justa.

Adoro este estilo de arte en que se piensa, se hace una pausa, se combina con distintos estilos y se vuelve a empezar… o a continuar por si acaso.

Volar, levitar, ¿comunicarse?

Con la angustia de un payaso y la máscara de una sonrisa pintada, grandes y chicos, familias enteras diría, disfrutaron, disfrutamos. Incómodos por momentos porque se tocan temas de la cruda realidad real. Distendidos y buscando miradas cómplices. Unidos bajo una misma sala, como un cohete espacial a punto de emprender un viaje hacia un sitio más confortable, más amable.

El teatro consigue eso. Permite entablar diálogo antes y después, lagrimear sabiendo que el de al lado también lo hace, unirnos en un sentir que, quizás, se disuelva al rato. Es magia y oportunidad de cambio. Cambio de verdad. Porque el amor siempre vence y es el arma letal contra quienes destruyen.

Mientras los malabares con bolsitas continúan imagino cuerpos vibrando, sonrisas plagando las calles, una mano uniéndose a la otra en un canto único de libertad, de decir basta de avasallar nuestros derechos.

Limpiar lo que otros ensucian. Sentir orgullo por ser quien se es y no por un blem que haría relucir un objeto, o dos, o tres.

Se es no siempre lo que se hace sino lo que se puede.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Te vendo mis ilusiones

 

Ph: Alejandra López

“Estrella” (con autoría e interpretación de Juan Pablo Geretto) nos presenta un universo realmente escalofriante y entretenido a la vez, dentro del cual todas y todos podrán sentirse identificadas/os con al menos algo. Sí, porque el actor que encarna a una mujer emprendedora y fiel conocedora de la marca Avón, tiene mucho para contarnos.

No crean que se trata de cómo vender por catálogo solamente o cómo conseguir escalar posiciones dentro de las ventas por catálogo. Estrella es la oportunidad de mirar a través de la rendija varias cosas: cómo componer un personaje de pies a cabeza, cómo interpretar una dramaturgia con varios ejes que se complementan, atraen, rechazan y fusionan; cómo aprender a soñar junto a la protagonista, cómo sentir nostalgia y desazón a su lado, cómo subirse al micro para ser alguien y cuándo asumir quien se es a pesar de no tenerlo muy claro.

Me resulta ambiguo escribir sobre este unipersonal porque es un personaje que se desdobla constantemente, que busca los polos opuestos, que pretende confundir al espectador y marearlo hasta que se le antoje. Porque ese es el sentido de la historia: transmitir las sensaciones que ella tiene en el cuerpo, el adoquín atravesado en el estómago, el ramo de flores abandonado en el suelo, el color rosa que pinta a una mujer que ya no es, unas naranjas por doquier que le otorgan frescura al relato, aire de esperanza y una melancolía hacia tiempos pasados que ya no vendrán. Porque el pasado no es mejor en este caso, porque la angustia que padece quizás solo se repararía llorando mares sin cesar.

Estuve nerviosa, inquieta, riendo y lagrimeando. Y sí, es una comedia dramática que cumple al pie de la letra con ambos géneros.

Misión cumplida Geretto. Sos un grande porque en una hora aproximadamente me llevaste de paseo por donde quisiste. Me abollaste el alma hasta devolverme la risa. Y lo más placentero fue sentir que el público acompañó las emociones con sus sonidos.

¿Cuál es tu meta en la vida?

Ser vendedora de cosméticos, no está nada mal. Si es tu objetivo.

Estrella necesita sentirse así. Precisa desplegar sus alas para volar hacia un lugar que no es, ciertamente, el que nos narra. Ella pretende convencernos de cada uno de sus pasos, para convencerse. ¿Lo logra?

¿Cuántas Estrellas estrelladas existirán? ¿Cuántas mujeres que emprenden algo sin saber por qué ni para qué?

Si necesitás respuestas, pensar, analizar-te, este unipersonal es para vos. Porque nada tiene que ver con las tradicionales propuestas estivales de entretenimiento a carcajadas sin sentido. Esta obra de teatro es magnífica, ya que apunta a la yugular. Sin anestesia. Con rositas incluso en los labios. Con un besito en la frente para aquellas melodramáticas.

Estrella me gustó de principio a fin. Me ingresó por las venas y sentí el recorrido de la adrenalina -la cual capturó, incluso, hasta al más distraído-.

No hay momento para ignorar el presente porque, de lo contrario, no habrá futuro.

A la vez que los speechs dirán frases muy típicas del marketing “multinivel”, no sabremos si la risa merece ser activada o transformada en llanto. Ya no hay tiempo de hacer marcha tras.  ¡El momento es ya!

Las tradiciones deberán ser guardadas en baúles para que, en un futuro, junten polvo y telarañas. Mientras tanto, el origen de la tristeza seguirá compartiéndose, buscando nuestra empatía, permitiendo sanar en grupo y salir más aliviados de la función.

Juan Pablo Geretto, entonces, actuar de psicoanalista, se convertirá en uno encubierto o al menos en el ideal para todos los que no somos afines a las sesiones de diván. Porque la empatía es un recurso infinito y básico para que un vínculo pueda crearse y mantenerse en el tiempo. Esto ocurre aquí, en las palabras de la vendedora, en la de la hija, en la de la esposa.

Quisiera volver asiduamente para llevarme distintas sensaciones, porque considero que Estrella siempre nos otorgará un significado diferente de acuerdo al momento que estemos transitando en nuestras vidas.

Recomiendo fervientemente esta propuesta artística que tiene todo lo que tiene que tener un espectáculo cultural, unido a una dirección impecable a cargo del propio actor y de Virginia Martínez (quién, además, se une a la escritura de esta pieza teatral).

Funciones: viernes y sábados 20 y 22 hs.
Duración: 60 minutos.
Teatro: El Camarín de las Musas.

Mariela Verónica Gagliardi

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Bajo las aguas se esconde un misterio

Los nadadores

Todo parece estático, inmutable, increíblemente quieto. Pero como aquella quietud de la que ni siquiera puede acapararla el polvo. Todo parece querer cobrar vida nuevamente pero las palabras y dichos rancios opacan a quienes intentan dar una brazada de esperanza.

“Los nadadores” (escrita y dirigida por Laura Santos) es una maravilla poética que conjuga varios estilos artísticos: proyecciones audiovisuales, música e interpretaciones. No podría hablar de actuación ya que los actores consiguen plasmar en palabras y actos cada texto escrito por la autora de la obra.

Así, se puede apreciar una pieza artística única, que llega a lo más profundo del corazón, que hace pensar al espectador y meditar un rato sobre el lugar que ocupa en su propia vida y en el espacio que interviene.

Podría preguntarles a estos habitantes por qué siguen eligiendo permanecer y durar en el tiempo en vez de probar otras alternativas de vida. Podría, quizás, obtener silencios o divagues porque quienes están en este pueblo perdido en el mapa no tienen demasiada conexión con el afuera, con los avances, con el qué dirán y con el qué vendrá. Ellos están como piezas de un juego que aún no ha comenzado. Envían cartas que no siempre llegan a destino, piden permiso para realizar determinadas cosas y, sin embargo, toleran una y otra vez el mañana. Un mañana que nada tiene de incierto (y probablemente sea lo que más los entusiasme), hasta que una de las personas que vive en esta peculiar comunidad decide cambiar el rumbo de la situación.

De ahí en más, las sensaciones serán otras, las aperturas más significativas, el amor una unión y el abrazo un lazo fortuito.

Debo resaltar la excelente fusión entre los fragmentos de video en que se cuenta la historia y la continuidad en escena (en vivo y en directo). Un estilo que le da frescura, nostalgia y total movimiento a lo largo de la dramaturgia; la cual cobraría un vuelo menos ágil si solo se comunicara desde la parte teatral.

Los nadadores parte de un hecho trágico para cautivar, para explicarnos que ciertas situaciones son inevitables, que los accidentes existen y que por más explicaciones o justificaciones que se busquen; hay que salir adelante. Caminar, andar en bicicleta por los mismos senderos, tocar temas tabúes y perdonar-se.

Laura Santos es una magnífica narradora, una increíble escritora que -artesanalmente- une un retazo con otro, una anécdota con otra historia y que consigue emocionar.
Me sentí, en todo momento, en ese pueblito. Conseguí tocar su aspereza, oler su fragancia fresca y las aguas calmas y turbias. Vi la tristeza, la absorbí y sufrí al leer tanto desamor en los rostros jóvenes.

Cuando una máquina de escribir retoma su velocidad significa que el futuro será algo más prometedor, que nada hay que temer ya que el fantasma más grande pudo disolverse para siempre. Y es que entre tanto silencio no caben más que suposiciones, melancolías, miedo por lo desconocido, hacia lo que no se puede manipular.

Miedo y más miedo que consiguen aniquilar grupalmente.

Con respecto a la parte técnica, tanto lo lumínico como lo sonoro se sincronizan muy bien, permitiendo guiarnos hacia el lugar en que se desea poner el foco. A la vez que, como dije anteriormente, lo fílmico le da un vuelo diferente al espectáculo. Estamos en una función de cine y teatro al mismo tiempo. No se descuida ninguna de las dos y el peso de ambas le otorgan mayor vigor a Los nadadores.

A su vez, se logra más y es que el teatro Zelaya tiene un espacio que encaja justo para la puesta en escena. Como si hubiera sido fabricado especialmente. Esto no es un detalle sino algo mágico ya que desde el momento en que se ingresa a la sala podemos sentirnos parte de lo que vendrá, estar allí y no acá.

¿Cuántas veces se logra algo así?

Dramaturgia y dirección: Laura Santos

Elenco: Julieta Caputo, Juan Castiglione, Eduardo Ferrer, Antonella Saldicco, Paula Staffolani, Gianluca Zonzini, y María Villar

Funciones: miércoles 21 hs

En diciembre: miércoles 5 y 12, 21 hs; y, sábados 1 y 8, 21 hs.

Teatro Zelaya

Mariela Verónica Gagliardi

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Me enseñaron a matar

Nüremberg1

La magia del teatro consiste en hacernos creer que una ficción es la realidad. Muchas son las veces en que me conmuevo y siento vibrar mi corazón; pocas las que creo estar viviendo en esa realidad real, olvidándome por un momento que lo que sucede es pura actuación.

“Nüremberg” es un golpe duro y preciso no solo al nazismo sino a nuestra especie humana. En primer lugar, porque se parte de una Alemania aduladora de Hitler y, en segunda instancia, porque se pretende abrir los ojos de quienes aún en estos tiempos continúan cerrándolos.

Mateo Chiarino es quien se encarga, a través de su cuerpo, alma, espíritu y voz de ir enlazando estos retazos del pasado y presente que tanto lo agobian, hasta las peores pesadillas.

Estamos muy acostumbrados a juzgar el accionar ajeno, a señalar con el dedo inquisidor, a decir lo que el resto hace mal… pero, ¿cuándo es el momento de la auto-evaluación?

Un espacio escénico increíble, que nos sitúa en el lugar geográfico desde el que se desea narrar la historia. A través de proyecciones, en vivo, Pablo Finamore perpetúa en el tiempo dos hilos conductores fundamentales: la frialdad y la ternura. La primera se muestra a partir de lo que significó el nazismo para los jóvenes alemanes y, la segunda, se manifiesta a través de los sentires de este niño-adulto que desea -con fervor- seguir conservando un rayito de inocencia.

Mucho se ha hablado de los skinheads, del daño que le hicieron a cientos y miles de personas inocentes. Nunca, hasta el momento, he visto una obra de teatro que se atreva a develar qué siente uno de ellos. Qué les corre por las venas, qué piensan al respecto, a qué le temen, qué aman, qué hubieran querido ser y por qué terminaron convirtiéndose en sujetos temibles y (al mismo tiempo) aborrecidos.

Siempre observo que quien suele criticar negativamente algo o a alguien, se convierte en aquello por transferencia. Como si algún mortal tuviera la verdad sobre algo, el poder de evitar el dolor o la varita mágica para salvar a aquellos merecedores.

Nüremberg (escrita por Santiago Sanguinetti) es la mirada más aterradora hacia la raza humana. Y siento que el nazismo es simplemente un punto de partida para hablar de algo mucho más abarcativo y universal: hacia dónde vamos.

Un joven que se entrena como soldado, que suda sin piedad, que se deshidrata hasta que su boca se vislumbra blanca con esa baba espesa propia del último aliento. Este hombre es uno más de ellos, sin embargo, se atreve a narrar su infancia. Él simplemente ahorraba. Como todos lo hacemos. Quizás con monedas o billetes. ¿Quién no lo ha hecho? Pero no se le permite: eso es cosa de judíos le decía una y otra vez tu madre…

Desde niños les enseñan a no parecerse en nada a sus rivales. Esos seres tan parecidos y tan diferentes.

Humanos que necesitan encontrar las diferencias para aniquilarse sin piedad.

¡Hi Hitler! Repite sin cesar, golpeándose en el pecho y llevando el brazo bien derechito hacia adelante. El saludo nazi. Ese saludo que se temió y teme tanto. Que muchos habrán sentido valentía al hacerlo y, otros, miedo de morir en cualquier instante.

Nüremberg es una pieza artística de teatro con formato de cine. Su director Pablo Finamore tiene la perfección para lograr las tomas precisas y conseguir que el público admire su arte en todo momento.

El odio les sirve. No solo a un movimiento o ideología sino a quienes tienen un plan macabro. Quien odia no tiene espacio para el amor. Entonces todo lo que pudo haber sido sueño se convirtió en oscuridad, en témpano para no dar lugar a nada bonito. Las cursilerías no tienen cabida. No interesan, son para los débiles quizás.

Mientras tanto él continúa educándose para matar, sudando lágrimas y reprochando a los adultos del pasado por qué no pudo ser un chico común y corriente.

Nüremberg me partió el alma si es que el alma puede imaginarse como un vidrio. Los pedacitos quedaron como astillas imposibles de unir. A la vez que escribo esta nota recuerdo las escenas de la obra y sigo lagrimeando por la juventud entrenada para odiar. Y es que ya es moneda corriente en Occidente, una moneda bastante imposible de revertir.

¿Cómo decirle a los líderes opresores que el amor es lo más importante en la vida de todo ser vivo y que matar es un acto de cobardía?

Ser hombre pareciera ser el dejar de lado todo sentimiento noble y colocarse una armadura de hierro para que ningún gesto pueda traslucirse. Ser hombre y luchar por causas insensatas. Y seguir repitiendo lo que alguna vez se inició como verdad absoluta basado en la miseria más grande de la humanidad: el ego.

Su rostro se expresa duro, cual fiera. Luego se convierte en niño, después en adulto. Su corazón cambia de color según la época que nos narre. Permanece en movimiento una y otra vez. Quizás teme perder en esta guerra inútil. Se perfuma, se seca el sudor y continúa. Se tira al piso y ejercita. Se para y salta incesantemente. Es momento de frenar, de quitarse los tabúes, de echar a un lado los reproches y mostrarse tal cual es.

Es su vida. La que se le permitió, la única que tiene. Deberá entonces salir a la superficie y compartir sus orígenes. Habrá quienes se compadecerá y quienes no harán más que odiarlo por el odio que tuvo y que, probablemente, seguirá permaneciendo en sus venas por el simple hecho de haber nacido en un lugar determinado.

Funciones: Sábados 20 hs

Teatro El Ópalo

Mariela Verónica Gagliardi

 

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El lugar perdido – últimas 3 funciones

El lugar perdido

Angelita se ha criado desde muy pequeña con su tía Pampa, lejos de su hermana melliza y sus padres en San Pedro. Muchos años después, instalada y estudiando en Buenos Aires, un intento de suicidio es un alerta hacia todos ellos.

Este hecho dramático da inicio a la obra, despabilando a todos en una nueva realidad.

 

“Una tarde apareció Federico con una pecera pequeñita y la apoyo sobre la mesada. Nadaba un pececito Violeta y uno Celeste. Las niñas corrieron y subieron a las sillas para mirarlos. Uno Celeste y el otro Violeta. Como los nombres de las hermanas de su cuento preferido. Ese cuento que pedían todas las noches antes de dormir. Una le daba de comer a la mañana. Y otra por la tarde. Pasaban horas mirándolos. Unas semanas después, mientras tomaban la leche, Violeta saltó de la pecera y cayó sobre el mármol de la mesada, sin sonido, sin pedir ayuda… A veces no se sabe cómo pedir ayuda… A veces no se puede. Y si hay amor se ayuda como se puede, como se puede…”
Ficha técnico artística

Autoría: Juan Ignacio Fernández
Actúan: Héctor Da Rosa, Patricia Gilmour, Greta Guthauser, Nora Kaleka, Miguel Young
Vestuario: Esteban Parola, Ricardo Racconto
Escenografía: Esteban Parola, Ricardo Racconto
Diseño de luces: Carlo Argento
Realización de escenografia: La Locomotora Taller
Música: Santiago Barceló
Fotografía: Leopoldo Minotti
Diseño gráfico: León Gramajo
Asistencia de dirección: Ayelen Garaventta
Dirección: Leopoldo Minotti
Duración: 75 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos
TEATRO DEL PUEBLO
Av Roque Sáenz Peña 943 (C.A.B.A.)
Teléfonos: 4326-3606
Web: http://www.teatrodelpueblo.org.ar
Entrada: $ 250,00 / $ 220,00 – Lunes – 20:00 hs – Hasta el 17/09/2018
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Entrevista a Rodrigo Soko

Rodrigo Soko ph sergio santillánEs flautista, compositor, docente e inició sus estudios desde una edad muy temprana.

En su haber tiene varios espectáculos dentro de los que se puede mencionar: Un enemigo del pueblo, Equipaje, Queimada y Abismarse.

Participó tanto como músico y como director musical en teatro y el sábado 25 de agosto estará estrenando Abismarse, una multi-propuesta de la mano de Virginia Innocenti y  Luis Scafati.

¿Cómo surge la iniciativa ?

Cuando le hice la propuesta a Luis Scafati, descubrimos nuestros intereses en común por la poeta y decidimos unir las experiencias en la fusión de historias, imágenes y música.

Una vez seleccionados los textos de Pizarnik, dividiéndolos en tres momentos de sus Diarios – el amor, la angustia y la elección de aceptar la vida o rechazarla – Luis realizó dibujos sobre los textos, utilizando técnicas mixtas como lápiz y acuarelas, escuchando la música que compuse previamente para los textos -interpretada por la agrupación que dirijo, El Silente Sur-.  A partir de ahí, fue un camino de búsqueda y resignificación hasta llegar al resultado final, donde, con la actuación de Virginia Innocenti, logramos darle el sentido final a este viaje.

¿Por qué Alejandra Pizarnik?

Yo compongo música para cine y mi idea con El Silente Sur fue siempre hacer música para imagen, ya sea para cine, teatro o una idea multidisciplinaria. Pizarnik nos permite ahondar en rincones límites y su lenguaje es extremadamente visual. Esto nos abrió infinidad de puertas a la hora de pensar los leitmotivs. Pero, fundamentalmente, fueron sus Diarios los que  dispararon los deseos de resignificar -a través de la multidisciplina- sus ideas y pensares. Todo es demasiado visceral para no abordarlo…

Una propuesta audiovisual. ¿Qué objetivo principalmente te planteaste como director ?

Principalmente, que ninguna disciplina pierda su identidad como elemento narrativo. Es muy común que en el cine la música incidental pase a ser más importante que la historia, o que deje de contar y entorpezca el desarrollo. Resolver esto es un desafío, teniendo en cuenta que, además, contábamos con los elementos aportados por Luis Scafati y la interpretación de Virginia Innocenti.

Los textos son la historia; todo lo demás, los leitmotivs.

Pizarnik para todos…

Sin dudas es para lectores de Alejandra, para poder acercarse desde otro lado y reinterpretar. Pero, también, es para aquellos que por primera vez escuchan su nombre o nunca la leyeron. Es un viaje apto para todo público, y la idea es poder difundir su obra, siempre.

A 45 años de la muerte de Pizarnik, ¿qué valores intenta reivindicar este espectáculo?

En esta oportunidad nos encontraremos con el 50° aniversario de la publicación de “Extracción de la piedra de locura”, una de las obras más emblemáticas de Alejandra Pizarnik. En definitiva, siempre buscamos la difusión y la reinterpretación de la poeta. No creo haber pensado en valores, sino en la oscuridad “Pizarnikeana” y en las múltiples formas de acercarse a ella. Hay una densidad que no todo el mundo quiere o puede enfrentar, y creo que la idea es viajar a través de la multidisciplina por esos caminos.

¿Una orquesta que pone en melodías el sentir de la artista?

La música y la pintura serán los leitmotivs de los textos, y potenciarán o no todos esos sentimientos e ideas de su cotidianidad.

El Silente Sur, es este grupo compuesto por violín, viola, cello, batería, guitarra eléctrica, piano, flauta y trompeta; donde conviven plenamente la música cinematográfica, el jazz y el rock.

¿Podremos vivenciar un recorrido por los momentos más cruciales de su vida?

Sí, principalmente sus distintos estados de introspección. Es un viaje a lo profundo de sus días,  al infierno de su lenguaje, y a la búsqueda de la luz dentro de tanta oscuridad, que, en definitiva, fue su biografía.

¿Cómo recordarla a partir de esta frase?

no quiero ir

nada más

que hasta el fondo

Creo que este pasaje resume perfectamente el concepto general del espectáculo, la constante belleza inesperada de su lenguaje y de sus palabras marcadas por lo abstracto. La oscuridad y el final inevitable de su existencia. Para ella escribir no sólo representaba el reconocimiento sino, también, la posibilidad de desahogarse. En Pizarnik la vida y la poesía es lo mismo. 

Dibujar y retratar sus poemas ayuda a que el público pueda asimilar más tibiamente el mundo pizarnikiano?

En este caso creo que es todo lo contrario. Luis Scafati es extremadamente oscuro, y constantemente maneja el concepto de “ruido” en su obra, en donde creo que podríamos hacer un paralelismo con el “ruido” en la cotidianidad de Alejandra. Esto va a potenciar sin dudas la oscuridad.

La idea no es pasar por lugares comunes, pero cuando toca ir hacia el fondo, no hay más remedio…

¿Cuánta falta le haría al feminismo y al mundo, no?

Sin lugar a dudas, cada vez que una Alejandra, una Janis, una Simone, se nos escapan de nuestro mundo, el planeta se hace un poco más chico… Por suerte sus ideas son demasiado potentes, y basta con traer al presente sus nombres para cambiarlo todo.

Insólita belleza

Mariela Verónica Gagliardi

 

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“Terapia en escena”, de Sebastián Girona

Sebastián Girona

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