*** Junio 2017 ***

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¿Amar a pesar de todo? O la corrupción de los medios

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Este año, causalmente, se están presentando muchos musicales con tinte político. No es casualidad sino una necesidad, imperiosa, por demostrar que no todo está perdido. La juventud es la encargada de impulsar cambios, de dar esperanza. Somos responsables todos, igualmente.

“Sombras de libertad” (con libro de Pablo E. Silva, música de Inbal Comedi y dirección de Wilfredo Parra) es una propuesta excelente, cautivante, apasionada, en la que las texturas musicales de pop, rock, murga y folclore se entremezclan conformando un mosaico cultural. No existe un argumento novedoso, no hace falta. Ya no hay inventos sino distintas maneras de mostrar, de convencer y de tener la motivación necesaria para no caer en la mediocridad ni brutalidad.

Adoré la función de esta obra. La volvería a ver una y mil veces más. Desde que empezó hasta que terminó estuve fascinada. Hablé toda la semana de ella. La recomendé, recordé detalles, impresiones, ideas, formatos, coreografías, voces, vestuarios y luces.

Es imposible no quedar absorto y feliz, sintiendo que estando del lado correcto, el universo conspirará a nuestro favor.

En este caso una campaña electoral podría llevar al Senador Antonio Robles como candidato a la presidencia. De hecho, es al único que conoceremos a lo largo de la historia. Porque no se trata de una trama donde exista una rivalidad entre políticos sino entre el cuarto poder y la política. Esto ya es materia conocida por todos, desde hace mucho tiempo. Sin embargo, no es poco meritorio refrescar memorias.

Por ello es que Sombras de libertad es una conjunción de sentimientos a flor de piel que desbordan de un momento a otro. Porque la pasión es así. Porque el amor es así. Porque el poder obnubila y hace perder de foco a lo verdaderamente necesario para ser feliz.

Quizás un sillón presidencial sea el deseo de este candidato pero, el amor, no debería ser dejado a un lado. Pueden subsistir ambas cosas, al menos podrían. Pero Robles no consigue equilibrar ambas cosas y, de ahí en más, una sucesión de acontecimientos ingratos surgirán para quedarse.

La traición aparecerá de la mano de la persona menos pensada y su venganza será “entendida” aunque no aceptada por este devastado ser humano que tenía la fórmula perfecta para sacar a su país adelante.

Este musical es el claro ejemplo de que todos las personas necesitamos ser y no agachar la cabeza en pos del ideal ajeno. Se puede ser solidario pero no presidiario. Esta es justamente la confrontación que se puede vislumbrar desde el comienzo y por no ser oída, todo el panorama político prometedor se verá en picada.

Como una ilustración fotográfica perfecta, esta familia se hará ecos por distintos lugares públicos y privados, hasta que los bandos confronten y el más “vivo” se salga con la suya. Siempre existirá aquel que se lleve su tajada sin tener valores ni culpa. Lavándose las manos y formando parte de algo que ni siquiera podría comprender de verdad.

Mientras una familia se desmorona, una campaña en puja tendrá demasiados vaivenes y solamente subsistirá el más fuerte.

Cabe preguntar cómo un político podría sacar un país adelante durante años si no es capaz de escuchar siquiera a su esposa e hijo. Suena muy conocido este cuestionamiento. Es conocido, famoso diría. No solo se ve en la realidad real sino en miles de series y películas de todo el mundo.

Un sillón que queda holgado, que no es capaz de sostener a un idealista ni a un tirano.

El enemigo está más cerca de lo que se pueda creer, solo es cuestión de esperar y la catástrofe irrumpirá desde los noticieros hasta el programa más cholulo de la televisión.

“Justicia para todos, paz se respirará, hambre nunca más”… son algunas de las promesas del futuro presidente. ¿Quién no quisiera a un líder así? Que además es carismático, seguro y sonriente.

Mientras sus discursos y canciones nos van convenciendo para votarlo, la danza contemporánea arrastra sus pasos terrenalmente, por los aires, con convicción y fugacidad. Realmente, un ensamble muy comprometido con la temática, que se fusiona con el canto y la palabra. Que es parte de los discursos y narra sobre el escenario y a lo largo de la sala. Que se estira y encoge, que se despliega como arte hasta estallar en ira.

“No me ves”, le dicen acongojados y tristes su esposa e hijo al candidato, mientras éste continúa sumergido en las hojas que determinarán su futuro…

Los tres protagonistas (Pablo E. Silva, Inbal Comedi y Lautaro Aguilar) son un destello de luz, con voces distintas y que se proyectan al más allá, que se encarnan en los personajes que interpretan y no sobreactúan absolutamente nada. A este elenco se suma la secretaria de campaña del presidente (Lucía Krusemann) que deleita cada vez que entona sus melodías con una voz sensible y potente.

Amores y desamores, logros y fracasos, violencia y tensiones que cegan la verdadera esencia del ser humano.

“Nublado es el camino si en él no estás”, se escucha por ahí y lo oculto sale a la luz junto a la confianza eterna.

Ficha Sombras de libertad

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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Ser feliz aquí y ahora

Malaui1

Ficha MalauiQue un viaje por el mundo hace cambiar a las personas y madurar, ver la vida de otra manera, con otros ojos. Son justificaciones para emprender una travesía…

Malaui es un musical (con libro y dirección de Jorge Camisay, coreografías de Rodo Santamarina, y dirección vocal a cargo de Belén Di Iorio) que tiene varios mensajes por descubrir. Como el mundo, pero mirado más de cerca, bien cerca, como haciendo una introspección en el lugar, sin necesidad de cargar las maletas y subir a un avión.

Porque todos los problemas, situaciones inconclusas, asombros, miradas y conocimientos no se obtienen contemplando paisajes y diferentes culturas sino observándonos.

Malaui es un país al sureste de África, sin salida al mar, colonizado por Gran Bretaña (y manteniendo el poder durante 73 años). ¿Por qué viajar hasta allá? ¿Para qué?

Curiosamente, las canciones de esta obra son de Coldplay (una de las bandas inglesas más famosas de la actualidad). Una banda que aún no había surgido para el momento del imperio, para ocupar tierras que no les pertenecían. Así y todo, la música tiene el don de no poseer fronteras ni de poblar odio, sino de atraer o no a quienes la consuman.

Tres amigos (Mauricio Camuglia, Landriel Oviedo y Diego Crevacuore) se unen para disfrutar de unas vacaciones en Malaui y alrededores, por tiempo casi indefinido. Entonces, este trío tendrá el protagonismo del show, llevando adelante su canto y baile, mostrando su talento y, a su vez, dejando lugar al resto del elenco para que también lo haga.

A lo largo del viaje, como en toda convivencia, surgirán: roces, discusiones, descubrimientos y nuevos placeres. Este viaje les hará reconocer que la felicidad (Daniela Santi) siempre estuvo delante de ellos (sobre todo de uno de ellos).

Todas las canciones conocidas (Paradise, Yellow, Clocks, The scientist, Fix you) están en el repertorio del musical, además de algunas que se suman a la historia. Por ello, podremos cantar por lo bajo, seguir las melodías y sentirnos más cerca de Malaui.

Es una comedia ideal para niños y adolescentes (no por eso no disfrutable por los adultos). Con algunos actores que sobresalen por sobre otros (tanto en caudal de voz como interpretaciones), al igual que en el caso de dos bailarinas que se comen el escenario desde que aparecen.

Vos sos el paraíso”, le dice en cierto momento el protagonista a la felicidad (vestida de blanco y una sonrisa infinita). Claro que él no daba por sentado que la mujer que había conocido era algo mucho más que eso.

Uno de los aspectos más interesantes de la historia es cómo el autor enlaza las canciones con un significado simbólico y, así, se va conformando el gran cuento de la vida. Porque podrían ser adultos, ancianos. Pero todos vamos en busca de lo mismo, solo que en ciertas ocasiones tomamos decisiones y rumbos diferentes.

Malaui es atractivo por donde se lo mire, porque podemos disfrutar de un escenario que cambia de tonalidad en cada uno de sus cuadros musicales, con efectos de humo y lumínicos que harán más llamativo el espectáculo, más cambios de vestuario constantes; permitiendo que todo el conjunto produzca un abanico de sentimientos en vivo tanto por parte de los artistas como del público.

Lo más notorio es el énfasis que pone cada uno de los artistas por permanecer radiante, feliz, con una naturalidad especial y única. Ellos están orgullosos de lo que montaron y eso traspasa las tablas.

Es difícil observar a tantos artistas, mirarles los ojos, las extremidades, los pasos, la voz, la interpretación, el andar, la soltura. Y más y más. Pero, en un momento, descubrí a dos talentosas (Cecilia Cavallero y Agustina Pelaez) que tenían ese plus llamado talento innato. Sus miradas eran distintas, brillaban, se posaban en un horizonte sentido y transferían su actuación con tan solo estar y permanecer paradas.

Si no encontrás tu destino, estás algo perdido, no sabés quién sos ni cuál es tu misión en este mundo; sin dudas que Malaui es la propuesta para vos. Pero, si amás Coldplay y todo el universo melódico de esta banda, también es una gran posibilidad de que te acerques a verla.

Dibujos que conformar situaciones, hechos, momentos y que se deshacen como los imprevistos. Como la vida misma.

Mariela Verónica Gagliardi

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La prostitución no es un trabajo

elena

Un escenario con diferentes objetos están allí presentes. Como si se tratara de una historia a punto de ser reconstruida. La luz se encargará de enfocar el recorrido que irá sugiriendo la actriz a lo largo de su versión sobre la vida de una mujer muy valiente.

Después de viajar por diferentes pueblos y ciudades del Interior de Argentina, tenemos la posibilidad de conocer un poco más sobre la historia de Elena Moncada. Su historia, desde ya que no es linda, no genera risas ni placer atravesarla. Todo lo contrario.

Gracias a la dramaturgia excelente, escrita por Mariel Rosciano (quien también la interpreta) se hace muy llevadera la función.

Pero sufrí, padecí, lloré en silencio, me estremecí, me mareé, sentí más fragilidad, quise pararme y gritar: ¡córtenla! ¡paren de una vez con este negocio infame en el que unos ganes y otras pierden demasiado!

Sin embargo, todo sigue ocurriendo. Y, posiblemente, siga todo de mal en peor porque cuando no existen políticas de Estado que ayuden a las trabajadoras sexuales a tener otra vida, a tener su vida; el infierno las seguirá acompañando.

Porque mientras los políticos, ciertas instituciones y los medios masivos de comunicación sigan repitiendo que la prostitución es un trabajo: las arenas movedizas se chuparán la sangre de estas mujeres que necesitan dinero para sobrevivir.

Porque cuando no se tiene una profesión, un oficio, un entorno lleno de amor y contención, se puede caer en la prostitución, se puede ser vulnerable y quedar atrapada y sin salida en una trata de blanca. Porque la trata de blanca es uno de los negocios que deja más dinero en el mundo y las víctimas quedan con muchos traumas psicológicos, sintiendo que su fuerza de trabajo es el propio cuerpo. Porque cuando no se sabe cómo seguir adelante, estas cosas ocurren y nadie podrá insultar a estas mujeres que dudo que “elijan” desgastarse (en todo sentido) para cobrar unos pesos, arriesgando tantas veces sus vidas.

Tantas veces engañadas, atraídas por un aviso, o, simplemente, porque no les queda otra: salen a probar. Pero, luego, no saben que esa puerta que podría llegar a estar sin llave, no es más la salida a una peor desgracia que la vigente. Cortadas, aniquiladas, despojadas de sus sentimientos, congeladas hasta el cansancio. Siguen. Por miedo, siguen. Por falta de una verdadera salida, siguen. Y el caso de Elena es uno entre miles. Y en esta oportunidad, la sala del teatro no está completa. Hay desinterés por parte de la sociedad. Hay una necesidad por taparse los ojos con un dedo y creer que no pasa absolutamente nada. Que las putas son putas por elección y que cobran por su trabajo.

En esta puesta en escena (por si tenías alguna duda) se demuestra que nada de eso es cierto. Que las ganancias son mínimas, que se reparten entre muchas personas, que para tener algún ahorro hay que trabajar sin descanso y que los cuerpos no dan abasto.

La desvalorización social, asumo que será sentida de igual manera por estas mujeres que son privadas de una vida digna, que son desposeídas de un corazón que lata por cosas bonitas y tiradas a lugares rotativos, a negocios clandestinos y a tantos sitios conocidos por todos y no denunciados por quienes en verdad podrían hacer algo al respecto.

Mientras las distintas escenas del unipersonal se suceden unas a otras, pienso por qué la sala esta casi vacía. Me duele como mujer, me duele hasta las tripas. Porque esta obra no es una obra más ni pretende ganar dinero sino crear consciencia, abrir ojos, ayudar a quienes estén pasando por esto y unirnos de verdad para juntos luchar por ellas.

Luego de la función, pudimos escuchar a Maximiliano Ferraro (diputado de C.A.B.A por el partido Coalición Cívica), quien nos detalló la ordenanza 33.266 que hace mención a la eliminación de la figura de alternadoras (coperas) en los bares con el fin de evitar la trata de personas. Esta ley fue aprobada el año pasado y estaría entrando en vigencia este año.

Vestida, despojada de ropas, lastimada, exluída, golpeada, sin poder crecer junto a sus hijos, regenteada por su propio marido, desposeída del sueño de ser libre, de hacer con sus días lo que se le antoje, de gira por plazas ofreciéndose, sin poder escapar, sin poder elegir, anhelando ver a sus hijos. Soñando con una navidad en familia.

Por más cursi que pueda sonar: el amor es imprescindible en la vida de todo ser humano. Sin él, la desgracia se avecina, se esparce, nos domina y nos extingue.

Ellas nos necesitan, por más que no las oigamos. Gritan sin que las escuchemos. Gritan a través de un personaje de ficción que es real. Ellas necesitan ser consideradas mujeres y no cuerpos explotados hasta el hartazgo.

Ellas son cada una de nosotras y mientras se siga durmiendo, su sufrimiento letal aumentará, su privación de la libertad crecerá y llegará aquel momento en que nadie las recordará.

Por eso aplaudo de pie a Mariel Rosciano que, además de ser una excelente actriz, está comprometida con la causa, milita, da su vida por los derechos de la mujer y camina el mismo camino de las víctimas.

Funciones: martes de marzo, 21.15 hs.

Teatro La Comedia (C.A.B.A.).

Mariela Verónica Gagliardi

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Una melodía que se extingue junto al amor

A y M romanticos

PH: Mariana Lozano

Podría hablarse de sus profesiones, de cada una de sus pasiones y trayectorias. Sin embargo, sorprende que se deje a un lado la magnífica carrera de Marguerite Duras (interpretada por Débora Longobardi) y se mencione su intimidad amorosa, al igual que la de su marido.

Es entonces cuando un desenlace se avecina en lo que fue una historia de amor. Por un lado, un piano de cola. Por otro, un sofá de estilo inglés. Nada más les hace falta a estos dos actores que tomaron la responsabilidad de encarnarse en esta deleitosa dramaturgia de Duras, una de las piezas artísticas más conocidas de la autora. Fue en el año 1964, que se estrena en el Studio des Champs Elysées (París) y al siguiente año, junto a Paul Seban, la convierte en séptimo arte.

Si bien no es mucho lo que se conoce en nuestro país de esta escritora, realmente cautivan sus textos, sus diálogos, la manera de plasmar su biografía en ficción y, de algún modo, vivir a través de las letras.

Recorriendo su material e historia me topé frente a citas textuales en las que mencionaba su desagrado hacia las autobiografías. Evidentemente, solo quería que su pluma describiera cada uno de sus sentimientos. No se la puede juzgar a raíz de esto sino agradecerle el recorrido que hizo desde temprana edad hasta sus últimos días.

¿Qué es lo que puede verse durante esta breve pero profunda historia?

Lo que calló durante tanto tiempo un matrimonio, la desnudez de cada uno de sus tabúes, aquellas verdades que no siempre conviene decir -pero que, en esta oportunidad, se decide gritarlas-, la crueldad, la necesidad de herir con las más finas y selectivas palabras. Entonces, una despedida es el inicio de una nueva etapa para este hombre y esta mujer que parecen ser tan vulnerables como cada uno de nosotros. Que están ahí parados, meditabundos, con un tiempo a contrarreloj, que jamás se detendrá para mostrar algún arrepentimiento que valga.

Por momentos quisiéramos que ingrese alguien más a escena para diluir tanto dolor, aunque sabemos que eso no ocurrirá. Un amante aguardará su turno para tener entre sus brazos a quien ahora “le pertenece”. Mientras tanto, el hombre que vemos dirá todo para convencer a su esposa y de rogarle por momentos con el rostro cuánto la necesita.

Resulta desgarrador presenciar esta cita interminable, notar las lágrimas que rozan las mejillas, conocer los detalles y motivos de lo que podría haber sido y ya no será.

Su marido en la vida real, Robert Antelme, parece reencarnarse en Ulises Puiggrós y atravesar cada una de sus venas y arterias hasta hacerlo evocar aquellos tiempos pasados que, hoy, son solo ruinas.

Realmente es un trabajo extraordinario el de este elenco, un trabajo en el que es posible emocionarse, angustiarse y tener la esperanza de encontrar al verdadero amor, o al menos a aquél que nos haga vibrar.

El espacio escénico es el indicado y, gracias a éste, podemos palpar más esta ficción-realidad sin hacer el más mínimo esfuerzo por ingresar en un código dramático. La verdad se presenta ante nosotros, se esparce, camina, suena con agradables melodías y se apaga por completo.

La música es de esas obras de teatro que dan gusto conocer bien de cerquita, para sentirnos parte, para ser testigos pasivos y no poder participar más que viendo el tiempo caer.

Como un reloj de arena que que no es eterno en su medición y que nos permite, sin embargo, reconciliarnos con lo triste y ameno de la vida.

Graciela Pereyra es quien tiene la agudeza de recrear esta historia vertiginosa que nos hace sentir tanto como quisiéramos. Es gracias a la intimidad que todo fluye apresuradamente, con firmeza, ya sin dubitaciones y con la claridad que se tiene cuando ya todo se dijo.

Funciones: viernes 21.15 hs.

Teatro La Comedia.

Mariela Verónica Gagliardi

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Frustradas sí, pero con humor negro

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En una Francia de pos guerra, totalmente triste y abolida, Jean Anouilh escribe la obra de teatro Orquesta de señoritas, una historia que verdaderamente ilustra cómo eran sociedad de aquel entonces y el estereotipo de mujeres que existían -ocultadas tras el machismo dominante-.

Con un elenco formidable, súper talentoso y reconocido en el ambiente artístico-teatral; esta versión viene a resonar nuevamente los cumplidos de estas femeninas que pretenden tener un espacio no solo en el escenario sino en la vida. Al estilo de un café concert, no sabemos a ciencia cierta qué piensa el público ni qué opina, aunque sí podremos ponernos en su lugar (aunque sea por una noche) y transmitir nuestras sensaciones durante la función.

Osmar Nuñez es quien representa a la directora de orquesta, con una Hortensia muy mandona, que se lleva al mundo por delante y que no tiene escrúpulos para hacer lo que le plazca. Pareciera ser que los sentimientos se los ha olvidado en algún antiguo baúl y ya no encuentra buenos modos de transmitir las cosas.

Mientras este pintoresco personaje se luzca por encima de los demás (por cuestiones de la dramaturgia), las otras damas intentarán relajarse y aprovechar los intervalos para darse consejos de recetas de cocina, de tejidos y del amor en general. Como un grupo de amigas querrán prestarle el hombro a la que más sufra y secarle las lágrimas a la que no encuentre cómo sanar su corazón.

El único personaje masculino será el interpretado por un pianista que no se cansará de repartir su amor por doquier. Vale aclarar que todos tienen rasgos bastante ciclotímicos, algunos más neuróticos que otros y con una hiper sensibilidad por todo aquello que se diga opuesto a lo que se pretenga oír.

Si bien Orquesta de señoritas es una obra del género comedia, tiene algunos aspectos dramáticos que darán mucho para análisis. Las carcajadas ocultan el dolor de quienes más sufren, la sobreexageración tapa la sensibilidad propia del ser humano y el mundo artístico demostrará su frivolidad -aquella frialdad que permite que unos sean y otros mueran en el intento-.

Todos los personajes que componen esta magnífica puesta en escena se lucen y cautivan notoriamente, así como el género absurdo se apodera incluso de los instrumentos que no suenan más que en nuestra imaginación.

Una comedia picante que utiliza la burla e ironía para enseñar a no frustarse, a seguir adelante y a luchar por los propios sueños.

Hortensia demuestra que es menos hipócrita (en verdad la más auténtica) que el resto de las concertistas, diciendo que: Durante la guerra, en plena ocupación, me negué a tocar para los alemanes. Conozco a otras, que no tuvieron tantos escrúpulos.

Tirarse de la lengua -una a otra- pareciera ser uno de los recursos que más se utilizan en la historia, al igual que un negro en el vestuario para lucir el luto por la miseria que estaba atravesando el país así como por la tristeza irremediable. Sin embargo, estas señoritas pretenden ser músicas y entretener a los más “afortunados”, dando un espectáculo realmente ridículo, con canciones de diversos ritmos y en las que ocurrirán distintas desgracias, así como una notoria desafinación.

Almas desesperadas, conflictuadas, unas más puras que otras, unas más nobles que otras, otras más despiadadas que el resto. Personajes atados a una moral muy fuerte, imposibilitados de vivir pasionalmente y sin importarles el qué dirán. Si, al menos, pudieran observar a Hortensia, copiar su desenfreno y pisar sin titubear, podrían aniquilar esa patética adulación hacia otros, que les hace sentir una autoestima más baja de la que deberían tener.

Autor: Jean Anouilh
Actúan: Norberto Gonzalo, Edgardo Nieva, Jorge Paccini, Carlos March, Miguel Jordán, Ernesto Larresse y Osmar Nuñez
Dirección Jorge Paccini
Funciones: lunes y martes 21 hs
Teatro La Comedia

Mariela Verónica Gagliardi

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La sonrisa más macabra

La herencia de Eszter2

Ficha La herencia de EszterNo hace falta mencionar que los temas de bienes siempre crearán conflictos, de una parte o de otra. Más cuando se trata de una persona que ha fallecido y que no tiene voz presente para decir: ¡basta!, cuando todo esté a punto de descontrolarse por completo.

La herencia de Eszter (novela escrita por Sándor Márai, adaptada por María de las Mercedes Hernando, con la eximia dirección de Oscar Barney Finn) vuelve a confirmar cómo lo más inesperado puede apoderarse del más débil y cómo la ambición puede volverse más enfermiza que cualquier tipo de dolor real y verdadero. Una novela que se escribió en el año 1939 (comienzos de la Segunda Guerra Mundial) y con muchas luchas de clases, conflictos e intereses que harán convertir la quietud en un acto belicoso, hasta reposar en el más confortable “paraíso”.

Un texto en el que será posible reposar en la más exquisita y apacible paz llevada adelante por el personaje de Eszter (Thelma Biral), quien le otorgará a la dramaturgia ese brillo especial que tiene una actriz de esta trayectoria y nivel como ella. Así será posible recorrer su casa y jardines de una manera relajada, pudiendo prestar atención a los extensos diálogos de Márai. Claro que una protagonista necesita de un elenco encantador como el que le tocó para hacer posible todo este éxito ya en su debut.

Pero, ¿por qué la presencia de Lajos (Víctor Laplace) hará sucumbir con su visita?

Pasaron dos décadas desde la última vez que se miraron a los ojos y jamás se comunicaron a lo largo de los años. Aunque parece que el tiempo podría ser tan relativo como un amor que no ha culminado o que jamás ha surgido como se merecía.

Aquí es entonces cuando surgen algunos interrogantes y conceptos. Por ejemplo: la valentía. ¿Podría haberse modificado el destino si Eszter recibía la supuesta carta que le envió Lajos? ¿Realmente esas palabras volcadas en un papel fueron robadas por su hermana para impedir el romance? ¿O Lajos pretende salirse con su cometido poniendo todas las cartas sobre la mesa sin tener algo de bondad en su accionar?

Este drama es realmente exquisito y si bien el ritmo de los relatos es bastante lento, dichas pausas permiten que el disfrute sea aún más profundo. En tiempos en que todo “debe” resolverse con un chasquido de dedos, es importante que existan piezas artísticas puestas en escena con estas características y que la ambientación signifique parte del argumento y la fusión con el mismo.

Quienes conozcan la novela sabrán que el hilo conductor está puesto sobre Eszter y Lajos, pero en el pasado. Es cierto que la historia se narra en presente pero es un presente gastado y con aroma a viejo, como huelen aquellas cosas no resueltas. Así, esta pobre mujer transcurre sus días en calma pero sin ningún sobresalto, junto a una amiga de siempre. Posiblemente, ninguna de las dos imaginó cómo terminarían ni por qué.

Aunque Eszter no es una persona que tenga en mente combatir a su ex amor ni mucho menos contradecirlo. Su nobleza la convierte en un ser apacible y con una sonrisa tan inmensa como el jardín que disfruta, contemplando cada una de sus flores y árboles. Por momentos pareciéramos estar en El jardín de los cerezos (Chéjov), en que la naturaleza y su gran casa entran en disputa familiar. Es cierto que resulta, a veces, hasta absurdo pensar por qué sus huéspedes debieran “abandonar” el lugar en el que viven porque otro así lo dictamina.

Colores verdes, la vegetación inundando las lágrimas de las soñadoras y encrudeciendo a los más astutos y mordaces. Con unas interpretaciones que completan la fascinante trama, puede vislumbrarse cómo los personajes secundarios no son más que eslabones fundamentales para ir armando, a medida que avanza la obra, un perfecto tapiz.

La perfección que puede notarse en el vocabulario, en los modismos, en el lenguaje protocolar, en el vestuario épico y conservador, en un escenario estático como el lento avance de la historia política en que fue escrita la novela de Sándor Márai. Un contexto que vale la pena conocer y explayarse. El dramaturgo también fue poeta y vivió en lo que actualmente se conoce como Eslovaquia (anteriormente, Hungría). Su vida no fue fácil y su manera combativa de defender sus ideales lo expuso de pies a cabeza. Así lo deseó y así lo llevó adelante. Pero eran tiempos del nazismo y su entereza para expresarse al líder de este movimiento lo hizo enfermar de tal manera hasta terminar con su propia vida. Huyendo de su país hacia 1948 (ya que el ejército soviético había invadido su tierra natal), estuvo viviendo en Italia y Estados Unidos (entre algunos de los lugares por los que transitó). Él se consideraba burgués, pero no como se lo suele entender vulgarmente, sino como un estilo de vida, como un modo de hacerle frente a la misma y de pelear por propósitos.

Lo irónico de todo esto fue que una vez fallecido, cayó el Muro de Berlín y, posiblemente, su historia hubiera sido muy distinta de haberlo podido vaticinar.

Entonces es como al ver la figura de Lajos, un hombre completamente carismático, también podemos ver a Hitler. Y no quiero decir con esto que se trate del movimiento nazi, sino de una actitud hacia la sociedad (que es, de algún modo, la propia familia o lo que queda de ésta). Un líder que es apoyado por una mayoría, una mayoría que ignora -quizás- cómo la confianza puede ser utilizada y convertida en la peor pesadilla.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un virtuoso de la actuación

Jorobado7

Ficha JorobadoJorobado, el encierro de un cornudo (versión libre del cuento El Jorobadito, de Roberto Arlt) es un unipersonal (creado e interpretado por Claudio Pazos) que toma el argumento del texto original pero desde una arista diferente. En esta ocasión, el hombre desdichado -y no me refiero a Rigoletto- se encuentra encerrado, sin poder huir de donde está y con varios interrogantes por resolver. Su ira es uno de ellos y es que aún siente la imperiosa necesidad de mostrarse resentido, dolido y un tanto precipitado.

La proyección que realiza el hombre en el jorobado es de tal dimensión que no consigue terminar con el asunto que lo está afligiendo: el amor o desamor hacia su novia.

Es tal la locura que se apodera de estos seres que pueden sentir la agarofobia desde lo más profundo.

Todos deben recordar el primer y casual acercamiento entre el jorobadito y este hombre, en un bar. De ahí en adelante, el favor tan extraño y tenaz que éste último le pide al primero y que no se cansa de reiterarla.

El genio y talentoso Claudio Pazos consigue acercarnos a cada uno de los personajes del libro de Arlt, pero algo cambiados. Su imaginación ha tomado lo más relevante y les ha otorgado la gracia necesaria para que nosostros como espectadores podamos ingresar en el universo del autor desde un comienzo. Es tan así el efecto que produce Pazos que la sala más preciosa y original del Teatro La Comedia, se convierte en un lugar distinto, con una atmósfera increíble y muy bien lograda.

Es posible que odiemos al jorobado o no, de acuerdo a los atributos que se detallan sobre su persona, pero lo que resulta ineludible es el carácter violento de su nuevo “amigo”, quien se cree con total impunidad de maltratar a otra persona por el simple antojo de considerarlo indigno de respeto.

Entonces es posible sentir la asfixia -conseguida por diferentes objetos de la puesta en escena-, verlo suplicar, notar la aparición del corcovado, sus dolencias y aflicciones, la sorna con que ambos personajes se manifiestan, unos tacones rojos para vestirse de pura y la ilusión de una boda que no es posible que ocurra.

Una marcha, no nupcial, que permite oír las voces de estos hombres, sus justificaciones y el placer de terminar con otra vida cuando no se puede con la propia.

Este cornudo sabemos que no es tan y que manipula la realidad a su gusto para esconder su cobardía. Quizás su mayor disgusto sea toparse con un extraño y saber que sus intereses no son los suyos y que su imperfección física no lo tortura como al otro.

Mariela Verónica Gagliardi

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El gusto del amor

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Ficha SimpleÉl es un galán y, además, un excelente cantante que es capaz de sorprendernos con sus investigaciones poéticas y musicales cada vez que organiza e idea sus espectáculos. Esos espectáculos que son verdaderos shows en los que, si bien es el protagonista, le deja el lugar principal a sus evocaciones sobre las que siente una real admiración.

Francisco Pesqueira comienza a interpretar a su nuevo personaje desde el momento que la sala 2 del teatro La Comedia nos abre sus puertas. Un espacio que se llena por completo, donde no cabe ni un solo alfiler más.

Pesqueira, tiene un don para narrar anécdotas -sean propias o prestadas-, y es así como su mundo artístico va desplegando alas que le permiten volar hacia donde quiera. Haciéndonos, a nosotros, a su público fiel, continuar el viaje junto a sus sonrisas, sus interpretaciones, sus canciones, sus poemas y cada uno de sus gestos que le permiten brillar como las cortinas que se vislumbran en la escenografía que compone “Simple, las canciones que negué amar”.

El look de esta ocasión le calza de manera impecable y, es así, como de inmediato podemos ubicarnos en las décadas que irá profundizando.

Como un verdadero espectáculo a la carta, antes de iniciarse éste, se invita a ocho espectadores a que elijan (al azar) los discos que tendrán la función de traer del pasado a cantantes tan disímiles unos de otros.

El mundo que no ha parado ni un momento (Jimmy Fontana, 1964), Prefiero estar contigo y no morir con él; Por qué me abandonaste (Paloma Sanbasilio), Un poquito de amor (Camilo Sesto); y así continúan las frases exageradas de la década del sesenta, una época que se caracterizó por este detalle, que ubicó al estilo melódico en un podio del que luego bajó y fue reemplazado (en gran parte) por ritmos anteriores que cobraron mayor fuerza, por otros que tuvieron más vigor y por lo autóctono y no tan melodramático.

Abandonos, fidelidades, engaños, autoflagelos, desidias, mujeres y hombres que sufrían y lo plasmaban en canciones y melodías para gritarle al universo sus intimidades. Así, tres décadas se unen y confluyen algunos éxitos y otros “éxitos” para que cada quien los juzgue.

Sin lugar a dudas que una de las anécdotas más graciosas que narró Francisco Pesqueira durante la función hace referencia al gimnasio ubicado en el mismo sitio que el teatro y que vale la pena escuchar en vivo, prestando atención a cada uno de sus detalles -acompañados de la rutina aeróbica y performance del artista-. Y esto es lo que hace que una estrella sea brillante u opaca: su carisma y empatía. Él no solo que tiene ambas sino que no tiene inconveniente alguno de seguir sumando seguidores y fans como los que se pudieron ver (con bandera y todo) en las últimas filas de la sala.

Recuerdo la primera vez que presencié uno de sus shows y sentí la adrenalina que necesaria como para seguir arrollándome en los subsiguientes, sorprendiéndome momento a momento, hablando de él y manteniendo en secreto ciertas temáticas.

Rocío Jurao, Claudio Baglioni, Marisol, Ángela Carrasco y tantas otras personalidades que tendrán la oportunidad de ser revividas según el azar de la velada.

Cada noche será única, como él, como su equipo artístico, como las tapas de los discos que lucen como un todo integral, que pueden escucharse en un tocadiscos y luego vibrarse en su voz.

Simple como todos los recuerdos que, absolutamente todos, llevamos dentro. Simple como lo esencial y no básico. Como ese sendero luminoso que cuesta alcanzar pero que se disfruta al transitar.

Como el crecimiento y la sabiduría que permite que Simple sea mucho más que un conjunto de canciones seleccionadas por el público, sino el modo de ver la vida, de oírla, de sentirla y de reanimarla; permitiendo saber que se trate del año que se trate cada humano puede prestar atención a la estrofa o verso que más le impacte en su corazón.

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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Un espectáculo a la francesa

Vaudeville

Un espectáculo se compone de la función, de la previa y, también, del final en que los artistas son saludados por todos. No siempre sucede lo mismo ni se siente lo mismo, lógicamente.

Si utilizara un término, éste sería: alegría. Durante los minutos anteriores a que abrieran las puertas de la Sala 1 del Teatro La Comedia se podían ver sonrisas. Para un lado y para el otro, felicidad, unos hablando con otros y ansiando que comience la obra.

Así, el clamor se hizo presente, deseamos que nunca terminara la noche para seguir teniendo presente a este elenco, realmente, impecable de Zapping Vaudeville.

Muchísimas figuras del mundo artístico estuvieron, ovacionaron y fue una verdadera fiesta en que todo adulto mantuvo vivo su corazón.

¿Por qué se produce este fenómeno tan bestial?

Se trata de un elenco, conformado por siete artistas, que demuestran su talento en escena, su vocación, su gracia y su empatía con el espectador.

Qué importante resulta que, por momentos, la línea que divide al escenario de la plata se esfume para dar lugar a esa fusión en que todos somos uno, en que la alegría se apodera para hacerla estallar una y otra vez.

Cómo un género que no siempre es valorizado, puede volverse un estallido mágico de atracciones imposibles de ignorar.

Vaudeville es una palabra de origen francés, a su vez un lugar geográfico en Francia llamado Vau de Vire (Valle de Vire) que es un valle situado en la frontera de Normandía. A raíz del surgimiento de canciones populares en dicho sitio es que se las conoce como Voix de Vire (voz de Vire).

Tanto en este país europeo como en Estados Unidos, existió el teatro de variedad, solo que de diferente modo.

En lo que respecta a este espectáculo, puede considerarse de la rama surgida en Francia ya que se hace mención al idioma, canto y demás sutilezas a lo largo de los números presentados. En el Siglo XVIII se hace conocido este gran fenómeno, con varias coincidencias respecto al circo y a su estilo de vida. Un género en el que se pueden observar segmentos de música, danza, teatro cómico y una vestimenta que acompaña, perfectamente, lo acontecido.

Dos excéntricos presentadores y artistas, Carlos Guedes y Christian Barbieri (autores de esta magnífica obra) deslumbran, constantemente, a lo largo del espectáculo en que los números serán para todo público. Para un público sagaz y con ganas de pasar gratos momentos en que la realidad será mostrada de modo absurdo, irónico y con códigos de humor negro.

Así, desfilarán por el escenario hasta aquel personaje nefasto y repudiado de la historia mundial, un títere de mano que dirá lo que otros no se animen, una bailarina que, grotescamente, pretenderá llamar la atención, otra que se disfrazará de oso para defender sus derechos; y un sinfín de cuadros realmente asombrosos y dignos de ser vistos y aplaudidos.

El slogan de la obra es: 50 artistas en escena, en la gira murieron 43 y los que quedan tienen que reemplazarlos. Desde aquí parten y, así, es como termina resultando efectiva la propuesta y el fortato de comedia que se le pretende dar al vaudeville. Cómo reemplazar a tantos, siendo tan pocos, no pareciéndose físicamente a quienes ya no están ni teniendo las destrezas que los otros tenían. Acá reside el trampolín para recorrer ese camino lleno de aventuras en que la ridiculización, ajena y propia, se convierte en un verdadero paraíso de risas.

Los mariachis mexicanos hacen también su paso, caracterizados con todo el vestuario tradicional y con unos bigotes realmente gigantes que tapan la mitad de sus caras. Música, en vivo, con instrumentos tradicionales y reciclados -los cuales otorgan melodías distintas-. Plumas decorando a la femme fatal y ensalzándola como si se tratara de una diva. Humor por doquier y una plata que deja de existir y nos traslada a un ambiente al aire libre en el que todos estamos al mismo nivel, en el que no existen las diferencias y en el que podemos ovacionar por la calidad que brindan en cada sketch, fabricado tan artesanalmente como con amor.

Como si se tratara de una formación, cada uno de ellos es un vagón y, juntos, desfilan por todos lados, ansiando no parar nunca y llevando alegría cantada a toda persona que se atreva a sumarse a este tren que siempre viaja con butacas libres.

Idea y libro: Carlos Guedes y Christian Barbieri. Elenco: Carlos Guedes, Christian Barbieri, Giuliana Nieto, Lula Rosenthal, Clara Quarneti, Zulma Zucca, Melina Saavedra. Orquestaciones originales: Joseph Chaparro. Letras canciones originales: Matías Canony. Coreografía y dirección general: Carlos Guedes y Christian Barbieri. Funciones: lunes 21 hs. Teatro La Comedia.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un castigo que no vale la pena

Vivan las feas12

Un mundo de plástico, artificial, confeccionado para unas pocas y sobresalientes mujeres que nacieron con el don de la belleza, de una belleza que se supone y erige como tal o que tienen los medios como para lograrlo en la sala de operaciones.

La belleza seguida del éxito es lo que marca la tendencia de llevarse el mundo por delante. Mientras tanto, las no agraciadas deben ser simpáticas, cordiales y esforzarse más de la cuenta por caer bien al resto y por intentar demostrar que, también, tienen un don especial para compartir.

“Vivan las feas” (escrita y dirigida por Mariela Asensio), es una obra que pretende no serlo. Es un conjunto de testimonios que se gritan sin piedad ni miedos. “Vivan las feas”, tiene la particularidad de contar con Mariela en escena para coordinar todo desde allí. A la vez que pedalea durante toda la función, notamos como su cansancio no la extenúa y su palpitar no la abandona.

Son cinco artistas, de distintas generaciones, que esbozan monólogos y diálogos entre ellas. Parece desaparecer aquella división entre público y actrices. Todo se convierte en unidad, como si se tratara de una performance -no para admirar sino para concientizar-.

No hay cifras vigentes que determinen cuántas personas mueren como causa de la bulimia y anorexia, pero en los últimos años la ONU determinó que Argentina era el segundo país en este ranking, después de Brasil. Actualmente, nuestra sociedad sigue haciendo apología al consumismo, a los talles diminutos, a alcanzar liderazgos gracias a una imagen determinada o a triunfar por unas piernas esbeltas.

¿Quién determina que una mujer sea linda o fea?

Existen muchas leyes de talles grandes en el país pero, lo cierto, es que la minoría de los negocios de indumentaria cumplen con las reglamentaciones.

A su vez, vale considerar que el 85% de profesionales de la salud son mujeres. Sí, psicólogas y, este dato, no debe ser pasado por alto; como tampoco que muchas a los cuarenta deciden estar sin un hombre o no les queda otra alternativa.

Nuestra sociedad sigue fijándose qué mujer está sin un hombre, analizando los motivos y cuestionando por qué no quiere tener un hijo. Estos mandatos añejos, inciden en todas nosotras. Pero, de lo que podemos estar seguras es que las “feas” suelen estar casadas y con varios niños; mientras muchas de las “lindas” están desamparadas y sin procrear.

Es hora de que nos apoyemos, al menos, ente nosotras, que no naturalicemos la violencia contra nuestro género y que quienes tienen el “poder” lo usen para fijarse en lo profesional e intelectual en vez de ver cómo luce lo que no se puede cambiar sin operación.

La historia continúa con su trayecto, escuchando las vivencias y recuerdos de Ana María Castel y anhelando no tener que esperarlo con la comida recién salida del horno, con la ropa limpia y planchada, con la casa en orden. Puede ser que los hombres vean esto como una rebelión pero tuvimos tantas décadas de esclavitud que recobrar la libertad no solo nos une sino que nos reconforta.

Nadie sentiría antes, que prepararle la comida a diario era un acto de servidumbre. ¿Pero, por qué él no lo hacía? Claro, antes los hombres salían a trabajar y las mujeres quedaban al cuidado de los niños y de los quehaceres domésticos. Pero, esas mujeres de antes, ¿eligieron ese puesto?

Nadie les preguntó si preferían una u otra cosa. Los tiempos, por suerte, han cambiado y existen muchos hijos que, por diferentes circunstancias, viven con los padres.

El mundo se ha dado vuelta, sí. Y por suerte. Por un camino recorrido por muchas mujeres emblemáticas, cojonudas, inteligentes y capaces de enfrentarse a aquello que no les parecía.

Más que nunca, hoy y siempre, las mujeres debemos estar unidas, escucharnos, darle una mano a aquellas que se consumen con ejercicios físicos para gustarles a otros, a las que no pueden más por hacer una dieta que a nada las conduce.

A pesar de todo esto, los hombres se suicidan más y con cifras realmente escalofriantes, lo que indica que algo en el interior femenino indica que no quieren tirarse al vacío sino ser aceptadas.

La del cuerpo privilegiado habla, la ama de casa habla, la desafortunada habla, la que prepara los tragos (con frutas y sin alcohol para no engordar) habla y la que hace ejercicio calla.

ficha Vivan las feas

Mariela Verónica Gagliardi

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