*** Junio 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘drama’

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La increíble historia de la divinidad

Parrandera´s9

Ficha Parrandera´sY, como si el destino lo quisiera pero el clima no, una noche de tormenta ingresé al Teatro Polonia para presenciar una obra que me recordó a las películas de Tarantino. Respiré hondo de felicidad y agotamiento a la vez, por esquivar los baches de las veredas y, al mismo tiempo, encontrar una propuesta increíblemente atrapante que me cautivó en todo momento. Quise que durara más, no porque la trama lo requiriese sino por el afán de pretender una segunda parte, como si siguiera inmersa en un film norteamericano.

Laura Correa, la creadora de Parrandera´s, Epifanía de un rapto escribe y dirige de una manera impecable, excelente, con un vuelo más alto que el de cualquier Dios. A partir de este drama subraya lo que desea resaltar y mantiene el suspenso para sorprender con ocurrencias súper creativas.

Sentada en primera fila, contra la pared de costado, de repente tuve a uno de los actores ahí nomás. A unos centímetros. No había modo de escapar a la historia, a sus personajes. Fui partícipe al igual que el resto de los espectadores. Fuimos el público de la obra pero, por sobre todas las cosas, de lo que sucedía a cada rato. De un secuestro que en nada se parecía a los convencionales, de las cumbias famosas en inglés, de las metáforas y simbolismos que flotaban en el aire de esa habitación, de ese bar, de cada situación planteada y acontecida.

Qué decir de los actores que traspasan la ficción, que se inmiscuyen en sus personajes de principio a fin y que es posible deleitarse hasta con el más mínimo detalle.

Por momentos me detenía a observar a uno, mientras escuchaba al resto e iba cambiando mi foco como si estuviera mirando a través de un lente. El cine está presente con toda su magia, con los prototipos e identificaciones, con cada una de sus singularidades en que ocurren las escenas.

Cuando se menciona la parranda podemos imaginar fiesta, color, risas, alegría. Sin embargo, esta parranda es diferente. En ésta se puede ver a una estrella de la cumbia cual tal virgen que desea elevarse por lo alto y cumplir los deseos de todos sus seguidores.

Lydia Stevens, vestida de country, de brillos, de lo que se inspire para cada recital y pretendiendo ser lo que sus fans quieren. Su personaje (Raquel) nos enseña que el egoísmo no tiene por qué existir, que se puede brillar como respuesta al amor pretendido, que el glamour y las balas pueden combinarse a la perfección. Que una mordaza puede significar un antes y un después, que el deseo de unos pobres hombres que viven porque el aire es gratis, pueden ser felices adorando a una mujer de carne y hueso a la cual imaginan como divinidad.

Total, ¿qué importa la realidad real?

Pareciera que viven encerrados en un submundo creado a su antojo. En el que beben los tragos que quieren, pidiendo las canciones que desean, sorprendiéndose a cada paso y creyendo en los milagros cuando todo está perdido.

Porque un día cualquiera aparece el hermano de Raquel, para rescatarla. Para sacarla del lugar en el que permanece prófuga. Pero, todo cambia cuando descubre que, sin pensarlo, es capaz de dar singularmente.

Pareciera ser que su libertad, cuando la tenía, no le servía absolutamente para nada. En cambio, sus secuestradores le indicaron su camino en la vida y la satisfacción para ambas partes fue factible. Porque eso es tan difícil de hallar y, por lo visto, no es tan imposible de lograr cuando se tiene al descubierto el goce.

La tragedia está presente, el conflicto entre lo que se debe hacer, también. La sangre será consecuencia de ese choque de intereses y lo único que permanecerá en el éter será ese universo de sensaciones, de momentos, de instantes en que solo importaba la pulsión y nada más.

En cuanto a lo que conforma el espacio escénico, desde los primeros minutos de la dramaturgia ya es posible ingresar en el código planteado por su autora y, una vez que eso ocurre, solo se podrá disfrutar de la originalidad y la adrenalina.

Mientras tanto, la iluminación y los efectos desarrollados durante la trama nos permitirán estar también raptados por un rato. Porque si eso puede llegar a sentir cada espectador, considero que el éxito está asegurado.

Parrandera´s es una obra diferente, con un texto que va y viene a su antojo, en el que no es posible saber lo que sucederá y por eso es que la música nos invitará a desviar la atención para dar la bocanada final.

Cuando las promesas ya no sirven y el dinero ya no todo lo compra, el castillo de arena se derrumbará por completo para demostrar lo incierta que puede resultar la vida.

Mariela Verónica Gagliardi

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Cuando la corrupción está de moda

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Una historia intricada, dura, con todos los ingredientes necesarios para que todo lo que tenga que explotar explote por los aires cual volcán en erupción. Esa es la síntesis de la obra de teatro Dignidad (de Ignasi Vidal, con versión de Elio Marchi y dirección de Corina Fiorillo).

Es tan real, absolutamente real y contemporánea la temática que cualquier similitud podría producir picazón constante en la piel de aquellas almas susceptibles de verdades.

Un despacho de oficina tradicional con un escritorio y silla giratoria, a otro extremo una mesa ratona y dos sillones y algunas bebidas alcohólicas para intentar salir de tantas malas decisiones. En verdad la corrupción es un mal camino para los decentes y honrados pero en este thriller dos amigos demuestran que sin ella no siempre es posible seguir en pie.

Como una medicina que al no ser bebida puede provocar graves consecuencias, los diálogos de estos hombres indagan por la absoluta realidad del poder, la política, la candidatura, la salud, la familia y todos los actores presentes y protagonistas de forma omnisciente.

Por momentos sentí esa sed irremediable de querer ver a quienes estaban ausentes físicamente y conocer sus opiniones al respecto. Y es que desespera saber que solo uno tendrá en sus manos la conducción del país, siendo lo que es y pretendiendo lo que pretende. No se podrá poner las manos en el fuego por ninguno de los dos y solo en el desenlace podremos sacar nuestras conclusiones que podrían ser unas u otras sin tener la completa verdad.

Mientras Francisco (Roberto Vallejos) se prepara para tomar el mando, muy pronto, del sillón presidencial, quiere que su amigo de toda la vida, Alejandro (Gustavo Pardi), lo secunde. Hasta aquí todo podría constituirse como una amistad que atraviesa incluso el poder y lo reparte, pero nada de eso será así. Durante una hora sentiremos adrenalina, nervios y odio hacia la política. Desde ya que no hacia la política en su sentido genérico sino en lo que respecta a quienes la ejecutan. Uno y otro serán detestados y aborrecidos por el público. Uno podrá temerle a uno y mientras compadecerse del otro, pero lo cierto es que los dos son la misma cara de una moneda y quien sea más ágil podrá correr con mayor suerte. No una suerte azarosa sino completamente premeditada y planificada.

Según la Real Academia Española: Excelencia y realce son acepciones de dignidad.

Pareciera ser absurdo el camino que toma Francisco quien “olvida” todas las cabezas que tendrá que pisar para conseguir su objetivo. O el rumbo de Alejandro que por callar en su momento va elaborando su plan paralelo y macabro.

Sin embargo, poder significa: tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.

Palabras, términos y definiciones que se retroalimentan al igual que la telaraña que se va tejiendo en esa oficina.

Alguien digno es quien merece algo. Pero, ¿quién lo decide y quién lo define? Una vara se inclina a favor de un candidato u otro respecto de su amabilidad, de su simpatía, de su dinero, de sus transacciones o,  simplemente, de su don para ocultar lo que jamás debería salir a la luz?

Corina Fiorillo, una vez más, demuestra su inteligencia y perfección para profundizar en una temática, haciéndose cargo y escogiendo a dos artistas muy talentosos para los roles que deben interpretar.

¡Es digno quien decide morir en silencio y retirarse a tiempo y quien decide jugar por detrás no lo es?

Son muchos los interrogantes que se tienen durante la función en que es posible olvidar que nos encontramos en un teatro y creeremos presenciar un acto político privado.

En cuanto las luces se funden con la oscuridad, el vacío se apodera de la sala y el final nos deja helados en una cálida noche de verano.

Funciones: de miércoles a domingos, 21 hs. Teatro: Maipo Kabaret.

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

 

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Llantos de amor y esperanza

el-hombre-de-la-nariz-rota

ficha-el-hombre-de-la-nariz-rotaEl dramaturgo y actor Rolo Sosiuk decide llevar al teatro la vida de Auguste Rodin pero desde la mirada de su amante Camille Claudel. Es entonces cuando tendremos la oportunidad de ingresar en la intimidad de este escultor que no siempre fue reconocido por sus creaciones. El hombre de la nariz rota (dirigida por )es uno de dichos ejemplos en que el arte (y no su perfección) son dejados a un lado por parte de la sociedad.

Rolo Sosiuk será esa máscara que revivirá para recordar su existencia, para estar sin que nadie se de cuenta y pulular por cada rinconcito en busca de justicia.

Existe una fusión entre la danza y el teatro que da cuenta del mundo de la escultura. A su vez, así como el baile pretenderá un renacer, Camille será despojada de su lugar, de su profesión y encerrada en un manicomio para que se atormente cada uno de sus días.

Sufriendo de desamor, de tristeza, de promesas incumplidas y de una vida que no podrá llegar a este mundo; así es como esta pobre mujer es despojada de todo. Absolutamente todo.

No habrá caricias para ella que la cuiden, ni besos que la devuelvan a su cordura. ¿Existe quien no enloquezca en el encierro? ¿Existe quien no padezca cuando se lo desnuda por completo hasta de su interior?

Una actriz excelente interpreta a esta amante (Zuleika Esnal) y será lo que más relucirá a lo largo de la historia. El hombre de la nariz rota parece ser por momentos una dramaturgia bufa, luego un drama, más tarde una lectura sobre la danza clásica y después una forma de cambiar los errores.

Con una mirada aguda y punzante acerca de la elección de Rodin, -un hombre que parece no haber elegido lo que le dictaba su corazón sino lo que se le sirvió como plato en la mesa- y la fuerza que cobra lo afectivo tanto al momento de crear, como de amor y de morir lentamente.

Los segmentos de danza vendrían a ser la perfección, una perfección que no existió en la vida del escultor cuando hizo esta pieza artística, ni en la de su esposa ni en la de su amante, ni en la del hermano de ésta. Al fin de cuentas: ¿qué es lo perfecto? Pareciera ser que atrae lo “imperfecto”, lo distinto, lo que no siempre se puede describir con palabras y, sin embargo, apasiona.

Un amor que no pudo concretarse como los dos hubieran querido y que tuvieron que regalar por los aires, desplomándose por completo.

Cuando todo parezca deslumbrar, aparecerá una nube negra que detendrá tal satisfacción. Así fue la vida de esta mujer y el tormento que eligió atravesar. Quizás pueda sonar ridículo que una persona escoja el dolor antes que la felicidad y es que esta artista creería que su Rodin dejaría a su esposa por ella, como tantas veces se cree. Este conformismo e ilusión la hundieron, tanto pero tanto, que ya sus palabras solo resonaron en cuatro paredes, al mismo tiempo que sus lágrimas se expandieron y secaron todo corazón enamorado.

Su camino de discípula la enriqueció como escultora aunque su gran tormento fue el haberse fijado en un hombre como Auguste y no haber logrado la entereza para finalizar una relación en vez de sentir luego el agobio del abandono.

El retrato de Camille debe permanecer más vivo que nunca para que la violencia de género pase a la historia de una vez por todas, para que cada mujer golpeada, insultada, menospreciada y tratada como un pedazo de mierda se sienta identificada y no justifique la mano dura del hombre que la ejecuta.

Esta obra de teatro plantea a El hombre de la nariz rota como un abanico que se va abriendo, de a poco, y que pretende concientizar. Considero que hay que ver esta propuesta en que la mujer objeto-sujeto aparece y desaparece según la intención de los masculinos que se atreven a hacer “magia” con los cuerpos ajenos.

Una estética que nos lleva a al Siglo XIX y que nos pega un cachetazo al presente, recordándonos que el amor puede ser lo que permitamos que sea.

Mariela Verónica Gagliardi

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De la superstición a la desgracia

cuando-el-bosque-se-nos-venga-encima14

ficha-cuando-el-bosqueEn 1884 se Enrik Ibsen estrena la obra Vildanden (traducida como El pato salvaje ó silvestre). El dramaturgo, de origen noruego, es considerado uno de los creadores del teatro moderno con una impronta que entremezcla el drama, los conflictos psicológicos en el ser humano y su tinte realista circundándolos. Así, es como resulta cautivante poder presenciar obras de Ibsen, leer sus libros y conmoverse, al mismo tiempo que conseguir identificarse con las temáticas y situaciones por las que van transitando los personajes de sus historias.

Roberto Peloni, a quien identificamos en gran proporción por los musicales que protagoniza; en esta ocasión decide adaptar, dirigir y estar a la cabeza de Cuando el bosque se nos venga encima (una adaptación de El pato salvaje).

No existe nada más entretenido que analizar una propuesta dramática. Ya desde su título podemos encontrar una fabulosa manera de colocar a la dialéctica en el primer puesto. Podemos sentir agobio, pensar que un bosque entero se caerá sobre nosotros, sobre sus personajes, sobre la familia Ekdal que resulta tan particular (aunque tan parecida a muchísimas otras, de antes y de ahora). Pero, también, habrá que concebir la idea de venganza, ese sentimiento que se apoderá de ciertos humanos irresponsables.

En un comienzo se puede percibir un espacio escénico construido desde la utilidad y el atractivo (tanto lumínico como sonoro). Tanto en el lugar central como en su entorno se logrará presenciar cada movimiento, ruido, disparo, melodías, juegos de luces, penumbras y el grito final.

Somos espectadores de absolutamente cada escena, de todo el relato transcurrido y de la angustia más solitaria que se apoderará de cada uno de esos hombres y mujeres en estado de quietud permanente.

Cabe cuestionar qué es lo más trascendente en esta dramaturgia y puedo enumerar algunos aspectos primordiales: la mentira, el engaño, la ceguera, el abandono, el poder, la ilusión, la pureza y la necesidad de realidad real en algunos de los personajes. De este modo, cada figura tendrá una construcción simbólica más allá de la actuación. Será una elaboración increíble que demostrará el talento de todo el elenco que se atreve a revivir uno de los clásicos más importantes de las artes escénicas.

Por un lado la historia se sucede en un tiempo perfecto, que no corre ni adormece al público. Un tiempo en el que es posible ir sacando conclusiones, sufriendo junto a las “víctimas” y deseándole lo peor a quienes se unieron para conservar aquello que tal vez no merecía hacerlo.

Una familia compuesta por Hjelmar, Gina y Eugenia, a la que se suma el abuelo y ex teniente Ekdal. Una familia como tantas otras pero con algunas particularidades, dentro de las que se destacan: el encierro, el agobio, la construcción de una sub sociedad “perfecta”, que mantiene a estos miembros a “salvo” de todo aquello que pudiera amenazarlos o extinguirlos.

Sin embargo, tal como se conoce, El pato salvaje no es solo un simbolismo sino un modo de retratar a Hjelmer, a su modo de sentir, de vivir y de ser. Él, sin ninguna dosis de maldad, acciona y reacciona según lo que le digan los demás. No tiene carácter sino que le queda más cómodo moverse de acuerdo a los consejos de su entorno. Podríamos imaginar a esta familia como a una burbuja de cristal detenida en el tiempo, que es invadida por personas que tienen otros objetivos para ésta.

Se suele decir que los de afuera son de palo, pero cuando la mentira se oculta y tapa demasiado, crece tanto hasta que es descubierta de la peor manera. Esto es lo que ocurre y la peor desgracia sucede sin poder evitarse. Sin que el arrepentimiento valga, sin que las lágrimas de dolor puedan modificar algo al respecto.

El querer desenmascarar el pasado, ese deseo ferviente por querer transformar a un amigo, a un pariente o a un conocido en sí mismo. El incentivo que es más egoísta que la mentira.

En cuanto a los olores, a las fragancias, son muy bien expresadas en el texto original cuando se debate acerca del olor nauseabundo que sale del pantano, de ese desván en que se tienen encerrados a tantos animales como para recrear un hábitat también inexistente, en el que convive un pato con características bastante peculiares.

Las interpretaciones de los artistas dejan boquiabiertos a todos los presentes, al igual que cada conflicto y su respectiva resolución. Ibsen es un lujo y esta adaptación su consecuencia.

Cazar, ¿para qué?

Quizás para continuar siendo quien ya no se es, para no afrontar la vida tal cual es y no morir en el intento.

¿Una familia feliz?

De un momento a otro podrá ya no serlo, ensuciarse con los animales o salir despavorido en medio de la nieve.

No podría existir la concepción de verdad, ni de remordimiento hasta que Gregorio (hijo de Werle) hace su aporte fundamentalista y “purificador”, para que la podredumbre sea aniquilada de cuajo.

¿El ecosistema se volverá en contra de quienes suponen controlarlo todo?

Otra obra de teatro que es un placer que figure en la cartelera del Teatro Border, un lugar al que una vez que se ingresa es imposible salir.

Mariela Verónica Gagliardi

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Militantes del futuro

25 millones de argentinos

Lo que casi la mitad del país quisiera gritar en este momento sería que una década de sufrimiento no vuelva a repetirse. Que las palabras ¡Nunca más! no sean solo un esbozo reiterado sino un sentimiento tan profundo y necesario como el aire que debería respirarse para mantenerse vivo.

Propuestas artísticas como 25 millones de argentinos, siempre tienen que existir, y aún ahora más. Porque muchos podrán aburrirse al escuchar sobre temáticas vinculadas a la dictadura militar pero para crear conciencia es imprescindible invocar el pasado para que las huellas de sufrimiento no sirvan para que los mismos grupos de siempre continúen con el proceso sanguinario.

Lisandro Fiks centra su historia en el romance trágico entre un montonero y su novia Ana. Y, ¿por qué subrayo trágico? Porque esta joven era hija de un militar y esto es el hilo conductor de toda la dramaturgia. Qué interesante que resulta ser esta relación, el modo en que se va desenvolviendo, las piezas que tienen que ir moviendo para que su amor perdure y la ideología que se arraiga a pesar de todo.

En un primer momento la escuchamos a el, en la actualidad, después de esos años de lucha. Ha cambiado el país y ha cambiado ella esencialmente. Sentada en un bar, narrando su pasado, sintiéndose superada y no sufriendo por todo lo que tuvo que atravesar para salir airosa y con vida. Una representación realmente impecable aunque aún no del todo profunda. Para saber lo que padeció habrá que adentrarse en los diálogos establecidos con su madre, con sus amigos y con el único representante del “orden” que aparece en escena. Recién ahí las lágrimas de la protagonista empañarán nuestras pupilas y su angustia se reflejará en cada uno de nosotros como espectadores.

25 millones de argentinos está provisto de una investigación detallista y en la que la ficción ocupa un segundo lugar. Porque el complemento de proyecciones audiovisuales sustentan cada segmento de la obra y le dan el apoyo necesario y fundamental para que se entienda la seriedad con la que debe ser tratado dicho sistema de tortura.

Resulta muy clara la división de ideas que se marcan tanto con las palabras como con el vestuario lucido por cada uno de los actores. De hecho lo más triste es notar la soledad de esta joven que lucha sola (aunque no lo está). La vemos en escena sola, contra todo su círculo. Sola y valiente, sola y fiel a cada uno de sus pasos. Si pudiéramos ver a su amor o a su padre, ya la historia narrada no sería la misma ni tendría el peso que tiene en nuestro imaginario social.

Con respecto al estilo de interpretaciones, cabe resaltar que quizás uno espera un poco más de acción, de cuerpos gastados y desgastados, del dolor provisto por la tortura física y psicológica, pero esto no se vislumbra. Es una decisión probablemente vinculada con el hecho de dejar que el monólogo de la actriz protagónica y los diálogos que se van desencadenando luego, se apoyen en las palabras y no en sus proyecciones.

Somos espectadores de un pasado que no se puede cambiar, muchos fueron espectadores del inolvidable mundial del 78´, otros ahora le aclamarán a Messi que continúe en la selección y siempre existirá un evento deportivo que obnubile la realidad real y atroz que se posa sobre nuestros rostros. Esta obra viene a recordarnos que la cultura es fundamental, que lo dicho por artistas siempre va a ser más soportable que un discurso político y que mientras se niegue lo ocurrido -intentando separar cultura de política- el dolor se volverá a apoderar de cada uno de nosotros.
Somos una sociedad dormida, que cada tanto se despierta -como el televisor que capta momentos únicos-, y pretenden destruir con engaños berretas.

Elenco: Romina Fernandes, Patricia Rozas, Brenda Bonotto, Manuel Novoa, Lisandro Fiks
Dirección y dramaturgia: Lisandro Fiks
Funciones: martes 21 hs
Teatro Ópalo

Mariela Verónica Gagliardi

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Distintas maneras de soltar

Bordes

Ficha BordesSin lugar a dudas que ver una obra con un texto semejante nos hace replantear, como público, muchísimas cosas. En primer lugar por la temática que hace referencia al duelo y, en segundo, lugar por necesitar decir de diferentes formas que ellas no están solas.

Bordes (escrita por Natalia Villamil y Cintia Miraglia, dirigida por ésta última) tuve la oportunidad de verla por primera vez el año pasado, dentro del marco del 2° Festival contra la violencia de género y, luego, en este teatro tan emblemático como lo es El Extranjero. Ambas experiencias fueron realmente únicas y diferentes, porque la dramaturgia tuvo una maduración, porque las actrices se sintieron más cómodas aún con sus monólogos y porque todo tuvo una convergencia grandiosa que las hizo explotar de ira, resentimiento y melancolía.

Porque el amor, en todas sus vertientes, es amor y nadie puede juzgar lo que una mujer siente al lado de un hombre cuando la relación no se da de la manera pretendida.

Porque los humanos somos caprichosos y estas talentosas actrices saben de ello, pueden explicar con palabras y gestos lo que sintieron, lo que padecieron y lo que jamás volverán a atravesar.

Es así como puede notarse un espacio escénico en el que hay tres actrices y algunos objetos con los que se relacionan. Pero, lo más sorprendente, es que esa tridimensión espacial no es fija sino que va adoptando las características necesarias para que sintamos la fusión de los tres jugosos relatos. Y sí, porque son tres mujeres bien pasionales que fueron abandonadas o abandonaron de distinto modo. Mujeres que no desean seguir sufriendo y que se animan a decirle ¡basta! al pasado.

Finalmente, todo duelo lleva un tiempo determinado, ¿no?

Porque un vaso de whisky no puede quitar del vacío existencial a nadie, sino sumergirla más. Porque los constantes reproches a alguien que no está, ni volverá, es angustia en estado puro; y porque nadie merece estar en segundo lugar jamás. Entonces ellas se encargarán de hacerse notar, de definirse con palabras y delinearse -no los ojos- sino las miradas, proyectadas hacia un horizonte que solo ellas saben trazar a la perfección. Que nosotros como espectadores no vemos pero sí sentimos y podemos vibrar con cada representación e interacción a lo largo de la triple historia.

Desde la primera vez que vi esta obra la amé en completamente y resulta imposible no hacerlo, ya que son tres voces que crearán diversas sensaciones en quien las escuche y observe. Imposible no sentirse proyectada y defendida. Antes, en un universo en el que se defiende a las víctimas de violencia y ahora, rasguñando sus derechos para no caer en la trampa de nadie. Pero, quizás, lo que deban asumir es que ellas se auto engañaron para no asumir la culpa de algo en el asunto.

Las tres actrices brillan en las tinieblas, en la luz tenue y en el olvido de sus seres queridos. Esos por los que sintieron tantas cosas bonitas y ahora se vuelven pantanosas. Tres personajes que son completamente diferentes, excelentemente bien interpretados y que consiguen hacer reír y llorar de un instante a otro.

Se puede sentir cómo el espacio se traslada suavemente para recrear lo que vendrá, es posible lagrimear cuando el luto llega a su fin y ellas salen airosas del mismo. En definitiva, el enojo solo es un sentimiento vacío

Con un vestuario a tono con la personalidad de cada una, es que Bordes será esa línea finita que divido el bien del mal, la felicidad del precipicio y ese juego súper interesante que proponen las autoras con el fin de que el letargo se convierta en vértigo y después en la posibilidad de cambio. ¿Quién dijo que todo debe permanecer quieto por siempre?

Las tres nos darán una lección de cómo tomas las riendas sin que éstas las vuelvan a tomar por sorpresa, acompañadas por las cuerdas de un violinista que será el único hombre presente físicamente.

Mariela Verónica Gagliardi

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Manipulación rebelde

Hablemos a calzón quitado16

La década del setenta, sin lugar a dudas, fue una de las más emblemáticas en Argentina. Ese aire brumoso por el que se cruzaban civiles y armados, disputándose unos ideologías y otros el poder; queriendo adueñarse de un país que no era de un bando u otro, sino de todos. Absolutamente todos.

En un clima convulsionado por los militares que golpeaban (en todo sentido) a todo aquel que pensara y actuara diferente a lo pretendido, en un clima hostil y que dañaba a todo idealista, en un clima que no fue soportado por todos y en el que perecieron o hicieron perecer a los más débiles (a esos soñadores empedernidos, tildados de golpistas) es que se ubica esta historia titulada Hablemos a calzón quitado (escrita por Guillermo Gentile y dirigida por Nicolás Dominici).

La presente obra es un tesoro realmente que une y reúne a tres seres completamente diferentes pero que, sin embargo, necesitan retroalimentarse de algún modo. Así es como un padre (Oscar Giménez) vive junto a su hijo (Ulises Pafundi), aunque es un error decir que viven, mejor dicho habitan bajo el mismo techo. Uno se sirve del otro, mientras este otro se apoya en el primero. Así es como la dupla pasa sus días con una rutina exactamente idéntica y que no sufre ningún tipo de transformación, hasta que un tercero cae como gota de lluvia para refrescar. La llegada de este extraño representará a la sabiduría, a la importancia del pensamiento, de saber argumentar y de lograr tener convicciones sin temer a los demás.

Claro que cuando existe un dominador, necesariamente tiene que haber un dominado; así como la existencia de oprimidores y oprimidos. Como un rayo que se posiciona sobre el más vulnerable, convenciéndolo de que su “vida” es la que le toca y sus días deben ser miserables.

La dificultad de uno deja en evidencia la del otro y todo lo que se suponga deba ser de una manera, podría convertirse en lo contrario e incluso opuesto.

Este tercer cuerpo que recibe el nombre de Martín (Emiliano Marino) que llega para importunar a la pequeña familia conservadora que está acostumbrada y arraigada a determinadas creencias. Pareciera ser que el tercero es “discordia” se cumple a raja tabla y es que no siembra justamente discordia sino dudas existencias y muy profundas. En verdad se trata de conocer el todo para elegir algo determinado. Si el Nene hubiera sabido y entendido quién es quién podría haber cambiado su suerte, podría haber desplegado sus alas en busca de la libertad y el placer que tanto anhelaba. Su Papi se encargó de mantenerlo guardado, oculto, reprimido como un paria que no tiene voz ni voto, que solo debe obedecer y callar.

Un silencio que se rompe y que es interrumpido es el puntapie inicial en esta dramaturgia que tiene tintes dramáticos y humorísticos, que permite hacer soportable la bruma espesa sin oxígeno. Que en medio de tanto odio plantea un escenario alternativo para desdramatizar la realidad.

Los libros serán los enemigos incansables del padre que luchará para volver atrás el tiempo, un tiempo que ya no tiene retorno.

Mientras tanto, la necesidad es la encargada de crear determinados lazos que irán surgiendo -momento a momento- hasta plasmar la bipolaridad que tiene cada uno de estos entrañables personajes, consiguiendo empatía con el público, haciéndose más o menos cercano según los rasgos que los caracterizan y permitiendo que la revolución tenga lugar en la vida de quien así desea que sea.

Desde ya que el personaje de Ulises Pafundi es el que más repercusión tiene no solo por su interpretación sino por quien es en escena. Sus compañeros de obra tienen un gran desempeño también y consiguen enriquecer la trama con la tensión necesaria para que solo podamos relajarnos en los momentos que la historia lo permite.

Hablemos a calzón quitado es la fórmula perfecta para quitarse la máscara y decir lo que se piensa, haciéndose cargo de las consecuencias.

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Yo amo la verdad?

Pabellón VIP

Tal como el nombre de la obra lo indica, se trata de un sector de la cárcel con demasiados privilegios, tantos como se podría tener en la propia casa o, mejor aún, siendo político de alto rango.

Como si se tratara de una burla al sistema vigente en nuestro país, la lectura de un fragmento de la Constitución Nacional sirve de apertura al Pabellón VIP (escrita y dirigida por Luis Agustoni). Allí, dos hombres esperan hasta que surjan las respectivas sentencias o, quizás, nunca se los llegue a procesar. Todo puede pasar en este penal y en un sistema caduco que no consigue desprenderse de los intereses económicos. Porque, en definitiva, de eso se trata: del dinero y lo que se puede lograr con éste. Del poder como sangre en las venas que son imprescindibles, en estos hombres, para sus acciones vitales.

Entonces, un presentador es el que guiará los términos formales de esta dramaturgia, basándose en la Constitución como documento supremo en Argentina. Un documento que pareciera ser papel desechable.

Roberto y Delfor son los homenajeados, irónicamente, en esta obra de teatro que pretende utilizar al espacio como canal de expresión y descontento hacia leyes que no se respetan ni en lo más mínimo. Las condenas, los encarcelamientos, las penas… todo, absolutamente todo pareciera ser un rito que puede o no cumplirse.

¿Se puede comprar la libertad?

Este derecho es el más preciado por todo ser vivo y claro que por todo hombre.

Mientras Roberto le habla al público, su familia lo visita de vez en cuando para saber la verdad, una verdad silenciada por su hija y creída por su esposa. Un secreto que podría derribar a cualquier alma sensible y que, nuevamente por intereses, es mejor callar.

¿Quién calla es cómplice?

No hace falta analizar demasiado para darse cuenta que sí, que quien  pretende pasar desapercibido es quien tiene la oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas.

“Un proceso no es una condena, es una averiguación”, dice Roberto. Y con esta frase no solo nos atragantamos de ira sino que comprendemos como público espectador la veracidad de esta dramaturgia que no es ni más ni menos que la triste realidad. Que este hombre podrá hacer valer sus contactos para pagar fianzas mientras quienes están desprovistos de lo material continuarán tras las rejas de por vida, quizás sin haber cometido mayor delito que él, o directamente no habiéndolo cometido.

Un recurso muy bien utilizado en Pabellón VIP es aquel que le permite a cada personaje tener su momento de diálogo con el público. En forma de monólogo breve, cada uno se explaya y mira buscando complicidad, aquellas miradas que quizás se alíen un poco con la causa más noble.

La esposa de Roberto no tiene toda la información sobre el día en que ocurrió un accidente, aquél que llevó a su marido al lugar en que está. Ella intentará reconstruir con su memoria todo lo vivido hasta que llegue la pieza fundamental que complete su rompecabezas. Cuando ello ocurra no habrá marcha atrás.

En cuanto a Delfor, él también recibe una visita: la de su novia. Una triste mujer que se compadece de la situación por la que tiene que pasar su compañero.

Es interesante observar el comportamiento de los policías en el pabellón, las coimas que cobran para desplazarse como espacio conocido, las reglas evadidas por ellos y el asco que provocan ante cualquiera a favor de la justicia verdadera. Esta “fuerza de seguridad” que pulula por ahí, uniformada, burlándose de la desdicha atravesada por los inocentes y la felicidad vivida por los sospechosos de siempre.

Inclusive un juez, Adolfo, aguarda su propio desenlace tratando de hacer malabares que ya le quedaron caducos y no teniendo más opción que el juzgamiento social.

Todo se descubre, nada queda en el aire y la escenografía provista de pocos elementos y rejas, le otorgan al drama toda la libertad para que sus artistas puedan interpretar sin condicionamientos.

¿Existirá en un futuro un espacio, físico o no, en el que quepan solo los que transgreden las normas? Ah, cierto que los para ello tendría que modificarse todo el sistema penitenciario, de mandos verticalistas, y, quizás, los “delincuentes” juzgar a los propios jueces. ¿Sería eso posible?

La corrupción en el país se burla de todos nosotros. De a poco, la justicia por mano propia (no ideal) se va haciendo cargo, a su manera.

ficha Pabellón VIP

Mariela Verónica Gagliardi

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Un atentado al corazón

Miranda10

El 21 de diciembre de 1988, el vuelo 103 de Pan Am (compañía estadounidense) sufre un atentado, a partir del cual pierden la vida varias personas de diferentes nacionalidades. Esta noticia, es adaptada para la obra de teatro, informando que sucede en la ciudad de San Pedro.

Ni la vida se compra ni la muerte se compra. Ambas cosas, llegan cuando tienen que llegar, por más rezo o plegaria que hagamos. Ni un Santo ni una oración podrán devolver a quien ya no está o asumir realmente lo que toca cuando esa persona ya no esté presente para escucharnos.

“Miranda” (escrita y dirigida por Ulises Puigrós) no se centra en la muerte aunque sí logra abordarla de algún modo. La sala de Corrientes Azul parece ser el lugar escogido para confesiones tan reales como tristes en que, se diga lo que se diga, las lágrimas nos recorren.

Desde un comienzo, la iluminación tenue y la vestimenta sombría, contextualizan el ambiente: un velorio. Si bien hay un muerto -que jamás vemos-, las culpas, la discriminación y la violencia tienen su espacio para determinara quién es cada uno y qué pretende del otro.

Miranda es una diva glamorosa, actriz protagonista de la novela de la tarde, y un ser que tiene demasiado para decir. Como si las palabras no bastaran, ella está presente y, de a poco, logrará silenciar cada acto de maldad o ignorancia por parte de su familia.

Su hermano, su cuñada y su mamá formarán parte de la sociedad ochentosa que apenas lograba conocer sobre la homosexualidad y cada concepto tan lejano como exasperante. Miranda, por otro lado, argumentará e integrará a los menos escuchados, a ese pequeño sector que pareciera ser -aún actualmente- el más relegado y equivocado. Ridículamente, ya es momento de aceptar que no existe persona que tenga la razón, cada una tiene sus justificaciones y no siempre es necesario darlas. Quien más necesita entender es, seguramente, quien menos definida tenga su vida y quien más pena sienta de sí mismo.

Miranda es el reflejo del sufrimiento, del padecimiento, de la lucha diaria, de la grandeza, del orgullo de tener libertad y una alegría a su propio corazón. Ella no necesita condenar sino ser. No precisa de un manual de instrucciones ni de tener la posibilidad de hacerse notar. Ella, después de mucho tiempo, vuelve, regresa a su casa y es ahí cuando lo olvidado resucita.

Como si se tratara de un baúl lleno de polvo y telarañas, ella lo abre para hacerle notar a su familia lo mal que estuvo.

Admirarla es lo que resulta. Primero por la pantalla chica y después al verla en vivo.

Si siguen existiendo temáticas de género en el mundo artístico es porque las minorías necesitan ser tenidas en cuenta y precisan aprobación de alguna manera. Mínimamente para no sentir que su condición las convierte en minusválidas.

Un gran trabajo de Ulises Puiggrós que le quita el velo al misterio cuestionado por los más impertinentes sectores sociales, aquellos que se creen con derecho de ofender y, la cobardía, de no marchar por sus propias inquietudes.

Entonces, se pueden tener en cuenta -como una sucesión de hechos- varios aspectos: el motivo de la muerte de este padre, el regreso de su hija y el dolor del pasado.

Quién es quién resulta fundamental para observar “Miranda”, una comedia dramática que demuestra la delgada línea entre el hoy y el mañana, entre una decisión bien tomada y una mal tomada.

No juzgar se convierte en la acción más solicitada para entender el argumento de esta dramaturgia. Cada uno vive como puede y hasta las declaraciones más rígidas e hirientes por parte de la viuda, son entendibles pero no justificables.

La gran actuación de Tati Martínez, conmueve, emociona y brinda tanto placer que es imposible no emocionarse. Con su embarazo, se desplaza en escena, juega a ser esposa y futura mamá a la vez que le confiesa a Miranda su malestar verdadero.

Como un estallido que irrumpe sin pedir permiso, así quedan marcados estos personajes, quienes interactuarán entre sí desde lo que fueron y, quizás, puedan dejar de ser.

Miranda ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Unidos, jamás serán vencidos

Los tres mosqueteros1

Miguel Cervantes con su Don Quijote de la Mancha impulsó a varios escritores y ensayistas a relatar diversas aventuras entre caballeros, atravesando lugares hostiles y teniendo que combatir para avanzar. En 1615 se publica el primer tomo y esta otra historia toma su esencia, humor y valentía para que triunfe la ideología y, por supuesto, el amor.

Francia es el lugar en que se desarrolla Los tres mosqueteros, una novela que se escribe dos siglos después que la anterior y dentro de la que se pueden analizar los lazos entre instituciones, entre el pueblo y entre ambos.

En 1617, Luis XIII logra acceder al poder ordenando que maten a Concino Concini y, luego, le pide a su madre que se exilie del país para poder poner en el trono a uno de su agrado: el duque de Luynes.

Unos años son atravesados por continuos enfrentamientos entre madre e hijo, enfrentamientos con ejércitos de por medio e inclusive una guerra civil. Cuando la paz, por fin, llega el rey hace lo posible para que se permita profesar la religión católica que había sido prohibida por los protestantes. Su apodo de El justo, se le otorga gracias al equilibrio que consigue establecer entre ricos y pobres.

Eran momentos en que la Iglesia y la Monarquía retenían el poder absoluto de la población, de las decisiones y del porvenir de un Estado. Así fue como la figura del cardenal Richelieu se torna relevante en la historia y esta dramaturgia de Los tres mosqueteros, una dramaturgia en que tres hombres luchan por sus ideales, arriesgan sus vidas y se unen para derribar el mal.

Esta puesta en escena (con libro y letras y dirección de Hernán Espinosa) está basada en la novela original de Los tres mosqueteros (Les trois mousquetaires) de Alexandre Dumas pero con varios tintes diferentes que la vuelven más dinámica y entretenida.

Hace dos días murió el padre de D’Artagnan (Patricio Arellano), quien será el héroe y protagonista de la historia. Este adolescente desea formar parte de la Compañía de Mosqueteros del Rey (integrada por Athos, Porthos y Aramis) y, justamente, lleva consigo una carta de recomendación redactada por su progenitor que debe hacérsela llegar a Tréville para tal efecto.

A partir de esta noticia, son varias las luchas, enfrentamientos y muertes que ocurren, haciendo prevalecer antes que nada a la fidelidad. Estamos ante una historia que ocurrió hace cientos de años atrás y, sin embargo, existen varias cuestiones que ni siquiera en nuestros tiempos logran resolverse. Se trate de Francia, de un país europeo o de nuestra querida patria argentina.

El enfrentamiento entre personas y el egoísmo quizás nunca se extingan, aunque queda en cada uno unirse a sus semejantes o quedar marginado o puesto en la misma bolsa que quien “domina”.

¿Por qué es importantístimo este drama?

Entre algunos de los puntos más destacables está la amistad, ese vínculo que solo existe por amor y que es muchísimo más trascendente que el amor en una pareja. La amistad es la única relación que tiene su fundamento en la elección personal. No hay condicionamientos, posesiones ni ataduras. Esto es lo que les permite a los cuatro mosqueteros el recorrer Francia e Inglaterra, defender el trono de la Reina Ana, cuidarla ante todo tipo de adversidades, demostrar que la religión es una cosa y la institución otra muy diferente.

Mientras que el Cardenal Richelieu confirma que es el propio diablo, logramos observar las atrocidades que giran en torno a Dios y a la muerte. Este carismático mensajero del Señor está unido a Milady de Winter y el Conde de Rochefort, ambos detestables y detestados por el pueblo entero.

Más allá de la mágica puesta en escena, de los glamorosos vestuarios de época y de las canciones que abrazan a cada intérprete y a la historia misma; lo que reluce es el romanticismo. Encuentros y desencuentros nos llevan de la mano hacia un sendero plagado de sentimientos profundos, de pasados sepultados y de un presente prometedor para algunos.

Con respecto al contexto político real de Francia, dista en cuanto a la cronología pero lo impresindible está narrado tanto en la novela de Dumas como en esta versión adaptada por Espinosa. Por el lado de los protagonistas, también se respetan los del libro aunque no los vinculos establecidos entre ciertos personajes ni los modos en que mueren algunos de ellos.

Este musical acierta en modificar el libreto y adaptarlo a su favor, consiguiendo que el público este espectante y llorando hacia el final. Así, el factor sorpresa logra su cometido sin estar pendientes de la parte que vendrá.

Uno para todos y todos para uno es el emblema de estos mosqueteros tan humanos que no temen en sacar sus espadas y derribar a todo aquel que intente perturbar la paz y serenidad.

Mientras la música de Damián Mahler, ambiente cada escena y canción, la historia nos deja varios interrogantes, una puerta abierta y la certeza de que siempre que unamos fuerzas podremos conseguir aquello tan soñado. Podrá ser una sutileza o el mayor placer, aquel que nos hace pasar noches de insomnio, aquel que no nos permita cerrar los ojos porque, tal vez, ya lo hayamos conseguido.

Los tres mosqueteros ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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