*** Enero 2019 ***

Entradas etiquetadas como ‘drama’

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Visita, de Ricardo Monti

visitaEl TEATRO DE LA UNIVERSIDAD presenta “VISITA” de Ricardo Monti. Una obra entrañable; tan cruel como piadosa. Una obra sobre el hombre y sus fantasmas éticos, sociales, culturales. Dice su autor: “Una visita a ese mundo interno, ambiguo, atemporal, puede convertirse en una interminable temporada en el infierno, en un ajuste de cuentas, en un principio de lucidez, o en un palpar las entrañas de la vida allí donde ésta se roza con la muerte”.

Ficha artístico-técnica

Autoría: Ricardo Monti

Actúan: Lalo Alías, Pedro Benítez, Silvia de Urquia, Antonio Mónaco

Asistencia de dirección: Alejandro Bocca

Puesta en escena: Antonio Mónaco

Dirección: Antonio Mónaco

Clasificaciones: Teatro, Adultos

CUATRO ELEMENTOS

Alberti 2746 (mapa)

Mar del Plata – Buenos Aires – Argentina

Teléfonos: 0223-4953479

Web: http://www.espaciocuatroelementos.com

Viernes – 21:30 hs – Hasta el 22/02/2019

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Estrella, de Juan Pablo Geretto

estrellaUna revendedora de cosméticos cuyo único sueño es mirar televisión.

Estrella, una emprendedora sin visión.

Ficha artístico-técnica

Autoría: Juan Pablo Geretto

Intérpretes: Juan Pablo Geretto

Iluminación: David Seldes

Estilismo: Diego Finos

Pelucas: María Eugenia Palafox

Diseño de maquillaje: Juan Gasparini

Diseño de vestuario: Magda Banach

Realización de maquillaje: Juan Gasparini

Realización de vestuario: César Taibo

Fotografía: Alejandra López

Asistencia de dirección: Maru Reinoso

Prensa: Carolina Alfonso

Dramaturgista: Virginia Martínez

Dirección: Juan Pablo Geretto, Virginia Martínez

Duración: 60 minutos

Clasificaciones: Teatro, Adultos

EL CAMARÍN DE LAS MUSAS

Mario Bravo 960 (mapa) – C.A.B.A. – Argentina

Teléfonos: 4862-0655

Web: http://www.elcamarindelasmusas.com.ar

Entrada: $ 400,00 / $ 300,00 – Viernes y Sábado – 20:00 hs

Entrada: $ 400,00 / $ 300,00 – Sábado – 22:00 hs

Entrada: $ 400,00 / $ 300,00 – Viernes – 22:00 hs – Hasta el 18/01/2019 y Desde el 01/02/2019

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Te vendo mis ilusiones

 

Ph: Alejandra López

“Estrella” (con autoría e interpretación de Juan Pablo Geretto) nos presenta un universo realmente escalofriante y entretenido a la vez, dentro del cual todas y todos podrán sentirse identificadas/os con al menos algo. Sí, porque el actor que encarna a una mujer emprendedora y fiel conocedora de la marca Avón, tiene mucho para contarnos.

No crean que se trata de cómo vender por catálogo solamente o cómo conseguir escalar posiciones dentro de las ventas por catálogo. Estrella es la oportunidad de mirar a través de la rendija varias cosas: cómo componer un personaje de pies a cabeza, cómo interpretar una dramaturgia con varios ejes que se complementan, atraen, rechazan y fusionan; cómo aprender a soñar junto a la protagonista, cómo sentir nostalgia y desazón a su lado, cómo subirse al micro para ser alguien y cuándo asumir quien se es a pesar de no tenerlo muy claro.

Me resulta ambiguo escribir sobre este unipersonal porque es un personaje que se desdobla constantemente, que busca los polos opuestos, que pretende confundir al espectador y marearlo hasta que se le antoje. Porque ese es el sentido de la historia: transmitir las sensaciones que ella tiene en el cuerpo, el adoquín atravesado en el estómago, el ramo de flores abandonado en el suelo, el color rosa que pinta a una mujer que ya no es, unas naranjas por doquier que le otorgan frescura al relato, aire de esperanza y una melancolía hacia tiempos pasados que ya no vendrán. Porque el pasado no es mejor en este caso, porque la angustia que padece quizás solo se repararía llorando mares sin cesar.

Estuve nerviosa, inquieta, riendo y lagrimeando. Y sí, es una comedia dramática que cumple al pie de la letra con ambos géneros.

Misión cumplida Geretto. Sos un grande porque en una hora aproximadamente me llevaste de paseo por donde quisiste. Me abollaste el alma hasta devolverme la risa. Y lo más placentero fue sentir que el público acompañó las emociones con sus sonidos.

¿Cuál es tu meta en la vida?

Ser vendedora de cosméticos, no está nada mal. Si es tu objetivo.

Estrella necesita sentirse así. Precisa desplegar sus alas para volar hacia un lugar que no es, ciertamente, el que nos narra. Ella pretende convencernos de cada uno de sus pasos, para convencerse. ¿Lo logra?

¿Cuántas Estrellas estrelladas existirán? ¿Cuántas mujeres que emprenden algo sin saber por qué ni para qué?

Si necesitás respuestas, pensar, analizar-te, este unipersonal es para vos. Porque nada tiene que ver con las tradicionales propuestas estivales de entretenimiento a carcajadas sin sentido. Esta obra de teatro es magnífica, ya que apunta a la yugular. Sin anestesia. Con rositas incluso en los labios. Con un besito en la frente para aquellas melodramáticas.

Estrella me gustó de principio a fin. Me ingresó por las venas y sentí el recorrido de la adrenalina -la cual capturó, incluso, hasta al más distraído-.

No hay momento para ignorar el presente porque, de lo contrario, no habrá futuro.

A la vez que los speechs dirán frases muy típicas del marketing “multinivel”, no sabremos si la risa merece ser activada o transformada en llanto. Ya no hay tiempo de hacer marcha tras.  ¡El momento es ya!

Las tradiciones deberán ser guardadas en baúles para que, en un futuro, junten polvo y telarañas. Mientras tanto, el origen de la tristeza seguirá compartiéndose, buscando nuestra empatía, permitiendo sanar en grupo y salir más aliviados de la función.

Juan Pablo Geretto, entonces, actuar de psicoanalista, se convertirá en uno encubierto o al menos en el ideal para todos los que no somos afines a las sesiones de diván. Porque la empatía es un recurso infinito y básico para que un vínculo pueda crearse y mantenerse en el tiempo. Esto ocurre aquí, en las palabras de la vendedora, en la de la hija, en la de la esposa.

Quisiera volver asiduamente para llevarme distintas sensaciones, porque considero que Estrella siempre nos otorgará un significado diferente de acuerdo al momento que estemos transitando en nuestras vidas.

Recomiendo fervientemente esta propuesta artística que tiene todo lo que tiene que tener un espectáculo cultural, unido a una dirección impecable a cargo del propio actor y de Virginia Martínez (quién, además, se une a la escritura de esta pieza teatral).

Funciones: viernes y sábados 20 y 22 hs.
Duración: 60 minutos.
Teatro: El Camarín de las Musas.

Mariela Verónica Gagliardi

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Bajo las aguas se esconde un misterio

Los nadadores

Todo parece estático, inmutable, increíblemente quieto. Pero como aquella quietud de la que ni siquiera puede acapararla el polvo. Todo parece querer cobrar vida nuevamente pero las palabras y dichos rancios opacan a quienes intentan dar una brazada de esperanza.

“Los nadadores” (escrita y dirigida por Laura Santos) es una maravilla poética que conjuga varios estilos artísticos: proyecciones audiovisuales, música e interpretaciones. No podría hablar de actuación ya que los actores consiguen plasmar en palabras y actos cada texto escrito por la autora de la obra.

Así, se puede apreciar una pieza artística única, que llega a lo más profundo del corazón, que hace pensar al espectador y meditar un rato sobre el lugar que ocupa en su propia vida y en el espacio que interviene.

Podría preguntarles a estos habitantes por qué siguen eligiendo permanecer y durar en el tiempo en vez de probar otras alternativas de vida. Podría, quizás, obtener silencios o divagues porque quienes están en este pueblo perdido en el mapa no tienen demasiada conexión con el afuera, con los avances, con el qué dirán y con el qué vendrá. Ellos están como piezas de un juego que aún no ha comenzado. Envían cartas que no siempre llegan a destino, piden permiso para realizar determinadas cosas y, sin embargo, toleran una y otra vez el mañana. Un mañana que nada tiene de incierto (y probablemente sea lo que más los entusiasme), hasta que una de las personas que vive en esta peculiar comunidad decide cambiar el rumbo de la situación.

De ahí en más, las sensaciones serán otras, las aperturas más significativas, el amor una unión y el abrazo un lazo fortuito.

Debo resaltar la excelente fusión entre los fragmentos de video en que se cuenta la historia y la continuidad en escena (en vivo y en directo). Un estilo que le da frescura, nostalgia y total movimiento a lo largo de la dramaturgia; la cual cobraría un vuelo menos ágil si solo se comunicara desde la parte teatral.

Los nadadores parte de un hecho trágico para cautivar, para explicarnos que ciertas situaciones son inevitables, que los accidentes existen y que por más explicaciones o justificaciones que se busquen; hay que salir adelante. Caminar, andar en bicicleta por los mismos senderos, tocar temas tabúes y perdonar-se.

Laura Santos es una magnífica narradora, una increíble escritora que -artesanalmente- une un retazo con otro, una anécdota con otra historia y que consigue emocionar.
Me sentí, en todo momento, en ese pueblito. Conseguí tocar su aspereza, oler su fragancia fresca y las aguas calmas y turbias. Vi la tristeza, la absorbí y sufrí al leer tanto desamor en los rostros jóvenes.

Cuando una máquina de escribir retoma su velocidad significa que el futuro será algo más prometedor, que nada hay que temer ya que el fantasma más grande pudo disolverse para siempre. Y es que entre tanto silencio no caben más que suposiciones, melancolías, miedo por lo desconocido, hacia lo que no se puede manipular.

Miedo y más miedo que consiguen aniquilar grupalmente.

Con respecto a la parte técnica, tanto lo lumínico como lo sonoro se sincronizan muy bien, permitiendo guiarnos hacia el lugar en que se desea poner el foco. A la vez que, como dije anteriormente, lo fílmico le da un vuelo diferente al espectáculo. Estamos en una función de cine y teatro al mismo tiempo. No se descuida ninguna de las dos y el peso de ambas le otorgan mayor vigor a Los nadadores.

A su vez, se logra más y es que el teatro Zelaya tiene un espacio que encaja justo para la puesta en escena. Como si hubiera sido fabricado especialmente. Esto no es un detalle sino algo mágico ya que desde el momento en que se ingresa a la sala podemos sentirnos parte de lo que vendrá, estar allí y no acá.

¿Cuántas veces se logra algo así?

Dramaturgia y dirección: Laura Santos

Elenco: Julieta Caputo, Juan Castiglione, Eduardo Ferrer, Antonella Saldicco, Paula Staffolani, Gianluca Zonzini, y María Villar

Funciones: miércoles 21 hs

En diciembre: miércoles 5 y 12, 21 hs; y, sábados 1 y 8, 21 hs.

Teatro Zelaya

Mariela Verónica Gagliardi

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Bordando historias

Nina

Patricia Suárez tiene el don de escribir dramaturgias reales, de esas que se pueden tocar, oler y sentir. Cada vez que leo o presencio una de sus creaciones, me elevo en el aire como si consiguiera en sus textos nuevos paradigmas y nuevos modos de interpretar cuestiones ya conocidas pero poco exploradas.

En esta oportunidad, Ana Padilla, a quien admiro profundamente; recrea a un personaje encantador de Chéjov. Pero, lo interesante es que podría afirmarse una doble autoría ya que la autora le otorga otra mirada y recorrido.

“Nina” (escrita por Patricia Suárez y dirigida por Jorge Diez) nos invita a bordar historias pasadas y presentes del universo chejoviano. Podemos sentirnos en distintas épocas con solo abrir y cerrar los ojos. Con mirar el rodete perfecto que tiene la protagonista, junto a su vestuario antiguo y gastado (gran acierto el no darle una ropa nueva y brillante). Así, cada paso que Nina da en escena nos traslada a sus mejores momentos o a aquellos en que sufrió desgarradoramente pero así y todo siguió adelante por tal o cual motivo.

La dulzura de sus palabras nos permite viajar a su lado bien agarraditos. Ella es la encargada de un guardarropa pero, a su vez, tenemos el agrado de que interprete sus sentires. Hoy es la noche en que se interpreta Tres hermanas, pero ella decide hacer una versión autobiográfica.

Nosotros seríamos una suerte de público que se deslumbra con cada retazo de tela que cobra vida a cada instante.

El espacio escénico circular le otorga movimiento desde el momento en que ingresamos a la sala y, cada parte del mobiliario esta a disposición de ella para que juegue, mueva o desplace a su antojo.

Ella recuerda a quien pertenece cada saco o tapado. Quién está detrás de una suavidad o aspereza, de un color opaco o brillante.

Bolsillos gastados, telas deshilachadas, perchas que ya no soportan el peso y el relato de una mujer que está feliz y cansada a la vez. Esta es Nina, una mujer que fue madre, que fue compañera y pareja. Que no se animó, quizás, a cumplir su sueño de actriz, que permaneció en un detrás de escena pero que ahora devela sus misterios.

Imposible no lagrimear en determinados momentos del unipersonal. Imposible no aplaudirla cuando sube los peldaños para descolgar un vestuario, imposible no pedir que siga rodando por diferentes salas de teatro transmitiendo su pequeña y gran vida.

Cautivar no es sencillo y Nina lo logra, esta Gaviota lo consigue porque tiene alas que se despliegan por donde quiere, porque parece ya no temerle a nada. Porque cuando se toca fondo se puede morir o renacer y ella consiguió lo segundo.

Ana Padilla es arte, es lo que le hace falta al teatro siempre. No lo digo por cumplido sino por honestidad. Puede interpretar un personaje o varios de diferentes géneros. Tal es así que en esta puesta el espectador puede emocionarse, reír, sonrojarse, angustiarse y sentirse identificado con cada partecita de su monólogo.

Ya que me refiero a esto último, cabe resaltar que no parece una sola voz sino muchas: las de antes, las de ahora y las que, posiblemente, llegarán en el futuro. No es un monólogo, es un diálogo con ella misma, con su vestidor, con el público del teatro que fue a ver a Chéjov y con nosotros. Con la Nina que se enamoró y la que sufre en esos años. La que amó y la que guarda recuerdos como en cajitas de cristal.

Un paso, otro más y sus anécdotas compartidas. Sus más sinceros momentos que comparte con desconocidos, los mismos que aplauden, que aplaudimos. El fracaso de La gaviota de Anton Chéjov no le cae en peso, Nina, nuestra Nina, cae con ventaja. Patricia Suárez y Jorge Diez la hacen triunfar desde un comienzo. Le permiten planear por sobre nuestras cabezas, por sobre nuestros ideales y dejarla ser quien ella quiere, sin ataduras.

Teatro Hasta Trilce

Funciones: Lunes 19:45 hs

Mariela Verónica Gagliardi

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El lugar perdido – últimas 3 funciones

El lugar perdido

Angelita se ha criado desde muy pequeña con su tía Pampa, lejos de su hermana melliza y sus padres en San Pedro. Muchos años después, instalada y estudiando en Buenos Aires, un intento de suicidio es un alerta hacia todos ellos.

Este hecho dramático da inicio a la obra, despabilando a todos en una nueva realidad.

 

“Una tarde apareció Federico con una pecera pequeñita y la apoyo sobre la mesada. Nadaba un pececito Violeta y uno Celeste. Las niñas corrieron y subieron a las sillas para mirarlos. Uno Celeste y el otro Violeta. Como los nombres de las hermanas de su cuento preferido. Ese cuento que pedían todas las noches antes de dormir. Una le daba de comer a la mañana. Y otra por la tarde. Pasaban horas mirándolos. Unas semanas después, mientras tomaban la leche, Violeta saltó de la pecera y cayó sobre el mármol de la mesada, sin sonido, sin pedir ayuda… A veces no se sabe cómo pedir ayuda… A veces no se puede. Y si hay amor se ayuda como se puede, como se puede…”
Ficha técnico artística

Autoría: Juan Ignacio Fernández
Actúan: Héctor Da Rosa, Patricia Gilmour, Greta Guthauser, Nora Kaleka, Miguel Young
Vestuario: Esteban Parola, Ricardo Racconto
Escenografía: Esteban Parola, Ricardo Racconto
Diseño de luces: Carlo Argento
Realización de escenografia: La Locomotora Taller
Música: Santiago Barceló
Fotografía: Leopoldo Minotti
Diseño gráfico: León Gramajo
Asistencia de dirección: Ayelen Garaventta
Dirección: Leopoldo Minotti
Duración: 75 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos
TEATRO DEL PUEBLO
Av Roque Sáenz Peña 943 (C.A.B.A.)
Teléfonos: 4326-3606
Web: http://www.teatrodelpueblo.org.ar
Entrada: $ 250,00 / $ 220,00 – Lunes – 20:00 hs – Hasta el 17/09/2018
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“Piaf, porque el amor lo quiso”, de Alberto Romero

Piaf, porque el amor lo quiso

2da. Temporada

Todos los Sábados de Agosto a las 23 hs.

Teatro Paraje Artesón

Palestina 919 – CABA

 

Localidades $250  

Jubilados y estudiantes $ 200

Reservas: 15-3288-1008

www.deteatro.com.ar/obras/piaf

www.alternativateatral.com

Duración 95 minutos

Público Adulto

SINOPSIS

Durante los años 1976 y 1983 nuestro país vivió su etapa más oscura. Aunque el arte se expresó desde la vuelta a la democracia y se seguirá expresando solamente para fomentar “la memoria colectiva”, poco se sabe de la relación que existió entre dictadura y homosexualidad. Cómo fue vivir en esos años para aquellos hombres que valientemente se hacían cargo de quienes eran, en una sociedad que no estaba aún preparada para escuchar otras voces que pensaran y vivieran su sexualidad, corriéndose del pensamiento único imperante en esa época.

ELENCO

Juan Pablo Cicilio: Antonio Castro

Adriana Enriquez: Nadiezka

Richard Manis : Oscar/ Mamá Lupe

Juan Rutkus : Julián/Gigí

Alberto Romero: Juan/ Piaf

Mariano Zega: Salvador

FICHA TÉCNICA

Dramaturgia : Alberto Romero

Diseño de Escenográfica y realización: Giselle Vitullo

Diseño y Realización de Vestuario: Matías Begni y Julio César

Pelucas: Fabián Sigona

Diseño Gráfico y Fotografía: Inés Viqueira

Diseño de Iluminación: Víctor Olivera y Luis Casella Horn

Dibujo de planos y Programación MA2: k3studio diseño de espectáculos

Diseño de Maquillaje: Jésica García

Producción Ejecutiva: El Trébol

Prensa y difusión: Kasspress

Asistencia de Dirección: Christian Arbe

Dirección y Puesta en escena: Daniel Godoy

 

 

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“Bajo la sombra de la muerte”, de Diego Norton

Bajo la sombra de la muerte

Todo comienza cuando Clara asesina a su ex marido cansada de sus agresiones. Entonces decide llamar a su hermana, una mujer con un pasado violento y siniestro, para que le ayude a deshacerse del cadáver. Con el tiempo en su contra deberán actuar rápidamente si no quieren ser atrapadas por Bruno, un policía que no conoce miedo ni límite alguno. Pero Clara, ha preparado en verdad un retorcido plan que busca ajustar cuentas con su hermana. Con este fin, empieza una intrincada trama de engaños y traiciones. Ambas, extremadamente calculadoras no ponen ningún reparo a seguir adelante con sus respectivos planes, hasta llegar al objetivo deseado: la destrucción del otro.

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Diego Norton

Actúan: Mariana Etchegoyen. Andrea Baliel. Fabián Crespo.

Vestuario: Rosana giliberto

Escenografía: Daniel Maiorana.

Iluminación y sonido: Carla Antonelli.

Fotografía: Guido Basualdo.

Diseño gráfico: Ariel Daldi.

Asistencia de dirección: Mónica Nuñez.

Dirección: Diego Norton.

Duración: 70 minutos.

Género: Drama, policial.

Duración: 70 minutos.

Teatro: Espacio Abierto.

Carabelas 255. Capital Federal. Buenos Aires.

Sábados: 20 hs.  Del 07-07-2018 al 25-08-2018.

Entradas: $200 – $150.

Reservas: 4328-1903.

bajolasombradelamuerte@gmail.com

 

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El aire es el mismo

Creo en un solo Dios6

Tradiciones, religiones, guerras desmedidas, tierras en puja, poder, poder y poder.

Hay cosas que se enseñan desde la cuna y otras que se maman, podría decir.

¿Cómo le podríamos decir a un israelí que su país no es suyo del todo o a un palestino que carece de todo?

¿Quién tiene la certeza o el derecho de pronunciar que un territorio es suyo o de su eterno enemigo?

¿Las guerras, probablemente, sean eternas porque la religión es su intermediaria. Entonces, cómo conciliar a dos países que se odian sin saber por qué o para qué?

¿Quién es culpable o inocente?

“Creo en un solo Dios” (con dramaturgia del italiano Stéfano Massini, traducción de Patricia Zángaro y dirección de Edgardo Millán) es una obra de teatro dramática, ¡excelente!

Resulta impecable cada uno de sus detalles, desde la puesta en escena, hasta las interpretaciones, el vestuario característico de cada actriz, la dramaturgia y su dirección. Sucede que cuando se ingresa a la sala, ya notamos una impronta escénica. Una decoración blanca que nos marca un espacio surrealista. Podría tratarse del cielo o de la tierra. No tiene por qué colorearse del  tono más conocido, ¿no?

Tuve la sensación de estar entre algodones, de que cuando cayeran esos cuerpos no se dañarían del todo.

Creo en un solo Dios es una manera de despertar a quienes se encuentran dormidos o pereciendo en el olvido.

Un Dios por religión o uno para todos. Qué difícil resulta.

En cuanto a la dinámica que ocurre a lo largo de la historia, cautiva, emociona y nos hace reflexionar con el paso del tiempo. Porque es un tiempo no lineal sino que toma diversas formas para contar qué sienten: una soldado norteamericana (Estela Garelli), una profesora de historia (Noemí Morelli) y una estudiante palestina (Antonia Bengoechea). Pareciera ser irreconciliable por lo antagónico, pero funciona como anzuelo perfecto para que ningún espectador pueda sentirse descalificado, burlado, ironizado o calumniado.

Estos exquisitos personajes son humanos. Trascienden la cuarta pared, la impregnan de sensibilidad y consiguen salirse de todo tipo de estereotipos que obstruyan su credibilidad.

Por momentos me olvidé que eran actrices. Era tan real lo que ocurría que disfruté y sufrí (al mismo tiempo) cada retazo de la obra.

Si se creyera en un solo Dios, quizás los enfrentamientos y las guerras ya no tendrían sentido de ser. Tal vez quienes comandan cada operativo no podrían seguir llevando sus caretas y no tendrían la oportunidad de hacer inmolar o explotar por los aires a jóvenes que “creen” en que eso es defender a su Patria y hacer justicia.

No existe aquello que corresponde, en una guerra.

No hay peor cosa para el ser humano que combatir y eliminar a un “otro”, matándolo. Quitándole su vida. ¡Su vida!

No concibo este mundo en paz.

Mientras la cronología parte de una fecha específica por el 2003, las vivencias, anécdotas y situaciones no paran dejan de continuarse. Temer por la muerte a cada instante porque una vez se zafó pero, luego, quizás, ya no. Pensar que se sigue viva de milagro porque Dios existe. Pero, entonces, ese superhéroe permite que unos vivan y otros mueran. No, no.

La decisión de la soldado de defender, ¿defender?, de intermediar entre esas dos naciones que no le dan libertad a sus habitantes, será lo que permita hacer un click al público. Es fuerte, muy fuerte lo que presenciamos, no el final, sino todo.

El monólogo de una se entrelaza con el de la otra, y el de la otra con el de la otra. Pero, en un momento se unen como un ovillo. ¿Son las tres una misma? ¿Qué hubiera ocurrido si la norteamericana era palestina o si la palestina era israelí o?

Todo tipo de especulación no hará más que angustiarnos. Sí, el corazón se me salió por la boca, pasé un momento de shock. Soy consciente, soy judía pero no israelí. Pienso como humana y no como guerrera. No creo que la vida de una valga más que la de la otra ni que una deba morir para que la valoren más. No estigmatizo, no juzgo, no creo más que en un Dios. Por eso esta dramaturgia es poesía que se escabulle en el corazón. Por eso es que no puedo más que recomendarle a todo ser humano que, obligatoriamente, asista mínimo a una función en el Teatro Payró.

Quizás podrán pensar qué habrá de nuevo para contar sobre esta guerra incesante. Les puedo asegurar que no es un juego de Teg sino la manera de narrar, de poner en movimiento un texto, de escuchar lo que a veces leemos, de abrazarnos sin importar cuál sea nuestro origen, religión, raza o condición.

Funciones: Jueves 20.30 hs.
Teatro Payró.

Mariela Verónica Gagliardi

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Cerrar los ojos e imaginar

Lo quiero ya1

Rutina:“Costumbre o hábito adquirido de hacer las cosas

por mera práctica

y de manera más o menos automática” (Real Academia Española).

Canciones que narran el día a día, la manera de sobrellevarlos y los resultados que no tardarán en aparecer. Doparse pareciera ser una manera al alcance de la mano, imaginarse que lo que se vive no es tal sino una mera ilusión óptica.

¿Alguna vez se cuestionaron si sus vidas son las que siempre soñaron?

Es realmente una problemática social el filosofar sobre nuestros deseos más profundos. Porque no se trata de tener antojo de tomar un helado y acudir a comprarlo, sino de transformar -quizás- todo. Por completo. Como si se empezara de cero.

Muchas personas trabajan en una oficina o en un banco o en otra institución desde la adolescencia hasta que se jubilan.

¿Tan interesante es lo que aprenden? ¿De verdad pueden aprehender algo nuevo cada día durante treinta años o más en un mismo lugar?

Lo quiero ya (escrita y dirigida por Marcelo Caballero) es una muestra, real, de que cuando un grupo de personas tiene una rutina durante mucho tiempo, necesita -en alguna oportunidad- romperla. Si esto no ocurre, el cuerpo lo avisa, lo manifiesta y podría ser tarde.

Lo quiero ya es una comedia musical en la que es posible transitar por diversas emociones, desde la risa a carcajadas hasta la desesperación. El drama está presente como planteamiento de conflicto. Viene a proponer destruir y tirar lo que ya no sirve para reciclar seres humanos que necesitan un cambio verdadero.

Andrés Passeri es el encargado de enlazar cada retazo presentado. Lo interesante es la dinámica que se utiliza para que lo veamos como un seudo director en escena. Bien podría serlo. Su rol es fundamental ya que se corre del de un asistente o apuntador para convertirse en actor/director al mando de un director real fuera de la representación.

Cuando éramos chicos se nos solía preguntar: ¿qué querés ser cuando seas grande?

En general uno respondía un oficio o profesión, pero quiénes se animaron a decir: ¡felices!

Una profesión no hace a un humano, solo le da herramientas para trabajar. Nada más.

La vida debería ser descubrimiento constante, ansias de transformar, de querer compartir vivencias, de sonreír y estar contento de haber escogido un empleo (no que éste nos haya escogido).

A veces, como muestra la dramaturgia presente, no se está preparado para dar vuelta la página, por más que se tenga la oportunidad de hacerlo inmediatamente.

El maldito o bendito destino con el que se especula o se reposa esperando.

Debo admitir que la puesta en escena es magnífica, a puro color y con un equipo de artistas increíbles. A su vez, la música en vivo le otorga un plus inigualable. No quisiera ser tajante pero los musicales deberían siempre tener a sus músicos tocando en escena ya que los dota de un vuelo mágico.

¿Qué nos expone esta pieza artística?

La vida de varios jóvenes, muy diferentes entre sí, con un estilo de vida determinado y un sueño a alcanzar. Pero… lo más importante y trascendente es cómo consiguen animarse a perseguirlo.

La rutina, la que los coloca en un mecanismo social en el que son “útiles” para el “correcto” funcionamiento, pero que pueden ser reemplazados sin alterar absolutamente nada del entorno.

Son humanos-robots. Nada más.

Mientras la conciencia no se de cuenta, ¿quizás no convenga avisarle? Algo así se me ocurre plantear para la fórmula perfecta del capitalismo. Aunque estos jóvenes despiertan sabiendo que ya no podrán seguir con el rumbo cotidiano sin cambiarlo. Deberán aprender a darse el gusto de vivir plenamente sin “seguridades”, corriendo “riesgos”. Viviendo, al fin de cuentas.

Competencias insanas, amarguras posibles de modificar, rabietas costumbristas, nervios y nervios y nervios. ¿Cómo ser feliz en pareja con un contexto semejante? ¿Cómo triunfar en el mundo artístico cuando no se tiene en claro quién se es?

Mente y cuerpo no pueden separarse como un pollo trozado a punto de ser horneado. En esto fallaron nuestros ancestros, en tratarnos como partes autónomas. Como si un brazo pudiera moverse sin tener la orden del cerebro.

Lo quiero ya es una bocanada de aire fresco y la oportunidad de abrir sendas coloridas, porque lo absurdo de la realidad está presente, lo irónico de frases dichas y repetidas, también. La fragancia a aire quieto y brumoso, claro que recorre los cuerpos danzantes que representan coreografías muy vistosas con sellos finales a modo selfie.

¿Para todo habrá que sonreír?

Vestuarios que resignifican aún más el significante de la dramaturgia, de sus escenas ágiles y una iluminación que persigue los diálogos y monólogos a describir lo que se siente desde el alma. Breves historias que se unen para conmover al espectador y para pellizcarlo de una vez. Porque la vida es hoy. Ya. Y hay que hacer algo para que no se escape de nuestras manos.

Dramaturgia: Marcelo CaballeroMartín Goldber. Actúan: Sacha BercovichVictoria CaceresVictoria Condomí AlcortaMacarena ForresterCandela García RedínLucien GilabertAndrés PasseriNahuel Quimey VillarealJulieta RapettaCandela RedínSalvador RomanoLala RossiJuan Pablo SchapiraSofia Val. Vestuario: Marcelo CaballeroMarina Paiz. Escenografía: Vanessa GiraldoDiseño de escenografía: Vanessa GiraldoDiseño de luces: Marcelo Caballero. Música, letras de canciones y dirección musical: Juan Pablo Schapira. Coreografía: Marina Paiz. Dirección de actores: Martín Goldber. Dirección general: Marcelo Caballero.

Funciones: Sábados 20 hs

El Galpón de Guevara (Guevara 326 – C.A.B.A.)

Mariela Verónica Gagliardi

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