*** SEPTIEMBRE 2025 ***

el-hombre-de-la-nariz-rota

ficha-el-hombre-de-la-nariz-rotaEl dramaturgo y actor Rolo Sosiuk decide llevar al teatro la vida de Auguste Rodin pero desde la mirada de su amante Camille Claudel. Es entonces cuando tendremos la oportunidad de ingresar en la intimidad de este escultor que no siempre fue reconocido por sus creaciones. El hombre de la nariz rota (dirigida por )es uno de dichos ejemplos en que el arte (y no su perfección) son dejados a un lado por parte de la sociedad.

Rolo Sosiuk será esa máscara que revivirá para recordar su existencia, para estar sin que nadie se de cuenta y pulular por cada rinconcito en busca de justicia.

Existe una fusión entre la danza y el teatro que da cuenta del mundo de la escultura. A su vez, así como el baile pretenderá un renacer, Camille será despojada de su lugar, de su profesión y encerrada en un manicomio para que se atormente cada uno de sus días.

Sufriendo de desamor, de tristeza, de promesas incumplidas y de una vida que no podrá llegar a este mundo; así es como esta pobre mujer es despojada de todo. Absolutamente todo.

No habrá caricias para ella que la cuiden, ni besos que la devuelvan a su cordura. ¿Existe quien no enloquezca en el encierro? ¿Existe quien no padezca cuando se lo desnuda por completo hasta de su interior?

Una actriz excelente interpreta a esta amante (Zuleika Esnal) y será lo que más relucirá a lo largo de la historia. El hombre de la nariz rota parece ser por momentos una dramaturgia bufa, luego un drama, más tarde una lectura sobre la danza clásica y después una forma de cambiar los errores.

Con una mirada aguda y punzante acerca de la elección de Rodin, -un hombre que parece no haber elegido lo que le dictaba su corazón sino lo que se le sirvió como plato en la mesa- y la fuerza que cobra lo afectivo tanto al momento de crear, como de amor y de morir lentamente.

Los segmentos de danza vendrían a ser la perfección, una perfección que no existió en la vida del escultor cuando hizo esta pieza artística, ni en la de su esposa ni en la de su amante, ni en la del hermano de ésta. Al fin de cuentas: ¿qué es lo perfecto? Pareciera ser que atrae lo “imperfecto”, lo distinto, lo que no siempre se puede describir con palabras y, sin embargo, apasiona.

Un amor que no pudo concretarse como los dos hubieran querido y que tuvieron que regalar por los aires, desplomándose por completo.

Cuando todo parezca deslumbrar, aparecerá una nube negra que detendrá tal satisfacción. Así fue la vida de esta mujer y el tormento que eligió atravesar. Quizás pueda sonar ridículo que una persona escoja el dolor antes que la felicidad y es que esta artista creería que su Rodin dejaría a su esposa por ella, como tantas veces se cree. Este conformismo e ilusión la hundieron, tanto pero tanto, que ya sus palabras solo resonaron en cuatro paredes, al mismo tiempo que sus lágrimas se expandieron y secaron todo corazón enamorado.

Su camino de discípula la enriqueció como escultora aunque su gran tormento fue el haberse fijado en un hombre como Auguste y no haber logrado la entereza para finalizar una relación en vez de sentir luego el agobio del abandono.

El retrato de Camille debe permanecer más vivo que nunca para que la violencia de género pase a la historia de una vez por todas, para que cada mujer golpeada, insultada, menospreciada y tratada como un pedazo de mierda se sienta identificada y no justifique la mano dura del hombre que la ejecuta.

Esta obra de teatro plantea a El hombre de la nariz rota como un abanico que se va abriendo, de a poco, y que pretende concientizar. Considero que hay que ver esta propuesta en que la mujer objeto-sujeto aparece y desaparece según la intención de los masculinos que se atreven a hacer “magia” con los cuerpos ajenos.

Una estética que nos lleva a al Siglo XIX y que nos pega un cachetazo al presente, recordándonos que el amor puede ser lo que permitamos que sea.

Mariela Verónica Gagliardi

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Resulta muy conmovedor asistir a una obra que presenta una temática tan vinculada con pensamientos propios. Sin pretender robar ideas ni apropiar contenidos, asumo que ver Los milagros (escrita y dirigida por Agostina Luz López) es parte de la vida de muchas de nosotras. De varias mujeres que hemos sido niñas, que hemos sufrido, que nos hemos sentido incomprendidas, solas aún en compañía, afines a personas ajenas a nuestras familias e inmersas en un círculo vicioso que, tantas veces, resulta imposible de cortar.

Martina (Martina Juncadella) es la creadora de este universo tan bien plantado, difundido, soslayado y representado. Porque ella recuerda quién fue y quién pretender ser, rememora ciertas escenas de su vida pasada y, para ellos, precisa de colaboradoras. Unas intérpretes de lujo que son, nada más ni nada menos, su madre, abuela y niñera.

Imaginen un mundo cotidiano donde solo las voces son femeninas, donde lo masculino puede ser oído o escuchado solo en la televisión, o leído en revistas o pretendido en los cuentos.

Esta joven es una manipuladora, como todos, una creadora, una innovadora y, al fin de cuentas, una demagoga. Sí, porque, utilizando correctamente el término, narra su historia desde ella misma, tajantemente; y las voces y cuerpos que vemos son ejecutados según sus hilos. Entonces, hace justicia en cada relato, llora cuando no consigue lo que quiere, se encapricha desde bebita y hasta el momento, juega con todo lo que encuentra, permite que su cuerpo dance y se recupere de cada agresión sufrida.

Porque el silencio a veces resulta más dramático que un grito, porque ella necesita tenernos como público pero también como testigos de esos años en que tanto le pasó.

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Los milagros es una comedia dramática, una historia de vida, un tesoro que Martina guardó y quiso compartir con nosotros y, al mismo tiempo, con ella misma. Porque el recuerdo puede ser lo que la memoria permita, al igual que el correr de los años ir transformando el dolor en algo bonito y perdonar lo que en cierto instante parecía irreconciliable.

Con respecto a la escenografía, cabe resaltar su practicidad y belleza. Por momentos es como si estuviéramos viendo dentro de un motorhome pero abierto de tal modo que pareciera ser un biombo desplegado. No existe el perder tiempo ni cambiar un espacio por otro, sino que toda la recreación espacio-temporal está a disposición de las actrices para que se trasladen de un ambiente a otro de la casa, contando agradables anécdotas, discutiendo, bailando, cantando, enloqueciendo y conociendo que la historia de esta familia existe en otras. Que ésta es un ejemplo no por distinguirse, sino por ser natural y por no querer tapar absolutamente nada negativo con ríspidas sonrisas.

Los milagros es la posibilidad de pasar de la risa al llanto en cuestión de una hora. De emocionarse tanto y aplaudir cada uno de los aciertos. Porque la naturalidad con la que interpretan, se fusionan y representan los momentos elegidos por la protagonista; hacen relucir las miradas, sentir que lo malo tuvo incluso una enseñanza y el aprendizaje voraz, como aquella sandía que se devora, o los fideos que se mastican o tragan según la personalidad que se trate. O aquellas tardes en que la telenovela era la escuela prodigio, o aquella incomprensión que rodaba cual regalo de cumpleaños. Todo es la puesta en escena de los recuerdos de Martina. De aquellos que quedaron latentes y quisieron salir a la luz.

Tres generaciones que parecen ser familia, que no parecen actuar sino ser. Una madre y una hija que tienen este vínculo en la realidad real, que se miran y se recriminan hasta el hartazgo. Que son y fueron, que crecieron teniendo asperezas, alegrías y tanto por hacer.

Así, todo el objeto de estudio elegido tiene una cronología, no necesariamente temporal sino temática. Así, solo así esta niña y ahora adulta puede escoger seguir siendo el modelo que pretendieron o escoger su propio camino sin culpas.

Mariela Verónica Gagliardi

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ficha-cuando-el-bosqueEn 1884 se Enrik Ibsen estrena la obra Vildanden (traducida como El pato salvaje ó silvestre). El dramaturgo, de origen noruego, es considerado uno de los creadores del teatro moderno con una impronta que entremezcla el drama, los conflictos psicológicos en el ser humano y su tinte realista circundándolos. Así, es como resulta cautivante poder presenciar obras de Ibsen, leer sus libros y conmoverse, al mismo tiempo que conseguir identificarse con las temáticas y situaciones por las que van transitando los personajes de sus historias.

Roberto Peloni, a quien identificamos en gran proporción por los musicales que protagoniza; en esta ocasión decide adaptar, dirigir y estar a la cabeza de Cuando el bosque se nos venga encima (una adaptación de El pato salvaje).

No existe nada más entretenido que analizar una propuesta dramática. Ya desde su título podemos encontrar una fabulosa manera de colocar a la dialéctica en el primer puesto. Podemos sentir agobio, pensar que un bosque entero se caerá sobre nosotros, sobre sus personajes, sobre la familia Ekdal que resulta tan particular (aunque tan parecida a muchísimas otras, de antes y de ahora). Pero, también, habrá que concebir la idea de venganza, ese sentimiento que se apoderá de ciertos humanos irresponsables.

En un comienzo se puede percibir un espacio escénico construido desde la utilidad y el atractivo (tanto lumínico como sonoro). Tanto en el lugar central como en su entorno se logrará presenciar cada movimiento, ruido, disparo, melodías, juegos de luces, penumbras y el grito final.

Somos espectadores de absolutamente cada escena, de todo el relato transcurrido y de la angustia más solitaria que se apoderará de cada uno de esos hombres y mujeres en estado de quietud permanente.

Cabe cuestionar qué es lo más trascendente en esta dramaturgia y puedo enumerar algunos aspectos primordiales: la mentira, el engaño, la ceguera, el abandono, el poder, la ilusión, la pureza y la necesidad de realidad real en algunos de los personajes. De este modo, cada figura tendrá una construcción simbólica más allá de la actuación. Será una elaboración increíble que demostrará el talento de todo el elenco que se atreve a revivir uno de los clásicos más importantes de las artes escénicas.

Por un lado la historia se sucede en un tiempo perfecto, que no corre ni adormece al público. Un tiempo en el que es posible ir sacando conclusiones, sufriendo junto a las “víctimas” y deseándole lo peor a quienes se unieron para conservar aquello que tal vez no merecía hacerlo.

Una familia compuesta por Hjelmar, Gina y Eugenia, a la que se suma el abuelo y ex teniente Ekdal. Una familia como tantas otras pero con algunas particularidades, dentro de las que se destacan: el encierro, el agobio, la construcción de una sub sociedad “perfecta”, que mantiene a estos miembros a “salvo” de todo aquello que pudiera amenazarlos o extinguirlos.

Sin embargo, tal como se conoce, El pato salvaje no es solo un simbolismo sino un modo de retratar a Hjelmer, a su modo de sentir, de vivir y de ser. Él, sin ninguna dosis de maldad, acciona y reacciona según lo que le digan los demás. No tiene carácter sino que le queda más cómodo moverse de acuerdo a los consejos de su entorno. Podríamos imaginar a esta familia como a una burbuja de cristal detenida en el tiempo, que es invadida por personas que tienen otros objetivos para ésta.

Se suele decir que los de afuera son de palo, pero cuando la mentira se oculta y tapa demasiado, crece tanto hasta que es descubierta de la peor manera. Esto es lo que ocurre y la peor desgracia sucede sin poder evitarse. Sin que el arrepentimiento valga, sin que las lágrimas de dolor puedan modificar algo al respecto.

El querer desenmascarar el pasado, ese deseo ferviente por querer transformar a un amigo, a un pariente o a un conocido en sí mismo. El incentivo que es más egoísta que la mentira.

En cuanto a los olores, a las fragancias, son muy bien expresadas en el texto original cuando se debate acerca del olor nauseabundo que sale del pantano, de ese desván en que se tienen encerrados a tantos animales como para recrear un hábitat también inexistente, en el que convive un pato con características bastante peculiares.

Las interpretaciones de los artistas dejan boquiabiertos a todos los presentes, al igual que cada conflicto y su respectiva resolución. Ibsen es un lujo y esta adaptación su consecuencia.

Cazar, ¿para qué?

Quizás para continuar siendo quien ya no se es, para no afrontar la vida tal cual es y no morir en el intento.

¿Una familia feliz?

De un momento a otro podrá ya no serlo, ensuciarse con los animales o salir despavorido en medio de la nieve.

No podría existir la concepción de verdad, ni de remordimiento hasta que Gregorio (hijo de Werle) hace su aporte fundamentalista y “purificador”, para que la podredumbre sea aniquilada de cuajo.

¿El ecosistema se volverá en contra de quienes suponen controlarlo todo?

Otra obra de teatro que es un placer que figure en la cartelera del Teatro Border, un lugar al que una vez que se ingresa es imposible salir.

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Cómo surge la iniciativa de tener una conversación con obras del Museo de Arte Moderno?

La idea en realidad surge a partir de que se cumplen este año, 2016, sesenta años de la existencia del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires; entonces una forma de vincular el ciclo El borde de sí mismo, conjuntamente con estos festejos, es que entre en diálogo con el Patrimonio del Museo. Por eso se le pidió a cada uno de los artistas convocados que se vinculasen con una o más obras del Patrimonio del Museo y en ese diálogo, en esa tensión, en ese borde entre la obra elegida y la propia estética, construir un trabajo que de cuenta de esa relación.

¿Qué se siente al mantener un diálogo desde el arte escénico? ¿Qué sensaciones surgen?

La idea de poder trabajar con las experiencias de orden performático (vinculadas al arte del espectáculo) y las artes visuales tiene que ver un poco con el espíritu del ciclo que lo que intenta es ir construyendo una reflexión entre las artes visuales y las artes performáticas o artes del espectáculo. En este caso también incluimos la danza y el cine en la figura de Diana Szeinblum, la figura de Santiago Loza (que, si bien también es autor teatral, en este caso trabaja específicamente desde su rol de director de cine, para poder dialogar con las obras del Patrimonio.

¿Cada artista eligió su obra o la selección fue azarosa?

La obra elegida por cada uno de los artistas tuvo que ver con pedidos muy expresos por parte de los artistas y también un diálogo que tuvieron con la curaduría de artes visuales del Museo, con Sofía Dourron, con Javier Villa; que, a partir de determinadas obsesiones, o imágenes o vínculos de cada uno de los artistas convocados, ellos interpretaban (la curaduría) esas necesidades y les sugerían obras posibles que entrasen en diálogo o fricción con ese tema, con esas obsesiones, en sí esas imágenes que los artistas convocados proponían.

¿Cuánto tiempo le llevó, estimativamente, a cada artista concretar su consigna para esta segunda edición?

El trabajo de convocatoria empezó, más o menos, por abril; por lo cual son unos seis meses los que llevó el trabajo. Primero se convocó a los cuatro artistas, se les explicó el proyecto y una vez que aceptaron, entraron en contacto con la curaduría del museo para elegir las obras sobre las cuales trabajarían (eso fue más o menos un mes), entonces quedaron entre cuatro y cinco meses de trabajo concreto de cada uno de los artistas de los materiales elegidos.

¿Considerás que este tipo de propuesta podrían ir despertando a los museos y creando mayores incentivos para que la gente se acerque más frecuentemente?

Yo lo que creo es que los Museos, hoy por hoy, son instituciones más bien lábiles, perforadas, en el sentido de que pueda vincularse cualquier expresión artística. Me parece que un Museo que se llame Contemporáneo y, en este caso un Museo de Arte Moderno, necesariamente tiene que empezar a trabajar sobre los bordes y sobre los desbordes y sobre los derrames de las estéticas de las artes visuales y confluir en otras disciplinas, por lo cual esto también permite cierta flexibilidad y cierta ampliación, obviamente, del público.

Lo que nos propusimos con este ciclo, que se inició el año pasado, fue ampliar la convocatoria del propio museo al público consumidor de teatro de Buenos Aires (que es un público alto); es una gran cantidad de personas que asisten al teatro en general, por lo cual nos parecía que era muy atendible plantear un ciclo que vinculase el teatro (las artes escénicas) con las artes visuales y eso también permitiera a un montón de gente que por ahí no se acerca a los museos, empezar a hacerlo. Y bueno, la verdad que el primer ciclo fue muy exitoso y por eso fue la idea de extender o de tener una segunda edición que es la que estamos llevando a cabo en este año.

Una magnífica idea donde las formas se mezclan con la danza, el teatro y el séptimo arte. ¿Cómo será el resultado de este año, qué es lo que se espera?

La idea del resultado es siempre una incógnita. A mí me interesa mucho, desde la curaduría, darles el espacio para que puedan probar cosas que por ahí no podrían probar en otros ámbitos, o sea, ensayar algunas cuestiones, equivocarse, buscar. Me parece que tiene que ser un espacio de riesgo y de búsqueda para que eso también sea atractivo para los propios artistas -ya que la iniciativa está muy vinculada a eso, a pensar en cuestiones vinculadas al ensayo y al error-. De hecho, el año pasado, planteamos claramente el ciclo como ensayo entre el teatro y las artes visuales. Este año se amplía un poco más -hay otras disciplinas, además del teatro-. Está, como dije antes: la danza y el cine, pero también en relación con las artes visuales (en ese diálogo, que para mí, es algo muy fructífero y que permite (como dije antes también) la presencia de otro tipo de público en los museos.

¿Alguna recomendación para el público que no haya asistido a la primera edición?

La recomendación que podemos hacerle al público es que se acerque. Las entradas están muy accesibles, salen $50; y eso también incluye la posibilidad de visitar todas las exhibiciones del museo (además de ir a ver estrictamente la función que cada uno elija). Esto puede hacerse en la boletería del Museo (en San Juan 350), o también en Alternativa Teatral (www.alternativateatral.com) y ahí buscan el evento “El borde de sí mismo”, segunda edición y pueden comprar la entrada para el día que quieran. Esto arranca ya el viernes 21 de Octubre y se extiende hasta el domingo 20 de Noviembre, a razón de una obra por semana de los cuatro artistas convocados: Diana Szeinblum, Analía Couceyro, Santiago Loza y Mariano Tenconi Blanco (en ese orden). Y, en la quinta semana, que es la última, vamos a hacer una charla en el Auditorio del Museo (el día viernes 18) y el fin de semana (19 y 20) presentamos las cuatro obras de corrido. El sábado hacemos dos obras y el domingo dos obras. Las funciones son siempre los viernes a las 20 hs y sábados y domingos a las 16 y a las 18 hs. Bueno, los esperamos a todos en el Museo de Arte Moderno en esta Segunda Edición del Borde de sí mismo.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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ficha-criminalEn el año 1996, Javier Daulte estrena la obra de teatro Criminal en el Payró. Desde ese entonces la dramaturgia, cargada ironía, exageración, realismo y pasión, se fue apoderando de los espectadores -quienes hallaban un lugar en que sentirse identificados-.

El universo de Freud, muchas veces pareciera ser inalcanzable, escéptico e irreal. Como si se tratara de un sitio en el que siempre se vislumbra un diván, un padeciente y un profesional que, años tras años, hace ir y venir a la persona conflictuada. Esta es la obra ideal para que todos, absolutamente todos los que hemos pisado un espacio de psiconálisis, podamos descargar nuestro dolor al sentirnos identificados con los diálogos de los actores que se irán dando a lo largo de la función.

La estética de esta puesta en escena (dirigida por Samanta Fasson) es simplemente el diván mencionado y dos teléfonos de los de antes. Algún objeto ornamental más que sirve a quien lo tome para, simbólicamente, terminar con su padecimiento.

Una obra intrincada en la que se puede apreciar el trabajo de Patricia Calzada Valle, una española que consigue sobresalir y dar una verdadera clase de actuación, con una expresión sin igual y por la que será felicitada al salir de la sala del Núcleo.

Criminal es una experiencia tan viva como la vida misma. Desde los primeros minutos de diálogo, nos damos cuenta de cuán provocadora resulta la propuesta y cuán preparados deben estar los actores para que la dinámica resulte ágil y estridente.

En este caso es Sigmund Freud quien se recuesta en el sillón, por más que ni siquiera se lo mencione. Es él quien debe ser juzgado como para que quienes se muestren escépticos o resentidos con el psicoanálisis, puedan estar dichosos. Como si se tratara de panzaso de felicidad y una burla al creador de tantas teorías.

Puedo juzgar a Daulte o decirle que es un acierto su vivo relato para estos tiempos en que se busca la cura en un intrincado y lento proceso.

Lo más atrapante de la historia no radica en una crisis de pareja, como se puede observar desde el comienzo y en ciertos momentos, sino en el cómo. Así, resulta efectivo el transitar de las conversaciones y sus intercambios, que irán demostrando quién tiene el poder verdaderamente.

Criminal es mucho más que un juego de detectives y el único dato verdadero es que sigan su intuición y no la lógica para resolver el caso.

Criminal puede ser una separación, una unión interesada o hasta el más propenso asesinato.

Una mujer que asiste a sesiones psicológicas por inercia, buscando algo que le falta o que le sobra, no se sabe. Su marido que acude a otro terapeuta y su matrimonio en boca de quienes se dicen profesionales de la salud mental -una salud de la que ni siquiera pueden gozar-.

Lo que parece ser la sanación, puede llegar a tomar otro rumbo y la transferencia irá en boca de cualquiera, utilizando uno y otro cuerpo en pos de intereses y pasiones personales.

Existe tragedia, existe drama y existe un dinamismo por el que, los espectadores, podemos sentirnos parte interesada. Cuando suene el teléfono podrá ser una llamada que irá cambiando, modificando y transformando (fundamentalmente) a quienes menos se imaginen. Será vital la información que se brinde, el siguiente proceder y el plan que se esté elucubrando por lo bajo.

Escenas que se suceden, unas tras otras, y en las que siempre uno de los intérpretes tendrá el famoso as en la manga para sorprender.

¿Muertes, sospechosos, homicidios?

Un thriller, un policial, un melodrama, mentiras y más mentiras que se enroscan como el cable de un teléfono.

Todo pasa y podrá pasar y la única manera de saberlo es asistiendo a Criminal.

Mariela Verónica Gagliardi

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ficha-yoko-ondaVer a Leticia Torres actuar es un placer y no solamente por su carisma innato sino porque es capaz de interpretar a personajes tan pero tan diversos que dan cuenta de su excelencia como artista.

En esta ocasión vuelve a escena con un espectáculo que gestó siete años atrás y que decidió darle vida nuevamente, al igual que el homenaje a su abuela a quien le dedica parte de la historia, incluyéndola en ésta.

Yoko onda (dirigida por Maximiliano Sarramone) es una joven que está inmersa en la rutina, aquella rutina que agobia, que cansa, que satura y nada positivo da a cambio. Es entonces cuando decide recuperar su libertad y buscar el amor en diferentes situaciones y momentos.

Con música circense y de percusión, cambios de vestuarios constantes, diversas tonalidades lumínicas, proyecciones audiovisuales y muchos personajes será como esta obra resultará multiplicadora de sensaciones para recibir a brazos abiertos.

Una máscara para cada momento, una ilusión para cada soñador y una sonrisa para hacerle frente a cada adversidad. Solo así habremos entendido el gran mensaje de este unipersonal que convida con uno de los mayores manjares de la vida mientras disfrutamos de su pequeño descanso.

Indagando sobre la superstición es como se acerca a esta abuela tan peculiar y con respuesta para todo. Utilizando un Santo, su nombre y significado es como se recrea el universo infantil, llenando la sala de El Ópalo de una fragancia colmada de alegría y satisfacción.

Una súper heroína en busca de la justicia, que vuela con su imaginación hasta llegar a la realidad. Por suerte, dicha realidad es la que construye y no la que la invade sin hacerse cargo. Yoko onda le pone mucha energía y magia a sus días, nos transmite la opción de cambio constante y nos da la mano para salir venturosos de cada situación.

Como un juego de niños, ella crece pero sin abandonar cada uno de sus sueños, riendo y lagrimeando, como cualquier mortal en este mundo. Y si le va no muy bien en el amor, no es motivo para que caiga en la cama deprimida, sino para que continúe en busca de una nueva misión. Nada de esperar el llamado ansiosa, sino de aprender que la espera desespera y que otro jamás debería tener tanto protagonismo.

Yoko onda es un espectáculo para grandes y para chicos, para reír a carcajadas y para lagrimear, para interactuar y aplaudir, para vernos reflejados y sentir que el espacio escénico ocupa absolutamente toda la sala.

Si cada niño creciera con la suspicacia de esta actriz, posiblemente la felicidad llegaría a borbotones y sin faltarle a nadie.

Como todo clown: jamás abandona su frescura de pequeña, la cual esparce, unta, juega y se divierte entusiasmada. Será por eso que este género es necesario con mayúsculas, para recordarnos que nada está perdido mientras se tenga esperanza y pasión.

Que el mundo fue y será… diría Discépolo. Sin embargo, haciendo una introspección cada quien conseguirá ser quien desea y no aparentar para agradar.

Mariela Verónica Gagliardi

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ficha-historias-de-amor-bajo-la-lluvia¡Qué grato resulta comenzar la semana viendo una comedia musical súper entretenida y con sus protagonistas que arrasan con todo!

Historias de amor bajo la lluvia (escrita por Joaquín Stringa, con dirección musical a cargo de Guido Cefaly y dirección general de Marcelo Rosa) es una linda recopilación de momentos y situaciones cursi, atípicas, geniales, divertidas, conocidas e hiper repetidas por todos y todas. Con la particularidad de remitirse a films estadounidenses, este musical comienza con un posible romance, continúa con sketchs de toda índole y al llegar el desenlace, cada una de esas pequeñas narraciones va cerrándose deleitosamente.

Sinceramente, es una pieza artística con un formato que impacta, con dos actores muy buenos (Ángeles Díaz Colodrero y Martín Mazalán), llenos de juventud, gracia y empatía, que consiguen hacer reír en todo momento y pasemos una noche inolvidable.

Con una escenografía llamativa, llena de luces, muchísimos cambios de vestuario -al instante-, proyecciones y efectos visuales, sonoros y música en vivo; permitiendo que cada espectador se sienta identificado con alguna de las escenas, mínimamente, y puede sentir la liviandad de que nada es tan tremendo en el amor.

All you need is love, aparece escrito en uno de los objetos que pueden verse casi al final y este es uno de los argumentos en que se hace hincapié. El amor tendrá matices, será conflictivo, duro, pasional, tierno y demás; pero nadie puede vivir sin él. Al menos, nadie podrá ser feliz sin él.

¿Cuánto tiempo, meses o años tendrán que pasar hasta asumir que una relación no vale la pena? ¿Por qué suele costar tanto olvidar y, a veces, resulta más simple odiar para lograrlo?

Todas las personalidades pueden observarse activamente, rememorar momentos pasados y desear que el futuro sea completamente diferente.

Quizás al esperar un tren que nos llevará bien lejos, creyendo que la distancia es el olvido (como lo dice un famoso bolero) y no teniendo en cuenta que lo no resuelto acá, se transportará allá. Cada enseñanza es transmitida humorísticamente y, por momentos, pareciera que estamos mirando un programa de televisión o una serie en que la heroína de la historia tiene superpoderes y puede utilizarlos para derribar al enemigo, para jugar como se le antoje y transformar la realidad a su manera.

Con o sin glamour, deseando conocer al amor de tu vida, jugando a no enamorarse o comiendo del mismo chupetín; ellos interpretarán con diferentes tonalidades a sus cupidos. Algunos, desgraciadamente, tendrán un flechazo pero no precisamente de amor y otros sellarán con un beso especial.

Siempre hay un roto para un descosido o una media naranja, de eso podremos estar completamente seguros. Quizás el desafío sea asumir que la vida es un juego en el que no solo se sufre o padece sino que se puede reír hasta el cansancio y adorar a quien nos odie.

Y si la muerte se acerca, tal vez pueda cambiar de opinión o no. Todo es posible en Historias de amor bajo la lluvia.

Siempre la música en vivo es un plus que otorga más energía a una dramaturgia, sobre todo tratándose de una comedia musical en que las melodías merecen ser oídas frescamente. Así, un trío compuesto por guitarra, bajo y batería, amenizan durante la función, le permiten a los actores lucirse en todo momento y permitirles brillar con o sin truenos.

Mientras los mejores besos de Hollywood aparecen proyectados, las burbujas caen lentamente, los colores dibujan una escena diferente y todo el elenco se luce, quedando demostrado que cuando un producto artístico funciona, este es el camino.

La frescura y espontaneidad desfilan por las tablas, el aroma a lluvia podemos imaginarlo de inmediato y el tiempo de espera para los enamorados podría llegar a su fin.

El Teatro Sony es así como recibe por primera vez a un elenco musical y todo será brillante en su conjunto.

Canciones en francés e inglés, muy conocidas por todos, serán entonadas por sus artistas a una y a dos voces para, prontamente, continuar con el desarrollo de cada microrrelato. Un honor ser público de un trabajo tan excelente que comienza su segunda temporada y dará mucho que hablar en los medios.

Mariela Verónica Gagliardi

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¡Que Roma recompense con su amor a los que han sobrevivido, y que los muertos reciban sepultura con sus antepasados!

(Tito Andrónico)

ficha-sangre-sudor-y-siliconasCuando supe que existía Sangre, sudor y siliconas (basada en Tito Andrónico de Shakespeare, escrita y dirigida por Gonzalo Demaría) no dudé un instante en ir a verla. Su título atractivo me cautivó aún antes de saber su argumento, su autor, su estilo y demás cuestiones que hacen a una dramaturgia.

Pero, al conocer que se trataba de una pieza basada en Tito Andrónico (de William Shakespeare) y que Gonzalo Demaría sería su director; me zambullí completamente en Hasta Trilce.

Debo confesar que es una historia sin igual, que divide al público en dos y que, seguro seguro, hará que existan quienes adoren como quienes odien esta versión.

Me coloqué en primera fila, para no perderme ningún detalle y, luego, pude sentir cada sonido repercutiendo en mi cuerpo de una forma tan interna que puedo afirmar cómo el ambiente gauchesco y científico se unieron a la guerra y batalla de cortar cabezas y dar nacimiento a la menos pensada criatura “humana”.

Un gran show de poética, música, canto y coreografías que se van sucediendo cuando menos lo creamos posible.

El emperador romano murió y su lugar fue ocupado por Saturnino. A partir de aquí, quienes conozcan el libro, sabrán como prosigue la acción y su sanguinario desenlace. Hay quienes dicen que es el escrito más feroz de Shakespeare y asiento con la cabeza, sin pretender perderla.

La venganza, el honor, los celos y la sed de poder están presentes durante toda la historia. Ilustrando con objetos pintorescos, diferentes sonidos e iluminación; Sangre, sudor y siliconas merece estar en cartel por mucho tiempo. Así lo grito y así lo siento. Porque los clásicos merecen una vuelta de tuerca y que los espectadores abran sus sentidos, que no piensen en ir a una función donde se transmite literal un libro memorizado. Se trata de asistir como público activo, pensante y teniendo presente el argumento para, después, poder sacar las conclusiones pertinentes. No es requisito saber de qué trata, aunque tener conocimiento otorga un plus muy interesante.

Saturnino y Bassiano (hermanos e hijos del difunto) discuten por los derechos romanos, por el poder. Pero es Marco (hijo de Tito Andrónico) quien defiende a su padre y recuerda toda la sangre derramada en defensa del pueblo.

Hasta aquí pareciera ser solamente un tragedia y drama tradicionales. Aunque, unos instantes después el surrealismo y el grotesco se apoderarán de los encantadores personajes que son encarnados por actores de altísima talla. Solo así este formato puede resultar impactante y permitir la carcajada constante de quienes ingresan (y deciden hacerlo) en el código de Demaría.

Ya en esta escritura de Shakespeare aparece vivo lo que tanto cautiva: esos espíritus que renacen, una y otra vez, reviviendo las culpas y los errores cometidos al respirar: “Dadnos a uno de los prisioneros godos para cortar sus miembros y quemar (…) para que sus espírituds descansen, eternamente, y nosotros no seamos atormentados con sus apariciones”.

Mientras tanto, Tamora (una femenina, temerosa y particular dama) se hará presente con sus boleadores, sorprendiendo a todo instante. El impacto al chocar contra el piso hará resonar la sala e invitarnos a estar de su lado. En verdad, cada personaje tendrá esa misión. Ella cuestiona en un momento: “¿Deben ser descuartizados y quemados mis hijos en vuestras calles por haber defendido a su patria?”

Las mujeres, en esta oportunidad, son puestas como plato principal de disputa, como objetos mercenarios que desean poseer unos y otros sin interesar (o incluso importar) quién es cada una.

Lavinia (hija de Tito) está prometida con Bassiano, sin embargo, es el mismísimo padre quien desea (por cuestiones de negocios) concedérsela a Saturnino. Así resultarán batallas campales, cortes de cabezas como ya se conoce y los órganos de quienes menos pueden defenderse. Pero… es Tamora también escogida por Saturnino como futura emperatriz y, aquí, nos encontramos con dos mujeres que aún no están enteradas de dicha situación, mujeres que pertenecen a estratos diferentes (una a Roma y otra a los godos).

Indios prisioneros que querrán cambiar su suerte y el sentido de los versos que evocarán. Seres subordinados que pretenderán abandonar ese lugar, mientras el sanguinario Tito hará de las suyas en una clínica de estética.

Culturas Incas milenarias que vienen a recordarnos que existen y que no todo, para ellos, está perdido.

Unos a otros irán salvando o hundiéndose, en pos de sus intereses o hermandad. Todo sucederá tan rápido que no habrá tiempo para objetar una u otra decisión, sino para disfrutar de una obra excelente y disparatada, con un elenco increíble que se devorará el escenario. Habrá quien decida sacrificar una extremidad u otra, mientras que la peor trampa se servirá en platos grandes.

¿Será el destierro la mejor oportunidad para salir ileso?

¿Podrán los godos imperar por sobre los romanos? Digo: ¿La cirugía estética por sobre la humanidad? ¿Fue más sanguinario el Imperio Romano o lo es, en la actualidad, todo diseño o la búsqueda hacia una añorada perfección inexistente?

Hijos engendrados con marcas imposibles de borrar, muerte y más muerte. Como una pincelada que pretende tachar lo que no conviene. Todo, absolutamente todo, volará por los aires hasta que lo menos probable suceda ante nosotros.

Asesinar por venganza, asesinar por honor, por dignidad o por temor a ser aniquilado.

Sangre, sudor y siliconas es una obra de teatro surrealista, en la que dos escenarios posibles son fusionados, perpretados en el tiempo y con la grandeza de quienes pueden hacer lo que quieran, como quieran y arrastrando sus cuerpo hasta resurgir en el instante que todo parece calmo.

Mariela Verónica Gagliardi

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en-boca-cerrada1

ficha-en-boca-cerradaCuando el elenco de una obra es excelente, la historia (sea cual fuere) ya tiene el éxito asegurado. En esta oportunidad, Jorge Azurmendi (a quien sigo frecuentemente) decidió estrenar En boca cerrada (escrita por Juan Carlos Badillo), una dramaturgia realmente conmovedora que te atraviesa de pies a cabeza, sin exagerar. Con una puesta en escena impresionante, impactante, y que permite que se fusione con las acciones llevadas a cabo por los personajes de este drama.

Se sabe que la época de la dictadura militar está presente, que las desapariciones son frecuentes y que el silencio es moneda corriente. Sin embargo, está presente esa sensación de que todos los conflictos -recurrentes- son parte nuestra. Los dramas que giran en torno a problemáticas familiares tienen su razón de ser y, en este caso, En boca cerrada llega a ser eficiente con su mensaje que, tal vez, sea un despertar en las mentes que, por un motivo u otro, aún continúan adormecidas como con ese hormigueo que solo se va con un buen pisotón.

¿En qué se basa la obra?

Puntualmente, es la muerte del padre de una familia el origen de un cúmulo de traumas, olvidos, manipulaciones, angustias, dolores y ocultamientos que salen a la luz durante el llanto más desgarrador de quien acaba de enviudar.

Esto parece ser un argumento bastante conocido, aunque cabe resaltar que la historia se sitúa en el último año de gobierno de Isabel Perón, habiéndose estrenado la pieza artística en 1984. De hecho, fue muy emotivo escuchar -mientras esperaba para entrar al Teatro del Pueblo- a personas que habían visto la primera versión y que rogaban que la experiencia fuera igual de buena. Ese temor, se disolvió al salir de la sala principal. Un señor me dijo que la obra fue tan maravillosa como hace treinta años atrás, que no cambió nada. Realmente estaba conmovido, sobre todo porque su generación fue la que más padeció esa triste época en el país.

Nadie puede permanecer con los labios pegados durante mucho tiempo. Éstos se secan de tal forma que producen muchísima incomodidad, la respiración debe cambiar su curso y todo el organismo se inquieta en pos de acomodar las partes como se merecen. Todos estos detalles corporales, sinceramente, pueden verse manifestados en los actores -quienes asumen que, algo, debe cambiarse-.

Entonces, ¿qué es lo atrapante de esta obra?

Su recurso narrativo, el estilo de jugar con el pasado y presente… hasta sentir que está jugando con el público presente; como tantas veces los políticos hicieron y siguien haciendo. Cuando una madre se desgarra por no tener de quién hacerse cargo, cuando se quita esa máscara que la «protegía» y puede vislumbrarse su rostro sin maquillaje, puro, con años y décadas de soportar lo que, quizás, no tenía por qué.

La crisis política de Argentina se seguía agudizando, y al año siguiente se desataría la dictadura más sanguinaria y exterminante en el país. Si bien el contexto no se apoya en las desapariciones y asesinatos de víctimas por parte de Videla y sus secuaces, el olor a podrido puede impregnarse por completo. Quizás porque ya sabemos que en poco tiempo se desataría lo peor.

Todos los personajes tienen un cúmulo de características bien específicas que les permiten dejar una determinada huella en el presente o en el pasado. Transcurra el tiempo que transcurra, pareciera ser que los acontecimientos y las experiencias no los han cambiado en absoluto. Como si fuera el código familiar, morderse la lengua antes que decir lo que se supone será un error irreparable.

Mientras la sala de costura confecciona diferentes vestuarios, la novela es esperada como espacio que reconforte un poquito, y las mentiras irán saltando como un resorte infinito.

¿Cómo hubiera sido esta familia si decidía hablar en su momento y no guardarse nada?

Quizás nunca se sepa o quizás podría tratarse de la misión imposible de reconstruir el año anterior al Golpe del 76´ en que todo era tan incierto como las muertes, sin piedad, que se desataban.

Un lecho que no es de rosas sino todo lo contrario, un mueble que aloja a un matrimonio que no se quiere en absoluto. Acá radica el origen de la sucesión de problemas futuros que se fueron avecinando como lluvia con granizo.

El elenco es increíblemente poderoso, convincente y con la función precisa de no defraudar a los espectadores que ya conocen la pieza dirigida por Agustín Alezzo. Un doble desafío del que, al parecer, salen ilesos estos grandes artistas.

Después de ver En boca cerrada es posible que no tengas demasiado filtro. Es preferible expresar que callar. Porque se dice que: el que calla, otorga; y si de algo podemos estar seguro es que eso no siempre es tan así.

Mariela Verónica Gagliardi

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Mi lengua se tuerce por no declarar”.

Aprendí a mentir, cualquier sentir, a destrozar la ilusión de un semejante”.

Viva la careta, la burla, el desparpajo y la impunidad, vivan las sonrisas falsas con dientes falsos”.

Voy a decir las primeras y las últimas verdades: ¡la mentira!”

Talento y más talento es lo que hace de ¡Viva la mentira! (dirigida por Aimé Percícula) una obra teatral muy buena, en la que los diferentes matices se complementan, se fusionan, se agrupan y disuelven. Todo es posible cuando la elección de texto es deleitosa, variada y sin producirse altibajos durante la función.

La ironía es el ingrediente principal y fundamental para que nos podamos reír (hasta el hartazgo) de la muerte, hacerle pito catalán, demostrarle que es una pavada temerle por anticipado así como tenerle lástima a los seres más desfavorecidos.

Viva la mentira refortalece una vez más la noción de hipocresía, dejando en evidencia al humano y su complacencia.

Desde los coloridos y específicos vestuarios que luce cada una de las actrices, hasta los objetos que utilizan (no solo para decorar sino más bien para componer sus personajes y remitirse a momentos determinantes) hacen relucir aún más sus dotes.

Cada sketch no es un abrir y cerrar de ojos sino una puerta que se abre lentamente para luego conectarse con la habitación de al lado y hacernos dar cuenta que, en verdad, no estamos observando desde afuera, sino desde el lugar en que se desarrollan tales atrocidades, sentires, gritos, súplicas y sufrimientos.

Resulta que no todo está en la cosmopolita ciudad de Bs.As, sino mucho o casi todo. Quizás sus grandes teatros, espacios artísticos y amplias avenidas cumplan la misión de distorsionar la realidad. Y con esto no quisiera hacer una escala de valores, sino poner en evidencia que en el Conurbano existe un semillero de actores que son súper talentosos, que reman a diario contra viento y marea, que inauguran espacios en diferentes sitios y pueden no solo darse el gusto sino vivir de su amada profesión.

Hace unos meses conocí Ubuntu -un pequeño y gran lugar que se dedica exclusivamente al teatro- en pleno centro de Ramos Mejía. Y lo que sucede con este barrio es que me remite a mi infancia, a mi adolescencia y ahora a mi adultez. Porque es un entorno precioso y en el que tuve la posibilidad de conocer al grupo Las Torcidas, un elenco que actualmente está girando con una obra genial, en la que cuatro actrices (Mara Nievas, Nadia Saade, Mercedes Fittipaldi y Lina Ferrari) interpretan monólogos de Alejandro Urdapilleta: La hija de la mucama, La mamanis, La llorona y Los caminos que conducen a los ataúdes.

Y sí, hay demasiado humor por todos lados, pero el bueno no abunda y, considero que interpretar al genio de Urdapilleta no es nada fácil. Fue así como cada una de las actrices compuso de pies a cabeza un personaje y ocurrió algo sensacional: como si se tratara de cuatro completas desconocidas, se pelearon, se disputaron, se cruzaron, se corrieron del medio y todo en pos de unos segundos más de fama.

No quisiera ponerme a juzgar quién estuvo mejor que quién porque cada una de las mujeres supo transgredir y traspasar la escena para conectarse con lo más profundo de su monólogo y situación. Entonces, en todo caso, sería una crítica injusta ya que por gusto personal podría escoger un relato que me agrade más y eso me derive en señalar a la mejor actriz.

¿Qué sucede cuando un cuerpo expresa desde la voz y lo gestual, completamente?

¿Qué pasa cuando vemos a una niña en el cuerpo de una mujer, a una viejita en el cuerpo de una joven, a una linyera arrastrando la vida y viéndola pasar?

Ahí está Urdapilleta pero un poco más moderado, no tan cruel. Podríamos decir que un tono más familiar, como para que alguien que jamás lo vio y/o escuchó, pueda no salir despavorido.

Sus extremidades se desplazan, se aferran al suelo o separan de él. De repente podemos imaginarnos estar en el sitio al que nos trasladan cada uno de sus recursos aplicados. Pareciera ser que la venganza se fue apoderando, con el tiempo, para no soltarlas jamás.

A su vez, el resentimiento es la gasolina perfecta para que estas locas de atar puedan sacar a flote sus planes macabros, hacernos descostillar de la risa y darnos la oportunidad de sentir al humorista ahí.

Mariela Verónica Gagliardi