*** Octubre 2017 ***

viva-la-mentira1

Mi lengua se tuerce por no declarar”.

Aprendí a mentir, cualquier sentir, a destrozar la ilusión de un semejante”.

Viva la careta, la burla, el desparpajo y la impunidad, vivan las sonrisas falsas con dientes falsos”.

Voy a decir las primeras y las últimas verdades: ¡la mentira!”

Talento y más talento es lo que hace de ¡Viva la mentira! (dirigida por Aimé Percícula) una obra teatral muy buena, en la que los diferentes matices se complementan, se fusionan, se agrupan y disuelven. Todo es posible cuando la elección de texto es deleitosa, variada y sin producirse altibajos durante la función.

La ironía es el ingrediente principal y fundamental para que nos podamos reír (hasta el hartazgo) de la muerte, hacerle pito catalán, demostrarle que es una pavada temerle por anticipado así como tenerle lástima a los seres más desfavorecidos.

Viva la mentira refortalece una vez más la noción de hipocresía, dejando en evidencia al humano y su complacencia.

Desde los coloridos y específicos vestuarios que luce cada una de las actrices, hasta los objetos que utilizan (no solo para decorar sino más bien para componer sus personajes y remitirse a momentos determinantes) hacen relucir aún más sus dotes.

Cada sketch no es un abrir y cerrar de ojos sino una puerta que se abre lentamente para luego conectarse con la habitación de al lado y hacernos dar cuenta que, en verdad, no estamos observando desde afuera, sino desde el lugar en que se desarrollan tales atrocidades, sentires, gritos, súplicas y sufrimientos.

Resulta que no todo está en la cosmopolita ciudad de Bs.As, sino mucho o casi todo. Quizás sus grandes teatros, espacios artísticos y amplias avenidas cumplan la misión de distorsionar la realidad. Y con esto no quisiera hacer una escala de valores, sino poner en evidencia que en el Conurbano existe un semillero de actores que son súper talentosos, que reman a diario contra viento y marea, que inauguran espacios en diferentes sitios y pueden no solo darse el gusto sino vivir de su amada profesión.

Hace unos meses conocí Ubuntu -un pequeño y gran lugar que se dedica exclusivamente al teatro- en pleno centro de Ramos Mejía. Y lo que sucede con este barrio es que me remite a mi infancia, a mi adolescencia y ahora a mi adultez. Porque es un entorno precioso y en el que tuve la posibilidad de conocer al grupo Las Torcidas, un elenco que actualmente está girando con una obra genial, en la que cuatro actrices (Mara Nievas, Nadia Saade, Mercedes Fittipaldi y Lina Ferrari) interpretan monólogos de Alejandro Urdapilleta: La hija de la mucama, La mamanis, La llorona y Los caminos que conducen a los ataúdes.

Y sí, hay demasiado humor por todos lados, pero el bueno no abunda y, considero que interpretar al genio de Urdapilleta no es nada fácil. Fue así como cada una de las actrices compuso de pies a cabeza un personaje y ocurrió algo sensacional: como si se tratara de cuatro completas desconocidas, se pelearon, se disputaron, se cruzaron, se corrieron del medio y todo en pos de unos segundos más de fama.

No quisiera ponerme a juzgar quién estuvo mejor que quién porque cada una de las mujeres supo transgredir y traspasar la escena para conectarse con lo más profundo de su monólogo y situación. Entonces, en todo caso, sería una crítica injusta ya que por gusto personal podría escoger un relato que me agrade más y eso me derive en señalar a la mejor actriz.

¿Qué sucede cuando un cuerpo expresa desde la voz y lo gestual, completamente?

¿Qué pasa cuando vemos a una niña en el cuerpo de una mujer, a una viejita en el cuerpo de una joven, a una linyera arrastrando la vida y viéndola pasar?

Ahí está Urdapilleta pero un poco más moderado, no tan cruel. Podríamos decir que un tono más familiar, como para que alguien que jamás lo vio y/o escuchó, pueda no salir despavorido.

Sus extremidades se desplazan, se aferran al suelo o separan de él. De repente podemos imaginarnos estar en el sitio al que nos trasladan cada uno de sus recursos aplicados. Pareciera ser que la venganza se fue apoderando, con el tiempo, para no soltarlas jamás.

A su vez, el resentimiento es la gasolina perfecta para que estas locas de atar puedan sacar a flote sus planes macabros, hacernos descostillar de la risa y darnos la oportunidad de sentir al humorista ahí.

Mariela Verónica Gagliardi

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: