*** Octubre 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘Gonzalo Demaría’

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La infamia tiene cara de mujer

Juegos de amor y de guerra1

Ficha Juegos de amor y de guerraGonzalo Demaría es uno de los mejores dramaturgos que existen. Lo afirmo y confirmo sin soberbia sino con total honestidad. Él es capaz de contar un hecho, un acontecimiento o su propia versión de un escritor y darle una impronta como para convertirla en historia.

En esta oportunidad, Juegos de amor y de guerra, nos narra una época recordada como Infame por el Golpe de Estado del 43 en que se pone fin a la presidencia de Ramón S Castillo (1940-1942). La acción se ubica en 1942.

Pero lo más interesante de la obra de teatro no se basa en los detalles políticos y militares, sino en una historia de amor en la que queda inmersa una familia entera. Una familia que dará qué hablar de principio a fin.

Por eso, el elenco con Luisa Kuliok y Diego Mariani a la cabeza podrán ir sacando los trapitos al sol de los personajes que caracterizan y contando las miserias que tienen bien adentro. Porque esta mujer y este hombre representan clases sociales opuestas que lucharán, incansablemente, arriesgándolo todo. ¿Por amor?

Militares, ideas demasiado conservadoras, tiranía, persecusión por ser “diferente”, más dolor y más uniformes por doquier pretendiendo ocupar los cuerpos inocentes en pos de la homogeneidad.

Asco y más asco a esa sociedad que a veces quisiera replicarse sin que “nadie” se de cuenta. Ideas que solo producen rupturas inexplicables y que pretenden demostrar quién tiene el poder.

Una mujer que quiere casar a su hija con un Teniente, dejando de lado los escrúpulos y dejando en evidencia quién es en verdad. A ella parece no importarle demasiado si avanza hacia una u otra dirección porque lo que la mantiene en pie es su condición de millonaria, de señora de clase. Y nada más.

Sus tapados y ropa fina le permiten seducir a quien desee, aunque no convencer como quisiera con sus pobres argumentos.

Una hija (que no está en escena), un hijo manipulado a gusto y piacere de quienes manejan sus hilos, un artista francés que por lucir no tan masculino es perseguido y maltratado. Sangre, muertes y un modelo empecinado en convertir las desigualdades en un molde único.

Espanto y más espanto para quienes se creen con derecho a invertir su tiempo, energía y dinero en utilizar el poder en algo tan mafioso y perverso.

No puedo dejar de pensar en el gran personaje que encarna Sebastián Holtz, en su forma de desplazarse en escena, en su interpretación y canto. Es único, es perfecto. Realmente un rol exquisito para degustar cada vez que interviene.

En cuanto a Luisa Kuliok resulta encantador tener a la diosa de las telenovelas actuando frente a nosotros porque sigue demostrando que una simple mirada, un tenue movimiento o un grito inesperado significan un antes y un después. Ella se luce deleitosamente bien sola o acompañada. Apasionada o ultrajada.

Es atrapante la dramaturgia y la forma en que Oscar Barney Finn la dirige, otorgándole un ritmo muy a su estilo y las pausas en los momentos oportunos. Así se puede disfrutar de Juegos de amor y de guerra sin perder detalle alguno. Contemplando cada diálogo, cada instante… como haciendo que todas las escenas perpetúen en el tiempo.

El resto del elenco acompaña realmente bien y, entre todos, conforman una novela dramática. Con respecto a la escenografía (a cargo del talentoso Alejandro Mateo), es sutil y minimalista, permitiendo fusionar las actuaciones con la misma y no dejándola como parte de un decorado. A esto se suma un vestuario divino que ubica en tiempo y espacio al espectador, junto a la iluminación impecable que recorre el pasado y presente sin inconvenientes.

La sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación le calza justo a esta obra y se observa a cada uno de los actores desde el lugar que se esté. Una historia para reflexionar, para sentir que el tiempo venidero no tiene por qué repetir el pasado. Porque todo lo pasado no siempre fue mejor y el futuro puede construirse con otros ladrillos más imperfectos, únicos, y elegidos por seres que aman la vida; no que quieren destruirla.

¿Alguien que se ama puede aniquilar?

¿Alguien que se respeta puede faltar el respeto?

¿Alguien que tiene una familia puede decidir por ella?

Años después llegaría la Guerra, El Golpe de Estado, la sucesión de gobiernos de facto y una ideología que junta más polillas que sabiduría. Una ideología que mató, mata y matará mientras se la siga repitiendo como verdad.

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Más papistas que el Papa?

dont-cry-ceferino

ficha-dont-cry-ceferinoEn un pueblo de la Patagonia Argentina hay un hotel en el que se hospeda todo aquel transeúnte que visite la zona o esté de paso. Allí, hay una foto de Ceferino Namuncurá, como referencia al santo de los milagros. De hecho, todos los años, un gran caudal de personas acuden para orarle, recordando a la primera mujer que sanó de cáncer.

Nuevamente, Gonzalo Demaría, sorprende con una de sus propuestas en que el grotesco se apodera de la historia para darle un revés totalmente inesperado.

Como si se tratara de un cacique que viene a transmitir la palabra de Dios, a dar pena, a crear sentimiento de culpa y a otorgarle a cada creyente la ilusión perdida en sus vidas.

Muy al estilo de la película Nueva Reinas, todo irá in crescendo hasta que la mentira se convierta en algo imposible de sostener y le explote en la cara al más perverso.

Don´t cry Ceferino (con dirección de Alejandro Giles) es la posibilidad de convertir una realidad en ficción y de otorgarle a los más débiles un mensaje publicitario.

Se dice que la publicidad se encarga de manipular y crear necesidades que no son en verdad tales. Este vendría a ser parte del argumento de la presente dramaturgia: el pintarle lágrimas a Ceferino y, así, sentirlo más vivo que nunca.

Hay quienes solo creen en lo que ven…quizás por eso es que resultará tan verosímil esta puesta en escena y cada uno de sus diálogos.

Mientras un sacerdote y un médico se alojen en este hotel del interior, todo podrá suceder y la última acción hará cambiar el comienzo.

Ya no habrá, entonces, más víctima que la ignorancia y rifle que pueda matarla.

Habrá quien se enamore de lo fugaz, quien elucubre con tal de llenarse los bolsillos de dinero y quien trame historias por doquier.

En cuanto la música se haga presente, una ola de frescura podría apoderarse de los más ingenuos y despertar la conciencia de los adormecidos.

¿Qué decir del elenco?

Realmente vale la pena prestarle atención a artista, a su alto nivel de actuación y a la esencia que consiguen interpretar de comienzo a fin.

Con respecto a este género, sabemos que no abunda y que lo bueno es mínimo en el teatro.

Es como si ingresáramos de lleno a un sitio detenido en el tiempo, en el que la quietud es lo primordial, al igual que la serenidad y, de un momento a otro, la locura y cada exabrupto le darán un sacudón de bienvenida.

Los habitantes pasarán de conformarse con poco a ponerle pimienta a sus días. Así, el regocijo y la satisfacción los harán notablemente distintos, al menos por un tiempo.

En cuanto al motor que mueve toda la historia, como mencioné anteriormente, se basa en la fe. Esta necesidad de pedirle a un superior, se torna más importante que cualquier bien material. Entonces, Demaría viene a demostrar que realmente el vil metal sigue predominando por sobre todo acto de suplicio a Dios.

Así, el deseo sobrepasará a cualquier copa de alcohol y el ser buen anfitrión ya no será tan frecuente como solía serlo.

Un ser superior a otro y la cura en manos de depredadores. Esto será el nuevo motor de cambio que, como se sabe, no siempre será lo mejor y más positivo. ¿Revolución?

Mariela Verónica Gagliardi

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El Imperio de la Cirugía

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¡Que Roma recompense con su amor a los que han sobrevivido, y que los muertos reciban sepultura con sus antepasados!

(Tito Andrónico)

ficha-sangre-sudor-y-siliconasCuando supe que existía Sangre, sudor y siliconas (basada en Tito Andrónico de Shakespeare, escrita y dirigida por Gonzalo Demaría) no dudé un instante en ir a verla. Su título atractivo me cautivó aún antes de saber su argumento, su autor, su estilo y demás cuestiones que hacen a una dramaturgia.

Pero, al conocer que se trataba de una pieza basada en Tito Andrónico (de William Shakespeare) y que Gonzalo Demaría sería su director; me zambullí completamente en Hasta Trilce.

Debo confesar que es una historia sin igual, que divide al público en dos y que, seguro seguro, hará que existan quienes adoren como quienes odien esta versión.

Me coloqué en primera fila, para no perderme ningún detalle y, luego, pude sentir cada sonido repercutiendo en mi cuerpo de una forma tan interna que puedo afirmar cómo el ambiente gauchesco y científico se unieron a la guerra y batalla de cortar cabezas y dar nacimiento a la menos pensada criatura “humana”.

Un gran show de poética, música, canto y coreografías que se van sucediendo cuando menos lo creamos posible.

El emperador romano murió y su lugar fue ocupado por Saturnino. A partir de aquí, quienes conozcan el libro, sabrán como prosigue la acción y su sanguinario desenlace. Hay quienes dicen que es el escrito más feroz de Shakespeare y asiento con la cabeza, sin pretender perderla.

La venganza, el honor, los celos y la sed de poder están presentes durante toda la historia. Ilustrando con objetos pintorescos, diferentes sonidos e iluminación; Sangre, sudor y siliconas merece estar en cartel por mucho tiempo. Así lo grito y así lo siento. Porque los clásicos merecen una vuelta de tuerca y que los espectadores abran sus sentidos, que no piensen en ir a una función donde se transmite literal un libro memorizado. Se trata de asistir como público activo, pensante y teniendo presente el argumento para, después, poder sacar las conclusiones pertinentes. No es requisito saber de qué trata, aunque tener conocimiento otorga un plus muy interesante.

Saturnino y Bassiano (hermanos e hijos del difunto) discuten por los derechos romanos, por el poder. Pero es Marco (hijo de Tito Andrónico) quien defiende a su padre y recuerda toda la sangre derramada en defensa del pueblo.

Hasta aquí pareciera ser solamente un tragedia y drama tradicionales. Aunque, unos instantes después el surrealismo y el grotesco se apoderarán de los encantadores personajes que son encarnados por actores de altísima talla. Solo así este formato puede resultar impactante y permitir la carcajada constante de quienes ingresan (y deciden hacerlo) en el código de Demaría.

Ya en esta escritura de Shakespeare aparece vivo lo que tanto cautiva: esos espíritus que renacen, una y otra vez, reviviendo las culpas y los errores cometidos al respirar: “Dadnos a uno de los prisioneros godos para cortar sus miembros y quemar (…) para que sus espírituds descansen, eternamente, y nosotros no seamos atormentados con sus apariciones”.

Mientras tanto, Tamora (una femenina, temerosa y particular dama) se hará presente con sus boleadores, sorprendiendo a todo instante. El impacto al chocar contra el piso hará resonar la sala e invitarnos a estar de su lado. En verdad, cada personaje tendrá esa misión. Ella cuestiona en un momento: “¿Deben ser descuartizados y quemados mis hijos en vuestras calles por haber defendido a su patria?”

Las mujeres, en esta oportunidad, son puestas como plato principal de disputa, como objetos mercenarios que desean poseer unos y otros sin interesar (o incluso importar) quién es cada una.

Lavinia (hija de Tito) está prometida con Bassiano, sin embargo, es el mismísimo padre quien desea (por cuestiones de negocios) concedérsela a Saturnino. Así resultarán batallas campales, cortes de cabezas como ya se conoce y los órganos de quienes menos pueden defenderse. Pero… es Tamora también escogida por Saturnino como futura emperatriz y, aquí, nos encontramos con dos mujeres que aún no están enteradas de dicha situación, mujeres que pertenecen a estratos diferentes (una a Roma y otra a los godos).

Indios prisioneros que querrán cambiar su suerte y el sentido de los versos que evocarán. Seres subordinados que pretenderán abandonar ese lugar, mientras el sanguinario Tito hará de las suyas en una clínica de estética.

Culturas Incas milenarias que vienen a recordarnos que existen y que no todo, para ellos, está perdido.

Unos a otros irán salvando o hundiéndose, en pos de sus intereses o hermandad. Todo sucederá tan rápido que no habrá tiempo para objetar una u otra decisión, sino para disfrutar de una obra excelente y disparatada, con un elenco increíble que se devorará el escenario. Habrá quien decida sacrificar una extremidad u otra, mientras que la peor trampa se servirá en platos grandes.

¿Será el destierro la mejor oportunidad para salir ileso?

¿Podrán los godos imperar por sobre los romanos? Digo: ¿La cirugía estética por sobre la humanidad? ¿Fue más sanguinario el Imperio Romano o lo es, en la actualidad, todo diseño o la búsqueda hacia una añorada perfección inexistente?

Hijos engendrados con marcas imposibles de borrar, muerte y más muerte. Como una pincelada que pretende tachar lo que no conviene. Todo, absolutamente todo, volará por los aires hasta que lo menos probable suceda ante nosotros.

Asesinar por venganza, asesinar por honor, por dignidad o por temor a ser aniquilado.

Sangre, sudor y siliconas es una obra de teatro surrealista, en la que dos escenarios posibles son fusionados, perpretados en el tiempo y con la grandeza de quienes pueden hacer lo que quieran, como quieran y arrastrando sus cuerpo hasta resurgir en el instante que todo parece calmo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un melodrama argentino

Deshonrada

Deshonrada (escrita por Gonzalo Demaría y dirigida por Alfredo Arias) se reestrenó en el Teatro Cultural San Martín y fue una función a sala llena en que el mal clima no nos privó de ver esta excelente pieza artística.

Las dos tonalidades que aparecen durante toda la historia son el blanco y negro. Como antítesis, como opuestos, como posibles enemigos y como oportunidad de exhibir el cine expresionista a través de un escenario, dotado de toda la magia que encarnan sus protagonistas. Es deslumbrante el movimiento que se va creando a partir de la puesta en que lo estático cobra vigor y se desplaza sin siquiera hacerlo. A su vez, los actores llevan adelante una interesante coreografía (no en sentido de bailarines) en que sus cuerpos aparecen de un extremo u otro provocando un ilusionismo increíble.

En los años veinte nace la actriz Fanny Navarro, una artista muy aplaudida por algunos y vapuleada por otros tantos.

Como la escena en que Guido Samsa despierta siendo alguien completamente diferente a quien era, así está ella. Desconcertada, sin comprender por qué la vida le responde de esa manera.

Durante el segundo gobierno de Perón, Fanny fue detestada hasta por éste. Ella ya famosa y reconocida en el ambiente no tenía la simpatía de las principales figuras políticas. Pero, la propia Evita la defendía constantemente. Al fin de cuentas era su cuñada, mujer de su hermano Juan (conocido como Juancito o Pebete). Su principal apodo era Jabón Lux haciendo alusión a que lo usaban nueve de cada diez estrellas.

Si bien algunos la tildaban de trepadora, cuando ella conoció a Juancito ya era reconocida, motivo por el cual se comprende la necesidad que tenían de ensuciar su nombre.

En la década del 30′ integró una opera en el teatro colon (encabezada por Claudia Muzzio), protagonizó la película Ambición (de Adelqui Millar) e inclusive fue tapa de la revista Antena en 1941.

Alejandra Radano se viste de ella e interpreta a una Fanny bien caracterizada de pies a cabeza, que logra hasta su modo de hablar, de vocalizar y de ser.

Ella duerme hasta que un oficial conocido como Gandhi(Marcos Montes) la saca de su casa repentinamente. Luego, aparece en una sala donde debe no sólo declarar sino responder a cuestiones que ni siquiera ella sabe.

Pero lejos de convertirse en una obra dramática exclusivamente, esta pieza teatral tiene muchos tintes de comedia, con lo cual se trata de una comedia dramática exquisita -sin dejar de lado al melodrama- en que los años cincuenta están muy bien retratados.

El discurso de ambos fluye como el agua y existen momentos en que las pausas les permiten mostrarse como son, darle lugar a Radano para que cante y detalle quién fue en aquel entonces y conformar una historia deleitosa.

La puesta en escena en que ambos cuerpos se separan, caminan a la par y se confluyen como energías diferentes y simbióticas a la vez, da garantía de la profesionalidad tanto de los actores como del resto del elenco. Esos pasos que marcan distancia y encuentro, que son necesarios para presentar el código de la danza que prescinde de la palabra. Aquella palabra que, en este caso, solo trae más discordia y malos entendidos.

Además de las cuestiones de historia argentina y de la vida de esta artista, existe un juego muy interesante a nivel escénico en el que el mundo del teatro hace su aparición y los dos actores le sacan provecho a la situación.

Dicha fusión entre ficción y realidad se vuelve completamente importante, atrapante y el suspenso va creando las atmósferas necesarias como para que lo trágico y lo subrealista aparezcan y desaparezcan junto a los juegos de iluminación, de modo tan suave como los vestigios que dejan los pasos de estos transeúntes de la vida.

Existen varias escenas fuertes y que provocan desconcierto, quizás, de quienes no conozcan los entretelones de la vida privada de Fanny Navarro. Y para quienes sí saben de qué se trata, las sensaciones son aún más escalofriantes. Por qué tuvo que aguantar ser maltratada de diferentes formas porque a un grupo de militares y de dementes se les ocurrió que ella era culpable de ciertos asuntos de corrupción o de los caprichos eogístas de personas inoperantes.

Un día como cualquier otro se convirtió en penumbras imposibles de borrar de la mente y el corazón de Fanny. Su amado, quien había muerto (los militares aliado de Aramburu reiteraban que fue asesinado), no tuvo un descanso en paz. El Capitán Gandhi (César Fernández Albariño) hizo traer la cabeza del difunto y se la presentó, envuelta en papel de diario. De ahí en más la actriz comenzó a hundirse a ir de mal en peor. Su situación económica fue decreciente al igual que su salud.

Deshonrada permite sonreír, emocionar y llorar por la impotencia que siente Fanny Navarro -una mujer que tuvo el “pecado” de querer ser libre durante la dictadura-. Mientras sus vestuarios negros y su pelo la muestran cuasi desapercibida, su voz evoca el pasado, sus mejores momentos y el dolor de no poder defenderse de un impostor… mejor dicho, de un mecanismo torturador que disfrutaba de la desgracia ajena.

Un gran homenaje a la artista que ni siquiera fue querida por Daniel Tinayre (el director de la película Deshonra, protagonizada por ella misma).

Demasiado para un solo cuerpo, para un solo corazón y para una trayectoria artística que fue cuestionada por muchos.

El daño se concretó y jamás volvió a ser la misma joven llena energía y entusiasmo.

Dramaturgia: Gonzalo Demaría. Elenco: Alejandra Radano, Marcos Montes. Director: Alfredo Arias. Funciones: de miércoles a domingo, 20.30 hs. El Cultural San Martín.

Mariela Verónica Gagliardi

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Promo para “Perdón por ser tan puta”

Ficha técnico artística

Libro: Gonzalo Demaría / Actúan: Andrés Espinel, Mariana Jaccazio, Pablo Juin, Emanuel Robledo Ortíz, Maximiliano Tamborini /Músicos: Gonzalo Fuertes, Gerardo Gardelin, Fernando Valles / Vestuario: Alejandra Robotti / Escenografía: Fabián Mancina / Diseño de luces: Ariel Ponce / Diseño sonoro: Guillermo Pérez / Música original: Gerardo Gardelín / Letras de canciones: Gonzalo Demaría / Fotografía: Ana Laura Devanna, Benjamín Furland, Mario Ruggero / Diseño gráfico: Diego Crocca / Asistencia de escenario: Silvia Otero, Chechu Vargas / Prensa: Alejandra Benevento / Arreglos musicales: Gerardo Gardelín / Producción ejecutiva: Maximiliano Tamborini / Producción general: Mariana Jaccazio / Jefe de escenario: Adriana Cuellar / Coreografía: Alejandro Ibarra / Dirección musical: Gerardo Gardelín / Dirección: Alejandro Ibarra / Teatro El Cubo (Zelaya 3053 – C.A.B.A) / Las funciones son los sábados a las 23.30 hs. Última función el 8 de diciembre / Localidades $ 80 y $110 / Duración: 60 minutos.

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Perdón por ser tan puta

 MARIANA JACCAZIO

Ganadora Premio Hugo

Mejor Intérprete Femenina Circuito Off

en

“PERDON POR SER TAN PUTA”

sábados 23.30hs

Teatro El Cubo (Zelaya 3053 – C.A.B.A)

con

Pablo Juín – Andrés Espinel  – Jorge Moliniers – Emmanuel Robredo Ortiz – Maxi Tamborini

Música Original: Gerardo Gardelín / Libro y letras: Gonzalo Demaría / Dirección general y coreografía: Alejandro Ibarra / Ganadora  Premio Trinidad Guevara  Música Original Gerardo Gardelin / Entradas $50 y $80.

PROMO 2×1

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