*** Diciembre 2018 ***

Entradas etiquetadas como ‘Hasta Trilce’

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Bordando historias

Nina

Patricia Suárez tiene el don de escribir dramaturgias reales, de esas que se pueden tocar, oler y sentir. Cada vez que leo o presencio una de sus creaciones, me elevo en el aire como si consiguiera en sus textos nuevos paradigmas y nuevos modos de interpretar cuestiones ya conocidas pero poco exploradas.

En esta oportunidad, Ana Padilla, a quien admiro profundamente; recrea a un personaje encantador de Chéjov. Pero, lo interesante es que podría afirmarse una doble autoría ya que la autora le otorga otra mirada y recorrido.

“Nina” (escrita por Patricia Suárez y dirigida por Jorge Diez) nos invita a bordar historias pasadas y presentes del universo chejoviano. Podemos sentirnos en distintas épocas con solo abrir y cerrar los ojos. Con mirar el rodete perfecto que tiene la protagonista, junto a su vestuario antiguo y gastado (gran acierto el no darle una ropa nueva y brillante). Así, cada paso que Nina da en escena nos traslada a sus mejores momentos o a aquellos en que sufrió desgarradoramente pero así y todo siguió adelante por tal o cual motivo.

La dulzura de sus palabras nos permite viajar a su lado bien agarraditos. Ella es la encargada de un guardarropa pero, a su vez, tenemos el agrado de que interprete sus sentires. Hoy es la noche en que se interpreta Tres hermanas, pero ella decide hacer una versión autobiográfica.

Nosotros seríamos una suerte de público que se deslumbra con cada retazo de tela que cobra vida a cada instante.

El espacio escénico circular le otorga movimiento desde el momento en que ingresamos a la sala y, cada parte del mobiliario esta a disposición de ella para que juegue, mueva o desplace a su antojo.

Ella recuerda a quien pertenece cada saco o tapado. Quién está detrás de una suavidad o aspereza, de un color opaco o brillante.

Bolsillos gastados, telas deshilachadas, perchas que ya no soportan el peso y el relato de una mujer que está feliz y cansada a la vez. Esta es Nina, una mujer que fue madre, que fue compañera y pareja. Que no se animó, quizás, a cumplir su sueño de actriz, que permaneció en un detrás de escena pero que ahora devela sus misterios.

Imposible no lagrimear en determinados momentos del unipersonal. Imposible no aplaudirla cuando sube los peldaños para descolgar un vestuario, imposible no pedir que siga rodando por diferentes salas de teatro transmitiendo su pequeña y gran vida.

Cautivar no es sencillo y Nina lo logra, esta Gaviota lo consigue porque tiene alas que se despliegan por donde quiere, porque parece ya no temerle a nada. Porque cuando se toca fondo se puede morir o renacer y ella consiguió lo segundo.

Ana Padilla es arte, es lo que le hace falta al teatro siempre. No lo digo por cumplido sino por honestidad. Puede interpretar un personaje o varios de diferentes géneros. Tal es así que en esta puesta el espectador puede emocionarse, reír, sonrojarse, angustiarse y sentirse identificado con cada partecita de su monólogo.

Ya que me refiero a esto último, cabe resaltar que no parece una sola voz sino muchas: las de antes, las de ahora y las que, posiblemente, llegarán en el futuro. No es un monólogo, es un diálogo con ella misma, con su vestidor, con el público del teatro que fue a ver a Chéjov y con nosotros. Con la Nina que se enamoró y la que sufre en esos años. La que amó y la que guarda recuerdos como en cajitas de cristal.

Un paso, otro más y sus anécdotas compartidas. Sus más sinceros momentos que comparte con desconocidos, los mismos que aplauden, que aplaudimos. El fracaso de La gaviota de Anton Chéjov no le cae en peso, Nina, nuestra Nina, cae con ventaja. Patricia Suárez y Jorge Diez la hacen triunfar desde un comienzo. Le permiten planear por sobre nuestras cabezas, por sobre nuestros ideales y dejarla ser quien ella quiere, sin ataduras.

Teatro Hasta Trilce

Funciones: Lunes 19:45 hs

Mariela Verónica Gagliardi

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El Imperio de la Cirugía

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¡Que Roma recompense con su amor a los que han sobrevivido, y que los muertos reciban sepultura con sus antepasados!

(Tito Andrónico)

ficha-sangre-sudor-y-siliconasCuando supe que existía Sangre, sudor y siliconas (basada en Tito Andrónico de Shakespeare, escrita y dirigida por Gonzalo Demaría) no dudé un instante en ir a verla. Su título atractivo me cautivó aún antes de saber su argumento, su autor, su estilo y demás cuestiones que hacen a una dramaturgia.

Pero, al conocer que se trataba de una pieza basada en Tito Andrónico (de William Shakespeare) y que Gonzalo Demaría sería su director; me zambullí completamente en Hasta Trilce.

Debo confesar que es una historia sin igual, que divide al público en dos y que, seguro seguro, hará que existan quienes adoren como quienes odien esta versión.

Me coloqué en primera fila, para no perderme ningún detalle y, luego, pude sentir cada sonido repercutiendo en mi cuerpo de una forma tan interna que puedo afirmar cómo el ambiente gauchesco y científico se unieron a la guerra y batalla de cortar cabezas y dar nacimiento a la menos pensada criatura “humana”.

Un gran show de poética, música, canto y coreografías que se van sucediendo cuando menos lo creamos posible.

El emperador romano murió y su lugar fue ocupado por Saturnino. A partir de aquí, quienes conozcan el libro, sabrán como prosigue la acción y su sanguinario desenlace. Hay quienes dicen que es el escrito más feroz de Shakespeare y asiento con la cabeza, sin pretender perderla.

La venganza, el honor, los celos y la sed de poder están presentes durante toda la historia. Ilustrando con objetos pintorescos, diferentes sonidos e iluminación; Sangre, sudor y siliconas merece estar en cartel por mucho tiempo. Así lo grito y así lo siento. Porque los clásicos merecen una vuelta de tuerca y que los espectadores abran sus sentidos, que no piensen en ir a una función donde se transmite literal un libro memorizado. Se trata de asistir como público activo, pensante y teniendo presente el argumento para, después, poder sacar las conclusiones pertinentes. No es requisito saber de qué trata, aunque tener conocimiento otorga un plus muy interesante.

Saturnino y Bassiano (hermanos e hijos del difunto) discuten por los derechos romanos, por el poder. Pero es Marco (hijo de Tito Andrónico) quien defiende a su padre y recuerda toda la sangre derramada en defensa del pueblo.

Hasta aquí pareciera ser solamente un tragedia y drama tradicionales. Aunque, unos instantes después el surrealismo y el grotesco se apoderarán de los encantadores personajes que son encarnados por actores de altísima talla. Solo así este formato puede resultar impactante y permitir la carcajada constante de quienes ingresan (y deciden hacerlo) en el código de Demaría.

Ya en esta escritura de Shakespeare aparece vivo lo que tanto cautiva: esos espíritus que renacen, una y otra vez, reviviendo las culpas y los errores cometidos al respirar: “Dadnos a uno de los prisioneros godos para cortar sus miembros y quemar (…) para que sus espírituds descansen, eternamente, y nosotros no seamos atormentados con sus apariciones”.

Mientras tanto, Tamora (una femenina, temerosa y particular dama) se hará presente con sus boleadores, sorprendiendo a todo instante. El impacto al chocar contra el piso hará resonar la sala e invitarnos a estar de su lado. En verdad, cada personaje tendrá esa misión. Ella cuestiona en un momento: “¿Deben ser descuartizados y quemados mis hijos en vuestras calles por haber defendido a su patria?”

Las mujeres, en esta oportunidad, son puestas como plato principal de disputa, como objetos mercenarios que desean poseer unos y otros sin interesar (o incluso importar) quién es cada una.

Lavinia (hija de Tito) está prometida con Bassiano, sin embargo, es el mismísimo padre quien desea (por cuestiones de negocios) concedérsela a Saturnino. Así resultarán batallas campales, cortes de cabezas como ya se conoce y los órganos de quienes menos pueden defenderse. Pero… es Tamora también escogida por Saturnino como futura emperatriz y, aquí, nos encontramos con dos mujeres que aún no están enteradas de dicha situación, mujeres que pertenecen a estratos diferentes (una a Roma y otra a los godos).

Indios prisioneros que querrán cambiar su suerte y el sentido de los versos que evocarán. Seres subordinados que pretenderán abandonar ese lugar, mientras el sanguinario Tito hará de las suyas en una clínica de estética.

Culturas Incas milenarias que vienen a recordarnos que existen y que no todo, para ellos, está perdido.

Unos a otros irán salvando o hundiéndose, en pos de sus intereses o hermandad. Todo sucederá tan rápido que no habrá tiempo para objetar una u otra decisión, sino para disfrutar de una obra excelente y disparatada, con un elenco increíble que se devorará el escenario. Habrá quien decida sacrificar una extremidad u otra, mientras que la peor trampa se servirá en platos grandes.

¿Será el destierro la mejor oportunidad para salir ileso?

¿Podrán los godos imperar por sobre los romanos? Digo: ¿La cirugía estética por sobre la humanidad? ¿Fue más sanguinario el Imperio Romano o lo es, en la actualidad, todo diseño o la búsqueda hacia una añorada perfección inexistente?

Hijos engendrados con marcas imposibles de borrar, muerte y más muerte. Como una pincelada que pretende tachar lo que no conviene. Todo, absolutamente todo, volará por los aires hasta que lo menos probable suceda ante nosotros.

Asesinar por venganza, asesinar por honor, por dignidad o por temor a ser aniquilado.

Sangre, sudor y siliconas es una obra de teatro surrealista, en la que dos escenarios posibles son fusionados, perpretados en el tiempo y con la grandeza de quienes pueden hacer lo que quieran, como quieran y arrastrando sus cuerpo hasta resurgir en el instante que todo parece calmo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Jaque mate

Isla Mauricio

No puedo evitar relacionar, al instante, el título de la obra con un político amarillista que días atrás clausuró Hasta Trilce, haciendo que concluya en que su ideología es aniquilar la cultura y hundir a los jóvenes -sobre todo- en un precipicio irrecuperable como comenzó el innombrable.

Después de esta ráfaga, como un pestañeo, logro hacer la fila para ingresar y disfrutar de la primera función de “Isla Mauricio” (escrita por Theresa Rebeck bajo el título Mauritius, adaptada por Carolina Darman y dirigida por Alejandro Casavalle) la cual es una historia que atraviesa varios matices interesantes y a destacar: los valores, la moral y el egoísmo. Los cinco personajes en escena se ven impregnados de estos sentimientos que los trauman, los tocan muy de cerca y los hacen reflexionar de algún modo.

Todo surge a partir de una herencia, poco convencional, que una madre le deja a una de sus hijas. Dos medio hermanas que no crecieron juntas y que no se parecen -a simple vista- y que, sin embargo, son exactamente iguales.

El mundo de la filatelía aparece para ser descubierto y, le interese o no al espectador el tema a tratar, se vuelve atrapante. Nombres de estampillas, de esos pedacitos de papel en miniatura que significan mucho para la hermana más grande (Antonella Scattolini) -la verdadera conocedora junto a su fallecido abuelo, quien no lo era de su hermana- y nada para la más chica. Cómo la palabra valor puede tomar sentido si se la relaciona con lo afectivo o con lo económico. Y cómo ambas mujeres se disputan un álbum, una colección de estampillas mejor dicho, que termina siendo el tesoro salvador.

La República de Mauricio es el nombre original de la isla, que está situada en el Océano Índico y se erige como un verdadero paraíso, con aguas turquesas que bañan la costa y un destino turístico desde hace varias décadas. Por el año 1847, Gran Bretaña emitió dos series de estampillas (de uno y de dos centavos) bajo el nombre: Post office Mauricio y, jamás, se podría haber imaginado que podían valer millones de dólares.

Un comerciante (Abian Vainstein) pasa sus días, comprando objetos que sabe no lo harán rico ni mucho menos y, un joven (Juan Luppi), a diario aparece en su local para encontrar a la persona que traiga aquella estampilla millonaria. A su vez, un comprador intermediario (Ramiro Vayo) va plagando de oscuridad y violencia el panorama, hasta que todo encuentra su cauce.

Quien parece más vulnerable termina convirtiéndose en una fiera para sobrevivir y, tal vez, porque siempre lo fue y disimuló.

Y quien parecía más temerario no sorprende ni atemoriza más de la cuenta.

“Isla Mauricio” es un thriller psicológico que transita por el género policial, abriendo un enorme panorama en que se tendrá que prestar atención a cada detalle, a cada frase y a cada ornamentación que no es meramente un objeto.

Buscar con la lupa aquella que se desea, encontrar una con errores que le puede dar el valor no imaginado, continuar en el campo de batalla para sentirse alguien.

Eso es lo que tienen, también, en común estos personajes. No son felices y creen que el dinero los puede posicionar en un lugar privilegiado, dotándolos de aquellas falencias que no se consiguen con billetes verdes.

Juan Luppi, interpretando a un misterioso joven, lee el diario mientras elucubra sus objetivos, simulando ser genial y para nada interesado y consiguiendo unos remates geniales en muchos momentos de la obra. Es él quien maneja los hilos, conociendo los códigos del negocio, sin tener conciencia y siguiendo adelante, como si el tiempo se terminara y su tiranía lo hiciera decidir perfectamente y sin titubeos.

Carolina Darman, le otorga creatividad suprema a la pieza teatral, convirtiendo la novela dramática de Rebeck en acción, en una historia que mantiene la tensión en todo momento e interpretando a Jackie -quien intimida, propone y dispone de todo lo que se le presenta, manipulando la realidad a su antojo-.

“Isla Mauricio” es como un tablero de ajedrez sobre el que se juegan muchas piezas (estampillas). Cada movimiento no podrá deshacerse como en la era digital. Todo pensamiento plasmado tendrá repercusión y la frialdad, absoluta, de sus tripulantes que ni siquiera precisan embarcarse para navegar en territorio desconocido. ¿O conocido?

Una puesta en escena, sencilla y eficaz, en que los artistas darán lo mejor para contar este interesante recorrido, lleno de diálogos atrapantes y una dirección impecable, dentro de la que nos sentiremos espectadores activos y jugando el juego de la vida. De nuestra propia vida.

Quien no se sienta identificado, que tire la primera piedra.

ficha Isla Mauricio

Mariela Verónica Gagliardi

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Música Argentina en el espejo del aire

NICOLÁS “COLACHO” BRIZUELA – Argentina
NINON VALDER – Francia

MÚSICA ARGENTINA
en el espejo del aire …

Es música argentina lo que nos proponen Ninon y Colacho.
Composiciones propias, sobre ritmos argentinos, con improvisaciones y la poesía de Atahualpa Yupanqui.
Ahí nos encontraremos con folklore, tango e influencias del jazz y de música clásica.

Nicolás “Colacho” Brizuela – Argentina / Guitarra 7 cuerdas,  Stick Chapman,
guitarrista, arreglador, compositor argentino.

Ninon Valder – Francia /  Bandoneón, Flautas y voz
flautista, bandoneonista francesa, apasionada de las músicas del mundo, de jazz y de música clásica y contemporánea.

JUEVES 13 DE DICIEMBRE 21:00hs.
Entrada: $50
Hasta Trilce
Maza 177 – Almagro – CABA

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