*** Septiembre 2019 ***

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El Hipervínculo (Prueba 7)

Proyecto pruebasHoy, la cantidad de información es inconmensurable. La velocidad de la circulación de imágenes crece en forma exponencial. Editamos lo que nos rodea de una forma muy particular. Internet es el dispositivo fundamental de una mutación que se da en todos los niveles. La imagen se volvió el centro de la atención. Convertirse en imagen, ser parte del océano de imágenes, parece movilizar la existencia contemporánea.

El Hipervínculo (Prueba 7) se propone indagar en los nuevos modos de percepción propiciados por las nuevas tecnologías. La multiplicidad, las temporalidades fragmentadas y la simultaneidad alimentan la indescifrable curaduría de lo que percibimos. ¿Cómo dialoga esta tendencia con la materialidad del hecho escénico? ¿Qué resultaría del montaje de imágenes, personajes, mundos e informaciones disímiles? ¿Se puede narrar de manera hipervincular? ¿Narración o curaduría?

Autoría: Matías Feldman

Dramaturgia: Matías Feldman

Actúan: Valentino Alonso, Martín Bertani, Mara Bestelli, Pablo Brignóccoli, Gonzalo Carmona, Maitina De Marco, Delfina Dotti, Eddy García, Nicolás Gerardi, Augusto Ghirardelli, Paco Gorriz, Walter Jakob, Juan Jiménez, Lucila Kesseler, Lina Lasso, Javier Lorenzo, Glenda Maislin, Vanesa Maja, Agostina Maldino, Dora Mils, Aldana Nasello, Ariel Perez De María, Paula Pichersky, Claudio Rangnau, Julieta Raponi, Pilar Rozas, Néstor Segade, Norberto Simone, Luciano Suardi

Vestuario: Lara Sol Gaudini

Escenografía: Cecilia Zuvialde

Iluminación: Alejandro Le Roux

Diseño sonoro: Nicolás Varchausky

Diseño De Sonido: Simón Pérez

Video: Alejandro Chaskielberg

Meritorio De Asistencia De Dirección: Valentina Durante

Meritorios vestuario: Marcos Di Liscia, Inés Zysman

Meritorios escenografía: Sofía Davies, Lara Maria Treglia

Asistencia artística: Juan Francisco Reato

Asistencia de escenografía: Agustina Filipini

Asistencia de iluminación: Verónica Lanza

Asistencia De Producción: Tamara Belenky

Asistencia de vestuario: Ailen Zoe Monzón

Producción: Melisa Santoro

Dramaturgista: Juan Francisco Dasso

Dirección: Matías Feldman

Duración: 160 minutos

Clasificaciones: Teatro, Adultos

TEATRO SAN MARTIN

Av. Corrientes 1530 – CABA

Teléfonos: 0800-333-5254

Web: http://complejoteatral.gob.ar/

Entrada: $ 280 / $ 210 – Domingo, Viernes y Sábado – 20 hs

Entrada: $ 140,00 – Miércoles y Jueves – 20 hs

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Cuando el paso del tiempo es mucho más que eso

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Resulta muy conmovedor asistir a una obra que presenta una temática tan vinculada con pensamientos propios. Sin pretender robar ideas ni apropiar contenidos, asumo que ver Los milagros (escrita y dirigida por Agostina Luz López) es parte de la vida de muchas de nosotras. De varias mujeres que hemos sido niñas, que hemos sufrido, que nos hemos sentido incomprendidas, solas aún en compañía, afines a personas ajenas a nuestras familias e inmersas en un círculo vicioso que, tantas veces, resulta imposible de cortar.

Martina (Martina Juncadella) es la creadora de este universo tan bien plantado, difundido, soslayado y representado. Porque ella recuerda quién fue y quién pretender ser, rememora ciertas escenas de su vida pasada y, para ellos, precisa de colaboradoras. Unas intérpretes de lujo que son, nada más ni nada menos, su madre, abuela y niñera.

Imaginen un mundo cotidiano donde solo las voces son femeninas, donde lo masculino puede ser oído o escuchado solo en la televisión, o leído en revistas o pretendido en los cuentos.

Esta joven es una manipuladora, como todos, una creadora, una innovadora y, al fin de cuentas, una demagoga. Sí, porque, utilizando correctamente el término, narra su historia desde ella misma, tajantemente; y las voces y cuerpos que vemos son ejecutados según sus hilos. Entonces, hace justicia en cada relato, llora cuando no consigue lo que quiere, se encapricha desde bebita y hasta el momento, juega con todo lo que encuentra, permite que su cuerpo dance y se recupere de cada agresión sufrida.

Porque el silencio a veces resulta más dramático que un grito, porque ella necesita tenernos como público pero también como testigos de esos años en que tanto le pasó.

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Los milagros es una comedia dramática, una historia de vida, un tesoro que Martina guardó y quiso compartir con nosotros y, al mismo tiempo, con ella misma. Porque el recuerdo puede ser lo que la memoria permita, al igual que el correr de los años ir transformando el dolor en algo bonito y perdonar lo que en cierto instante parecía irreconciliable.

Con respecto a la escenografía, cabe resaltar su practicidad y belleza. Por momentos es como si estuviéramos viendo dentro de un motorhome pero abierto de tal modo que pareciera ser un biombo desplegado. No existe el perder tiempo ni cambiar un espacio por otro, sino que toda la recreación espacio-temporal está a disposición de las actrices para que se trasladen de un ambiente a otro de la casa, contando agradables anécdotas, discutiendo, bailando, cantando, enloqueciendo y conociendo que la historia de esta familia existe en otras. Que ésta es un ejemplo no por distinguirse, sino por ser natural y por no querer tapar absolutamente nada negativo con ríspidas sonrisas.

Los milagros es la posibilidad de pasar de la risa al llanto en cuestión de una hora. De emocionarse tanto y aplaudir cada uno de los aciertos. Porque la naturalidad con la que interpretan, se fusionan y representan los momentos elegidos por la protagonista; hacen relucir las miradas, sentir que lo malo tuvo incluso una enseñanza y el aprendizaje voraz, como aquella sandía que se devora, o los fideos que se mastican o tragan según la personalidad que se trate. O aquellas tardes en que la telenovela era la escuela prodigio, o aquella incomprensión que rodaba cual regalo de cumpleaños. Todo es la puesta en escena de los recuerdos de Martina. De aquellos que quedaron latentes y quisieron salir a la luz.

Tres generaciones que parecen ser familia, que no parecen actuar sino ser. Una madre y una hija que tienen este vínculo en la realidad real, que se miran y se recriminan hasta el hartazgo. Que son y fueron, que crecieron teniendo asperezas, alegrías y tanto por hacer.

Así, todo el objeto de estudio elegido tiene una cronología, no necesariamente temporal sino temática. Así, solo así esta niña y ahora adulta puede escoger seguir siendo el modelo que pretendieron o escoger su propio camino sin culpas.

Mariela Verónica Gagliardi

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