*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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El Imperio de la Cirugía

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¡Que Roma recompense con su amor a los que han sobrevivido, y que los muertos reciban sepultura con sus antepasados!

(Tito Andrónico)

ficha-sangre-sudor-y-siliconasCuando supe que existía Sangre, sudor y siliconas (basada en Tito Andrónico de Shakespeare, escrita y dirigida por Gonzalo Demaría) no dudé un instante en ir a verla. Su título atractivo me cautivó aún antes de saber su argumento, su autor, su estilo y demás cuestiones que hacen a una dramaturgia.

Pero, al conocer que se trataba de una pieza basada en Tito Andrónico (de William Shakespeare) y que Gonzalo Demaría sería su director; me zambullí completamente en Hasta Trilce.

Debo confesar que es una historia sin igual, que divide al público en dos y que, seguro seguro, hará que existan quienes adoren como quienes odien esta versión.

Me coloqué en primera fila, para no perderme ningún detalle y, luego, pude sentir cada sonido repercutiendo en mi cuerpo de una forma tan interna que puedo afirmar cómo el ambiente gauchesco y científico se unieron a la guerra y batalla de cortar cabezas y dar nacimiento a la menos pensada criatura “humana”.

Un gran show de poética, música, canto y coreografías que se van sucediendo cuando menos lo creamos posible.

El emperador romano murió y su lugar fue ocupado por Saturnino. A partir de aquí, quienes conozcan el libro, sabrán como prosigue la acción y su sanguinario desenlace. Hay quienes dicen que es el escrito más feroz de Shakespeare y asiento con la cabeza, sin pretender perderla.

La venganza, el honor, los celos y la sed de poder están presentes durante toda la historia. Ilustrando con objetos pintorescos, diferentes sonidos e iluminación; Sangre, sudor y siliconas merece estar en cartel por mucho tiempo. Así lo grito y así lo siento. Porque los clásicos merecen una vuelta de tuerca y que los espectadores abran sus sentidos, que no piensen en ir a una función donde se transmite literal un libro memorizado. Se trata de asistir como público activo, pensante y teniendo presente el argumento para, después, poder sacar las conclusiones pertinentes. No es requisito saber de qué trata, aunque tener conocimiento otorga un plus muy interesante.

Saturnino y Bassiano (hermanos e hijos del difunto) discuten por los derechos romanos, por el poder. Pero es Marco (hijo de Tito Andrónico) quien defiende a su padre y recuerda toda la sangre derramada en defensa del pueblo.

Hasta aquí pareciera ser solamente un tragedia y drama tradicionales. Aunque, unos instantes después el surrealismo y el grotesco se apoderarán de los encantadores personajes que son encarnados por actores de altísima talla. Solo así este formato puede resultar impactante y permitir la carcajada constante de quienes ingresan (y deciden hacerlo) en el código de Demaría.

Ya en esta escritura de Shakespeare aparece vivo lo que tanto cautiva: esos espíritus que renacen, una y otra vez, reviviendo las culpas y los errores cometidos al respirar: “Dadnos a uno de los prisioneros godos para cortar sus miembros y quemar (…) para que sus espírituds descansen, eternamente, y nosotros no seamos atormentados con sus apariciones”.

Mientras tanto, Tamora (una femenina, temerosa y particular dama) se hará presente con sus boleadores, sorprendiendo a todo instante. El impacto al chocar contra el piso hará resonar la sala e invitarnos a estar de su lado. En verdad, cada personaje tendrá esa misión. Ella cuestiona en un momento: “¿Deben ser descuartizados y quemados mis hijos en vuestras calles por haber defendido a su patria?”

Las mujeres, en esta oportunidad, son puestas como plato principal de disputa, como objetos mercenarios que desean poseer unos y otros sin interesar (o incluso importar) quién es cada una.

Lavinia (hija de Tito) está prometida con Bassiano, sin embargo, es el mismísimo padre quien desea (por cuestiones de negocios) concedérsela a Saturnino. Así resultarán batallas campales, cortes de cabezas como ya se conoce y los órganos de quienes menos pueden defenderse. Pero… es Tamora también escogida por Saturnino como futura emperatriz y, aquí, nos encontramos con dos mujeres que aún no están enteradas de dicha situación, mujeres que pertenecen a estratos diferentes (una a Roma y otra a los godos).

Indios prisioneros que querrán cambiar su suerte y el sentido de los versos que evocarán. Seres subordinados que pretenderán abandonar ese lugar, mientras el sanguinario Tito hará de las suyas en una clínica de estética.

Culturas Incas milenarias que vienen a recordarnos que existen y que no todo, para ellos, está perdido.

Unos a otros irán salvando o hundiéndose, en pos de sus intereses o hermandad. Todo sucederá tan rápido que no habrá tiempo para objetar una u otra decisión, sino para disfrutar de una obra excelente y disparatada, con un elenco increíble que se devorará el escenario. Habrá quien decida sacrificar una extremidad u otra, mientras que la peor trampa se servirá en platos grandes.

¿Será el destierro la mejor oportunidad para salir ileso?

¿Podrán los godos imperar por sobre los romanos? Digo: ¿La cirugía estética por sobre la humanidad? ¿Fue más sanguinario el Imperio Romano o lo es, en la actualidad, todo diseño o la búsqueda hacia una añorada perfección inexistente?

Hijos engendrados con marcas imposibles de borrar, muerte y más muerte. Como una pincelada que pretende tachar lo que no conviene. Todo, absolutamente todo, volará por los aires hasta que lo menos probable suceda ante nosotros.

Asesinar por venganza, asesinar por honor, por dignidad o por temor a ser aniquilado.

Sangre, sudor y siliconas es una obra de teatro surrealista, en la que dos escenarios posibles son fusionados, perpretados en el tiempo y con la grandeza de quienes pueden hacer lo que quieran, como quieran y arrastrando sus cuerpo hasta resurgir en el instante que todo parece calmo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un melodrama argentino

Deshonrada

Deshonrada (escrita por Gonzalo Demaría y dirigida por Alfredo Arias) se reestrenó en el Teatro Cultural San Martín y fue una función a sala llena en que el mal clima no nos privó de ver esta excelente pieza artística.

Las dos tonalidades que aparecen durante toda la historia son el blanco y negro. Como antítesis, como opuestos, como posibles enemigos y como oportunidad de exhibir el cine expresionista a través de un escenario, dotado de toda la magia que encarnan sus protagonistas. Es deslumbrante el movimiento que se va creando a partir de la puesta en que lo estático cobra vigor y se desplaza sin siquiera hacerlo. A su vez, los actores llevan adelante una interesante coreografía (no en sentido de bailarines) en que sus cuerpos aparecen de un extremo u otro provocando un ilusionismo increíble.

En los años veinte nace la actriz Fanny Navarro, una artista muy aplaudida por algunos y vapuleada por otros tantos.

Como la escena en que Guido Samsa despierta siendo alguien completamente diferente a quien era, así está ella. Desconcertada, sin comprender por qué la vida le responde de esa manera.

Durante el segundo gobierno de Perón, Fanny fue detestada hasta por éste. Ella ya famosa y reconocida en el ambiente no tenía la simpatía de las principales figuras políticas. Pero, la propia Evita la defendía constantemente. Al fin de cuentas era su cuñada, mujer de su hermano Juan (conocido como Juancito o Pebete). Su principal apodo era Jabón Lux haciendo alusión a que lo usaban nueve de cada diez estrellas.

Si bien algunos la tildaban de trepadora, cuando ella conoció a Juancito ya era reconocida, motivo por el cual se comprende la necesidad que tenían de ensuciar su nombre.

En la década del 30′ integró una opera en el teatro colon (encabezada por Claudia Muzzio), protagonizó la película Ambición (de Adelqui Millar) e inclusive fue tapa de la revista Antena en 1941.

Alejandra Radano se viste de ella e interpreta a una Fanny bien caracterizada de pies a cabeza, que logra hasta su modo de hablar, de vocalizar y de ser.

Ella duerme hasta que un oficial conocido como Gandhi(Marcos Montes) la saca de su casa repentinamente. Luego, aparece en una sala donde debe no sólo declarar sino responder a cuestiones que ni siquiera ella sabe.

Pero lejos de convertirse en una obra dramática exclusivamente, esta pieza teatral tiene muchos tintes de comedia, con lo cual se trata de una comedia dramática exquisita -sin dejar de lado al melodrama- en que los años cincuenta están muy bien retratados.

El discurso de ambos fluye como el agua y existen momentos en que las pausas les permiten mostrarse como son, darle lugar a Radano para que cante y detalle quién fue en aquel entonces y conformar una historia deleitosa.

La puesta en escena en que ambos cuerpos se separan, caminan a la par y se confluyen como energías diferentes y simbióticas a la vez, da garantía de la profesionalidad tanto de los actores como del resto del elenco. Esos pasos que marcan distancia y encuentro, que son necesarios para presentar el código de la danza que prescinde de la palabra. Aquella palabra que, en este caso, solo trae más discordia y malos entendidos.

Además de las cuestiones de historia argentina y de la vida de esta artista, existe un juego muy interesante a nivel escénico en el que el mundo del teatro hace su aparición y los dos actores le sacan provecho a la situación.

Dicha fusión entre ficción y realidad se vuelve completamente importante, atrapante y el suspenso va creando las atmósferas necesarias como para que lo trágico y lo subrealista aparezcan y desaparezcan junto a los juegos de iluminación, de modo tan suave como los vestigios que dejan los pasos de estos transeúntes de la vida.

Existen varias escenas fuertes y que provocan desconcierto, quizás, de quienes no conozcan los entretelones de la vida privada de Fanny Navarro. Y para quienes sí saben de qué se trata, las sensaciones son aún más escalofriantes. Por qué tuvo que aguantar ser maltratada de diferentes formas porque a un grupo de militares y de dementes se les ocurrió que ella era culpable de ciertos asuntos de corrupción o de los caprichos eogístas de personas inoperantes.

Un día como cualquier otro se convirtió en penumbras imposibles de borrar de la mente y el corazón de Fanny. Su amado, quien había muerto (los militares aliado de Aramburu reiteraban que fue asesinado), no tuvo un descanso en paz. El Capitán Gandhi (César Fernández Albariño) hizo traer la cabeza del difunto y se la presentó, envuelta en papel de diario. De ahí en más la actriz comenzó a hundirse a ir de mal en peor. Su situación económica fue decreciente al igual que su salud.

Deshonrada permite sonreír, emocionar y llorar por la impotencia que siente Fanny Navarro -una mujer que tuvo el “pecado” de querer ser libre durante la dictadura-. Mientras sus vestuarios negros y su pelo la muestran cuasi desapercibida, su voz evoca el pasado, sus mejores momentos y el dolor de no poder defenderse de un impostor… mejor dicho, de un mecanismo torturador que disfrutaba de la desgracia ajena.

Un gran homenaje a la artista que ni siquiera fue querida por Daniel Tinayre (el director de la película Deshonra, protagonizada por ella misma).

Demasiado para un solo cuerpo, para un solo corazón y para una trayectoria artística que fue cuestionada por muchos.

El daño se concretó y jamás volvió a ser la misma joven llena energía y entusiasmo.

Dramaturgia: Gonzalo Demaría. Elenco: Alejandra Radano, Marcos Montes. Director: Alfredo Arias. Funciones: de miércoles a domingo, 20.30 hs. El Cultural San Martín.

Mariela Verónica Gagliardi

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Lo más absurdo del poder

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Mario Segade, escribe y dirige “La nueva autoridad”, una historia diferente, eligiendo la sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín para escenificar, íntimamente, un conflicto que trae a colación una de las peores etapas ocurridas en nuestro país.

Francisco (Marcos Montes), Graciela (Celina Font) y Betty (Vivian El Jaber); son tres personas que intentan dominar el poder. Un poder que no les otorgaría más que la administración de un edificio. Sin embargo, sienten que quieren llegar lejos con su mandato, imponiendo sus ideales y haciendo primar cada uno de sus caprichos, sin medir las consecuencias.

Todas las actuaciones sobresalen por igual, personificando a los tres con rasgos muy diferentes.

Graciela vive ahí desde los cinco años y toda su familia fue enterrada en los alrededores. Ella, vestida como mujer de un poder adquisitivo alto, contrarresta con la vestimenta de Francisco y de Betty. Él, con ropa de aborigen y ella, con uniforme en tonos verdes.

Desde el comienzo de la dramaturgia puede admirarse el gran trabajo sonoro que nos van metiendo -de a poco- en la primera escena. Es cierto que la sala no permite una total visualización desde todas las butacas, pero, lo indispensable es observar lo que podamos o pararnos para conocer más de lo que nuestro ángulo nos permita.

Segade traza un paralelo entre la televisión y el teatro; dándonos la posibilidad de hacer foco en una situación que sobresale, o en otra que está en segundo plano.

Francisco, por otro lado, fue aprendiendo a domar fieras gracias al marido de Betty (su difunto marido y administrador del edificio), quien le impartió enseñanzas al respecto. Él habla una lengua, podría decirse aborigen, además del castellano.

Betty, supuestamente, sería la sucesora de su marido, el Sr. Saldivar; pero no se imagina que tendrá que disputar el puesto que le corresponde según la ley.

Cada uno tiene una concepción diferente de lo que es llevar adelante una administración, mejorar el jardín común, y, por qué no, la relación entre todos los vecinos.

Este espacio está colmado de chatarras, un hueco lleno de agua y jaulas con fieras adentro.

Francisco llegó junto a la gestión del fallecido y siente una “melancolía” por su desaparición física. Él no toma partido por la ideología de una u otra de las mujeres, sino que está en su propio lugar, hablando lo que le conviene en el momento oportuno para ganar su tajada.

La muerte de la familia de Graciela, abre una puerta al pensamiento. Tantos interrogantes que quedan abiertos para evaluar si sus vidas se perdieron por enfermedad o por captura de los más desalmados.

“Yo me ofrezco, Graciela, para cobrar casa por casa” – dice en un momento el actual cuidador del jardín.

Este hombre es una mezcla entre groncho y romántico, haciendo despertar a uno u otro según la ocasión.

Pero, cuando Betty aparece en escena, todos los planes entre Graciela y Francisco se desvanecen como espuma en el agua.

“La angustia es enemiga de la razón”, dice él en un momento. Y esta frase puede resumir gran parte del argumento de la obra. La angustia no se piensa, se siente y, la razón, contradice muchas veces un sentir.

Aunque, la viuda, dice: “de las fieras que se ocupe Dios. Me refiero al gobierno”.

La futura pileta, actualmente un pozo con agua, representa lo que está y debe ser transformado, tapado. Tapar las ideas y mentiras de un gobierno que está al poder.

Con respecto, puntualmente, al contrato firmado por el marido de Betty y el consorcio, tuvo lugar en el año 1979. No es casual ni azaroso que se escoja una fecha anterior a la democracia.

Sabemos que esa etapa fue una de las más duras, sanguinarias y feroces en Argentina. Pleno gobierno de facto, con Rafael Videla a la cabeza, la tortura física, masacre, dolor y censura, se sucedían infinitamente.

En 1979, ocurre un hecho tensionante entre Chile y Argentina, conocido mundialmente como conflicto de Beagle. Territorios disputados entre ambos países, parecían seguir hundiendo a nuestra patria en la sangre. Intervino el Papa, haciendo firmar a los dos países el Acta de Montevideo, acuerdo que los hacía comprometer en no usar la fuerza y retomar la paz.

Si tomamos como referencia a la dictadura de Videla, “La nueva autoridad”, cobra un vuelo increíble. Desde ya que son temáticas que siguen doliendo en el alma, cavando bien profundo, pero, creando más conciencia a medida que pasa el tiempo.

Francisco podría erigirse como militar, escogiendo un dialecto inentendible, con el cual él solo sabe lo que dice y piensa. Por otro lado, Betty, también habla en lenguas inventadas; mientras que Graciela es la única que utiliza el castellano como principal idioma.

Betty, sería la sucesora del poder dictatorial, acompañada por él -quien la traicionará, sin piedad-. Mientras que las jaulas son las que atrapan, infunden miedo y alojan a los muertos para siempre.

De hecho, guión hace referencia a las fieras como sinónimo de gobierno, un gobierno que no es fácil de reemplazar ya que se vale de la violencia como primer instrumento, de abolición de ideales como segunda opción, y de imposición como principal arma de tortura física e ideológica.

Francisco esboza casi al final de la dramaturgia que “los papeles no gobiernan, gobiernan las personas”. Nada más cierto: golpe de estado como solución a los poderes más débiles que quieren suprimir toda bondad y pensamiento diferente que evoque razonamientos y evolución.

Para digerir tantas frases ciertas, dichas y repetidas, el humor invade varias escenas de la historia. Queda bien en claro dónde está la ideología, la razón de ser de la pieza teatral y la posibilidad de entretenerse con la ridiculez de ciertos mandatos eternos a lo largo del tiempo.

Los que están vivos no siempre son los honorables ni los que tienen la “razón”. De por sí, por querer tenerla, se perdieron tantas almas inocentes en medio de la angustia imposible de canalizar con buenas acciones.

La nueva autoridad ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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