*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Honorio1

Cuando una persona muere, por lo general, se la llora incansablemente, se la recuerda, se la piensa, se tienen sueños, se pide verla, tocarla… que todo vuelva a ser como antes del fallecimiento. Eso en nuestra cultura occidental, claro está.

Considero que a pocos se les ocurriría festejarle el cumpleaños, llevarle una torta y soplar las velitas junto a su tumba. Dicen que una persona muerta ya no cumple más. Pero, ¿quién lo dice? ¡Qué acostumbrados estamos a obedecer y seguir tradiciones que, tantas veces, no nos satisfacen en lo más mínimo sino todo lo contrario!

Una escenografía excelente y descriptiva consigue ubicarnos -aún antes de comenzada la historia-, en el universo que se desea detallar a continuación.

Honorio (obra de teatro escrita por Carolina André y Mario Sala) es interpretado por Mario Sala, murió hace veinte años y hoy cumpliría 60. Sus hijos, sobre todo su hija Julia (Victoria Raposo), organizan celebrárselo a la noche, en el cementerio. Una sola linterna llevaron y lo que podría ser un juego de niños se convierte en la búsqueda de sus rumbos.

¿Hay que respetar al muerto en el sentido de honrarlo sin tener en cuenta el tipo de persona que fue?

Julia lo recuerda como un padre ejemplar mientras sus hermanos no dicen lo mismo. Uno no lo conoció prácticamente -Manuel (Jonás Elfen)- y el más grande, Aldo (Carlos Cerletti) considera que está mejor bajo tierra.

Veinte años no es mucho como para que te hayan olvidado – menciona en el mundo del más allá un amigo de Honorio (Bruno Campos).

Porque la obra dramática tiene una puesta realmente notable y específica en la que es posible observar un espacio donde conviven los vivos, otro espacio en que los muertos también tienen voz y un tercer lugar en que se unen ambos mundos para dar cuenta de desenlaces impensados.

Aldo dice que lo lindo no te lo muestran y eso es injusto. Lo tétrico que puede resultar un cementerio, sus tumbas y la energía que se genera en torno a esto no trae lo bello de una persona. Eso hay que indagarlo. Eso es lo que él no consigue encontrar en su interior.

No quiero vivir más sola – afirma Julia y sus hermanos creen que se refiere a la soledad en cuanto física. Ella se pausó hace dos décadas y se olvidó de vivir, de salir adelante. Creyó que rendirle homenaje a su padre era lo que la iba a salvar pero lo único que consiguió fue mentirse a sí misma, decorando cada día con flores de colores bellísimos.

El humor y la nostalgia son los dos aspectos que más veces aparecen en la dramaturgia, los cuales conviven perfectamente para que la tensión esté presente sin esfumarse pero, también, la comicidad de ciertas cuestiones importantes de la historia y de estos familiares.

Se producen dos encuentros emotivos que marcarán un quiebre fundamental en la historia. A partir de aquí las cenizas absorberán al más vulnerable y dejará en evidencia quiénes siguen en pie para darse la oportunidad de vivir.

Reproches y más reproches vuelan por los aires: sos lo mismo pero muerto – le dice Julia a su padre muerto. Y sí, él es lo que ella recuerda solo que para no sufrir más lo ocultaba en un sitio recóndito que pensaba no abrir jamás.

Dios no fue justo con nosotros. Nos quedamos solos – menciona uno de los hermanos y ella agrega: estoy cansada, ya nada me alcanza.

Una obra realmente exquisita para concebir la muerte desde otro ángulo, para cuestionar el duelo, la forma de llevarlo adelante y todo ese universo negro que puede volverse de colores si lo deseamos.

¿Por qué deben recordarlo como una buena persona cuando ni siquiera los tenía en cuenta? ¿Por qué seguir mintiéndose cuando tienen la posibilidad de transitar los días sin esa bruma innecesaria?

Él ya no está y se preguntan por qué se fue tan joven. Si quizás la cobardía que lo caracterizaba le ocasionó una enfermedad irreversible como para no enfrentarse con la realidad que se le venía encima.

Honorio no tiene por qué hacerle honor a su nombre ni convertirse en el héroe que ni siquiera pudo ser en vida. ¿Por qué defender su persona cuando él no supo hacerlo?

Dramaturgia y dirección: Carolina André y Mario Sala. Elenco: Mario Sala, Carlos Cerletti, Victoria Raposo, Jonás Elfen, Bruno Campos. Funciones: lunes 21 hs. Teatro El Método Kairós.

Mariela Verónica Gagliardi

Dínamo

Dínamo (escrita y por Claudio Tolcachir, Melisa Hermida y Lautaro Perotti) es una obra de teatro en la que lo relevante no es el discurso sino la intencionalidad y actitud. Donde la acción vale más que la palabra y el pesado pesa más que el presente pero no que el futuro.

Sin haber leído absolutamente ninguna reseña sobre la dramaturgia y teniendo solo el conocimiento de la foto promocional que grafica una casa rodante; dejé que el factor sorpresa realmente cumpla con su magia. Así fue, así quise que sea y lo cierto es que tres mujeres que describen generaciones distintas y mundos opuestos, pueden plasmar cuan importante se vuelve la vida en materia de solidaridad.

Dínamo evoca sensaciones, nostalgias, olvidos, penas, corazones rotos y un aire pesado que consigue tomar un rumbo más fresco.

Al comenzar la historia se vino a mi mente la película Little Miss Sunshine (de Jonathan Dayton y Valerie Faris) en que una familia atraviesa momentos y situaciones lindas, conflictivas, angustiantes y cotidianas viajando en un motorhome. Si bien existen muchas diferencias entre la obra y el film, el lugar en que transcurren las acciones permite que los personajes deban afrontar todo de una u otra manera. La convivencia hace que los roces afloren aún más, que el conocimiento sea más real y que la vida sea vista de otro modo. Una casa rodante que sigue un recorrido y, en este caso, una casa rodante que está anclada en un sitio del que no se conocen sus alrededores.

La muerte está presente en ambas historias pero de distinta manera, para que los presentes puedan tomar conciencia de quiénes son, qué pretenden y a dónde van en verdad.

Comunicarse hablando el mismo idioma aunque sin entenderse por no querer esforzarse en lo más mínimo por ponerse en el lugar del otro. Cuántos vínculos se rompen por no hablar a tiempo o por no comunicar realmente lo que se siente y pretende.

En la presente pieza artística lo más conmovedor es que existe una convergencia de lenguas en que el sentido cobra un valor imprescindible y la gesticulización resulta ser el hilo conductor entre estas tres mujeres que tan poco tienen en común y, sin embargo, pueden comprender que pueden identificarse a través de la soledad y la falta de propósitos.

Marta Lubos, Daniela Pal y Paula Ransenberg -junto al músico guitarrista Joaquín Segade-; transitan unos días inolvidables. Podrían ser meses o años pero, al menos nosotros como espectadores, vemos que las jornadas empiezan y terminan como un cuento real y palpable.

Lo que una necesita a la otra le sobra, lo que una no comprende a la otra se le hace sencillo, lo que una no acepta la otra lo asimila a la perfección. Una le sirve de inspiración a la otra y este engranaje podría poner en marcha el vehículo a través de una canción rockera o una transmisión por internet.

Según el diccionario de la Real Academia Española, el término dínamo se refiere a una máquina destinada a transformar la energía mecánica en energía eléctrica, por inducción electromagnética, debida a la rotación de cuerpos conductores en un cuerpo magnético.

Una tía muy particular, que fue una pop star y pretende no olvidar su esencia, recibe a una sobrina también atípica que tiene unos cuantos problemas pasados por resolver. A su vez, una mujer de otro continente y que habla otro idioma incomprensible para ellas, se integra a su modo. Como si se tratara de una hoguera en la que deben ser quemados los conflictos no resueltos, ellas los encienden cada vez más, los reviven y en un momento deben decidir si avanzar hacia un futuro diferente y más agradable o regocijarse en el dolor y la pérdida.

El guitarrista toca melodías sinsentido hasta hallar aquella que contextualizará la trama de Dínamo. De un ruido, consigue componer la banda sonora para estas mujeres sufridas aunque no entregadas al abismo. Realmente la fusión entre música e historia le da un plus a la obra al igual que la adrenalina representada en los cuerpos que se mueven al compás de los sonidos. No existe coreografía en sentido de baile pero sí una performance como la interpretada por Ransenberg en el vehículo, a través del mobiliario y mientras juega a aparecer por donde se le antoje para no ser percibida.

La alucinación se torna realidad y lo no tenido en cuenta, propósito. ¿Ver vivos a los muertos o confundir la vida con la muerte?

Una de ellas precisa saber la verdad de lo ocurrido cuando era niña. La no certeza de un hecho no le permite ser ni respirar su propio aire. Su nueva familia encontrada, le dirá algo determinado y -sin importar su veracidad- ella se siente plena. Otra de ellas añorará lo que no pudo tener y la otra vivirá como adolescente en medio del caos y la incertidumbre.

La tía se pregunta: «¿Y ahora qué? ¿Estoy, no estoy?« Parece no ser tan trascendente su cuestionamiento. Al fin de cuentas importa más qué quieren que sus cuestionamientos filosóficos.

Nutrirse del grupo que formar de casualidad o tal vez con la causa de sentirse parte de un mundo que las dejó al margen.

Dramaturgia y dirección: Claudio Tolcachir, Melisa Hermida y Lautaro Perotti. Elenco: Marta Lubos, Daniela Pal y Paula Ransenberg. Guitarrista: Joaquín Segade. Teatro Timbre 4. Funciones: viernes y sábados 21 y 23 hs.Fotografía crédito: Sebastián Arpesella.

Mariela Verónica Gagliardi

La crueldad de los animales1

Raúl Ricardo Alfonsín fue el primer presidente electo democráticamente después de varias sucesiones de gobiernos de facto en el país que seguían debilitando a nuestra sociedad, a nuestra economía y a nuestra política. Cuando todo parecía convertirse, de a poco, en una estabilidad constituida por derechos y el fin de las masacres a quienes opinaban diferente; nuestro presidente fue invitado a retirarse del cargo. En su lugar vino él: un hombre de pequeña estatura que prometió el oro y el moro, que supo decir las palabras que el pueblo quería escuchar y, apoyándose en un discurso “perfecto”, ganó las elecciones. Así, Carlos Saúl Menem, asumió como presidente de los argentinos, vendiendo nuestras tierras al mejor postor, olvidándose de cuál era su rol (de administrador) y arruinando a una sociedad que no había podido tener tregua tras tanto sufrimiento.

Menem, con el correr del tiempo, se convirtió en mala palabra. Su nombre era yeta. Su presidencia nefasta y su demagogia el comienzo de una era que aún en nuestra actualidad no logra revertirse.

La crueldad de los animales (escrita por Juan Ignacio Fernández y dirigida por Guillermo Cacace) es un recorrido por esta época tan siniestra y macabra en que se utilizó a millones de personas para un plan que se revirtió sobre la marcha.

Esta puesta en escena realmente audaz, con un elenco talentosísimo y una dirección impecable; logra describir los años noventa sin siquiera mencionarlos, sin utilizar la tradicional bajada de línea ni siquiera para contextualizar. En vez, se juega completamente valiendo y apoyándose de y en la danza, la música, los efectos sonoros y la actuación.

Un escenario desprovisto de objetos y accesorios, en el que solo puede observarse césped artificial, verde brillante y sillas -una para cada artista-. A la vez que varios reflectores sirven para acentuar un discurso o protagonista. Dichas luces no permanecen estáticas sino que son movidas por los dos apuntadores quienes, además, forman parte de la historia dramática que se representa a lo largo de una hora.

En la sutileza del vestuario pueden vislumbrarse las diferencias en cuanto a estratos sociales, al abuso de unos hacia otros y al “olvido” de quienes son los verdaderos dueños de las tierras: los aborígenes que se leen más de lo que se ayudan.

A lo largo de siete escenas es como el público deberá imaginar la estética y ambientación de todo lo que sea mencionado como descriptivo, para luego observar la acción en vivo y en directo -nutriéndose lo dicho con lo interpretado-.

Lisandro ingresa y entre pasos de flamenco logra romper el hielo de esta dramaturgia que intriga completamente: “Si no sos fuerte se sufre mucho”, le dice su madre. Y sus ojos, llenos de lágrimas, miran a un punto en el horizonte mientras sus brazos y piernas recorren un espacio preciso. Pareciera querer avanzar sin trasladarse en el espacio. Está absorto, perplejo, sufriendo en carne propia.

De repente, el absurdo se hace presente con Manuel quien con tono irónico pretende llevar adelante su estrategia de conformar a un hombre que perdió casi todo en su vida. Aquí es cuando se comprende el principio del fin, uno de los conflictos territoriales que no consiguen hallar soluciones eficaces para los pueblos originarios.

Un sobre abierto desata varias situaciones desagradables que desembocan en violencia. En diferentes tipos de violencia que ejemplifican diversas formas de poder y lo que éste implica.

Después de representarse diversas escenas con situaciones familiares, sacando a la luz problemas pendientes de resolver y conflictos importantes o banales; se da a conocer otra cuestión realmente imprescindible en materia nacional: las tierras.

El sarcasmo es el que permite que por momentos sonriamos en medio de tanta tragedia lingüística y real.

Un sonido de interferancia aparece y desaparece por momentos -marcando tensión y suspenso-, al igual que los ladridos de una perra que se van extinguiendo como las conversaciones, como las soluciones, como el mal clima del país. Todo es política y no porque se cite a un político sino porque las transacciones, los intercambios, las relaciones humanas, entre otras; giran en torno a la política, a decir o hacer algo esperando o pretendiendo un fin determinado.

Chiquito es el diferente, el olvidado, el dejado a un lado y el que se pretende ocultar o que pase más desapercibido aún. Su vida, su deseo, sus necesidades nadie las atiende. Él es un aborigen, un hombre con familia, un ser que no daña a nadie pero pretende ser respetado. Él no usa un abrigo de piel, no mata para lucir, no aparenta lo que no es.

Los viajes a Miami se suceden mientras otros se quedan ansiando poder llevarse un bocado de pan a la boca, sufriendo el derroche de las clases más altas -y de las que no tanto- que disfrutan un paseo de virtualidad derrotada luego.

“Es mi tierra Manuel” – acota Chiquito. Él no quiere una casa lujosa ni más cómoda, quiere quedarse en su hogar a orillas del río Paraná. Son sus raíces las cuales no quiere que se le amputen.

Pero, la única que lo entiende es la abuela de la familia aristocrática: “el nombre y la tierra es lo único que tenemos”.

Las palabras son dichas, las broncas brotan de cada uno de los presentes y hay quien no quiere estar más así ni ahí.

¿Cómo salvarse de una situación tan discrepante, que amenaza a todos por igual aunque de distinta manera?

Manuel Dorrego fue fusilado al igual que tantos hombres inocentes que perecieron en la lucha de existir. Siempre gana el más fuerte, el que tiene más apoyo, no el que tiene la razón.

Los pedidos continúan, el hombre moreno quiere que su lugar sea respetado, no quiere que un temporal lo extermine ni una construcción edilicia le ataje el sol.

Sangre que viene y va, animales feroces que se atacan o que atacan simplemente. Larvas que están por convertirse en algún organismo animal más desarrollado, larvas que son malignas, organismos que se trepan por los cuerpos, que se inmiscuyen en éstos hasta pudrirlos. Larvas que convierten a humanos en parásitos.

La crueldad de los animales es un panorama sobre una época nefasta que no terminó, que sigue su curso hasta que los derechos de los mortales sean respetados y ningún vivo pueda sobrevivir por sobre otro.

Dramaturgia: Juan Ignacio Fernández. Elenco: Héctor Bordoni, Ana María Castel, Fernando Contigiani García, Gaby Ferrero, Esteban Kukuriczka, Sabrina Marcantonio, Iván Moschner, Denisse Van der Ploeg, Nacho Vavassori y Sebastián Villacorta. Funciones: viernes y sábados 19 hs, domingos 18:30 hs. Teatro Cervantes. Dirección: Guillermo Cacace.

Mariela Verónica Gagliardi

Foto Victoria

Lo que comienza como una comedia risueña se convierte en drama y luego en policial. A lo largo de dos extensas horas, se podrá ser testigo de un film que experimenta con el talento, con la posibilidad de demostrar cómo la cámara captura diferentes situaciones, sensaciones y escenas con un rodaje en tiempo real.

Durante la primera parte del film Victoria (dirigido por Sebastian Schipper) puede verse a la protagonista madrilense en un boliche, sola, pretendiendo ser parte de un lugar tan ajeno a ella: Berlín. Allí vive hace tres meses y aún no tiene amigos ni conocidos, pero su simpatía le permite hablar en inglés y darse a entender, cautivando a varios jóvenes que la siguen en manada.

Muchos diálogos, palabras comunes en Alemania del Este, códigos, aventuras. De hecho, el cumpleaños de Fuss, un muchacho que aparece junto a sus amigos (Boxer, Sonne y Blinker) en la vía pública, será otro de los focos de atención en esta introducción al código lingüístico establecido por Schipper, dentro del cual podrá disfrutarse de la verdadera acción sin descanso ni tregua.

Luego, la música narra las acciones, silenciando a la palabra que tan presente estuvo durante casi media hora de película.

Al quedarse a solas, Victoria (Laia Costa) y uno de los chicos del grupo, comienza a producirse un nuevo rumbo en la historia. Los matices, la seducción en cada mirada, sin que pase absolutamente algo entre ellos. Ella no puede creer que sea alemán pero Sonne hace la salvedad de que los berlineses son multiculturales.

Una película que no pretende resaltar maquillajes impostados ni paisajes atractivos sino una sociedad con estilos de vida diferentes a los de España. Con una joven que desde su interior pretende comunicarse en inglés con cuanta persona se cruza sin interesarle impactar bien sino con la frescura que la caracteriza.

Las interpretaciones artísticas son excelentes permitiendo que el espectador disfrute de un cine de muy alto nivel donde no solo los primeros planos muestran detalles preciosos sino que éstos cautivan desde la naturalidad de una mirada, desde el desgaste de un cuerpo a lo largo de una noche sin pegar un ojo, desde la palidez del rostro bebiendo alcohol y recorriendo la ciudad en bicicleta como niños.

Uno de los momentos más emotivos se produce cuando Victoria toca el piano. Los valses de Mefisto (Franz Liszt) suenan y sus manos recorren los pentagramas en su memoria, sorprendiendo con una sonrisa a su nuevo amigo. Después de gracias y bromas para romper el hielo entre ambos y acercarse aún más, él menciona que sabe tocar dicho instrumento pero lo que jamás imaginó fue que ella en verdad lo sabe interpretar y muy profesionalmente.

Ella no juzga, no reprocha. Es un alma libre de prejuicios.

Pero el guión nos va llevando hacia el género policial donde lo cursi queda congelado por completo para darle espacio al mundo gangster, a la delincuencia y a los asaltos a mano armada.

En cuanto a los paneos, éstos están presentes en todo momento ya que las situaciones se dan por lo general en lugares específicos y es ahí cuando la cámara captura la acción desarrollada. Y, con respecto, los travelling acompañan los pasos, corridas y desplazamientos de los jóvenes por los diferentes lugares que recorren (escaleras, calles, veredas) al igual que los que se llevan a cabo sobre autos.

Los primerísimos primeros planos justifican la adrenalina recorrida en los cuerpos de estos personajes quienes, además, conmueven con sus movimientos precisos y cada una de las acciones desarrolladas de principio a fin.

Sebastián Schipper despliega su magia para dirigir y consigue emocionar plenamente. Mientras tanto, este grupo consolidado rueda como la cinta. Es momento de comprender que la música cumple un papel protagónico al igual que la trama. La sonorización no acompaña ni ilustra ni decora: aparece en el momento adecuado, narra cuando la voz no alcanza o cuando ésta se apaga. Angustia, desespera y nos permite conocer la vida de esta chica que se convierte en la heroína perfecta.

La vida y la muerte parecen enfrentarse y el único antídoto para sobrevivir será tomar rápidas decisiones que no siempre serán las correctas o bondadosas. Un puñal al corazón cuando de niños se trata y el ocupar aquel lugar que jamás se hubiera imaginado son algunas cuestiones que surgen, haciendo sentir que incluso el más vulnerable puede convertirse en jefe de la pandilla para ser temido por el resto.

Victoria es un canto a la vida, a la justicia por mano propia y a la devolución de favores que a veces es preferible olvidar.

Una neblina estampada en la gorra de Victoria es uno de los finales a esta gran historia que mantiene atónito a cualquier mortal. Haze. Como forma de sintetizar la cuasi total oscuridad en que giró este film que merece todo tipo de destaque, además de los premios que obtuvo y, seguramente, seguirá obteniendo.

Ficha Artística

Laia Costa, Frederick Lau, Franz Rogowski, Max Mauff, Burak Yigit, Nadja Laura Mijthab

Ficha Técnica

Director: Sebastian Schipper
Guionista: Olivia Neergaard-Holm, Sebastian Schipper, Eike Frederik Schulz
Productores: Catherine Baikousis, Christiane Dressler, Jan Dressler, Anatol Nitschke, Sebastian Schipper
Música: Nils Frahm
Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen
Montaje: Olivia Neergaard-Holm

Datos Técnicos

Drama – Crimen
Alemania
Año: 2015

Partir de hoy1

Hay dos cosas que me atrevo a afirmar: los payasos suelen ser melancólicos y siempre existe algo que se quiera decir y no se sepa cómo.

Con una escenografía circense en tonalidades grises y rojas, con los tradicionales banderines colgando y varios objetos significativos para utilizar en la narración; él nos recibe. Nos abre sus puertas para que descubramos lo que siente y lo que calla.

Pablo Bontá es su nombre y recuerda su debut como actor, inmerso en nervios y olvidos de palabras, sin saber cómo recobrar la memoria y la tranquilidad para dar un buen espectáculo. Pero su sonrisa todo lo salva, los famosos trucos de animador caminando por la cuerda floja hasta saber que su vida interior también importa.

Una sombra marca el comienzo de Partir de hoy (escrita por Walter Rosenzwit y Pablo Bonta; dirigida por Walter Rosenzwit) hasta que el silencio se apodera de los espectadores: la inspiración tarda en llegar. Y la valentía también, agrego. Puede tardar una vida entera pero es necesaria para seguir adelante y quitarse esa mochila tan pero tan pesada que dificulta el caminar.

La música y los efectos especiales están coordinados con las acciones del clown, el cual va llevando su relato intimista a un lugar precioso en que rememora ciertos lugares, en que evoca lo más importante de su niñez.

Estoy más abandonado que Iglesia sin cura – decía su padre, a quien recuerda y cita durante varios momentos de su monólogo que no pretende ser un sinfín de palabras sino un modo de compartir con nosotros la nostalgia.

Las décadas del 60´ y 70´ desfilan por el escenario pero no para hablar de política sino de un cumpleaños en 1975, de vacaciones familiares y del olvido. Unas diapositivas ilustran este recorrido en que el artista se vuelve espectador de sí misma, se emociona, sonríe y acota.

Perdido o temiendo perderse, temiendo ser olvidado o guardado en la caja de recuerdos. Y a esto se suma el factor tiempo. Se dice que el tiempo es tirano que no alcanza para nada y Pablo menciona que antes era diferente, que antes de pequeño viajaba una hora con su mamá a la Plaza del Congreso para darle de comer a las palomas durante horas. Este es uno de los tantos ejemplos que recorta de su pasado y pega en su recorrido. Quizás, actualmente, no sea como antaño pero, seguramente, deben existir padres que lleven a sus hijos a lugares lejanos para darles el gusto. No todo lo pasado es mejor que lo presente, aunque en la voz de él sí lo es y sí es verdad que inmerso en dictaduras militares todo acto de dulzura era contado con las manos.

Con máscara el personaje y sin máscara el hombre que se despoja de todo lo tangible para que solo sus expresiones narren. Aunque un hecho en especial es el que marca su dolor, aquel que nunca pudo revelarle a su hijo y que ya es tiempo que sepa.

Todo deja en el espacio escénico: su vergüeza, sus ilusiones, sus miedos, sus recuerdos, sus debilidades, sus sueños, su amor. Nadie lo juzgará, solo tendrá nuestro abrazo alrededor de su cuerpo abatido. Un cuerpo que cae y se reanima como el ave fenix. Que pasa del llanto a la risa pretendiendo hacernos pasar un grato momento de felicidad.

Para reír es necesario también sufrir. Sino cómo se siente una sonrisa. Cómo se puede valorar lo bello cuando no se supo sobre fealdad.

Pablo Bontá o Pablo Bont, como quiera ser llamado es un artista completo, que nos enseña cómo montar un espectáculo teniendo en cuenta varias herramientas y estilos de discursos que permitirán el aplauso real. Porque él está vivo al igual que su corazón que no se queja sino que sigue soñando con un mundo mejor.

Dramaturgia: Walter Rosenzwit con la colaboración de Pablo Bontá. Intérprete: Pablo Bontá. Direccion: Walter Rosenzwit. Funciones: jueves 20 hs. Teatro del Pueblo.

Mariela Verónica Gagliardi

Rusalka1

Músico y compositor checo de una importante trayectoria artística.Nacido en 1841, después de más de tres décadas estrena Cantata Hymnus (Los herederos de la Montaña Blanca), entre 1892 y 1895 fue el Director del Conservatorio Nacional de Música de Nueva York, en 1901 Director del Conservatorio de Praga

Sus obras están integradas por sinfonías, partituras para piano y las óperas. Entre estas últimas se pueden mencionar: Vanda (1875), Dimitri (1882), El jacobino (1887), El diablo y Catalina (1888), Rusalka (1901) y Armida (1902). Además de una lista larga de composiciones, poemas, música de cámara, entre otras.

Recibió la mención de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Praga.

Antonín Dvořák es el culpable de que los espectadores nos fascinemos con cada una de sus creaciones y su estilo musical tan particular.

Surgido de la orquesta del Teatro Provisional de Praga, a cargo de Richard Wagner, su viola se distinguió por sobre las demás. Transcurrido el tiempo, logró encontrar su propio sello, despegándose de las figuras de Wagner, Shubert, Brahms y Beethoven.

Rusalka se estrenó en 1901 (pocos años antes de su muerte) en Praga y fue el resultado de un maravilloso encuentro entre Jaroslav Kvapil (1868-1950) y Antonín Dvořák (1841-1904), quienes estaban buscando llevar a cabo una ópera y aún no se conocían ni se imaginarían el éxito que tendrían. Así, surgió Rusalka, inspirándose en cuatro poemas de Kvapil, de fines del Siglo XIX: El duende de las aguas Op. 107, La bruja del mediodía Op. 108, La rueca de oro Op. 109 y La Paloma del bosque Op. 110.

Durante el Primer Acto se puede presenciar al Duende del Agua -encarnado por el Barítono Bajo Homero Pérez Miranda- que deleita realmente de principio a fin; y a su hija Rusalka (ninfa de las aguas) -quien quisiera abandonar las profundidades-. Esta tierna criatura es interpretada por la soprano Daniela Tabernig quien durante más de tres horas mantiene su caudal de voz intacta, proyectando un romanticismo aventurero inigualable.

Ella se enamoró de un humano y desea tener una vida en la tierra: Luna, detente un momento y dime dónde está mi amor (…) Búscalo por el vasto mundo y dile que lo espero aquí.

Pero, para llevar a cabo su meta tendrá que reunirse con Ježibaba (Elisabeth Canis) que es una hechicera quien le dice en qué consistirá el conjuro: para amar y ser amada, para besar y ser besada. La poción que le da Jezibaba entonces le quita todo lo que la joven ninfa tiene, incluso hasta su voz, a cambio de que ella viva junto a un hombre y sienta lo que todo mortal siente. Cabe resaltar también a dicha Mezzosoprano que cautiva con su canto al igual que el resto de los protagonistas.

Después de unas palabras mágicas, la hermosa criatura hace su sueño realidad, aunque hay cosas que se van aconteciendo que no son tal cuales imaginó.

El hechizo está hecho y a ella se acerca él: un humano que, además, es príncipe (Eric Herrero Vodník). Él tuvo que atravesar rocas y espinas, atraído por Rusalka: ¡Oh ninfa, ven conmigo!

Mientras tanto, las hermanas de ella se dan cuenta de que desapareció y, desesperadas, la llaman y buscan. Dicho Tenor, recorre las aguas, las tierras, el mundo de las hadas y de los humanos de un momento a otro preteniendo hallar a su amada.

Al comenzar el Segundo Acto, todo se transforma. Los sirviente del príncipe están en el palacio y hablan de él y éste sigue en una nube, enamorado: ¿Por qué cuando estoy en tus brazos estremezco de angustia?

Pero el príncipe no es soltero del todo, tiene una amante (la soprano Marina Silva) que lo pretende y quiere quedarse con él. Esta situación será bastante tensa ya que Rusalka está sin voz como causa de la magia, motivo por el cual no tiene oportunidad de hablar ni defenderse ni demostrar quién es en verdad.

El padre de Rusalka dice que se trata de una desgracia: aunque fueses cien veces humana seguirás atada por ancestrales cadenas (…) Embrujada por el resplandor del mundo.

Un casamiento también será uno de los tantos conflictos de la presente historia y la ninfa le cantará unos versos desesperados: él ya no recuerda a su Rusalka de cabellos largos.

Pero el factor suerte también se hace presente y cuando la joven siente que todo es en vano, el curso del agua cambia su rumbo.

Uno de los planteos que Rusalka se hace es realmente sentido y profundo, marcando un antes y un después en la dramaturgia: no me está permitido vivir ni morir. Y con esto apunta al mundo de las aguas y al mundo humano. Ella prefiere sufrir y que no sea todo color de rosa como cada uno de sus días en las profundidades del mar.

Aunque el verdadero desenlace se produce al llegar el Tercer y último acto de la ópera. Aquí, todos sus deseos de estar dispuesta a pasar mal además de bien, se los replantéa, dándose cuenta que su vida de antes en un punto era más sana y feliz. Se siente condenada por el amor y está muy angustiada -sin saber qué tiene sentido que haga-.

Se vuelve a reunir con la hechicera y ésta le promete que volverá a ser la ninfa de siempre, sin explicarle qué consecuencias traerá aparejada esta modificación.

El príncipe, aquel que la amó, que la rechazó, que no la reconoció y el que dudó de su amor; está enfermo. Muy enfermo como consecuencia del hechizo. Así, en esa condición, reconoce estar buscándola hace tiempo. Pero Rusalka no se conforma y le pregunta por qué su boca le mintió y por qué la engañó con otra mujer.

Ella se ha convertido en una terrestre común y corriente y para recuperar su anterior vida, su familia y ser libre deberá cometer un crimen.

Una majestuosa puesta en escena, con el lujo de los músicos que conforman la orquesta, el coro y el despliegue que significa preparar una ópera. Rusalka cumplió con cada uno de los detalles, tanto en el vestuario como en escenográfico para que cada ambientación sea identificada por el espectador, consiguiendo que el cuento de hadas atraviese la línea delgada entre tablas y espectador. Una historia para comparar con otras, para diferenciar, para recordar y transmitir.

Música: Antonín Dvořák. Libreto: Jaroslav Kvapil. Dirección musical: Carlos Vieu. Puesta en escena: Mercedes Marmorek. Diseño de escenografía: Luciana Fornasari. Diseño de vestuario: Lucía Marmorek. Diseño de iluminación: Alejandro Le Roux. Coreografía: Ignacio González Cano. Dirección del coro: Juan Casasbellas. Reparto: Rusalka (Daniela Tabernig), Príncipe (Eric Herrero Vodník), Duende del Agua (Homero Pérez Miranda), Ježibaba y Bruja (Elisabeth Canis), Princesa Extranjera (Marina Silva), Guardabosques (Mirko Tomas), Mozo de cocina (Cecilia Pastawski), Primera Ninfa del Bosque (Oriana Favaro), Segunda Ninfa del Bosque (Rocío Giordano), Tercera Ninfa del Bosque (Vanina Guilledo), Cazador (Sergio Vittadini), Ninfa del Bosque (Andrea Grassi), Ninfas del Agua, Invitados (Juan Manuel Firmani, Arturo Gutierrez, Romina Miguel, Jimena Hoeffner, Nuria Hortiguera, Érica Flores, Florencia Segura).

Coro Buenos Aires Lírica: Sopranos María Ximena Farías, Constanza Panozzo, Elisa Calvo, Jorgelina Manauta, Gabriela Fernández Bisso, Natalia Albero, Diana Gómez, María Fernanda Doldán Paula Do Souto. Mezzosopranos Patricia Salanueva, Marta Pereyra, Guadalupe Maiorino, Cristina Wasylyk, Marcela Marina, Elsa Aliboni, Maisa Videla. Tenores Martín Benítez, Javier Suárez, Leonardo Bosco, Sergio Vittadini, Christian Taleb, Juan José Ávalos, Pablo Daverio. Bajos y barítonos Jorge Blanco, Cristian Duggan, Carlos Trujillo, Ladislao Hanczyk, Pablo Paccazochi, Emiliano Rodríguez, Luis Loaiza, Juan Feico.

Orquesta: Violines I Oleg Pishenin (concertino, 2, 4, 8/10), Cristina Tartza (concertino, 10/10), Amarilis Rutkauskas, Gemma Scaglia, Leonardo Descalzo, Mabel Serrano, Florencia Argañaraz, María Elena Aguirre, Rafael Cabella. Violines II Sandra Valdovinos, Aida Simonian, Mariano Calut, Gabriel Pinette, Teresa Castillo, Federico Lennon Violas Ricardo Lanfiuti, Mario Fiocca, Jorge Sandrini, Cristina Tonelli, Julia Grimoldi. Violoncellos Carlos Nozzi, Marisa Pucci, Lidia Martin, Hermann Schreiner. Contrabajos Mariano Slaby, Pastor Mora, Matías Cadoni. Flauta I Damián Romagnolli. Flauta II / Flautín Joaquín Belluca. Oboe I Gerardo Bondi. Oboe II / Corno Inglés Raquel Dottori. Clarinetes Amalia Del Giudice, Edvjord Ngieliu Fagotes Gabriel La Rocca, Daniel Piazza Cornos Martcho Mavrov, Carlos Hussaín, Enrique Faure, Margarette Mengel. Trompetas Dante Vargas, Leandro Melluso. Trombones Hugo Gervini, Manuel Campos, Guillermo Mengel. Timbal Arturo Vergara. Percusión Francisco Vergara, Cristian Ibáñez. Arpa Sarah Stern.

Funciones Viernes 2, jueves 8 y sábado 10 de octubre a las 20 hs. Domingo 4 de octubre a las 18 hs. Teatro Avenida.

Mariela Verónica Gagliardi

Svaboda

(…) si uno se pone a cantar
un nochero lo acampaña
y en cada vaso de vino
tiembla el lucero del alba (…)

Svaboda (escrita por Bernardo Cappa con la colaboración de Pablo Chao, Aníbal Gulluni, Gabriel Guz y Laura Nevole; dirigida por Bernardo Cappa; dirigida por Bernardo Cappa) nos ubica en un pueblo del interior en que conviven un matrimonio con varios problemas. Uno de ellos es la mala relación que tienen y, el más reciente, el que está relacionado con un accidente entre una vaca y un camión de la ciudad.

A partir de este hecho es que las conversaciones irán despojándose de todo resentimiento y las verdades saldrán a la luz.

Irónicamente, Svaboda (Svoboda en ucraniano) significa libertad y es el nombre de un partido político de ultra derecha en dicho país. ¿Cómo se rompen las barreras entre lo censurado y lo deseado? Un autoritarismo político que se implanta y se desdibuja hasta, absurdamente, mostrar cuán inútil resulta prohibir.

Un abogado (Osvaldo) llega a este rancho humilde y precario, para pedirles llegar a un acuerdo y no ir a juicio con su cliente. Pero, el idioma ruso mediante y la “ignorancia” que menciona el letrado, impiden que los tres puedan entenderse correctamente.

Por la radio se escucha un gol de Kempes y Liev le dice contento a Osvaldo que se trata de Argentina. Es, justamente, esta empatía que surge entre ambos la que les permite, luego, conseguir un diálogo más ameno con Abdoquia.

Cada uno de ellos busca algo determinado aunque todo gira alrededor de la libertad. Lo que para uno es liberarse para el otro es seguir prisionero en su propio hogar, incómodo e infeliz. Solo será cuestión de animarse y dejar atrás el presente para apostar a un futuro incierto. De por sí, considero que todo lo venidero es un interrogante sin demasiadas certezas reales.

Viejo aire, ¿qué te han hecho? – dice Osvaldo. Un aire brumoso, metafóricamente hablando, es el que se posa sobre esta familia con una pesadez que obstruye sus sentidos.

Tan fácil puede resultar a veces ser feliz, sobre todo si se trata de compartir lo mismo que se siente.

Observar por la ventana la vida pasar, la naturaleza estática, las nubes y sus formas y ombú en medio de la nada.

Un escrito que volará por el piso junto a otros croquis realizados de una manera muy carismática en que quedará clara la visión del matrimonio, sobre todo la de Abdoquia.

Tres personajes que se muestran incómodos y con ganas de imponer su visión, justificando cuando lo crean conveniente.

Mientras las tareas cotidianas llaman a la puerta, es el momento de conseguir alimentos para la mesa -los que obtendrán con sus propias manos-. ¿Puede considerarse valiente aquel que mata para comer o el que se retira a tiempo de un caos familiar? La sangre como simbolismo de toda tragedia, que recorre la piel, las ropas y la fragilidad de estos tres humanos que se debaten entre lo que corresponde y lo que no. Entre lo correcto e indebido, entre lo permitido y lo prohibido. Como la ley, como lo que se supone que está bien hacer ya que, caso contrario, tendrá una sanción.

El matrimonio conversa en su idioma, y el abogado observa y escucha. Después, los dos hombres hablan y la mujer mira desde una ventana. Luego el abogado y ella conversan y se miran mientras su marido decide qué decisión tomar. Siempre uno de los tres se convierte en observador pasivo, lo cual le otorga a la dramaturgia más tensión e intriga.

¿Dónde estará escondido ese papel? ¿Estará escondido o inmerso en el desorden de la casa?

Cada quien pretende salirse con la suya para salir “victorioso” de la situación y lo que puede darse por sentado posiblemente no sea lo lógico o supuesto. Svaboda es una historia que parte de lo pequeño y se hace gigante. Que finaliza pero bien podría seguir como la serie Bonanza, durante temporadas que ilustran las aventuras de una familia en el oeste estadounidense.

En esta ocasión, esta pequeña familia sin hijos solo precisa acceder a cosas que podría tomar del otro. No necesariamente del otro miembro familiar pero sí, retroalimentarse como triángulo con la llegada del letrado que implanta su deseo por favorecer a los desfavorecidos -o sea a ellos- y terminar de una vez por todas con la situación tirante.

Dominante o dominado, una fiera sobre un ratoncito o un ratoncito que se hace cada vez más pequeño para resurgir como un gigante entre la desesperación y el astío del campo. Entre un alambrado roto por el que una vaca corrió tras el camión para demostrar cómo un animal puede ser más que cualquier transporte que se pasea por zonas agrícolas.

La huella del hombre pisa fuerte, invade sin que se la llame y hunde a sus propietarios.

El hombre de familia que no quiere ocupar ese lugar, que se siente ajeno a éste y que se inmola ante cualquier situación ríspida con su mujer, la cual parece llevar los pantalones para justificar, al menos, su carácter podrido y su alma agresiva.

¿Ser violento es tener carácter o todo lo contrario?

Una estética pobre, humilde, abandonada, que muestra una mesa de madre con dos sillas de diferente estilo, otra mesa con una radio y un aljibe. Tienen lo básico en cuestión de lo material, pero ellos necesitan un cambio urgente para empezar a vivir de verdad.

Ella se sienta siempre en el mismo lugar, junto al alambrado que está ausente visualmente pero que podemos imaginarlo. Mira a través de él y espera que se produzca ese cambio. Es para lo que nunca va a venir – dice su marido al abogado.

Aunque ella sigue llorando como cada vez que mira la fotografía de una esquina. Seguramente una esquina significativa en Rusia. Su Rusia, su lugar, su hogar.

El tiempo sigue transcurriendo, el sol se esconde de una vez y el mate con budín hace su aparición para distenderlos un poco, para que el alimento horneado por sus propias manos les pinte una sonrisa de satisfacción. Así se produce, como la templanza que tienen en sus rostros por momentos, la cual se modifica, al instante, para recordarse sus propósitos.

La comicidad está presente a lo largo de toda la obra, una obra realmente excelente que enaltece la escritura de Cappa, pintando un paisaje perdido como si se tratara de un cuadro en la pared.

A la vez que la ira, la furia y el rencor se imprimen en sus corazones, salen a la luz, se esconden y caminan velozmente por sus mentes… hasta recordarles que tienen que elegir sin pensar demasiado.

Unas tiernas melodías de violín dibujan un retrato perfecto, ideal, de novela romántica. Absurdamente, quizás. Idealmente para que el desenlace sea el más propicio para que la zamba dibuje su coreografía.

Y si la vaca hablara, ¿a quién le daría la razón, qué estrategia llevaría a cabo, qué acorde danzaría?

Dramaturgia: Bernardo Cappa con la colaboración de Pablo Chao, Aníbal Gulluni, Gabriel Guz y Laura Nevole. Elenco: Pablo Chao, Aníbal Gulluni y Laura Nevole. Dirección: Bernardo Cappa. Funciones: domingos 20 hs. Teatro del Pueblo.

Mariela Verónica Gagliardi

Playground entrevista

Tirando besos y saludando, así de cariñosos y fieles a su público se muestran y comportan. Sin máscaras ni personajes. Como dos artistas plenos.

Desde las vacaciones de invierno, el elenco de Playground (programa de cable emitido por Disney Junior Latinoamérica) pisó por primera vez el teatro. Pero, el 26 y 27 de septiembre realizarán dos funciones por la tarde (14:30 hs y 16:30 hs) en El Nacional, para seguir sorprendiendo, enseñando y divirtiendo a pequeños y adultos.

Juanchi (Juanchi Macedonio) y Juli (Julieta Nair) son los conductores de este éxito televisivo para niños de entre 2 a 7 años, que entre canciones y colores vuelcan información convertida en juegos.

A raíz de que se están agotando las dos primeras funciones, se agregaron cuatro más para el 10 y 11 de octubre.

Y en plena conferencia de prensa, adelantando lo que será el estreno de Playground en vivo en el Teatro El Nacional, Juli demuestra su emoción diciendo: estamos muy contentos de llegar, por fin, acá al Nacional. Con mucha ilusión, con mucha expectativa. Hace tres años que estamos haciendo el programa de televisión en Disney Junior y ahora llegar al teatro es algo totalmente diferente y conocer a los chicos ¡por fin! verlos a la cara porque ellos ya nos conocen pero nosotros no.

¿Qué sensaciones los van recorriendo por el cuerpo con todo este estreno en el Teatro El Nacional?

Juli: Yo creo que recorre mucha adrenalina. Ya antes de salir a escena escuchamos: ¡Juli, Juanchi! (te gritan, agrega Juanchi). Y eso ya es: hay que salir con todo porque están con una energía.

Te arrasan…

Juli: Te arrasan, hay que estar a la altura.

Juanchi: Y el corazón late y se sale por la garganta.

Juli: La verdad que para nosotros es hermoso hacerlo. Se pasa muy rápido. Nos divertimos mucho haciéndolo y eso tratamos de que se transmita, y si llega la gente también se divierte con nosotros.

¿Cómo fue la propuesta de realizar teatro, cómo fue la repercusión (que sabemos exitosa) en la gira por otros países y el interior del país, y cómo fue el empezar a volcarse al mundo del teatro que es bastante diferente al de la televisión?

Juanchi: la verdad que hace tres años que venimos haciendo Playground y no veíamos la hora de hacer teatro y a nosotros que venimos del teatro y nos encanta, es como la oportunidad de ver a los chicos a los ojos. Porque nosotros siempre preguntamos en la tele y los chicos responden, y ahora nos dan esa oportunidad de nosotros verlos. Y la verdad que el amor es enorme y, por suerte, le fue muy bien a Playground en Chile, en todas las provincias que fuimos (el Norte, el Sur).

Estarán por mi barrio también, en Palomar.

Juanchi: Y vas a venir a jugar con nosotros.

Voy a ir a jugar.

Juanchi: Perfecto (risas).

Cantan y bailan todo el tiempo. ¿Qué diferencias hay con respecto al programa que tan bello es?

Juli: La diferencia, básicamente, es la gente. O sea, que esté la gente ahí, que estén los chicos y los padres -casi te diría haciendo la obra con nosotros- (que es lo más importante, afirma Juanchi); es la diferencia. Y que no hay cortes. Es única toma, único plano secuencia. Al estar la gente cada función es diferente porque los chicos son muy espontáneos y gritan cosas y nos dicen cosas. A nosotros también nos hacen reír. (risas de los tres).

Y otras veces deben tener ganas de decir shhhh

A veces se ponen a gritar tan fuerte que no podemos seguir.

Realmente captás su atención para que sigan el hilo de la historia y, a veces, se enganchan con cosas también, como los hacemos participar tanto.

Después hay que manejarlos…

Juli: Hay que manejar ese barco (risas).

Juanchi: esa es la diferencia que tiene el vivo, que tiene una energía enorme desde que uno sale al escenario hasta que termina estamos todo el tiempo con una energía grande y ahí con los chicos presentes que también tienen una gran energía y nosotros tenemos que igualarla así que eso es lo lindo: lo público que hace Playground.

Tendremos la posibilidad de subir al escenario.

Juanchi: sí, sí.

Juli: por eso te digo que es un espectáculo muy interactivo porque bajamos al público, estamos jugando ahí con los chicos, durante unas canciones, después hacemos subir a un padre con su hijo al escenario y lo hacemos bailar una canción con nosotros así que eso está buenisimo.

El famoso feedback que a veces el teatro infantil lo corta y transforma al espectador en pasivo y cuando hay tantos niños…

Juanchi: por suerte Playground desde la tele ya tiene un feedback enorme con los chicos, porque nosotros cuando hacemos una pregunta les damos el espacio para que los chicos desde la casa respondan y acá en el vivo pasa lo mismo, y ahora la oportunidad de escucharlos.

Ser espontáneos.

Juli: escuchamos las respuestas, entonces eso para nosotros también es nuevo y muy lindo.

Juanchi: y mirarlos a los ojos que es lo que más deseábamos. A los grandes y los chicos porque también tenemos fans que son padres que vienen con la vincha.

Yo niños no tengo pero tendré que fabricarlos (risas).

Ambos: vos traé a tu niño interno (risas).

Juanchi: vas a bailar, vas a cantar. Es muy divertido.

En la sinopsis de la obra figura que es la fórmula de la diversión.

Juanchi: jugar.

Juli: lo que tratamos que siempre suceda es que los chicos aprendan algo de una manera divertida, entonces con la diversión de común denominador hacemos todo.

Qué mejor manera de aprender.

Juanchi: jugando.

Juli: qué mejor manera. Y te puedo asegurar que los chicos aprenden.

Mariela Verónica Gagliardi

La Sirena

Unas melodías en el piano dan comienzo a esta historia del mar en que vive La Sirena (escrita y dirigida por Luis Cano), una mujer bella y sufrida que tiene que hacer cosas ingratas -para ella misma- para poder subsistir.

Sentada en un banquito bajo, sobre una escenografía que gira, esta Monina Bonelli interpretando a la joven que posee una herida en la pierna y en su corazón, con marcas imposibles de borrar. De hecho no deben ser borradas para que su pasado sirva de aprendizaje a una sociedad que aun continua un poco pasiva en cuanto a la violencia de genero y prostitución.

¿Este es el bar Jamaica? ¿El Chaplin, el Flash, el Taray? – se pregunta a sí misma.

De repente, una canción de Sara Lowlan (acompañada en el piano por Ana Foutel) afirma su sensación: Vine caminando con la garganta seca.

Así es la introducción a una noche mas en la vida de Nina, en la Nina de antes y en la adulta de ahora. Una ronda de tragos para olvidar y transitar unas horas mas relajadamente, aunque resulte imposible de concebir.

Claro que no tiene dinero para comprar alguna bebida alcohólica y la alternativa que le dan para que lo haga es que cuente historias. De esta manera ella deberá complacer a los hombres de la taberna, encontrando el tipo de narración que más les convenza.

Como si existiera una línea imaginaria que dividiera al público, se notará el tipo o clase de historia que narre, la escenografía que se utilice y la imagen visual que se vaya construyendo.

Si una mujer no fue tratada bien de pequeña, ¿qué resultado puede darse? ¿Qué carácter o confianza puede expandirse por el cuerpo de quien no tuvo protección y cuidado durante la infancia, a quien no se le enseñó a valorarse?

Su madre la trataba de borracha en vez de tratarla como hija, con dulzura, con cariño.

Con los tatuajes que pintan partes de su piel, ella va introduciendo a un nuevo relato hasta encontrar el de su propia vida -aquel que no podrá rectificarse ni desmentirse-. Es la verdad, aquella que le dejó heridas sangrantes para siempre. Aquella que nunca tuvo valor o valentía para contarla.

Un bigote de su abuelo, Un pez verde y La sirena comprenden los tres microrrelatos que envuelven a los espectadores en ultramar para traer a colación cuestiones político-sociales de nuestro país.

Monina consigue deleitar con sus dotes actorales, apoyándose en el texto que va cobrando un vuelo muy alto gracias al dramaturgo como a las técnicas clownescas de las cuales se vale para conseguir que su cuerpo pose y se detenga -como si se tratara de fotogramas-.

Y ella empezó a cantar diferente, y una burbuja le quitó la vida al marinero. Estos datos incluidos dentro de la historia convierten a la misma en poesía pura, en esos detalles tan románticos hasta para hablar de la muerte.

Así es este unipersonal que nos sumerge en lo imposible de cantarle a la vida hasta en momentos estremecedores. Nina es víctima de un sistema pero no se queda congelada en tal postura sino que arremete con ésta, la insinúa y consigue despojarse de su mayor mal.

Su lugar no es un bar sino su propio hogar, alguno que estará en algún sitio determinado. Aquel que le brinde una caricia y la posibilidad de ser feliz. Suele decirse que no está muerto quien pelea y ella es una luchadora que desconocía sus poderes. Vencido el enemigo, el futuro es todo suyo. Solo falta que lo asuma y se de una oportunidad -aquella que todas las mujeres maltratadas merecen-.

Nina es un ejemplo conmovedor y un granito de arena, una militancia activa en pos de los derechos humanos, en contra de la violencia y el maltrato en todas sus concepciones.

Ella le dedica una última canción a todos los que buscan un lugar en el cual sentirse bien. Quizás sea una proyección a sí misma y la fortaleza para que ningún hombre siga manteniendo su postura de cobarde que lo hace reaccionar con la peor arma de fuego: el golpe.

Dramaturgia: Luis Cano. Actriz: Monina Bonelli. Pianista: Ana Foutel. Dirección: Luis Cano. Funciones: lunes 20:30 hs. Teatro El Extranjero.

Mariela Verónica Gagliardi


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Tanguito mío14

Tanguito mío, un musical bien guapito es un espectáculo infantil y para toda al familia,

que se ubica en una época de la historia argentina -más específicamente en un conventillo de La Boca- en que las culturas formaban un crisol de lenguas y costumbres muy diferentes.

De lo que se podrá hablar siempre, que no perderá vigencia, es del amor. Para enamorarse no hay barreras idiomáticas ni de colores que puedan impedirlo.

Así es la historia de Tanguito y Milonguita que se gustan y relacionan a través de cartas enviadas en avioncitos de papel, que vuelan de una ventana a otra.

Entre canciones y coreografías, estos personajes encantadores irán vistiendo una zona con varias identidades; ilustrando un verdadero sainete musical -lleno de magia, alegría y pasión-.

La escenografía es envolvente y muy funcional, permitiendo montar un momento diurno, nocturno, de tensión, de romanticismo, entre algunas de las situaciones surgidas durante la obra. Así, la puesta en escena logra un movimiento al igual que los deseos por porgresar y ser quien se quiera ser.

Con respecto a los tangos y milongas, Gastón Marioni escoge fragmentos muy específicos para que dichas canciones hablen por sí solas y pinten los diálogos junto a la palabra pronunciada por los actores. Melodías arrabaleras muy populares se encuentran en esta comedia musical -la cual ambienta cada escena hasta con el más mínimo detalle-.

Ella es mi lucecita

Él es para mí como una estrella

El estilo cursi se fusiona con el machismo del tango, consiguiendo un resultado óptimo que le agrada tanto a grandes como a niños y haciendo que las canciones realizadas especialmente para esta pieza artística vibren en el escenario junto a sus intérpretes.

Por el lado de la historia, existe una central y, alrededor de ésta, se van armando otras secundarias. Este grupo humano se empieza a conocer, a convivir, y es entonces cuando surge la envidia, los celos, la bronca y el despecho.

Puede visualizarse el desplazamiento de una luna hasta que se oculta, los destellos en el cielo provenientes de estrellitas, cada familia luciendo la misma gama de colores o atuendos, y una estética que brilla y hace lucir a sus artistas.

Una familia italiana, otra árabe y la última argentina -dentro de la que está el dueño del conventillo-. Este señor adorable le perdona ciertas cosas a sus inquilinos que lo posiciona como una persona noble, al igual que el cariño con el que cría a su hijo.

Como en la mayoría de las historias, existe al menos un conflicto; pero, por suerte, no representa más que un detalle que no impide opacar el romance principal -provocando, además, un efecto contagio-.

La dramaturgia y dirección son excelentes y eso demuestra y justifica que siga en cartel después de tantos años. Y, seguramente, seguirá yirando por las pistas milongueras, haciendo vibrar con estas notas tan terrestres, tan nuestras y tan compartidas con quienes gusten de ellas.

Cada uno con su negocio logra convivir en paz, demostrando cuán beneficioso resulta.

Esto es el presente musical y la energía que se va moviendo a lo largo de la función.

¡Cómo los chicos no podrían estar fascinados cuando los adultos estamos tan invadidos de felicidad!

Tanguito mío, tuyo y nuestro. De la gente y de quien quiera apropiárselo como una sonrisa infinita.

Y, como todo, llega a su fin después de sacarle viruta al piso, de moverse entre coreografías y de aprehender lo más lindo de la vida: a amar al prójimo.

Cada suspiro una esperanza, de volverte a encontrar.

Actúan: Juan Pablo Antonelli, Laura Giménez/Julieta Raimundo, Nazareno Iñiguez. Julieta Franzese, Gustavo Portela, Luciano Guglielmino, Juan Pablo Pereira, Yanina Zanier Quintas, Alejandro «Racu» Pérez. Libro y letras: Gastón Marioni. Música original y arreglos musicales: Tato Finocchi. Diseño de escenografía: Martina Urruty. Realización de escenografía: Lucas Borzi, Magalí Armas, Juan Ignacio Mosquera, Damián Carrillo, Cristian Marioni, Sebastián Grandi y Majo Blanco. Animaciones: Lucía Suárez y Fabricio Basilotta. Diseño de vestuario: Kitty di Bártolo. Realización de vestuario: Marianela Goicochea. Diseño de luces: Gastón Marioni. Coreografías: Gastón Marioni. Asistencia de dirección: Facundo Zerpa. Puesta en escena y dirección general: Gastón Marioni.  Funciones: domingos de septiembre 17 hs. Teatro El Cubo.

Mariela Verónica Gagliardi