*** Noviembre 2017 ***

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Vuelve “La vagina enlutada”

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DOMINGO 7 DE MAYO

20.00 HORAS

TEATRO AUDITORIO LOSADA

Corrientes 1551

¡OCHO ÚNICAS FUNCIONES!

LA VAGINA ENLUTADA

¿Ya no hay hombres, o hay mujeres cerradas al amor?

DIRECCIÓN GASTÓN MARIONI

LIBRO WALTER GHEDIN

El domingo 8 de Mayo y por ocho únicas funciones, llega al teatro Auditorio Losada “LA VAGINA ENLUTADA”, escrita por el reconocido sexólogo Walter Ghedin.

Esta comedia dirigida por Gastón Marioni, además representa la vuelta a los escenarios de una de las míticas figuras que marcaron los 80´: Judith Gabbani, que se pondrá en la piel de una de las cinco mujeres que esperan la partida de un tren en una estación del interior de la Provincia de Buenos Aires.

Las complicidades y los silencios de estas amigas comienzan a resquebrajarse ante la espera que las pone frente a sus soledades, sus miedos, sus complejos, sus relatos sellados y sus secretos prometidos. Un encuentro que modificará sus visiones y por sobre todo sus verdades…. Ninguna de ellas volverá a ser la misma…

Ghedin es médico psiquiatra, psicoterapeuta y sexólogo clínico y por primera vez llega al teatro una obra basada en una de sus novelas.

ELENCO

Judith Gabbani

Jessica Schultz

Mónica Salvador

Ana Padilla

Cecilia Tognola

EQUIPO

Libro Original: Walter Ghedin

Versión: Gastón Marioni

Vestuario: Pablo Battaglia

Fotografía: Russarabian

Diseño Gráfico: Eduardo Asplanato

Prensa: María Lapadula

Producción general: Walter Ghedin

Dirección: Gastón Marioni

FUNCIONES

DOMINGOS DE MAYO Y JUNIO 20:00 HORAS

TEATRO AUDITORIO LOSADA 

CORRIENTES 1551 – C.A.B.A.

ENTRADAS A TRAVÉS DE ALTERNATIVA TEATRAL

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Recordando con humor

 

El elogio de la risa

PH: Alejandra López

Gastón Marioni logra llevarnos de viaje por un recorrido muy sensible e inteligente en el que Juan Leyrado será la cara visible del amor.

Supuse que El elogio de la risa trataría sobre el humor en su sentido más específico. Sin embargo, me encontré frente a un unipersonal profundo en que un hombre narra su vida pasada y presente junto a su enamorada.

¿Se puede vivir sin reír?

¿Es acaso posible subsistir a momentos trágicos y situaciones angustiantes sin la magia del humor?

Porque acá no se trata de burlarnos de un hecho sino de recordar lo vivido junto a quien más amamos. Y qué mejor modo de hacerlo que sonriendo en vez de desesperarnos.

Juan Leyrado, entonces, interpreta a Antonio quien recuerda sus pasos por la actuación, su debut y despedida tan “triunfales”. Sus momentos más placenteros y ridículos cuando pretendía pasar desapercibido, las ocurrencias de su esposa, los cumpleaños en que los confites y adornitos eran los protagonistas, esa crema y dulce de leche que provocaban más un empacho que el disfrute por sí mismo pero que jamás podían faltar. Las mesas y sobremesas que lo hacían permanecer absorto, el ridículo presente nuevamente, el amor ante todo y las distintas etapas de una pareja.

El blanco de la escenografía transmite una página por completar, esas hojas que su mujer le pedía que escribiera para no olvidar ningún detalle, las palabras mágicas que componían una totalidad de circunstancias y la alegría que debía existir cuando todo aburrimiento parecía apoderarse de los invitados. Pero, el blanco también simboliza la pérdida de memoria, esas nebulosas que surgen e impregnan en la vejez, esos huecos que desesperan y, sin embargo, pueden ser ocupados por un beso o una caricia. Porque el olvido real es el de la ausencia y no el de un nombre o acontecimiento.

En una sala de espera de geriátrico es que ocurrirá un antes y un después. Una lectura de un libro que abrirá el corazón de todos los espectadores y devolverá a Antonio el alma al cuerpo. Porque la soledad y el paso del tiempo son difíciles de sobrellevar.

Dos personajes compuestos, el de la juventud y el de la sabiduría. Porque eso es lo que Marioni pretende transmitir: que los años no juntan polvillo sino conocimientos y que tanto la sexualidad como el amor se van transformando por completo.

A nada hay que tenerle miedo, sino a lo no realizado.

El elogio de la risa es la posibilidad de observar al mundo con otros ojos, de completar con sentimientos lo vivido y de no culpar a nadie de lo acontecido.

¡No existe remordimiento ni resentimiento en la vida de este hombre y eso da una felicidad enorme!

Ni el despecho ni las lágrimas de cocodrilo se hacen presentes y solo hay lugar para la melancolía. Porque se trata de una biografía en formato de cuento en que los tiempos se acercarán y alejarán a antojo de su autor. Y así debe ser, para que los monólogos no se hagan eternos y la música acompañe lo narrado por su único intérprete.

Una torta, un ramo de flores y la más bonita historia de amor que existirá por siempre. Porque está escrita en sus corazones y estos no tienen enfermedades sino que laten en diferentes notas para que el olvido jamás llegue.

Si de nombres se trata, el autor propone un repensar de los padecimientos, de sus títulos, de lo ridículos que suenan los nombres de ciertas enfermedades y de su sinsentido al nombrarlas. Para qué decir de qué se sufre si existen tantos motivos lindos para celebrar la vida. Y a esto apunta la historia presente. Lo que se tenga que tener se tendrá, lo padecerá el cuerpo pero el ánimo es lo fundamental para respirar y reír aún cuando se crea que no es posible conseguirlo.

El elogio de la risa es la libertad que todos tenemos para sentir que la vida es hoy. Por más que nos lleve poco o mucho, siempre hay que soñar con los brazos abiertos y dejar ir cuando así se presente.

Una obra para lagrimear y honrar el amor.

Una obra para amar desmedidamente y descubrir qué se desea desde lo más profundo del alma.

Mariela Verónica Gagliardi

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Profundas confesiones que sanan el alma

la-vagina-enlutada

ficha-la-vagina-enlutadaEstoy convencida de que un título es el que produce acercamiento o alejamiento. También considero que esto es un arma de doble filo ya que entraría en juego el prejuzgar sin conocer de qué se trata la propuesta.

Me acerqué a la última función de La vagina enlutada (en el Teatro El Tinglado) sin ser atraída por su título. Tuve en cuenta a ciertas actrices del elenco para saber que dicho encabezamiento no tendría que ver con su contenido verdaderamente. De hecho, antes de ingresar a la función estuve intercambiando unas palabras con alguien del público y ambos coincidimos en que si nos dejábamos llevar por dicho título, podríamos imaginarnos al instante un producto de la Av. Corrientes.

¿Qué decir de las cinco breves historias femeninas que componen e integran a un grupo de amigas?

Ellas muestran cómo, cada una, sufre a su modo, conserva el dolor y lo suelta cuando está preparada. Como si se tratara de un momento preciso para decir adiós o perdón o piedad.

De ninguna manera esta obra es sobre feminismo sino sobre el costado más tierno, vulnerable, gracioso, doloroso y angustiante que puede tener cada mujer. Que podemos trasladar nosotras a lo largo de nuestras vidas porque, tantas veces, queremos demostrar que somos el sexo fuerte y eso es algo que a estas alturas se sabe.

Un libro escrito por Walter Ghedin y adaptado para el teatro, para cinco actrices se distinguen por sus interpretaciones, que vuelan con sus historias, que las sueltan al aire para que nos las apropiemos y sintamos que no estamos solas. Pero, como decía anteriormente, no es una obra feminista sino sobre mujeres. Así que los hombres presentes podrán conocer un poco más sobre nuestro universo y no sentir bronca cuando en verdad precisamos una caricia o un abrazo o un beso.

Ahora bien, el argumento se centra en el velorio de uno de los maridos. A partir de dicha despedida, saldrá a la luz un secreto muy bien guardado. Y, a partir del mismo, podrá descubrirse que quien simulaba ser la más notable tiene una sensibilidad para compartir y compadecerse del dolor ajeno. Porque no siempre se hace lo que se quiere sino lo que se puede, y en La vagina enlutada esto es una gran verdad. Porque nunca es tarde para remendar un error y no siempre es necesario contar todo para sanar. Quizás estar en el momento indicado es un gran aliciente y una valentía que demuestra el valor brillante.

Si la dramaturgia fuera sobre el mundo de los hombres, quizás algunas matices diferentes podríamos encontrar. Claro que no puedo hablar de hipótesis ni supuestos sobre algo que no es. Solo confesarles que el próximo año cuando vuelva esta obra a la cartelera porteña, vayan sin dudarlo. Y no porque sea una orden imperativa de mi parte sino porque es un refugio en el que todos podemos sentirnos reflejados, ya que los sentires y sentimientos surfean sin aguas y caen por su propio peso en una estación de tren, en la espera que se hace eterna y la angustia que se convierte en motivo de explayarse hacia el pasado, hacia mentiras que posiblemente no hayan sido por maldad sino por la necesidad de hacer algo por impulso, por el deseo de sentirse únicas.

¿Qué mujer no quisiera tener el lugar que desea o se merece?

Sin llevar una bandera que diga cuáles son nuestros derechos, éstos se dan por sentado. Porque vivimos en un mundo ¿civilizado?

En un mundo donde, al menos en esta oportunidad, los hombres no se ven en materia física, ni se escuchan más que por los retazos de recuerdos que ellas esbozan. Es posible entrecerrar los ojos y sentir más cercanamente. Vincularse con los diálogos y monólogos, pedirles permiso para escuchar y emocionarnos durante la estadía en el pueblo del interior donde transcurre el acontecimiento. Imaginar cada paisaje, cada cuarto, cada escena y colocar, entonces, los objetos necesarios en nuestra mente caprichosa.

La vagina enlutada es la reconstrucción que merecemos las mujeres, las heterosexuales y las homosexuales, las que nazcan y las que escojan. Con una dirección impecable (a cargo de Gastón Marioni) y la oportunidad de ver a actrices con una gran trayectoria y talento, allí, quietas y latentes, movedizas e inquietas. Así son y así tendrán que ser para todo aquel que las observe recuerde que un silencio no es vacío sino una necesidad.

Mariela Verónica Gagliardi

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Coloreando mi Buenos Aires querido

Tanguito mío14

Tanguito mío, un musical bien guapito es un espectáculo infantil y para toda al familia,

que se ubica en una época de la historia argentina -más específicamente en un conventillo de La Boca- en que las culturas formaban un crisol de lenguas y costumbres muy diferentes.

De lo que se podrá hablar siempre, que no perderá vigencia, es del amor. Para enamorarse no hay barreras idiomáticas ni de colores que puedan impedirlo.

Así es la historia de Tanguito y Milonguita que se gustan y relacionan a través de cartas enviadas en avioncitos de papel, que vuelan de una ventana a otra.

Entre canciones y coreografías, estos personajes encantadores irán vistiendo una zona con varias identidades; ilustrando un verdadero sainete musical -lleno de magia, alegría y pasión-.

La escenografía es envolvente y muy funcional, permitiendo montar un momento diurno, nocturno, de tensión, de romanticismo, entre algunas de las situaciones surgidas durante la obra. Así, la puesta en escena logra un movimiento al igual que los deseos por porgresar y ser quien se quiera ser.

Con respecto a los tangos y milongas, Gastón Marioni escoge fragmentos muy específicos para que dichas canciones hablen por sí solas y pinten los diálogos junto a la palabra pronunciada por los actores. Melodías arrabaleras muy populares se encuentran en esta comedia musical -la cual ambienta cada escena hasta con el más mínimo detalle-.

Ella es mi lucecita

Él es para mí como una estrella

El estilo cursi se fusiona con el machismo del tango, consiguiendo un resultado óptimo que le agrada tanto a grandes como a niños y haciendo que las canciones realizadas especialmente para esta pieza artística vibren en el escenario junto a sus intérpretes.

Por el lado de la historia, existe una central y, alrededor de ésta, se van armando otras secundarias. Este grupo humano se empieza a conocer, a convivir, y es entonces cuando surge la envidia, los celos, la bronca y el despecho.

Puede visualizarse el desplazamiento de una luna hasta que se oculta, los destellos en el cielo provenientes de estrellitas, cada familia luciendo la misma gama de colores o atuendos, y una estética que brilla y hace lucir a sus artistas.

Una familia italiana, otra árabe y la última argentina -dentro de la que está el dueño del conventillo-. Este señor adorable le perdona ciertas cosas a sus inquilinos que lo posiciona como una persona noble, al igual que el cariño con el que cría a su hijo.

Como en la mayoría de las historias, existe al menos un conflicto; pero, por suerte, no representa más que un detalle que no impide opacar el romance principal -provocando, además, un efecto contagio-.

La dramaturgia y dirección son excelentes y eso demuestra y justifica que siga en cartel después de tantos años. Y, seguramente, seguirá yirando por las pistas milongueras, haciendo vibrar con estas notas tan terrestres, tan nuestras y tan compartidas con quienes gusten de ellas.

Cada uno con su negocio logra convivir en paz, demostrando cuán beneficioso resulta.

Esto es el presente musical y la energía que se va moviendo a lo largo de la función.

¡Cómo los chicos no podrían estar fascinados cuando los adultos estamos tan invadidos de felicidad!

Tanguito mío, tuyo y nuestro. De la gente y de quien quiera apropiárselo como una sonrisa infinita.

Y, como todo, llega a su fin después de sacarle viruta al piso, de moverse entre coreografías y de aprehender lo más lindo de la vida: a amar al prójimo.

Cada suspiro una esperanza, de volverte a encontrar.

Actúan: Juan Pablo Antonelli, Laura Giménez/Julieta Raimundo, Nazareno Iñiguez. Julieta Franzese, Gustavo Portela, Luciano Guglielmino, Juan Pablo Pereira, Yanina Zanier Quintas, Alejandro “Racu” Pérez. Libro y letras: Gastón Marioni. Música original y arreglos musicales: Tato Finocchi. Diseño de escenografía: Martina Urruty. Realización de escenografía: Lucas Borzi, Magalí Armas, Juan Ignacio Mosquera, Damián Carrillo, Cristian Marioni, Sebastián Grandi y Majo Blanco. Animaciones: Lucía Suárez y Fabricio Basilotta. Diseño de vestuario: Kitty di Bártolo. Realización de vestuario: Marianela Goicochea. Diseño de luces: Gastón Marioni. Coreografías: Gastón Marioni. Asistencia de dirección: Facundo Zerpa. Puesta en escena y dirección general: Gastón Marioni.  Funciones: domingos de septiembre 17 hs. Teatro El Cubo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Compartiendo, todo se vuelve menos duro

Melodías de diván1

Bárbara y Verónica: ¿quién soy yo?

Elena: qué curiosidades tiene la vida, ¿no?

Verónica: a veces hacemos cosas imperdonables para seguir viviendo…

Elena: yo hice algo imperdonable.

Quién no habrá pasado por el consultorio de un psicoanalista para entender o ser ayudado durante algún proceso difícil de la vida o por el simple placer de saber cómo seguir en pie en este conflictivo mundo moderno.

Melodías de diván (escrita y dirigida por Gastón Marioni) sube a la cartelera porteña haciéndole frente a Rolón quien se encuentra a tan solo unas cuadras. Pero, esta historia interpretada solo por mujeres es pura ficción y no precisa exponer la intimidad de ningún paciente. Entre canciones románticas, melancólicas y nostálgicas es como los boletos más reconocidos vox populi llegan a un espacio colmado de una atmósfera cálida y con aroma a fresa.

La dulzura de cinco artistas que muestran el interior de cinco personajes encantadores que, si bien están estancadas, logran descubrirse unas a otras hasta hallar una verdad que las modificará para siempre.

Melodías de diván es, sin lugar a dudas, la privacidad sin velo que se erige como provocación a quienes no se animan a sentir.

Cada una tiene un trauma o algo que resolver y, evocando fragmentos de canciones es la manera que encuentran para canalizar sus angustias.

Lejos de ser un musical frívolo y que pretenda sorprender y envolver en pura adrenalina, Gastón Marioni deslumbra con los diálogos creados junto a su compañero, el talentoso Hernán Matorra en el piano -ubicándose en un espacio también íntimo-.

Con Arráncame la vida (interpretada por Graciela Pal) se abre esta velada realmente sutil, que tiene una estética y vestuario preciosos, una iluminación que intimida a quien tiene la palabra y evita a quien debe silenciarse. Así, los temas surgen como un volcán en erupción hasta que la lava corre más rápido que la luz.

Nada, Quizás, quizás, quizás y A mi manera; son algunas de las canciones que entre bolero y tango se turnan para llenar el espacio de sus propios sentires, aquellos que se identificarán, seguramente, con nosotros y nos veremos reflejados en autores tan reconocidos por el ambiente musical.

Pero, ¿qué es lo innovador y suspicaz de esta propuesta artística?

El modo de construir historias independientes y, luego, unirlas de tal forma que nunca parecieran haber sido muchas sino una sola. Como Woody Allen con sus guiones, Marioni tiene esa misma destreza para presentar a un personaje como por ejemplo el de la periodista Raquel Antolínez, (Ana Padilla), al instante a las divas Elena Da Ruggiero (Graciela Pal) y Sara Fingerman (Roxana Randón); y el de dos profesionales de la salud mental: Verónica Schultz (Julia Zenko) y Bárbara Urquiza (Magalí Sánchez Alleno), sin que podamos comprender qué vínculo o relación las une, qué es lo que las hace tan particulares o esenciales en esta dramaturgia. Pero, en breves momentos, se entiende el hilo conductor y la finura con que se van contextualizando los discursos de cada una.

Existen muchísimas obras, vigentes, que encaran la temática de psicólogo-paciente o de terapia grupal sin profesional -por diferentes motivos-. Lo cautivante aquí es que la figura del licenciado no es la de un mero erudito perfecto que tiene que dar cátedra de sus conocimientos académicos sino la de una psicóloga que, además, es persona y como tal sufre, ama, odia y se desespera cuando no puede resolver aquello que tanto la aqueja.

El universo de Melodías de diván es claro y confuso, como cualquier vida que ingresa a un sitio para salir modificada. Como las palabras dichas en voz alta para lograr cambios en los demás y no un mero descargo. Así, una ex diva sufre y deambula, literalmente hablando, otra cantante sin voz no quiere asumir que hace play back, la periodista toma nota de todo -encauzando lo que tanto la aqueja- y dos contenedoras sociales rebalsan cuando asumen lo que les toca.

Cinco vidas únicas que se conocen, que comparten un día de terapia grupal y, a partir de allí, salen siendo otras. Intentando ayudarse unas a otras y sintiendo pena de lo que le toca vivir a cada una.

Mientras un show es preparado, los ensayos de La Gaviota se suceden en el aire y todo lo proyectado se posterga por el presente, aquel presente que determina un antes y un después en el camino de estas valientes que triunfan en la mejor empresa: la personal.

Si no se quién sos, ¿cómo voy a saber quién soy yo?

Elenco: Magalí Sánchez Alleno, Roxana Randón, Graciela Pal, Ana Padilla, Julia Zenko. Libro: Gastón Marioni. Arreglos musicales: Hernán Matorra. Dirección musical: Hernán Matorra. Puesta en escena y dirección general: Gastón Marioni. Las funciones son los martes 20.45 hs. Teatro Picadilly.

Mariela Verónica Gagliardi

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