*** Octubre 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘Teatro El Extranjero’

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“La Mansa”, de César Brie

la mansa

Duración:

60 minutos.

Funciones: Viernes 21 hs y sábados 23 hs.
Localidades: $ 200
Mientras ella esté aquí, todo va bien; puedo ir a mirarla a cada rato, pero mañana cuando se la lleven… ¿Cómo haré cuando me quede solo?” A partir de esta pregunta desesperada inicia el relato de “La Mansa”. Quien nos cuenta la historia es él, el usurero, el hombre de la casa de empeños que poco antes se había casado con la muchacha mansa y ahora trata de darse una razón sobre su muerte prematura.
Ambos, separados por la muerte, están en escena sin separarse nunca en un diálogo de acciones y palabras. Él trata de entender lo ocurrido, regresa, recuerda, reconstruye, comprende, se confunde, trepa dolorosamente hacia la conciencia de quién él es realmente, de lo que desencadenó y provocó. Ella lo ayuda a reconstruir, describe los hechos, agrega, confirma, se calla. Está muerta, no puede argumentar, razonar o justificar. Ella es la memoria de él, su víctima, su culpa, su amor herido, su silencio.
Director:

César Brie

Autor:

Fiódor Dostoievsky

Actúan:

Iván Hochman y Abril Piterbarg

Diseño gráfico:

Cachi Bratoz

Vestuario:

Carolina Ferraioulo

Asistencia de dirección:

Florencia Michalewicz

Música:

Pablo Brie

Realización de escenografía:

Duilio Della Pittima

Producción ejecutiva:

Larisa Rivarola y Liza Taylor

Prensa:

Simkin & Franco

Agradecimientos:

El Ojo Verde, Vera Dalla Pascua, Sofía Diambra, Adriana Podzcammer, Mariano Stolkiner y Liza Taylor

Trailer:

Juan Barone

Ilustrador:

Clara Carlon

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Otras maneras de vincularse

Independencia

PH: Fuentes2fernández

En el país del nunca jamás esta familia podría ser ubicada, colgada como un cuadro en sepia y desvinculada de todo contacto con el exterior. Así es como ocurre todo y toda “rebeldía” podría ser combatida con el peor odio imaginado. El terror podría avecinarse de un momento a otro, solo hay que saber esperar la oportunidad para vislumbrarlo si es que eso se desea.

No siempre una familia convive y se relaciona de una manera saludable y normal. A veces, y tantas realmente, lo que trata un clan es de moverse de forma funcional sin prestar real atención a su felicidad.

Este es el caso de la historia Independencia escrita por el dramaturgo contemporáneo norteamericano, Lee Blessing (traducida por Cecilia Chiarandini y dirección de Jorge Azurmendi) que invoca aquellas reminiscencias llenas de polvo. Un polvo de antaño, que huele a podredumbre y enviciamiento cuajado.

El lugar en que se desarrolla dicha trama es en un pueblo de Iowa (Estados Unidos), donde casualmente estudió Blessing la carrera de dramaturgia.

Tres hijas, de edades muy diferentes, se reúnen junto a su madre para rememorar ciertas cuestiones no resueltas. En verdad, más que reunión es una preocupación por la jefa de esta casa que utiliza determinados artilugios para manipular las vidas ajenas -por no haber logrado, quizás, tener una propia-. Y considero el “quizás” porque cada quien elige cómo vivir e incluso el que transita por este mundo sin tomar supuestas decisiones, aún está eligiendo desde el silencio.

Independencia, entonces, no se basa solamente en una lucha llevada adelante por cuatros familares íntimos, sino en el descubrimiento bien profundo acerca del rumbo que desean trazar en el futuro cercano, cuasi inmediato.

Las tres hijas necesitan liberarse de su pasado y presente. Es tal el agobio que sienten que piensan en escaparse de esas cuatro paredes. Claro que no viven juntas, pero la culpa las engaña y envuelve de tal modo que logra confundirlas y regresar a aquel momento en que sí lo hacían.

Esta dramaturgia, activa mecanismos de pulsión constantes, no dejando un instante para reflexionar en el momento. Los silencios no existen, los espacios vacíos tampoco. Es tal el control que quieren tener estos personajes -sobre sí mismos y sobre los demás- que Azurmendi consigue plasmar dichas esencias en cada acción y reacción. Es entonces cuando los engranajes funcionan a la perfección, dotando a la pieza artística de completa ira, pasión, deseo, odio, amor y demás sentimientos que surgirán durante toda la disputa familiar.

Con respecto a las interpretaciones, quisiera resaltar a Cristina Dramisino y a Anahí Gadda -las cuales consiguen una unión no solo como madre e hija ni por sus textos en escena, sino por la fusión que se precisa como para que una obra dirigida por Jorge Azurmendi cobre el vuelo necesario y se tiña de luz-. Es este dúo el que debe seguirse a lo largo de las líneas de la historia y diálogos para saber el dolor tan profundo que aún no cicatriza, el aroma a niñez que no madura y las caricias no siempre presentes que todo lo perdonan.

Por el lado de la escenografía, el espacio físico les permite jugar con cada lugarcito del teatro, utilizando absolutamente todo como para recrear sensaciones y sonidos lo más reales posibles.

Tal vez lo que produzca un alejamiento entre el escenario y el espectador sea el haber conservado los nombres en inglés de sus personajes y lugares. Si esto se modificara, sin lugar a dudas, la identificación sería excelente y no habría que imaginar dónde está situada, geográficamente, cada ciudad.

Independencia es una obra de teatro fresca, ágil y con mucho por analizar en el plano psicológico, social y dramático. Cada persona podrá hacer su propio viaje e ir quitándose aquellas mochilas tan pesadas que se creía cargarían para siempre.

Mariela Verónica Gagliardi

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Se acabaron los cuentos de hadas

La Sirena

Unas melodías en el piano dan comienzo a esta historia del mar en que vive La Sirena (escrita y dirigida por Luis Cano), una mujer bella y sufrida que tiene que hacer cosas ingratas -para ella misma- para poder subsistir.

Sentada en un banquito bajo, sobre una escenografía que gira, esta Monina Bonelli interpretando a la joven que posee una herida en la pierna y en su corazón, con marcas imposibles de borrar. De hecho no deben ser borradas para que su pasado sirva de aprendizaje a una sociedad que aun continua un poco pasiva en cuanto a la violencia de genero y prostitución.

¿Este es el bar Jamaica? ¿El Chaplin, el Flash, el Taray? – se pregunta a sí misma.

De repente, una canción de Sara Lowlan (acompañada en el piano por Ana Foutel) afirma su sensación: Vine caminando con la garganta seca.

Así es la introducción a una noche mas en la vida de Nina, en la Nina de antes y en la adulta de ahora. Una ronda de tragos para olvidar y transitar unas horas mas relajadamente, aunque resulte imposible de concebir.

Claro que no tiene dinero para comprar alguna bebida alcohólica y la alternativa que le dan para que lo haga es que cuente historias. De esta manera ella deberá complacer a los hombres de la taberna, encontrando el tipo de narración que más les convenza.

Como si existiera una línea imaginaria que dividiera al público, se notará el tipo o clase de historia que narre, la escenografía que se utilice y la imagen visual que se vaya construyendo.

Si una mujer no fue tratada bien de pequeña, ¿qué resultado puede darse? ¿Qué carácter o confianza puede expandirse por el cuerpo de quien no tuvo protección y cuidado durante la infancia, a quien no se le enseñó a valorarse?

Su madre la trataba de borracha en vez de tratarla como hija, con dulzura, con cariño.

Con los tatuajes que pintan partes de su piel, ella va introduciendo a un nuevo relato hasta encontrar el de su propia vida -aquel que no podrá rectificarse ni desmentirse-. Es la verdad, aquella que le dejó heridas sangrantes para siempre. Aquella que nunca tuvo valor o valentía para contarla.

Un bigote de su abuelo, Un pez verde y La sirena comprenden los tres microrrelatos que envuelven a los espectadores en ultramar para traer a colación cuestiones político-sociales de nuestro país.

Monina consigue deleitar con sus dotes actorales, apoyándose en el texto que va cobrando un vuelo muy alto gracias al dramaturgo como a las técnicas clownescas de las cuales se vale para conseguir que su cuerpo pose y se detenga -como si se tratara de fotogramas-.

Y ella empezó a cantar diferente, y una burbuja le quitó la vida al marinero. Estos datos incluidos dentro de la historia convierten a la misma en poesía pura, en esos detalles tan románticos hasta para hablar de la muerte.

Así es este unipersonal que nos sumerge en lo imposible de cantarle a la vida hasta en momentos estremecedores. Nina es víctima de un sistema pero no se queda congelada en tal postura sino que arremete con ésta, la insinúa y consigue despojarse de su mayor mal.

Su lugar no es un bar sino su propio hogar, alguno que estará en algún sitio determinado. Aquel que le brinde una caricia y la posibilidad de ser feliz. Suele decirse que no está muerto quien pelea y ella es una luchadora que desconocía sus poderes. Vencido el enemigo, el futuro es todo suyo. Solo falta que lo asuma y se de una oportunidad -aquella que todas las mujeres maltratadas merecen-.

Nina es un ejemplo conmovedor y un granito de arena, una militancia activa en pos de los derechos humanos, en contra de la violencia y el maltrato en todas sus concepciones.

Ella le dedica una última canción a todos los que buscan un lugar en el cual sentirse bien. Quizás sea una proyección a sí misma y la fortaleza para que ningún hombre siga manteniendo su postura de cobarde que lo hace reaccionar con la peor arma de fuego: el golpe.

Dramaturgia: Luis Cano. Actriz: Monina Bonelli. Pianista: Ana Foutel. Dirección: Luis Cano. Funciones: lunes 20:30 hs. Teatro El Extranjero.

Mariela Verónica Gagliardi


http://www.safecreative.org/work/1509255234417-la-sirena-critica”

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Cuando muera del todo, moriré con ella

La deriva1

Un hostel en la Isla de Tigre será el lugar predilecto y escogido por una pareja, en crisis, para despejarse y pasar tiempo al aire libre. Claro que ese aire no será muy puro ni tan libre ya que conocerán a los dueños del sitio -una joven y su padrastro-, los cuales tendrán que ocultar, cada vez más, un secreto que los compromete absolutamente.

Al avecinarse un fuerte temporal, los planes de acampar al aire libre serán dejados de lado y solo podrán hospedarse en dicho lugar inóspito, que los atormentará mucho.

“La deriva” (Andrea Marrazzi) es un thriller psicológico que indaga en dos temas fuertes como lo son: el amor y la muerte. Quizás suene más bonita la primera palabra que la segunda, aunque sabemos que el desamor es un veneno que va matando de a poco.

¿Qué es estar a la deriva?

Una tormenta que, simbólicamente, desata discusiones entre estas personas, que les permiten conocerse, interactuar y debatir -sin siquiera proponérselo- sobre el fin de las cosas, sobre los recuerdos y esa melancolía que los está extinguiendo.

Como si matar ratas fuera la única actividad para una mujer en la isla y como si este animal provocara no solo asco sino repelencia del resto de los humanos.

Inmersos en el suspenso, desde que comienza la obra de teatro y hasta que finaliza, se puede disfrutar de una excelente propuesta, la cual es posible gracias a la dramaturgia, a las interpretaciones y a la impecable dirección. Todos los detalles decorativos, de iluminación y vestuarios existen aquí, al igual que los aromas -gracias a los cuales podemos, como público, recrear imaginariamente cada escena-.

Como un barco que está a punto de naufragar y, sin embargo, no tiene demasiadas esperanzas. Como la vida de cuatro personas que son muy diferentes entre sí y que anhelan aferrarse a algo o a alguien para sobrevivir.

Presos de sus propias rutinas, las cuales no se animan a modificar por miedo, presos tras sus propias rejas y tras ese olvido que nunca llegará.

Los temas de conversación, derivan unos en otros. Sus análisis derivan unos en otros. El hilo conductor nos lleva hacia un lugar, para luego confundirnos y que no prejuzguemos ni a estos seres ni a sus conductas.

Somos animales racionales que acusamos antes de tiempo, con o sin pruebas. Que por temor, corremos desesperados sin rumbo fijo. Esto mismo se ve reflejado en la puesta en escena, en las tonalidades de sus colores, en las luces que se encienden o apagan para mantenernos en vilo.

Y, la muerte, no tiene un abordaje simplista ni obvio, sino una vuelta de tuerca tan profunda que emociona hasta las lágrimas. Violencia y muerte vemos y presenciamos diariamente. Por eso son temas que forman parte de la sociedad y, justamente, nos tocan de cerca ya que reviven a partir de la palabra, de un hecho, de un gesto y de la memoria selectiva.

“La deriva”, el terror de dejarse llevar sin evaluar las consecuencias -en contraposición a la deriva inevitable.

Son muchas las lecturas que se pueden hacer de esta pieza teatral que te hace pasar por diferentes situaciones, en tan solo una hora, y utilizando los cinco sentidos para oler la desgracia o intuir que algo malo se está por avecinar.

Colores y texturas transformando un espacio empobrecido en calidez, hasta que las tenues luces marquen lo contrario. El espacio del Teatro El Extranjero que oficia de oyente y testigo de las teorías que se empobrecen con dosis de realidades.

Una isla que absorbe a aquellas criaturas estancadas y sin motivación para construir hacia adelante, permitiéndoles conocer el mundo en lugar de encerrarse en un pequeño segmento en que prima la soledad real y la personal.

Donde apenas puede llegar alguna señal de radio, donde de casualidad los huéspedes ingresan buscando amparo, donde el día y la noche pasan a ser un conjunto de horas intransitables y desgraciadas… allí están ellos, terminando con sus vidas sin, quizás, darse cuenta.

“La deriva” sonoriza y ambienta las desgracias, atenúa los momentos de reflexión e invade de deseos íntimos que incomodan al espectador. Removiendo y escarbando en esos rincones en que solemos acumular sin sentido, solo para no desprendernos de esa suciedad que asquea hasta al menos consciente.

La deriva ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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La convicción de ser quien se quiere ser

Pinedas91831 – Granada (España).

Como una obra de arte “Pinedas tejen lirios” (escrita y dirigida por Susana Hornos y Zaida Rico) refleja la vida de una mujer luchadora que por hacer notar sus valores, fue eliminada violentamente de escena.

Mariana Pineda es aquella luz que muchas personas no se animan a irradiar, por miedos, por prejuicios, por ser juzgadas o abolidas.

Durante la función pude notar el gran desenvolvimiento de baile y coordinación (a cargo de Carmen Mesa), en conjunto con el actoral llevado a cabo por Petra (Laura Lebedinsky) y Pedrosa (Ariel Pérez de María).

En cuanto a la protagonista (Arantza Alonso), ella supo captar la esencia de los ojos de esa mujer soñadora, utópica, valiente y tenaz; que tanto dio sin esperar nada a cambio.

Pinedas11

Como una flor amarilla, con su encanto aromático, también, debemos tener en cuenta que -algún día- marchitará.

Ella murió, sin quererlo. Pero vivió, se desarrolló y sintió, a flor de piel, cada instante.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es el modo de narrar, pudiendo entrelazar pasos de flamenco, excelentemente sincronizados, y permitiendo darle una estética realmente delicada a la obra. Por otro lado, me parece muy buena la elección de mostrar violencia sin ser recurrente, danzando y actuando cada agresividad con un recurso distinto. Sabemos que no tiene el mismo impacto, pegar una cachetada con la mano que hacer un movimiento sutil que lo interprete.

De esto se trata “Pinedas tejen lirios”, de buscar y encontrar los detalles, la esencia y Pinedas6fundamento para contar -originalmente- una historia real, ficcionada y que llega a lo más profundo del corazón. Cada recurso escogido se vuelve único, suspicaz, valiente y revelador. Es imposible no sentir la piel de gallina al contemplar esta pieza teatral.

Durante la función no existieron ruidos y distracciones. El tema fue conmovedor y el camino escogido para transitarlo, muy especial.

Celebro cuando los actores interpretan a varios personajes y, sobre todo, cuando son talentosos como para no confundir al espectador. Toda la vida de Mariana estuvo presente, su infancia, su madre, su hermana, su marido y tantas otras escenas que ejemplificaron la esencia y lo más importante de la familia Pineda.

También, considero que no sólo se basa la obra en la vida de Mariana Pineda, sino que es un reflejo, inclusive, de situaciones femicidas que siguen ocurriendo en nuestros días. Así como ella mantuvo sus convicciones en primer lugar, hay mujeres que no se animan siquiera a desvincularse de la maldad ajena que tanto las perjudica.

Pinedas7La protagonista habrá sido vista como una provocadora, sin proponérselo.

Una mujer golpeada, física o psicológicamente, también es vista de la misma manera.

Los ojos de los más miserables producen ceguera, penumbras y delirios.

Muchas veces, lastimosamente, escuché a hombres decir “algo habrá hecho”. Sin remitirnos específicamente a la dictadura militar, no existe justificación para azotar a alguien.

Cuán poderosas y polémicas pueden ser las palabras libertad, igualdad y ley. Antes, ahora y mañana. Quizás, antes más que ahora. Posiblemente, mañana en menor medida.

Pinedas engloba a cada una de las mujeres que con amor, perseverancia y firmeza pudieron hacerse valer. Sus vidas estuvieron, están y estarán en juego; pero acaso tiene sentido respirar un aire contaminado si somos capaces de elegirlo?

Con respecto al vestuario, es llamativo y bien característico de la época. Es perfecto el detalle del vestido de ella que marca el presente y pasado, al quitárselo y quedarse con otro atuendo. El vestido antiguo era rígido como esa época, incomodo, haciéndola sentir en prisión, una prisión tan simbólica como real.

“Pinedas, tejen lirios” en vez de calas. Enhebran amor y bondad en vez de odio y rencor.

Tienen una mirada alegre y cantan sus pesares, buscando la arista más entretenida y voraz.

Pinedas5Los versos van y vienen, sirven de contexto y relajan a la vez. Casi al finalizar se escucha “El romance de Mariana Pineda” (una pieza anónima e incluida en la obra de teatro de Gabriel García Lorca). Cabe aclarar que el cantautor español Luis Pastor compuso especialmente esta versión para esta pieza teatral, la cual es sumamente exquisita de escuchar.

Mariela Verónica Gagliardi

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