*** Noviembre 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘Iván Moschner’

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¿Ponerse en los zapatos del otro?

Lo lindo de calzarse es pisar en cualquier lado (escrita y dirigida por Julián Rodríguez Rona) es una canción a la vida. Pero a la vida del planeta de los vivos, que estamos con los ojos abiertos deseosos de palpar con las manos la naturaleza, de respirar fragancias y de descansar sin justificaciones. De indagar por doquier y abrazar lo que sintamos como propio e imprescindible.

Esta dramaturgia es pura melodía a pesar de no convertirse en musical. Porque las palabras son dichas pero los cuerpos generan movimientos, como las notas y su ritmo. Porque pareciera ser un long play con varios tracks que se continúan, teniendo reminiscencias del amor, pero también del abuso, del trauma, de la soledad, de la angustia, del deseo y de tantas cuestiones que se nos pegan a los mortales sin saber cómo quitarlas de encima.

Esta obra de teatro es un placer. Como esas pociones mágicas que pretendemos beber para convertirnos en otros capaces de afrontar lo que no nos animamos.

Lo lindo de calzarse… brinda códigos para que los espectadores juguemos a ser parte de los diferentes microrrelatos. Porque esa es una de las principales aventuras en la que se embarcan los tres actores: en la de ser ellos mismos pero, también, otros. Al ponerse en los pies de “otro”, pueden intentar sentir como tal o distanciarse finalmente. El juego de roles que uno investiga (inconscientemente) cuando es chico y que, se “olvida”, en la valija de la niñez creyendo que es lo que corresponde hacer.

Cuando el río sube, la pasión los enamora pero, cuando baja, todo parece convertirse en un paisaje turbio y lleno de sensaciones tensas e imposibles de digerir.

La escenografía de cartones corrugados es un acierto gigante, que acompaña cada uno de los diálogos, el avance y retroceso, la posibilidad de ubicarnos en tiempo y espacio, de derribar obstáculos o de, simplemente, colocarlos en el lugar que correspondan.

Adoré la puesta en escena por ser tan sencilla y eficaz. Por permitirle a los artistas desplazarse libremente y sin tener que trasladar mobiliarios. La liviandad de los cartones les permite seguir danzando por donde sus cuerpos les pidan, por correr o avanzar en la dirección y a la velocidad que se sientan impulsados a hacerlo.

En cuanto a las interpretaciones, no puedo más que felicitar a todo el elenco, junto su autor/director que supieron otorgarle brillo a esta aventura por el Delta. Una aventura que comienza desde el principio de un viaje que no tiene fin, que se basa en contemplar el afuera y el adentro, en disfrutar de unos versos y del silencio mismo.

La cadencia de cada escena demuestra que cuando se tiene talento se pueden convertir las palabras en actos, las miradas en caricias y la música en poema.

Esta obra es gigante porque invita a la reflexión y al autoconocimiento (sin el cual es imposible de hallar la identificación). Los paisajes se construyen sonoramente y todo lo visual correrá por cuenta de cada imaginación. De hecho, me sorprendí gratamente. Por momentos observaba el agua moverse y unas olas que rompían contra el muelle.

Como pequeños cuentos que se entrelazan entre sí, en un punto de encuentro real o soñado. Como cuando uno cierra los ojos para recostarse sobre su pareja e imaginar el mundo o transformar la realidad.

Disfrutable de principio a fin, para sentir, relajarse, tensionarse y angustiarse. Porque estos sentires y otros estarán presentes como un abanico que se abre -a cada momento- para compartir una bocanada de aire fresco o brumoso.

Lo lindo de calzarse es estar dispuesto a atravesar diversos tipos de terrenos y quedar en pie, sin hundirse por completo. Nadando, reflotando y encontrar la manera de llegar a la superficie. Porque el amor es el único capaz de transformar una realidad en otra por más temporal que pueda desatarse.

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Fraude o defraude? Síganme hermanas y hermanos

La crueldad de los animales1

Raúl Ricardo Alfonsín fue el primer presidente electo democráticamente después de varias sucesiones de gobiernos de facto en el país que seguían debilitando a nuestra sociedad, a nuestra economía y a nuestra política. Cuando todo parecía convertirse, de a poco, en una estabilidad constituida por derechos y el fin de las masacres a quienes opinaban diferente; nuestro presidente fue invitado a retirarse del cargo. En su lugar vino él: un hombre de pequeña estatura que prometió el oro y el moro, que supo decir las palabras que el pueblo quería escuchar y, apoyándose en un discurso “perfecto”, ganó las elecciones. Así, Carlos Saúl Menem, asumió como presidente de los argentinos, vendiendo nuestras tierras al mejor postor, olvidándose de cuál era su rol (de administrador) y arruinando a una sociedad que no había podido tener tregua tras tanto sufrimiento.

Menem, con el correr del tiempo, se convirtió en mala palabra. Su nombre era yeta. Su presidencia nefasta y su demagogia el comienzo de una era que aún en nuestra actualidad no logra revertirse.

La crueldad de los animales (escrita por Juan Ignacio Fernández y dirigida por Guillermo Cacace) es un recorrido por esta época tan siniestra y macabra en que se utilizó a millones de personas para un plan que se revirtió sobre la marcha.

Esta puesta en escena realmente audaz, con un elenco talentosísimo y una dirección impecable; logra describir los años noventa sin siquiera mencionarlos, sin utilizar la tradicional bajada de línea ni siquiera para contextualizar. En vez, se juega completamente valiendo y apoyándose de y en la danza, la música, los efectos sonoros y la actuación.

Un escenario desprovisto de objetos y accesorios, en el que solo puede observarse césped artificial, verde brillante y sillas -una para cada artista-. A la vez que varios reflectores sirven para acentuar un discurso o protagonista. Dichas luces no permanecen estáticas sino que son movidas por los dos apuntadores quienes, además, forman parte de la historia dramática que se representa a lo largo de una hora.

En la sutileza del vestuario pueden vislumbrarse las diferencias en cuanto a estratos sociales, al abuso de unos hacia otros y al “olvido” de quienes son los verdaderos dueños de las tierras: los aborígenes que se leen más de lo que se ayudan.

A lo largo de siete escenas es como el público deberá imaginar la estética y ambientación de todo lo que sea mencionado como descriptivo, para luego observar la acción en vivo y en directo -nutriéndose lo dicho con lo interpretado-.

Lisandro ingresa y entre pasos de flamenco logra romper el hielo de esta dramaturgia que intriga completamente: “Si no sos fuerte se sufre mucho”, le dice su madre. Y sus ojos, llenos de lágrimas, miran a un punto en el horizonte mientras sus brazos y piernas recorren un espacio preciso. Pareciera querer avanzar sin trasladarse en el espacio. Está absorto, perplejo, sufriendo en carne propia.

De repente, el absurdo se hace presente con Manuel quien con tono irónico pretende llevar adelante su estrategia de conformar a un hombre que perdió casi todo en su vida. Aquí es cuando se comprende el principio del fin, uno de los conflictos territoriales que no consiguen hallar soluciones eficaces para los pueblos originarios.

Un sobre abierto desata varias situaciones desagradables que desembocan en violencia. En diferentes tipos de violencia que ejemplifican diversas formas de poder y lo que éste implica.

Después de representarse diversas escenas con situaciones familiares, sacando a la luz problemas pendientes de resolver y conflictos importantes o banales; se da a conocer otra cuestión realmente imprescindible en materia nacional: las tierras.

El sarcasmo es el que permite que por momentos sonriamos en medio de tanta tragedia lingüística y real.

Un sonido de interferancia aparece y desaparece por momentos -marcando tensión y suspenso-, al igual que los ladridos de una perra que se van extinguiendo como las conversaciones, como las soluciones, como el mal clima del país. Todo es política y no porque se cite a un político sino porque las transacciones, los intercambios, las relaciones humanas, entre otras; giran en torno a la política, a decir o hacer algo esperando o pretendiendo un fin determinado.

Chiquito es el diferente, el olvidado, el dejado a un lado y el que se pretende ocultar o que pase más desapercibido aún. Su vida, su deseo, sus necesidades nadie las atiende. Él es un aborigen, un hombre con familia, un ser que no daña a nadie pero pretende ser respetado. Él no usa un abrigo de piel, no mata para lucir, no aparenta lo que no es.

Los viajes a Miami se suceden mientras otros se quedan ansiando poder llevarse un bocado de pan a la boca, sufriendo el derroche de las clases más altas -y de las que no tanto- que disfrutan un paseo de virtualidad derrotada luego.

“Es mi tierra Manuel” – acota Chiquito. Él no quiere una casa lujosa ni más cómoda, quiere quedarse en su hogar a orillas del río Paraná. Son sus raíces las cuales no quiere que se le amputen.

Pero, la única que lo entiende es la abuela de la familia aristocrática: “el nombre y la tierra es lo único que tenemos”.

Las palabras son dichas, las broncas brotan de cada uno de los presentes y hay quien no quiere estar más así ni ahí.

¿Cómo salvarse de una situación tan discrepante, que amenaza a todos por igual aunque de distinta manera?

Manuel Dorrego fue fusilado al igual que tantos hombres inocentes que perecieron en la lucha de existir. Siempre gana el más fuerte, el que tiene más apoyo, no el que tiene la razón.

Los pedidos continúan, el hombre moreno quiere que su lugar sea respetado, no quiere que un temporal lo extermine ni una construcción edilicia le ataje el sol.

Sangre que viene y va, animales feroces que se atacan o que atacan simplemente. Larvas que están por convertirse en algún organismo animal más desarrollado, larvas que son malignas, organismos que se trepan por los cuerpos, que se inmiscuyen en éstos hasta pudrirlos. Larvas que convierten a humanos en parásitos.

La crueldad de los animales es un panorama sobre una época nefasta que no terminó, que sigue su curso hasta que los derechos de los mortales sean respetados y ningún vivo pueda sobrevivir por sobre otro.

Dramaturgia: Juan Ignacio Fernández. Elenco: Héctor Bordoni, Ana María Castel, Fernando Contigiani García, Gaby Ferrero, Esteban Kukuriczka, Sabrina Marcantonio, Iván Moschner, Denisse Van der Ploeg, Nacho Vavassori y Sebastián Villacorta. Funciones: viernes y sábados 19 hs, domingos 18:30 hs. Teatro Cervantes. Dirección: Guillermo Cacace.

Mariela Verónica Gagliardi

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Volver al futuro trueque

Señorita Lucobein13

Nacho Ciatti apuesta su creatividad a una original puesta en escena, la cual escribe y dirige, demostrando cómo dos épocas tan distantes se asemejan en ciertos puntos.

Una empresa de alimentos será el sitio en el cual se desarrollará una comedia con ingredientes del grotesco.

Todos los empleados serán hombres y el machismo reinará por doquier.

Mientras tanto la “Señorita Lucobein” (Gaby Pastor) se dejará someter a todo tipo de chantaje emocional, no pudiendo encontrar una salida más saludable para ella.

La compañía del futuro -que más bien parece del pasado lejano-, en la cual no se cobra con dinero y la explotación es como en nuestra actualidad capitalista.

El Señor M (Iván Moschner) es un jefe tirano, sin escrúpulos y capaz de hacer avergonzar hasta al más inocente.

Haciendo una pausa podemos entender que hay una gran dosis de pesimismo en los diálogos, ya que las cuestiones negativas no evolucionaron, se avivaron y se hicieron más fuertes hasta terminar destrozando cualquier corazón.

Claro que para quien recién lo conoce pueden parecer duras estas apreciaciones.

Así será el caso de Lazio, un campesino entrerriano que con el afán de tener algún rédito económico le venderá su alma al diablo, aunque tendrá una recompensa que ni él se la imaginará.

El amor rondará las oficinas, los rumores de pasillo se exacerbarán y, ante cualquier eventualidad, se le dará rienda suelta al baile.

Si bien la obra es en mayor medida humorística, no hay que dejar de lado la violencia verbal y la coacción  reinante en cada escena.

Señorita Lucobein es una metáfora de cuantas agresiones o desvalorizaciones existan en la realidad.

Un hombre loro que durante gran parte de su vida trabaja en ese sitio tan despreciable, intentando serle útil al lugar y a su jefe, pero que no es absolutamente nada, sino un ave sucia y vieja a punto de morir.

Lo que sucede es que sus alas se fueron marchitando y desea salir cuanto antes del encierro para respirar su último aliento.

Justamente, el fragmento en que ocurre el pedido da escalofríos. Lo interesante es que habrá quien se tome con gracia este acontecimiento y quien intente vincularlo con la inequidad social y la desdicha de un ser que es humillado -provocando un paréntesis para sentir que la solidaridad no tiene que ver con una u otra época sino que debería ser inherente al hombre-.

Y, por último, un Botón (Nicolás Barsoff) que podría ser menospreciado por su rol pero, sin embargo, es el único que está al tanto de todo y el único capaz de conocer a todos los empleados.

Su papel será el que revele determinada información y a su vez toque el piso indicado para elegir uno u otro destino.

Es interesantísima la trama de la pieza teatral, la cual no se torna monótona en ningún momento, logrando tener matices dramáticos, humorísticos y musicales; compartiendo con los espectadores esta mirada al estilo cómic donde habrá antihéroes que tendrán la oportunidad de rebelarse y ser importantes al menos para sí mismos.

¿Qué podría suceder si quisieran salir del encierro de un momento para otro?

¿El Señor M los dejaría, los entendería y podría arremeter contra ellos?

Son tiempos de cambio y deberán ser muy cuidadosos si no quieren levantar sospechas.

Señorita Lucobein ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Ripio y Coco, Brasil

Los clowns Ripio y Coco viajarán al Brasil, estarán en Brasil,
sentirán nostalgia de su lengua materna y volverán a su patria.
Un espectáculo para adultos al cual pueden asistir niños. 
Con  Ariel Aguirre (RIPIO)  e Iván Moschner (COCO)

Dirección:  Ariel Aguirre  e Iván Moschner

Única función, sábado 1° de diciembre, 21 hs.

Duración: 50 min.

Teatro: Paraje Artesón (Palestina 919, Timbre 2 – C.A.B.A)

Entradas $ 50.

Fotos: Estudio Toma Uno espectáculo
hablado un 98% en portugués 
 
Los actores:
Ariel Aguirre, Licenciado Fonoaudiólogo UBA. Tomó clases de actuación con Raquel Sokolowicz y en Andamio 90. Integrante del grupo Morena Cantero Jrs. Actuó en obras de Shakespeare, de autores argentinos, y creaciones colectivas.. En cine participó de “Ancianas Muertas”.
Iván Moschner, egresado de la Escuela Nacional de Arte Dramático. Integrante del grupo Morena Cantero Jrs. Actuó en clásicos argentinos de Discépolo, Gambaro, Monti. En obras de Shakespeare, Chejov y Cormann.  En teatros oficiales e independientes. Actualmente trabaja en la obra  “Alemania”  (en cartel) y estrenó la película “Extraños en la noche” . En cine también trabajó en  “Incómodos”, “Ancianas muertas” entre otras.
 
Antecedentes:
Ripio y Coco nacieron en 1995 en un curso dado por la Maestra RAQUEL SOKOLOWICZ y fueron creciendo de mano de la Señora Fabiana Falcón quién los recibió en su casa y les brindó un espacio para vivir sus aventuras cuando todavía nadie hacía teatro en un departamento. Desde entonces realizaron presentaciones en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Banfield, Córdoba, Misiones y Florianópolis (Brasil).
RIPIO Y COCO, BRASIL es el quinto espectáculo de este dúo, los anteriores fueron “Las cuatro estaciones”, “La quinta sinfonía”, “La tartaruga torrante” y “Ripio y Coco, grandes éxitos musicales”.
En 2010 fueron nombrados “Los reyes del clown” por la prensa misionera.
Este espectáculo cuenta con el apoyo de PROTEATRO

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