*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Un ritual inesperado

Corazón de wasabi1

Hace dos años fui a ver “En otro vida fui Marlon Brando”, una obra que destacaba a personajes de William Shakespeare y en la que ocurrían otras acciones no esperadas por el espectador. Después de dicha pieza artística, Jorge Tomas doblega la apuesta y vuelve a escribir, protagonizar -esta vez- y dirigir una novedosa dramaturgia en la que, también, pasarán muchas cosas al mismo tiempo y la conclusión deberá ser sacada por cada persona -convirtiendo de este modo al espectador en activo-.

«Corazón de wasabi» es la historia de tres amigos que crecieron juntos, compartiendo charlas, noches sin dormir, música copada y varias cosas más. Esta propuesta, muy diferente a la citada anteriormente, muestra a Jorge Tomas muchísimo más consolidado como actor y escritor. Su mente cobró un vuelo tremendo en el que no parecen existir barreras ni límites.

Narrada y ambientada en aquellos años 90 en que la banda liderada por Axl Rose, se había instalado entre los adolescentes para fomentar una cultura pasional y llena de rock and roll. Con una escenografía muy estética, moderna y cuidada, se disfrutará de una conmovedora noche que podría ser como cualquier otra y que, por un motivo, no lo es.

En esta historia, los tres amigos en verdad son dos ya que uno de ellos ha muerto hace veinte años, motivo por el cual, religiosamente, se juntan una vez por año para homenajearlo, para sentirlo entre ellos, como uno más.

Como si se tratara de un ritual, “Corazón de wasabi” refleja aquella melancolía que se siente cuando se pierde a un gran amigo. Esa sensibilidad a flor de piel que jamás podrá sanarse. Quizás, esta obra sea una visión diferente a cómo sobrellevar tanto dolor. A asumir que las pérdidas no tienen por qué llorarse, sino que existe otro modo de recordar a quien ya no está con vida.

Son varias las situaciones, conformadas como escenas, que van transcurriendo; las cuales permiten que Humberto y Miguel vayan trazando un paralelo entre pasado y presente.

Podría tratarse de fuerzas sobrenaturales, de deseos insatisfechos, de las ganas por volver a esos años en que no existían las responsabilidades, o, quizás; de un gran delirio y nada más.

Como tradición, puede verse una planta en tonalidades verdes. Salvo que alguien conozca sobre esta especie, podría asociarse al título de la obra. Pero, buscando términos que asocien al wasabi con algo determinado o deseado, no pude hallarlo. Solo sus acepciones vinculadas a propiedades curativas, desinflamatorias y antiparasitarias. Luego de empaparme sobre el tema y ver diferentes fotografías asumo que el autor quiso vincular el delirio, la ironía y varios aspectos del género clownesco de la obra con alguna droga proveniente de dicha hierba.

Durante la celebración ocurrirán tantas cosas que el espectador podrá posar su mirada en una situación u otra, a modo de paneo. Ni siquiera faltará la presencia de una tarotista que jugará con los destinos de estos amigos al igual que con todas las personas que vayan apareciendo en la casa. Como si las puertas se encontraran abiertas para cualquier desconocido, un repartidor de pizza se convertirá -por arte de magia- en un protagonista fundamental para que la velada cumpla con un ritual asombroso.

No solo estará presente la comedia como sitcome sino que las ocurrencias de Jorge Tomas dotarán a los diálogos de tantos oportunismos como sean posibles.

Unas bolsas de dormir los retrotraerán al pasado, las mujeres los invitarán a reflexionar y todo error cometido podrá ser olvidado con tal de enaltecer a quien ya no está.

Como una mirada, a los lejos y que -de a poco- se acerca, ambos disfrutarán de uno de los placeres más grandes de la vida llamado amistad.

Corazón de wasabi es un corazón tan noble que ni la vestimenta podrá modificar.

En cuanto el final se acerque desearemos que todo vuelva a empezar. Como antes, como ahora, como algún día en sus vidas que quieran compartir con nosotros.

ficha Corazón de wasabi

Mariela Verónica Gagliardi

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Su voz, su vida

Oye1

Francisco Pesqueira es uno de los poetas contemporáneos que logra encauzar sus conocimientos, homenajeando a grandes escritores como Federico García Lorca, a quien admira notablemente. Su nuevo espectáculo «Oye (los poetas… mi voz» lo coloca en un lugar diferente y distinguido.

En «Oye», Francisco no solo cita a Lorca sino a otros grandes como Antonio Gala, Marcos Ana, Mario Benedetti y Alfonisa Storni, entre algunos de los aparecidos en escena.

Con sus ojitos claros, recordando la infancia, aromas, impresiones y anécdotas; consigue transmitir no solo conocimientos teóricos sino poemas en forma de canciones, en su formato clásico y, se da el lujo de leer cartas escritas para algunos de sus escritores favoritos. Les responde a modo de cuestionamiento, los felicita, los enaltece.

«El cielo, en flor azul y niño, se admiraba. De un vuelo tan en flor que no se oía» (Volé contigo, Antonio Gala) fue la primera melodía que sonó al iniciarse la velada, una velada que tuvo más espectadoras que espectadores, las cuales formaron fila luego de terminada la función para obtener una fotografía junto a su artista favorito.

Nanas de la cebolla (Miguel Hernández) parece ser el pretexto de describir sentimientos, a partir del universo culinario, como si se tratara de una novela: “Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea”.

Otro de los momentos más lindos y conmovedores de la noche fue cuando apareció la cita de Alfonsina Storni, su historia, sus padecimientos y el modo que tiene Pesqueira de respetarla: “Y una noche triste, cuando no me quieras, secaré los ojos y me iré a bogar por los mares negros que tiene la muerte, para nunca más”.

El recorrido poético continúa, con un repertorio escogido e ideado por el mismo autor, quien humildemente pareciera ser un embajador de textos evocados por otros, a los cuales les suma, ahora, su vocación.

Mi casa y mi corazón (Marcos Ana), Intentalo encontrar (Mayte Martín), Memento (García Lorca), De tiempos y océanos (Mario Benedetti), En paz (Amado Nervo) y Para cuando me vaya (Amaury Pérez); completan la línea argumental de este cálido show, el cual se conjuga con el lugar, un lugar como La botica del ángel que presenta a diferentes íconos del mundo artístico.

Como si se tratara de un climax creado a drede, que seguramente lo sea, la melancolía aumenta y por más que intentemos dibujar una sonrisa en nuestros rostros, las lágrimas no tardarán en caer del mismo.

Observé a mi alrededor y pude ver reflejado esto: sonidos de congoja, mezclas de emociones, recuerdos y una manera de enlazar nuestras vidas con estos versos tan bien escogidos.

Quien no sienta un nudo en la garganta y una presión en el pecho, al leer o escuchar esta frase, posiblemente no esté vivo: “Para cuando me vaya no habrá amanecido ni para el amor, ni para el olvido. Para cuando me vaya la vida nos premia, poniendo los sueños de penitencia”.

Pero, para los que sufrimos como parte de la vida, a lo largo de esta profunda presentación, Pesqueira tuvo preparado un broche de oro súper divertido y con el que tuvimos la oportunidad de cantar los estribillos.

Al ritmo de esa canción, que no tendría sentido que revele para que no pierda sentido, la noche cerró sus puertas para abrir otras más: las de aquellas reflexiones que tenemos que tener en la intimidad, sobre el amor, el dolor, la tristeza y las buenas elecciones.

El arrepentimiento no tiene lugar en esta puesta en escena, ¿acaso qué sentido tendría?

Oye fichaMariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a Lucas Palacios

¿Por qué una dramaturgia que gire en torno al perdón?

No creo que la dramaturgia esté supeditada al perdón; pero sí pienso que es una característica del personaje de Pedro. Tiene que ver con sus ganas de ser aceptado constantemente. Siempre pide permiso, no quiere dañar porque piensa que si se enojan con él, ya no tiene posibilidad. Por eso pide perdón.

Una sala de espera en un hospital, en el sector más temido por todos. ¿A qué se debe esta elección?

La sala de espera surgió de la investigación con los actores. En un primer momento todo sucedía en un velorio, después mutó a la sala de espera. Creo que la proximidad de la muerte nos hizo pensar en la vida. Ante una vida que se termina, uno se pregunta, indefectiblemente, qué va a hacer con la suya propia.

¿Considerás que vivimos en una sociedad que habla demasiado?¿Del dicho al hecho hay un largo trecho?

No es algo que hayamos conversado o pensado, aunque entiendo que Pedro pueda representar para algunos un personaje más común, mas reconocible, ese hombre «común» que repite frases hechas o que se siente intimidado por el silencio. Es el típico momento en el ascensor en el que un vecino habla del clima. Pero detrás de esa cáscara se esconde algo mucho más profundo.

¿El humor es fundamental en la vida?

A veces el humor es la posibilidad de ir hacia lugares desconocidos o poco transitados. Es ese niño que dice lo que los adultos piensan, pero no se atreven a decir.

¿Callarse a tiempo tiene sentido?

Calculo que callarse a tiempo tiene sentido; en nuestro caso, y calculo que lo preguntás por Pedro. Callarse a tiempo hubiera sido que nunca sucediera nada.

¿El ser humano se cree muy omnipotente? ¿A qué crees que se deba?

Me gustaría entender a qué se debe esta pregunta. No sé si es así, pero me hace pensar, simplemente, en que vivimos muchas veces como si no existiera la muerte.

¿Crees que imaginar es el primer paso para concretar?

Imaginar es hermoso pero no hay nada mejor que hacer. Mejor una idea, simple, sobre la mesa, que cien geniales en la cabeza.

¿La soledad es uno de los temores más grandes de las sociedades occidentes?

Yo disfruto mucho de la soledad, pero creo que las mejores cosas se hacen con otros.

¿En quiénes se basaron para darle vida a estos dos personajes?

Estos personajes son fruto de la investigación y de la energía creativa que surgió en la compañía. Se basan en nosotros mismos. O en aspectos de los personajes que nos habitan.

¿Pedir perdón a tiempo puede ser un alivio para el alma?

En la obra, Pedro pide mucho perdón por cosas que en verdad no le hacen mal a nadie. ¡En la vida, seguramente, sí pedir perdón puede ser muy sanador!

Mariela Verónica Gagliardi

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Hacer para ser

Perdoname por ayer1

La soledad y el miedo son dos sensaciones tan peligrosas como la manipulación. Hay quienes consideran que saben amar aunque nunca estuvieron consigo mismos como para afirmarlo.

En esta puesta en escena, tiempo y espacio cobran un valor fundamental en que no se precisa más que de objetos ornamentales y diferentes melodías para contextualizar.

La agilidad , ese tiempo que corre velozmente sin siquiera darnos tiempo para pensar, para sacar alguna idea propia, para canalizar, para concluir, para asimilar lo que vemos y oímos… esa rapidez y fugacidad, están ausentes en esta nueva obra de la Compañía Vísperas (dirigida por Lucas Palacios) llamada “Perdoname por ayer”.

Gracias a dicha ausencia, esta pieza teatral puede sentirse momento a momento e indefectiblemente provocarnos angustia y alegría. Dos sentimientos que podrían llegar a ser antagónicos pero, sin embargo, son tan reales como cualquier dicotomía humana.

Existe un solo espacio escénico que no es el ideal para el desarrollo de una historia de amor, aunque tampoco se trata exclusivamente de un romance casual, sino del amor por alguien. Entonces, una sala de espera, del sector tan escalofriante de terapia intensiva, es el lugar en que Emilia (Mariana Mayoraz) y Pedro (Luis Lusardi) se conocerán. De ese encuentro, se irán produciendo diferentes situaciones y charlas que los convertirán en personas diferentes a las que eran en un comienzo.

El padre de Emilia internado hace tiempo y sin mejorías notables. Pedro, viniendo a una ciudad que no conoce y pretendiendo entablar conversación con todo aquel que se le cruce en el camino. La incomodidad de preguntar lo que no es “correcto” y “oportuno”, la certeza de que la hipocresía del silencio es la mejor herramienta para velar a un enfermo en vida.

Hablar, incansablemente, pretender ser sin dejar ser, es lo que acontece durante casi toda la obra. Pedro desea contar su vida, saber sobre la vida de ella, entrometerse, opinar, para luego pedir perdón.

Así es como el tiempo transcurre y, a diario, Emilia debe aguantar la intromisión de un ser extraño que pretende no serlo.

Dos almas distintas que no están unidas por el deseo sino por el pretexto de un espacio en común y la necesidad de develar ciertos momentos del pasado.

Cuántas solitarios habrá en el mundo, anhelando formar parte de la vida de otros -aunque sea forzándolo-. Cuántas personas se resistirán a la pérdida de seres queridos que se encuentran a merced de un equipo de médicos que los mantienen respirando artificialmente.

Esta dramaturgia explora por sensaciones frías y cálidas, al mismo tiempo, dándole esperanza a quien la precisa en esas situaciones de agonía y tristeza.

Permanecer a la espera, aguardando un mensaje deseado, envejecer siendo joven, dejar que los minutos se conviertan en años y que nada más importe que la espera; hasta que la llegada de un “otro” convierte lo estático en movimiento.

La llegada de la navidad trae esa magia que logra convertir al hospital en un cuento de hadas en que la imaginación se apodera de la palabra y de los actos.

En cuanto a la palabra más utilizada, notablemente, es: perdoname. Si bien, todos sabemos su significado más convencional, existe una acepción que hace referencia a interrumpir el discurso de otra persona y tomar la palabra. Esto es lo más recurrente y lo que exaspera a la dama, quien no encuentra discurso para hacerle notar su ira.

Lo protocolar y el deber ser, consiguen impregnarse en esta dramaturgia que oscila entre una comedia dramática y el humor negro.

Hablar sin respirar, sin darle espacio a otro que opine, ese egoísmo por comunicar sin un fin determinado, ese deseo por acaparar porque sí; son algunas de las cuestiones a analizar en los monólogos de Pedro -un hombre como tantos otros, con sentimientos puros y nobles-.

Una vez que lograron recrear su escena ideal, el hechizo se evapora y el perdón se extingue sin conseguir un propósito.

ficha Perdoname por ayer

Mariela Verónica Gagliardi

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Volando con D´Arienzo

El aeroplano

El gran escritor, actor y director, Carlos Gorostiza; tiene una cantidad de obras en su historial. Una de ellas, que data de 1990 se titula “Aeroplanos” y, en esta oportunidad, Damián Canduci ha hecho una adaptación que rescata la esencia de la original pero que se denomina “El aeroplano”.

La dramaturgia pertenece al género de comedia y pretende revalorizar aquello que se suele dejar de lado. Habitualmente, la aparición de una enfermedad es lo que hace activar una atmósfera de alegría -la que tantas veces permanece debajo de una alfombra-.

Dos ancianos: Cristo (Luis Canduci) y Paco (Raúl Toriggia) que se debaten entre la vida y la muerte, deciden emprender un viaje (mental) a través de la música -en este caso del vals El Aeroplano, de Juan D´Arienzo-.

Con una propuesta íntima, cálida y de una duración ideal; podemos deleitarnos con diálogos convencionales y, muchas veces, olvidados.

Teniendo conocimiento de ambas obras (la original y esta adaptación), puedo esbozar algunas ideas fundamentales que hacen a la creación original de cada una. En principio, El Aeroplano se apoya, estrictamente, en la melancolía, en el pasado que supuestamente fue mejor, en vivenciar lo más solido y confidencial que aún estos amigos no se han dicho. La obra se compone de una sola escena que muestra un día completo entre ambos, una jornada realmente extenuante, colmada de entusiasmo, de palabras duras y otras bonitas, de bromas, de chistes y de una realidad que pretenden cambiar estando unidos para siempre.

Cada tanto sonará el teléfono, aquel que les recordará que existe un mundo exterior integrado por responsabilidades y duros problemas por resolver.

Damián, consiguió hacer un recorte conmovedor de esta historia en que el café es tomado como bebida social, los caramelitos como endulzantes y un tocadiscos como principal instrumento musical de la casa. Una casa que sirve de hospedaje, de consuelo, portador de tantos recuerdos, trofeos, cuadros y aromas de antes.

Cristo y Paco fueron futbolistas, uno mejor que el otro, uno con diferentes intereses que el otro. Sin embargo, aquello que los unió y une fue el amor por la música, esa nostalgia que transmite el tango, esa melancolía, esa lágrima a punto de explotar en la mejilla.

En cuanto a la pieza artística original, tiene la particularidad de contener más humor gracias a las charlas telefónicas que entablan los personajes y los chistes que surgen a colación de éstas. Dichas menciones no están presentes en El aeroplano, aunque sí existen algunas conversaciones que sirven para comprender mejor la vida de estos hombres solitarios y unidos.

Otra diferencia notoria entre ambas puestas en escena es la que se refiere a la ambientación: originalmente, como Paco vive con Fito (su nieto) que es una estrella del rock, los instrumentos de él se contraponen a la estética del abuelo, consiguiendo que ambas generaciones se fusionen a la perfección. Pero, en esta versión, todas las pertenencias de Fito están ausentes. Esta decisión estética produce sensaciones diversas. Por un lado, tenemos esta relacion tan estrecha entre abuelo y nieto, además de la añoranza de su juventud. Y, por el otro lado, contamos solo con la esencia humana, con ese egoísmo que pretende dejar de serlo para darle lugar a lo verdaderamente importante.

Cristo, paradójicamente, nunca pisó un aeropuerto y todos sus viajes fueron a través de la imaginación. Aquella que pudo lograr gracias a las diminutas estampillas de todo el mundo. Paco, un hombre viajado, sí ha conocido lugares físicamente. Dos modos de trascender, de conocer, de aunarse como una sola persona. De elegir por sobre lo que sus familias pretenden. Dos ancianos que quieren vivir por sus propios medios, sin ser vigilados ni hostigados.

El aeroplano emociona hasta lo más profunda, produciendo una ternura suave, como una caricia al alma que se consigue con las melodías de Vayone, una artista que canta sobre el amor, sutilmente, y que deja espacio protagónico a estos viajeros emotivos.

ficha El aeroplano

Mariela Verónica Gagliardi

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Diferentes miradas sobre una realidad difícil de concebir

Trunco28

No todo es lo que parece y todo parece lo que es. No todo lo que brilla es oro ni lo que se supone es de una manera termina siéndolo.

Una música circense nos adentra en “Trunco” (escrita y dirigida por Maxi Sarramone) es una obra de teatro que pertenece al género absurdo y no tiene ningún problema de llevar al máximo esta expresión. Tal es así que, a lo largo de la dramaturgia, se pueden conocer tres estilos de vida completamente diferentes y sacar conclusiones apresuradas si se quiere.

Como un juego tremendo de personalidades, estarán aquellos que disfrutarán de analizar lingüísticamente cada concepto y quienes pierdan los estribos frente a esto.

La escena transcurre en la ruta 135, una ruta en que tres pequeños grupos -compuesto por dos personas cada uno- intercambiarán pareceres de la vida, deseos, necesidades y acciones reveladoras.

Carpa de colores no hay pero se pueden entender la métafora del dueño del circo (Esteban Fiocca), la cual no se menciona con palabras pero sí con la actitud del empleador, quien parece ignorar que existen personas con ganas de trabajar y con alguna posibilidad de hacer algo.

Lele (Leticia Torres) y Mimí (María Viau), son dos mujeres que precisan lo más básico como comida y que son felices a su modo; un matrimonio no tradicional -compuesto por Poco (Nicolás Silbert) y Lucy (David Páez)- y con resentimientos de antaño; y una relación entre padre-hija (Esteban Fiocca y Rocío Orlandino) que necesita un cambio urgente.

Este es el panorama y desarrollo de esta pieza teatral tan bien concebida, excelentemente interpretada por sus artistas y con un aroma a libertad tan grande como un campo en medio de la nada misma.

Con respecto al vestuario, cada clase social exhibe su atuendo característico y el que más resalta es de estas trabajadoras que lucen tela de arpillera, bolsas de residuos y esponjas de virulana.

Masticar una banana puede ser un postre o la comida del día para estas mujeres buscavidas que harán todo hasta llegar a su cometido. El tema es que quizás no sepan cuál es dicho objetivo y se enreden en palabras y expresiones sonoramente correctas. Ellas vendrían a ejemplificar a ese sector más humilde que la precariedad, más humilde que un ruido de estómago a punto del desmayo, más pobre que la necedad y la falta de oportunidad para trabajar. Claro que quien sí tiene la posibilidad de darles una mano, no tiene la intención de hacerlo. Él está para juzgar y encasillar, de eso se trata su paso por la vida. Muy bien vestido pero tan egoístamente parado, se creerá el ombligo del mundo y aquel faro que debe ser observado antes que nada.

Por último, el matrimonio integrado por dos hombres, demuestra lo poco que pueden conocerse dos personas, hasta el punto de ignorar su sexualidad o ambición.

Algo trunco se refiere a aquello incompleto y eso es lo que se simboliza con cada dúo: lo mutilado que queda un ser ante la falta del otro. Cabe aclarar que esta sobreexageración dramática es tomada como tal en la obra pero, existe, en la realidad de nuestra sociedad. ¿Quién no ha sentido la muerte llegar ante la falta de un ser amado? ¿Quién no ha amenazado con sentirse desorientado ante el abandono de éste?

Trunca la vida, el mundo e inclusive el universo por negarle a ciertas personas la claridad para descubrir de que se trata ser y transitar. Aferrarse hasta el punto de convertirse en alguien diferente y, por ello, creerse enamorado. Todas las exposiciones verbalizadas son y existen realmente. Para nuestra risa o asombro, estas seis personas son reflejo de otras. Eso provoca carcajadas o la necesidad de explorarse a uno mismo.

Podría tratarse de un piquete revolucionario, aunque la historia demuestra que es una causalidad que seres tan distintos se crucen y puedan dialogar. Parece ser una acción muy pretendida o poco conceptualizada en estos tiempos. Mientras tanto, las decisiones tirantes se llevan a cabo (como la venta que hace Poco de todo), las amenazas parecen estar al acecho y las respuestas encontrar su espacio para asumir verdades no aclararadas en su momento. Los antagonismos se acercan, se fusionan y se afianzan tan inverosímil como ilógicamente.

Somos seres incompletos y, por más cambio que hagamos, siempre lo seremos.

Mirar la vida con otros ojos y tratar de ver con los de otros, sería la clave para que el mundo se vuelve un poquito menos miserable.

Trunco ficha

Mariela Verónica Gagliardi

Entrevista a Agostina Marazzo

¿Qué significa tener un Festival en el lugar donde vivís?

Agos MarazzoTener un Festival en Luján significa acercar a un pueblo al teatro, tener la posibilidad de ver obras de todo el país a un precio accesible. Que todo un pueblo pueda acercarse al teatro y disfrutar de una semana a puro teatro con propuestas de todo tipo.

¿Cómo surge y por qué?
El festival surge por una propuesta de Leandro Suárez, director de Interactuando compañía teatral. Luego el proyecto fue presentado a la entonces directora del Teatro quien acepto el proyecto y comenzamos a preparar el primer festival. Como compañía teníamos la inquietud de hacer algo más que solo actuar. Con el Festival logramos traer teatro desde todos los puntos del país y acercar a la gente al teatro.

¿Pasión por el teatro y que mas hace falta para armar una movida artística de esta dimensión?
Para armar un Festival no solo se necesita pasión por el teatro, si no ganas, organización, un grupo que te acompañe y trabaje a la par. Por suerte contamos con el apoyo de Sponsors de gran nivel que, año a año, se suman a este festival y confían en nosotros.

¿Qué balance podes hacer de estos tres años?
Creo que el festival creció muchísimo en estos tres años, fuimos modificando las cosas que estaban mal y aprendiendo de los errores. Los elencos se van felices de la atención y el trato que reciben y eso es a lo que apuntamos: que todos se sientan cómodos. Que el festival crezca año a año en todos los aspectos.

¿Por qué consideras que tiene que haber un elenco ganador del Festival?
A diferencia de otros festivales este festival tiene la particularidad de tener menciones y premios, considerando a una obra como la ganadora siendo esta la mejor en todos los aspectos que se valoran como: puesta en escena, actuación, dirección, iluminación y vestuario, entre otros.
La canción de este año es muy pegadiza e imposible de olvidar

¿Crees que, a partir de esta edición se va a vincular cada vez más a la ciudad de Luján con el teatro?
La idea de todos los festivales fue que Luján no sea solo el pueblo de la fe, si no también mostrar la cultura. Que se recuerde a Luján con un Festival de teatro, con la fiesta del teatro.

Peregrinar para actuar en el escenario. ¿Cuántos artistas se sumarían?
Yo creo que a los artistas les gusta venir, creo que la forma de verlo es con la cantidad de inscriptos, de alguna forma si se anotan es porque desean venir a mostrar su teatro a Luján. Para noisotros es una alegria enorme que se anoten más de 100 obras no solo de argentina sino, tambien, de otros paises.

¿Cuáles son tus próximos proyectos y cómo continúa tu año artístico?
Lo que sigue ahora es poner en funcionamiento la Sala Teatral Interactuando que junto a mi compañía inauguramos en diciembre del año pasado, en la localidad de Jáuregui. Ya estamos armando la programación para este año, con algunas de las obras que participaron del festival y otras que se suman.
Como actriz y productora estoy preparando junto con mi compañía la nueva obra que pondremos en escena, de la cual todavía no puedo adelantar nada pero pronto habrá novedades.

Propuestas muy diferentes hubo a lo largo del Festival ¿Qué cosas buscas vos y el resto del equipo de producción al momento de seleccionar las obras?
Somos un equipo de muchas personas mirando las obras que nos llegan para participar. Todos buscamos calidad y variedad. Analizamos las obras en todos sus aspectos.

¿Sentido de pertenencia y qué más significa dicha propuesta?
Como compañia el festival nos une en cuanto al trabajo que realizamos juntos. Este año lo compartimos con la Asociacion Civil de Amigos del Teatro Trinidad Guevara.

Mariela Verónica Gagliardi

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3er Festival Nacional de Teatro Luján 2015

festival luján

 

Toda la información del festival
las obras que estuvieron
la que ganó
y entrevista a la productora general

coordinador festival luján_000007

El 18 de abril comenzó la tercera edición del Festival Nacional de Teatro en Luján (Buenos Aires). Durante una semana se pudieron palpitar, vicenciar y conocer diferentes estilos de dramaturgias. Tanto niños como adultos caminaron hasta el Teatro Municipal y fueron sacando sus entradas para no quedarse sin butaca.
Un sábado fue ideal para darle largada a esta convocatoria en que los vecinos se acercaron y reunieron, en que surgieron esas típicas charlas de barrio, en que la tercera edad fue la más participativa y que demostró que haga frio o calor, no hay excusas para apreciar las artes escénicas.
La noche empezó con un discurso a cargo de Leandro Suárez (Coordinador general del festival) quien dijo unas palabras sobre el mismo: «es organizado por organización civil Interactuando Compañía Teatral y la Asociación de Amigos del Teatro Municipal Trinidad Guevara.

En el mes de enero se lanzó la convocatoria para participar del certamen, la cual cerró con un total de 106 inscriptos de todo el país. Para nuestra sorpresa llegaron postulaciones desde Chile, Colombia, España, Siberia y la Federación Rusa.
Luego de un arduo proceso de curación fueron trece las obras seleccionadas, provenientes de: Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Morón, La Matanza, Pilar, Carlos Casares, San Nicolás de los Arroyos, Córdoba y Misiones».
Tanto El petiso orejudo como Yuna Riglos Artista, ganadores de la primera y segunda edición respectivamente; participaron del Festival pero sin ingresar en la competencia. Ya, durante minutos previos a que empiece este acto de apertura, los espectadores comentaban entre ellos, y a mí también, que iban a acudir a ambas obras. Mencionaban su excelencia y que no se las perderían.
Roberto Castro (Presidente), Marcia Lo Feudo (actriz, escritora y dramaturga), Darío Alice (actor y docente), Pablo Saez (titiritero, actor, autor y docente) y Darío Scarnatto (actor, director y dramaturgo).
El Festival de Luján es autogestionado y, también, recibe el apoyo de diferentes empresas que año a año confían y se suman a la propuesta artística.
Uno de los momentos más emotivos fue el homenaje que se le rindió a la actriz Norma Nápoli, quien falleció hace unos meses pero que todos los presentes parecieron abrazarla eternamente. Sus dos hijas subieron al escenario para decir unas palabras, las cuales decoraron la belleza del video en que pudimos verla actuar a ella, a la gran Norma con sus diferentes personajes.

director teatro festival luján_000012Santiago Rosso (Director del Teatro) mencionó: me parecía que sea el festival el primer evento de esta temporada donde abrimos las puertas después de una intensa refacción. Y, además, me parece que este homenaje a la querida Norma agranda todo el trabajo, un trabajo realizado por todos. Creo que, este festival, cuales decoraron la belleza del video en que pudimos verla actuar a ella, a la gran Norma con sus diferentes personajes.
Santiago Rosso (Director del Teatro) mencionó: «me parecía que sea el festival el primer evento de esta temporada donde abrimos las puertas después de una intensa refacción. Y, además, me parece que este homenaje a la querida Norma agranda todo el trabajo, un trabajo realizado por todos. Creo que, este festival, tiene que continuar por mucho tiempo, porque nos hace muy bien a los lujanenses y, al mismo tiempo, abrimos las puertas a posibilidades artísticas de gente de todo el país».

hijas homenajeada_000066

 

Rosana y Laura, hijas de Norma, dijeron unas palabras conmovedoras: «El teatro es poesía que se levanta del hilo y se hace humano (Federico García Lorca)».
«Como hijas de una mujer que amó actuar, que fue inmensamente feliz sobre este escenario, que sentía este teatro su casa. Y, de su mano, recorrimos cuando éramos niñas de diez años. Pasó tiempo». Las obras que estuvieron a lo largo de la semana fueron: «Yuna Riglos Artista”, “La última alegria”, “Rotos de amor”, “La planta de Bartolo”, “Diario de una orientadora de sala”, “Arritmia”,
“Todo hecho”, “Torómbolo, desventuras deportivas”, “Con la tinta entre los dientes”, “El diablo pellizca”, “La maldición del cura”, “Las Garibaldi 2”, “Oavatoc Thánatos”, “Jettatore”, “Supongamos” y “El petiso orejudo”.
El premio mayor se lo llevó “Oavatoc Thánatos”, considerada como la mejor obra del Festival. También, «El diablo pellizca» y «Todo hecho» tuvieron sus menciones distinguidas en cuanto a actuaciones.

mejor obra

La historia tiene dos líneas argumentales: una tiene que ver con el crecimiento de tres personajes desde que empiezan a estudiar actuación hasta que se convierten en artistas profesionales. Y, la otra, tiene que ver con el discurso de cada uno de ellos.
Este trabajo fue producto de la tesis de estudio de estos actores en Córdoba.
El absurdo tiene su protagonismo durante la dramaturgia, convirtiendo la pieza artística en una tragicomedia.
Sufrir es una de las acciones que encarnan estos personajes-humanos, intentando vencer la frustración para lograr sus objetivos.

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

 

Un poema griego

La oscuridad de la razón1

En una tierra donde todo está permitido o no prohibido, vive una familia que -para nuestra sociedad actual- es disfuncional. Amores desenfrenados, deseos cautivos, una memoria cautelosa y la necesidad de sentir, de que el cuerpo se exprese; son algunas de las acciones que pueden verse durante «La oscuridad de la razon» (escrita por Ricardo Monti y dirigida por Virginia Innocenti).

Esta pieza teatral tuvo su origen en 1993, una década infame en que el uso de la razón pareció someterse a intereses de poder, a la venta de un país tan rico como el nuestro y a la necesidad de los gobernantes por pretender cultivar la ignorancia para manejar, a los más débiles, como rebaño. Sumada a dicha realidad, cobra protagonismo el mito de Electra, a través del cual se explica la relación entre víctima y victimario.

Ingeniosamente, es dicho mito el encargado de conseguir que tanto la tortura, la opresión y la censura; se difundan de un modo más artístico y menos ácido.

Si bien las escenas transcurren en Argentina, con la vuelta de Mariano (Juan Luppi) de su viaje por Europa, se produce una interesante fusión entre estereotipos, vestuarios y conceptos de la antiguedad.

Alma (Daniela Salerno) es, simbólicamente, Electra. Un personaje emblemático que se enfrenta con el de su madre Clitemnestra (Ana Yovino); aunando sus fuerzas y consiguiendo dos excelentes interpretaciones que hacen relucir aún más la adaptación de Virginia y la puesta en escena.

Al comenzar la historia presente, es inevitable sentir el aroma shakesperiano –vinculando algunas de sus obras como Hamlet y Macbeth- de tragedias griegas como el Mito de Electra y la crisis del liberalismo vigente en nuestro país –durante la divulgación de dicha obra de Monti-.

Resulta extraña esta amplia combinación de géneros, estilos y escrituras de antes y ahora. Pero, el dramaturgo logró hallar esa esencia para cautivarnos.

Se puede trasladar el mito a muchos casos policiales de la actualidad, esos casos en que personas toman la decisión de matar a sus padres o miembros directos de la familia. Estas situaciones que provocan escalofríos en mentes y corazones sanos, incentivan en otros seres una serie sentimientos que, supuestamente, podríamos deducir lo harían para culminar con sufrimientos tan agobiantes. Eliminar al que produce dolor, en vez de cambiar la actitud ante la vida sería el modo en que accionan esas personas. Esto se plasma en “La oscuridad de la razón”, una obra que tiene de protagonistas a todos los actores en escena, ya que cada uno de ellos consigue representar un simbolismo o persona trascendente, que sirven para explicar conceptos a veces olvidados.

Nunca es tarde para ser feliz, escuchamos a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, al llegar a la adultez, no siempre se consigue. Es así como observamos a Clitemnestra, a Lady Macbeth y a Gertrudis convivir en una misma mujer, aquella mujer que arde en deseos carnales y que no logra pensar con la mente. Esta mujer que simboliza a tantas otras que transitan su camino, egoístamente, e hiriendo a quienes les impidan ser felices o lograr su cometido.

Por otro lado, se encuentra Electra, una joven que ama a su padre (Pablo Mariuzzi), el rey Hamlet, el rey Agamenón y el rey Duncan. Un padre que es reemplazado por “otro” (Luciano Suardi). Asombrosamente, el espectador -según sus conocimientos- podrá contemplar una escena u otra, podrá recrear estos clásicos o disfrutar de una historia que trata sobre los valores de la vida, sobre lo mas inspirador -acompañado por la música, en vivo, de Maia Mónaco- quien crea una atmosfera mágica que puede contemplarse con los ojos cerrados.

Y esto es lo que tiene el teatro bien concebido, en que todo el elenco despliega sus alas para volar por ese espacio enorme que existe entre la vida y la muerte. Un espacio sobre el que no podremos reflexionar cuando no estemos en este mundo.

La oscuridad existe en la razón y en el corazón del humano. Sin ésta, nadie podría saber lo que es la luz ni cómo alcanzarla. Sería como hablar de alegría cuando no conocimos la tristeza. O de aprovechar el tiempo en que nuestros ojos están abiertos para hacer que cada ilusión se transforme en realidad.

¿Por qué no mostrarse sin tapujos, sin máscaras, sin pretensiones?

Esta gran pieza artística demuestra que cada hora que transcurre, sin modificarnos, es una pérdida irrecuperable, un lapsus que no tendrá sentido.

La sociedad es de los poetas, de los que sueñan, de los que anhelan un mundo diferente. Mariano, recorrerá su camino hasta descubrir, de la mano de la Mujer (Lorena Szekely), cómo alcanzar su senda. Aquella que le dará la calma necesaria para su alma.

ficha La oscuridad de la razón

Mariela Verónica Gagliardi

Late por vos

Milagros del corazón1

Ella y él: ambos. Una relación entre dos personas diferentes, provenientes de distintos lugares y que, sin embargo, pretenden lo mismo: ser felices.

Como se suele decir “nunca es tarde para amar”. Y nunca es tarde para darse una oportunidad, aquella que le dará a la persona esa sonrisa eterna, colmada de sensaciones extraordinarias.

Este es el reflejo y la esencia de “Milagros del corazón” (escrita por Alexei Arbuzovz y dirigida por Manuel González Gil), una comedia romántica que tiene como protagonistas a dos talentosos artistas: Virginia Lago y Héctor Gióvine.

Realmente, es una virtud que un matrimonio de la vida real, logre plasmar y transmitir su amor durante cada escena. Minuciosamente, cada relato se convierte en páginas de un romance que conmueve hasta las lágrimas. La historia gira en torno de un médico, y, una mujer que está en una clínica llevando a cabo un tratamiento. Esta simpleza, por parte del autor, para hallar diálogos entre los dos, es lo que convierte a la dramaturgia en una pieza teatral emocionante.

Si se tratara de dos jóvenes, lógicamente, no se conseguiría dicho efecto, motivo por el cual es sumamente valioso elegir, en este caso, las edades de los actores, su lazo afectivo, sus falencias personales, su vinculo desde la soledad, esa soledad que abruma hasta la asfixia.

Muy al estilo de Chéjov, las palabras encuentran su espacio, su momento de esplendor -no para llenar vacios sino para ayudar a comprender la existencia de estos dos tiernos personajes que, sin buscarlo, se encuentran-.

Ella, una dama que exterioriza sus pasiones, su modo de lucir arrasadoramente, con ese gusto por la vestimenta tan especial y lujurioso. Él, un hombre serio, tímido, reservado y formal. Dos seres mágicos que no quieren compromisos, pero, el destino los ayuda a enfrentarse y mirarse a los ojos de verdad.

«Milagros del corazón» es una obra de teatro tradicional y bella, en que los detalles se vuelven importantes y cada silencio una oportunidad.

Se puede disfrutar a un personaje, encarnado por Lago, sumamente delicado, elocuente, suspicaz y lleno de gracia en cada movimiento. Sumada la interpretación de Gióvine que se convierte en un galán que, con ademanes, seduce a esta dama tan carismática.

Algo tan simple como lucir un vestido, se vuelve interesante y fundamental para la mirada de este profesional que esta mas involucrado en la cura de enfermedades que en su propio corazón -el cual le avisa que debe darle importancia y alegría, no solo tensiones-.

Las puertas cerradas, de a poco, se abren a la víspera de ricas cenas, de bailes infinitos, de valijas desechas y de viajes cancelados.

Abrir el corazón, es como encontrar la llave de ese baúl que no se quiere ver por miedo a que el pasado atormente escalofriantemente. De una y otra forma, lo que tenga que pasar pasara.

Como seres voraces, sueñan con ese brillo eterno que resplandecerá a lo largo de sus vidas, de cada despertar y anochecer.

A lo largo de la historia se pueden disfrutar de unas proyecciones que recorren los momentos más importantes de Virginia y Héctor, dos personas que estuvieron y están juntas; al igual que sus representaciones en el escenario.

Dicha combinación entre realidad y ficción es, también, un acierto al momento de transmitir emociones. Puede notarse cómo los adoquines se tornan románticos, un paraguas necesario y la lluvia un efecto deseado para los amantes.

La tragedia no tarda en avecinarse, aunque no se apodera del drama ni deja sinsabores. Lo primordial es no cerrar la puerta antes de tiempo, asumir que nadie merece sufrir y que el amor es el antídoto más importante para consumir y vivir feliz.

Milagros del corazón ficha

Mariela Verónica Gagliardi