*** Noviembre 2019 ***

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Un poema griego

La oscuridad de la razón1

En una tierra donde todo está permitido o no prohibido, vive una familia que -para nuestra sociedad actual- es disfuncional. Amores desenfrenados, deseos cautivos, una memoria cautelosa y la necesidad de sentir, de que el cuerpo se exprese; son algunas de las acciones que pueden verse durante “La oscuridad de la razon” (escrita por Ricardo Monti y dirigida por Virginia Innocenti).

Esta pieza teatral tuvo su origen en 1993, una década infame en que el uso de la razón pareció someterse a intereses de poder, a la venta de un país tan rico como el nuestro y a la necesidad de los gobernantes por pretender cultivar la ignorancia para manejar, a los más débiles, como rebaño. Sumada a dicha realidad, cobra protagonismo el mito de Electra, a través del cual se explica la relación entre víctima y victimario.

Ingeniosamente, es dicho mito el encargado de conseguir que tanto la tortura, la opresión y la censura; se difundan de un modo más artístico y menos ácido.

Si bien las escenas transcurren en Argentina, con la vuelta de Mariano (Juan Luppi) de su viaje por Europa, se produce una interesante fusión entre estereotipos, vestuarios y conceptos de la antiguedad.

Alma (Daniela Salerno) es, simbólicamente, Electra. Un personaje emblemático que se enfrenta con el de su madre Clitemnestra (Ana Yovino); aunando sus fuerzas y consiguiendo dos excelentes interpretaciones que hacen relucir aún más la adaptación de Virginia y la puesta en escena.

Al comenzar la historia presente, es inevitable sentir el aroma shakesperiano –vinculando algunas de sus obras como Hamlet y Macbeth- de tragedias griegas como el Mito de Electra y la crisis del liberalismo vigente en nuestro país –durante la divulgación de dicha obra de Monti-.

Resulta extraña esta amplia combinación de géneros, estilos y escrituras de antes y ahora. Pero, el dramaturgo logró hallar esa esencia para cautivarnos.

Se puede trasladar el mito a muchos casos policiales de la actualidad, esos casos en que personas toman la decisión de matar a sus padres o miembros directos de la familia. Estas situaciones que provocan escalofríos en mentes y corazones sanos, incentivan en otros seres una serie sentimientos que, supuestamente, podríamos deducir lo harían para culminar con sufrimientos tan agobiantes. Eliminar al que produce dolor, en vez de cambiar la actitud ante la vida sería el modo en que accionan esas personas. Esto se plasma en “La oscuridad de la razón”, una obra que tiene de protagonistas a todos los actores en escena, ya que cada uno de ellos consigue representar un simbolismo o persona trascendente, que sirven para explicar conceptos a veces olvidados.

Nunca es tarde para ser feliz, escuchamos a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, al llegar a la adultez, no siempre se consigue. Es así como observamos a Clitemnestra, a Lady Macbeth y a Gertrudis convivir en una misma mujer, aquella mujer que arde en deseos carnales y que no logra pensar con la mente. Esta mujer que simboliza a tantas otras que transitan su camino, egoístamente, e hiriendo a quienes les impidan ser felices o lograr su cometido.

Por otro lado, se encuentra Electra, una joven que ama a su padre (Pablo Mariuzzi), el rey Hamlet, el rey Agamenón y el rey Duncan. Un padre que es reemplazado por “otro” (Luciano Suardi). Asombrosamente, el espectador -según sus conocimientos- podrá contemplar una escena u otra, podrá recrear estos clásicos o disfrutar de una historia que trata sobre los valores de la vida, sobre lo mas inspirador -acompañado por la música, en vivo, de Maia Mónaco- quien crea una atmosfera mágica que puede contemplarse con los ojos cerrados.

Y esto es lo que tiene el teatro bien concebido, en que todo el elenco despliega sus alas para volar por ese espacio enorme que existe entre la vida y la muerte. Un espacio sobre el que no podremos reflexionar cuando no estemos en este mundo.

La oscuridad existe en la razón y en el corazón del humano. Sin ésta, nadie podría saber lo que es la luz ni cómo alcanzarla. Sería como hablar de alegría cuando no conocimos la tristeza. O de aprovechar el tiempo en que nuestros ojos están abiertos para hacer que cada ilusión se transforme en realidad.

¿Por qué no mostrarse sin tapujos, sin máscaras, sin pretensiones?

Esta gran pieza artística demuestra que cada hora que transcurre, sin modificarnos, es una pérdida irrecuperable, un lapsus que no tendrá sentido.

La sociedad es de los poetas, de los que sueñan, de los que anhelan un mundo diferente. Mariano, recorrerá su camino hasta descubrir, de la mano de la Mujer (Lorena Szekely), cómo alcanzar su senda. Aquella que le dará la calma necesaria para su alma.

ficha La oscuridad de la razón

Mariela Verónica Gagliardi

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Los inmortales

Durante el Siglo XII, los reinados de Inglaterra y Francia se ven enfrentados. Una navidad intenta reunir a la familia con un motivo El león en inviernoespecial: elegir al sucesor del Rey. El amor, en este caso, en vez de aunar fuerzas, las enfrenta hasta el punto de desearse la muerte.

Con las garras de un león -salvaje y voraz-, Enrique II (Daniel Fanego), intenta quedarse con todas las riquezas y territorios. Solo tiene instintos, como un animal, pero ningún sentimiento de compasión o cariño para con su familia y personas cercanas.

De esta forma, “El león en invierno” -guión original de James Goldman-, nos presenta una puesta en escena adaptada para la obra especialmente. Con un lenguaje vulgar y cotidiano, se acerca más al público, con quien establece una empatía a partir de frases cómicas que intentan descontracturar a la época de reinas y reyes, a la ambición y a la lucha de poder.

Esta obra tiene varios puntos a resaltar: por un lado, la innovación en cuanto al vocabulario que utilizan los personajes (por momentos refinado, estético y protocolar; y, en otras ocasiones, ordinario, cotidiano y contemporáneo). Otra cuestión a resaltar es la manera en que se va narrando la historia: los personajes no son presentados uno por uno al comienzo, sino de forma anacrónica e inesperada.

Ingresando de lleno en la historia, conocemos por un lado al típico matrimonio por conveniencia -conformado por Enrique II y Leonor de Aquitania-, quienes tienen tres hijos: Ricardo “Corazón de León” (Sergio Surraco), Godofredo (Fabio Di Tomaso) y Juan,El león en invierno4 conocido como “Juan Sin Tierra” (Manuel Fanego)-, cada uno con rasgos físicos y temperamentales totalmente opuestos y diferentes entre sí.

Como todo relato en que existe una familia real -la cual, a pesar de poseer tierras y riquezas por doquier-, siempre encontramos conflictos. En este caso, dichosenfrentamientos son amorosos y, además, de ambición. Sucede que Enrique está embelesado con Alix (María Alché) –una mujer joven y hermosa, hermana de Felipe II -el Rey de Francia- (Ignacio Rogers). Dicha relación entre ellos puede existir gracias a que hay una sometida que, en un comienzo parece ser ingenua, pero luego demuestra lo contrario. Además, este hombre tan “poderoso” tiene encerrada hace 10 años a su esposa, en un castillo. Ésta, totalmente desalineada, llena de odio, bronca, rencor y resentimiento; intenta hacerle frente a la Alix para que deje a su marido. El triángulo conformado no hace más que fracasar en todo momento ya que no existe amor de ninguno hacia ninguno de los miembros. El único sentimiento que reflota es el de aniquilación.

Por otro lado, nos encontramos con tres hermanos que solo desean ser coronados. Por momentos, Godofredo, es quien demuestra que quiere parte de las riquezas pero no tenerlo todo, aunando sus fuerzas junto a sus pares para lograr vencer a su padre. Aquí vemos reflejado nuevamente al poder. De una forma más sutil, o de simulación o de falsedad, cada uno pretende ser el sucesor de su padre. Pero su padre no tiene demasiadas intenciones de tener un heredero ya que siente que vivirá para siempre. Como dice aquella frase tan conocida: “yerba mala nunca muere”.

El león en invierno1

Y, por último, otro personaje importante es el del Rey de Francia, quien fue y es el amante de Enrique -el preferido de Leonor, hasta que descubre el romance entre ambos-.

Hasta aquí todo parece un enredo, en el cual no se encuentra la punta del ovillo. Pero dicha punta es Alix ya que -a modo de objeto- pretende ser la Reina de Inglaterra y esposa de su amor. Aunque Enrique solo juega con sus sentimientos y pretende casarla con alguno de sus hijos, dándole por momentos lo mismo con uno que con otro.

Podríamos interrogar, ¿cómo lograría esta joven muchacha su propósito?

Durante el desarrollo de la historia, Alix dice “no tengo nada que perder y eso me convierte en un ser peligroso”. Es ella quien duerme en el lecho con Enrique pero aún no son más que amantes con sed de pasión. Intentando demostrar que su vínculo es más de lo que verdaderamente es. El objetivo de él es muy claro como les mencionaba anteriormente y el de ella también lo es. La única diferencia es que Enrique cree que podrá manejar a su antojo a Alix, sin cruzársele por la cabeza que es una mujer inteligente en cierto punto.

La estrategia que ella piensa usar es la de, a partir del romance, El león en invierno5manipular a su amado; pidiéndole que deje todo por ella. Claro que no será tarea fácil si lo lograra, porque los hijos jamás aprobarían su amor. Pero un anzuelo es ser la hermana de Felipe. Quizás Enrique por ese lado pueda pretender avanzar hasta llegar a su meta.

También, es importante tener en cuenta, que Enrique -de manera débil- imagina que su esposa firmará un tratado, a partir del cual poseería Quitania y, a cambio, casaría a Alix con su hijo Ricardo. Sí, con él le conviene más que con Juan –a quien podría manejar más a su antojo pero que por alguna razón no le convendría totalmente-.

Y, se cuestionarán el papel de la Reina, quien está encerrada hace tanto tiempo, privada de su libertad. Una posible solución para recuperar dicha libertad sería divorciarse de su marido, pero, ¿realmente lo desearía? Sería libre físicamente pero tal vez no a nivel sentimental, aunque dice no amarlo sino todo lo contrario.

Los personajes tienen un punto en común que es la ambición de poder. No son felices ni pretenden serlo, por lo visto. No tienen un mínimo gesto de bondad o grandeza, salvo Felipe quien demuestra en todo momento que es un hombre bueno, que no le desea la muerte a sus semejantes y que tiene el reinado de su país -no solo por haberlo heredado sino por haber estudiado todo lo pertinente al trono-. Igualmente, rodeado de tanta miseria humana, todo lo bello que él podría tener se ve opacado por sus compañías y vínculos que lo intentan contaminar de a poco.

Un león en invierno nos demuestra cómo una familia no tiene códigos entre sus El león en invierno3vínculos y cómo se traicionan unos a otros sin importarles en lo más mínimo. Esta obra nos presenta diálogos entretenidos y una manera no lineal de narración. El principio puede ser el final, aunque el desenlace también podría ser el comienzo. Todo depende de cuán atento se esté a cada detalle mostrado.

Otro de los aspectos que marcan la diferencia -entre esta pieza teatral y otras épicas- es la conjugación entre ficción y realidad. Por momentos sabemos que estamos presenciando una obra de teatro pero, de repente, el relato lineal es interrumpido por frases que nos demuestran lo contrario.

Los actores intentan jugar con esas dos herramientas, muy interesantes y complejas a la vez de llevar a cabo, para que no creamos en ningún final palpable, para que no saquemos conclusiones apresuradas ni hipótesis inconclusas. Es la Reina Leonor quien en un momento esboza “mi vida es una sucesión de escenas, solo me puedo encontrar con ellos (sus hijos) teatralmente”.

Todos los integrantes le tienen bronca a Enrique por un motivo específico, hasta el pobre Felipe que recuerda con dolor la estafa que le hizo a su padre cuando éste vivía.

El Rey Enrique no es ninguna víctima y, para consagrase como malvado, termina encerrando a sus hijos en la bodega para que no pudieran intervenir en nada. Su madre tendrá la posibilidad de salvarlos pero, ¿lo hará?

¿Vivirán sin ver la luz del día por el resto de sus días o podrán imponerse al ser que los trajo al mundo?

¿Triunfará el odio o el amor?

¿Existirá alguna unión entre los dos?

Muchas veces se dice: “dime con quién andas y te diré quién eres”. ¿Se aplicará esta frase a esa época de la historia?

¿Enrique intentará regresar a los brazos de Leonor, a quien alguna vez “amó”?

La ironía, la complicidad, el humor, la fatalidad y la tragedia están presentes durante toda la trama de El león en invierno. Lo más lógico no siempre es lo que ocurre y lo más descabellado es lo que podría suceder.

ficha técnica el león en invierno

 

Las fotografías pertenecen a la autoría de Martín Wullich.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

El león en invierno de James Goldman

Leonor                 Daniel

  Manso                  Fanego

en

 ELeón

 en Invierno

El leon en invierno_IMG_1905elenco completo

de James Goldman

Versión: F. Masllorens

                          F. Gónzalez del Pino

Dirección Pompeyo Audivert

El León en invierno

Es la Navidad de 1183, el Rey Enrique II de Inglaterra reúne a su esposa, la reina Leonor de Aquitania, sus tres hijos, a su amante Alix y al hermanastro de ésta, Felipe II de Francia, para elegir cuál de ellos lo sucederá en el trono.

Tanto Leonor como sus hijos, -Ricardo “Corazón de León”, Godofredo y Juan conocido como “Juan Sin Tierra”-, habían organizado años antes una rebelión, sin éxito, contra el monarca.

En esta versión teatral, James Goldman, nos propone ingresar al siniestro juego de una familia, sin pretensiones de comportarse como tal y en donde las luchas de poder son inescrupulosas y tanto más importantes que los lazos sanguíneos.

Cada uno de los personajes asumen características propias y posturas individuales e indivisibles. Ninguno es lo que parece.

Goldman enarbola una intrincada trama  de poder, amores, odios, celos y recelos que, más allá de la referencia al hecho histórico en sí y a sus protagonistas, pretende ser una amarga reflexión sobre la ambición, el poder, el paso del tiempo y el choque de distintas generaciones.

Elenco

Sergio Surraco, Fabio Di Tomaso, María Alché, Manuel Fanego, Ignacio Rogers.

Ficha Técnica:

Escenografía: Ana Audivert / Vestuario: Julio Suárez / Luces: Leandra Rodríguez / Música Original: Carmen Baliero / Fotografía : Gianni Mestichelli / Diseño Gráfico: Diego “Kangú” Ibañez / Asistente de Dirección: Marina C. Smith /Funciones: Miercoles a sábados 21 hs / Domingos 20 hs. Entradas desde $130.

Teatro Regina Tsu – Av.Santa Fe 1235.

GRUS Producciones.

 

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