*** Agosto 2019 ***

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Late por vos

Milagros del corazón1

Ella y él: ambos. Una relación entre dos personas diferentes, provenientes de distintos lugares y que, sin embargo, pretenden lo mismo: ser felices.

Como se suele decir “nunca es tarde para amar”. Y nunca es tarde para darse una oportunidad, aquella que le dará a la persona esa sonrisa eterna, colmada de sensaciones extraordinarias.

Este es el reflejo y la esencia de “Milagros del corazón” (escrita por Alexei Arbuzovz y dirigida por Manuel González Gil), una comedia romántica que tiene como protagonistas a dos talentosos artistas: Virginia Lago y Héctor Gióvine.

Realmente, es una virtud que un matrimonio de la vida real, logre plasmar y transmitir su amor durante cada escena. Minuciosamente, cada relato se convierte en páginas de un romance que conmueve hasta las lágrimas. La historia gira en torno de un médico, y, una mujer que está en una clínica llevando a cabo un tratamiento. Esta simpleza, por parte del autor, para hallar diálogos entre los dos, es lo que convierte a la dramaturgia en una pieza teatral emocionante.

Si se tratara de dos jóvenes, lógicamente, no se conseguiría dicho efecto, motivo por el cual es sumamente valioso elegir, en este caso, las edades de los actores, su lazo afectivo, sus falencias personales, su vinculo desde la soledad, esa soledad que abruma hasta la asfixia.

Muy al estilo de Chéjov, las palabras encuentran su espacio, su momento de esplendor -no para llenar vacios sino para ayudar a comprender la existencia de estos dos tiernos personajes que, sin buscarlo, se encuentran-.

Ella, una dama que exterioriza sus pasiones, su modo de lucir arrasadoramente, con ese gusto por la vestimenta tan especial y lujurioso. Él, un hombre serio, tímido, reservado y formal. Dos seres mágicos que no quieren compromisos, pero, el destino los ayuda a enfrentarse y mirarse a los ojos de verdad.

“Milagros del corazón” es una obra de teatro tradicional y bella, en que los detalles se vuelven importantes y cada silencio una oportunidad.

Se puede disfrutar a un personaje, encarnado por Lago, sumamente delicado, elocuente, suspicaz y lleno de gracia en cada movimiento. Sumada la interpretación de Gióvine que se convierte en un galán que, con ademanes, seduce a esta dama tan carismática.

Algo tan simple como lucir un vestido, se vuelve interesante y fundamental para la mirada de este profesional que esta mas involucrado en la cura de enfermedades que en su propio corazón -el cual le avisa que debe darle importancia y alegría, no solo tensiones-.

Las puertas cerradas, de a poco, se abren a la víspera de ricas cenas, de bailes infinitos, de valijas desechas y de viajes cancelados.

Abrir el corazón, es como encontrar la llave de ese baúl que no se quiere ver por miedo a que el pasado atormente escalofriantemente. De una y otra forma, lo que tenga que pasar pasara.

Como seres voraces, sueñan con ese brillo eterno que resplandecerá a lo largo de sus vidas, de cada despertar y anochecer.

A lo largo de la historia se pueden disfrutar de unas proyecciones que recorren los momentos más importantes de Virginia y Héctor, dos personas que estuvieron y están juntas; al igual que sus representaciones en el escenario.

Dicha combinación entre realidad y ficción es, también, un acierto al momento de transmitir emociones. Puede notarse cómo los adoquines se tornan románticos, un paraguas necesario y la lluvia un efecto deseado para los amantes.

La tragedia no tarda en avecinarse, aunque no se apodera del drama ni deja sinsabores. Lo primordial es no cerrar la puerta antes de tiempo, asumir que nadie merece sufrir y que el amor es el antídoto más importante para consumir y vivir feliz.

Milagros del corazón ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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CASI NORMALES

El domingo 1° de julio estuvimos en el Teatro Apolo (Av. Corrientes 1372 – C.A.B.A), con “Casi Normales”.

¿Como se logra ser casi normal? ¿Alguien es normal?

Una familia compuesta por un matrimonio joven y dos hijos adolescentes (uno de ellos fallecido desde pequeño), llevan adelante sus vidas llenas de trabas, alegrías, mal humor, ambición y la idea de parecerse un poco a cualquier otro clan.

Diana (Laura Conforte), es ama de casa, sufre de bipolaridad, diganosticada hace como 20 años como consecuencia de un shock emocional, y por momentos sus días son comunes… pero por otros, el terror se apodera de ella y cree ver y escuchar a su hijo fallecido Gabriel (Matías Mayer). No puede desligarse de esa relación tan fuerte que tiene con él y es esto lo que le impide de ser feliz con el resto de su familia. Sus horas transcurren junto con la toma de diversas pastillas, que no le sirven para solución alguna.

Su marido, Dan, (Alejandro Paker), intenta obviar el problema psiquiátrico de su mujer, no haciéndole ningún favor a ella, y tiene una excelente relación con su hija pianista, Natalie, (Manuela del Campo).

Esta pequeña sueña, como toda joven, con ganar un concurso de música pero tiene ciertos altibajos por convivir con su progenitora tan desequilibrada. Algo que la “salva” es conocer a un chico que la adora y admira. Juntos, de novios, van colmándose de alegrías y se apoyan mutuamente.

Pero, ¿se imaginan todos estos conflictos, sinsabores, desequilibros, amores y desencuentros, contados con canciones? El hecho de ser una comedia musical es lo que hace que los dramas que se avecinan, no sean tan trágicos.

Al mejor estilo Broadway, un escenario iluminado en tonos azules y que cambian según la historia, nos invitan a conocer una estructura de dos pisos en la cual cada ambiente es un escenario diferente donde transcurre la obra. No hay que imaginarse, como suele ocurrir, dónde están los actores, sino que cada espacio está perfectamente decorado, iluminado y caracterizado.

Volviendo al tema central de Casi normales, la inexperiencia del hombre de la casa y su caracter débil, provocan una situación no grata: el médico de ella (Mariano Chiesa), aconseja hacerle un tratamiento por poco tiempo, basado en electro shock. Su pareja, acepta, sin reparar en los daños que le podría causar la misma.

Una vez que es internada en la clínica, se sumerge en un túnel lleno frialdad y, después del cual, nunca volverá a ser la misma.

Su salud pasa a estar más equilibrada pero sus recuerdos son olvidados casi por completo, pasando a tener una vida en la cual no sufre pero tampoco vive plenamente.  Su mente está en blanco y su fiel esposo, hasta ese momento, abandona la casa.

A mi parecer, esta puesta en escena no es recomendable para niños. Los repertorios, si bien son compañados por una banda excelente y cantados por estos actores super acostumbrados al terreno musical, contienen información que no debería volcarse a los menores por ser muy fuerte.

Esta obra, es un fiel reflejo de lo que ocurren en muchas sociedades cosmopolitas en las cuales se decide “ayudar” al “enfermo”, como aconsejan los médicos, en vez de fijarse qué es lo que necesita de verdad la persona.

Es muy conmovedora la trama, el guión y cada una de las canciones que nos pasean por un mundo conocido y palpable en estos tiempos contemporáneos.

Música: Tom Kitt.

Libro y letras: Brian Yorkey.

Dirección general: Luis Romero.

Dirección musical: Gaby Goldman.

Director asociado/creativo: Diego Jaraz.

Director creativo: Marcelo Kotliar.

Dirección vocal: Ana Carfi.

Escenografía: Marcelo Valiente.

Dieseño de iluminación: Marco Pastorino.

Diseño de sonido: Rodrigo Lavecchia.

Vestuario: Pablo Bataglia.

Asistente de dirección: Cristian Aguilera.

Prensa: Furgang Comunicaciones.

Producción ejecutiva: Pablo Tubío y Nazarena Bredeston.

Producción general: Javier Faroni.

Duración: 2 hs 40′.

Mariela Verónica Gagliardi

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