*** Noviembre 2019 ***

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Hombres y ratones, con versión de Lisandro Fiks

Hombres y ratones

Elenco: Juan Luppi, Ramiro Méndez Roy, Gustavo Luppi, Lisandro Fiks, Sandra Criolani y Christian Álvarez

Los mejores planes de hombres y ratones a menudo se frustran y no nos dejan más que infinito dolor por el gozo prometido…

Sinópsis
La Pampa, 1968. Jorge y Lito son dos peones golondrina y sólo se tienen el uno al otro. Viajan por el país con la ilusión de juntar el dinero suficiente para arrendar su propia chacra y así acabar con la miseria que arrastran, pero la crudeza del mundo pondrá a prueba esa amistad tan singular. Basada en la novela de John Steinbeck premio Nobel de literatura.
Elenco: Juan Luppi (Jorge), Ramiro Méndez Roy (Lito), Gustavo Luppi (Ordoñez), Lisandro Fiks (Patrón), Sandra Criolani (Mujer), Christian Álvarez (Polaco)
Dirección: Lisandro Fiks y Gustavo Luppi
Asistencia: Daniel Cáceres
Traducción: Juan Luppi
Versión: Lisandro Fiks
Escenografía y vestuario: Micaela Sleigh
Diseño de iluminación: Lisandro Fiks y Gustavo Luppi
Producción ejecutiva: Juan Luppi y Ramiro Méndez Roy
Fotografía: Franco Alonso
Prensa y Comunicación: Mutuverría PR
Duración: 80 minutos.
Funciones: Viernes a las 23 hs
En el Portón de Sánchez, Sánchez de Bustamante 1034, 4863-2848
Localidades: $350.-
Jubilados y Estudiantes: $250.-
Reservas en Alternativa Teatral
Funciones desde el 24 de Mayo hasta el 9 de Julio.
Sobre la obra
Hombres y Ratones (Of Mice and Men) es una novela escrita por John Steinbeck, ganador del premio Nobel de literatura en 1962. A 80 años de su estreno en Estados Unidos y después de la reposición en Broadway (2014) protagonizada por James Franco, este clásico llega a la escena porteña por primera vez en la historia.
Sobre la adaptación
“Para adaptar una obra siempre hago el trabajo de situarme en el tiempo y en el lugar del autor. En este caso, Steinbeck situó esta historia en Estados Unidos en los años 30. Un conmovedor relato de trabajadores rurales itinerantes que sufren el desamparo y la explotación luego de la “gran depresión”. Considero que siempre que sea posible, es bueno acercar la obra al tiempo y al lugar en el que será representada. Esto permite una mayor identificación y empatía con el espectador. Si bien el contexto social y político es fundamental en esta historia, el foco está puesto en el excepcional vínculo entre estos dos inmensos personajes que este Premio Nobel de Literatura delineó de manera sublime. Jorge y Lito (George y Lenny en la versión original) son dos peones golondrina que intentan salir de la miseria dentro de un entorno hostil. La delgada línea dramática que une a sus protagonistas va desde la amistad a la conveniencia, desde la protección al sacrificio, atravesando todos los matices que un vínculo puede tener. Tomando en cuenta la intención del autor de mostrar ese vínculo en un mundo de desamparo y explotación; y pensando en cómo acercar eso a nuestra realidad, elegí situar esta historia en La Pampa en 1968. Aunque lamentablemente el mundo de hoy no ha cambiado demasiado…” Lisandro Fiks
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Jaque mate

Isla Mauricio

No puedo evitar relacionar, al instante, el título de la obra con un político amarillista que días atrás clausuró Hasta Trilce, haciendo que concluya en que su ideología es aniquilar la cultura y hundir a los jóvenes -sobre todo- en un precipicio irrecuperable como comenzó el innombrable.

Después de esta ráfaga, como un pestañeo, logro hacer la fila para ingresar y disfrutar de la primera función de “Isla Mauricio” (escrita por Theresa Rebeck bajo el título Mauritius, adaptada por Carolina Darman y dirigida por Alejandro Casavalle) la cual es una historia que atraviesa varios matices interesantes y a destacar: los valores, la moral y el egoísmo. Los cinco personajes en escena se ven impregnados de estos sentimientos que los trauman, los tocan muy de cerca y los hacen reflexionar de algún modo.

Todo surge a partir de una herencia, poco convencional, que una madre le deja a una de sus hijas. Dos medio hermanas que no crecieron juntas y que no se parecen -a simple vista- y que, sin embargo, son exactamente iguales.

El mundo de la filatelía aparece para ser descubierto y, le interese o no al espectador el tema a tratar, se vuelve atrapante. Nombres de estampillas, de esos pedacitos de papel en miniatura que significan mucho para la hermana más grande (Antonella Scattolini) -la verdadera conocedora junto a su fallecido abuelo, quien no lo era de su hermana- y nada para la más chica. Cómo la palabra valor puede tomar sentido si se la relaciona con lo afectivo o con lo económico. Y cómo ambas mujeres se disputan un álbum, una colección de estampillas mejor dicho, que termina siendo el tesoro salvador.

La República de Mauricio es el nombre original de la isla, que está situada en el Océano Índico y se erige como un verdadero paraíso, con aguas turquesas que bañan la costa y un destino turístico desde hace varias décadas. Por el año 1847, Gran Bretaña emitió dos series de estampillas (de uno y de dos centavos) bajo el nombre: Post office Mauricio y, jamás, se podría haber imaginado que podían valer millones de dólares.

Un comerciante (Abian Vainstein) pasa sus días, comprando objetos que sabe no lo harán rico ni mucho menos y, un joven (Juan Luppi), a diario aparece en su local para encontrar a la persona que traiga aquella estampilla millonaria. A su vez, un comprador intermediario (Ramiro Vayo) va plagando de oscuridad y violencia el panorama, hasta que todo encuentra su cauce.

Quien parece más vulnerable termina convirtiéndose en una fiera para sobrevivir y, tal vez, porque siempre lo fue y disimuló.

Y quien parecía más temerario no sorprende ni atemoriza más de la cuenta.

“Isla Mauricio” es un thriller psicológico que transita por el género policial, abriendo un enorme panorama en que se tendrá que prestar atención a cada detalle, a cada frase y a cada ornamentación que no es meramente un objeto.

Buscar con la lupa aquella que se desea, encontrar una con errores que le puede dar el valor no imaginado, continuar en el campo de batalla para sentirse alguien.

Eso es lo que tienen, también, en común estos personajes. No son felices y creen que el dinero los puede posicionar en un lugar privilegiado, dotándolos de aquellas falencias que no se consiguen con billetes verdes.

Juan Luppi, interpretando a un misterioso joven, lee el diario mientras elucubra sus objetivos, simulando ser genial y para nada interesado y consiguiendo unos remates geniales en muchos momentos de la obra. Es él quien maneja los hilos, conociendo los códigos del negocio, sin tener conciencia y siguiendo adelante, como si el tiempo se terminara y su tiranía lo hiciera decidir perfectamente y sin titubeos.

Carolina Darman, le otorga creatividad suprema a la pieza teatral, convirtiendo la novela dramática de Rebeck en acción, en una historia que mantiene la tensión en todo momento e interpretando a Jackie -quien intimida, propone y dispone de todo lo que se le presenta, manipulando la realidad a su antojo-.

“Isla Mauricio” es como un tablero de ajedrez sobre el que se juegan muchas piezas (estampillas). Cada movimiento no podrá deshacerse como en la era digital. Todo pensamiento plasmado tendrá repercusión y la frialdad, absoluta, de sus tripulantes que ni siquiera precisan embarcarse para navegar en territorio desconocido. ¿O conocido?

Una puesta en escena, sencilla y eficaz, en que los artistas darán lo mejor para contar este interesante recorrido, lleno de diálogos atrapantes y una dirección impecable, dentro de la que nos sentiremos espectadores activos y jugando el juego de la vida. De nuestra propia vida.

Quien no se sienta identificado, que tire la primera piedra.

ficha Isla Mauricio

Mariela Verónica Gagliardi

Un poema griego

La oscuridad de la razón1

En una tierra donde todo está permitido o no prohibido, vive una familia que -para nuestra sociedad actual- es disfuncional. Amores desenfrenados, deseos cautivos, una memoria cautelosa y la necesidad de sentir, de que el cuerpo se exprese; son algunas de las acciones que pueden verse durante “La oscuridad de la razon” (escrita por Ricardo Monti y dirigida por Virginia Innocenti).

Esta pieza teatral tuvo su origen en 1993, una década infame en que el uso de la razón pareció someterse a intereses de poder, a la venta de un país tan rico como el nuestro y a la necesidad de los gobernantes por pretender cultivar la ignorancia para manejar, a los más débiles, como rebaño. Sumada a dicha realidad, cobra protagonismo el mito de Electra, a través del cual se explica la relación entre víctima y victimario.

Ingeniosamente, es dicho mito el encargado de conseguir que tanto la tortura, la opresión y la censura; se difundan de un modo más artístico y menos ácido.

Si bien las escenas transcurren en Argentina, con la vuelta de Mariano (Juan Luppi) de su viaje por Europa, se produce una interesante fusión entre estereotipos, vestuarios y conceptos de la antiguedad.

Alma (Daniela Salerno) es, simbólicamente, Electra. Un personaje emblemático que se enfrenta con el de su madre Clitemnestra (Ana Yovino); aunando sus fuerzas y consiguiendo dos excelentes interpretaciones que hacen relucir aún más la adaptación de Virginia y la puesta en escena.

Al comenzar la historia presente, es inevitable sentir el aroma shakesperiano –vinculando algunas de sus obras como Hamlet y Macbeth- de tragedias griegas como el Mito de Electra y la crisis del liberalismo vigente en nuestro país –durante la divulgación de dicha obra de Monti-.

Resulta extraña esta amplia combinación de géneros, estilos y escrituras de antes y ahora. Pero, el dramaturgo logró hallar esa esencia para cautivarnos.

Se puede trasladar el mito a muchos casos policiales de la actualidad, esos casos en que personas toman la decisión de matar a sus padres o miembros directos de la familia. Estas situaciones que provocan escalofríos en mentes y corazones sanos, incentivan en otros seres una serie sentimientos que, supuestamente, podríamos deducir lo harían para culminar con sufrimientos tan agobiantes. Eliminar al que produce dolor, en vez de cambiar la actitud ante la vida sería el modo en que accionan esas personas. Esto se plasma en “La oscuridad de la razón”, una obra que tiene de protagonistas a todos los actores en escena, ya que cada uno de ellos consigue representar un simbolismo o persona trascendente, que sirven para explicar conceptos a veces olvidados.

Nunca es tarde para ser feliz, escuchamos a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, al llegar a la adultez, no siempre se consigue. Es así como observamos a Clitemnestra, a Lady Macbeth y a Gertrudis convivir en una misma mujer, aquella mujer que arde en deseos carnales y que no logra pensar con la mente. Esta mujer que simboliza a tantas otras que transitan su camino, egoístamente, e hiriendo a quienes les impidan ser felices o lograr su cometido.

Por otro lado, se encuentra Electra, una joven que ama a su padre (Pablo Mariuzzi), el rey Hamlet, el rey Agamenón y el rey Duncan. Un padre que es reemplazado por “otro” (Luciano Suardi). Asombrosamente, el espectador -según sus conocimientos- podrá contemplar una escena u otra, podrá recrear estos clásicos o disfrutar de una historia que trata sobre los valores de la vida, sobre lo mas inspirador -acompañado por la música, en vivo, de Maia Mónaco- quien crea una atmosfera mágica que puede contemplarse con los ojos cerrados.

Y esto es lo que tiene el teatro bien concebido, en que todo el elenco despliega sus alas para volar por ese espacio enorme que existe entre la vida y la muerte. Un espacio sobre el que no podremos reflexionar cuando no estemos en este mundo.

La oscuridad existe en la razón y en el corazón del humano. Sin ésta, nadie podría saber lo que es la luz ni cómo alcanzarla. Sería como hablar de alegría cuando no conocimos la tristeza. O de aprovechar el tiempo en que nuestros ojos están abiertos para hacer que cada ilusión se transforme en realidad.

¿Por qué no mostrarse sin tapujos, sin máscaras, sin pretensiones?

Esta gran pieza artística demuestra que cada hora que transcurre, sin modificarnos, es una pérdida irrecuperable, un lapsus que no tendrá sentido.

La sociedad es de los poetas, de los que sueñan, de los que anhelan un mundo diferente. Mariano, recorrerá su camino hasta descubrir, de la mano de la Mujer (Lorena Szekely), cómo alcanzar su senda. Aquella que le dará la calma necesaria para su alma.

ficha La oscuridad de la razón

Mariela Verónica Gagliardi

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