*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Venganza a la carta

Del autor de La última rebelión

Korinthio Teatro presenta

VENGANZA A LA CARTA

Una residencia de adultos mayores se convierte de pronto en el espacio ideal para una venganza.

Seis ancianos deciden terminar con la dominación y el maltrato. Dos enfermeros indiferentes.

¿Quiénes son las víctimas? ¿Quiénes los victimarios?

Un final que te sorprenderá. Si la viste no lo cuentes…

TODOS LOS VIERNES, a las 21 hs

en Korinthio Teatro-Mario Bravo 437 – CABA

Elenco:

Alejandra Bozzini, Ariel Ragusa, Carlos Gambini, Guadalupe Iñiguez, Julieta Mangone, Luciana Conde, Patricia Carro, Rafael Montañez, Marcos Fernández (actor reemplazante).

Dramaturgia, puesta y dirección: Raúl Garavaglia.

Asistencia de dirección: Silvina Quintanilla.

Dirección de arte: Rahie Rched.

Asesoramiento audio/musical: Leo Garavaglia.

Diseño gráfico: Mariela Betania Padín.

Entrada general: $80.

Estudiantes y jubilados: $60.

El puente7

Esta es la primera obra escrita por Carlos Gorostiza que nos sitúa en el año 1947, época en que la clase alta estaba a punto de perder su categoría y la clase baja, intentaba organizarse para pelear por sus derechos como trabajadores.

En plena crisis socio-económica, «El puente», toca situaciones de la vida cotidiana, enfrentando a ricos y pobres, exacerbando y estereotipando lo más significativo de cada uno.

Casualmente, la construcción es una actividad que agrupa a ambas clases sociales, de diferente manera, permitiéndoles a unos trabajar y a otros dirigir.

Gorostiza fue un ilustre al tomar una realidad, llevándola al teatro y ejemplificando lo más relevante y digno de conocer.

Durante esa época los jóvenes tenían otras inquietudes. En “El puente”, notamos cómo un grupo de amigos juega a la pelota, tiene charlas sanas y se divierte, además, yendo a bailar a la milonga. A la vez que los ricos, debaten sobre cuestiones banales e intentan separarse cada vez más de la miseria económica.

Me pareció muy atractiva la manera de narrar esta historia, separándola en diversos actos que, justamente, describen escenas de los más desfavorecidos y, luego, otras de los más poderosos.

La división entre un acto y otro se logró oscureciendo la sala, hasta continuar iluminando lo que vendrá.

En cuanto a la escenografía de la clase alta, se constituye por una casa con muebles y objetos de época y, la clase baja, está mientras inmersa en una calle, de la que tenemos referencia gracias a la puerta de calle de dicha mansión.

Por otro lado, y siendo lo más significativo, toda la narración gira en torno a la construcción del puente y a dos personas que no vuelven de su rutina de trabajo.

Las conversaciones y diálogos son extractos del día a día, de ese entonces. A su vez, el vocabulario utilizado es, también, propio de los 50′ en que el respeto era otro pero la falta del mismo entonces era otra.

Refiriéndome a las interpretaciones, las vi muy sentidas y bien llevadas a cabo. Cada actor pudo diferenciarse de los demás gracias a la caracterización de cada personaje. Esto ayudó a que cada uno tuviera su espacio de intercambio y que desde el público podamos apreciarlo.

Considero que la pobreza siempre va a ser un factor que realzará la discriminación por parte de los que ya la utilizan como parte de su vida.

Un niño, desde su ingenuidad se sorprende, divierte y ocupa de lo que cree necesario. Un adulto, desde su retorcimiento, se deprime, aburre y preocupa. Estas notorias diferencias se pueden apreciar en grandes y chicos a lo largo de la obra.

Se suele decir y afirmar que de lo único que podemos estar seguros es que todos moriremos en algún momento.

Entonces, ¿qué diferencia tendrá un cadáver con otro? ¿Unas cenizas con las otras?

Nadie podrá sentir a flor de piel lo que le pase a otro hasta que no lo viva realmente.

En esta dramaturgia se da, perfectamente, la situación en que dos familias tendrán que atravesar lo mismo, a pesar de que intentarán hacer hasta lo imposible para distanciarse. Son excelentes los momentos en que se convergen los personajes, pudiendo entretejer el argumento a medida que avanza la historia.

Así como en un comienzo unos jóvenes charlan sobre temas de su edad, llega el momento en que sienten que deben entender al país, su debacle, la crisis y la desigualdad explicando lo que llega a sus oídos, conformándose ya como futuros adultos.

El dinero, por otro lado, es uno de los temas que predominan en la pieza teatral, puesto en casi todos los diálogos que se producen. Tal es así que en cierto momento uno de los actores confirma que el mismo «no es de nadie».

Pensándolo, por unos instantes, nos daremos cuenta que están en lo cierto. Solamente sirve para cambiar pero por productos o servicios aunque cuando escasea, ni siquiera tiene ese valor agregado.

No llega a las manos de quienes más lo merecen o necesitan, sino que se destina a enriquecer cada vez más a los que ya todo tienen.

Bajo este panorama, igualmente, los pobres no son seres resentidos ni vengativos, queriendo, simplemente, tener lo mínimo.

Este fragmento de la historia argentina detalla un panorama realista, desde un ángulo social. No faltará aquel que disienta con esta mirada y argumente lo contrario.

Siempre el dinero ha enfrentado a un bando con otro. Sin él no habría guerras ni discusiones ni luchas ni poder.

Es ilusorio pensar que sin billetes tendría sentido matar o morir.

El puente ficha

 Mariela Verónica Gagliardi

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El jardin de los cerezos2

La nueva versión de “El jardín de los cerezos” (adaptada y dirigida por Helena Tritek), tiene una visión diferente sobre el clásico de Ánton Chéjov.

Es conocida ya la historia así que no me centraré en ella específicamente, sino que tomaré diferentes citas para analizar esta puesta en escena.

Existen varios hilos conductores que son: la lucha de clases, la sabiduría y la venganza.

En la primera notamos cómo Liuba y Gáiev se aferran a una mansión que nada les importa, que quedó en su pasado, pero su capricho de ver florecer los cerezos es más notable.

Por otro lado está el recorrido marcado por Trofímov, en el que justifica cada una de sus palabras, demostrando cuán banales son los otros.

Y, como último punto, se encuentra la venganza.

Me pareció sumamente interesante el personaje de Alejandro Viola interpretando al comerciante Lopajin.

Este hombre no odia, no se odia, no le teme a nada ni a nadie. Él solo desea realizar una estrategia que le permita honrar a sus padres.

Ellos ya no están para celebrar su logro pero el resto de la servidumbre sí.

Y continuando con el remate del jardín de los cerezos, la clase trabajadora y esclava de los ricos más poderosos, se pueden dividir en dos: los que desean rebelarse y obtener un cambio, y los que están acostumbrados a ese sometimiento sintiéndose parte, de alguna manera, de los hogares para los cuales trabajan.

Los esclavos no tienen identidad, ni nombres, pueden ser reemplazados u olvidados como el caso de Firzi.

Mientras la dramaturgia rusa se sucede, el amor circula, intenta surgir, pero las parejas no lo son del todo.

Sí se afirma el vínculo entre Vania y Trofímov, pero no se hace demasiado hincapié en éste.

Lo más importante de esta versión es la mirada social y la semejanza con cualquier sociedad capitalista contemporánea.

Los cerezos son las riquezas acumuladas, los sinsentidos, la pantomima alrededor de una sala de gala y la no inteligencia de ahorrar cuando ya no existe moneda para despilfarrar.

La justicia llega, los que más tienen pierden algo y los que no tenían saben conseguirlo.

¿Justicia divina?

No. Terrenal.

Las escenografías, estéticamente bellas, glamorosas y, en tonos marrones, decoran la obra.

¿Qué decir de los grandes talentosos actores que no se haya dicho?

Todos se lucen, desplazan, bailan, los músicos acompañan y cada escena se desarrolla deliciosamente.

Las dos horas de duración son muy amenas y podríamos continuar junto a ellos, conociéndolos más, sabiendo los por menores de sus vidas u opinando qué les conviene definir.

Como el comienzo de «El jardín de los cerezos», los cuerpos se mezclan, unen, disocian y separan. El baile es la única actividad que los amalgama sin importar quiénes son, qué quieren o a dónde van.

El jardín de los cerezos ficha

Mariela Verónica Gagliardi

Señorita Lucobein13

Nacho Ciatti apuesta su creatividad a una original puesta en escena, la cual escribe y dirige, demostrando cómo dos épocas tan distantes se asemejan en ciertos puntos.

Una empresa de alimentos será el sitio en el cual se desarrollará una comedia con ingredientes del grotesco.

Todos los empleados serán hombres y el machismo reinará por doquier.

Mientras tanto la «Señorita Lucobein» (Gaby Pastor) se dejará someter a todo tipo de chantaje emocional, no pudiendo encontrar una salida más saludable para ella.

La compañía del futuro -que más bien parece del pasado lejano-, en la cual no se cobra con dinero y la explotación es como en nuestra actualidad capitalista.

El Señor M (Iván Moschner) es un jefe tirano, sin escrúpulos y capaz de hacer avergonzar hasta al más inocente.

Haciendo una pausa podemos entender que hay una gran dosis de pesimismo en los diálogos, ya que las cuestiones negativas no evolucionaron, se avivaron y se hicieron más fuertes hasta terminar destrozando cualquier corazón.

Claro que para quien recién lo conoce pueden parecer duras estas apreciaciones.

Así será el caso de Lazio, un campesino entrerriano que con el afán de tener algún rédito económico le venderá su alma al diablo, aunque tendrá una recompensa que ni él se la imaginará.

El amor rondará las oficinas, los rumores de pasillo se exacerbarán y, ante cualquier eventualidad, se le dará rienda suelta al baile.

Si bien la obra es en mayor medida humorística, no hay que dejar de lado la violencia verbal y la coacción  reinante en cada escena.

Señorita Lucobein es una metáfora de cuantas agresiones o desvalorizaciones existan en la realidad.

Un hombre loro que durante gran parte de su vida trabaja en ese sitio tan despreciable, intentando serle útil al lugar y a su jefe, pero que no es absolutamente nada, sino un ave sucia y vieja a punto de morir.

Lo que sucede es que sus alas se fueron marchitando y desea salir cuanto antes del encierro para respirar su último aliento.

Justamente, el fragmento en que ocurre el pedido da escalofríos. Lo interesante es que habrá quien se tome con gracia este acontecimiento y quien intente vincularlo con la inequidad social y la desdicha de un ser que es humillado -provocando un paréntesis para sentir que la solidaridad no tiene que ver con una u otra época sino que debería ser inherente al hombre-.

Y, por último, un Botón (Nicolás Barsoff) que podría ser menospreciado por su rol pero, sin embargo, es el único que está al tanto de todo y el único capaz de conocer a todos los empleados.

Su papel será el que revele determinada información y a su vez toque el piso indicado para elegir uno u otro destino.

Es interesantísima la trama de la pieza teatral, la cual no se torna monótona en ningún momento, logrando tener matices dramáticos, humorísticos y musicales; compartiendo con los espectadores esta mirada al estilo cómic donde habrá antihéroes que tendrán la oportunidad de rebelarse y ser importantes al menos para sí mismos.

¿Qué podría suceder si quisieran salir del encierro de un momento para otro?

¿El Señor M los dejaría, los entendería y podría arremeter contra ellos?

Son tiempos de cambio y deberán ser muy cuidadosos si no quieren levantar sospechas.

Señorita Lucobein ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Ficcionario10

En un espacio íntimo, como lo es la sala 3 del Teatro La Comedia, se presenta una talentosa artista llamada Stella Maris Faggiano.

Ella es cantante, actriz y bailarina. Intérprete, oradora y cuentista. Ella es todo lo que uno quisiera ser, si tan solo se animara a soñarlo.

“Ficcionario”, bagaje de la creación (Lautaro Metral) es su unipersonal que comenzó la segunda temporada y son tantas las asociaciones que hay para hacer que, con perderse un minuto de la trama, ya te quedás afuera de ese realismo mágico tan notable.

Ella tiene la ductilidad como para convertirse en niña, disfrazarse como tal, hablar como tal y pensar como tal. Ficcionario9Esta pequeña reclama lo que añora y da su frescura en cada paso y palabra.

Hago hincapié en el ambiente elegido para desarrollar esta obra de teatro -con formato de comedia musical- ya que alberga al público de una manera cálida, lo cual no siempre ocurre por diversos motivos.

Como en forma de círculo, ella se trasladará bailando y narrando partecitas importantes de su vida interior, hasta detenerse en algún objeto que le sirva para desarrollar una nueva performance.

Es, realmente, natural su manera de moverse, sus pasos nacidos desde su piel y corazón. Sus palpitaciones que le recuerdan su pasado, sus angustias, sus alegrías y melancolías. Cada frase da placer escucharla y todos, de alguna manera, nos sentimos partícipes de esta pieza teatral. Todos nos sentimos inmersos en las prosas y letras que narran sus vicisitudes y las nuestras. Sus dolores y los nuestros.

Ella es la portavoz de una historia, pero todos los humanos mortales presentes pueden absorberla y sentirla propia.

Como las raíces que marcan a cada persona, ella las tiene perfectamente pintadas en sus piernas. Imposible no mirarlas una y otra vez. Teniendo estos dibujos en cuenta, ya desde un comienzo, podemos afirmar que la dramaturgia tocará temas profundos.

Ficcionario6

Me pareció muy interesante la adaptación de las propias canciones a las melodías de milongas, como al estilo de Tita Merello. Durante todo el unipersonal sentí viajar por los años cuarenta, danzando el tango y oliendo esos aromas de antaño.

“Ficcionario” no tiene desperdicio, es como escuchar un gran diccionario comprendido por: experiencias amorosas, sentimentales, familiares y propias. “Ficcionario” es un conjunto de vivencias recopiladas por el camino de la vida y esparcidas en una maravillosa puesta en escena, llena de colores, globos y demás objetos -estéticamente llamativos-.

Así es como sus días transcurren hasta anclarse por completo. En esa pausa ella logra digerir los momentos que más Ficcionario2la marcaron, eligiendo escribir unas páginas vacías con sus memorias.

La poesía la abraza, dotándola de exageración, brindándole un antídoto a su enfermedad de soledad. Ella asume que puede disgregarse por completo. No dice que vaya a hacerlo, pero sí que es capaz. Es increíble cómo se observa un antes y un después en el desarrollo de «Ficcionario».

Este mundo no realista, pero con varios puntos relacionados a la realidad de cualquier ser, logran marearla, desconcertarla, hacerla sentir miedo por su existencia e intentar doblegar a la muerte.

Como un manto de piedad, ella aclama, canta, se emborracha e intenta ahogar sus penas. Pero no es una cualquiera ni una alcohólica. Es una mujer sufrida e inteligente que estará donde decida.

Si su elección es abandonar la pelea, habrá que respetarla. Quizás se canso de pelear y su corazón dijo basta.

De todas maneras, su casa va quedándose sin nada, como ahorcándola de a poco, como obligándola a decidir, urgentemente, qué camino tomar. Su lapicera continúa escribiendo oraciones, frases dichas y un alma rota que no podrá reparar.

ficha artístico-técnica Ficcionario

Mariela Verónica Gagliardi

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Todos mis miedos9

Todos, absolutamente todos, tenemos algún temor, alguna fobia o algo que no podemos atravesar tan a la ligera. Algunos exponen, fácilmente, lo que les pasa y, otros tantos, lo evitan.

“Todos mis miedos” (de Esteban Bieda y Nahuel Cano, dirigida por éste último), se basa en un profesor de literatura (Pablo Seijo) que tiene conflictos existenciales y de amor. Él perdió su rumbo entre tantos libros acumulados y juntando polvo por doquier.

Sus saberes le son transmitidos a una alumna (María Abadi) que se enreda con sus pantalones y, también, pierde el foco de sus objetivos. Ella es joven, intenta crear una historia, aunque, va a parar a manos de este docente tan retorcido y paranoico.

Lo interesante de la narración y sus diálogos no es el contenido de Todos mis miedos, sino la exploración que hacen en cada personaje, en cómo ubicar el texto en escena y cada uno de los recursos que permiten entretejer tan interesante pieza teatral.

Una historia no tiene que ser extraordinaria en sí misma sino en el cómo. Este grupo de artistas, en su conjunto, lo logra. Nos mantienen en vilo, no pierden su concentración y nos deleitan con sus interpretaciones. Ellos encarnan a personas no a personajes. Son auténticos con sus movimientos y sentimientos. No sobre exageran ninguna situación, solo las que a drede pretenden subrayar.

De repente vemos cómo un único espacio escénico aloja a estos cuatro actores, que deberán relacionarse en un extremo u otro, sin cambiar sus vestuarios y sin desorientar al público. Como si fuera un cuadrado, con espectadores a su alrededor, tendremos que observar, como a veces ocurre, lo que nuestra vista pretenda. Una situación en primer plano -por establecer una conversación- es destacada y, llevada a segundo plano, otra actuación.

Como si se sucediera un diálogo con el siguiente, integrando uno con el otro o, simplemente, dando pie una escena a la próxima, presenciaremos una comedia dramática sin altibajos y con un sello diferente, no convencional.

Por otro lado, la esposa sufrida y depresiva (Anabella Bacigalupo) de este profesor no tendrá sentido como mujer de él sino como persona que tropieza, constantemente, con la misma piedra sin ayudarse a sí misma ni a darse una oportunidad de desvincularse del mal conocido.

Un aspecto interesante es el escogido para describir las voces interiores de este tan contradictorio y abrumado hombre. De esta manera, Diego Echegoyen, emite reflexiones y planteamientos que cualquier humano se haría o, al menos, tendría en cuenta.

Podría hacer una comparación entre lo viejo y lo nuevo. Él escoge a su alumna, como símbolo de crecimiento, de superación de sus traumas y de su ex matrimonio; pero no se da cuenta ni asume que las historias de los libros que lee, frecuentemente, pueden repetirse en la suya realmente. En su caso no existe un director que le diga que dé un giro y continúe por otro sendero más próspero.

Él es el árbitro de su propia vida y decadencia. Su motor sin combustible para la evolución.

Sus trabas emocionales lo desplazaron de su rutina, de su familia y, la locura, lo invadió por completo.

Todos mis miedos ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Siguiente por favor4

Como en una serie de la televisión, en horario de la tarde, podemos apreciar la actuación de Romina Pinto e Iván Steinhardt en “Siguiente por favor” (de Ana Maugeri y Belén Wedeltoft) –una comedia entretenida y con varios aspectos, profundos, para reflexionar-.

Ellos están haciendo una cola para realizar trámites personales pero, la demora hace salir a la luz varios conflictos íntimos hasta revelar una verdad, trascendente, y que cambiará el cauce de la obra por completo.

Mientras una voz en off (Gina Said), solamente, se remite a decir el nombre de la dramaturgia, los personajes avanzan, se quedan quietos, discuten, se conocen y los acompañan unas esculturas blancas.

Estos fueron los objetos que más llamaron mi atención e intenté analizarlos de derecho y de revés, otorgándoles diferentes alternativas y significados posibles.

Haciendo una lectura simplista, éstos muestran que tienen a alguien delante de cada uno y lo mueven al mismo tiempo que la fila lo hace. Esta interpretación, no tendría demasiado sentido a mi parecer.

Pero haciendo un análisis más profundo, ellos intentan esconderse detrás de algún objeto que les de seguridad. En esta oportunidad pudieron haber escogido maniquíes porque no tienen sentimientos, ni movimientos pero sí alegorías respecto al texto de “Siguiente por favor”.

Unos cuerpos rígidos que nada expresan y que le dan la oportunidad, a ellos, de abrirse y mostrar quiénes son.

Es, realmente, historia conocida la que muestra a dos extraños en un lugar público y que, además, se atraen. Por eso es que esta nueva propuesta pretende romper esquemas utilizando la ironía, la inteligencia -dentro del mundo de la sitcom-.

Cada vez son más las obras que se suman a este género olvidado en nuestro país y, en este caso, el guión no es una banalidad sino un ingreso al saber y a la exploración de distintos matices delicados de nuestra sociedad.

Se dice que los problemas son más fáciles vistos de afuera y que, otra persona, los puede interpretar mejor que uno mismo. Este es un ejemplo. Una exposición y una manera de poder desatar nudos que impedían avanzar.

En esta teoría me baso: en la de seguir avanzando como el título de la obra. ¿Quién es el siguiente, a quien le toca? ¿Cuánto dura un trámite? ¿Existe tal trámite o es una excusa para vendar nuestros ojos y seguir posponiendo sentir lo que sentimos?

El sistema se puede caer como en cualquier oficina pública o privada. Nuestra ceguera puede continuar o hacerse la luz. Cada quien escogerá lo más conveniente, sin olvidar que cada decisión tiene causas y consecuencias.

La felicidad, ¿qué lugar ocupa? ¿Se puede vivir sin ella? ¿Se puede ser sin ella?

¿Cómo se puede parar una persona cuando sabe lo que quiere pero no cómo conseguirlo?

¿En qué se puede convertir una persona cuando deja de lado sus inquietudes y deseos?

Quizás en una escultura con formas, curvas y expresiones inventadas o pintadas.

Un rostro es el único que revela el interior, cuando estamos contentos y tristes, cuando logramos nuestro objetivo o lo abandonamos antes de tiempo…

Y los desaparecidos en nuestra querida Argentina, ¿sienten, deambulan, sueñan o están muertos?

¿Quién es alguien sin identidad? ¿Quién es alguien borrado?

Los maniquíes no tienen ojos, ni boca, ni nariz, ni ropa. Solo contornos y relieves. Se pueden parar por sí solos pero precisan de alguien que los mueva. Ellos se han quedado tiesos de tanto esperar.

Ellos no pretendían esperar sino luchar por sus derechos.

Quizás quien no haya visto aún esta puesta escena crea que estoy planteando dos mundos paralelos que no convergen en ningún punto. Esta es la conclusión a la que llegan mis sentidos, los que nunca dejan de guardar experiencias únicas.

Un hombre tiene la posibilidad de vivir de acuerdo a sus propósitos. Un desaparecido ya no.

El mundo de los vivos permite conseguir. El de los muertos y relegados ya no.

Nosotros somos los responsables de que se haga justicia en nuestra vida y en la de los que no tienen ya armas para defenderse.

Siguiente por favor ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Los cuerpos4

Cuando la palabra deja de ser necesaria y pasa a ser un recurso obsoleto, surgen propuesta tan impactantes como esta, donde dos hombres se desdoblan hasta convertirse en caballos. Pero, estos animales, tampoco precisan de sonidos que los evidencie como tales.

“Los cuerpos” (interpretada y dirigida por Ramiro Cortez y Federico Fontán) es un llamado urgente a los tiempos fugaces en que vivimos. Esa soledad que se siente hasta en lo más profundo del corazón, a pesar de estar acompañado.

Ambos artistas-bailarines, se desplazan por todo el espacio escénico, permitiendo que disfrutemos de la danza contemporánea en todo su esplendor. Casi todos sus movimientos son a ras del piso y con tan solo miradas ya dicen todo lo que pretenden.

Existen las sutilezas así como la brutalidad, demostrando que un hombre-animal convive en ellos. Que son dos seres en un mismo cuerpo y que, inclusive, los dos participantes se amalgaman hasta complementarse como uno solo. Por momentos son caballos -con unas cabezas de animales perfectamente confeccionadas- hasta que se observan, detenidamente, y ya no tienen miedo de gritar,  sin gritos, quiénes son.

Pasé por todo tipo de sensaciones durante la función de Los cuerpos, teniendo una presión en el pecho al borde del nerviosismo, enamorándome luego, sintiendo pasión por tales movimientos tan complejos de reproducir e intentando decirles que paren, que ya es suficiente lo desarrollado en escena.

Sucede que sus vientres se contraen y expanden hasta conformarse ya no como humanos, sino como animales feroces, transpirando, uniéndose y generando varias emociones. No es sencillo que una dupla masculina pueda con tan poco dar tanto. Son solamente dos con sus máscaras, un suelo negro y nada más. Las luces se encargan de remarcar dónde hay que prestar atención y en penumbras, también, ocurriría lo mismo, aún sin ser conducidos.

Conocerse es el puntapié inicial para crear un baile que no lleva giros ni desplazamientos clásicos, sino puramente conceptuales y enérgicos. De repente, notamos cómo un talón es absorbido por la boca de su compañero y, de ahí en más, se mueven sin que exista separación entre ellos. Transcurren los segundos, los minutos y la desesperación me invade. No comprendo cómo pueden respirar y es que la racionalidad, en este punto, ya no ayuda a develar ni este misterio ni otro. Se convirtieron en esos caballos salvajes tan tiernos como pasionales. Se buscaron tanto hasta enamorarse y fundirse en un solo cuerpo.

Los torsos desnudos, diferentes pero complementarios, con distinta musculatura y agradables a la vista humana; se convirtieron en energía. Lograron desplegarse de la superficie terrestre y, permitirnos, volar, crear con la imaginación, sentir sin miedo, amar y odiar a la vez, atraer y rechazar, creer y descreer.

No vi jamás en mi vida un despliegue de esta índole, con pocos objetos y exprimiendo, al máximo, el potencial artístico. Ellos ponen todo en juego, se desnudan con el alma y solo quieren un reconocimiento, una aceptación. Esto está en sus caras de jóvenes soñadores que intentan para conseguir, que dan para lograr.

Mientras sus manos intentan unirse, la emoción del público se siente. Es imposible no alegrarse y sufrir con Los cuerpos.

Los cuerpos ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Amarillo3

“Amarillo” es el color de la envidia, el color del oro y el oro es la cloaca… ¿cuántos sabrán estos datos?

La obra de teatro (escrita por Carlos Somigliana y dirigida por Andrés Bazzalo), protagonizada por  Sergio Surraco (Cayo Graco), nos presenta a los antiguos romanos luchando por sus derechos, a una clase baja pidiendo algún rédito económico y algo que los favorezca.

Cayo Graco y su hermano Tiberio son las voces y héroes de los más desfavorecidos. De los que siempre se dejan para lo último, para lo que sobre o quede.

Es muy interesante e impactante como el autor real y Bazzalo, quien adapta los relatos a una nueva versión, pueden Amarillo7situar un hecho histórico en un lugar determinado pero, sin embargo, saber que está íntimamente relacionado con la reforma agraria en Argentina y los diversos factores que estuvieron en puja durante una época de la historia en que estaba muy marcada la línea entre hacendados y campesinos.

Mientras los opuestos actores políticos se hacen presenten, las miserias humanas surgen e implantan en cada acto en que un sector u otro informa sus ideas e intenciones.

Una moneda, que en ese momento era de oro, vale más que la vida de cualquier terrestre y aún más de quien es opuesto en ideología.

Todos los protagonistas caminan, se cruzan, ignoran, unen, miran, esquivan, hasta encontrarse con sus pares, semejantes u opuestos. Los diálogos y oratorias se representan, escuchan, evaden o combaten.

Como en un relato épico, está muy bien caracterizado cada personaje, el vestuario y escenografía. Esta última, bastante sencilla y permitiendo que la vista observe lo relevante sin adentrarse en detalles cargados.

Así es como se desarrolla una historia que sirve para concientizar un poco más. Que no se queda en relatos pasados sino que, a pesar del paso de los años, continua siendo una problemática actual de Argentina y de muchos de los países con características similares al nuestro.Amarillo1

En este caso un joven, perteneciente a una familia rica, se esfuerza hasta las últimas consecuencias por conseguir la justicia. En esta oportunidad un amigo que lo traiciona, por el simple hecho de sentirse alguien y un Senado que decide chantajear al más ignorante para “triunfar”.

“Amarillo” es una suma de ideales, de convicciones y modos de ver una misma situación de diferentes maneras: colaborando o siendo egoísta.

Como suele ocurrir, quienes tienen la vara del poder, manipulan a quienes apenas tienen un pedazo de pan duro -cuando lo tienen- para llevar a sus bocas. Pero un Senado, conformado por Patricios sanguinarios y latifundistas, no dejará llevar adelante el plan de equidad social, desatándose una verdadera lucha.

Con respecto al origen de esta pieza teatral, cabe resaltar que fue un año después de la destitución del presidente brasilero Joao Goulart, quien se refugió en la provincia de San Luis de nuestro país y,  recién en este tiempo, se vuelve a investigar quiénes estuvieron involucrados en su muerte. Se supone que la amistad que mantenía con el presidente Juan Domingo Perón, lo habría perjudicado, habiendo sido envenenado.

Amarillo14

Partiendo de ese acontecimiento y de cualquier semejanza con otro hecho en América Latina, podemos ver reflejada la misma problemática, la reiteración de la misma y el sufrimiento de los sin tierra, de los que cuando logran tener un representante honrado y valiente, este dura poco tiempo o mucho, hasta eliminárselo por completo.

Esta obra dramática, merece ser vista por todos los sectores sociales como para lograr su cometido: polemizar e intercambiar opiniones, abrir corazones y cerrar otros.

A la vez que un líder pone su alma para que los más pobres tengan lo que se merecen, es perseguido por los Patricios IMG_1425y cuando todo parece terminar con el asesinato de este gran hombre, la historia sorprende.

El muere como un héroe y eligiendo. De la misma forma que se hizo cargo de cada una de sus palabras y actos, escogió al autor del crimen y como terminar su vida.

Se viene a mi mente una canción de Carlos Gardel (compuesta en 1935) que en cierta estrofa dice: “Por una cabeza, todas las locuras. Su boca que besa, borra la tristeza, calma la amargura”. Si bien la letra está vinculada al amor, a los desengaños y a la melancolía; perfectamente se puede relacionar con ciertos Amarillo12sucesos de esta obra. Por una cabeza, trazando un paralelismo entre la pasión y la muerte. La pasión hacia su mujer decidió volcarla por completo en la política y hacer realidad su sueño, el sueño de los relegados.

El amor de su vida, siempre estuvo presente. Los besos de Licinia, lo contenían. Aunque en ningún caso lograron aislarlo del desenlace escogido por su valeroso sentir.

Mariela Verónica Gagliardi

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El otro13

Palabras superpuestas, al unísono, comienzan a ambientarnos en una obra de teatro-danza, singularmente inteligente.

Los actores se desplazarán por todo el espacio escénico, con movimientos entrelazados, narrando una historia en la que predominará la inclusión social. Una inclusión que nos habla de la religión judía como contracara de la católica. Una inclusión del diferente como modelo y modo de aprendizaje, de conocimiento y de observación.

La danza contemporánea une a cinco mujeres que se relacionan mediante sus cuerpos, la palabra en menor medida y las miradas. Sus mundos son similares y particulares, hasta que llega una sexta mujer diferente, con una vestimenta llamativa y que logra imponerse sin violencia.

Esta última las deleita con su luz, con una delicadeza extrema y la magia de quien aparece como en un cuento de hadas.

Podría trazar dos tipos de relatos: el visual y el oral. El primero fue el más placentero y, el segundo, el más desafiante.

El libro de Alicia Steimberg, escrito en que se basa la obra, es completamente un tesoro. No porque lo diga yo, sino El otro3porque basta con observar ciertos fragmentos de «El otro» (de y dirigida por Gustavo Friedenberg) para saber de qué tratará su argumento.

No es tarea simple lograr un acercamiento entre la autora y el guión logrado. El hecho de que se trate de religión no lo hace más obvio ni factible de conectar.

Al comienzo de la obra oímos palabras y frases que, más adelante, podremos vincular. Pero, al leer a Steimberg, las aclamaciones al mundo terrenal son recurrentes y es imposible sentirse excluido.

«Que Dios te ayude, Que Dios te ilumine, Que Dios te bendiga», menciona la escritora. Estas expresiones suelen ser dichas por el cristianismo pero, también, por los judíos. Acá no existe separación entre un protector u otro. Por un momento Dios es uno, aunque el discurso se encarga de marcar las diferencias y de ubicarnos en tiempo y espacio.

A su vez, ciertas costumbres y tradiciones de la colectividad se resaltan -de una manera cordial y simpática-, confirmando que el judaísmo no excluye sino que comparte con sus semejantes una historia en común.

Sholem aleijem (la paz sea con nosotros) es una forma de bendecir, de dar serenidad a una persona, así como otros cultos tendrán sus propios códigos.

El otro12

«Ser judío es una mezcla de muchas cosas: recuerdos de infancia, una manera especial de llorar y de quejarse, un idioma que no se quiere entender, una necesidad de estar recordando todo el tiempo que Einstein y Freud y Marx y Chaplin eran judíos, una sensación de que uno es muy antiguo, más antiguo que los católicos».

¿Existe una manera de ensamblar un pueblo con otro por más distantes que parezcan?

«El otro», el desconocido, el diferente, ¿merece indiferencia o una oportunidad?

No pensar como la mayoría, no vestir como ésta y tener una ideología propia y/o compartida con una minoría, ¿es condición sine qua non para ser marginado?

¿Todos los iguales debemos unirnos y los otros ser relegados a un espacio oscuro y tildados de sectarios?

El otro7«El otro» es nuestro propio espejo, nuestra imagen distorsionada, lo que no queremos ver y toda enajenación simbólica
que nos propicie ese objeto de vidrio.

Qué sería de cada humano sin la fe, pero no la fe como sinónimo de religión sino como apoyo a nuestras ideas, desesperaciones y angustias que no tienen solución en lo racional.

«El otro», se une, se distancia, se ubica en el centro y logra una energía simbiótica espectacular.

Los artistas expresan, sienten, se amalgaman y retroalimentación.

Uno más uno, dos.

ficha artístico-técnica El otro

Mariela Verónica Gagliardi

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