*** Agosto 2017 ***

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Besos de amor

Yo no duermo la siesta2

Ese aroma a infancia y a niñez, con aires frescos y conflicto igualmente sin resolver, amores, sensaciones de agobio y placer, tensiones y la vitalidad de hacer remediando, luego, las consecuencias.

Yo no duermo la siesta (escrita y dirigida por Paula Marull) plantea diversos problemas que son ubicados, sin orden de prioridad, unificando criterios, espacios escénicos, momentos recurrentes y situaciones que se van de las manos sin poder arrepentirse.

Una familia es el foco dentro del que irán interactuando cada uno de los personajes principales y secundarios hasta conformar una unidad que se mueve como pieza de engranaje, que se desliza aceitada sin por eso tener que terminar con un tradicional feliz como se quisiera.

Existe un gran contenido simbólico en el que habitan estos hombres, mujeres y niñas. Tal es el caso de Aníbal (Marcelo Pozzi) que, sin lugar a dudas, es el que más llama la atención desde un principio por su dificultad para comunicarse y moverse. Igualmente, él hace hasta lo imposible para lograrlo aunque suele fracasar en el intento por culpa de quienes se burlan de sus problemas como modo de entretenimiento. Así, el bien y el mal toman protagonismo indefectiblemente al igual que lo correcto e incorrecto y varios de los antagonismos que desfilan por la dramaturgia.

El sometimiento es otro de los factores que existen en la historia y a través del que se obtienen determinados resultados, no siempre gratos.

Puede observarse una puesta en escena realmente atractiva, vistosa y que cumple a la perfección con la línea argumental, sin sobrecargar los espacios pero otorgándole a cada ambiente los detalles precisos para que sepamos en qué lugar de la casa se está en qué momento. El vestuario también es el ideal para cada personaje y la música que se apodera del corazón infantil que todos llevamos dentro.

Natalie (Micaela Vilanova) es la que más protagonismo tiene en Yo no duermo la siesta, no solo por su excelencia para interpretar a esta niña perversa e inocente a la vez, sino por el rol que ocupa en la historia. Ella es la encargada de transmitir el deber ser, la moral y, sin embargo, tener acciones opuestas a sus argumentaciones. Uno de los juegos que puede verse es un tratamiento para que su amiga espante a los mosquitos de su cuerpo. Así, cada una de las intervenciones de la pequeña será precisa, eficaz y dando a entender el sufrimiento por el que está viviendo y tuvo que crecer de repente.

El personaje antagónico de Natalie es la talentosa María Marull -quien interpreta a Doris-, una mucama que vive con esta familia y tiene la función de armonizar. Como si se tratara de un hada madrina que sonríe, sufre y llora en privado para después tener la fortaleza de dar lo mejor de sí. Cabe resaltar que Natalie no pertenece a dicha familia sino que es una vecina que, por diversos motivos, está con ésta momentáneamente.

Es verano, los insectos abundan, el clima agobia y las discusiones también. El ventilador no alcanza, los caprichos desbordan y todo explota de un momento a otro.

“Yo no duermo la siesta”, dice Natalie. Porque le hace mal y le da ganas de vomitar al despertarse. Afirma a su amiga Rita (Agustina Cabo) que cuando sea grande va a irse a vivir a una ciudad para evitar dormir de tarde. Esta última sin saber que hacer solo justifica que “Hay que decir las cosas para no enfermarse”.

Mientras Doris se acuesta e intenta no pensar, su mirada se entristece, lagrimea y silencia su padecimiento. Al mismo tiempo, puede verse a las niñas jugar en el living y resulta encantador vivenciar la niñez tan bien narrada. No parece ser una historia sobre la infancia escrita por adultos sino por una mujer observadora que se detuvo a reflexionar en el tiempo y captó la esencia justa de cada momento luego desarrollado por las pequeñas en escena.

Jugarán al videoclip, recorrerán la casa de un extremo a otro y harán cosas de toda niña traviesa. De eso también se trata. Mientras la madre de Rita (Sandra Grandinetti) está fuera del hogar, el descontrol se apodera de la atmósfera in crescendo.

Yo trato, trato, trato pero no te olvido. Yo lucho, lucho, lucho y no lo consigo (Contra la corriente – Karina) se escucha de repente y la cumbia sintetiza una de las líneas argumentales de la obra. Todo parece fusionarse en un punto y los pensamientos de Doris ser, de algún modo, los que transmite en ciertos momentos la pequeña Natalie.

“Hay que darse cuenta de las cosas”, dice Doris; y pretende solucionar como por arte de magia el caos de la casa.

Varios relatos que tienen una profundidad impecable, una sensación de que no todo lo malo es tan malo y que la alegría puede aparecer en determinadas situaciones para digerir los malos estragos.

La adultez recién aparece cuando el personaje interpretado por William Prociuk se hace presente, habiéndose anunciado con anticipación y también existirá un cierre prometedor que emocionará a todo aquel presente.

“No me da miedo ir, me da miedo llegar”, dice Natalie casi al producirse el desenlace de la historia. Una historia que emociona, angustia, que te traslada a un mundo de fantasía y realidad muy bien logrado, que otorga ese don para sentirse bien hasta en el peor momento, recordando quién es cada uno.

ficha Yo no duermo la siesta

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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Cuando no veo, todo funciona bien

Coprófagos7

Seis escenas son las encargadas de narrar un panorama que, hace mucho tiempo, aqueja a la humanidad: la libertad de expresión. A partir de esta temática, constantemente, se enfrentarán conceptos democráticos con autoritarios. Aunque, también, se hará notar al espectador cómo lo democrático suele ser egoísta para las minorías.

La compañía de teatro “Comedias negras”, estrenó su nueva obra llamada “Coprófagos en su tinta” en el Teatro El Cubo. Esta nueva propuesta del director Claudio Gotbeter muestra y demuestra la difícil tarea de encontrar y hallar aquel lugar tan soñado.

En tono de humor negro y con diez personajes caracterizados deleitosamente, cada uno de éstos tiene su momento para expresarse a sí mismo y al resto lo que siente, lo que busca y lo que pretende de la vida.

Girando sobre un mismo eje, sin darse cuenta que al finalizar la rueda volverán al punto de partida; ellos siguen y siguen.

Tropezar con un mismo obstáculo pareciera ser la fórmula perfecta y antagónica de estas personas que vendrían a reflejar las conductas, estereotipadas, de una sociedad que se fragmenta, que se erige como distinta a otra u otras hasta verse en el ombligo ajeno, presa de tantas palabras que no consiguen formular un nuevo destino.

Juntos, dormidos, como acampando en un sitio diferente, se despiertan creyendo haber encontrado un nuevo rumbo. Es sumamente interesante ver cómo el director encontró la manera de crear una dramaturgia tan real como ácida, tan verosímil como triste.

La peor opinión es el silencio” – dice uno de los personajes durante la historia. Irónica y absurdamente, es el silencio lo que menos abunda a lo largo de esta pieza teatral humorística. No es fácil hacer reír y, menos aún, pretender que los espectadores indaguen sobre ciertos asuntos cotidianos.

Un grupo de personas en busca de un mejor destino, dentro del que algunas intentarán cambiar al sistema y, otras, resignarse para no enfrentarse con nuevos modelos que podrían fracasar. El temor al cambio, a lo desconocido, a aquello que convierten en fantasma y huyen moviéndose sin un rumbo elegido.

Esta “familia” quiere manejarse mediante la unanimidad, hasta que se da cuenta que es practicamente imposible llevar a cabo este tipo de mecanismo. Se lo replantean una y otra vez, filosofando, intercambiando opiniones y fundamentando sus propias hipótesis; hasta que algunos concuerdan con que la mayoría tiene razón y la mayoría nunca se equivoca. Esbozado esto, surge la democracia como tipo de gobierno, encontrando que existe una minoría a la que no se tiene en cuenta, de la que solo se pretende modificar su pensamiento para acoplar al grupo predominante.

¿Y si la minoría no está de acuerdo?

El término coprófago está asociado con comer materia fecal. Sin lugar a dudas que se lo relaciona más con animales que humanos, aunque en esta obra se deduce su acepción relacionada enteramente con la política, con los políticos y con el egoísmo reinante en el mundo.

Frases populares que pretenden justificar la irracionalidad de quienes pretenden tener la razón, olvidándose o queriendo simularlo al menos, son las que van decorando las escenas, al igual que sus cantos y deducciones.

Después de tanto hablar, la palabra es repudiada por todos, entendiendo que tanto fervor los agobia, llevándolos hasta el hartazgo. Así, descubren que existen otras formas de comunicarse, como el canto. Y si bien la palabra continúa, no se habla, se la acomoda con melodías en que vocales y consonantes se lucen.

Hay cuestiones que no son tan graves como parecen, hay cosas que se agrandan más de lo necesario. Tal es el ejemplo del famoso mosquito llamado dengue, un insecto capaz de tantas cosas y tan incapaz de otras.

Las obsesiones y la paranoia social se apoderan de los discursos de estos humanos en busca de lo que necesitan y no se atreven a descubrir. Como tantos otros, hacen prevalecer la frase: “muerto el perro, muerta la rabia”.

Están quienes pretenden desalentar con malos augurios a aquellos que se ponen metas, están quienes intentan por todos los medios generar mala onda, infectar con pensamientos negativos los proyectos de los soñadores y están los que definen sus vidas están invadidas de mala suerte. La mala suerte es generada por cada uno, más allá de una cuestión azarosa, al igual que la dictadura versus la democracia, al igual que todo lo que un hombre o mujer elija sin tener que echarle la culpa a alguien, haciéndose cargo de sus pensamientos y acciones.

Coprófagos ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Uno más uno, dos

El otro13

Palabras superpuestas, al unísono, comienzan a ambientarnos en una obra de teatro-danza, singularmente inteligente.

Los actores se desplazarán por todo el espacio escénico, con movimientos entrelazados, narrando una historia en la que predominará la inclusión social. Una inclusión que nos habla de la religión judía como contracara de la católica. Una inclusión del diferente como modelo y modo de aprendizaje, de conocimiento y de observación.

La danza contemporánea une a cinco mujeres que se relacionan mediante sus cuerpos, la palabra en menor medida y las miradas. Sus mundos son similares y particulares, hasta que llega una sexta mujer diferente, con una vestimenta llamativa y que logra imponerse sin violencia.

Esta última las deleita con su luz, con una delicadeza extrema y la magia de quien aparece como en un cuento de hadas.

Podría trazar dos tipos de relatos: el visual y el oral. El primero fue el más placentero y, el segundo, el más desafiante.

El libro de Alicia Steimberg, escrito en que se basa la obra, es completamente un tesoro. No porque lo diga yo, sino El otro3porque basta con observar ciertos fragmentos de “El otro” (de y dirigida por Gustavo Friedenberg) para saber de qué tratará su argumento.

No es tarea simple lograr un acercamiento entre la autora y el guión logrado. El hecho de que se trate de religión no lo hace más obvio ni factible de conectar.

Al comienzo de la obra oímos palabras y frases que, más adelante, podremos vincular. Pero, al leer a Steimberg, las aclamaciones al mundo terrenal son recurrentes y es imposible sentirse excluido.

“Que Dios te ayude, Que Dios te ilumine, Que Dios te bendiga”, menciona la escritora. Estas expresiones suelen ser dichas por el cristianismo pero, también, por los judíos. Acá no existe separación entre un protector u otro. Por un momento Dios es uno, aunque el discurso se encarga de marcar las diferencias y de ubicarnos en tiempo y espacio.

A su vez, ciertas costumbres y tradiciones de la colectividad se resaltan -de una manera cordial y simpática-, confirmando que el judaísmo no excluye sino que comparte con sus semejantes una historia en común.

Sholem aleijem (la paz sea con nosotros) es una forma de bendecir, de dar serenidad a una persona, así como otros cultos tendrán sus propios códigos.

El otro12

“Ser judío es una mezcla de muchas cosas: recuerdos de infancia, una manera especial de llorar y de quejarse, un idioma que no se quiere entender, una necesidad de estar recordando todo el tiempo que Einstein y Freud y Marx y Chaplin eran judíos, una sensación de que uno es muy antiguo, más antiguo que los católicos”.

¿Existe una manera de ensamblar un pueblo con otro por más distantes que parezcan?

“El otro”, el desconocido, el diferente, ¿merece indiferencia o una oportunidad?

No pensar como la mayoría, no vestir como ésta y tener una ideología propia y/o compartida con una minoría, ¿es condición sine qua non para ser marginado?

¿Todos los iguales debemos unirnos y los otros ser relegados a un espacio oscuro y tildados de sectarios?

El otro7“El otro” es nuestro propio espejo, nuestra imagen distorsionada, lo que no queremos ver y toda enajenación simbólica
que nos propicie ese objeto de vidrio.

Qué sería de cada humano sin la fe, pero no la fe como sinónimo de religión sino como apoyo a nuestras ideas, desesperaciones y angustias que no tienen solución en lo racional.

“El otro”, se une, se distancia, se ubica en el centro y logra una energía simbiótica espectacular.

Los artistas expresan, sienten, se amalgaman y retroalimentación.

Uno más uno, dos.

ficha artístico-técnica El otro

Mariela Verónica Gagliardi

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Una puntada, un cuento

El ojo detrás de la aguja2

Desde pequeños nos van y vamos acostumbrando a escuchar y leer historias. Cuentos clásicos, fábulas, poemas, poesías y, de esa manera, de grandes extrañamos esos momentos mágicos.

Cada tarde o noche necesitábamos adormecernos con esas narraciones que, como buenos oyentes, memorizaríamos hasta el más mínimo detalle.

Ana Padovani, recrea esa intimidad entre el orador y, en este caso, su público, para transportarnos a diferentes épocas y estilos de historias. Nos lleva por un recorrido único, pintándonos sonrisas de infantes y, permitiéndonos, sentir cada diálogo.

Con una voz cautivadora y el acento e idioma requerido por cada historia, nos empapamos de amor y ternura, al igual que de risas virtuosas, durante la función.

En ocasiones, decidí cerrar los ojos y la concentración fue más profunda. Logré sentir esa fragancia a niñez, ese abrigo de una cálida caricia y la brisa al apenas estar corrida una ventana.

Intenté no prestar atención a la desconcentración de quienes no estaban respirando mi mismo aire y el placer fue aumentando. De repente, no me sentía en una sala de teatro sino en un espacio más chico en el que, solo yo era la que vivenciaba cada cuento.

“Detrás del ojo de la aguja” dirigida por (Christian Fortezza), nos dio la posibilidad de escuchar historias tradicionales entre una madre y su hija, los consejos que ella intentaba darle de alguna manera -pero sin decírselos-; breves relatos; cuentos con una lengua inventada, introducciones muy bien logradas que permitieron interpretar mejor las historias; Hansel y Gretel con dos finales El ojo detrás de la aguja1distintos y una creatividad que transmitió Ana muy cautivadoramente.

Ella es psicóloga y cuentista. Puede utilizar su profesión para saber cómo llegarle a cada público, qué cosas modificar y cuáles conservar.

La oratoria no consiste en pararse y hablar. Ni en hacer mil movimientos para demostrar algo. La oratoria se basa en ganar la confianza del público, un grupo de personas que puede ser muy similar o diverso entre sí en muchos sentidos.

En cuanto al material utilizado durante el unipersonal, la artista incluyó textos de: Horacio Quiroga, Laura Devetach, Luis Pescetti, Ana María Shua y propios.

Un aspecto que me llamó la atención fue el modo en que transcurrían los cuentos, intercalando los de mayor con los de menor duración y, también, el hecho de que no existió un hilo conductor entre cada uno. Solamente se concluyó la obra con el final de la primera dramaturgia.

Esta decisión nos permitió tener la libertad de prestar atención a la narración que nos interesaba sin tener que recorrer, obligatoriamente, un camino con una única dirección.

Ana Padovani nos explica que las historias son contadas a partir de una mujer que cose, que observa a través de ese diminuto agujerito y que, a su vez, aprovecha el tiempo para armar diálogos entretenidos.

En esta ocasión, la palabra se vuelve fundamental y determinante. Hay que cuidar el valor de la palabra, dice la actriz al terminar los relatos.

Será cuestión de pensar y repensar el lenguaje, lo que queremos transmitir, el cómo lograrlo y, sobre todo, cuando no sepamos qué decir citar al silencio. El mismo que acompañó a esta puesta en escena para servir de separador entre uno y otro relato.

Ficha artístico-técnica Detrás del ojo de la aguja

Mariela Verónica Gagliardi

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Un estacionamiento de ideas

Sistema garage2

Las luces se apagan y, luego, hacen foco en un hombre sentado el cual realiza un movimiento tras otro. Sus manos, brazos, piernas y pies -al igual que su rostro-; comienzan a desenvolverse de una manera peculiar.

Damián Dreizik  (dirigido por Alfredo Allende) es Raúl Ricoletti, el portavoz de una idea súper original y divertida. Se llama “Sistema garage” a este invento que, no necesariamente, lo tiene como creador.

Vale aclarar que no conocemos cuál es el propósito de la obra hasta bien adentrada la misma. Este profesor está presentando su libro y en las butacas estarán sus alumnos -aquellos que lo marcaron en algo- y las anécdotas se irán sucediendo. Como una película, él recorrerá todo el escenario y nos incluirá como espectadores. A nosotros nos hablará y narrará dónde y cómo originó este proyecto tan interesante.

Beatriz será una de las personas que asistirá al evento, al igual que otros amigos y algunos profesores que, no lo hicieron, por un motivo en especial.

Pero, ¿qué es el sistema garage? Ricoletti, indispensablemente, debe contarle al público cierta información a tener en cuenta para que lo comprendan. Él deseaba dedicarse a la actuación y, a su vez, ser mecánico. Claro que mecánico de autos y no dental -como, lamentablemente, tuvo estudiar por mandato familiar-.

Aunque, nunca pudo abandonar el sueño de unir ambas disciplinas para sentirse pleno.

Este unipersonal, realmente, fue increíble y digno de destacar. Desde la idea, interpretación, iluminación,vestuario, hasta la puesta Sistema garage1en escena; convierten a la obra en un producto artesanal y bien construido.

Teniendo en cuenta, entonces, las dos disciplinas que este hombre quiso combinar; el resultado fue una oportunidad de asimilar las partes de un auto con las del cuerpo humano, al igual que los movimientos del combustible y demás mecanismos con el sistema corporal.

¿Qué otro fetiche podría representarse en la vida de un hombre que ama los coches y el arte?

Qué mejor unión podría producirse y representar la carcajada que, sonoramente, acompaña toda la historia. Una narración impecable, bien actuada, sentida y con mucho humor.

A medida que el monólogo avanza, sus palabras parecen entrar en diálogo con esos otros seres que nunca conocemos en persona pero que sí lo hacemos a partir de los recuerdos del profesor y de todas sus ocurrencias.

El unipersonal termina de la misma manera que empezó pero, esta vez, tenemos detalles que nos permiten comprender la personalidad de este profesor de teatro, el cual intentó no caer en la tentación de tomar prestado un proceso que ya tenía otro autor.

Raúl Ricoletti movió todos sus contactos para saber en qué lugar se hallaba ese señor que tanto le había enseñado. Lo encontró, pero las palabras que el anciano tuvo para decirle, no fueron las ansiadas por el plagiador.

Él quería reconocimiento, pleitesías y un premio por el hallazgo. Quizás, fue un capricho para retomar lo que quiso -con el alma- desde niño. Un niño que seguía existiendo tanto interior como exteriormente, el cual le sirvió para sentirse seguro de lo practicado a diario.

Arrancar un motor-discurso, frenar, cargar combustible-memorizar textos… de esto se trata. Las asociaciones siempre existen en el cerebro humano. En esta ocasión, la diferencia esta en la creación de un modelo de aprendizaje para todos y compartido globalmente.

No me atrevería a decir que puede no funcionar en algún momento, aunque un chasis, una palanca de cambios o un pedal pueden romperse por completo. Será cuestión de averiguar e ir implementando este modelo, apostando nuestros sentires emocionales que podrían sustituirse por mecánicos.

Manos a la obras y a experimentar el Sistema garage. 

Ficha artístico-técnica Sistema garage

Mariela Verónica Gagliardi

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La impotencia clandestina

Potestad2

Un hombre (Jorge Lorenzo) presenta un día en su vida inolvidable. Un día que marcará, lamentablemente, su destino y el de su familia.

Durante sesenta minutos, seremos testigos de la desaparición de su joven hija llamada Adriana y del dolor que siente como padre.

“Potestad” de Eduardo Pavlovsky (dirigida por Christian Forteza) es un reflejo de cómo, de un instante a otro, puede -todo-, tomar un giro rotundo sin anestesia. Potestad, terminológicamente hablando, se refiere al poder, al derecho y al deber. A la necesidad, imperiosa, de determinar quién es el titiritero y de qué manera debe manejar los hilos para su provecho.

Desde un comienzo lo vemos al actor inquieto, haciendo una serie de movimientos repetitivos y coherentes con los que, luego, nos narrará. Él nos muestra cuál es su silla, qué lugar ocupa en su casa y en la vida. Qué rol, en definitiva, cumple en su familia. Después, nos da a conocer las características de su esposa y la fría relación que tienen hace tiempo. Lo mal y desolado que se siente, sobre todo, un día domingo como el que transcurre en la obra. Por último, le toca el turno a su hija. La única mujer de la casa que logra pintarle una sonrisa y la única que le da afecto.

En ese contexto se desarrolla la pieza teatral hasta que, lo reiterativo desaparece y se hace presente el monstruo camuflado, que roba lo que cree que necesita solo por deshacer lo que no sabe construir.

Potestad se divide en dos partes, de este modo: primero, en la que conocemos los detalles de cada personaje y, luego, en la que estamos frente al conflicto. Esta división Potestad1me pareció impactante en cuanto al efecto que provoca dicho modo de contar la historia.

Al hacer hincapié en lo corporal -propio y ajeno-, indefectiblemente, los espectadores nos enfocamos en eso. Pero la liviandad del comienzo termina en una angustia que nos va cerrando de a poquito la garganta. No sabemos a dónde conducirá su puesta en escena, su descripción ni su problema matrimonial. Pero la inflexión en su voz nos permite, de a poco, entrar en el mundo de la dictadura. Ese espacio en que todo es oscuro y rojo. Incoherente y triste. Opaco  y doloroso.

Jorge Lorenzo representa a un padre que perdió a su hija para siempre. Un padre, como tantos otros, que nunca más pudo abrazar a su pequeña. Un ser que nunca pudo comprender el por qué. Que nunca tuvo la posibilidad de conocer a los autores del hecho y que jamás pudo decirles algo.

Su hija se convirtió en un fantasma sin nombre. En una estudiante que, seguramente, por pensar diferente, fue preferible eliminar.

¿Cómo es la potestad de un padre a quien se le quita este poder, a quien se le impide ser quien es?

El delirio y la paranoia se hacen presentes en su mente y la de su mujer, quienes no podrán deshacerse de ambas patologías sin caer en una tragedia.

Ese delirio que le hace realizar -en su propio cerebro- el mismo tipo de crimen que cometieron los militares. De esta manera, la obra tiene un doble mensaje: la impotencia que siente una persona al perder al amor de su vida y, por otro lado, las consecuencias que se desencadenan de ese infortunio.

Ficha artístico-técnica Potestad

Mariela Verónica Gagliardi

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Conquistar el mundo con amor

Poeta en Nueva York2

Federico García Lorca es el autor de Poeta en Nueva York -uno de sus importantes y reveladores trabajos-. Este libro incluye poemas, los cuales escribió durante su estadía en dicha ciudad y que recién se publicó una vez muerto el escritor.

Durante su residencia, de casi un año, en Estados Unidos, pudo expresar diferentes sensaciones en cuanto a lo que le producía y provocaba la sociedad neoyorkina. Además, le tocó permanecer allí entre 1929 y 1930, siendo que se sucedieron conflictos económicos críticos que afectaron no solo a este país sino a los que dominaba.

Mariano Dossena decidió dirigir el unipersonal -que lleva el mismo nombre que la obra de Lorca-, protagonizada por Gustavo Pardi e impresionarnos con problemáticas del amor, de la sociedad estadounidense -de lo superflua y efímera que resulta-.

El actor interpreta, deliciosamente, cada sensación en su rostro y cuerpo. Su voz acompaña al relato y cada inflexión en la misma connota sufrimiento, bronca, aversión, amor, sutileza, entre otros.

Pardi se mete en la piel del poeta y se siente él. Desde allí, desde ese lugarcito, explota al máximo su creatividad y don para el teatro. Logra captar la esencia de lo más relevante durante la sucesión de metáforas.

El gran Lorca paso casi un año en la ciudad de Nueva York y, durante ese tiempo, escribió el libro que lleva el nombre de esta obra. Poeta en Nueva York2En sus poemas destacó todo lo referido a la sociedad estadounidense, a la miseria económica y espiritual, al egoísmo y a la división del trabajo.

Gustavo Pardi se moverá en una escenografía de color negra, con cadenas y un banquito. Ese será su lugar y, a través de ella, nos dará a conocer la literatura comprendida durante uno de los declives más importantes de la historia norteamericana.

(…) “No es extraño este sitio para la danza, yo lo digo. El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números, entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados que aullarán, noche oscura, por su tiempo sin luces, ¡oh salvaje Norteamérica! ¡oh impúdica! ¡oh salvaje, tendida en la frontera de la nieve!” (…)

Como si se tratara de una historia sencilla de asimilar, el poeta -reencarnado en nuestro actor-, emitirá sus sentimientos, representara su historia, las penurias de dicha década y los modos de intentar resolver las crisis económico-políticas.

(…) “El olvido esta expresado por tres gotas de tinta sobre el monóculo, el amor por un solo rostro invisible a flor de piedra. Medulas y corolas componían sobre las nubes un desierto de tallos sin una sola rosa”. (…)

Uno de los puntos a destacar de esta dramaturgia es la transición escogida para relatar los poemas y la ilación entre uno y otro. Quien no conociera al autor podría, igualmente, sumergirse en un texto muy rico y perfectamente interpretado; con vaivenes y una mirada profunda sobre lo esencial en la vida del hombre: su don de humildad.

Hay que tener en cuenta que muchos de los escritos de Lorca están dedicados a diferentes personas, con lo cual, si nos basamos estrictamente en ellos, no es posible la unión entre los diversos relatos como para narrar una historia con principio y fin. Pero, si utilizamos los poemas del libro Poeta en Nueva York, como material adjunto de la pieza teatral, surte un efecto diferente.

Cada verso cobra un valor distinto, un gesto acorde y un sentimiento desde lo más sincero de su corazón.

Lo notorio de la escenografía es que las cadenas enormes que lo abrigan, son las encargadas de mostrarlo como vulnerable ante la muerte:

(…) “Cuando se hundieron las formas puras bajo el cri cri de las margaritas, comprendí que me habían asesinado. Poeta en Nueva York3Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias, abrieron los toneles y los armarios, destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro. Ya no me encontraron.” (…)

La sangre derramada no es en vano, no fue en vano. Sus palabras plasmaron y predijeron lo que vendría y que, jamás, podría revertirse en la mentalidad capitalista. Su propia sangre tampoco pudo olvidarse ni ocultarse. Transcurrieron 78 años desde la aniquilación del cuerpo de Federico García Lorca pero los autores del hecho jamás podrán matar las ideas y recursos intelectuales de un pueblo que tenga memoria.

Ni tampoco dejar de lado el daño moral y físico que le provocó el nazismo y fascismo a la religión -netamente católica- que fue vinculada con los poderosos, con los que tienen la vocación de destruir en vez de construir, con los que deciden por ellos y por una sociedad entera.

(…) “Yo tenía un hijo que era un gigante, pero los muertos son más fuertes y saben devorar pedazos de cielo. Si mi niño hubiera sido un oso, yo no temería el siglo de los caimanes, ni hubiese visto el mar amarrado a los árboles para ser fornicado y herido por el tropel de los regimientos.” (…)

Los tiempos, hoy en día son otros, pero lo esencial sigue en pie. El poder sigue en manos de las mismas instituciones. Lo primordial renace con fuerzas, hasta que el amor -con una caricia-, intenta apagar los escombros del dolor. Hasta que el amor, con una caricia, intenta dar fe de una práctica que -desde el corazón- es benévola para la salud.

Ficha artístico-técnica Poeta en Nueva York

Mariela Verónica Gagliardi

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La muñeca en su jaula

La muñeca en su jaula

LA MUÑECA EN SU JAULA

Versión dramática de la obra de Alejandra Pizarnik

con Stella Maris Closas

y la participación de Alba Azucena Rombulá

Dirección: Ezequiel Ludueña

Las puertas del universo teatral de Alejandra Pizarnik.  Huellas poéticas sobre el escenario.

Una mujer, que ordena la casa de un familiar muerto, descubre un mundo paralelo luego de haber limpiado y embalado una serie de objetos, y expresa su asombro, sus miedos y su felicidad a través de textos de Alejandra Pizarnik.

La autora de Árbol de Diana escribió una única obra teatral: Los poseídos entre lilas. Sin embargo, su poesía  y su prosa, traen huellas de un universo construido sobre imágenes dramáticas, que definen su teatralidad desde su carácter escenográfico y sus conflictos interiores.

Coreoforma: Leo Murray

Escenografía y vestuario: Pablo Graziano

Realizador: Maximiliano Soto

Maquillaje: Pilar Trujillo

Ilustración: Luciana Sáez

Fotografía: Ezequiel Ludueña

Prensa: Carolina Alfonso

Asistentes de dirección: Alba Rombulá y Carlos Lupori

Producción: Ruhesi Producciones

Dramaturgia y dirección: Ezequiel Ludueña

 ESTRENO: DOMINGO 16  DE JUNIO A LAS 19 HS.

Funciones: Domingos a las 19 hs.

Duración: 55  minutos.

Teatro La Comedia

Rodríguez Peña 1052

Entadas: $ 80.

Palabras del director:

Hay un cuerpo anterior a uno mismo, un cuerpo que es el propio cuerpo y, a la vez, el cuerpo de nuestros mayores, de nuestros antepasados. Los textos de Pizarnik me causaban admiración pero me resultaban ajenos; percibía que en esa música había algo muy simple, muy antiguo forjado con oficio y angustia pero no podía asociarlo enteramente con mí realidad. Esta obra es el desenlace del intento de acercarme a la obra de Pizarnik a través de una corporalidad que no es mía y que, sin embargo, es tan mía que me trasciende: la de mi madre. Gracias a ella, algo de esa música ajena se hizo carne en mí. Y Pizarnik pasó a ser Alejandra.

Ezequiel Ludueña

 

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Imágenes de una novela

IMÁGENES DE UNA NOVELA

Nada de lágrimas, por favor.

Textos: Luis Cano / Dramaturgia y Dirección: Pablo Iglesias / Actrices: Valeria Actis, Camila Palacios y Clara Virasoro / Asistente de dirección: Martín Rey / Colaboración artística: Christian Lange / Concepto y realización plástica: Gabriela Delmastro / Realización dispositivo lumínico: Mauricio Minetti / Concepto de espacio: Pablo Iglesias en colaboración con el grupo / Diseño Gráfico: Estudio Papier / Prensa: Carolina Alfonso.

Sinopsis

Tres mujeres. Tres espejos donde se reflejan deformadas estas imágenes de una novela. Ellas están allí, ¿niñas? La neblina se disipa y las vemos, sus cuerpos están cansados, agotados y llega el momento de un reencuentro inesperado. Rituales de la memoria. Pegar la memoria que se descascara. La enumeración del recuerdo. Frasear y frasear a través del tiempo. Juegos necesarios e inofensivos. Las ganas de volver a la infancia como refugio frente al dolor, frente a los muertos que la habitan, pero nada de lágrimas, por favor. El juego tiene fisuras: se quiebra para abrirse a contar otra cosa. A veces tenemos que aceptar que falten palabras y sobren ruidos, que los lugares y las cosas estén confusos.

Buenavía teatro (Av. Córdoba 4773. Palermo. C.A.B.A)

Las funciones son los sábados 24 de noviembre, 1 y 8 de diciembre a las 21 hs.

Duración del espectáculo: 50 minutos.

Entradas: $40 Desc. Estudiantes y jubilados: $30.

 

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