*** Junio 2017 ***

Todos mis miedos9

Todos, absolutamente todos, tenemos algún temor, alguna fobia o algo que no podemos atravesar tan a la ligera. Algunos exponen, fácilmente, lo que les pasa y, otros tantos, lo evitan.

“Todos mis miedos” (de Esteban Bieda y Nahuel Cano, dirigida por éste último), se basa en un profesor de literatura (Pablo Seijo) que tiene conflictos existenciales y de amor. Él perdió su rumbo entre tantos libros acumulados y juntando polvo por doquier.

Sus saberes le son transmitidos a una alumna (María Abadi) que se enreda con sus pantalones y, también, pierde el foco de sus objetivos. Ella es joven, intenta crear una historia, aunque, va a parar a manos de este docente tan retorcido y paranoico.

Lo interesante de la narración y sus diálogos no es el contenido de Todos mis miedos, sino la exploración que hacen en cada personaje, en cómo ubicar el texto en escena y cada uno de los recursos que permiten entretejer tan interesante pieza teatral.

Una historia no tiene que ser extraordinaria en sí misma sino en el cómo. Este grupo de artistas, en su conjunto, lo logra. Nos mantienen en vilo, no pierden su concentración y nos deleitan con sus interpretaciones. Ellos encarnan a personas no a personajes. Son auténticos con sus movimientos y sentimientos. No sobre exageran ninguna situación, solo las que a drede pretenden subrayar.

De repente vemos cómo un único espacio escénico aloja a estos cuatro actores, que deberán relacionarse en un extremo u otro, sin cambiar sus vestuarios y sin desorientar al público. Como si fuera un cuadrado, con espectadores a su alrededor, tendremos que observar, como a veces ocurre, lo que nuestra vista pretenda. Una situación en primer plano -por establecer una conversación- es destacada y, llevada a segundo plano, otra actuación.

Como si se sucediera un diálogo con el siguiente, integrando uno con el otro o, simplemente, dando pie una escena a la próxima, presenciaremos una comedia dramática sin altibajos y con un sello diferente, no convencional.

Por otro lado, la esposa sufrida y depresiva (Anabella Bacigalupo) de este profesor no tendrá sentido como mujer de él sino como persona que tropieza, constantemente, con la misma piedra sin ayudarse a sí misma ni a darse una oportunidad de desvincularse del mal conocido.

Un aspecto interesante es el escogido para describir las voces interiores de este tan contradictorio y abrumado hombre. De esta manera, Diego Echegoyen, emite reflexiones y planteamientos que cualquier humano se haría o, al menos, tendría en cuenta.

Podría hacer una comparación entre lo viejo y lo nuevo. Él escoge a su alumna, como símbolo de crecimiento, de superación de sus traumas y de su ex matrimonio; pero no se da cuenta ni asume que las historias de los libros que lee, frecuentemente, pueden repetirse en la suya realmente. En su caso no existe un director que le diga que dé un giro y continúe por otro sendero más próspero.

Él es el árbitro de su propia vida y decadencia. Su motor sin combustible para la evolución.

Sus trabas emocionales lo desplazaron de su rutina, de su familia y, la locura, lo invadió por completo.

Todos mis miedos ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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