*** SEPTIEMBRE 2025 ***

El ojo detrás de la aguja2

Desde pequeños nos van y vamos acostumbrando a escuchar y leer historias. Cuentos clásicos, fábulas, poemas, poesías y, de esa manera, de grandes extrañamos esos momentos mágicos.

Cada tarde o noche necesitábamos adormecernos con esas narraciones que, como buenos oyentes, memorizaríamos hasta el más mínimo detalle.

Ana Padovani, recrea esa intimidad entre el orador y, en este caso, su público, para transportarnos a diferentes épocas y estilos de historias. Nos lleva por un recorrido único, pintándonos sonrisas de infantes y, permitiéndonos, sentir cada diálogo.

Con una voz cautivadora y el acento e idioma requerido por cada historia, nos empapamos de amor y ternura, al igual que de risas virtuosas, durante la función.

En ocasiones, decidí cerrar los ojos y la concentración fue más profunda. Logré sentir esa fragancia a niñez, ese abrigo de una cálida caricia y la brisa al apenas estar corrida una ventana.

Intenté no prestar atención a la desconcentración de quienes no estaban respirando mi mismo aire y el placer fue aumentando. De repente, no me sentía en una sala de teatro sino en un espacio más chico en el que, solo yo era la que vivenciaba cada cuento.

«Detrás del ojo de la aguja» dirigida por (Christian Fortezza), nos dio la posibilidad de escuchar historias tradicionales entre una madre y su hija, los consejos que ella intentaba darle de alguna manera -pero sin decírselos-; breves relatos; cuentos con una lengua inventada, introducciones muy bien logradas que permitieron interpretar mejor las historias; Hansel y Gretel con dos finales El ojo detrás de la aguja1distintos y una creatividad que transmitió Ana muy cautivadoramente.

Ella es psicóloga y cuentista. Puede utilizar su profesión para saber cómo llegarle a cada público, qué cosas modificar y cuáles conservar.

La oratoria no consiste en pararse y hablar. Ni en hacer mil movimientos para demostrar algo. La oratoria se basa en ganar la confianza del público, un grupo de personas que puede ser muy similar o diverso entre sí en muchos sentidos.

En cuanto al material utilizado durante el unipersonal, la artista incluyó textos de: Horacio Quiroga, Laura Devetach, Luis Pescetti, Ana María Shua y propios.

Un aspecto que me llamó la atención fue el modo en que transcurrían los cuentos, intercalando los de mayor con los de menor duración y, también, el hecho de que no existió un hilo conductor entre cada uno. Solamente se concluyó la obra con el final de la primera dramaturgia.

Esta decisión nos permitió tener la libertad de prestar atención a la narración que nos interesaba sin tener que recorrer, obligatoriamente, un camino con una única dirección.

Ana Padovani nos explica que las historias son contadas a partir de una mujer que cose, que observa a través de ese diminuto agujerito y que, a su vez, aprovecha el tiempo para armar diálogos entretenidos.

En esta ocasión, la palabra se vuelve fundamental y determinante. Hay que cuidar el valor de la palabra, dice la actriz al terminar los relatos.

Será cuestión de pensar y repensar el lenguaje, lo que queremos transmitir, el cómo lograrlo y, sobre todo, cuando no sepamos qué decir citar al silencio. El mismo que acompañó a esta puesta en escena para servir de separador entre uno y otro relato.

Ficha artístico-técnica Detrás del ojo de la aguja

Mariela Verónica Gagliardi

Sistema garage2

Las luces se apagan y, luego, hacen foco en un hombre sentado el cual realiza un movimiento tras otro. Sus manos, brazos, piernas y pies -al igual que su rostro-; comienzan a desenvolverse de una manera peculiar.

Damián Dreizik  (dirigido por Alfredo Allende) es Raúl Ricoletti, el portavoz de una idea súper original y divertida. Se llama «Sistema garage» a este invento que, no necesariamente, lo tiene como creador.

Vale aclarar que no conocemos cuál es el propósito de la obra hasta bien adentrada la misma. Este profesor está presentando su libro y en las butacas estarán sus alumnos -aquellos que lo marcaron en algo- y las anécdotas se irán sucediendo. Como una película, él recorrerá todo el escenario y nos incluirá como espectadores. A nosotros nos hablará y narrará dónde y cómo originó este proyecto tan interesante.

Beatriz será una de las personas que asistirá al evento, al igual que otros amigos y algunos profesores que, no lo hicieron, por un motivo en especial.

Pero, ¿qué es el sistema garage? Ricoletti, indispensablemente, debe contarle al público cierta información a tener en cuenta para que lo comprendan. Él deseaba dedicarse a la actuación y, a su vez, ser mecánico. Claro que mecánico de autos y no dental -como, lamentablemente, tuvo estudiar por mandato familiar-.

Aunque, nunca pudo abandonar el sueño de unir ambas disciplinas para sentirse pleno.

Este unipersonal, realmente, fue increíble y digno de destacar. Desde la idea, interpretación, iluminación,vestuario, hasta la puesta Sistema garage1en escena; convierten a la obra en un producto artesanal y bien construido.

Teniendo en cuenta, entonces, las dos disciplinas que este hombre quiso combinar; el resultado fue una oportunidad de asimilar las partes de un auto con las del cuerpo humano, al igual que los movimientos del combustible y demás mecanismos con el sistema corporal.

¿Qué otro fetiche podría representarse en la vida de un hombre que ama los coches y el arte?

Qué mejor unión podría producirse y representar la carcajada que, sonoramente, acompaña toda la historia. Una narración impecable, bien actuada, sentida y con mucho humor.

A medida que el monólogo avanza, sus palabras parecen entrar en diálogo con esos otros seres que nunca conocemos en persona pero que sí lo hacemos a partir de los recuerdos del profesor y de todas sus ocurrencias.

El unipersonal termina de la misma manera que empezó pero, esta vez, tenemos detalles que nos permiten comprender la personalidad de este profesor de teatro, el cual intentó no caer en la tentación de tomar prestado un proceso que ya tenía otro autor.

Raúl Ricoletti movió todos sus contactos para saber en qué lugar se hallaba ese señor que tanto le había enseñado. Lo encontró, pero las palabras que el anciano tuvo para decirle, no fueron las ansiadas por el plagiador.

Él quería reconocimiento, pleitesías y un premio por el hallazgo. Quizás, fue un capricho para retomar lo que quiso -con el alma- desde niño. Un niño que seguía existiendo tanto interior como exteriormente, el cual le sirvió para sentirse seguro de lo practicado a diario.

Arrancar un motor-discurso, frenar, cargar combustible-memorizar textos… de esto se trata. Las asociaciones siempre existen en el cerebro humano. En esta ocasión, la diferencia esta en la creación de un modelo de aprendizaje para todos y compartido globalmente.

No me atrevería a decir que puede no funcionar en algún momento, aunque un chasis, una palanca de cambios o un pedal pueden romperse por completo. Será cuestión de averiguar e ir implementando este modelo, apostando nuestros sentires emocionales que podrían sustituirse por mecánicos.

Manos a la obras y a experimentar el Sistema garage. 

Ficha artístico-técnica Sistema garage

Mariela Verónica Gagliardi

Potestad2

Un hombre (Jorge Lorenzo) presenta un día en su vida inolvidable. Un día que marcará, lamentablemente, su destino y el de su familia.

Durante sesenta minutos, seremos testigos de la desaparición de su joven hija llamada Adriana y del dolor que siente como padre.

“Potestad” de Eduardo Pavlovsky (dirigida por Christian Forteza) es un reflejo de cómo, de un instante a otro, puede -todo-, tomar un giro rotundo sin anestesia. Potestad, terminológicamente hablando, se refiere al poder, al derecho y al deber. A la necesidad, imperiosa, de determinar quién es el titiritero y de qué manera debe manejar los hilos para su provecho.

Desde un comienzo lo vemos al actor inquieto, haciendo una serie de movimientos repetitivos y coherentes con los que, luego, nos narrará. Él nos muestra cuál es su silla, qué lugar ocupa en su casa y en la vida. Qué rol, en definitiva, cumple en su familia. Después, nos da a conocer las características de su esposa y la fría relación que tienen hace tiempo. Lo mal y desolado que se siente, sobre todo, un día domingo como el que transcurre en la obra. Por último, le toca el turno a su hija. La única mujer de la casa que logra pintarle una sonrisa y la única que le da afecto.

En ese contexto se desarrolla la pieza teatral hasta que, lo reiterativo desaparece y se hace presente el monstruo camuflado, que roba lo que cree que necesita solo por deshacer lo que no sabe construir.

Potestad se divide en dos partes, de este modo: primero, en la que conocemos los detalles de cada personaje y, luego, en la que estamos frente al conflicto. Esta división Potestad1me pareció impactante en cuanto al efecto que provoca dicho modo de contar la historia.

Al hacer hincapié en lo corporal -propio y ajeno-, indefectiblemente, los espectadores nos enfocamos en eso. Pero la liviandad del comienzo termina en una angustia que nos va cerrando de a poquito la garganta. No sabemos a dónde conducirá su puesta en escena, su descripción ni su problema matrimonial. Pero la inflexión en su voz nos permite, de a poco, entrar en el mundo de la dictadura. Ese espacio en que todo es oscuro y rojo. Incoherente y triste. Opaco  y doloroso.

Jorge Lorenzo representa a un padre que perdió a su hija para siempre. Un padre, como tantos otros, que nunca más pudo abrazar a su pequeña. Un ser que nunca pudo comprender el por qué. Que nunca tuvo la posibilidad de conocer a los autores del hecho y que jamás pudo decirles algo.

Su hija se convirtió en un fantasma sin nombre. En una estudiante que, seguramente, por pensar diferente, fue preferible eliminar.

¿Cómo es la potestad de un padre a quien se le quita este poder, a quien se le impide ser quien es?

El delirio y la paranoia se hacen presentes en su mente y la de su mujer, quienes no podrán deshacerse de ambas patologías sin caer en una tragedia.

Ese delirio que le hace realizar -en su propio cerebro- el mismo tipo de crimen que cometieron los militares. De esta manera, la obra tiene un doble mensaje: la impotencia que siente una persona al perder al amor de su vida y, por otro lado, las consecuencias que se desencadenan de ese infortunio.

Ficha artístico-técnica Potestad

Mariela Verónica Gagliardi

Poeta en Nueva York2

Federico García Lorca es el autor de Poeta en Nueva York -uno de sus importantes y reveladores trabajos-. Este libro incluye poemas, los cuales escribió durante su estadía en dicha ciudad y que recién se publicó una vez muerto el escritor.

Durante su residencia, de casi un año, en Estados Unidos, pudo expresar diferentes sensaciones en cuanto a lo que le producía y provocaba la sociedad neoyorkina. Además, le tocó permanecer allí entre 1929 y 1930, siendo que se sucedieron conflictos económicos críticos que afectaron no solo a este país sino a los que dominaba.

Mariano Dossena decidió dirigir el unipersonal -que lleva el mismo nombre que la obra de Lorca-, protagonizada por Gustavo Pardi e impresionarnos con problemáticas del amor, de la sociedad estadounidense -de lo superflua y efímera que resulta-.

El actor interpreta, deliciosamente, cada sensación en su rostro y cuerpo. Su voz acompaña al relato y cada inflexión en la misma connota sufrimiento, bronca, aversión, amor, sutileza, entre otros.

Pardi se mete en la piel del poeta y se siente él. Desde allí, desde ese lugarcito, explota al máximo su creatividad y don para el teatro. Logra captar la esencia de lo más relevante durante la sucesión de metáforas.

El gran Lorca paso casi un año en la ciudad de Nueva York y, durante ese tiempo, escribió el libro que lleva el nombre de esta obra. Poeta en Nueva York2En sus poemas destacó todo lo referido a la sociedad estadounidense, a la miseria económica y espiritual, al egoísmo y a la división del trabajo.

Gustavo Pardi se moverá en una escenografía de color negra, con cadenas y un banquito. Ese será su lugar y, a través de ella, nos dará a conocer la literatura comprendida durante uno de los declives más importantes de la historia norteamericana.

(…) “No es extraño este sitio para la danza, yo lo digo. El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números, entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados que aullarán, noche oscura, por su tiempo sin luces, ¡oh salvaje Norteamérica! ¡oh impúdica! ¡oh salvaje, tendida en la frontera de la nieve!” (…)

Como si se tratara de una historia sencilla de asimilar, el poeta -reencarnado en nuestro actor-, emitirá sus sentimientos, representara su historia, las penurias de dicha década y los modos de intentar resolver las crisis económico-políticas.

(…) “El olvido esta expresado por tres gotas de tinta sobre el monóculo, el amor por un solo rostro invisible a flor de piedra. Medulas y corolas componían sobre las nubes un desierto de tallos sin una sola rosa”. (…)

Uno de los puntos a destacar de esta dramaturgia es la transición escogida para relatar los poemas y la ilación entre uno y otro. Quien no conociera al autor podría, igualmente, sumergirse en un texto muy rico y perfectamente interpretado; con vaivenes y una mirada profunda sobre lo esencial en la vida del hombre: su don de humildad.

Hay que tener en cuenta que muchos de los escritos de Lorca están dedicados a diferentes personas, con lo cual, si nos basamos estrictamente en ellos, no es posible la unión entre los diversos relatos como para narrar una historia con principio y fin. Pero, si utilizamos los poemas del libro Poeta en Nueva York, como material adjunto de la pieza teatral, surte un efecto diferente.

Cada verso cobra un valor distinto, un gesto acorde y un sentimiento desde lo más sincero de su corazón.

Lo notorio de la escenografía es que las cadenas enormes que lo abrigan, son las encargadas de mostrarlo como vulnerable ante la muerte:

(…) “Cuando se hundieron las formas puras bajo el cri cri de las margaritas, comprendí que me habían asesinado. Poeta en Nueva York3Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias, abrieron los toneles y los armarios, destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro. Ya no me encontraron.” (…)

La sangre derramada no es en vano, no fue en vano. Sus palabras plasmaron y predijeron lo que vendría y que, jamás, podría revertirse en la mentalidad capitalista. Su propia sangre tampoco pudo olvidarse ni ocultarse. Transcurrieron 78 años desde la aniquilación del cuerpo de Federico García Lorca pero los autores del hecho jamás podrán matar las ideas y recursos intelectuales de un pueblo que tenga memoria.

Ni tampoco dejar de lado el daño moral y físico que le provocó el nazismo y fascismo a la religión -netamente católica- que fue vinculada con los poderosos, con los que tienen la vocación de destruir en vez de construir, con los que deciden por ellos y por una sociedad entera.

(…) “Yo tenía un hijo que era un gigante, pero los muertos son más fuertes y saben devorar pedazos de cielo. Si mi niño hubiera sido un oso, yo no temería el siglo de los caimanes, ni hubiese visto el mar amarrado a los árboles para ser fornicado y herido por el tropel de los regimientos.” (…)

Los tiempos, hoy en día son otros, pero lo esencial sigue en pie. El poder sigue en manos de las mismas instituciones. Lo primordial renace con fuerzas, hasta que el amor -con una caricia-, intenta apagar los escombros del dolor. Hasta que el amor, con una caricia, intenta dar fe de una práctica que -desde el corazón- es benévola para la salud.

Ficha artístico-técnica Poeta en Nueva York

Mariela Verónica Gagliardi

Los arcanos del desierto

La orquesta de guaracha santiagueña, que propone llevar el ritmo popular de la guaracha a nuevos horizontes, presenta su primer trabajo discográfico Le Temple Mishki, el jueves 27 de febrero a las 21 en el Teatro del Viejo Mercado (Lavalle 3177). Los Arcanos del Desierto despliegan un espectáculo cargado de energía, alegría y mucho ritmo. 

Los Arcanos del Desierto es una orquesta que renueva la guaracha, un ritmo oriundo de Santiago del Estero que fusiona la música tropical con una base rítmica similar a la chacarera. El género deviene de una mezcla de ritmos afros desembocados en el norte de nuestro país a principios de los ochenta. La agrupación presenta su primer trabajo discográfico Le Temple Mishki (Epsa Music – 2014), un material que aborda elementos sonoros de percusión cubana; ritmos latinoamericanos; improvisación desde el jazz; y exceso de ritmo guarachero santiagueño. El álbum contiene versiones de temas de Kalama Tropical y El Vislumbre del Esteko, grupos de música popular santiagueña.   Los Arcanos del Desierto está conformado por Mariano “Conejo” Sarquiz en contrabajo y dirección musical, Gónzalo Velazquez en guitarra, Jerónimo Iasarrualde en batería, Carlos Salas en congas y bata, Marcos Barrio en timbaletas, Martín Tata Coronel en bongo, Agustín Raubian en congas, Juan Olivera y Jeanette Nenezian en trompetas, Lautaro Schachmann en trombón, Mauro Bianchinelli en saxo barítono, Sebastián Álvarez en saxo tenor y Hernan Weinsetel en saxo alto.    El nuevo álbum -grabado, mezclado y masterizado en MCL Records por Juan Armani y Mario Breuer- cuenta con la participación de Santiago Suárez en voz, Demi Carabajal en batería, Mauricio Deambrosi en saxo tenor, Carlos River en trompreta, Nelson Flacon en voces y otros grandes músicos invitados. El Arte de tapa fue realizado por Flores Aguirre.

Prensa y Comunicación

Belén Ruiz

Cuando las olas se avecinan hay que estar preparado… para enfrentarlas o para dejar atrás el pasado. Lo vivido es una parte importante, pero para crecer hay que superar.

Silvia Aguado personifica a Ruda (una mujer aniñada, muy dulce y simpática), la cual llega con una mochila enorme -llena de recuerdos-. Le pesa tanto el bolso que apenas puede caminar sin tambalearse.

«Rompiente» (creada por: la protagonista, Lila Monti y Agustín Flores Muñoz; y dirigida por este último), es la interpretación de una faceta sobre una persona y el cómo avanza o retrocede.

Sus objetos materiales no la dejan evolucionar. Ella está de viaje, pero no a nivel turístico, sino espiritual.

Ruda, que ningún matiz tiene de ese adjetivo, crea un lazo muy fuerte con el público, empatiza y crea chistes -en el momento- según las circunstancias que se van desatando.

Por otro lado, habrá una luz que iluminará cada acto de desapego: desde el abandono de su muñeca hasta un grabador para niños. Cada situación emocionará y logrará crear una atmósfera realmente conmovedora.

Pero no piensen que todo el unipersonal gira en torno a desprenderse de lo antiguo, sino que existirán muchos momentos de risas -logrados espontáneamente por la gran payasa-. Uno fue cuando no encontraba una cinta de cassette para reproducir. Luego de varios vaivenes la encontró en el lugar más insólito. A partir de allí, la rutina clownesca toma otro rumbo. Uno mucho más improvisado sin demasiado sentimentalismo. La niña estaba siendo dejada atrás y la conexión con los espectadores comenzaba a tomar forma.

De este modo, su parte más picaresca logró mostrarse por completo, burlándose de ciertos ruidos -asociándolos con otros escatológicos-, grabando sonidos de personas elegidas al azhar y divirtiéndose con nuestra compañía. Como quien dice: riendo con ellos y no de ellos.
Silvia Aguado es una artista que puede plasmar con cuerpo y mente una historia tan real como ficticia, que sumando o restando determinados elementos y detalles se puede conseguir una u otra.

Una de las lecturas que realizo en cuanto a la interacción entre Ruda y quienes la observamos es que decide llenar los espacios vacíos de su mochila con vivencias actuales, con muestras de afecto, con sonrisas y con amor; intentando suplir el materialismo.
«Rompiente» se refiere a cortar algo para dar lugar a algo nuevo. Si ella siguiera aferrada a su pasado, posiblememte, no encontraría la manera de conocernos. Posiblemente seguiría siendo una nena, quien está al cuidado de sus juguetes.

Pero, nada es un punto y aparte, terminantemente hablando. Nosotros somos los únicos que podemos dictaminar nuestra vida, en el momento que consideremos como oportuno. Entonces, ¿cómo identificar la etapa justa? Solo nuestra intuición nos avisará. Esa voz interior que tantas veces, por miedo y/o nostalgia, acallamos.¿ Acallamos?

Causalmente, su nombre, se refiere a la dificultad para percibir algo. Ese algo es lo que vendrá, es el famoso golpe a la puerta. Es la posibilidad de conocer cosas nuevas, abriéndonos a ellas.

Mientras tanto, ella reposará -hasta quedarse dormida- en la playa y un faro le dirá que ya es tiempo de cambios. Para esto, encenderá o apagará su luz hasta que la joven entienda el mensaje.

Cada uno podrá hacer su propia lectura y justificarla de acuerdo a su manera de ser -ese rasgo que nos distingue a unos de otros-.
Para unos será una simpática puesta en escena y, para otros, una introspectiva.
Su ágil rutina permite entretenernos a lo largo de los sesenta minutos, llevándonos de paseo por cuadros imaginarios, pintados por su voz y vocación.

Ella recrea anécdotas, a partir de los objetos que nos da a conocer y, asume, que nada es para siempre. Que el mar deberá refrescarla con nuevas aventuras y aprendizajes.

Mariela Verónica Gagliardi

Juliana Yaconis, Alejandro Curlane y Natalia Álvarez, conforman un trío. Pero no es cualquier trío, sino uno con códigos y valores muy distantes del amor.

Ellas son amigas pero circunstancialmente. Si la vida las hubiera cruzado antes, seguramente habría sentido rechazo una por la otra. Pero en esta historia de Eduardo Grilli (dirigida por Pablo Rodríguez Albi), les toca unirse para luchar por un mismo propósito. Ese objetivo no es este galán, sino lo que éste representa para sus egos.

Lu y Ro fueron estafadas, emocinalmente, con un viaje a «Río» de Janeiro. La ida a Brasil tampoco es el quid de la cuestión. Ellas no son demasiado rebuscadas ni vengativas. Solo quieren que se las respete y por eso harán pasar al pobre hombre por una serie de pruebas escalofriantes.

Pero, ¿qué sería de él sin ellas y de ellas sin él?

Los enriedos y escándalos están presentes sin disimular absolutamente nada. Lo que en un momento se supone como verdad, al rato se modifica; dejándonos atónitos hasta el último minuto.

Existen varios recursos utilizados en la obra pero el que más resalta, sin lugar a dudas, es el del juego de palabras. A partir de río, se va y viene en el tiempo, se define otra palabra por asociación y se logra descontracturar tremenda tensión en la casa -en que se desarrolla toda la narración-.

No sorprende la naturalidad con que Juliana interpreta su papel, pero también caben destacarse las otras dos actuaciones -quienes, naturalmente logran transmitir mucho vigor y simpatía-.

Esta pieza teatral es una excelente propuesta para reír, distender y sentirnos identificados -por qué no-, con algún fragmento o personaje de la historia.

La ironía y el humor negro hacen su aparición en gran parte del relato. Y es que de eso se trata: de burlarnos de nosotros mismo cuando estamos frente a un hecho «trágico».

En cuanto está por empezar la función, vemos a Curlane maniatado con unas hermosas sogas en tonos flúo. A partir, de este sutil detalle, se nota en torno a qué girará todo.

Es posible que un hombre ame a dos mujeres, tan singulares y diferentes entre sí? Debe ser considerado como traidor o puede llegar a afirmarse que tiene un corazón demasiado grande?

Igualmente, él deberá pagar por cada uno de sus pecados, hasta que le toque su turno para hablar. Cuando eso ocurra, notaremos la ductilidad y gracia de Curlane para desarrollar un monólogo. Una forma de escape para su actualidad, a través del cual demostrará que la monogamia es ridícula cuando el corazón expresa otra cosa.

«Río» es una vuelta de tuerca a las estructuras y convenciones sociales, al autodescubrimiento… a la magia de una relación.

¿Hasta dónde es capaz de llegar una mujer -y en este caso, dos mujeres-, con tal de salirse con la suya? ¿Cómo logrará dormirlo para abusarse de su confianza?

Con respecto a la estética y a la puesta en escena, contienen todo lo necesario para ambientarnos y adentrarnos en el relato. Yaconis pasa de un vestuario a otro, identificándose como femme fatal y, también, como relegada a «la segunda».

Los diálogos de los tres actores confluyen en el momento en que se sinceran uno con el otro. Ahí se resuelve la incógnita y, una vez más, lo que triunfa es la coherencia.

Eduardo Rovner es el autor de tres cuentos que conforman la puesta en escena de «Fotografías de un concierto de ilusiones», una obra que engloba un sentido del humor muy inteligente e irónico.

3xRovner1A lo largo de una hora y media pudimos presenciar tres historias, diferentes entre sí, escritas en distintas décadas pero con factores en común.

Durante ¿»Una foto?», conocimos los conflictos de un matrimonio ante la imposibilidad de lograr que su bebé salga con un gesto bien marcado ante el click de la cámara. Para conseguir la sonrisa harán todo lo que se les cruce por sus cabezas, pero algo insólito les impedirá lograrlo.

Las peripecias y ocurrencias que plasman en sus diálogos y, corporalmente, demuestran la cruda realidad real de una familia tradicional: el deber ser, las metas por cumplir, los logros que debe alcanzar y la máscara que tiene que ponerse frente a situaciones desagradables.

Si bien uno de los fines es la risa en el público, no hay que dejar a un lado el análisis (y sobre todo teniendo en cuenta el año en que fue escrito el cuento original).

Luego, al instante, se sucede «Viejas ilusiones». 3xRovner2Esta dramaturgia es la que esboza en el escenario la mayor carga emocional, acompañada por el cuerpo -como un todo orgánico-. En ella logramos angustiarnos con la relación, enfermiza, entre madre e hija. Ambas son viejitas pero siguen viviendo gracias a la retroalimentación que existe entre ellas. Sabemos que este vínculo, de por sí, no es sano pero muchas veces viéndolo representado es que logramos concientizarnos.

Las dos se «usan». Una por ser cobarde y la otra por egoísta. Una combinación tan graciosa como explosiva, en la cual se notará quién tiene el poder y cómo lo ejerce.

Por último, «Concierto de aniversario», nos hizo disfrutar de la música clásica -entendida como rígida, estructurada e insensible-. A lo largo de esta narración, descubrimos los secretos más íntimos de los concertistas y cómo sus ensayos los terminan abstrayendo de lo que más deberían conservar: su sensibilidad.

3xRovner3

Las tres piezas conforman mosaicos de nuestra identidad social y cultural. Cada actor, interpreta los textos de Rovner, hasta asimilarlos como parte suya, logrando tomar la esencia.

Con respecto a la iluminación, no ilumina; sino que resalta los momentos en que debemos sí o sí observar detenidamente.

En cuanto a la escenografía, sencilla pero eficazmente, cumplió su cometido: el de ambientar cada situación, centrándose en la teatralización. Podría resumir esto diciéndoles, inclusive, que si ésta no hubiera existido, habríamos comprendido todas las tramas. Ver a tan buenos actores, emociona, reconforta y entusiasma a la hora de tomar el papel y el lápiz.

Más allá del prestigioso dramaturgo que estamos analizando, las actuaciones acompañan las ideas y propósitos de los textos, permitiéndonos reflexionar acerca de los mismos y sacando las conjeturas que consideremos pertinentes.

El humor negro es un estilo que en varias ocasiones le gusta al espectador argentino, pero es difícil de conseguir. En este caso, me agradó mucho el camino que abordaron y los elementos que usaron para transmitirlo oportunamente.

Un matrimonio frustrado, un vínculo desgastado y una esposa moribunda en medio de los ensayos; son los escenarios que se van recorriendo. Cada cuento empieza y termina. No se entrelazan ni los guiones ni los personajes. Pero, quienes logren prestar mucha atención, notarán cómo el factor conflicto va en aumento, cómo la paciencia cumple su ciclo y cómo el amor logra disolverse hasta la llegada de la muerte.

Sin lugar a dudas, el factor sorpresa es lo que provoca risas y un click, en este caso no de un flash, sino de un cambio de rumbo. Un giro rotundo que nos permita respetar y amar lo diferente, contemplar lo bello pero, también, lo desagradable.

Teniendo en cuenta la existencia del bien y del mal, ¿a dónde conduce el poder desmedido del hombre? El arrepentimiento, ¿llega en algún momento o siempre un daño fue y es irreparable?

No podemos dejar de lado al contexto político en tres momentos claves de la historia nacional. Contar y representar suele ser, estéticamente más bello y pacífico que combatir con armas y fuego.

«Fotografías de un concierto de ilusiones» nos identifica culturalmente. No a todos sino a los sucesos llevados a cabo por diferentes oligarquías. ¿Qué otro mensaje podríamos pedir que la justicia social? El arte es la mejor bandera y símbolo para sentirnos orgullosos.

Mariela Verónica Gagliardi

Él es actor y, actualmente, se dedica al género Stand up. El Complejo La Plaza es su segundo hogar y le va genial en todas sus presentaciones. Tiene varias obras en cartel, con temáticas diferentes pero que toman a la pareja como eje central.

¿Qué cosas tenés en cuenta a la hora de crear un monólogo?

La identificación personal. Tratar temas que la gente sienta que también le pasan.

El stand up, ¿te permite improvisar más que otros géneros de la actuación? ¿Por qué?

En realidad el género que me permite improvisar más es, justamente, el de la improvisación. Con la impro lo que logro es que cada vez que digo el monólogo tenga la frescura de la primera vez.

¿Considerás que cada función es diferente y única?

Sí. Nunca una función es igual a la otra. La comunión entre actor- espectador es algo mágico que es siempre diferente en cada función.

¿Sentís que la temática te elige a vos o vos a ella?

Estoy en una época en que quiero ser lo más libre posible a la hora de hablar o crear. Trato de dejarme llevar. Es parte de la evolución del artista.

En «Suegra», jugás mucho con el humor negro y la ironía. ¿Crees que ambas cosas son necesarias en la vida de una persona?

Y sí. La gente que logra reírse de las cosas de la vida, que no son tan amenas, supera mucho más rápido esos probelmas y sale adelante más rapido que las personas que se abrazan al dolor.

Cuando empezás uno de tus shows, ¿qué sensaciones invaden tu cuerpo al ver a los espectadores?

La misma que el primer día. Una mariposa en el estómago de «Uh!, qué pasara?!». El día que no pase más eso, veré qué hago.

Tu nuevo espectáculo se llama «Convivencia». ¿Ir a verlo sería como haber superado los traumas del nivel anterior («Suegra») o posterior?

(Risas). Ponele. No, pero, no lo escribí pensando así. Es el show que con más libertad me expresé. Me dejé llevar artísticamente como nunca. No me importó nada.

Como hombre, ¿qué consejo podrías darnos respecto a nuestro rol de nueras?

El luchar por dejar que los de afuera invadan las pareja. Los mandatos familiares son muy fueretes y luchar para que eso no entre en el medio es muy bueno.

¿Qué lugar ocupa la adrenalina en tu vida?

Todo. Sin eso, ya fue.

¿Tenés pensado algún tema relacionado al divorcio?

En «Convivencia», hay un personaje que es un divorciado; ya creo que con eso es suficiente. Seguramente mi próximo show no tendrá que ver con la vida cotidiana en pareja. Se viene algo más absurdo y bizarro próximamente.

¿Qué representa una «Suegra», quién es tu suegra, por qué son tan difamadas, existirá alguna nuera contenta de tener una, por qué un yerno no pasa por lo mismo?
Pablo Ángeli, sin ningún tipo de pudor se anima a poner en su cuerpo y voz a este ser tan abominable, narrándonos desde distintos personajes, alternativas y padecimientos tan crudos como reales.
Rodete para llevar peso sobre la cabeza es una de las acepciones que figuran en el diccionario de la RAE (Real Academia Española), una definición que contiene la palabra clave: peso.

Desde los antepasados, siempre escuchamos historias referidas a las suegras, de toda índole. Están quienes gozan de una buena relación hasta que se casan y la cuestión cambia.
Pablo logra identificar esas particularidades de las suegras -que llevándolas a su máxima expresión- nos hacen estallar de la risna.

En un principio conocemos la vida de una nuera que desde su embarazo tendrá que soportar a su «segunda mamá». Pero esta pobre joven al igual que tantas suele verse indefensa ante la desaparición en vida de su marido. O sea, el hijo de dicho espécimen.
Pero entonces el unipersonal nos muestra a la madre de esta chica hasta centrarnos en su consuegra, la malvada y entrometida mujer que siempre será odiada por todas.
Sin lugar a dudas, uno de los mejores momentos de la obra es cuando la suegra se viste de muerte e intenta elegir a una víctima -claramente femenina-.

Les puedo confirmar que nunca escuché a un hombre hablar mal de la madre de su novia, lo cual nos hace quedar como quisquillosas -por no decir otra cosa-. ¿Seremos tan «jodidas» como para no poder darnos cuenta de que ellas siempre quieren colaborar, que son las únicas que conocen a sus hijos y que tienen derecho de entrar y salir como más les plazca?
Me sorprendió la cantidad de hombres presentes. ¿Será que fueron en defensa de sus progenitoras?

En cierto momento del relato el actor esboza un fragmento sobre la tradición dominguera de comer las pastas caseras, esos ravioles que le revientan mínimamente el hígado y su lenta recuperación -durante la semana- para poder disfrutar, otra vez, de esa saludable comida.
La dialéctica que utiliza Pablo, su timming en escena y ese don llamado carisma; permiten que la sala permanezca totalmente llena y que los espectadores no paren de reír.

Y si no es con humor, ¿de qué modo se podrían tolerar aquellas circunstancias tan tensas y, a la vez, ridículas? Cuando nos burlamos de nosotros mismos es cuando podemos contagiar esa alegría. De la misma forma, teatralizando segmentos de nuestras vidas podremos sobrellevar esos pesos que mencionaba al principio de la nota.

Es un acierto que un tema tan femenino sea interpretado por un hombre. Él realiza cambios de vestuarios, usa peluca, accesorios, anima su propio show, nos divierte y deja un mensaje importante: que no hay que temerle a ningún monstruo.


Mariela Verónica Gagliardi