*** Junio 2017 ***

Eduardo Rovner es el autor de tres cuentos que conforman la puesta en escena de “Fotografías de un concierto de ilusiones”, una obra que engloba un sentido del humor muy inteligente e irónico.

3xRovner1A lo largo de una hora y media pudimos presenciar tres historias, diferentes entre sí, escritas en distintas décadas pero con factores en común.

Durante ¿”Una foto?”, conocimos los conflictos de un matrimonio ante la imposibilidad de lograr que su bebé salga con un gesto bien marcado ante el click de la cámara. Para conseguir la sonrisa harán todo lo que se les cruce por sus cabezas, pero algo insólito les impedirá lograrlo.

Las peripecias y ocurrencias que plasman en sus diálogos y, corporalmente, demuestran la cruda realidad real de una familia tradicional: el deber ser, las metas por cumplir, los logros que debe alcanzar y la máscara que tiene que ponerse frente a situaciones desagradables.

Si bien uno de los fines es la risa en el público, no hay que dejar a un lado el análisis (y sobre todo teniendo en cuenta el año en que fue escrito el cuento original).

Luego, al instante, se sucede “Viejas ilusiones”. 3xRovner2Esta dramaturgia es la que esboza en el escenario la mayor carga emocional, acompañada por el cuerpo -como un todo orgánico-. En ella logramos angustiarnos con la relación, enfermiza, entre madre e hija. Ambas son viejitas pero siguen viviendo gracias a la retroalimentación que existe entre ellas. Sabemos que este vínculo, de por sí, no es sano pero muchas veces viéndolo representado es que logramos concientizarnos.

Las dos se “usan”. Una por ser cobarde y la otra por egoísta. Una combinación tan graciosa como explosiva, en la cual se notará quién tiene el poder y cómo lo ejerce.

Por último, “Concierto de aniversario”, nos hizo disfrutar de la música clásica -entendida como rígida, estructurada e insensible-. A lo largo de esta narración, descubrimos los secretos más íntimos de los concertistas y cómo sus ensayos los terminan abstrayendo de lo que más deberían conservar: su sensibilidad.

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Las tres piezas conforman mosaicos de nuestra identidad social y cultural. Cada actor, interpreta los textos de Rovner, hasta asimilarlos como parte suya, logrando tomar la esencia.

Con respecto a la iluminación, no ilumina; sino que resalta los momentos en que debemos sí o sí observar detenidamente.

En cuanto a la escenografía, sencilla pero eficazmente, cumplió su cometido: el de ambientar cada situación, centrándose en la teatralización. Podría resumir esto diciéndoles, inclusive, que si ésta no hubiera existido, habríamos comprendido todas las tramas. Ver a tan buenos actores, emociona, reconforta y entusiasma a la hora de tomar el papel y el lápiz.

Más allá del prestigioso dramaturgo que estamos analizando, las actuaciones acompañan las ideas y propósitos de los textos, permitiéndonos reflexionar acerca de los mismos y sacando las conjeturas que consideremos pertinentes.

El humor negro es un estilo que en varias ocasiones le gusta al espectador argentino, pero es difícil de conseguir. En este caso, me agradó mucho el camino que abordaron y los elementos que usaron para transmitirlo oportunamente.

Un matrimonio frustrado, un vínculo desgastado y una esposa moribunda en medio de los ensayos; son los escenarios que se van recorriendo. Cada cuento empieza y termina. No se entrelazan ni los guiones ni los personajes. Pero, quienes logren prestar mucha atención, notarán cómo el factor conflicto va en aumento, cómo la paciencia cumple su ciclo y cómo el amor logra disolverse hasta la llegada de la muerte.

Sin lugar a dudas, el factor sorpresa es lo que provoca risas y un click, en este caso no de un flash, sino de un cambio de rumbo. Un giro rotundo que nos permita respetar y amar lo diferente, contemplar lo bello pero, también, lo desagradable.

Teniendo en cuenta la existencia del bien y del mal, ¿a dónde conduce el poder desmedido del hombre? El arrepentimiento, ¿llega en algún momento o siempre un daño fue y es irreparable?

No podemos dejar de lado al contexto político en tres momentos claves de la historia nacional. Contar y representar suele ser, estéticamente más bello y pacífico que combatir con armas y fuego.

“Fotografías de un concierto de ilusiones” nos identifica culturalmente. No a todos sino a los sucesos llevados a cabo por diferentes oligarquías. ¿Qué otro mensaje podríamos pedir que la justicia social? El arte es la mejor bandera y símbolo para sentirnos orgullosos.

Mariela Verónica Gagliardi

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