*** Agosto 2017 ***

El ojo detrás de la aguja2

Desde pequeños nos van y vamos acostumbrando a escuchar y leer historias. Cuentos clásicos, fábulas, poemas, poesías y, de esa manera, de grandes extrañamos esos momentos mágicos.

Cada tarde o noche necesitábamos adormecernos con esas narraciones que, como buenos oyentes, memorizaríamos hasta el más mínimo detalle.

Ana Padovani, recrea esa intimidad entre el orador y, en este caso, su público, para transportarnos a diferentes épocas y estilos de historias. Nos lleva por un recorrido único, pintándonos sonrisas de infantes y, permitiéndonos, sentir cada diálogo.

Con una voz cautivadora y el acento e idioma requerido por cada historia, nos empapamos de amor y ternura, al igual que de risas virtuosas, durante la función.

En ocasiones, decidí cerrar los ojos y la concentración fue más profunda. Logré sentir esa fragancia a niñez, ese abrigo de una cálida caricia y la brisa al apenas estar corrida una ventana.

Intenté no prestar atención a la desconcentración de quienes no estaban respirando mi mismo aire y el placer fue aumentando. De repente, no me sentía en una sala de teatro sino en un espacio más chico en el que, solo yo era la que vivenciaba cada cuento.

“Detrás del ojo de la aguja” dirigida por (Christian Fortezza), nos dio la posibilidad de escuchar historias tradicionales entre una madre y su hija, los consejos que ella intentaba darle de alguna manera -pero sin decírselos-; breves relatos; cuentos con una lengua inventada, introducciones muy bien logradas que permitieron interpretar mejor las historias; Hansel y Gretel con dos finales El ojo detrás de la aguja1distintos y una creatividad que transmitió Ana muy cautivadoramente.

Ella es psicóloga y cuentista. Puede utilizar su profesión para saber cómo llegarle a cada público, qué cosas modificar y cuáles conservar.

La oratoria no consiste en pararse y hablar. Ni en hacer mil movimientos para demostrar algo. La oratoria se basa en ganar la confianza del público, un grupo de personas que puede ser muy similar o diverso entre sí en muchos sentidos.

En cuanto al material utilizado durante el unipersonal, la artista incluyó textos de: Horacio Quiroga, Laura Devetach, Luis Pescetti, Ana María Shua y propios.

Un aspecto que me llamó la atención fue el modo en que transcurrían los cuentos, intercalando los de mayor con los de menor duración y, también, el hecho de que no existió un hilo conductor entre cada uno. Solamente se concluyó la obra con el final de la primera dramaturgia.

Esta decisión nos permitió tener la libertad de prestar atención a la narración que nos interesaba sin tener que recorrer, obligatoriamente, un camino con una única dirección.

Ana Padovani nos explica que las historias son contadas a partir de una mujer que cose, que observa a través de ese diminuto agujerito y que, a su vez, aprovecha el tiempo para armar diálogos entretenidos.

En esta ocasión, la palabra se vuelve fundamental y determinante. Hay que cuidar el valor de la palabra, dice la actriz al terminar los relatos.

Será cuestión de pensar y repensar el lenguaje, lo que queremos transmitir, el cómo lograrlo y, sobre todo, cuando no sepamos qué decir citar al silencio. El mismo que acompañó a esta puesta en escena para servir de separador entre uno y otro relato.

Ficha artístico-técnica Detrás del ojo de la aguja

Mariela Verónica Gagliardi

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