*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Foto Victoria

Lo que comienza como una comedia risueña se convierte en drama y luego en policial. A lo largo de dos extensas horas, se podrá ser testigo de un film que experimenta con el talento, con la posibilidad de demostrar cómo la cámara captura diferentes situaciones, sensaciones y escenas con un rodaje en tiempo real.

Durante la primera parte del film Victoria (dirigido por Sebastian Schipper) puede verse a la protagonista madrilense en un boliche, sola, pretendiendo ser parte de un lugar tan ajeno a ella: Berlín. Allí vive hace tres meses y aún no tiene amigos ni conocidos, pero su simpatía le permite hablar en inglés y darse a entender, cautivando a varios jóvenes que la siguen en manada.

Muchos diálogos, palabras comunes en Alemania del Este, códigos, aventuras. De hecho, el cumpleaños de Fuss, un muchacho que aparece junto a sus amigos (Boxer, Sonne y Blinker) en la vía pública, será otro de los focos de atención en esta introducción al código lingüístico establecido por Schipper, dentro del cual podrá disfrutarse de la verdadera acción sin descanso ni tregua.

Luego, la música narra las acciones, silenciando a la palabra que tan presente estuvo durante casi media hora de película.

Al quedarse a solas, Victoria (Laia Costa) y uno de los chicos del grupo, comienza a producirse un nuevo rumbo en la historia. Los matices, la seducción en cada mirada, sin que pase absolutamente algo entre ellos. Ella no puede creer que sea alemán pero Sonne hace la salvedad de que los berlineses son multiculturales.

Una película que no pretende resaltar maquillajes impostados ni paisajes atractivos sino una sociedad con estilos de vida diferentes a los de España. Con una joven que desde su interior pretende comunicarse en inglés con cuanta persona se cruza sin interesarle impactar bien sino con la frescura que la caracteriza.

Las interpretaciones artísticas son excelentes permitiendo que el espectador disfrute de un cine de muy alto nivel donde no solo los primeros planos muestran detalles preciosos sino que éstos cautivan desde la naturalidad de una mirada, desde el desgaste de un cuerpo a lo largo de una noche sin pegar un ojo, desde la palidez del rostro bebiendo alcohol y recorriendo la ciudad en bicicleta como niños.

Uno de los momentos más emotivos se produce cuando Victoria toca el piano. Los valses de Mefisto (Franz Liszt) suenan y sus manos recorren los pentagramas en su memoria, sorprendiendo con una sonrisa a su nuevo amigo. Después de gracias y bromas para romper el hielo entre ambos y acercarse aún más, él menciona que sabe tocar dicho instrumento pero lo que jamás imaginó fue que ella en verdad lo sabe interpretar y muy profesionalmente.

Ella no juzga, no reprocha. Es un alma libre de prejuicios.

Pero el guión nos va llevando hacia el género policial donde lo cursi queda congelado por completo para darle espacio al mundo gangster, a la delincuencia y a los asaltos a mano armada.

En cuanto a los paneos, éstos están presentes en todo momento ya que las situaciones se dan por lo general en lugares específicos y es ahí cuando la cámara captura la acción desarrollada. Y, con respecto, los travelling acompañan los pasos, corridas y desplazamientos de los jóvenes por los diferentes lugares que recorren (escaleras, calles, veredas) al igual que los que se llevan a cabo sobre autos.

Los primerísimos primeros planos justifican la adrenalina recorrida en los cuerpos de estos personajes quienes, además, conmueven con sus movimientos precisos y cada una de las acciones desarrolladas de principio a fin.

Sebastián Schipper despliega su magia para dirigir y consigue emocionar plenamente. Mientras tanto, este grupo consolidado rueda como la cinta. Es momento de comprender que la música cumple un papel protagónico al igual que la trama. La sonorización no acompaña ni ilustra ni decora: aparece en el momento adecuado, narra cuando la voz no alcanza o cuando ésta se apaga. Angustia, desespera y nos permite conocer la vida de esta chica que se convierte en la heroína perfecta.

La vida y la muerte parecen enfrentarse y el único antídoto para sobrevivir será tomar rápidas decisiones que no siempre serán las correctas o bondadosas. Un puñal al corazón cuando de niños se trata y el ocupar aquel lugar que jamás se hubiera imaginado son algunas cuestiones que surgen, haciendo sentir que incluso el más vulnerable puede convertirse en jefe de la pandilla para ser temido por el resto.

Victoria es un canto a la vida, a la justicia por mano propia y a la devolución de favores que a veces es preferible olvidar.

Una neblina estampada en la gorra de Victoria es uno de los finales a esta gran historia que mantiene atónito a cualquier mortal. Haze. Como forma de sintetizar la cuasi total oscuridad en que giró este film que merece todo tipo de destaque, además de los premios que obtuvo y, seguramente, seguirá obteniendo.

Ficha Artística

Laia Costa, Frederick Lau, Franz Rogowski, Max Mauff, Burak Yigit, Nadja Laura Mijthab

Ficha Técnica

Director: Sebastian Schipper
Guionista: Olivia Neergaard-Holm, Sebastian Schipper, Eike Frederik Schulz
Productores: Catherine Baikousis, Christiane Dressler, Jan Dressler, Anatol Nitschke, Sebastian Schipper
Música: Nils Frahm
Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen
Montaje: Olivia Neergaard-Holm

Datos Técnicos

Drama – Crimen
Alemania
Año: 2015

Partir de hoy1

Hay dos cosas que me atrevo a afirmar: los payasos suelen ser melancólicos y siempre existe algo que se quiera decir y no se sepa cómo.

Con una escenografía circense en tonalidades grises y rojas, con los tradicionales banderines colgando y varios objetos significativos para utilizar en la narración; él nos recibe. Nos abre sus puertas para que descubramos lo que siente y lo que calla.

Pablo Bontá es su nombre y recuerda su debut como actor, inmerso en nervios y olvidos de palabras, sin saber cómo recobrar la memoria y la tranquilidad para dar un buen espectáculo. Pero su sonrisa todo lo salva, los famosos trucos de animador caminando por la cuerda floja hasta saber que su vida interior también importa.

Una sombra marca el comienzo de Partir de hoy (escrita por Walter Rosenzwit y Pablo Bonta; dirigida por Walter Rosenzwit) hasta que el silencio se apodera de los espectadores: la inspiración tarda en llegar. Y la valentía también, agrego. Puede tardar una vida entera pero es necesaria para seguir adelante y quitarse esa mochila tan pero tan pesada que dificulta el caminar.

La música y los efectos especiales están coordinados con las acciones del clown, el cual va llevando su relato intimista a un lugar precioso en que rememora ciertos lugares, en que evoca lo más importante de su niñez.

Estoy más abandonado que Iglesia sin cura – decía su padre, a quien recuerda y cita durante varios momentos de su monólogo que no pretende ser un sinfín de palabras sino un modo de compartir con nosotros la nostalgia.

Las décadas del 60´ y 70´ desfilan por el escenario pero no para hablar de política sino de un cumpleaños en 1975, de vacaciones familiares y del olvido. Unas diapositivas ilustran este recorrido en que el artista se vuelve espectador de sí misma, se emociona, sonríe y acota.

Perdido o temiendo perderse, temiendo ser olvidado o guardado en la caja de recuerdos. Y a esto se suma el factor tiempo. Se dice que el tiempo es tirano que no alcanza para nada y Pablo menciona que antes era diferente, que antes de pequeño viajaba una hora con su mamá a la Plaza del Congreso para darle de comer a las palomas durante horas. Este es uno de los tantos ejemplos que recorta de su pasado y pega en su recorrido. Quizás, actualmente, no sea como antaño pero, seguramente, deben existir padres que lleven a sus hijos a lugares lejanos para darles el gusto. No todo lo pasado es mejor que lo presente, aunque en la voz de él sí lo es y sí es verdad que inmerso en dictaduras militares todo acto de dulzura era contado con las manos.

Con máscara el personaje y sin máscara el hombre que se despoja de todo lo tangible para que solo sus expresiones narren. Aunque un hecho en especial es el que marca su dolor, aquel que nunca pudo revelarle a su hijo y que ya es tiempo que sepa.

Todo deja en el espacio escénico: su vergüeza, sus ilusiones, sus miedos, sus recuerdos, sus debilidades, sus sueños, su amor. Nadie lo juzgará, solo tendrá nuestro abrazo alrededor de su cuerpo abatido. Un cuerpo que cae y se reanima como el ave fenix. Que pasa del llanto a la risa pretendiendo hacernos pasar un grato momento de felicidad.

Para reír es necesario también sufrir. Sino cómo se siente una sonrisa. Cómo se puede valorar lo bello cuando no se supo sobre fealdad.

Pablo Bontá o Pablo Bont, como quiera ser llamado es un artista completo, que nos enseña cómo montar un espectáculo teniendo en cuenta varias herramientas y estilos de discursos que permitirán el aplauso real. Porque él está vivo al igual que su corazón que no se queja sino que sigue soñando con un mundo mejor.

Dramaturgia: Walter Rosenzwit con la colaboración de Pablo Bontá. Intérprete: Pablo Bontá. Direccion: Walter Rosenzwit. Funciones: jueves 20 hs. Teatro del Pueblo.

Mariela Verónica Gagliardi

Rusalka1

Músico y compositor checo de una importante trayectoria artística.Nacido en 1841, después de más de tres décadas estrena Cantata Hymnus (Los herederos de la Montaña Blanca), entre 1892 y 1895 fue el Director del Conservatorio Nacional de Música de Nueva York, en 1901 Director del Conservatorio de Praga

Sus obras están integradas por sinfonías, partituras para piano y las óperas. Entre estas últimas se pueden mencionar: Vanda (1875), Dimitri (1882), El jacobino (1887), El diablo y Catalina (1888), Rusalka (1901) y Armida (1902). Además de una lista larga de composiciones, poemas, música de cámara, entre otras.

Recibió la mención de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Praga.

Antonín Dvořák es el culpable de que los espectadores nos fascinemos con cada una de sus creaciones y su estilo musical tan particular.

Surgido de la orquesta del Teatro Provisional de Praga, a cargo de Richard Wagner, su viola se distinguió por sobre las demás. Transcurrido el tiempo, logró encontrar su propio sello, despegándose de las figuras de Wagner, Shubert, Brahms y Beethoven.

Rusalka se estrenó en 1901 (pocos años antes de su muerte) en Praga y fue el resultado de un maravilloso encuentro entre Jaroslav Kvapil (1868-1950) y Antonín Dvořák (1841-1904), quienes estaban buscando llevar a cabo una ópera y aún no se conocían ni se imaginarían el éxito que tendrían. Así, surgió Rusalka, inspirándose en cuatro poemas de Kvapil, de fines del Siglo XIX: El duende de las aguas Op. 107, La bruja del mediodía Op. 108, La rueca de oro Op. 109 y La Paloma del bosque Op. 110.

Durante el Primer Acto se puede presenciar al Duende del Agua -encarnado por el Barítono Bajo Homero Pérez Miranda- que deleita realmente de principio a fin; y a su hija Rusalka (ninfa de las aguas) -quien quisiera abandonar las profundidades-. Esta tierna criatura es interpretada por la soprano Daniela Tabernig quien durante más de tres horas mantiene su caudal de voz intacta, proyectando un romanticismo aventurero inigualable.

Ella se enamoró de un humano y desea tener una vida en la tierra: Luna, detente un momento y dime dónde está mi amor (…) Búscalo por el vasto mundo y dile que lo espero aquí.

Pero, para llevar a cabo su meta tendrá que reunirse con Ježibaba (Elisabeth Canis) que es una hechicera quien le dice en qué consistirá el conjuro: para amar y ser amada, para besar y ser besada. La poción que le da Jezibaba entonces le quita todo lo que la joven ninfa tiene, incluso hasta su voz, a cambio de que ella viva junto a un hombre y sienta lo que todo mortal siente. Cabe resaltar también a dicha Mezzosoprano que cautiva con su canto al igual que el resto de los protagonistas.

Después de unas palabras mágicas, la hermosa criatura hace su sueño realidad, aunque hay cosas que se van aconteciendo que no son tal cuales imaginó.

El hechizo está hecho y a ella se acerca él: un humano que, además, es príncipe (Eric Herrero Vodník). Él tuvo que atravesar rocas y espinas, atraído por Rusalka: ¡Oh ninfa, ven conmigo!

Mientras tanto, las hermanas de ella se dan cuenta de que desapareció y, desesperadas, la llaman y buscan. Dicho Tenor, recorre las aguas, las tierras, el mundo de las hadas y de los humanos de un momento a otro preteniendo hallar a su amada.

Al comenzar el Segundo Acto, todo se transforma. Los sirviente del príncipe están en el palacio y hablan de él y éste sigue en una nube, enamorado: ¿Por qué cuando estoy en tus brazos estremezco de angustia?

Pero el príncipe no es soltero del todo, tiene una amante (la soprano Marina Silva) que lo pretende y quiere quedarse con él. Esta situación será bastante tensa ya que Rusalka está sin voz como causa de la magia, motivo por el cual no tiene oportunidad de hablar ni defenderse ni demostrar quién es en verdad.

El padre de Rusalka dice que se trata de una desgracia: aunque fueses cien veces humana seguirás atada por ancestrales cadenas (…) Embrujada por el resplandor del mundo.

Un casamiento también será uno de los tantos conflictos de la presente historia y la ninfa le cantará unos versos desesperados: él ya no recuerda a su Rusalka de cabellos largos.

Pero el factor suerte también se hace presente y cuando la joven siente que todo es en vano, el curso del agua cambia su rumbo.

Uno de los planteos que Rusalka se hace es realmente sentido y profundo, marcando un antes y un después en la dramaturgia: no me está permitido vivir ni morir. Y con esto apunta al mundo de las aguas y al mundo humano. Ella prefiere sufrir y que no sea todo color de rosa como cada uno de sus días en las profundidades del mar.

Aunque el verdadero desenlace se produce al llegar el Tercer y último acto de la ópera. Aquí, todos sus deseos de estar dispuesta a pasar mal además de bien, se los replantéa, dándose cuenta que su vida de antes en un punto era más sana y feliz. Se siente condenada por el amor y está muy angustiada -sin saber qué tiene sentido que haga-.

Se vuelve a reunir con la hechicera y ésta le promete que volverá a ser la ninfa de siempre, sin explicarle qué consecuencias traerá aparejada esta modificación.

El príncipe, aquel que la amó, que la rechazó, que no la reconoció y el que dudó de su amor; está enfermo. Muy enfermo como consecuencia del hechizo. Así, en esa condición, reconoce estar buscándola hace tiempo. Pero Rusalka no se conforma y le pregunta por qué su boca le mintió y por qué la engañó con otra mujer.

Ella se ha convertido en una terrestre común y corriente y para recuperar su anterior vida, su familia y ser libre deberá cometer un crimen.

Una majestuosa puesta en escena, con el lujo de los músicos que conforman la orquesta, el coro y el despliegue que significa preparar una ópera. Rusalka cumplió con cada uno de los detalles, tanto en el vestuario como en escenográfico para que cada ambientación sea identificada por el espectador, consiguiendo que el cuento de hadas atraviese la línea delgada entre tablas y espectador. Una historia para comparar con otras, para diferenciar, para recordar y transmitir.

Música: Antonín Dvořák. Libreto: Jaroslav Kvapil. Dirección musical: Carlos Vieu. Puesta en escena: Mercedes Marmorek. Diseño de escenografía: Luciana Fornasari. Diseño de vestuario: Lucía Marmorek. Diseño de iluminación: Alejandro Le Roux. Coreografía: Ignacio González Cano. Dirección del coro: Juan Casasbellas. Reparto: Rusalka (Daniela Tabernig), Príncipe (Eric Herrero Vodník), Duende del Agua (Homero Pérez Miranda), Ježibaba y Bruja (Elisabeth Canis), Princesa Extranjera (Marina Silva), Guardabosques (Mirko Tomas), Mozo de cocina (Cecilia Pastawski), Primera Ninfa del Bosque (Oriana Favaro), Segunda Ninfa del Bosque (Rocío Giordano), Tercera Ninfa del Bosque (Vanina Guilledo), Cazador (Sergio Vittadini), Ninfa del Bosque (Andrea Grassi), Ninfas del Agua, Invitados (Juan Manuel Firmani, Arturo Gutierrez, Romina Miguel, Jimena Hoeffner, Nuria Hortiguera, Érica Flores, Florencia Segura).

Coro Buenos Aires Lírica: Sopranos María Ximena Farías, Constanza Panozzo, Elisa Calvo, Jorgelina Manauta, Gabriela Fernández Bisso, Natalia Albero, Diana Gómez, María Fernanda Doldán Paula Do Souto. Mezzosopranos Patricia Salanueva, Marta Pereyra, Guadalupe Maiorino, Cristina Wasylyk, Marcela Marina, Elsa Aliboni, Maisa Videla. Tenores Martín Benítez, Javier Suárez, Leonardo Bosco, Sergio Vittadini, Christian Taleb, Juan José Ávalos, Pablo Daverio. Bajos y barítonos Jorge Blanco, Cristian Duggan, Carlos Trujillo, Ladislao Hanczyk, Pablo Paccazochi, Emiliano Rodríguez, Luis Loaiza, Juan Feico.

Orquesta: Violines I Oleg Pishenin (concertino, 2, 4, 8/10), Cristina Tartza (concertino, 10/10), Amarilis Rutkauskas, Gemma Scaglia, Leonardo Descalzo, Mabel Serrano, Florencia Argañaraz, María Elena Aguirre, Rafael Cabella. Violines II Sandra Valdovinos, Aida Simonian, Mariano Calut, Gabriel Pinette, Teresa Castillo, Federico Lennon Violas Ricardo Lanfiuti, Mario Fiocca, Jorge Sandrini, Cristina Tonelli, Julia Grimoldi. Violoncellos Carlos Nozzi, Marisa Pucci, Lidia Martin, Hermann Schreiner. Contrabajos Mariano Slaby, Pastor Mora, Matías Cadoni. Flauta I Damián Romagnolli. Flauta II / Flautín Joaquín Belluca. Oboe I Gerardo Bondi. Oboe II / Corno Inglés Raquel Dottori. Clarinetes Amalia Del Giudice, Edvjord Ngieliu Fagotes Gabriel La Rocca, Daniel Piazza Cornos Martcho Mavrov, Carlos Hussaín, Enrique Faure, Margarette Mengel. Trompetas Dante Vargas, Leandro Melluso. Trombones Hugo Gervini, Manuel Campos, Guillermo Mengel. Timbal Arturo Vergara. Percusión Francisco Vergara, Cristian Ibáñez. Arpa Sarah Stern.

Funciones Viernes 2, jueves 8 y sábado 10 de octubre a las 20 hs. Domingo 4 de octubre a las 18 hs. Teatro Avenida.

Mariela Verónica Gagliardi

Svaboda

(…) si uno se pone a cantar
un nochero lo acampaña
y en cada vaso de vino
tiembla el lucero del alba (…)

Svaboda (escrita por Bernardo Cappa con la colaboración de Pablo Chao, Aníbal Gulluni, Gabriel Guz y Laura Nevole; dirigida por Bernardo Cappa; dirigida por Bernardo Cappa) nos ubica en un pueblo del interior en que conviven un matrimonio con varios problemas. Uno de ellos es la mala relación que tienen y, el más reciente, el que está relacionado con un accidente entre una vaca y un camión de la ciudad.

A partir de este hecho es que las conversaciones irán despojándose de todo resentimiento y las verdades saldrán a la luz.

Irónicamente, Svaboda (Svoboda en ucraniano) significa libertad y es el nombre de un partido político de ultra derecha en dicho país. ¿Cómo se rompen las barreras entre lo censurado y lo deseado? Un autoritarismo político que se implanta y se desdibuja hasta, absurdamente, mostrar cuán inútil resulta prohibir.

Un abogado (Osvaldo) llega a este rancho humilde y precario, para pedirles llegar a un acuerdo y no ir a juicio con su cliente. Pero, el idioma ruso mediante y la “ignorancia” que menciona el letrado, impiden que los tres puedan entenderse correctamente.

Por la radio se escucha un gol de Kempes y Liev le dice contento a Osvaldo que se trata de Argentina. Es, justamente, esta empatía que surge entre ambos la que les permite, luego, conseguir un diálogo más ameno con Abdoquia.

Cada uno de ellos busca algo determinado aunque todo gira alrededor de la libertad. Lo que para uno es liberarse para el otro es seguir prisionero en su propio hogar, incómodo e infeliz. Solo será cuestión de animarse y dejar atrás el presente para apostar a un futuro incierto. De por sí, considero que todo lo venidero es un interrogante sin demasiadas certezas reales.

Viejo aire, ¿qué te han hecho? – dice Osvaldo. Un aire brumoso, metafóricamente hablando, es el que se posa sobre esta familia con una pesadez que obstruye sus sentidos.

Tan fácil puede resultar a veces ser feliz, sobre todo si se trata de compartir lo mismo que se siente.

Observar por la ventana la vida pasar, la naturaleza estática, las nubes y sus formas y ombú en medio de la nada.

Un escrito que volará por el piso junto a otros croquis realizados de una manera muy carismática en que quedará clara la visión del matrimonio, sobre todo la de Abdoquia.

Tres personajes que se muestran incómodos y con ganas de imponer su visión, justificando cuando lo crean conveniente.

Mientras las tareas cotidianas llaman a la puerta, es el momento de conseguir alimentos para la mesa -los que obtendrán con sus propias manos-. ¿Puede considerarse valiente aquel que mata para comer o el que se retira a tiempo de un caos familiar? La sangre como simbolismo de toda tragedia, que recorre la piel, las ropas y la fragilidad de estos tres humanos que se debaten entre lo que corresponde y lo que no. Entre lo correcto e indebido, entre lo permitido y lo prohibido. Como la ley, como lo que se supone que está bien hacer ya que, caso contrario, tendrá una sanción.

El matrimonio conversa en su idioma, y el abogado observa y escucha. Después, los dos hombres hablan y la mujer mira desde una ventana. Luego el abogado y ella conversan y se miran mientras su marido decide qué decisión tomar. Siempre uno de los tres se convierte en observador pasivo, lo cual le otorga a la dramaturgia más tensión e intriga.

¿Dónde estará escondido ese papel? ¿Estará escondido o inmerso en el desorden de la casa?

Cada quien pretende salirse con la suya para salir “victorioso” de la situación y lo que puede darse por sentado posiblemente no sea lo lógico o supuesto. Svaboda es una historia que parte de lo pequeño y se hace gigante. Que finaliza pero bien podría seguir como la serie Bonanza, durante temporadas que ilustran las aventuras de una familia en el oeste estadounidense.

En esta ocasión, esta pequeña familia sin hijos solo precisa acceder a cosas que podría tomar del otro. No necesariamente del otro miembro familiar pero sí, retroalimentarse como triángulo con la llegada del letrado que implanta su deseo por favorecer a los desfavorecidos -o sea a ellos- y terminar de una vez por todas con la situación tirante.

Dominante o dominado, una fiera sobre un ratoncito o un ratoncito que se hace cada vez más pequeño para resurgir como un gigante entre la desesperación y el astío del campo. Entre un alambrado roto por el que una vaca corrió tras el camión para demostrar cómo un animal puede ser más que cualquier transporte que se pasea por zonas agrícolas.

La huella del hombre pisa fuerte, invade sin que se la llame y hunde a sus propietarios.

El hombre de familia que no quiere ocupar ese lugar, que se siente ajeno a éste y que se inmola ante cualquier situación ríspida con su mujer, la cual parece llevar los pantalones para justificar, al menos, su carácter podrido y su alma agresiva.

¿Ser violento es tener carácter o todo lo contrario?

Una estética pobre, humilde, abandonada, que muestra una mesa de madre con dos sillas de diferente estilo, otra mesa con una radio y un aljibe. Tienen lo básico en cuestión de lo material, pero ellos necesitan un cambio urgente para empezar a vivir de verdad.

Ella se sienta siempre en el mismo lugar, junto al alambrado que está ausente visualmente pero que podemos imaginarlo. Mira a través de él y espera que se produzca ese cambio. Es para lo que nunca va a venir – dice su marido al abogado.

Aunque ella sigue llorando como cada vez que mira la fotografía de una esquina. Seguramente una esquina significativa en Rusia. Su Rusia, su lugar, su hogar.

El tiempo sigue transcurriendo, el sol se esconde de una vez y el mate con budín hace su aparición para distenderlos un poco, para que el alimento horneado por sus propias manos les pinte una sonrisa de satisfacción. Así se produce, como la templanza que tienen en sus rostros por momentos, la cual se modifica, al instante, para recordarse sus propósitos.

La comicidad está presente a lo largo de toda la obra, una obra realmente excelente que enaltece la escritura de Cappa, pintando un paisaje perdido como si se tratara de un cuadro en la pared.

A la vez que la ira, la furia y el rencor se imprimen en sus corazones, salen a la luz, se esconden y caminan velozmente por sus mentes… hasta recordarles que tienen que elegir sin pensar demasiado.

Unas tiernas melodías de violín dibujan un retrato perfecto, ideal, de novela romántica. Absurdamente, quizás. Idealmente para que el desenlace sea el más propicio para que la zamba dibuje su coreografía.

Y si la vaca hablara, ¿a quién le daría la razón, qué estrategia llevaría a cabo, qué acorde danzaría?

Dramaturgia: Bernardo Cappa con la colaboración de Pablo Chao, Aníbal Gulluni, Gabriel Guz y Laura Nevole. Elenco: Pablo Chao, Aníbal Gulluni y Laura Nevole. Dirección: Bernardo Cappa. Funciones: domingos 20 hs. Teatro del Pueblo.

Mariela Verónica Gagliardi

Playground entrevista

Tirando besos y saludando, así de cariñosos y fieles a su público se muestran y comportan. Sin máscaras ni personajes. Como dos artistas plenos.

Desde las vacaciones de invierno, el elenco de Playground (programa de cable emitido por Disney Junior Latinoamérica) pisó por primera vez el teatro. Pero, el 26 y 27 de septiembre realizarán dos funciones por la tarde (14:30 hs y 16:30 hs) en El Nacional, para seguir sorprendiendo, enseñando y divirtiendo a pequeños y adultos.

Juanchi (Juanchi Macedonio) y Juli (Julieta Nair) son los conductores de este éxito televisivo para niños de entre 2 a 7 años, que entre canciones y colores vuelcan información convertida en juegos.

A raíz de que se están agotando las dos primeras funciones, se agregaron cuatro más para el 10 y 11 de octubre.

Y en plena conferencia de prensa, adelantando lo que será el estreno de Playground en vivo en el Teatro El Nacional, Juli demuestra su emoción diciendo: estamos muy contentos de llegar, por fin, acá al Nacional. Con mucha ilusión, con mucha expectativa. Hace tres años que estamos haciendo el programa de televisión en Disney Junior y ahora llegar al teatro es algo totalmente diferente y conocer a los chicos ¡por fin! verlos a la cara porque ellos ya nos conocen pero nosotros no.

¿Qué sensaciones los van recorriendo por el cuerpo con todo este estreno en el Teatro El Nacional?

Juli: Yo creo que recorre mucha adrenalina. Ya antes de salir a escena escuchamos: ¡Juli, Juanchi! (te gritan, agrega Juanchi). Y eso ya es: hay que salir con todo porque están con una energía.

Te arrasan…

Juli: Te arrasan, hay que estar a la altura.

Juanchi: Y el corazón late y se sale por la garganta.

Juli: La verdad que para nosotros es hermoso hacerlo. Se pasa muy rápido. Nos divertimos mucho haciéndolo y eso tratamos de que se transmita, y si llega la gente también se divierte con nosotros.

¿Cómo fue la propuesta de realizar teatro, cómo fue la repercusión (que sabemos exitosa) en la gira por otros países y el interior del país, y cómo fue el empezar a volcarse al mundo del teatro que es bastante diferente al de la televisión?

Juanchi: la verdad que hace tres años que venimos haciendo Playground y no veíamos la hora de hacer teatro y a nosotros que venimos del teatro y nos encanta, es como la oportunidad de ver a los chicos a los ojos. Porque nosotros siempre preguntamos en la tele y los chicos responden, y ahora nos dan esa oportunidad de nosotros verlos. Y la verdad que el amor es enorme y, por suerte, le fue muy bien a Playground en Chile, en todas las provincias que fuimos (el Norte, el Sur).

Estarán por mi barrio también, en Palomar.

Juanchi: Y vas a venir a jugar con nosotros.

Voy a ir a jugar.

Juanchi: Perfecto (risas).

Cantan y bailan todo el tiempo. ¿Qué diferencias hay con respecto al programa que tan bello es?

Juli: La diferencia, básicamente, es la gente. O sea, que esté la gente ahí, que estén los chicos y los padres -casi te diría haciendo la obra con nosotros- (que es lo más importante, afirma Juanchi); es la diferencia. Y que no hay cortes. Es única toma, único plano secuencia. Al estar la gente cada función es diferente porque los chicos son muy espontáneos y gritan cosas y nos dicen cosas. A nosotros también nos hacen reír. (risas de los tres).

Y otras veces deben tener ganas de decir shhhh

A veces se ponen a gritar tan fuerte que no podemos seguir.

Realmente captás su atención para que sigan el hilo de la historia y, a veces, se enganchan con cosas también, como los hacemos participar tanto.

Después hay que manejarlos…

Juli: Hay que manejar ese barco (risas).

Juanchi: esa es la diferencia que tiene el vivo, que tiene una energía enorme desde que uno sale al escenario hasta que termina estamos todo el tiempo con una energía grande y ahí con los chicos presentes que también tienen una gran energía y nosotros tenemos que igualarla así que eso es lo lindo: lo público que hace Playground.

Tendremos la posibilidad de subir al escenario.

Juanchi: sí, sí.

Juli: por eso te digo que es un espectáculo muy interactivo porque bajamos al público, estamos jugando ahí con los chicos, durante unas canciones, después hacemos subir a un padre con su hijo al escenario y lo hacemos bailar una canción con nosotros así que eso está buenisimo.

El famoso feedback que a veces el teatro infantil lo corta y transforma al espectador en pasivo y cuando hay tantos niños…

Juanchi: por suerte Playground desde la tele ya tiene un feedback enorme con los chicos, porque nosotros cuando hacemos una pregunta les damos el espacio para que los chicos desde la casa respondan y acá en el vivo pasa lo mismo, y ahora la oportunidad de escucharlos.

Ser espontáneos.

Juli: escuchamos las respuestas, entonces eso para nosotros también es nuevo y muy lindo.

Juanchi: y mirarlos a los ojos que es lo que más deseábamos. A los grandes y los chicos porque también tenemos fans que son padres que vienen con la vincha.

Yo niños no tengo pero tendré que fabricarlos (risas).

Ambos: vos traé a tu niño interno (risas).

Juanchi: vas a bailar, vas a cantar. Es muy divertido.

En la sinopsis de la obra figura que es la fórmula de la diversión.

Juanchi: jugar.

Juli: lo que tratamos que siempre suceda es que los chicos aprendan algo de una manera divertida, entonces con la diversión de común denominador hacemos todo.

Qué mejor manera de aprender.

Juanchi: jugando.

Juli: qué mejor manera. Y te puedo asegurar que los chicos aprenden.

Mariela Verónica Gagliardi

La Sirena

Unas melodías en el piano dan comienzo a esta historia del mar en que vive La Sirena (escrita y dirigida por Luis Cano), una mujer bella y sufrida que tiene que hacer cosas ingratas -para ella misma- para poder subsistir.

Sentada en un banquito bajo, sobre una escenografía que gira, esta Monina Bonelli interpretando a la joven que posee una herida en la pierna y en su corazón, con marcas imposibles de borrar. De hecho no deben ser borradas para que su pasado sirva de aprendizaje a una sociedad que aun continua un poco pasiva en cuanto a la violencia de genero y prostitución.

¿Este es el bar Jamaica? ¿El Chaplin, el Flash, el Taray? – se pregunta a sí misma.

De repente, una canción de Sara Lowlan (acompañada en el piano por Ana Foutel) afirma su sensación: Vine caminando con la garganta seca.

Así es la introducción a una noche mas en la vida de Nina, en la Nina de antes y en la adulta de ahora. Una ronda de tragos para olvidar y transitar unas horas mas relajadamente, aunque resulte imposible de concebir.

Claro que no tiene dinero para comprar alguna bebida alcohólica y la alternativa que le dan para que lo haga es que cuente historias. De esta manera ella deberá complacer a los hombres de la taberna, encontrando el tipo de narración que más les convenza.

Como si existiera una línea imaginaria que dividiera al público, se notará el tipo o clase de historia que narre, la escenografía que se utilice y la imagen visual que se vaya construyendo.

Si una mujer no fue tratada bien de pequeña, ¿qué resultado puede darse? ¿Qué carácter o confianza puede expandirse por el cuerpo de quien no tuvo protección y cuidado durante la infancia, a quien no se le enseñó a valorarse?

Su madre la trataba de borracha en vez de tratarla como hija, con dulzura, con cariño.

Con los tatuajes que pintan partes de su piel, ella va introduciendo a un nuevo relato hasta encontrar el de su propia vida -aquel que no podrá rectificarse ni desmentirse-. Es la verdad, aquella que le dejó heridas sangrantes para siempre. Aquella que nunca tuvo valor o valentía para contarla.

Un bigote de su abuelo, Un pez verde y La sirena comprenden los tres microrrelatos que envuelven a los espectadores en ultramar para traer a colación cuestiones político-sociales de nuestro país.

Monina consigue deleitar con sus dotes actorales, apoyándose en el texto que va cobrando un vuelo muy alto gracias al dramaturgo como a las técnicas clownescas de las cuales se vale para conseguir que su cuerpo pose y se detenga -como si se tratara de fotogramas-.

Y ella empezó a cantar diferente, y una burbuja le quitó la vida al marinero. Estos datos incluidos dentro de la historia convierten a la misma en poesía pura, en esos detalles tan románticos hasta para hablar de la muerte.

Así es este unipersonal que nos sumerge en lo imposible de cantarle a la vida hasta en momentos estremecedores. Nina es víctima de un sistema pero no se queda congelada en tal postura sino que arremete con ésta, la insinúa y consigue despojarse de su mayor mal.

Su lugar no es un bar sino su propio hogar, alguno que estará en algún sitio determinado. Aquel que le brinde una caricia y la posibilidad de ser feliz. Suele decirse que no está muerto quien pelea y ella es una luchadora que desconocía sus poderes. Vencido el enemigo, el futuro es todo suyo. Solo falta que lo asuma y se de una oportunidad -aquella que todas las mujeres maltratadas merecen-.

Nina es un ejemplo conmovedor y un granito de arena, una militancia activa en pos de los derechos humanos, en contra de la violencia y el maltrato en todas sus concepciones.

Ella le dedica una última canción a todos los que buscan un lugar en el cual sentirse bien. Quizás sea una proyección a sí misma y la fortaleza para que ningún hombre siga manteniendo su postura de cobarde que lo hace reaccionar con la peor arma de fuego: el golpe.

Dramaturgia: Luis Cano. Actriz: Monina Bonelli. Pianista: Ana Foutel. Dirección: Luis Cano. Funciones: lunes 20:30 hs. Teatro El Extranjero.

Mariela Verónica Gagliardi


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Tanguito mío14

Tanguito mío, un musical bien guapito es un espectáculo infantil y para toda al familia,

que se ubica en una época de la historia argentina -más específicamente en un conventillo de La Boca- en que las culturas formaban un crisol de lenguas y costumbres muy diferentes.

De lo que se podrá hablar siempre, que no perderá vigencia, es del amor. Para enamorarse no hay barreras idiomáticas ni de colores que puedan impedirlo.

Así es la historia de Tanguito y Milonguita que se gustan y relacionan a través de cartas enviadas en avioncitos de papel, que vuelan de una ventana a otra.

Entre canciones y coreografías, estos personajes encantadores irán vistiendo una zona con varias identidades; ilustrando un verdadero sainete musical -lleno de magia, alegría y pasión-.

La escenografía es envolvente y muy funcional, permitiendo montar un momento diurno, nocturno, de tensión, de romanticismo, entre algunas de las situaciones surgidas durante la obra. Así, la puesta en escena logra un movimiento al igual que los deseos por porgresar y ser quien se quiera ser.

Con respecto a los tangos y milongas, Gastón Marioni escoge fragmentos muy específicos para que dichas canciones hablen por sí solas y pinten los diálogos junto a la palabra pronunciada por los actores. Melodías arrabaleras muy populares se encuentran en esta comedia musical -la cual ambienta cada escena hasta con el más mínimo detalle-.

Ella es mi lucecita

Él es para mí como una estrella

El estilo cursi se fusiona con el machismo del tango, consiguiendo un resultado óptimo que le agrada tanto a grandes como a niños y haciendo que las canciones realizadas especialmente para esta pieza artística vibren en el escenario junto a sus intérpretes.

Por el lado de la historia, existe una central y, alrededor de ésta, se van armando otras secundarias. Este grupo humano se empieza a conocer, a convivir, y es entonces cuando surge la envidia, los celos, la bronca y el despecho.

Puede visualizarse el desplazamiento de una luna hasta que se oculta, los destellos en el cielo provenientes de estrellitas, cada familia luciendo la misma gama de colores o atuendos, y una estética que brilla y hace lucir a sus artistas.

Una familia italiana, otra árabe y la última argentina -dentro de la que está el dueño del conventillo-. Este señor adorable le perdona ciertas cosas a sus inquilinos que lo posiciona como una persona noble, al igual que el cariño con el que cría a su hijo.

Como en la mayoría de las historias, existe al menos un conflicto; pero, por suerte, no representa más que un detalle que no impide opacar el romance principal -provocando, además, un efecto contagio-.

La dramaturgia y dirección son excelentes y eso demuestra y justifica que siga en cartel después de tantos años. Y, seguramente, seguirá yirando por las pistas milongueras, haciendo vibrar con estas notas tan terrestres, tan nuestras y tan compartidas con quienes gusten de ellas.

Cada uno con su negocio logra convivir en paz, demostrando cuán beneficioso resulta.

Esto es el presente musical y la energía que se va moviendo a lo largo de la función.

¡Cómo los chicos no podrían estar fascinados cuando los adultos estamos tan invadidos de felicidad!

Tanguito mío, tuyo y nuestro. De la gente y de quien quiera apropiárselo como una sonrisa infinita.

Y, como todo, llega a su fin después de sacarle viruta al piso, de moverse entre coreografías y de aprehender lo más lindo de la vida: a amar al prójimo.

Cada suspiro una esperanza, de volverte a encontrar.

Actúan: Juan Pablo Antonelli, Laura Giménez/Julieta Raimundo, Nazareno Iñiguez. Julieta Franzese, Gustavo Portela, Luciano Guglielmino, Juan Pablo Pereira, Yanina Zanier Quintas, Alejandro «Racu» Pérez. Libro y letras: Gastón Marioni. Música original y arreglos musicales: Tato Finocchi. Diseño de escenografía: Martina Urruty. Realización de escenografía: Lucas Borzi, Magalí Armas, Juan Ignacio Mosquera, Damián Carrillo, Cristian Marioni, Sebastián Grandi y Majo Blanco. Animaciones: Lucía Suárez y Fabricio Basilotta. Diseño de vestuario: Kitty di Bártolo. Realización de vestuario: Marianela Goicochea. Diseño de luces: Gastón Marioni. Coreografías: Gastón Marioni. Asistencia de dirección: Facundo Zerpa. Puesta en escena y dirección general: Gastón Marioni.  Funciones: domingos de septiembre 17 hs. Teatro El Cubo.

Mariela Verónica Gagliardi

El becerro de oro1

El becerro de oro es el nombre de una performance de danza que tiene el don de fusionar religión, historia, baile y teatro; consiguiendo un resultado digno de ser destacado tanto por sus intérpretes como por la propuesta en sí.

Así se puede notar cómo Amparo González y Pablo Lugones construyen su propio becerro, partiendo del original de la Biblia, solo que con algunas diferencias que lo vuelven mucho más contemporáneo.

Mientras Moisés estaba en el monte hacía tiempo, el pueblo israelí precisaba un dios a quien seguir y venerar; fue así como le pidió a Aarón (hermano suyo) que les diera esa posibilidad. Aceptando la propuesta, cada uno tuvo que dar sus pertenencias de oro, las cuales al quemarse formaron este animal dorado. Pero, ni bien se enteró Moisés de ello, le pareció un pecado tanto el resultado como la fiesta armada alrededor del becerro. Entonces, decidió hacerlo polvo y obligar al pueblo que lo tome. No quedando satisfecho con esto, aplicó la fuerza física, haciendo que se desate una oleada de muertes.

En esta puesta en escena, los artistas se valen de diferentes luces, de joyas y diferentes simbolismos que cargan dentro de sus ropas. Al comenzar a saltar, oscilantemente, sus bolsillos se rompen dejando caer todas sus pertenencias -las cuales quedarán esparcidas por el suelo-.

Es momento de que sus cuerpos se fusionen, sientan y oscilen entre humanos y animales. Consiguiendo sonidos de sus propias respiraciones -éstas conformarán la atmósfera en que se desenvolverá la historia-, demostrando sus excelentes estados físicos y la inventiva para narrar un ritual milenario.

Un becerro femenino, decorado con joyas y demás accesorios que decoran la magia que encierra esta dramaturgia en que es posible admirar y sentir diversas sensaciones en el organismo.

Había quienes en el público reían, mientras otros, obnubilados, quedaban absortos. Durante media hora, estos bailarines consiguieron conectarse entre ellos con mucha sensualidad y sexualidad; posando de diversas maneras -como si se tratara de un juego establecido espontáneamente por ellos en el que son los únicos que conocen las reglas para continuar, romper toda estructura conseguida o volver al inicio sin dar explicaciones-.

Amparo y Pablo consiguieron meterse en la piel de un animal y convirtiendo toda ilusión en realidad… de eso se trata esta puesta en escena: de justificar con expresiones y sonidos todo lo que la razón precisa saber, al mismo tiempo que las interacciones desafían la noción de gravedad.

El becerro de oro tiene la particularidad de situar un mito cual pieza de museo, pero una pieza que en cuanto es observada cobra movimiento -todo el que necesite para hacer vibrar al espectador, llevándolo a diferentes universos artísticos-.

Función del 13 de septiembre dentro de la Bienal de Arte Joven 2015. Centro Cultural Kónex.

Mariela Verónica Gagliardi

Los Monstruos3

Toda propuesta teatral que está en El Picadero, es garantía de calidad y de eso no cabe ninguna duda. Es relajante que eso ocurra y así poder ir con los ojos cerrados a disfrutar y dejar que nuestras emociones broten sin que medie la razón.

La Bienal de Arte Joven de este año tuvo una oferta muy amplia en cuanto a espectáculos y, sin dudas, Los Monstruos fue una de las más solicitadas. Desde el primer día que se podían hacer reservas, al mediodía ya no había más entradas. Luego de estar unas horas antes, todos los que no tenían la suya pudieron obtener alguna gracias a la tarde lluviosa y fría.

Los Monstruos (escrita y dirigida por Emiliano Dionisi) es una comedia musical dramática que tiene como protagonistas a Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo, los cuales interpretan a dos padres que tienen vidas bastante similares en cuanto a cuestiones primordiales de dichos roles.

Cabe resaltar su excelencia vocal, escénica y actoral que ya vienen demostrando desde otros musicales (Chiesa en Casi Normales y Cociuffo en Ghost), en los cuales tuvieron su impronta y huella para seguir luciéndose.

Con una estética moderna, minimalista y con todo lo necesario para que los actores se luzcan, tienen inclusive el acompañamiento de músicos en vivo que le otorgan un plus a la pieza artística.

Al comenzar la obra se puede observar el relato de uno y luego el del otro, sin que éstos se conecten entre sí. Como si se tratara de dos dramaturgias distintas, separadas por una línea imaginaria. Esto fue lo que más atrapó mi atención y no pude dejar, de ahí en más, en inmiscuirme en la historia. Mejor dicho, en ambas historias tan bien armadas, profundizadas y con detalles tan reales y a la vez “invisibles” en ciertos momentos de la realidad real.

Casualmente él es padre de un varón y ella de una nena. Casualmente sus hijos tienen ciertas dificultades para relacionarse con niños de su edad y, a la vez, no son integrados por sus correspondientes grupos. Esta temática, en la actualidad, es moneda corriente. Y, como tal, es desvalorizada, naturalizada y tirada a la basura; afirmándose qué tipo de tratamientos deben mantener los chicos -sin tomar en cuenta la postura e idiosincrasia de sus padres o responsables-.

Los padres también fueron niños y no siempre felices. Pero, ¿cómo se resguarda o protege ante diferentes adversidades?

Un nene macabro y travieso, una nena tímida y callada. Ambos infantes receptores de culpas no resueltas por parte de quienes solo deberían darles amor y alegría. De quienes solo deberían esperar buenos gestos y orientación.

Quiero sentirme viva con vos – menciona la madre, refiriéndose a su intimidad, una intimidad que no siente estar encauzando por la sobreprotección que le otorga a su hija y los cuidados excesivos a los que la somete sin dejarla respirar y decir lo que en verdad le sucede… cuál es su pena.

Una de las escenas más emotivas ocurre de la mano de la dupla que, unida, le canta a sus pequeños: Ya deberías saber, que solo en mí podés confiar. Yo no soy de esos papás, que dan la espalda cuando la necesitás. Todos tus secretos, conmigo, seguros están.

No existe motivo para que se desconfié de ellos. Me refiero a los padres, ni para que se ponga, evidentemente, en tela de juicio sus procederes. Pero, a medida que los monólogos avanzan y los diálogos entre ellos y sus hijos (ausentes físicamente pero recreados espiritualmente) se suceden; es posible entender los dos focos principales de Los Monstruos.

Uno de ellos es la fragilidad que tienen estos adultos -al igual que todos-, debilidades no asumidas y, de ese modo, ocultadas. Y, la otra, se refiere a la ambivalencia que tiene todo mortal al pretender debatirse entre obligaciones y culpas.

Sobre estas dos cuestiones irá oscilando la dramaturgia, la cual provoca risas en el público, hasta centrarse en uno de los relatos más angustiantes -el cual desperterá la conciencia de todos los presentes- que le otorgarán una mirada diferente al musical.

Es posible conmover con el canto, con la palabra y con el silencio mismo. Así como es probable que Emiliano Dionisi esté tocado por la varita mágica, la cual lo acompaña por todas sus decisiones artísticas que realmente son grandiosas y merecen éxito en todos sus sentidos.

¿Puede considerarse monstruo aquel humano que tenga sentimientos feos y oscuros?

¿Dónde está el límite entre la bronca y la violencia?

Los niños que no tienen verdadero espacio en esta obra, más que el que sus padres le dan, hablando por ellos y siendo ellos, entrometiéndose en sus pieles y deseos; hasta invalidarlos por completo.

Dramaturgia: Emiliano Dionisi. Elenco: Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo. Músicos: Gianluca Bonfati Mele, Matías Menarguez, Martín Tincho Rodríguez y Juan Pablo Schapira. Vestuario: Marisol Castañeda. Escenografía: Compañía Criolla. Diseño de luces: Claudio Del Bianco. Letras de canciones: Martín Tincho Rodríguez. Producción ejecutiva: Compañía Criolla, Sebastián Ezcurra. Asistentes de dirección: Juan José Barocelli, Julia Gárriz. Dirección: Emiliano Dionisi. Funciones: miércoles 20.30 hs. Teatro El Picadero.

Mariela Verónica Gagliardi

Giselle18

1848 fue y es un año recordado mundialmente y, sobre todo, por los franceses. Denominada por algunos como la Tercera Revolución, fue un enfrentamiento contra la Monarquía de Luis Felipe de Orleáns. Sumado a la crisis económica que se había desatado por culpa de malas cosechas; provocaron el descontento de la clase obrera -hundida en la miseria-. Después de varias luchas por derechos de igualdad y de abolir la monarquía, al año siguiente consiguen establecer una República, liderada por Luis Napoleón Bonaparte, la cual dejó una vez más a la vista la ideología del país.

El Teatro Coliseo volvió a hospedar a Danza por la inclusión, un programa impulsado y dirigido por Iñaki Urlezaga que, con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Social, le permite a quienes no tienen la posibilidad de pagar una entrada, acudir a un espectáculo de ballet de alto nivel.

En esta oportunidad le tocó el turno a Giselle (con música de Adolphe Adam), interpretada por un elenco de bailarines muy prestigiosos en las primeras figuras y con presencia, nuevamente, de la Orquesta de la Provincia de San Juan (dirigida por el Maestro Gustavo Plis Steremberg).

Jean Lous Adam, padre de Adolphe Adam, tuvo un peso muy fuerte en el ámbito de la música. A partir de 1829 formó parte de la Legión de Honor (nombre con el que se distingue a una persona por algo extraordinario que haya realizado). Jean fue considerado el fundador y jefe de la escuela francesa de piano. Varios músicos de renombre egresaron de la misma: Kalkbrenner, Hérold, Ilhemaigne, Henri le Moine. También, publicó obras de piano: Las premieres leçons, Methode nouvelle pour le piano, y Méthode général lleva doigté.

El alumno más querido fue su propio hijo Jean Louis Adam, quien tuvo una carrera muy importante también y se dedicó a realizar varias óperas. A pesar de ello, Giselle es el ballet que lo hizo más conocido aunque no popular -el cual escribió junto a Théophile Gautier, con libreto de Saint-Georges- en el año 1840. Además de Giselle, escribió Faust (1832) y El Corsario (1848).

Recién en 1910, este ballet cobró más vigor e impacto gracias a Sergei Diaghilev que realizó una producción muy grande, con escenografía de Alexandre Benois y coreografía de Michel Fokine. A partir de aquí, desfilaron varias bailarinas rusas, deseando ser las protagonistas de este clásico.

Al morir su padre, Adam ocupó su lugar en el Conservatorio de París en 1848 y creó un teatro nacional, el cual tuvo que cerrarse -después de un tiempo- por cuestiones económicas.

La historia es de amor pero muy triste y melancólica. Giselle nos lleva a un universo interesante en el que se plantea una rivalidad entre lo que se desea y lo que se debe. Ella vive en una aldea que queda situada en el valle de Turingia y está enamorada de Loys -creyendo que es un campesino como el resto-. De ahí en más, su corazón se verá partido en dos ya que Hilarión se muestra atraído por Giselle y será un amor no correspondido. Este “triángulo” no amoroso será uno de los focos argumentales de la dramaturgia. Cuando ella descubre que Loys es el Duque Albrecht de Silesia y que está prometido a otra mujer (Bathilde), su tristeza aumenta hasta confluir con su enfermedad y aniquilarla por completo.

Una historia de la que se podría decir que se muere por amor y que la verdadera enfermedad es aquella que no permite unirse hacia su otra mitad complementaria.

Mientras las Willis (según la mitología eslava, son seres similares a las hadas que habitaban los bosques) se unen en un baile realmente majestuoso, los pesares son dejados a un lado para homenajear a la gran mujer que prefirió seguir sus convicciones y no el capricho de su entorno. Cabe destacar a la Reina de las Willis, interpretada por Ana Claudia Magagnin, quien logró trascender las fronteras entre el mundo de los muertos y los vivos, actuando y danzando a flor de piel un personaje maravilloso.

Con respecto al origen de esta narrativa, el autor es Heinrich Heine quien se basa en una leyenda alemana en la que aparecen dichas Willis, bailando durante la noche para atraer a jóvenes con danzas crueles -las cuales solo finalizaban al morir éstos-. El personaje de la reina de Willis fue tildado por Heine como femme fatale.

Giselle en esta función estuvo protagonizada por la bailarina Gabriela Alberti que con su técnica, sensualidad y sutileza impregnó el escenario de arte; junto a su amado Loys (Matías Iaconianni), quien deleitó con su danza de principio a fin. Una dupla realmente conmovedora, unida a un equipo de baile en que cada uno tuvo su momento para lucirse. Sumado a un vestuario confeccionado para la ocasión por emprendedores a quienes también se les dio la posibilidad de formar parte de esta suma de fuerzas para que un espectáculo no sea solo para la misma élite de siempre sino que abra puertas, corazones y el deseo arrasador de llegar a quienes más lo necesitan.

La dulzura de los niños figurantes es notable, al igual que las sonrisas, el fulgor y el talente de cada bailarín presente.

Resulta muy atractiva la puesta en escena, la gama de colores que se utilizan en ambos actos y el poder que cobra la expresividad de cada uno de los cuerpos que, deleitosa y perfectamente, se van desplazando y danzando sin necesidad de acudir a la palabra. Se comprende cada diálogo bailado en que el amor se funde en un beso o la batalla se desata en plena armonía.

Giselle se estrenó en 1841 en París, durante el Romanticismo; dejando en evidencia que la narrativa corporal puede prescindir de diálogos vocales e ir más allá de lo que cualquier amante sienta en su mente.

Existe un segundo conflicto en la presente historia que se corresponde con el papel que ocupaba la mujer en aquel entonces y el poder que le otorgaba un hombre al casarse con ella. Como si la soledad o la decisión de no contraer matrimonio hubiera sido un crimen, o la necesidad de amar a quien su corazón le indica, el peor de los pecados. Pero Giselle era una adelantada para aquel entonces y quiso pagar las consecuencias de no casarse con quien su madre le indicaba. Así fue su destino que la llevó a un sitio en que había otras como ella, con corazones aniquilados por el desamor. Este segundo acto, mucho más breve que el primero, nos sumerge en el cementerio -desde el que puede verse su tumba-. Pero el espíritu de Giselle vuelve a ser angelical como siempre, a danzar más que nunca y a acompañar a su verdadero hombre mientras la pena de ambos se unía en una comunión muy angustiante. Como si la bruma los hiciera menos visibles, ellos se mimetizan hasta que ella vuelve a reposar para siempre. 

Función del 8 de septiembre. Protagonistas: Giselle: Gabriela Alberti, Albrecht: Matías Iaconianni, Hilarión: Gonzalo Fernández, Wilfred: Brian Montes, Berthe: Alicia Sawinski, Duque de Curlandia: Ángel Gómez, Bathilde: Eugenia Berreta, Asistente del duque: Evaldo Melo, Myrtha, Reina de las Willis: Ana Claudia Magagnin, Moyna: Aylén Castro Ortíz, Zulma: Marilyn Panelo.

Mariela Verónica Gagliardi