*** Noviembre 2017 ***

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Una espera desafiante

Fotografía: Carlos Furman.

Fotografía: Carlos Furman.

Ficha Vigilia de nocheSe dice que cuando uno espera, desespera. Y, cuando se espera en grupo y ese grupo está integrado por personas no compatibles todo puede tornarse caótico y exasperante.

En Vigilia de noche (escrita por Lars Norén, con traducción de Francisco J. Uriz y con versión y dirección de Daniel Veronese) puede notarse cómo dos matrimonios tienen que pasar una velada juntos por necesidad y compasión, como si se tratara de una obligación imposible de quitar del camino.

A partir de un hecho puntual como es la muerte de un familiar, dos hermanos se reencuentran después de muchísimo tiempo y así surgen todos los problemas y conflictos del pasado (trasladados a un presente muy poco prometedor). Sus mujeres no se quedan atrás y si bien no compiten entre ellas, tienen bastante para decir y gritar entre las cuatro paredes para que se haga justicia y de lugar a sus sentimientos tan poco valorizados.

Pareciera ser que el resentimiento está inmiscuido entre las cenizas y que no podrá soslayarse tan fácilmente. Quizás la única esperanza sea que digan lo que les pasa, que se expongan ante los demás y puedan emitir con palabras quiénes son. Porque este es uno de los puntos que más se resaltan durante la dramaturgia: los matrimonios parecieran están conformados por dos personas que prácticamente no se conocen por más que el tiempo debería demostrar lo contrario.

El statu-quo está en manos de los hombres con su machismo predominante y la necesidad de marcar territorio como si fuesen animales que necesitan delimitar el espacio que ocupan. Mientras tanto, las mujeres son mostradas como bienes-objetos que ocupan el lugar de acompañantes y que no deberían tener voz ni voto. Son esposas al fin, presas de dos hombres que son más parecidos de lo que muestran ser en un principio de la obra. Dos seres obsesivos (cada uno a su manera) que impiden la fluidez y espontaneidad ajena.

Vigilia de noche es una pieza artística que alcanza la excelencia, con cuatro interpretaciones perfectas que se lucen a lo largo de la historia dramática, dentro de la que surgen algunos momentos humorísticos que permiten relajar a los espectadores para que luego el remate sea prometedor.

Existen escenas cargadas de sensualidad, erotismo y violencia verbal en las que es posible comprender la magnitud de esta familia que no solo está separada por la distancia geográfica sino por las limitaciones mentales de las que se atan con nudos imposibles de quitar.

Esta obra es un claro ejemplo sobre tapar el sol con una mano y sobre las barreras emocionales que no permiten avanzar sin destruir a los demás, a quienes se supone que aman sin poder demostrárselo.

Cuatro seres que quieren disimular el dolor que sienten y, sin embargo, continúan dentro de un círculo vicioso que nada positivo les aporta.

La violencia de género, instaurada como un cuadro de antaño, juntando polvo y sin lograr acabar. Un living que aloja y sostiene a las dos parejas desparejas a quienes ya no se toleran y no tienen el valor para tomar otro rumbo que los favorezca.

Pareciera ser que el camino escogido es el de poner en práctica todo lo absorbido hasta el momento sin mediar las consecuencias, ignorando que el mal no se termina con odio sino con un giro rotundo en la conducta y accionar. Pero para eso el psiquiatra podría dar cátedra y el ejemplo, un ejemplo que calumnia y angustia, que sofoca a la víctima y no la deja ser.

¿Por qué el maltrato, por qué su validez?

Horas que transcurren, una tras otra, desnudando a las personalidades más temidas. Víctimas, victimarios y la enfermedad de continuar cuando ya no es sano, cuando ya no existe el amor y cuando la locura ingresa sin pedir permiso convirtiendo a quien -menos se esperaría- en otra persona, quizás, capaz de combatir los días y el futuro en otra etapa, en un rumbo -al menos- direccionado por sí misma.

Pilar Gamboa demuestra, una vez más, que su talento es infinito, siendo sensualidad, mujer pasional, fiera y defendiéndose de todo lo que surja como por arte del mismo arte.

Un libro y dirección increíblemente detallistas que logran abrazar a los actores para que se luzcan como lo hacen.

Mariela Verónica Gagliardi

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“La sangre de los árboles”, con Juana Viale y María Victoria Césperes

ByN-32baja
BREVE TEMPORADA
20 FUNCIONES​
ÚNICAS Y EXCLUSIVAS

::DEBUT::

JUEVES 15 DE OCTUBRE

20 HORAS

TEATRO EL PICADERO

Pasaje Santos Discepolo 1857

 EN MEDIO DE SU

GIRA INTERNACIONAL

LLEGA

UN POETICO ESPECTACULO TEATRAL

“LA SANGRE DE LOS ARBOLES”

  UNO DE LOS IMPORTANTES ACONTECIMIENTOS DEL

TEATRO LATINOAMERICANO DEL 2015

LLEGA PRECEDIDO DE ELOGIOSAS CRITICAS AL

CIRCUITO TEATRAL COMERCIAL DE BUENOS AIRES.

 JUANA VIALE  VICTORIA CESPERES

 MÚSICA EN ESCENA

ANGELA ACUÑA

 UNA CREACIÓN

DEL DRAMATURGO Y PUESTISTA CHILENO

LUIS BARRALES

ÉXITO DE PÚBLICO Y CRÍTICA

EN CHILE, URUGUAY

Y EN EL CULTURAL SAN MARTÍN DE BUENOS AIRES

Las reconocidas actrices Juana Viale y Victoria Césperes luego de haber estrenado el espectáculo “La sangre de los árboles” en Santiago de Chile a principios de año, hacer una breve temporada en el Cultural San Martin de Buenos Aires y en la sala Verdi de Montevideo, y de recibir elogiosas críticas en los tres países, regresa por solo 20 funciones a Buenos Aires y al maravilloso espacio del Teatro El Picadero.

“La Sangre de los Arboles” del joven dramaturgo y director chileno Luis Barrales es un poético espectáculo teatral que conmueve al espectador desde que comienza la obra hasta el final.

​​Este drama contemporáneo que interroga las relaciones de parentesco hace al público adentrarse en un mundo onírico y real.

Bajo la mirada del reconocido director chileno Luis Barrales Guzmán, ambas actrices ponen de manifiesto su talento sobre el escenario y debajo de él, ya que es una obra enteramente gestionada por ellas, desde la concepción hasta la gira internacional.

LA OBRA

Los lazos del parentesco son relaciones en permanente construcción, donde la filiación genética resulta muchas veces sometida al constructo cultural que informa ese parentesco. ¿Qué es eso que hace que dos personas se constituyan como hermanas?

Ahí se levanta el interrogante inaugural que moviliza “La Sangre de los árboles”, puesta en escena que explora el dilema sobre la relación de dos posibles hermanas que cruzan tiempos y enfrentan posibilidades y decisiones que se toman o no, como si todo aquello que no hicieron siguiese ocurriendo en otra dimensión espacio tiempo, sospechosamente cercana a la que habitan.

Un equipo de amplia trayectoria que mezcla distintas disciplinas y nacionalidades, nos presenta un drama contemporáneo que interroga los misterios de las relaciones de parentesco y las despliega dinámicamente, como una cinta de Moebius donde no es posible distinguir dónde está el inicio y dónde el final.

Las actrices y la música son protagonistas en este bello texto y puesta de Luis Barrales.​​

LA COMPAÑíA

La argentina Juana Viale y la uruguaya María Victoria Césperes, se ponen bajo las órdenes del reconocido director chileno Luis Barrales Guzmán.

Ambas actrices, que cuentan con extensos recorridos por el cine, la televisión y el teatro, se juntan por primera vez como compañía para presentar una historia profunda y conmovedora sobre los lazos familiares.

Un desafío que comenzó como una charla y se convirtió en realidad gracias al intenso trabajo de ambas que, desde Sangra Producciones, gestionaron la totalidad de esta obra, desde su concepción hasta su gira internacional.

Tras haber debutado con éxito en Santiago de Chile y Montevideo, la compañía regresa ahora al circuito comercial de Buenos Aires para presentarse en el Teatro Del Picadero luego de haber sido un suceso y agotar localidades en el Centro Cultural ​​San Martín.

FICHA TÉCNICA

Dramaturgia y dirección: Luis Barrales

Elenco: Juana Viale y Victoria Césperes

Música en escena: Ángela Acuña

Asistencia de dirección: Benjamín Villalobos

 FUNCIONES

JUEVES A DOMINGOS

 HORARIOS

JUEVES 20.30 HORAS

VIERNES Y SABADOS 22.00 HORAS

DOMINGOS 20.30 HORAS

 LOCALIDADES DESDE $250 

TEATRO EL PICADERO

Pasaje Santos Discépolo 1857

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Solo en mí podés confiar

Los Monstruos3

Toda propuesta teatral que está en El Picadero, es garantía de calidad y de eso no cabe ninguna duda. Es relajante que eso ocurra y así poder ir con los ojos cerrados a disfrutar y dejar que nuestras emociones broten sin que medie la razón.

La Bienal de Arte Joven de este año tuvo una oferta muy amplia en cuanto a espectáculos y, sin dudas, Los Monstruos fue una de las más solicitadas. Desde el primer día que se podían hacer reservas, al mediodía ya no había más entradas. Luego de estar unas horas antes, todos los que no tenían la suya pudieron obtener alguna gracias a la tarde lluviosa y fría.

Los Monstruos (escrita y dirigida por Emiliano Dionisi) es una comedia musical dramática que tiene como protagonistas a Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo, los cuales interpretan a dos padres que tienen vidas bastante similares en cuanto a cuestiones primordiales de dichos roles.

Cabe resaltar su excelencia vocal, escénica y actoral que ya vienen demostrando desde otros musicales (Chiesa en Casi Normales y Cociuffo en Ghost), en los cuales tuvieron su impronta y huella para seguir luciéndose.

Con una estética moderna, minimalista y con todo lo necesario para que los actores se luzcan, tienen inclusive el acompañamiento de músicos en vivo que le otorgan un plus a la pieza artística.

Al comenzar la obra se puede observar el relato de uno y luego el del otro, sin que éstos se conecten entre sí. Como si se tratara de dos dramaturgias distintas, separadas por una línea imaginaria. Esto fue lo que más atrapó mi atención y no pude dejar, de ahí en más, en inmiscuirme en la historia. Mejor dicho, en ambas historias tan bien armadas, profundizadas y con detalles tan reales y a la vez “invisibles” en ciertos momentos de la realidad real.

Casualmente él es padre de un varón y ella de una nena. Casualmente sus hijos tienen ciertas dificultades para relacionarse con niños de su edad y, a la vez, no son integrados por sus correspondientes grupos. Esta temática, en la actualidad, es moneda corriente. Y, como tal, es desvalorizada, naturalizada y tirada a la basura; afirmándose qué tipo de tratamientos deben mantener los chicos -sin tomar en cuenta la postura e idiosincrasia de sus padres o responsables-.

Los padres también fueron niños y no siempre felices. Pero, ¿cómo se resguarda o protege ante diferentes adversidades?

Un nene macabro y travieso, una nena tímida y callada. Ambos infantes receptores de culpas no resueltas por parte de quienes solo deberían darles amor y alegría. De quienes solo deberían esperar buenos gestos y orientación.

Quiero sentirme viva con vos – menciona la madre, refiriéndose a su intimidad, una intimidad que no siente estar encauzando por la sobreprotección que le otorga a su hija y los cuidados excesivos a los que la somete sin dejarla respirar y decir lo que en verdad le sucede… cuál es su pena.

Una de las escenas más emotivas ocurre de la mano de la dupla que, unida, le canta a sus pequeños: Ya deberías saber, que solo en mí podés confiar. Yo no soy de esos papás, que dan la espalda cuando la necesitás. Todos tus secretos, conmigo, seguros están.

No existe motivo para que se desconfié de ellos. Me refiero a los padres, ni para que se ponga, evidentemente, en tela de juicio sus procederes. Pero, a medida que los monólogos avanzan y los diálogos entre ellos y sus hijos (ausentes físicamente pero recreados espiritualmente) se suceden; es posible entender los dos focos principales de Los Monstruos.

Uno de ellos es la fragilidad que tienen estos adultos -al igual que todos-, debilidades no asumidas y, de ese modo, ocultadas. Y, la otra, se refiere a la ambivalencia que tiene todo mortal al pretender debatirse entre obligaciones y culpas.

Sobre estas dos cuestiones irá oscilando la dramaturgia, la cual provoca risas en el público, hasta centrarse en uno de los relatos más angustiantes -el cual desperterá la conciencia de todos los presentes- que le otorgarán una mirada diferente al musical.

Es posible conmover con el canto, con la palabra y con el silencio mismo. Así como es probable que Emiliano Dionisi esté tocado por la varita mágica, la cual lo acompaña por todas sus decisiones artísticas que realmente son grandiosas y merecen éxito en todos sus sentidos.

¿Puede considerarse monstruo aquel humano que tenga sentimientos feos y oscuros?

¿Dónde está el límite entre la bronca y la violencia?

Los niños que no tienen verdadero espacio en esta obra, más que el que sus padres le dan, hablando por ellos y siendo ellos, entrometiéndose en sus pieles y deseos; hasta invalidarlos por completo.

Dramaturgia: Emiliano Dionisi. Elenco: Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo. Músicos: Gianluca Bonfati Mele, Matías Menarguez, Martín Tincho Rodríguez y Juan Pablo Schapira. Vestuario: Marisol Castañeda. Escenografía: Compañía Criolla. Diseño de luces: Claudio Del Bianco. Letras de canciones: Martín Tincho Rodríguez. Producción ejecutiva: Compañía Criolla, Sebastián Ezcurra. Asistentes de dirección: Juan José Barocelli, Julia Gárriz. Dirección: Emiliano Dionisi. Funciones: miércoles 20.30 hs. Teatro El Picadero.

Mariela Verónica Gagliardi

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Vivito de antes y de ahora

Vivitos y coleando

Hace varios meses me acerqué a ver la obra Vidé, la muerte móvil en que actuaba Carlos March. Una puesta realmente fuerte, conmovedora, llena de humor e ironías por doquier. Pero, no es motivo de esta nota volver a mencionar dicha dramaturgia sobre la que ya escribí en su momento, sino el citar a este artista que hace un tiempo volvió a las andanzas con Vivitos y coleando, el musical que allá por 1986 estrenaba Hugo Midón junto a Carlos Gianni, con un elenco que es mitad nuevo y mitad el mismo de siempre.

De pequeña no tuvo la oportunidad de ir a una función de este clásico infantil así que unos cuantos años después me emocioné al poder hacerlo. Ser periodista no es una profesión fácil ni siempre placentera, así como tampoco es recurrente el ver espectáculos que motiven mi escritura.

Vivitos y coleando me puso la piel de gallina, en primera instancia por la cantidad enorme de adultos que sacaron su entrada sin venir con niños, sino para recordar aquellos tiempos en que las canciones se componían de una manera única y especial, en que las melodías eran pegadizas y en que los más chiquitos tenían la posibilidad de crecer rodeados de amor, ternura y enseñanzas de la mano de estos autores.

La obra transita todas las canciones del disco, los actores cantan en vivo y los espacios se van recreando de un modo especial como para dar pie al tema siguiente.

No son solo frases evocadas sino escenas conformados excelentemente, con intérpretes -idóneos a nivel artístico-, y la calidez de todo aquel que se para en el escenario para transmitir un conjunto de emociones a sus espectadores. Ese momento es y fue lo que permite y permitió que la función vuele más alto que un ave y recorra los corazones de bebés, infantes y adultos.

En cuanto a la escenografía, está conformado de tal manera que nada sobra, sino que es lo necesario para permitir una narración ubicada en tiempo y espacio. A su vez, la iluminación va invadiendo de colores los diferentes espacios y estos siete payasos nos invitan a viajar por una época importantísima, pos dictadura en que era preciso respirar de alegría y serenidad.

“Esto de pelearnos todo el día por llenar nuestra alcancía, no va más. Esto de agarrarnos de los pelos, por los celos, no va más. Habrá que hacer lo necesario para que estemos bien, sin hacernos daño” (No va más).

¿Qué diferencias artísticas existen entre esos años ochenta y la actualidad?

En principio hay que analizar el social-histórico que nos tocó a nosotros, a nuestra generación. En los 80´ había todo un desborde de deseo, de entusiasmo, de ganas y de toda una descarga de una época de oscuridad, de represión, de dolor, de muerte, de todo lo que ya sabemos que pasó… inevitablemente, fue como una explosión artística donde lo técnico y demás cosas que tienen que ver con lo profesional, con la búsqueda de estética y de perfecciones no era lo más importante. Ahí lo importante era la libertad de hacer lo que uno quería y descargar, como una efusividad (propia de cuando se destapa una olla a presión), entonces salió todo a borbotones.

Y cuando las aguas se fueron calmando (no sé si es bueno o malo), aparecieron otros objetivos, otras consecuencias y en el caso mío me pude dedicar más a eso, a la estética, a la búsqueda de lenguaje, a encontrar maneras de expresar que sean más representativas, seleccionar un poco más el material, con quién trabajar -lo que te da un poco la calma de todo eso, ¿no?-; poder separar la paja del trigo, disfrutar de lo que uno va haciendo y tratar de evolucionar, de mejorar.

Despues de casi tres décadas, ¿qué cosas cambiaron en Vivitos y Coleando?

De eso se encargó Manuel González Gil que, justamente, para eso y otras cosas, lo convocamos a él. 

Ser dirigido por Hugo Midón, durante tantos años, trabajando material de él, formando parte de un equipo que con los años se fue consolidando y fue generando un lenguaje que hoy todavía sigue vigente… era complicado quién nos iba a dirigir. Nosotros conocíamos el material, con Roberto (Catarineu) nos encargábamos un poco de lo estético y, de transmitir esa estética a los compañeros más jóvenes que estaban convocados. Pero decidimos desligarnos de eso y confiar en un director que supiera interpretar eso. Creíamos que Manuel era el más indicado, por una cuestión de generación también, por una cuestión de afinidad de él hacia el material -porque nos conocimos cuando ellos hicieron Los Mosqueteros-. Y, además, Manuel se entusiasmó muchísimo cuando le preguntamos. Más allá de que nosotros confiábamos en la mirada de él; a mí me sorprendió mucho su aporte y en cuanto a aggiornar el material, de la manera que lo hizo -con las luces y el sonido-.

Queda como un music hall para niños.

Queda una cosa raramente atractiva.

Por más que hizo adaptaciones a cuestiones contemporáneas, uno se siente en los 80´.

Ahí aparece el espíritu hoy.

No es como un túnel con telarañas.

Se sacudió el polvo y apareció hoy lo mejor: un aggiornamento y una mirada moderna, humanizada. Y, también, aportó muchísimo Jorge Ferrari y su escenografía que es muy puntual, muy chiquitita, muy sencilla -no hay trazos gruesos-. Además, es un amigo de muchos años, nos conocemos. Entonces, conociendo con quién trabajás, salen estas cosas. Bueno, Mónica Toschi (vestuarista) que siempre trabajó y lo de ella siempre es muy apropiado y atinado y de muy buen gusto; siempre dentro de lo austero (del espíritu de lo que es la obra de Midón).

Hay espectáculos que quedan marcados en una sociedad entera. Este es uno de ellos. ¿A qué creés que se deba el éxito?

Con los años de ir haciendo teatro he comprobado que el éxito es algo inexplicable…pero en el caso de Vivitos y Coleando, podría decir que no lo es. Haciendo un poco de historia, y partiendo de la dupla Midón-Gianni y de la continuidad de trabajo con ellos y con mis compañeros, Catarineu y Tenuta,se fue conformando una estética que se transformó en un movimiento teatral yo diría que de culto. Lo de ahora no es más que el resultado del ejercicio de la memoria de lo hecho mas la sumatoria de nuevas generaciones que crecieron como espectadores de aquél fenómeno y un público memorioso que respondió con nostalgia y entusiasmo a la propuesta de volver a encontrarnos.

¿Cómo manejaste esa gran dicotomía entre ser parte de Vidé, la muerte móvil y Vivitos?

Uno para eso se entró, estudió, se preparó y tiene una predisposición natural a abordar lo que uno elige para hacer. No fue fácil. Para nada fácil. Porque para eso se ensaya, se trabaja, se preparan las cosas. Pero una vez que estrenás, que el material sale a la luz, el público lo empieza a ver, lo empezás a compartir, a desarrollar y a transitar; después se transforma en una tarea -que no es cualquier cosa-.

Más fácil de digerir.

Y, porque es de alguna manera sanador. El teatro es sanador en general. Yo disfruto muchísimo de todo: de hacer Vivitos y de hacer Vidé, que es lo que me representa en toda su dimensión (desde los niños y hasta los adultos), y lo hago con la misma entrega.

Siempre con tap.

Me lo piden (risas de alegría y satisfacción). Estamos hablando de mis referentes en cuanto a teatro: uno, mi maestro Antonio Mónaco que es el que me inmaculó el virus del teatro cuando era joven y estudiaba (y que, justamente, era el que tenía El Picadero en la época que le prendieron fuego durante la dictadura con Teatro Abierto); Hugo Midón y Norman Briski. Norman fue el que me dijo: te vas a poner los zapatos de tap.

Es que le da un condimento, una sutileza.

Ese ruidito para caminar, para diferenciarlo del otro que son botas. Esa sutileza del tiqui tiqui tiqui que es la complicidad civil, que es una especie de Bufón del Rey -que lo acompaña, que lo adula, lo chucea-, convive con él, lo va preparando para la muerte.

Esas vueltas en bicicleta…

Y ese caminar, permanente, en círculo de los dos. Videla transitándolo rectamente, con el color rojo, y el amarillo sinuoso de Biondi.

Hay muchísimas escenas muy fuertes: la del ataúd…

Donde aparecen, además, Pepe Arias, Marrone, Sandrini…

La cruz, esa cruz imponente con la bandera.

Y muchos simbolismos.

Y el Falcon…

El Falcon, ni que hablar…

Y, al mismo tiempo, el lenguaje del grotesco. Como puso Norman en el programa: tenemos derecho a burlarnos. Porque este tema si ya no lo tratás de esa manera, mejor que ya no lo trates, porque ya está.

La propuesta de Vicente Muleiro venía siendo grotesca y patética pero que teatralmente…

Además, al ser el escenario a lo largo permite observar todo en todo momento.

El espacio que tiene Norman es muy seductor.

Con esa escalerita.

Y propone, teatralmente, jugar y utilizar todo lo que hay.

¿Qué opinás de lo que cree un sector de la población acerca de que actualmente no hay democracia?

Eso no merece ya ningún tipo de comentario.

¿La democracia de los 80 era más democrática que la vigente?

Lo de la democracia es así: hay bemoles, hay idas y vueltas, cosas buenas y cosas para mejorar; pero siempre es lo mejor que hay. No hay ningún sistema mejor hasta ahora. Si se hubiera inventado, estaría apoyándolo. Lo importante es cómo nos manejamos dentro de la democracia.

Si yo vivo en democracia pero soy un intolerante -si soy todo eso que se dice desde el odio, desde el resentimiento, de la crítica y nada más- … además somos una democracia joven (comparada con otras democracias a las que siempre nos queremos parecer), pero no nos estamos fijando nosotros lo que estamos haciendo mal para ver qué son. Entonces estamos navegando siempre entre esos recovecos complicados.

¿Si Hugo Midón estuviera presente qué diría?

No sé, tengo miedo (con tono contento). Porque era una persona tan exigente, tan cuidadosa de su material… no me animo a decir…

Yo creo que aplaudiría.

Sí, yo creo que sí. Creo que estaría contento. No sé cómo reaccionaría porque era muy hermético en su manera de expresar sus sentimientos. Me imagino que mal no estaría porque el espíritu existe, sigue estando. Al verlo a Gianni, cuando viene, está contento… ahí me doy cuenta que lo estaría (Midón).

Iría como en efecto dominó.

Hay mucha afinidad entre ellos y coincidían mucho estéticamente en sus gustos y demás.

¿Pensás que la gran cantidad de espectáculos que hay para ver en la Ciudad de Buenos Aires es para satisfacer los diferentes gustos del público o necesidad de los propios actores por hacer lo que les interesa?

Y, debe haber. Yo no he visto todo. Como todo, hay de todo. Yo supongo que lo más difícil es juntar esas dos cosas. Yo lo que hago lo hago para mí y en la medida que lo que yo haga para mí sea coherente, sea honesto, idóneo en cuanto a cómo comunicar y cómo contar y mostrar un trabajo; supongo que, del otro lado, tiene que suceder algo parecido. Creo que está bien que uno trabaje para uno. Ahora, lo que vos decís, si lo vemos con la mirada del ego (el ego es un arma de doble filo), si vos trabajás nada más que para vos… eso no quiere decir que hagas las cosas que la gente quiere escuchar.

Lo interesante del teatro es que cuando uno se mete en algo y quiere transmitir algo, se mete en un sin red que no sabe después qué va a pasar, y ahí está el riesgo. Sin riesgo tampoco hay satisfacción de buenos resultados.

El teatro es mágicamente inexplicable. Hay espectáculos que son muy buenos y el público no responde como debería y como uno cree que debería. Pero como todo es tan subjetivo, no tiene explicación.

¿Qué sensaciones vas teniendo a lo largo de la obra?

Estoy a 50 centímetros del piso siempre. Si querés una imagen: no me doy cuenta dónde está el piso. Es ese estado medio de levitación donde no aparece el pensamiento… es una eternidad que, en algún momento, me dice que paró, que terminó. Por ejemplo, ahora que estoy hablando con vos.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un baño de juventud

Forever young1

La música como herramienta fundamental para alegrar corazones y demostrar cuán necesaria resulta en la vida. La música como disparadora de ideas renovadoras, como trampolín para montar la obra, en vida, más sensacional.

“Forever Young” (escrita por Eric Gedeon y dirigida por Daniel Casablanca) es una obra de teatro musical que representa a un grupo de ancianos, muy particulares, los cuales viven en un geriátrico que se debate entre lo que debe ser y lo que es. Paco Mir, Joan García, Carles Sans, Pablo Kompel, Sebastián Blutrach y Daniel Casablanca; son los responsables de esta adaptación que permite sentirla más local que la original. Una enfermera, a diario, intenta poner orden a estos viejitos -tan simpáticos- que pretenden rejuvenecer, constantemente, a partir de las melodías interpretadas por el pianista Gaby Goldman.

Las jornadas transcurren de un modo lineal y reiterativo, en que los ancianos toman sus medicinas, hacen ejercicios para estirar las articulaciones y coordinar movimientos. Pero, en cuanto la puerta se cierra, comienzan la fiesta cotidiana en que unos bailan, otros posan, otros demuestras quiénes son y, los demás, acompañan con sonrisas. Cada uno tiene su momento de lucidez, en que recuerda el pasado de la mejor manera, cuando las canciones de los setenta -en adelante- surgen en el aire, para mimetizarse con sus estados de ánimo, sus costumbres, sus raíces y sus identidades. Se puede disfrutar de Belén Pasqualini y Mariela Passeri, quienes lookeadas de una manera tan excéntrica, consiguen las carcajadas del público desenfrenadamente. De un Walter Canella, envejecido y travieso. De un rockero como Germán Tripel que demuestra cómo aún crecidito puede seguir siendo ordinario. De un marido correcto como Christian Giménez y de una enfermera piadosa como Andrea Lovera. Todos, absolutamente todos, conforman un dream team fenomenal, consiguiendo personajes distintos e interpretaciones bien logradas. Esto es un éxito y no solo por la sala que aplaude sino por la unidad entre ellos, por la pasión dejada en el escenario y la mascarilla de oxígeno olvidada de usar. Imposibles anotar todos los nombres de tantas canciones que suenan a lo largo del musical, evocadas naturalmente por estos personajes que se compran nuestros corazones y de quienes deseamos aprender ciertas cosas para disfrutar llegado el momento. Pero, algunos de los más conocidos y que resuenan en el ambiente son: I love rock & roll, Roxanne, Sweet dreams, Get up stand up, Smells like teen spirit, Bridge over troubled water, Barbie girl, I will survive y Forever young.

Canciones del género pop y rock, enteras, fragmentadas, amadas antes y ahora. Necesarias para que los dolores físicos no los traumen, copitas de vino para calentar esos músculos entumecidos y castigos oportunos para que sientan el rigor en algún plano de sus vidas. Un rigor que, desde ya, es solo a modo de aprendizaje.

Cabe resaltar uno de los mejores momentos de la historia que ocurre cuando montan una obra, espontáneamente, con diálogos y todas aquellas acciones que quieren darse el gusto de llevar a cabo. Una torre humana que se desvanece como sus pieles suaves, como la fragilidad de sus huesos al caer, como el tirano paso del tiempo que les avisa sobre su vejez -una vejez innecesaria-.

El pasado no podrán recuperarlo, pero sí todo aquello que los enorgullecía y que les permitía seguir adelante.

Una muestra de cómo exprimir la vida al máximo, a pesar de cualquier enfermedad que se pueda tener, valorizando cada minuto y haciéndole sentir al corazón que son por siempre jóvenes, por siempre bellos y por siempre vivos.

Entre el idioma inglés y el castellano, se va dibujando un mural de colores en que estos artistas se convierten en los protagonistas de sus propias vidas. Como deberíamos serlo todos. Quizás, por haber vivido demasiado, ya no le teman al ridículo, al papelón ni al qué dirán.

Del orden, al desorden, de la rigidez al desdoblamiento, de la seriedad a la risa eterna y de la vejez a la juventud.

Ellos son más jóvenes que cualquiera porque han aprehendido y ahora están de vuelta. El geriátrico es lo que menos les importa. Ese lugar es su casa, como podría serlo cualquier otro espacio. Lo relevante es que supieron absorber las fragancias y melodías para nunca sentirse solos.

ficha Forever young

Mariela Verónica Gagliardi

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Bohemia y popular

Bohemia noche19

“Agua del río viejo, llevate pronto este canto lejos, que está aclarando y vamos pescando para vivir”.

Cuando alguien es tan famoso, resulta imposible desvincularlo de su lazo sanguíneo sin decir: la hija de… Pero, en esta oportunidad, ella también se hizo su propio camino, trayectoria y un nombre que no debe ser asociado -en primera instancia- con la la cercanía a su madre.

Ligia Piro es un sello que integra varias sensaciones, además de profesionalismo y vocación por el canto. Ligia es una artista que convierte una sala de teatro como la del Picadero en un living de casa. Tiene un don especial como para hacernos sentir un público con identidad y no uno que compró un ticket.

Recuerdo a la cantante de años atrás, avocada al jazz y, ahora, ella misma abrió sus alas para disfrutar y hacernos aliados de una aventura más popular. Teniendo en cuenta a los que partieron hace poco, van resurgiendo con sus melodías en escena y los arreglos musicales que convierten a las canciones tan conocidas en versiones diferentes. La no imitación, da satisfacción.

Un espectro musical muy amplio, recorrió Ligia junto a sus músicos (). Desde folklore hasta pop, invadieron las tablas en una gran noche de tormenta. Y, ultimamente, diría que la lluvia viene dejando huellas tan especiales que ya no atemorizan a nadie. Ningún noticiero que muestre rayos asesinos, logran desplezar al arte de escena.

“Te juro por los dos que me cuesta la vida” (Verdad amarga – Consuelo Velázquez), afirma en un momento, el bolero, tan tenazmente; y, momentos más tarde, El monigote (canción tradicional venezolana) aparece para quedarse: “Vendo este monigote, se lo vendo por dos reales. Y si no tiene dinero, me lo paga con un baile”.

Esta letra marca un quiebre en el recital ya que se trata de su infancia, de cuando con tan solo ocho años escuchaba dicha canción y soñaba con cantar. Veía a su madre y pretendía, algún día, estar en su lugar. Este sueño se convirtió en su estilo de vida del que añora -por momentos- a la Ligia bohemia. Ser bohemio es no prestarle atención a la hora, nos dice. Actualmente, quizás, se mezcle un poco este término con el hippismo, autonombrándose -quienes no tienen una meta clara- con alguno de ellos como para sentirse parte.

Ser bohemio es estar descontracturado, también nos cuenta. Y sí. Para eso creo este ciclo de conciertos semanales que nos permiten viajar a un lugar especial, en el cual nos sumergimos sin pensar, dejando que nuestros oídos escuchen esas notas que, seguramente, nos remitirán a un momento del pasado.

“No quiero soñar mil veces las mismas cosas, ni contemplarlas, sabiamente, quiero que me trates suavemente” (Tratame Suavemente – Gustavo Ceratti). Imposible no llorar de alegría y tristeza a la vez, cuando esta letra se incrusta tan profundamente en el alma que pidió para que el artista despierte. No pudo ser, como tantas cosas que se tornan imposibles. “Tan solo un pañuelo, al cielo se me olvidó, se te olvidó” (Canción de lejos – Chaqueño Palavecino).

Bohemia noche19

Casi veinte canciones suenan a lo largo de esta velada, en la que se pide un bis y otro bis y otro más. Los argentinos somos pedigüeños y, siempre, queremos más. Pero Ligia, ahora es madre y, su hijo, a un lateral la observa con una mirada de amor eterno. “Ya lo estoy queriendo. Ya me estoy volviendo, canción” (Barro tal vez – Luis Alberto Spinetta).

Y en cuanto el recital avanza, se produce otro hito importante: la llegada al escenario, del músico y compositor, Nahuel Pennisi. Mis párpados se convirtieron, en ese momento, en una especie de limpiaparabrizas ineficientes para secar o quitar tantas lágrimas. Existen muy buenas voces en el país, pero, tal como lo presentó la propia Ligia, es un ángel. Su caudal de voz, unido al de ella; se fusionaron tan deleitosamente al oír “Oración del remanso” (Jorge Fandermole). Anterior a este momento tan especial, Nahuel interpretó una canción de su propia autoría sobre la cantante tucumana: “Mercedes, como un ángel perseguido por los asesinos de la paz”

Un desfile de estilos rítmicos tuvo lugar en una noche mágica en que las gotas limpiaron el cielo, mientras Ligia quiso retornar al Café concert, contando anécdotas, sentimientos, sensaciones, placeres y una enorme calidez humana. Canciones en portugués, castellano e inglés; conformaron una nostalgia que no solo está impregnada en el tango arrabalero sino en cada poeta y narrador.

Ella, ahí parada -con su peinado recogido y una bonita vestimenta-, mirándonos sin ver una masa, saludando a sus amigos en la platea y agradeciendo.

Bohemia noche1

Mariela Verónica Gagliardi

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Se estrena “La noche del ángel” con actuación y dirección de Federico Luppi

La noche del ángel

El domingo 17 de febrero sube a escena el espectáculo “La noche del ángel”, escrita por el prestigioso y multipremiado dramaturgo italiano Furio Bordon y traducida, adaptada y dirigida por Federico Luppi, quien también protagonizará la obra junto a la actriz, directora y dramaturga española Susana Hornos y el actor Nehuen Zapata. La obra se presentará los domingos a las 18.30 y los lunes a las 21 en el Teatro Picadero -ícono de la memoria de la cultura de la resistencia-, ubicado en Pasaje Discépolo 1857 (ex Pasaje Rauch) – C.A.B.A.

En “La noche del ángel”, un padre, viejo actor que cree que la vida transcurre en un escenario, invade por sorpresa la casa de su hija. Ella, psicóloga, trata de controlar en cada momento las emociones y la turbación que le causa su presencia. La noche se convierte en un duelo intenso pero en sordina, donde ninguno de los dos quiere descubrirse. Sin embargo, la visita inesperada de un joven paciente de ella hará que todo se modifique y que nada en sus vidas vuelva a quedar donde estaba.

La noche del ángel” es una obra donde el auténtico pulso de la trama está en lo que no se cuenta.

El dramaturgo, director y novelista italiano, Furio Bordon, comenzó su carrera como escritor a los 20 años en la RAI. Escribió para teatro, televisión y radio. Entre sus obras se destacan: “Querido Elvis, querida Janis”, con la cual ganó el premio a mejor pieza teatral del año otorgado por el Instituto de Teatro Italiano,“Las últimas lunas” con la cual se despediría de los escenarios Marcello Mastroianni poco antes de fallecer en París,  y “La noche del ángel” con la que conquistó los grandes escenarios europeos. Al respecto, Federico Luppi sostiene: “Hace muchos años que leí esta pieza y decidí que quería hacerla; el autor, Furio Bordon siempre me ha resultado de una sensibilidad y un coraje sincero en sus obras. Decidí que este texto y lo que trae a escena merecían la pena ser contados”.

Cabe destacar que Federico Luppi se encuentra realizando trabajos de traducción y adaptación de otras obras de Furio Bordon a fin de trabajarlos y presentarlos en los próximos meses. Respecto a la actriz Susana Hornos, co autora y co directora junto a Zaida Rico de la renombrada obra teatral “Granos de uva en el paladar”, se encuentra preparando su próxima obra “Pinedas tejen lirios”, a estrenarse en julio de 2013; además de presentar diversos trabajos actorales en España y Argentina y de haber recibido el premio actriz revelación en el Festival de Toulouse (Francia) por la película “Pasos” de su autoría.

Ficha artística-técnica

Dramaturgia: Furio Bordon / Traducción y adaptación: Federico Luppi / Actúan: Federico Luppi, Susana Hornos, Nehuen Zapata / Escenografía y vestuario: Nicolás Nanni / Música: Iván Nilson / Iluminación: Adriana Antonutti / Títere: Gustavo Garabito / Fotografía: Akira Patiño / Maquillaje y peinado: Néstor Burgos / Diseño Gráfico: Sergio Calvo / Prensa: Marisol Cambre / Producción ejecutiva: Pablo Silva y Susana Hornos / Asistencia: Tony Chávez, Eliana Sánchez / Asistencia de Dirección: Milagros Plaza Díaz / Dirección: Federico Luppi / Estreno: Domingo 17 de febrero a las 18.30 hs / Funciones: Domingos 18.30h s. y Lunes 21 hs / Teatro Picadero | Pasaje Discépolo 1857 – CABA / Localidades $100 y $120 / SILVA Producciones teatro.

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La historia del Sr. Sommer

 Última función: domingo 18 de noviembre

De Patrick Süskind. Con Carlos Portaluppi. Dirección: Guillermo Ghio.

El protagonista llega a lo que parece ser un estudio de arquitectura que está siendo reparado. La paradojal situación, pone de manifiesto un cierto desorden o caos que propicia el re acomodamiento de algunos acontecimientos de su vida. En ese desorden, al buscar algún elemento de su profesión lo asaltarán los recuerdos de su infancia que lo llevarán a revisar el recorrido de su vida y descubrir un hecho postergado desde su adolescencia y que coincide con el ingreso en la adultez, con todos sus misterios.

Funciones: domingos a las 18:30 hs. Localidades: $ 80.- y $ 100.-

Teatro Picadero – Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857 (a metros de Corrientes y Riobamba)

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