*** Agosto 2017 ***

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La belleza de un poema y la esencia del amor

Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac, nació en París el 6 de marzo de 1619. En la actualidad es recordado, entre otras cosas, por la obra del dramaturgo Edmond Rostand, que se basa en la vida de este ilustre poeta y soldado. La obra siempre fue exitosa y fue llevada, incluso, al cine (por ejemplo, en los años noventa, teniendo como protagonista a Gerdad Depardieu).

Qué buscaba este revolucionario, qué persiguen los enamorados, hacia dónde van cuando sienten que todo está perdido para sus corazones.

El amor. Qué tema más heroico, controversial e inevitable en la vida de todos los humanos.

La Compañía Criolla vuelve a deleitarnos con otra de sus propuestas escénicas, de la que toma el clásico de Cyrano de Bergerac para convertirlo en una versión más nativa para niños (y adultos, como siempre).

Así es como Cyrano de más acá (escrita y dirigida por Emiliano Dionisi) se traslada de Francia a Buenos Aires, con un estreno a sala llena en el Teatro Cervantes. La nueva comedia musical dará mucho de qué hablar y cautivará a todas las familias que pongan un pie en la calle Libertad.

Estoy convencida de que hacer un espectáculo para niños es muchísimo más intrincado que uno para adultos, sin desmerecer a nadie. Permitir que un infante se interese por el arte, que escuche y vea una historia (que, tal vez, anteriormente leyó o le leyeron) es algo increíble. Único. Por eso es que la cultura no es un plato sobrante sino principal, junto con la educación.

¿Por qué es importante la historia de este poeta sii hubo tantos hombres inteligentes, que enamoraron y cautivaron?

Cyrano tuvo el don de ser leal a sus valores, poniendo en primer lugar su amistad con Cristian y evitando romperle el corazón.

Para quienes no conocen la trama, les cuento que durante el periodo Barroco, en Francia, existió este ser tan particular que logró mezclar sus ideas libertinas con la escritura y su espontaneidad. Él estuvo durante toda su vida enamorado de su prima Roxane, la cual jamás se habría fijado en su persona. En primer lugar por su parentesco y, en segundo lugar, porque estaba obnubilada por el atractivo físico de Cristian. Claro que esa visión cambia, a lo largo del tiempo, cuando deja de ser superficial y conoce lo que es el romanticismo.

Cyrano de más acá tiene esa impronta fresca que con frases modernas, de nuestra época y lugar, captan incluso al menos leído. Cyrano es feo, tiene una nariz muy grande pero, sin embargo, es el hombre más deseado por todas las mujeres. Incluso por Roxane, sin ella saberlo aún.

La dramaturgia se sostiene a lo largo del tiempo y de cada una de las cartas que Cyrano le redacta a su prima, con la firma de Cristian. De esta manera, los dos logran enamorarla, aunque ella tarda toda su vida en saberlo. Recién cuando su primo está por morir, recita una de sus cartas (de memoria) y, así, ella descubre la verdad. Para ese entonces, Cristian (el que creía su gran amor) ya había fallecido, décadas atrás, en la Guerra de los 30 años.

Entonces, cabe preguntarnos, qué habría sido de estos mortales si se hubieran amado libremente, a pesar de todo y más allá de todo.

Quisiera hacer mención a la puesta en escena que es realmente grandiosa, que consigue situarnos en los dos lugares en que se desarrolla la acción, en la iluminación que persigue cada uno de los cuadros de cada situación (porque verlos interpretar a estos actores se torna visible, palpable, real e imposible de olvidar), en la música en vivo que, como siempre, suma un plus y en la perfecta dirección de Dionisi.

Considero que Roberto Peloni es el Cyrano más bello que pudiéramos tener y que consigue tomar la esencia del francés, persiguiendo su misión (al menos la única que se atreve a explorar). Julia Garris es la muestra de femenidad absoluta que pretende ser fiel a su sentir durante toda la vida. Talo Silveyra enaltece, como siempre, ese don para expresar ternura y es así como este trío conmueve desde que aparece en escena hasta que se cierra el telón. Estos talentosos son acompañados por Horacio San Yar, otro excelente actor que lleva adelante la complejidad de interpretar a varios personajes y de hilvanar los hitos de esta gran historia, también uniéndose a la tribu maravillosa.

Me emocioné, lloré, reí, vibré, me conmoví y recordé cada una de las obras que vi de esta compañía. Por eso es que resulta imposible no recomendar una y otra vez.

Mientras sigan existiendo elencos de esta magnitud es que el teatro será infinito, el arte podrá seguir desplegando sus alas y la inocencia de los niños ser conservada como tal.

Mariela Verónica Gagliardi

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Solo en mí podés confiar

Los Monstruos3

Toda propuesta teatral que está en El Picadero, es garantía de calidad y de eso no cabe ninguna duda. Es relajante que eso ocurra y así poder ir con los ojos cerrados a disfrutar y dejar que nuestras emociones broten sin que medie la razón.

La Bienal de Arte Joven de este año tuvo una oferta muy amplia en cuanto a espectáculos y, sin dudas, Los Monstruos fue una de las más solicitadas. Desde el primer día que se podían hacer reservas, al mediodía ya no había más entradas. Luego de estar unas horas antes, todos los que no tenían la suya pudieron obtener alguna gracias a la tarde lluviosa y fría.

Los Monstruos (escrita y dirigida por Emiliano Dionisi) es una comedia musical dramática que tiene como protagonistas a Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo, los cuales interpretan a dos padres que tienen vidas bastante similares en cuanto a cuestiones primordiales de dichos roles.

Cabe resaltar su excelencia vocal, escénica y actoral que ya vienen demostrando desde otros musicales (Chiesa en Casi Normales y Cociuffo en Ghost), en los cuales tuvieron su impronta y huella para seguir luciéndose.

Con una estética moderna, minimalista y con todo lo necesario para que los actores se luzcan, tienen inclusive el acompañamiento de músicos en vivo que le otorgan un plus a la pieza artística.

Al comenzar la obra se puede observar el relato de uno y luego el del otro, sin que éstos se conecten entre sí. Como si se tratara de dos dramaturgias distintas, separadas por una línea imaginaria. Esto fue lo que más atrapó mi atención y no pude dejar, de ahí en más, en inmiscuirme en la historia. Mejor dicho, en ambas historias tan bien armadas, profundizadas y con detalles tan reales y a la vez “invisibles” en ciertos momentos de la realidad real.

Casualmente él es padre de un varón y ella de una nena. Casualmente sus hijos tienen ciertas dificultades para relacionarse con niños de su edad y, a la vez, no son integrados por sus correspondientes grupos. Esta temática, en la actualidad, es moneda corriente. Y, como tal, es desvalorizada, naturalizada y tirada a la basura; afirmándose qué tipo de tratamientos deben mantener los chicos -sin tomar en cuenta la postura e idiosincrasia de sus padres o responsables-.

Los padres también fueron niños y no siempre felices. Pero, ¿cómo se resguarda o protege ante diferentes adversidades?

Un nene macabro y travieso, una nena tímida y callada. Ambos infantes receptores de culpas no resueltas por parte de quienes solo deberían darles amor y alegría. De quienes solo deberían esperar buenos gestos y orientación.

Quiero sentirme viva con vos – menciona la madre, refiriéndose a su intimidad, una intimidad que no siente estar encauzando por la sobreprotección que le otorga a su hija y los cuidados excesivos a los que la somete sin dejarla respirar y decir lo que en verdad le sucede… cuál es su pena.

Una de las escenas más emotivas ocurre de la mano de la dupla que, unida, le canta a sus pequeños: Ya deberías saber, que solo en mí podés confiar. Yo no soy de esos papás, que dan la espalda cuando la necesitás. Todos tus secretos, conmigo, seguros están.

No existe motivo para que se desconfié de ellos. Me refiero a los padres, ni para que se ponga, evidentemente, en tela de juicio sus procederes. Pero, a medida que los monólogos avanzan y los diálogos entre ellos y sus hijos (ausentes físicamente pero recreados espiritualmente) se suceden; es posible entender los dos focos principales de Los Monstruos.

Uno de ellos es la fragilidad que tienen estos adultos -al igual que todos-, debilidades no asumidas y, de ese modo, ocultadas. Y, la otra, se refiere a la ambivalencia que tiene todo mortal al pretender debatirse entre obligaciones y culpas.

Sobre estas dos cuestiones irá oscilando la dramaturgia, la cual provoca risas en el público, hasta centrarse en uno de los relatos más angustiantes -el cual desperterá la conciencia de todos los presentes- que le otorgarán una mirada diferente al musical.

Es posible conmover con el canto, con la palabra y con el silencio mismo. Así como es probable que Emiliano Dionisi esté tocado por la varita mágica, la cual lo acompaña por todas sus decisiones artísticas que realmente son grandiosas y merecen éxito en todos sus sentidos.

¿Puede considerarse monstruo aquel humano que tenga sentimientos feos y oscuros?

¿Dónde está el límite entre la bronca y la violencia?

Los niños que no tienen verdadero espacio en esta obra, más que el que sus padres le dan, hablando por ellos y siendo ellos, entrometiéndose en sus pieles y deseos; hasta invalidarlos por completo.

Dramaturgia: Emiliano Dionisi. Elenco: Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo. Músicos: Gianluca Bonfati Mele, Matías Menarguez, Martín Tincho Rodríguez y Juan Pablo Schapira. Vestuario: Marisol Castañeda. Escenografía: Compañía Criolla. Diseño de luces: Claudio Del Bianco. Letras de canciones: Martín Tincho Rodríguez. Producción ejecutiva: Compañía Criolla, Sebastián Ezcurra. Asistentes de dirección: Juan José Barocelli, Julia Gárriz. Dirección: Emiliano Dionisi. Funciones: miércoles 20.30 hs. Teatro El Picadero.

Mariela Verónica Gagliardi

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El arte en las venas

La comedia de los herrores

Nosotros queríamos hacer un espectáculo que pudiesen disfrutar todos, que no sea un espectáculo para chicos que tenga guiños para adultos, sino que la pasen bien todos juntos.

Estaría bueno generar siempre situaciones en que pueda compartir: a veces en el arte, en el cine, en el teatro. Son pocas las oportunidades que uno tiene de compartir con el chico la experiencia y disfrutarlo por igual.

Soy fanático del cine mudo, entonces quería buscar algo que tenga que ver con coquetear con el teatro clásico de Shakespeare, con el cine clásico de Chaplín y Buster Keaton y Harold Lloyd; y de una mezcla así como de una batidora salió la propuesta”.

Estas palabras fueron dichas por Emiliano Dionisi durante el Festival de la Palabra el 22 de marzo, el cual tuvo lugar en Tecnópolis.

Emiliano Dionisi es un talentoso director que no deja de sorprender con su amplia creatividad y puestas en escena.

Desde el año pasado está llevando a cabo “La comedia de los herrores” (basada en la Comedia de las equivocaciones de William Shakespeare) -habiendo recibido muchos premios y ganado el concurso propuesto por La Comedia de Buenos Aires- una de las obras más entretenidas del autor inglés, con más intrigas, ironías y en tono burlesco de principio a fin. Estas características la convierten en una pieza artística maravillosa que es para disfrutar en familia, orientada a todas las edades.

En marzo asistí por primera vez a una función y quise aguardar a una segunda para realizar algunas comparaciones. La primera fue en Tecnópolis, con entrada gratuita y a sala llena. De hecho, hubo gente que se tuvo que quedar afuera porque no cabía ni un alfiler más en la sala, que de por sí era grande.

Esta segunda vez, en un teatro como La Comedia, que oscila entre independiente y comercial, no tuvo el mismo resultado. Con entrada a un precio normal, no colmó la platea. Aquí está el primer rasgo: esta obra quiere ser vista por toda persona que se entere ya que cuenta con una propuesta innovadora que mezcla teatro con cine mudo, con un vestuario en blanco, gris y negro que guarda dicha coherencia con la época y un elenco de actores muy carismáticos, profesionales y que interpretan sus personajes deleitosamente.

Y, no es cierto que una función gratuita sea sinónimo de sala llena, ya que eso sería subestimar al espectador, que de por sí demuestra que tiene criterio para elegir qué ver.

La trama gira en torno a una familia que se separa por un naufragio. Dicha familia estaba compuesta por un matrimonio (Emilia y Egeón) y dos gemelos (llamados ambos Antífolo), a la vez que dos sirvientes también gemelos (y llamados Dromio). Al ocurrir este accidente, Egeón junto a uno de sus hijos y sirvientes, quedan juntos y, su mujer, unida a su otro hijo y sirviente.

Al ser los niños iguales a sus hermanos, este es uno de los factores que provoca a lo largo de toda la dramaturgia, muchísimas confusiones que despiertan el humor infrenable.

Valiendo de y apoyándose en la música, se disfruta de un espectáculo que entrelaza proyecciones visuales (con estilo de film) en que están los mismos personajes que en vivo, ingresando y saliendo de escena como si fuera un efecto en que la fusión del séptimo arte se fusiona con el arte dramático.

Es llamativamente interesante observar este paralelismo ya que tienen que realizarlo sincronizadamente, tanto a nivel de diálogos como de movimientos. Y, de hecho, los compases musicales, los pasos de baile y cada palabra tienen su firmeza y suspicacia para demostrar la excelencia de todo el grupo.

Las equivocaciones entonces, generan conflictos momentáneos, enamoramientos que parecen de antemano frustrados, regalos que no llegan a manos de la persona deseada e inclusive la prisión del erróneo.

Shakespeare delineó esta entramada historia a fines del Siglo XVI pero se publicó recién en 1623. Él se basó en relatos de diversos autores como Plauto, Geoffrey Chaucer y Philip Sidney, entre algunos de los más citados según fuentes históricas. De hecho, Plauto menciona a una pareja de gemelos y Shakespeare doblega la apuesta.

Siracusa estaba condenando a muerte a mercaderes de Éfeso que no contaban con dinero para pagar la fianza. Así es como Éfeso adopta una medida similar en cuanto a los mercaderes de Siracusa. La tirantez de la medida es otro de los motivos por los cuales se origina un conflicto ya que Egeón (antiguo mercader de Siracusa) se encuentra en esas tierras para hallar a su esposa y a su otro hijo.

De ahí en más, la serie de escenas, escándalos y situaciones graciosas consiguen una impronta súper agradable que serán aplaudidos por todos los presentes.

“La comedia de los herrores” es un reflejo sobre cómo de una palabra se puede conformar un universo tremendamente delirante, justificado en todos sus aspectos y utilizando el drama, la comedia, la farsa y todos los recursos necesarios para demostrar que, de un momento a otro, se puede esbozar una idea u otra, un reflejo de la sociedad o una contraposición a la misma. Para reír a carcajadas, que los niños aprendan, disfrutan y todos los adultos tengamos la excusa para revivir momentos únicos.

ficha La comedia de los herrores

Mariela Verónica Gagliardi

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Corazones que no sienten

Ojos que no ven1

Una abuela ciega, literalmente hablando, es la encargada de unir a su familia en la tradicional cena de Noche Buena. Una noche en que sucederán varios encuentros y desencuentros, varias situaciones conflictivas en que el dolor será el ingrediente principal de la comida.

“Ojos que no ven” (basada en el cortometraje homónimo de Natalia Mateo), es una obra de teatro que pertenece al género dramático exclusivamente. Si bien existen varios momentos graciosos, éstos prevalecen sobre las desgracias que acontecen sobre cada uno de los personajes. No se salva ninguno de ellos, estando unidos -de algún modo- por los pasados y presentes no asumidos.

Toda familia encierra misterios para el afuera, secretos no develados a ciertas personas, aunque -en este caso- pretenden silenciar lo que ocurre para “cuidar” a sus seres queridos; sin darse cuenta que dichos cuidados no siempre terminan siendo saludables. Más bien, todo lo contrario.

Las escenas se suceden unas a otras, y podemos ver un living de los años setenta, decorado muy finamente, teniendo en cuenta todos los detalles como para situarnos en aquella época.

Si bien, este tipo de familias existieron siempre y existirán siempre.

La Abuela (Chela Cardalda) es, entonces, quien une para azotar, quien habla para lastimar, quien teme solo por ella misma al igual que casi todos los miembros.

Carmen (Eugenia Alonso) y Esther (Julia Gárriz), que interpretan a una madre e hija, respectivamente; llevan a cabo dos personajes verdaderamente impecables que las convierten en actrices dúctiles, espontáneas y que alcanzan esa libertad que solo consiguen las talentosas.

El resto del elenco, también, desarrolla sus roles de forma excelente, haciendo que esta dramaturgia reluzca en todo momento y que el público quede atónito en muchos momentos álgidos de la historia.

En cuanto al ritmo, puede notarse cómo en algunos instantes sucede rápidamente y, en otros, se apacigua para darle lugar a lo infantil de la mano de Mumu (Tamara Drumond) -quien interpreta a una niña adoptada, de raza negra y que, de verla su abuela, no la aceptaría.

Este es uno de los misterios más grandes e irrisorios de “Ojos que no ven”. El que une a una abuela con su nieta, desde el cariño inmediato, desde la música, desde una canción inesperada; conectándolas amorosamente. Si esta abuela tuviera vista, claro que no la querría, pero su velo le permite darle una oportunidad en silencio.

Por otro lado, se observa a Raúl (Mariano Mazzei) que no cumple con los parámetros sociales como para ser considerado un hombre responsable, sino un hippie que lucha por sus sueños musicales.

Los demás actores cumplen roles importantes pero los que más se destacan por cuestiones de textos son los mencionados específicamente.

Ausencias justificadas por quienes las practican, un abuelo enfermo desechado como basura y como un tumor difícil de extirpar; se conjugan para estallar en llantos.

Los que se hacen cargo están de un lado del camino y quienes no, del otro. Aquí, otra vez, entra en el segundo grupo la abuela, quien ha dejado que su marido vaya a un geriátrico por no poder soporar la realidad actual.

Son muchas las comparaciones que se pueden realizar y, seguramente, muchas las identificaciones que pueden hacer los espectadores con algunos personajes y/o situaciones reinantes.

Mumu, un perro enfermo, el abuelo padeciente y, otras crisis menores, integran la mesa de Noche Buena. El silencio solo surgirá cuando queden impresionados por alguna noticia inesperada o, también, esperada pero no deseada.

Emiliano Dionisi, quien ha sido premiado como actor y director, vuelve a sorprendernos con esta obra que oscila entre el drama y el melodrama.

Los comentarios del público se hacen notar al finalizar la historia, a la cual subrayan como excelente y no dejan de decir que es sencilla, como una familia cualquiera. Esto último es lo que produce el enaltecimiento de “Ojos que no ven”, el que se trate de algo conocido por todos.

¿Quién no ha tenido un familiar enfermo, quién no ha tenido que atravesar una separación y quién no ha tenido que simular para no hacer sufrir a quien ama?

Todas las respuestas dependerán de cada humano, de cada momento, de cada personalidad y, jamás se podrá negar que tal vez padeciendo ceguera la realidad no sea tan drástica como pudiendo observar con las pupilas cada movimiento.

Es ciega, no tarada – repite, una y otra vez, Esther.

Chela Cardalda interpreta a esta mujer discapacitada visualmente, pero capacitada para provocar dolor en todo lo que toca. No es malvada en su totalidad. Es humana, como todos.

ficha Ojos que no ven

Mariela Verónica Gagliardi

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La escasez puede transformarse

Iván y los perros7

Con las manos cansadas, desgastadas y llenas de vergüenza, este niño de tan solo cuatro años deambula por las calles desoladas de Rusia durante el invierno. Durante dos inviernos. Buscando alimentos, amor, aceptación y, por sobre todo, amparo.

Durante los 90’ la pobreza invadía al país, impidiendo que las familias tengan lo necesario para subsistir. Varias de ellas empezar a hacer valer su instinto y se deshicieron de aquello que no les “aportaba”, sino todo lo contrario. Los perros fueron las primeras víctimas y, tras ellos, continuaron los pequeños.

“Iván y los perros” (escrita por Hattie Naylor, originalmente Ivan and the dogs, de Paul Dodson) es una conmovedora dramaturgia que está basada en la vida de Iván Mishukov. A lo largo de la historia ocurren diferentes puntos interesantes e impactantes, imposibles de ignorar.

Por un lado, se trata de un niño en busca de lo básico para no fallecer. Entre la nieve, la comida que va consiguiendo inconstantemente y los peligros de la calle; podemos trazar un paralelo con miles de menores que deben pasar por la misma situación a diario en Argentina y en otros países del mundo. Sucede que tenerlo enfrente provoca un sacudón, un tirón de orejas fuerte y un nivel de conciencia que no podrá rechazarse con la mirada.

Emiliano Dionisi interpretará a esta criatura, quien enternecerá a todo el público presente, produciéndole lágrimas difíciles de ocultar, y sollozos, durante la función. Esto se debe, sin lugar a dudas, a la veracidad del hecho y a la gran actuación desarrollada en escena. Con un pijama debajo de su ropa, se verá obligado a aprender los aspectos más miserables del universo.

Con respecto a la escenografía, ésta tiene un atractivo notable, además de cumplir con el propósito de hacer sentir en penumbras al pobre Iván. A medida que avanzan las proyecciones, el personaje se agobia, se estremece, intenta huir de la tristeza y superar -con su corta edad- todo el terror que pueda presentársele. Sin embargo, lo que menos se esboza en su rostro es desesperación. Chiquito, movedizo y ágil intenta solucionar cada problema en su momento. Son muchos, pero tiene la alegría de todo niño para sobreponerse.

Los perros llegan, comparten espacios públicos, se mueven en conjunto, atacan, se defienden entre ellos… viven.

Iván, solo y desamparado quiere estar a salvo. Quiere vivir. Es así como desarrolla al máximo su instinto de supervivencia uniéndose a ellos. Claro que los animales se reconocen entre ellos y saben quién es diferente. Iván aprende, a la perfección, los detalles de sus conductas, sonidos, maullidos, ladridos y movimientos como para mimetizarse y ser uno más.

Este es el aspecto más estremecedor para analizar: la humanidad. Una humanidad que no busca la solidaridad sino el exterminio, que indaga en los valores para después hacer primar el egoísmo.

Como si se tratara de especies antagónicas, hombres y perros garronean alimentos y pretenden adueñarse de un mundo que no es para unos u otros sino para ambos.

En cuanto a la dirección de la obra, Mariano Stolkiner y Gustavo García Mendy se desempeñan de un modo detallista y refinado, asistiendo sonora y visualmente a la pieza teatral. Así, las acciones del intérprete logran lucirse al máximo, demostrando cómo es posible aspirar a la unidad artística.

Corriendo, trepando, escondiéndose, deseando volver al hogar con su mamá, sin resentimientos, desprovisto de maldad. Solo y, a la vez, tan grato, continúa su andar como tantos otros niños del mundo. Este, en especial, tuvo la virtud de vivir aventuras inimaginables, sin odio, sin violencia. Un ejemplo para la humanidad que suele posicionar su mirada a un horizonte ficticio.

Iván y los perros es una verdad convertida en arte para que fluya, para repensar la historia del hombre desde sus orígenes, para despertar sin sobresaltos y valorar -en todo momento- el amor.

Iván y los perros ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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