*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Perro1

“Perro un cuento rural”, comienza con el famoso: había una vez…

Esas palabras que tanto nos recuerdan a la infancia, a los cuentos de hadas y princesas, de castillos y batallas; se dejan a un lado en este apasionante relato de Hernán Grinstein (personificada y dirigida por él mismo).

Él interpreta a un perro, el tan conocido amigo del hombre, pero con unas modificaciones realmente angustiantes y sorprendentes.

Este animal, domesticado y entrenado por su amo Tony (José María Marcos), nos muestra la triste realidad vivida en una humilde casa de campo, en un pueblo perdido del interior. El perro sufre, ama, entrena, se cansa, agoniza en vida y retoma su rutina para no volver a ser aislado de su “familia” adoptiva.

La historia nos acerca un doble relato, en el cual se puede tomar el cuento lineal y entender que se trata de un animal maltratado y adiestrado para competir contra otros animales salvajes; o la Perroidea metafórica sobre un joven que con tal de ser aceptado por otros seres, agacha la cabeza y obedece de cualquier modo.

Pero la supervivencia de nuestro personaje principal no se da porque sí, sino gracias a la dulzura de Leyla (Maday Méndez), quien le hace mimos y trata de brindarle toda la contención posible para que éste no decaiga ni muera.

El motivo fundamental de la narración (para los cinco actores) es la próxima pelea que tendrá lugar en unos pocos días y que, Tony, considerará la última, la salvadora. Aquella que les proporcionará el dinero suficiente para huir de ese pueblo.

Si bien la tortura es uno de los aspectos más notables durante la trágica y dramática historia, cada personaje la realza de una manera diferente: física y/o psicológicamente.

Verde (Francisco Franco) y Tuerto (Tulio Gómez Alzaga), dueños de un bar y encargados de la parte organizativa de los combates; la ejercen de ambos modos, aprovechándose de la pobreza económica de Tony y de los pocos recursos intelectuales del perro. A su vez, Leyla, será –en muchas oportunidades- quien se encargue de pagar con sexo, las deudas de su jefe.

“Perro un cuento rural”, no es nada más ni nada menos que la realidad de cualquier familia o clan. La tristeza de ser sobornado y no poder revertir dicha situación por miedo o falta de temperamento.

Perro2

“Perro un cuento rural”, considero que se titula de ese modo para no herir susceptibilidades sociales, pero podría ser perfectamente el reflejo de nuestra sociedad. Una sociedad egoísta que solo piensa en sus propios intereses sin considerar que no siempre el dinero compra la felicidad ni nos hace libres.

Y, justamente, la obra nos lleva por un recorrido donde vemos los dos extremos: la esclavitud y la libertad. Perro estará oscilando entre ambos, guiado por sus instintos, por su dulzura y por los propios golpes de la vida.

El guión es muy interesante y nos mantiene concentrados durante toda la función. Un aspecto a resaltar es el de las sensaciones olfativas desde el primer momento en que ingresamos a la sala del Teatro Polonia (Fitz Roy 1477 – C.A.B.A.). Esos olores a campo, a faena, a espacio abierto, Perro3poco habitado, nos permiten que recreemos en nuestras mentes todo lo que va sucediendo en escena. Como si filmáramos una película en vivo y en directo, acompañados del director de la misma.

Otro factor a destacar, más allá de las actuaciones que son impecables y convincentes, es el modo de narrar. Desde un comienzo, notamos cómo las charlas entre Verde y Tuerto, dan pie al discurso y escena siguiente. Pero lo original es la inventiva que tienen de lograr que la solución de cada palabra cruzada sea el tema a tratar sucesivamente en la obra.

Ellos son los narradores omniscientes, pero luego forman parte de toda la historia, a medida que cada fragmento se une con los demás, conformando un todo integrado y perfecto.

Mientras Perro y su amiga, juegan, inventan historias y se intentan divertir, el dolor se hace presente. A la vez que intentan retomar sus rituales infantiles para crear un mundo más alegre al que les toca soportar.

El resultado de la pelea a punto de disputarse no es tema menor pero tampoco conforma la enseñanza del cuento. Un cuento que según con qué óptica se lo mire puede ser positivo o negativo. Alegre o triste.

Este Perro, es fiel a sus propósitos, a la necesidad de tener amor de un padre sin importar quién sea este. Sus mordidas no son por furia sino por defensa propia. Su aprendizaje hace tiempo que es la subsistencia, la imposibilidad de convertirse en un hombre de verdad y ser amado por alguien como él: tan noble.

¿Con qué ojos se puede mirar a la muerte cuando está tan cerca? ¿Cómo defenderse de lo inevitable cuando no se cuenta con recursos para hacerle frente?

“Antes o después la muerte espera siempre”, afirma Verde.

Perro un cuento rural

Mariela Verónica Gagliardi

Delirio gaucho4

Las luces se apagan y unos sonidos de perros ladrando, se apoderan del espectáculo.

Luego, unas vacas mugiendo, terminan introduciéndonos en el ambiente rural -sobre el cual se desea narrar la obra-.

Sabemos que en ese espacio, con pastizales, animales de campo y recuerdos, se basaran los relatos.

Tres guitarristas muy entusiastas y talentosos (Nacho Cabello, Juan Pablo Esmok Lew, Esteban Tibi Ruiz); tocan sus instrumentos durante toda la historia Delirio gaucho3representada en las tablas. Su acompañamiento es totalmente participativo y el enlace establecido con Alejandra Radano, es espléndido.

Este sainete reúne todo los detalles como para que la pieza sea muy original, completa y graciosa, a la vez.

Las canciones representadas por la artista y su gaucho-bailarín (Ramón Salina, en esta función) provocan risas tan grandes que se contagian entre todos los espectadores.

“Matemos al mundo con maíz”, evoca en un momento Radano, dentro de una de las canciones y esta frase colmada de surrealismo nos invita a un viaje campestre -realmente gracioso y donde cada una de las escenas se amalgama con la siguiente de manera grotesca y sutil, improvisando un producto único-.

Si bien estamos acostumbrados a escuchar música de décadas atrás, es muy valorable y significativo para los argentinos, tener la posibilidad de poder asistir a un show de esta dimensión -durante el cual se conjugan melodías “pasadas de moda”, en algunos casos, con otras más oídas por nosotros.

A veces, según la edad que tengamos o el círculo en el que nos Delirio gaucho2movamos, será la música de la cual nos nutramos. Pero, lo sorprendente, es que en esta obra musical te podes sentir parte.

El recorrido de años que se transita es muy extenso. Desde la década del 20 hasta la actualidad. Cabe resaltar la inteligencia de la artista y el director (Fabián Luca) para conformar una historia, durante la cual las canciones no desentonan unas con otras, sino todo lo contrario. Se integran de tal forma que, si no conocieran sus procedencias, podrían hasta creer que fueron escritas por ellos mismos, especialmente.

El listado se compone por: La casita (The little home) (1924) Cancion surreal Mexicana (Llonia) / Palomita blanca (1929) Vals aereo (A.Aieta), Envenenando pichones en el parque (1969) Balada baladi (T.Leher), Ay mi suegra! (1935) Chacarera familiar (M.Arcuri / V.Marino), Cuento viejo (1934) Estilo Delirio (G.Alcazar Saperas), La oncena (1956) Chacarera trunca (E.Lagos / J.Goñi), Las voces de los pájaros de Hiroshima (1970) Cancion Dadá (H.Guarany / E. Jebeleanu / M. Serrano Perez), Andate con la otra (1928) Cancion femenina de protesta (C.V.G Flores / E. Dizeo), Neurastenia fatal (1931) Cancion inexplicable (F.Reñé / Alady), Verde luna (1941) Habanera extraterrestre (Pinchi / Gomez), La guinda (1948) Bavarois Venusino (E. Delfin / P. Mata) Tropical storm (tormenta tropical) Cuestiones naturales (1987), de la opera de Nixon in China (J. Adams), Rosa reseca (1932) Tango antique (G. Matos Rodriguez / J. Pelay), Y que mas? (1937) Tango de exterior (Charlo / E. Cadicamo) Dizzyland rose (2012) Cada fugaz (d. Vila), Eche veinte centavos en la ranura (R. Tuñon / D. Vila) Rapsodia circense.

“Delirio gaucho” es un viaje por las costumbres, las tradiciones, los aromas frescos, las sutilezas, la ingenuidad y el romanticismo.

Delirio gaucho1

Uno de los recursos que se utiliza es el de narrar al estilo stand up. De esa manera, varios chistes machistas van teniendo el timing de ese género cómico.

Aunque lo más explosivo es lo logrado durante las interpretaciones sonoras y las historias compartidas. Por eso es que cada sketch desarrollado, tiene un hilo conductor con el resto, pero también podría prescindir de ellos perfectamente.

Temas como: el casamiento, el divorcio, la suegra, son algunos de los contados a lo largo de casi una hora de espectáculo. Las canciones acompañan y nutren cada fragmento. “Los ojos son la parte visible del cerebro”, comenta Alejandra Radano. Tal afirmación es tan real como inverosímil.

Lo cómico tiene tres etapas: ridículo, exageración y suegra, nos cuenta la actriz. Y al escuchar los versos del tema Ay mi suegra!, nos damos cuenta de ello.

Música de folcklore, tango, vals y ranchera, es alguna de la establecida como estructura del show.

La voz de ella tiene un caudal muy grande y, además, tuvo la inventiva de grabar los coros con otra tonalidad, motivo por el cual al escucharlos, se mimetizan con su voz en vivo, logrando un efecto mucho más potente.

“Delirio gaucho” es esto. Una dosis enorme de alegría concentrada y repartida. Una manera Delirio gaucho5de transmitir amor y alegría, sin insultar ni agredir… como en otras épocas.

El vestuario de los actores es el indicado para la historia. Los actores se sienten cómodos y gracias a eso pueden exprimir sus dotes artísticos sin barreras.

Una caja, contiene a otra más chica y esta otra aún más pequeña. Ella las separa como si fueran muñecas rusas. Pero dentro de éstas no se ve absolutamente nada. Su imaginación cree observar cosas que al menos nosotros no tenemos la oportunidad de visualizar.

En cierto momento de la obra, una doble hace su aparición y es ahí cuando se entiende el remate de la historia. Ella es diferente a la otra mujer, aunque muy similar. Ambas no se unen ni intercambian palabras. Solo están breves momentos juntas hasta demostrarnos de que es capaz una y la otra.

También hace su aparición un astronauta que no se llega a entender bien su propósito. Y es que no tiene sentido intentar analizar cada segmento de la obra porque el delirio es justamente exageración y un encuadre no del todo “normal”.

Solo se trata de ponerse alas y volar junto a ella y su equipo.

Ella dice: “alegre quiero verte, así, después de vos”, y después de juegos de seducción, sonrisas y broncas; logran entenderse.

ficha artístico-técnica delirio gaucho

Mariela Verónica Gagliardi

Ningún tren llega a las trece3

Una estación de tren y un contingente que está por arribar al Expreso Oriente. Los vagones al estilo inglés, alojarán a estos pasajeros, dispuestos a compartir historias y vivencias -sumamente nostálgicas y profundas-.

El eje central será marcado por Ricardo (Max Acuña) -un hombre que sube a la formación raudamente y que tendrá la atención de los demás pasajeros a lo largo de las horas-. Su vida guarda un recuerdo presente en una mujer soltera (Juliana Yaconis) y un resentimiento hacia Beatriz (Gabriela Logiudice). Dos mujeres, de esta forma, harán que se martirice, sin encontrar una solución inteligente. Mientras tanto, una pareja de recién casados deberá sortear varios obstáculos para descubrir lo verdaderamente importante.

Ningún tren llega a las trece5A su vez, dos niños (Lautaro Farías Aloy y Sofía Gelber) se unirán en diversas aventuras, al mismo tiempo que un matrimonio continuará con sus pleitos y diferencias; encontrándonos con una señora mayor que les demostrará qué conviene tener en cuenta para ser feliz.

También tendremos la oportunidad de conocer al guarda (Hermes Molaro), quien dejará la simpleza de su trabajo para convertirse en consejero y mediador -logrando amenizar lo más posible hasta llegar a destino-.

“Ningún tren llega a las trece” es una obra de teatro escrita por Juan Pérez Carmona, en los años 60. Esta es la primera vez que se lleva a las tablas pero modificando cierta estética en cuanto a la época en que quiere ser narrada. En este caso el director Nacho Steinberg, escogió los años 30, para cautivar a los espectadores con los atuendos y peinados de tal momento.

“Ningún tren llega a las trece” nos hace descubrir que el paso del tiempo no debería utilizar nuestras vidas ni marcar el fin de una etapa. El tiempo es un indicador del cual tenemos que hacernos amigos -como los niños de la obra, con total ingenuidad y alegría-.

Ningún tren llega a las trece2

Esta dramaturgia demuestra que cuando no existe un rumbo, se puede desbarrancar fácilmente.

Pero, el mensaje de la obra, es alentador, iluminando las vidas de cada uno de los personajes -al igual que su interpretación-.

Juliana Yaconis es la actriz que logra, una vez más, lucirse durante toda la historia. No solo su personaje es atractivo sino sus dotes como intérprete y esa magia que tiene en su mirar. Todo su cuerpo y rostro, al igual que sus gestos, le permiten ser una artista talentosa y que convence en el escenario.

Ella, junto al guarda, quien en un principio parece ser un personaje secundario, termina convirtiéndose en el aliado de quien lo precisara. Su interpretación es, también, muy buena, logrando una dupla interesantísima. En ciertos momentos pareciera estar en los años treinta y, por otros, en la actualidad. Ningún tren llega a las trece6Hay cuestiones, valores y sentimientos que con el correr del tiempo no se modifican…

Entre los pasajeros, se encuentra una señora mayor (Silvia Castellano) que tiene la alegría de vivir en su rostro y la sabiduría de los años -que no siempre se condice con la madurez biológica- y será quien aconseje con breves frases a los padres de Sofía, a los niños mismos y, además; encontrará su rumbo que no era simplemente la estación de destino sino éste el comienzo -quizás- de otro aprendizaje.

Por otra parte, cabe destacar la labor de los pequeños que tuvieron bastante letra para aprender y, la dulzura con que actuaron, emocionó al público. Ellos estuvieron jugando, creando y siendo ellos mismos, sin olvidar que nosotros estábamos allí, observándolos.

Ningún tren llega a las trece8

“Ningún tren llega a las trece”, demuestra cómo juzgar sin pruebas, solo conduce a una miseria humana tan inmensa que lo único que provoca es vacío y tristeza.

ficha artístico-técnica Ningún tren

Mariela Verónica Gagliardi

Mariano Montes4

Mariano Montes es un artista que merece -por su dimensión- estar en el espacio que elija, mostrando lo que mejor sabe hacer: cantar tangos. Esas melodías de tiempos remotos que, gracias a intérpretes como él, se pueden mantener vivas.

A su espectáculo Tango Dosis -en esta oportunidad- le agregó un plus: canciones de Charly García y Fito Páez.

Realmente fue una grata sorpresa, y muy bien recibida por el público tan diverso.

La sala, casi toda completa, vibró cada tema, cada coreografía bailada por la Compañía Dni Tango, cada video proyectado y cada palabra dicha por nuestro artista.

Mariano Montes2

Da orgullo afirmar que Montes es tan nuestro como el tango. El abanico de canciones que componen Tango Dosis ya es conocido, aunque sus recitales son todos diferentes. Los ingredientes que se modifican son los aportados por los espectadores. Un show sin personas sería estático, amorfo, sin espíritu.

Pero él tiene la oportunidad de contar con seguidores fieles que intentan mantener en sus vidas a este género musical -el cual debería ser parte de las raíces de todos los argentinos.

Las letras ya de por sí mencionan las vivencias en los suburbios de las clases populares, solo que en la edad contemporánea eso se deja de lado Mariano Montes3para incluir al resto de las clases -quienes en muchos casos desconocen la historia y surgimiento de tan bellas melodías-.

Historias de amor, tragedias, añoranzas, recuerdos, tristezas, dolores, esperanzas, enamoramientos, romances, despertares, revoluciones y todos aquellos sentimientos que una persona se anime a contar, están presentes en las letras interpretadas en el escenario. Un conjunto de situaciones -a veces contradictorias y otras gratas-, como el mismo humano.

Entre los temas tocados durante la noche, escuchamos: “Cuando tallan los recuerdos” (Enrique Cadícamo – Rafael Rossi, 1943), “La canción de Buenos Aires” (Manuel Romero – Orestes Cúfaro y Azucena Maizani, 1933), “El último café” (Cátulo Castillo – Héctor Stamponi, 1963), “Íntimas” (Ricardo Luis Brignolo – Alfonso Lacueva, 1926), “Alma de loca” (Jacinto Font – Guillermo Cavazza, 1927), “Tinta roja” (Cátulo Castillo – Sebastián Piana, 1941), “Perfume de mujer” (Armando Tagini – Juan José Guichandut, 1927),  “Lejana tierra mía” (Alfredo Le Pera – Carlos Gardel, 1932), “Berretín” (Enrique Cadícamo – Pedro Laurenz, 1928), “Bien criolla y bien porteña” (Homero Expósito – Armando Pontier, 1945), Mariano Montes1“Habláme de tu risa Buenos Aires” (Norberto Aroldi – Lucio Demare, 1974), “Cadáver exquisito” (Fito Páez, 1996), “Mi loco bandoneón” (Horacio Ferrer – Astor Piazzolla, 1981), “Bien de abajo” (Héctor Negro – Arturo Penón, 1967), “No soy un extraño” (Charly García, 1983), “Cerca de la revolución” (Charly García, 1984), “Rezo por vos” (Charly García, 1985) y “Ciudad de pobres corazones” (Fito Páez, 1996).

De este modo, el abanico de canciones fue realmente variado y podríamos preguntarle a los rockeros y estarían dispuestos a sumarse a los recitales de Montes, los cuales parecieran abrirse un poco más al público.

Melodías tangueras y rockeras, adaptadas al estilo de Mariano Montes, con su voz firme y conmovedora. Video clips, acompañando a las letras y melodías, y divirtiendo más a sus seguidores. Una noche única, como siempre resulta.

En una hora disfrutamos, aplaudimos, cantamos junto a él, pedimos más y más; hasta que los telones se cerraron hasta la próxima velada.

Mariela Verónica Gagliardi

Metro y medio1

Maku Jarrack, es el nombre de una payasa y acróbata muy creativa. Ella presentó su espectáculo “Metro y medio”, durante el cual nos mantuvo expectantes al darnos a conocer cada una de sus pruebas inventivas.

Su altura, que seguramente responde al título de la obra, es muy entretenida. Por momentos vemos cómo se lleva una espada a su boca, cómo hace girar unos discos en muñecas y tobillos -al mismo tiempo que su cuerpo está invertido y con un detalle realmente cómico-. En otras situaciones, observamos el desenlace de algunos peluches como si fueran animales de verdad.

Maku,  no podía tener un sentido del humor tradicional. Y en eso coinciden ambos artistas, al desplegar su arte en escena. Maku, es niña, es mujer, es chistosa y talentosa.

Su espectáculo podría hacerlo tranquilamente en un teatro, aunque perdería ese gustito a calle, a simpatía, a que cualquiera puede acceder a él. Este factor es realmente importante ya que muchas veces se deja de asistir por no contar con un billete importante.

El público también tendrá su participación, no solo para aprobar cada prueba, sino para intervenir en algunas de ellas. Así fue como pudimos ver a dos hombres que tuvieron que servirle de columnas para que ella escale hasta llegar a la cima. Claro que ellos recibieron su recompensa, disfrazándose de escoceses y, quizás, maldiciendo el haber tenido buena intención en colaborar.

Ella se ríe de sí misma por su altura, pero esto no es un impedimento para mostrar su estatura como mujer. Los centímetros no limitan su creatividad ni imaginación. Ella podría medir dos metros o un metro, que sería exactamente lo mismo.

Casi al final del show nos dice que pasará la gorra y que sepamos que ella podría estar en ese momento en un teatro. O sea, que colaboremos dignamente, como si estuviéramos pagando una entrada. El silencio se hace presente hasta que lo interrumpe afirmando: si no estoy en un teatro es porque no me contratan (pone cara de tristeza).

Y es difícil pensar que esto sea cierto. Cómo pueden perderse de trabajar con una persona que es tan dúctil y espontánea?! Me atrevería a decir que Maku no aceptaría estar en un circuito comercial, discriminando al sector al que más apunta.

Mariela Verónica Gagliardi

Rescate emotivo2

Con el tango «Yira yira» (de Discépolo), el payaso interpretado por Walter Velázquez, comienza su unitario. Maquillado en tonos de negro, gris y blanco -al igual que su vestimenta-; ya asumimos que no se va a tratar de un clown gracioso en el sentido humorístico de la palabra.

Él nos cuenta que tiene ochenta y cuatro años, varias enfermedades y operaciones; además de que vive en un geriátrico. En la sala hay pocos niños, los Rescate emotivo4cuales se ríen ante cada acotación y monólogo del artista, lo cual tranquiliza.

Una de las enfermedades del payaso es el alzheimer y, justamente, ésta será la que nos hará reír a carcajadas cada vez que tengamos que decirle que ya repitió ciertas frases.

Don Carlos Calostro Mecoño es su nombre y tiene seis operaciones del corazón. Aunque esto no es suficiente como para que se entristezca, sino para que asuma la realidad de que el tiempo que tiene por vivir lo tendrá que exprimir al máximo. Lo interesante en la elaboración de su personaje es la humanidad que le da. Sabemos que es un rol en escena pero también una verdad fuera de su atuendo y nariz de plástico.

Don Carlos viene a traernos una dosis concentrada de concientización. Como todo viejo cascarrabias, insulta, se indigna y se pone agresivo. También utiliza en todo momento el humor negro y es que éste es el que le permite estar en pie, tomado de su andador y mirándonos a los ojos sin caretas ni tapujos.

Desde que nació, asume que se sucedieron infinidad de guerras y conflictos en todo el mundo. Pero no guarda esta información en un archivo de recuerdos, sino que le sirve para ayudar. Palabra poco frecuente en estos tiempos. Su solidaridad se expande, atraviesa fronteras y está orgulloso de poder hacerlo.

Rescate emotivo1

La interacción con el público, lo nutre, lo alegra, lo altera y -aunque no lo diga- se siente orgulloso de ser como es. Su alzheimer podrá hacer que repita frases o palabras, pero no le permiten olvidar el dolor provocado por guerras a la humanidad. Esta humanidad que, a veces, no responde, otras se queda estupefacta y, casi siempre, se venda los ojos.

“Soy un payaso de mierda”, se dice a sí mismo en cuanto le comentamos que ya nos contó cierta historia. La ironía, por supuesto, está presente a lo largo de su exposición; tal como el hombre del geriátrico “Peras al olmo”. Cuántas veces, mencionamos este dicho y cuántas otras volvimos a tropezar con la misma piedra.

Y, a diferencia del payaso tradicional, a él le dan “miedo los niños”. Claro que, hablar de ellos es el puntapié para tocar temas como la desnutrición infantil, Rescate emotivo3entre otras cosas.

“Rescate emotivo” es un viaje por encontrar lo sensible y ocuparse de los asuntos importantes; dejando de lado las sonrisas falsas y las puestas en escena impresionantes a nivel visual.

Vos, ¿crees que aún tenés posibilidades de ser rescatado de las miserias del mundo actual? ¿Qué granito de arena aportás a diario para hacer eso posible?

Mariela Verónica Gagliardi

Las Pérez Correa, presentaron dos obras, muy diferentes entre sí pero a la vez similares en cuanto a la carga emotiva.

Por un lado, “Paloma sin vacilo”, interpretada por Laura Ortiz y acompañada por Julieta Daga (en guitarra); nos narran las vicisitudes de una mujer soltera que intenta encontrar al hombre indicado para ella. A su gran amor y compañero. Ese hombre lo hallará en el público y las explosiones de risas, surgirán durante toda la obra.Paloma sin vacilo1

Las ocurrencias de Bocha (Laura Ortiz) se verán reflejadas en sus canciones -con su voz, adrede, desafinada-, ironizando lo cursie que puede ser el enamoramiento.

En cierta parte de la puesta en escena, vemos cómo se desenvuelve una historia que trata sobre la libertad y su similitud con un ave. El paralelo entre ella y su animal escogido nos lleva por un recorrido muy interesante, gracioso, divertido y profundo.

Sus ganas de ser madre se comparan con el momento de empollar un huevo -el cual sufre algunos accidentes-; su dulzura se expande en los brazos de su amado, quien tendrá que aunarse a la ridiculez planteada por la artista, espontáneamente.

Ella baila, canta, quiere, se expresa, recorre el escenario como su propio hábitat y nos demuestra cómo es el mundo desde el lado verdadero y transparente.

Esta payasa no tiene vergüenza de pasar un papelón, sino temor a no sentirse protegida. Ella necesita lo que todos necesitamos, pero la diferencia es que la protagonista se anima a exclamar sus deseos y a luchar por lo que precisa.

Su corazón se abre y en cuanto creemos que hará algún sketch subido de tono, nos sorprende ya que el humor cordobés es sencillamente fabuloso, contagioso y picante. Sugerir es sugerir. A no confundirse. Es como quien se desnuda, creyendo ser sexy, en lugar de lucir una transparencia.

Paloma sin vacilo2

La nariz de payasa le da el toque preciso para que podamos entender el sentido de la pieza teatral. Su “tragedia” exagerada, nos sirve de manifiesto a las mujeres presentes para entender, de una vez por todas, que nada merece nuestras lágrimas ni sufrimiento.

Hay cosas realmente más importantes como: perder plumas, excitarse ante alguien, o aceptar que un huevo de paloma es de ella y no del ave. Ah y alimentar al pichoncito, por mas que se confunda qué debe consumir por su especie avícola.

Por otro lado, “Suena tremendo”, tiene como eje central la partida, el despegue de su casa. Dejar ese sitio no es solo armar su valija y ropa. Ella está dejando atrás un pasado, una relación que la hirió, las muñecas con las que jugó de pequeña.

Lita (Julieta Daga), intentará cambiar su imagen, luciendo un gorro mexicano y una guitarra chiquita. Así entonará su dolor y desesperanzas. Nos hablará de Suena tremendo1cada recuerdo y sacará -a cada ratito- una hoja escrita, la cual dirá una frase poco alentadora. Casi siempre la misma.

“Suena tremendo” es como se sintetizaría el momento que tenemos que atravesar. Siempre, ante lo desconocido, una persona se angustia. Ella también, pero acepta que es su única posibilidad. Al menos, la que nos cuenta.

Su valija, llena de cosas que se escapan, como sus lágrimas y el deseo de que la entendamos. Que la acompañemos en ese proceso doloroso.

Nosotros reímos, nos enternecemos y sabemos que algo tendrá que pasar en algún momento de la obra, más que lo que vemos con nuestros ojos. Su partida será la aceptación de su realidad y presente, la posibilidad de tomar vuelo y recorrer otros lugares, de conocer. Aunque, quizás, podamos sentir su desesperación, su necesidad de hacer hincapié en no podar llevarse todo consigo -ya que no lo necesitará-; al culminar el relato. Dicho final podrá ser interpretado de dos maneras posibles: como la muerte específica o como el comienzo de otra vida.

Gracias a la comicidad de la obra, el guión no nos transmite tristeza en todo momento, sino una sonrisa.

Suena tremendo2

Claro que si no fuera un espectáculo clownesco, se podría convertir con unos simples retoques en un drama.

La libertad es lo que une a ambas obras. Muchas veces podemos cuestionar, ¿qué es? Y las respuestas serán realmente amplias. Pero estoy convencida de que el vuelo más importante es el que le permitimos a nuestra mente y corazón. Suena tremendo3La libertad no solo es lo opuesto a la esclavitud. ¿Quién se siente esclavo de sí mismo? ¿Quién se anima a demostrar sus sueños con el afán de hacerlos realidad? ¿Quién sueña despierto, paso a paso?

Laura Ortiz y Julieta Daga, son dos actrices que vale la pena conocer y aplaudir. Dos talentosas en escena que dan todo por convencernos de sus propósitos, de sus intencionalidades, de que aún queda amor en el mundo y que, mientras ellas estén, esto será cumplido. No fueron sus palabras, pero mi valija me la llevo con esa moraleja.

Mariela Verónica Gagliardi

Deriva4

Tres marineros y una marinera están a la “Deriva”, intentando encontrar a la Capitana del barco. No saben qué pasó con ella ni con la nave. Mientras intentan encontrar ambas cosas, Nicolás Grigioni y Pablo Negro se divertirán, entre ellos, haciendo acrobacias, movimientos circenses, Huilen Fente tocará el acordeón, Deriva5Salcho González una especie de bombo (reciclado), surgirán los chistes y lograrán -bajo la llovizna-, las risas del público.

Este grupo llamado In Teatro, proveniente de Buenos Aires, entretuvo durante la tarde del sábado, la cual -a pesar de amenazar-, no pudo ser opacada.

Las canciones también estuvieron presentes y la posibilidad de que conozcamos la versión de cada uno de los clowns, referida al tema central de la pequeña obra.

Cuál será el relato correcto, quedará para una próxima vez o dependerá de la imaginación que tenga cada uno. O, quizás, las ganas de elegir la propia aventura, como en los libros para chicos. Huilen, la única mujer, pudo lucir Deriva6sus destrezas musicales, al igual que sus compañeros, tripulantes.

Claro que la tripulación no tenía ya barco, pero tampoco fue impedimento para recrear la escena. De eso se trata, justamente, de imaginar que el pasto es el mar y que están navegando sobre las aguas. Por momentos serenas y por otros, movidas.

También estuvo presente la participación de los niños, quienes intervinieron en Deriva1algunos fragmentos de “Deriva”.

En cuanto a los artistas, lo interesante es que cada uno tenía un rol bien marcado y diferente al del otro, lo cual es frecuente destacar en los espectáculos callejeros.

De esta manera, lo que parecía ser una melancolía, se convirtió en pura magia y alegría. El sol no salió en el cielo, pero sí en nuestros corazones, que felices aplaudimos sin parar. Las capuchas nos acompañaron y las palmas los incentivaron.

Deriva3

¿Que más se puede pedir? Esperar a la próxima presentacion -a cielo abierto- para descubrir nuevas aventuras…

Mariela Verónica Gagliardi

Quizás quiso decir5

Dos hombres simulan pescar y a partir de tal acción, comienzan a imaginar diferentes historias -las cuales se entrelazan, se cortan, continúan y dan vuelcos inesperados-.

“Quizás quiso decir”, nos adentra en un mundo enredado de palabras, en el cual es necesario prestar atención para no perderse. Cada palabra tiene un significado determinado, que para el otro hombre es diferente. Ellos son amigos y enemigos a la vez. Compiten por lograr el pescado más grande – comparándolo con una parte del cuerpo-; por tener la mirada de la misma mujer;  por lograr la atención del público -haciendo diferentes mímicas-.

“Quizás quiso decir” es un juego de palabras un metalenguaje que intenta hacernos saber cómo un conjunto de letras es mucho más que eso. Noemí – dice en cierto momento uno de ellos. “Noemí, no es para mí, es para ti”.

Esta obra de teatro, tiene la posibilidad de lograr su objetivo gracias a la actuación de Nacho Albani y Pablo Algañaraz. Ellos, pasan de un Quizás quiso decir4personaje a otro, al instante. No hace falta que cambien sus vestuarios ya que su talento traspasa las telas y los colores. Uno podría cerrar los ojos y sentir cada una de sus palabras, de sus sonidos y hasta de sus gestos (me atrevo a decir), sin siquiera parpadear.

En un comienzo, los dos amigos no pronuncian palabras. Solo juegan con sus cuerpos, haciendo diferentes movimientos -los cuales van a caracterizar sus interpretaciones y roles-. Tal como suele ocurrir con los dúos cómicos, uno es alto y flaco. El otro más bajo y de pelo oscuro. Uno realiza movimientos de danza, mientras su contrincante se desenvuelve toscamente.

De esta manera, las dos caras de una misma moneda, se llevan adelante para contarnos una historia central, con pequeños fragmentos de otras anécdotas. Basta con que muevan sus manos de afuera hacia adentro para que entendamos que hay un corte de la narración y la continuación de otra. Una vez que entendimos sus códigos, éstos se repiten y nos hacen transitar gratamente toda la obra.

Los relatos me recuerdan a las mamushkas y, realmente, es muy inteligente el tipo de humor que caracteriza a la pieza teatral. Los silencios son representativos pero, sin embargo, cuando hablan; también tienen sentido sus palabras. Así, como por momentos utilizan el recurso de decir sin decir Quizás quiso decir3como para hacernos perder… que no dura más que segundos. Los mismos que tardamos en aceptar por qué nos llevaron por ese camino.

Esta obra, para grandes y chicos, para aficionados al estilo clown y para los que no tanto; tiene bastante profundidad en sus argumentos y moralejas.

Existen momentos en que los personajes se sienten solos y deciden juntarse con el solo propósito de no sentir miedo. Mientras uno dice saber lo que es la muerte, el otro le pide que se la describa. Y aquí surge uno de los chistes más ocurrentes de la noche: “tiene piernas largas” – dice Pablo Algañaraz. A lo que Nacho Albani responde: “entonces la muerte es lo contrario de la mentira. La muerte es la verdad”. Y si nos ponemos muy filosóficos, sería un tema como para profundizar y debatir.

Qué es la muerte sino aquella verdad. Como se dice: es de lo único que podemos estar seguros.

Pero la trama de la obra no es la muerte como eje central sino la competencia. Mejor dicho, la ridiculez de competir por sentirse inferior al otro, por no tener confianza en sí mismo. Esta obra es como una ventana a la vida de ciertas personas, que focalizan en el error del otro, en vez de progresar.

La iluminación cumple una función relevante ya que sus colores y posiciones marcan las transiciones de la obra y ciertos momentos claves.

Uno continúa la historia del otro. Como perfectos conocidos o como perfectos desconocidos ya que los relatos no coinciden con lo que el otro quiere narrar o acordarse. La inventiva de la obra permite enseñarnos cómo con unos pequeños movimientos se puede contar algo interesante. Cómo se interrumpe y luego prosigue.

Quizás quiso decir2

La historia lineal no es compatible con “Quizás quiso decir”. Ellos tienen el talento como para decir diferentes cosas, enredarse, desenredarse, utilizar diferentes recursos, hacernos reír, pensar, emocionarnos y hacernos saber que ser solidarios es una de las cosas más importantes.

Otra de las frases que usan es: “siempre se llega al final”, lo cual es cierto. En una parte de la historia vemos cómo Pablo Algañaraz le avisa que va a tocarle el hombro con la mano. Claro que la mano tarda minutos en llegar al hombro de su compañero. Esta acción y la correspondiente reacción, es sumamente graciosa ya que Nacho Albani comienza a tener diversas reacciones en su cuerpo como si hubiese sido tocado por su amigo, cuando eso en verdad no ocurre hasta bastante tiempo después.

“Quizás quiso decir”, es algo tan real que a diario utilizamos. En la televisión, en un diario, en la radio, en nuestro propio círculo afectivo. Quizás quiso decir1Siempre estamos tratando de interpretar las frases de otra persona, cuando, a veces, simplemente se trata de escuchar y asimilar.

Esta gran obra de teatro nos lleva por un recorrido digno de transitar, abiertos con todos los sentidos y libres.

No sé si soy de aquí o de allí, esboza hacia el final Pablo Algañaraz. Va de un lado hacia el otro, buscando su sitio. Aquél que le permita sentirse cómodo. Pero, su amigo, está junto a él para ayudarlo a despedirse del lugar que ya no le corresponde. Si bien parece una cursilería este detalle, cuán difícil es elegir un territorio, físico o psicológico, para que nos acompañe y nosotros poder acompañar plácidamente.

Los verdaderos valores, se ven plasmados en el escenario y emociona saber que los payasos puedan seguir encarnándose en esas personitas sensibles para ayudarnos a solucionar temas complicados, llevando una sonrisa.

Señor Trompeta3

El día soleado nos dio la oportunidad de llegar hasta el Colegio Normal de San Pedro y conocer al grupo de teatro Tri Tri (tandilense), representando “Señor trompeta”.

Una de las cuestiones más bonitas fue compartir la función con los chicos de la escuela, quienes homenajearon con risas y aplausos a los tres payasos de la obra.

En esta representación existen dos personajes bueno y uno malo. El malo no lo es del todo, pero sí es considerado un rufián por los otros. Su maldad no llega a ser tal, pero sí su conveniencia y oportunismo.

Resulta que el Teatro de la Sorpresa, está por cerrar sus puertas ante la imposibilidad de conseguir un trompetista que amenice las funciones. Justamente, la tarea de Beto y Saramito será encontrar al músico indicado. Caso contrario, el payaso Coca Cola abrirá un puesto de panchos.Señor Trompeta4

Esta obra tiene un guión muy interesante y entretenido para los más pequeños, y no tantos. Aclaro esto último porque hubieron adultos que se “infiltraron” en la función.

Beto, le cuenta a su amigo la historia de un trompetista y éste queda totalmente fascinado. El tema, es que el único objeto que tienen consigo es un telescopio, el cual utilizan para ver diferentes planetas. Estos planetas no son los reales y esto es lo interesante. El modo que encuentran para caracterizarlos es con globos de colores para cumplir la ilusión del otro.

Después de charlar un largo rato sobre el teatro, su futuro y el trompetista que no hallan, Saramito se postula como músico. Pero existe un pequeño detalle: nunca tocó este instrumento y no tiene noción alguna como para ejecutarlo. No importa. Todo tiene solución para Señor Trompeta1estos dos clowns. Beto, le enseñará las cuestiones básicas sobre la trompeta y otras cosas que considera relevantes.

Los engaños entre los dos amigos se suceden uno a otro, simpáticamente, y Saramito le hace creer que su propio padre era el Señor Trompeta. Pero nunca se imaginó que Beto sería el gran músico ejecutor de la trompeta.

En cierto momento de la obra como les mencionaba, anteriormente, Saramito, recibe por parte de su compañero, detalles -cantados por Beto, muy graciosamente- como que tiene que hacer café, saber untar las tostadas, caminar y correr -para luego volar-, amasar y lograr fuerza en la digitación y fluidez al hacer sonar el instrumento. Saramito no entiende nada y cree que todo es una burla, pero más tarde entiende la profundidad de la situación.

Por ejemplo, Saramito, justifica su elección: “Beto, yo quiero ser como el Señor Trompeta, que me reconozcan por lo que hago”. Es entonces como este último le relata otra parte de la historia, narrándole cómo aprendió desde pequeño a tocar el instrumento. “Supe que el teatro sería mi casa, mi hogar”. Y nada más auténtico y real a como siente un verdadero artista. Su propio espacio era parte de su vida, hasta que Carlos decidió quemarlo.

Cabe resaltar que la música escogida a lo largo de la obra está muy bien seleccionada y forma un todo junto a sus actores, escenografía e iluminación. El auditorio de la escuela es enorme y hay lugar de sobra como para elegir dónde sentarnos.

Señor Trompeta5

Retomando el hilo de “Señor Trompeta”, ya se habrán dado cuenta de que la escenografía que conserva Beto es muy precaria, debido al incendio provocado por esa malvada persona. Igualmente, sus pequeñas tablas y telón rojo, le alcanzan como para hacer el show que quiera, el cual solamente necesita de su inventiva.

Los niños avivan durante toda la función y están exaltados. No es para menos. Nosotros, los grandes, también. Solo que no queda muy bien que gritemos como ellos. Es que el buen humor, es imposible no contagiarlo.

“Panchos gratarola”, no podrá cumplir su cometido y el teatro triunfará en todos sus aspectos. El rufián es expulsado por los dos amigos y el arte resurge de sus cenizas, las cuales siempre se conservaron para cuando llegara el momento indicado.

Ahora, ¿Beto realmente sabía tocar la trompeta?

Quizás era una más de sus fantasías o engaños…

Pequeño detalle a tener en cuenta. Tal vez, el mensaje que se quiera transmitir es que un instrumento de esa categoría es considerado importante y fiel salvador de un espacio teatral. Una guitarra, ¿lo habría conseguido de igual manera?

Mariela Verónica Gagliardi