*** Septiembre 2017 ***

Rescate emotivo2

Con el tango “Yira yira” (de Discépolo), el payaso interpretado por Walter Velázquez, comienza su unitario. Maquillado en tonos de negro, gris y blanco -al igual que su vestimenta-; ya asumimos que no se va a tratar de un clown gracioso en el sentido humorístico de la palabra.

Él nos cuenta que tiene ochenta y cuatro años, varias enfermedades y operaciones; además de que vive en un geriátrico. En la sala hay pocos niños, los Rescate emotivo4cuales se ríen ante cada acotación y monólogo del artista, lo cual tranquiliza.

Una de las enfermedades del payaso es el alzheimer y, justamente, ésta será la que nos hará reír a carcajadas cada vez que tengamos que decirle que ya repitió ciertas frases.

Don Carlos Calostro Mecoño es su nombre y tiene seis operaciones del corazón. Aunque esto no es suficiente como para que se entristezca, sino para que asuma la realidad de que el tiempo que tiene por vivir lo tendrá que exprimir al máximo. Lo interesante en la elaboración de su personaje es la humanidad que le da. Sabemos que es un rol en escena pero también una verdad fuera de su atuendo y nariz de plástico.

Don Carlos viene a traernos una dosis concentrada de concientización. Como todo viejo cascarrabias, insulta, se indigna y se pone agresivo. También utiliza en todo momento el humor negro y es que éste es el que le permite estar en pie, tomado de su andador y mirándonos a los ojos sin caretas ni tapujos.

Desde que nació, asume que se sucedieron infinidad de guerras y conflictos en todo el mundo. Pero no guarda esta información en un archivo de recuerdos, sino que le sirve para ayudar. Palabra poco frecuente en estos tiempos. Su solidaridad se expande, atraviesa fronteras y está orgulloso de poder hacerlo.

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La interacción con el público, lo nutre, lo alegra, lo altera y -aunque no lo diga- se siente orgulloso de ser como es. Su alzheimer podrá hacer que repita frases o palabras, pero no le permiten olvidar el dolor provocado por guerras a la humanidad. Esta humanidad que, a veces, no responde, otras se queda estupefacta y, casi siempre, se venda los ojos.

“Soy un payaso de mierda”, se dice a sí mismo en cuanto le comentamos que ya nos contó cierta historia. La ironía, por supuesto, está presente a lo largo de su exposición; tal como el hombre del geriátrico “Peras al olmo”. Cuántas veces, mencionamos este dicho y cuántas otras volvimos a tropezar con la misma piedra.

Y, a diferencia del payaso tradicional, a él le dan “miedo los niños”. Claro que, hablar de ellos es el puntapié para tocar temas como la desnutrición infantil, Rescate emotivo3entre otras cosas.

“Rescate emotivo” es un viaje por encontrar lo sensible y ocuparse de los asuntos importantes; dejando de lado las sonrisas falsas y las puestas en escena impresionantes a nivel visual.

Vos, ¿crees que aún tenés posibilidades de ser rescatado de las miserias del mundo actual? ¿Qué granito de arena aportás a diario para hacer eso posible?

Mariela Verónica Gagliardi

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