*** Junio 2017 ***

Perro1

“Perro un cuento rural”, comienza con el famoso: había una vez…

Esas palabras que tanto nos recuerdan a la infancia, a los cuentos de hadas y princesas, de castillos y batallas; se dejan a un lado en este apasionante relato de Hernán Grinstein (personificada y dirigida por él mismo).

Él interpreta a un perro, el tan conocido amigo del hombre, pero con unas modificaciones realmente angustiantes y sorprendentes.

Este animal, domesticado y entrenado por su amo Tony (José María Marcos), nos muestra la triste realidad vivida en una humilde casa de campo, en un pueblo perdido del interior. El perro sufre, ama, entrena, se cansa, agoniza en vida y retoma su rutina para no volver a ser aislado de su “familia” adoptiva.

La historia nos acerca un doble relato, en el cual se puede tomar el cuento lineal y entender que se trata de un animal maltratado y adiestrado para competir contra otros animales salvajes; o la Perroidea metafórica sobre un joven que con tal de ser aceptado por otros seres, agacha la cabeza y obedece de cualquier modo.

Pero la supervivencia de nuestro personaje principal no se da porque sí, sino gracias a la dulzura de Leyla (Maday Méndez), quien le hace mimos y trata de brindarle toda la contención posible para que éste no decaiga ni muera.

El motivo fundamental de la narración (para los cinco actores) es la próxima pelea que tendrá lugar en unos pocos días y que, Tony, considerará la última, la salvadora. Aquella que les proporcionará el dinero suficiente para huir de ese pueblo.

Si bien la tortura es uno de los aspectos más notables durante la trágica y dramática historia, cada personaje la realza de una manera diferente: física y/o psicológicamente.

Verde (Francisco Franco) y Tuerto (Tulio Gómez Alzaga), dueños de un bar y encargados de la parte organizativa de los combates; la ejercen de ambos modos, aprovechándose de la pobreza económica de Tony y de los pocos recursos intelectuales del perro. A su vez, Leyla, será –en muchas oportunidades- quien se encargue de pagar con sexo, las deudas de su jefe.

“Perro un cuento rural”, no es nada más ni nada menos que la realidad de cualquier familia o clan. La tristeza de ser sobornado y no poder revertir dicha situación por miedo o falta de temperamento.

Perro2

“Perro un cuento rural”, considero que se titula de ese modo para no herir susceptibilidades sociales, pero podría ser perfectamente el reflejo de nuestra sociedad. Una sociedad egoísta que solo piensa en sus propios intereses sin considerar que no siempre el dinero compra la felicidad ni nos hace libres.

Y, justamente, la obra nos lleva por un recorrido donde vemos los dos extremos: la esclavitud y la libertad. Perro estará oscilando entre ambos, guiado por sus instintos, por su dulzura y por los propios golpes de la vida.

El guión es muy interesante y nos mantiene concentrados durante toda la función. Un aspecto a resaltar es el de las sensaciones olfativas desde el primer momento en que ingresamos a la sala del Teatro Polonia (Fitz Roy 1477 – C.A.B.A.). Esos olores a campo, a faena, a espacio abierto, Perro3poco habitado, nos permiten que recreemos en nuestras mentes todo lo que va sucediendo en escena. Como si filmáramos una película en vivo y en directo, acompañados del director de la misma.

Otro factor a destacar, más allá de las actuaciones que son impecables y convincentes, es el modo de narrar. Desde un comienzo, notamos cómo las charlas entre Verde y Tuerto, dan pie al discurso y escena siguiente. Pero lo original es la inventiva que tienen de lograr que la solución de cada palabra cruzada sea el tema a tratar sucesivamente en la obra.

Ellos son los narradores omniscientes, pero luego forman parte de toda la historia, a medida que cada fragmento se une con los demás, conformando un todo integrado y perfecto.

Mientras Perro y su amiga, juegan, inventan historias y se intentan divertir, el dolor se hace presente. A la vez que intentan retomar sus rituales infantiles para crear un mundo más alegre al que les toca soportar.

El resultado de la pelea a punto de disputarse no es tema menor pero tampoco conforma la enseñanza del cuento. Un cuento que según con qué óptica se lo mire puede ser positivo o negativo. Alegre o triste.

Este Perro, es fiel a sus propósitos, a la necesidad de tener amor de un padre sin importar quién sea este. Sus mordidas no son por furia sino por defensa propia. Su aprendizaje hace tiempo que es la subsistencia, la imposibilidad de convertirse en un hombre de verdad y ser amado por alguien como él: tan noble.

¿Con qué ojos se puede mirar a la muerte cuando está tan cerca? ¿Cómo defenderse de lo inevitable cuando no se cuenta con recursos para hacerle frente?

“Antes o después la muerte espera siempre”, afirma Verde.

Perro un cuento rural

Mariela Verónica Gagliardi

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