*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Un poema griego

La oscuridad de la razón1

En una tierra donde todo está permitido o no prohibido, vive una familia que -para nuestra sociedad actual- es disfuncional. Amores desenfrenados, deseos cautivos, una memoria cautelosa y la necesidad de sentir, de que el cuerpo se exprese; son algunas de las acciones que pueden verse durante «La oscuridad de la razon» (escrita por Ricardo Monti y dirigida por Virginia Innocenti).

Esta pieza teatral tuvo su origen en 1993, una década infame en que el uso de la razón pareció someterse a intereses de poder, a la venta de un país tan rico como el nuestro y a la necesidad de los gobernantes por pretender cultivar la ignorancia para manejar, a los más débiles, como rebaño. Sumada a dicha realidad, cobra protagonismo el mito de Electra, a través del cual se explica la relación entre víctima y victimario.

Ingeniosamente, es dicho mito el encargado de conseguir que tanto la tortura, la opresión y la censura; se difundan de un modo más artístico y menos ácido.

Si bien las escenas transcurren en Argentina, con la vuelta de Mariano (Juan Luppi) de su viaje por Europa, se produce una interesante fusión entre estereotipos, vestuarios y conceptos de la antiguedad.

Alma (Daniela Salerno) es, simbólicamente, Electra. Un personaje emblemático que se enfrenta con el de su madre Clitemnestra (Ana Yovino); aunando sus fuerzas y consiguiendo dos excelentes interpretaciones que hacen relucir aún más la adaptación de Virginia y la puesta en escena.

Al comenzar la historia presente, es inevitable sentir el aroma shakesperiano –vinculando algunas de sus obras como Hamlet y Macbeth- de tragedias griegas como el Mito de Electra y la crisis del liberalismo vigente en nuestro país –durante la divulgación de dicha obra de Monti-.

Resulta extraña esta amplia combinación de géneros, estilos y escrituras de antes y ahora. Pero, el dramaturgo logró hallar esa esencia para cautivarnos.

Se puede trasladar el mito a muchos casos policiales de la actualidad, esos casos en que personas toman la decisión de matar a sus padres o miembros directos de la familia. Estas situaciones que provocan escalofríos en mentes y corazones sanos, incentivan en otros seres una serie sentimientos que, supuestamente, podríamos deducir lo harían para culminar con sufrimientos tan agobiantes. Eliminar al que produce dolor, en vez de cambiar la actitud ante la vida sería el modo en que accionan esas personas. Esto se plasma en “La oscuridad de la razón”, una obra que tiene de protagonistas a todos los actores en escena, ya que cada uno de ellos consigue representar un simbolismo o persona trascendente, que sirven para explicar conceptos a veces olvidados.

Nunca es tarde para ser feliz, escuchamos a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, al llegar a la adultez, no siempre se consigue. Es así como observamos a Clitemnestra, a Lady Macbeth y a Gertrudis convivir en una misma mujer, aquella mujer que arde en deseos carnales y que no logra pensar con la mente. Esta mujer que simboliza a tantas otras que transitan su camino, egoístamente, e hiriendo a quienes les impidan ser felices o lograr su cometido.

Por otro lado, se encuentra Electra, una joven que ama a su padre (Pablo Mariuzzi), el rey Hamlet, el rey Agamenón y el rey Duncan. Un padre que es reemplazado por “otro” (Luciano Suardi). Asombrosamente, el espectador -según sus conocimientos- podrá contemplar una escena u otra, podrá recrear estos clásicos o disfrutar de una historia que trata sobre los valores de la vida, sobre lo mas inspirador -acompañado por la música, en vivo, de Maia Mónaco- quien crea una atmosfera mágica que puede contemplarse con los ojos cerrados.

Y esto es lo que tiene el teatro bien concebido, en que todo el elenco despliega sus alas para volar por ese espacio enorme que existe entre la vida y la muerte. Un espacio sobre el que no podremos reflexionar cuando no estemos en este mundo.

La oscuridad existe en la razón y en el corazón del humano. Sin ésta, nadie podría saber lo que es la luz ni cómo alcanzarla. Sería como hablar de alegría cuando no conocimos la tristeza. O de aprovechar el tiempo en que nuestros ojos están abiertos para hacer que cada ilusión se transforme en realidad.

¿Por qué no mostrarse sin tapujos, sin máscaras, sin pretensiones?

Esta gran pieza artística demuestra que cada hora que transcurre, sin modificarnos, es una pérdida irrecuperable, un lapsus que no tendrá sentido.

La sociedad es de los poetas, de los que sueñan, de los que anhelan un mundo diferente. Mariano, recorrerá su camino hasta descubrir, de la mano de la Mujer (Lorena Szekely), cómo alcanzar su senda. Aquella que le dará la calma necesaria para su alma.

ficha La oscuridad de la razón

Mariela Verónica Gagliardi

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Un baño de juventud

Forever young1

La música como herramienta fundamental para alegrar corazones y demostrar cuán necesaria resulta en la vida. La música como disparadora de ideas renovadoras, como trampolín para montar la obra, en vida, más sensacional.

«Forever Young» (escrita por Eric Gedeon y dirigida por Daniel Casablanca) es una obra de teatro musical que representa a un grupo de ancianos, muy particulares, los cuales viven en un geriátrico que se debate entre lo que debe ser y lo que es. Paco Mir, Joan García, Carles Sans, Pablo Kompel, Sebastián Blutrach y Daniel Casablanca; son los responsables de esta adaptación que permite sentirla más local que la original. Una enfermera, a diario, intenta poner orden a estos viejitos -tan simpáticos- que pretenden rejuvenecer, constantemente, a partir de las melodías interpretadas por el pianista Gaby Goldman.

Las jornadas transcurren de un modo lineal y reiterativo, en que los ancianos toman sus medicinas, hacen ejercicios para estirar las articulaciones y coordinar movimientos. Pero, en cuanto la puerta se cierra, comienzan la fiesta cotidiana en que unos bailan, otros posan, otros demuestras quiénes son y, los demás, acompañan con sonrisas. Cada uno tiene su momento de lucidez, en que recuerda el pasado de la mejor manera, cuando las canciones de los setenta -en adelante- surgen en el aire, para mimetizarse con sus estados de ánimo, sus costumbres, sus raíces y sus identidades. Se puede disfrutar de Belén Pasqualini y Mariela Passeri, quienes lookeadas de una manera tan excéntrica, consiguen las carcajadas del público desenfrenadamente. De un Walter Canella, envejecido y travieso. De un rockero como Germán Tripel que demuestra cómo aún crecidito puede seguir siendo ordinario. De un marido correcto como Christian Giménez y de una enfermera piadosa como Andrea Lovera. Todos, absolutamente todos, conforman un dream team fenomenal, consiguiendo personajes distintos e interpretaciones bien logradas. Esto es un éxito y no solo por la sala que aplaude sino por la unidad entre ellos, por la pasión dejada en el escenario y la mascarilla de oxígeno olvidada de usar. Imposibles anotar todos los nombres de tantas canciones que suenan a lo largo del musical, evocadas naturalmente por estos personajes que se compran nuestros corazones y de quienes deseamos aprender ciertas cosas para disfrutar llegado el momento. Pero, algunos de los más conocidos y que resuenan en el ambiente son: I love rock & roll, Roxanne, Sweet dreams, Get up stand up, Smells like teen spirit, Bridge over troubled water, Barbie girl, I will survive y Forever young.

Canciones del género pop y rock, enteras, fragmentadas, amadas antes y ahora. Necesarias para que los dolores físicos no los traumen, copitas de vino para calentar esos músculos entumecidos y castigos oportunos para que sientan el rigor en algún plano de sus vidas. Un rigor que, desde ya, es solo a modo de aprendizaje.

Cabe resaltar uno de los mejores momentos de la historia que ocurre cuando montan una obra, espontáneamente, con diálogos y todas aquellas acciones que quieren darse el gusto de llevar a cabo. Una torre humana que se desvanece como sus pieles suaves, como la fragilidad de sus huesos al caer, como el tirano paso del tiempo que les avisa sobre su vejez -una vejez innecesaria-.

El pasado no podrán recuperarlo, pero sí todo aquello que los enorgullecía y que les permitía seguir adelante.

Una muestra de cómo exprimir la vida al máximo, a pesar de cualquier enfermedad que se pueda tener, valorizando cada minuto y haciéndole sentir al corazón que son por siempre jóvenes, por siempre bellos y por siempre vivos.

Entre el idioma inglés y el castellano, se va dibujando un mural de colores en que estos artistas se convierten en los protagonistas de sus propias vidas. Como deberíamos serlo todos. Quizás, por haber vivido demasiado, ya no le teman al ridículo, al papelón ni al qué dirán.

Del orden, al desorden, de la rigidez al desdoblamiento, de la seriedad a la risa eterna y de la vejez a la juventud.

Ellos son más jóvenes que cualquiera porque han aprehendido y ahora están de vuelta. El geriátrico es lo que menos les importa. Ese lugar es su casa, como podría serlo cualquier otro espacio. Lo relevante es que supieron absorber las fragancias y melodías para nunca sentirse solos.

ficha Forever young

Mariela Verónica Gagliardi

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Un grito a toda marcha

La mala fe4

Año 1951, un año en que uno de los líderes más carismáticos del ámbito político, era derrocado por fuerzas militares. Un año en que Perón era desplazado por intereses de otros sectores empresarios que pretendían llevar al país hacia otro destino.

La Iglesia que tanto apoyo le había otorgado a Juan Domingo, se hacía a un lado. Ahí, en ese momento, un cura muy bonito (Walter Bruno), sube a un tren con destino a Rosario y sus palabras y acciones se convierten en enseñanzas para un pueblo que, predominantemente, era católico, que se confesaba ante una persona vestida de embajador de Dios, y que pretendía limpiar sus culpas con tan solo expresarlas en voz alta.

Una madre (Lorena Vega) y su hija (Tamara Garzón Zanca), viajando, tensionadas, desesperadas por un futuro incierto y lleno de oscuridad. Un tren que es detenido, también por la fuerza, por una huelga de trabajadores cansados de pedir lo que les corresponde. Una formación que no continúa su recorrido para hacer pensar al espectador, para inducir al diálogo interior y para replantearse tanto la historia argentina como la vida.

La iluminación tenue que va creando climas de suspenso e íntimos, hasta focalizar en la acción y el drama.

Durante el viaje surgirán temas controversiales entre los tres personajes de “La mala fe” (escrita por Leonel Giacometto y dirigida por Alejandró Ullúa) y, de ahí en más, los años cincuenta nos invadirán, hasta sentir -de algún modo- que el presente y pasado se mezclan en varios aspectos.

Cada quien sacará sus propias conclusiones de acuerdo a su ideología e inclinación política. Pero, lo más
importante es que los protagonistas dan su visión, la cual difiere de por sí bastante entre ellos; La mala fe2permitiendo que el final sea abierto. Por un lado, está clarísima la última acción llevada a cabo por el cura, aunque la moraleja y análisis no.

Como un texto que invita a la reflexión, el peronismo siempre tuvo aliados y fieles como la Iglesia y, otros, que lo repudiaron tanto a su movimiento como a sus ídolos.

El Santo envuelto en un rollo de papel, supuestamente muy valioso a nivel económico y espiritual, será el verdadero protagonista de la dramaturgia -frente al que se tramarán diferentes teorías y planes-. Mientras tanto, el sonido del ferrocarril dará cuenta del transcurso del tiempo, un tiempo que se frenará cuando el paro se despliegue sobre las vías.

Genialmente, la madre dirá que no hay de qué preocuparse ya que Evita pegará unos gritos y, como siempre, resolverá los conflictos.

Un grito o varios gritos serían necesarios para asustar, de algún modo, a quienes intentan obstruir el paso de estos viajeros.

Y, este es uno de los puntos que más resaltan durante la obra. El egoísmo de unos que prima sobre los derechos de otros. Siempre es y será lo mismo porque, la historia, como se dice: es cíclima. No existe nada nuevo, solo otros rostros que repiten versos como aprendices de sus maestros, aquellos que ya no están para atemorizar a quienes solo se esfuerzan por avanzar, por seguir, por continuar y sacar a la luz esos secretos tan bien guardados por quienes con diferentes uniformes esconden de alguna manera.

¿Matar al culpable?, puede llegar a ser una solución aunque no del todo eficaz porque, como recién mencionaba: la historia es cíclica. Podríamos buscar qué es lo que sigue a la desaparición de un líder.

¿Puede haber peronismo sin Perón? ¿Y Evita?

Los sindicatos apoyaron a éste aunque por intereses. Como siempre y como todo.¿O acaso se puede rezar una oración que no convenza?

Tentarse con lo prohibido, tenderle una trampa al más débil y continuar con un negocio fraudulento; son algunas temáticas que surgen en “La mala fe”.

Una mala fe que no solo se relaciona con el catolicismo, sino con el accionar humano. Hacer algo de mala fe, orientado a no tener principios o lealtad. Una lealtad que no siempre se puede sostener, o sí.

Eso es lo que verdaderamente, cada hombre en esta tierra, debería resolver: si continuar un mandato o rebelarse ante el sistema.

La mala fe

Mariela Verónica Gagliardi

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Un castigo que no vale la pena

Vivan las feas12

Un mundo de plástico, artificial, confeccionado para unas pocas y sobresalientes mujeres que nacieron con el don de la belleza, de una belleza que se supone y erige como tal o que tienen los medios como para lograrlo en la sala de operaciones.

La belleza seguida del éxito es lo que marca la tendencia de llevarse el mundo por delante. Mientras tanto, las no agraciadas deben ser simpáticas, cordiales y esforzarse más de la cuenta por caer bien al resto y por intentar demostrar que, también, tienen un don especial para compartir.

«Vivan las feas» (escrita y dirigida por Mariela Asensio), es una obra que pretende no serlo. Es un conjunto de testimonios que se gritan sin piedad ni miedos. “Vivan las feas”, tiene la particularidad de contar con Mariela en escena para coordinar todo desde allí. A la vez que pedalea durante toda la función, notamos como su cansancio no la extenúa y su palpitar no la abandona.

Son cinco artistas, de distintas generaciones, que esbozan monólogos y diálogos entre ellas. Parece desaparecer aquella división entre público y actrices. Todo se convierte en unidad, como si se tratara de una performance -no para admirar sino para concientizar-.

No hay cifras vigentes que determinen cuántas personas mueren como causa de la bulimia y anorexia, pero en los últimos años la ONU determinó que Argentina era el segundo país en este ranking, después de Brasil. Actualmente, nuestra sociedad sigue haciendo apología al consumismo, a los talles diminutos, a alcanzar liderazgos gracias a una imagen determinada o a triunfar por unas piernas esbeltas.

¿Quién determina que una mujer sea linda o fea?

Existen muchas leyes de talles grandes en el país pero, lo cierto, es que la minoría de los negocios de indumentaria cumplen con las reglamentaciones.

A su vez, vale considerar que el 85% de profesionales de la salud son mujeres. Sí, psicólogas y, este dato, no debe ser pasado por alto; como tampoco que muchas a los cuarenta deciden estar sin un hombre o no les queda otra alternativa.

Nuestra sociedad sigue fijándose qué mujer está sin un hombre, analizando los motivos y cuestionando por qué no quiere tener un hijo. Estos mandatos añejos, inciden en todas nosotras. Pero, de lo que podemos estar seguras es que las “feas” suelen estar casadas y con varios niños; mientras muchas de las “lindas” están desamparadas y sin procrear.

Es hora de que nos apoyemos, al menos, ente nosotras, que no naturalicemos la violencia contra nuestro género y que quienes tienen el “poder” lo usen para fijarse en lo profesional e intelectual en vez de ver cómo luce lo que no se puede cambiar sin operación.

La historia continúa con su trayecto, escuchando las vivencias y recuerdos de Ana María Castel y anhelando no tener que esperarlo con la comida recién salida del horno, con la ropa limpia y planchada, con la casa en orden. Puede ser que los hombres vean esto como una rebelión pero tuvimos tantas décadas de esclavitud que recobrar la libertad no solo nos une sino que nos reconforta.

Nadie sentiría antes, que prepararle la comida a diario era un acto de servidumbre. ¿Pero, por qué él no lo hacía? Claro, antes los hombres salían a trabajar y las mujeres quedaban al cuidado de los niños y de los quehaceres domésticos. Pero, esas mujeres de antes, ¿eligieron ese puesto?

Nadie les preguntó si preferían una u otra cosa. Los tiempos, por suerte, han cambiado y existen muchos hijos que, por diferentes circunstancias, viven con los padres.

El mundo se ha dado vuelta, sí. Y por suerte. Por un camino recorrido por muchas mujeres emblemáticas, cojonudas, inteligentes y capaces de enfrentarse a aquello que no les parecía.

Más que nunca, hoy y siempre, las mujeres debemos estar unidas, escucharnos, darle una mano a aquellas que se consumen con ejercicios físicos para gustarles a otros, a las que no pueden más por hacer una dieta que a nada las conduce.

A pesar de todo esto, los hombres se suicidan más y con cifras realmente escalofriantes, lo que indica que algo en el interior femenino indica que no quieren tirarse al vacío sino ser aceptadas.

La del cuerpo privilegiado habla, la ama de casa habla, la desafortunada habla, la que prepara los tragos (con frutas y sin alcohol para no engordar) habla y la que hace ejercicio calla.

ficha Vivan las feas

Mariela Verónica Gagliardi

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No consigo olvidarte

Estas igual6

Generalmente, cuando pasa mucho tiempo en que no vemos a alguien, sentimos la imperiosa necesidad de decir algún cumplido o comentario al respecto. No haber cambiado, en ningún aspecto, a lo largo de diez años mínimamente resuena en el aire.

“Estás igual” (escrita, protagonizada y dirigida por Gabriela Izcovich) demuestra esta hipótesis al igual que el deseo que tenemos todos por anhelar cambios en los demás. Junto a Fabián Arenillas, llevan adelante esta comedia dramática que tiene lugar en No Avestruz.

Estás igual, en esta dramaturgia, es como decir: los años, lamentablemente, no te hicieron cambiar. Pretendiendo, buscando, indagando sobre las conductas humanas; es como la pieza teatral, a modo de pequeñas escenas, argumenta sobre éstas al igual que sobre la violencia psicológica.

No solamente podemos observar a una pareja con problemas comunes de convivencia, del paso del tiempo, de acostumbramiento y del recuerdo de viejos amores; sino que estos dos grandes actores interpretarán -a lo largo de la historia- a otras parejas, a otras personas y establecerán diferentes vínculos que permitirán completar una serie de ejemplificaciones sobre un tema central que es el amor.

El amor como fuente de energía, como padecimiento, como única opción a estar con alguien, como transición a un lugar desconocido, como encuentro con un ser especial que reconforta, como excusa para recordar el pasado, como sanación a viejas heridas.

Estás igual, demuestra y confirma el talento de Gabriela, su modo de narrar lo cotidiano de una manera tan natural que se convierte en el famoso cuentito que tiene o debería tener toda expresión artística en un escenario.

Mientras tanto, Fabián se convierte en marido, ex, psicólogo, médico y persona que intenta hallarse a sí mismo. Todas sus interpretaciones lo erigirán como ser con debilidades, y por eso será útil mostrarlo con cierta autoridad, aquella que lo escudará como para que pueda manipular a sus diferentes mujeres.

Distintos hombres que encajan o no con otros estereotipos de mujeres. Variedades para definir estilos de vida y, en la mayoría de los casos, el deseo dormido o mutilado.

Una terapia que saca a la luz lo que no pudo ser, la inoperancia de un médico para tomar determinadas decisiones, el pasado que vuelve y perturba el presente desestabilizando lo que se suponía estable -y no por ello feliz- son algunas de las problemáticas que se desarrollan. La coincidencia que hay entre todas es la parte sensible del ser humano. Inclusive hasta el más fuerte, tiene su costado melancólico, motivo por el cual es posible emocionarse durante la risa y el trauma.

La acidez de una naranja es esbozada como anzuelo para recuperar aquello que se desea idílicamente. Esa acidez que no permite un amor dulce, suave y comprometido.

Junto a la práctica escenografía que se utiliza de una y otra forma, es posible que los propios actores construyan sus lugares, guardando hasta el mínimo detalle que retrata una u otra situación.

La calidez de sus miradas, retratan vidas de unos y de otros, de vos, de mí, de todos; uniendo sinsabores con música de un charango y de una guitarra -trayendo lo autóctono como cable a tierra a estas personas que se asemejan en procederes- evitando el dolor con atragantamientos y alegrías con esperanzas.

Estás igual ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Encuentro de dos mundos

Lunes abierto17

Superstición: Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón. Esta acepción figura en el diccionario de la Real Academia Española, sin embargo, también existen pruebas que demuestran cómo el no darle lugar a dicha creencia puede perjudicar el común desarrollo de la vida.

Ser supersticioso no es un pecado pero sí una barrera que impide ver la realidad real. Dicho esto, ¿quién no teme pasar por debajo de una escalera, rezar porque un gato negro no se cruce por delante, evitar viajar o casarse un día 13 o pedirle a quien sea que por romper un espejo no se tengan siete años de mala suerte?

«Lunes abierto» (escrita y dirigida por Ignacio Sánchez Mestre) protagonizada por Leo (Martín Piroyansky), es una obra que oscila entre el realismo mágico y la superstición. Desde un principio, la escenografía nos invita a adentrarnos en una peluquería común y corriente aunque, en breves momentos, sabremos que no es común nada de lo que pase allí dentro ni entre ellos.

Tiempo y espacio se fusionan, se entrelazan, se mezclan y pretenden confundir al espectador, no dándole certezas de lo que está ocurriendo ni de lo que vendrá. De este modo, la dramaturgia se convierte en un camino sinuoso en que la ciencia ficción se destaca.

Llevando a cabo un experimento que consiste en hacer crecer el pelo, se desatarán unas escenas muy delirantes en que se podrán disfrutar de las grandes actuaciones de estos talentosos artistas.

Verlo a Leo con pelo cada vez más largo, ya de por sí provoca la carcajada, una risa que desborda desde el público hasta el escenario. Y en cuanto este personaje comienza a elucubrar su teoría, todo se vuelve más absurdo.

Carmen, la dueña del negocio, continúa sufriendo por el abandono de su marido y Elvira parece solo comunicarse a través de acciones sin sonidos.

Todo parece tener una claridad que los convierte en investigadores, unos investigadores que indagan sobre el pasado y presente en enciclopedias antiguas. Sin lugar a dudas, la dramaturgia es de una excelencia suprema en que las palabras se conectan entre sí de un modo descabellante y, a su vez, justificado.

Un hombre que fue otro y que, ahora, debe recordar lo que nunca vivió. O tal vez sí, solo que su alma sería diferente y su cuerpo el mismo. Podría mencionar a la reencarnación como prueba para argumentar la vida de éste, pero no es algo que tenga un valor durante la historia.

Quien más calla y es tomada como muda, sorprende cuando se anima a hablar. Y no es poco lo que tiene para decir sino que, a partir de sus frases, todo podrá descubrirse al mismo tiempo que jugar con diferentes planos tridimensionales y artesanales.

Esta pieza teatral brinda el placer tradicional de una narración en que no es necesario desplegar tecnología. Ésta puede imaginarse y disfrutar de todo el potencial dejado en escena.

Viajar a un lugar en que supuestamente estará el ser amado o permanecer en el mismo sitio esperando que algo pase como para cambiar la rutina.

Un lunes abierto es extraño para el sector de peluquería. Primando lo raro, no es eventual que todo continúe como a diario sino que un conflicto se avecine.

El pasado retorna y una foto es una de las maneras de entender quién es quién o, al menos, quién quisiera ser cada uno.

¿Cómo superar los malos estragos, las decepciones y alcanzar los deseos más queridos?

Tres almas totalmente diferentes pero, evidentemente, unidas por la irracionalidad. Una irracionalidad que no los vuelve locos sino soñadores.

Un metalenguaje y una originalidad por conectar cada vocablo y conformar un universo nuevo e ideal para ellos mismos, aquel que los elevará por sobre la rutina y la incomprensión del resto de la humanidad.

Mirarse en un espejo y no gustarse, mirarse en otro espejo y observar fenómenos diferentes. Unir ideas y significados hasta encontrar la fórmula para aceptar lo que les toca.

Lunes abierto ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Lo no perdonado

Tamorto1

«Tamorto» (está basada en la obra Arlequín de pies ligeros, Quito – Ecuador) originada en el teatro de comedia del arte italiano del siglo XVIII, con tintes tradicionales y otros vanguardistas, los cuales consiguen romper con lo estéticamente correcto y darle al público un tirón de orejas.

Detrás de las máscaras se ocultan rostros humanos incapaces de expresarse sin éstas. Los humanos estamos acostumbrados a omitir por diferentes cuestiones. Esta historia demuestra que es posible hablar y cantar todo aquello que nuestra alma precisa.

Arlequín (Jorge Costa) es el personaje principal y el eje central de esta historia que consigue llevarnos a un universo musical en que se conjugan canciones originales con mensajes ideológicos, sin anestesia.

Este personaje tan querido por el mundo artístico, está enfermo y solamente puede ser salvado por su amigo y, a la vez, contrincante Pierrot (Emiliano Larea). La fidelidad es uno de los aspectos que más resaltan a lo largo de la obra, demostrando que los sinsabores amorosos pueden ser dejados a un lado en ciertos momentos de la vida.

«Tamorto», suena antes de la función para impregnar sus melodías y versos en nuestros seres. Tamorto, continúa una y otra vez hasta que las luces se atenúan para dar paso a lo que está por acontecer sobre las tablas.

Está muerto, como tantas personas, como tantas ideologías y placeres. Arlequín es un niño que disfruta al máximo cada instante, deseando no perecer. Así es como goza al máximo de su desfachatez consiguiendo el corazón de Colombina (Romina Mónaco). Aunque no sucede todo de manera tan libre. Una doctora (Julia Muzio) es la encargada de revisar al enfermo, de diagnosticarlo y de decirle cuánto tiempo le queda. No hay lugar para el llanto así que lo que podría ser un mar de lágrimas, es desplazado para que lo verdaderamente importante sea comunicado: la política vigente.

Esta dramaturgia entrelaza discursos y mensajes de casi todos los que pasaron por el poder, jugándose de lleno a tomar partido por la coherencia.

Mientras Colombina sonríe tras su máscara, Arlequín se debate entre la vida y la muerte y Pierrot descubre todo el amorío detrás de sus espaldas. A la vez que Zanne Músico (Fernando Pérez) consigue desplegar melodías diferentes durante todas las escenas y deleitarnos con cada sonido; llega ella.

El destino no puede cambiarse en esta historia que oscila entre la comedia, el drama y la aventura desenfrenada. En cuanto las piruetas de Arlequín consiguen conmover a sus pares, las agujas del reloj son atrasadas, para luego adelantarse y darle la despedida.

Nadie se «salva» en esta obra, que vendría a ser una suerte de murga argentina. Una murga que no quiere callar y que no le teme a la verdad.

Burlarse de la muerte (Julia Muzio) y no temerle es la propuesta de la trama y, posiblemente, el deseo que todos tenemos al pensar en ella. Hacerle pito catalán a esa parca negra que, en esta ocasión, no es tan así.

Cómo no desperdiciar la vida durmiendo, sobre todo cuando los minutos están contados y no podrán recuperarse al día siguiente. Una forma de hallar y hallarse, de efectivizar aquello que se merece nuestro tiempo y aquello que tiene que deshecharse por completo.

¿Un amorío, quién no lo ha tenido o, al menos, pensado?

Tamorto refleja las conductas humanas, haciéndose cargo de todas las elecciones. Estos personajes tan adorables, permiten que la crudeza de sus palabras resuenen en el ambiente hasta aceptar que lo espontáneo es más aceptable que las frases armadas.

Arlequín tiene pies ligeros, es ágil y sagaz. No le teme a nada ni a nadie, solo que desearía quedarse con su amada y continuar con sus andanzas.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Rumba pa tí

Timbalaye1

Un martes por la noche me proponen ir a ver una banda de rumba, pero antes tomar una clase de baile. Suena atractivo aunque hace tiempo que no danzo con un partenaire ni en ronda. Tomo la decisión de ir a la Sala Siranush para hacer la experiencia. Timbalaye es el espectáculo que se hará esperar hasta las 23 horas.

Cuando comenzó la clase opté por escabullirme como una alumna más y vivenciar los tips, códigos y movimientos. Lo que iba a ser una práctica para principiantes, terminó siendo un intensivo de alrededor de dos horas, motivo por el cual mi cuerpo dijo basta. A lo largo de una hora pude rescatar varias cosas: ninguno de ellos era principiante, el grupo ya se conocía de otros lugares y había quienes llegaban para lucirse al ritmo del son cubano.

La rumba y la salsa como fieles amigas y compañeras se disputaban pasos con tal de sobresalir. A su vez, los nombres de pasos y secuencias coreográficas -que según el profesor pueden variar- continuaban una y otra vez. Pretendían que novatos se empapen de ron hasta descubrir figuras ocultas, llenas de gracia y conexión con los demás.

Cada estilo de baile tiene una vestimenta determinada, motivo por el cual se pudo ver a hombres y mujeres inmersos en la isla, con ropa de verano e inclusive gorras para el sol. El escenario, de repente, pareció fusionarse con la arena y los zapatos de plataforma femeninos lucirse a lo largo del espacio sin caída alguna.

Pudo ser una clase más, un profesor más… sin embargo, la perfección de una bailarina rompió, de cierta forma, con la tradicional lección de baile.

Con una sonrisa de punta a punta, sentía la rumba y salsa en su cuerpo. Cada una de sus partes respondían a las Timbalaye2canciones caribeñas. No parecía ser una más. Su determinación, femineidad, gracia y soltura no eran propias de una aprendiz. Y, efectivamente, no lo era.

Cuando finalizó una de las canciones, la aplaudí y felicité. Casi a modo de orden, le dije que tenía que ir ya mismo a algún casting para comedia musical. Ella también comento que cantaba, motivo por el cual era una candidata a estar en un musical. Su único defecto fue no tomar conciencia de su don y de esa magia que la paseó de un extremo al otro, tocándola con una varita. Lamenté no haber sido directora o dramaturga. Solo le prometí poner mi granito de arena para que alguien la descubra y le de esa oportunidad de brillar en las tablas.

Este fue el momento más lindo de toda la noche. La banda, claro que también, pero esa alegría de una joven llamada Magalí González, con una personalidad humilde y un corazón abierto me brindaron todo lo que se precisa para que la pluma no se agote.

Me están llamando”, “Padrino”, “Timba cubana”, “Ayer”, “Agua pa yemayá”, “Quimbara”, “Ven morena”, “Rebelión”, “Vivir lo nuestro”, “Señor sereno”, “¿Y qué tu quieres?”, “Chera mía”, “La Luna”; fueron las canciones que sonaron a lo largo de la noche, una noche en que los seguidores del grupo bailaron frente al escenario y, quienes aún no lo conocíamos, tuvimos la posibilidad de hacerlo.

Instrumentos de viento, de percusión y de cuerdas supieron conformar una atmósfera para los amantes de estos estilos de música y fanáticos de sus hits.

Pasos para un lado y otro, Timbalaye y una manera de acercar a almas solitarias que quieran conocer gente o vincularse a través del baile.

¿Podría un salsero o rumbero escuchar y cantar sin que sus pies dibujen figuras?

Timbalaye ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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El caribe en Buenos Aires

Timbalaye1

Un martes por la noche me proponen ir a ver una banda de rumba, pero antes tomar una clase de baile. Suena atractivo aunque hace tiempo que no danzo con un partenaire ni en ronda. Tomo la decisión de ir a la Sala Siranush para hacer la experiencia. Timbalaye es el espectáculo que se hará esperar hasta las 23 horas.

Cuando comenzó la clase opte por escabullirme como una alumna mas y vivenciar los tips, códigos y movimientos. Lo que iba a ser una practica para principiantes, termino siendo un intensivo de alrededor de dos horas, motivo por el cual mi cuerpo dijo basta. A lo largo de una hora pude rescatar varias cosas: ninguno de ellos era principiante, el grupo ya se conocía de otros lugares y había quienes llegaban para lucirse al ritmo del son cubano.

La rumba y la salsa como fieles amigas y compañeras se disputaban pasos con tal de sobresalir. A su vez, los nombres de pasos y secuencias coreográficas -que según el profesor pueden variar- continuaban una y otra vez. Pretendían que novatos se empapen de ron hasta descubrir figuras ocultas, llenas de gracia y conexión con los demás.

Cada estilo de baile tiene una vestimenta determinada, motivo por el cual se pudo ver a hombres y mujeres inmersos en la isla, con ropa de verano e inclusive gorras para el sol. El escenario, de repente, pareció fusionarse con la arena y los zapatos de plataforma femeninos lucirse a lo largo del espacio sin caída alguna.

Pudo ser una clase mas, un profesor mas… sin embargo, la perfección de una bailarina rompió, de cierta forma, con la tradicional lección de baile.

Con una sonrisa de punta a punta, sentía la rumba y salsa en su cuerpo. Cada una de sus partes Timbalaye2respondían a las canciones caribeñas. No parecía ser una mas. Su determinación, femineidad, gracia y soltura no eran propias de una aprendiz. Y, efectivamente, no lo era.

Cuando finalizo una de las canciones, la aplaudí y felicité. Casi a modo de orden, le dije que tenia que ir ya mismo a algún casting para comedia musical. Ella también comento que cantaba, motivo por el cual era una candidata a estar en un musical. Su único defecto fue no tomar conciencia de su don y de esa magia que la paseo de un extremo al otro, tocándola con una varita. Lamente no haber sido directora o dramaturga. Solo le prometí poner mi granito de arena para que alguien la descubra y le de esa oportunidad de brillar en las tablas.

Este fue el momento mas lindo de toda la noche. La banda, claro que también, pero esa alegría de una joven llamada Magalí González, con una personalidad humilde y un corazón abierto me brindaron todo lo que se precisa para que la pluma no se agote.

Me están llamando, Padrino, Timba cubana, Ayer, Agua pa yemayá, Quimbara, Ven morena, Rebelión, Vivir lo nuestro, Señor sereno, ¿Y qué tu quieres?, Chera mía, La Luna; fueron las canciones que sonaron a lo largo de la noche, una noche en que los seguidores del grupo bailaron frente al escenario y, quienes aún no lo conocíamos, tuvimos la posibilidad de hacerlo.

Instrumentos de viento, de percusión y de cuerdas supieron conformar una atmósfera para los amantes de estos estilos de música y fanáticos sus hits.

Pasos para un lado y otro, Timbalaye y una manera de acercar a almas solitarias que quieran conocer gente o vincularse a través del baile.

¿Podría un salsero o rumbero escuchar y cantar sin que sus pies dibujen figuras?

Timbalaye ficha

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Prisión perpetua

Los hijos de Eva1

Los manicomios son lugares tan fríos y desesperanzadores que, en general, parecen figurar en extremos de un mapa, aislados de cualquier mente capitalista.

Ellos necesitan recibir ayuda para estar mejor, para sentirse mejor; pero los intereses de quienes ocupan puestos políticos parecen girar hacia otros lados, en busca de sus propios bienestares.

Es la tercera temporada de “Los hijos de Eva” (escrita y dirigida por Diego Doello) una obra que indagó sobre esta problemática social, en el terreno de la salud, rescatando aquellas cuestiones tan íntimas de los “enfermos” que pudieron esbozar en diálogos la cotidianidad del Borda, específicamente de un pabellón. La obra eligió al Auditorio Losada como espacio para seguir transmitiendo esta pieza teatral y social tan importante.

Juan (Ulises Puigrós) es el protagonista de esta historia, un joven que dice ser el hijo de Evita. Nadie se anima a cuestionárselo ni a decir lo contrario o su parecer. Él está conforme con su historia, sea esta verdad o mentira. Y de eso se trata estar encerrado, de encontrar el modo de llenar aquellos vacíos y heridas abiertas con recuerdos nuevos -sin importar su procedencia-.

La dramaturgia está llena de códigos vinculados a la comedia y al drama, motivo por el cual podrían convertirla en una u otra. En esta ocasión se entrelazan ambos géneros dada la veracidad de los hechos.

Si se deja de lado, por un momento, la realidad; el espectador puede disfrutar de relatos y diálogos muy entretenidos y originales. Sin embargo, la dosis de realidad es imposible descartar y esto provocará un viaje humanitario en que cada persona sentirá algo relacionado con su identidad.

Personajes que son personas, que están en un cuarto intentando sobrevivir, imaginando un aire puro y renovado, una rutina y un modo de ver la vida muy conformista pero necesario. Seres que buscan sorprenderse a sí mismos con palabras, gestos y conductas; que recrean el mundo externo en una pieza.

¿Pueden imaginar qué siente una persona que jamás ha conocido el afuera?

No por ser mejor un espacio que otro, sino por no poder comparar, por no saber qué ocurre del otro lado, por tener la imposibilidad de ver un noticiero, escuchar la radio, saber. Eso es lo que se le quita a uno, a varios, a todos los internos.

Ellos transmiten, están, cumplen con sus necesidades básicas y duermen temprano para que nada malo les pase. Aunque lo malo es lo que se oculta, lo que se tapa con todas las fuerzas como para no sufrir.

Ellos son tildados de locos para quitárselos de encima, para que no preocupen al resto de los mortales que precisan ver con otros ojos.

Quitados del camino y encerrados, ya no existe perturbación posible al sistema, a un sistema voraz, egoísta y feroz que aniquila a cualquier idealista.

Una caricia, una canción, un sector privilegiado, un abrazo, ese aroma a encanto que se transforma en apego necesario para no perecer en el intento. Lo más noble y cariñoso puede observarse a lo largo de “Los hijos de Eva”.

Evita o Eva. Cualquiera de ellas, la escogida por cada uno de ellos. Una más importante que la otra, más histórica o noble. Más real o imaginaria, como las historias, como las anécdotas, como el plato de sopa sin nutrientes y el mordisco a una manzana que rueda cual pelotita por el piso de una habitación -que día tras día revive, se llena de alegría y muere al apagarse la luz-.

Un sistema sanitario en debacle total, con personal médico totalmente inoperante es lo que se pretende mostrar -traspasando el escenario-. Quien sienta incomodidad al internalizar las escenas de la obra, podrá sentirse satisfecho y humano. La barrera o el límite o fragmentación entre actores y público, desaparece dándole paso a lo solidario.

La complicidad es el factor más importante, aquel que despierta una sonrisa en el que estaba triste y una frase alentadora cuando sea oportuno. Claro que todas las desgracias no pueden evitarse ni todos pueden lidiar con esos fantasmas tan fuertes, aquellos que son capaces de convertir un juego en tortura.

Los hijos de Eva ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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