*** SEPTIEMBRE 2025 ***

El jardín de los cerezos2

Es invierno. Hace mucho frío y un conflicto se avecina…

“El jardín de los cerezos” (adaptada y dirigida por Nicolás Pérez Costa) es una puerta para conocer a la familia protagonista de una historia, llena de melancolía, tristeza, valores y diferencias sociales. Durante el año 1904, Anton Chejov escribe esta pieza teatral, la cual está basada en el declive de la aristocracia rusa y el ascenso de la clase más baja.

Durante las dos horas que dura la obra se puede ver reflejada la política -en la voz de cada uno de sus actores, quienes logran contarla de un modo ameno, prolijo y llevadero-.

La casa en que viven sus miembros, está por ser rematada y ese será el puntapié inicial del relato. Cómo lograrán mantenerla, como harán para que su pasado continúe vivo, recordado?

Un hombre, Ermolái Alexéievich Lopajin (Damián Iglesias), los asesora para que realicen un complejo vacacional, ignorando y pasando por alto el valor afectivo que tiene la propiedad. Él les intenta justificar lo poco que interesan los cerezos, ya que cada dos años dan su fruta y el resto del tiempo, nada.

Este espacio no vale como objeto sino como cuna por la cual han pasado varias generaciones. El jardín no es cualquier jardín. Es lo que fue, lo que paralizó a esta familia, lo que hizo que jamás continuaran sus vidas con un propósito o fin motivador. Las personas que habitaron esta casa, pudieron mudarse, regresar y deshacerse de su vivienda -por más lágrimas que corrieran por sus rostros-; ya que sus días son semejantes, rutinarios y estáticos.Héctor Giovine y Rita Terranova en El jardin de los cerezos

Dentro de las mismas paredes conviven los ricos junto a sus sirvientes. Tal como suele suceder entre las clases acomodadas, sus siervos son los mismos a lo largo de la vida, quienes conocen los secretos de la familia, sus pormenores y cada una de sus frustraciones.

Liubov Andréievna Ranévskaya (Rita Terranova), tiene dos hijas: Ania (Renata Marrone) y, la otra adoptiva, Varia (Iara Martina). La señora, quien regresa de París para estar al tanto del futuro de la residencia y sus espacios verdes, comienza a tomar conciencia de varios aspectos y, éstos, transforman pequeñas partes de su temperamento. Por otro lado, su único hermano: Leonid Andréievich Gáyev (Héctor Giovine), intentará -pero no muy convincentemente- evitar el remate de la casa.

Ania, es una muchacha joven que está terminando sus estudios y la inocencia la caracteriza. Ella es una de las figuras más evocadas a lo largo de la narración ya que a partir de su juventud se puede notar cómo es posible lograr un cambio en la familia o en su vida, de a poco; rompiendo con el statu quo reinante. Por otro lado, Duniasha (Cecilia Barlesi) demuestra sus dotes para interpretar su personaje a la perfección. Ella es delicada, cuidadosa, sabe transmitir lo que siente y piensa, sin temor alguno.

También, se puede hacer énfasis en Firs (Leonardo Odierna), realiza una interpretación excepcional como sirviente de esta familia. Todos saben que existe pero no lo tienen en cuenta mucho que digamos. Es que como muchas veces ocurre, la vejez produce el alejamiento de las personas de menos edad. Él dice que no está viejo, que “hace mucho tiempo que vivo”.

Son varios los personajes que se van sucediendo durante la obra pero merecen -sin menospreciar a los demás- un destaque, algunos de ellos.

Semión Panteléievich Epijódov (Agustín Pérez Costa) es otro de los que resaltan por su actuación y composición. Este personaje es muy interesante y es el enamorado de Duanisha. A su vez, Agustín interpreta a un borracho que nos hace reír durante toda la función. Éste es torpe, se cae, desafina al cantar, toca la guitarra y en medio de tanto “talento” intenta seducir.

En cuanto a la institutriz de la familia, Charlotte Ivánovna (Valeria Ruggiero), esboza “tener tantas ganas de hablar y no tener con quién”. Esta mujer esbelta y distinguida, habla lo justo y necesario. Solo decide emitir palabra en el momento preciso. Pero cuando su voz se escucha, se nota su disconformismo para con la familia.

Las muertes son contempladas, los recuerdos, encendidos; pero no hay un factor que los entusiasme como para cambiar y realizar un giro interesante.

El blanco otorgado a los vestuarios y escenografía, demuestra que la riqueza está presente pero a punto de ser abandonada. Ellos no hacen nada para conservar su casa y jardín. Lo dejan ir, como a sus propias vidas. Así es como notamos que la resignación es otro de los puntos a destacar en cada uno de estos personajes.

Liubov acepta la perdida de la casa porque asume haber pecado. Dice haber derrochado mucho dinero. Además, las tragedias seguidas de muertes, aparecen una y otra vez. Como la de su hijo, quien se ahogo y ella, sin poder aguantar tanto dolor, se fue a vivir a Europa. Como si la distancia lograra cicatrizar tremenda herida. Pero así es como se maneja esta familia: haciendo valer su condición de aristocracia.El jardin de los cerezos3

El único que, posiblemente, salve las tierras familiares, es Leonid. Un préstamo sería la única posibilidad y, en torno a este, girará gran parte de la obra.

También está presente el simbolismo de progreso junto a Piotr Serguéievich Trofímov (Juan Guilera). Él es un estudiante de menos de treinta años, muy inteligente. Este personaje, también, es interesante ya que sus diálogos estarán relacionados a la actualidad del país y sus condiciones. Piotr menciona a la clase obrera y a la correspondiente servidumbre, en contraposición a la alta sociedad. “En la vida real solo hay vulgaridad”. No causalmente es Piotr quien se acerca más a Anita e intenta hacerle ver la realidad por la que está pasando el país en su totalidad. Él, se anima a decirle que su propia familia tiene esclavos en la casa. Ella no se enoja, pero su personalidad no se toma muy en serio las cosas; aunque sí esto hace que comience a decidir por sí misma.

Las luces cambian sus colores, según el estado de la situación que se esté representando. La música clásica -a cargo de Nazarena Mastronardi-, acompañan cada cambio de acto en el escenario. También, los artistas cuentan con sonidos y música a lo largo de la historia, que los ayudan a sumergirse, mejor aún, en la época narrada.

“El jardín de los cerezos” es un clásico que en esta versión logra lucirse y demostrar que con buenos actores es posible narrar una pieza teatral lenta, con un ritmo un poco más ágil.

Mariela Verónica Gagliardi

La edad de la ciruela3

Una casa aloja a mujeres muy diferentes entre sí, pero con un mismo objeto: huir de esas paredes que las tienen como presas de sus pensamientos y ataduras mentales.

Celina (Elina Catini) – la hermana mayor- y Eleonora (Sofía Balda) son hermanas y, juntas, recrean los recuerdos de su infancia, las anécdotas de tías, abuelas y la muerte –posterior- de su amada madre.

La primera soñaba con ser hombre de más grande y la otra se resguardaba en los brazos de su hermana, haciéndose la “tonta” para no sufrir ni crecer.

Al comenzar la obra “La edad de la ciruela” (de Arístides Vargas y dirigida por Mercedes Fraile), Eleonora le escribe a Celina, contándole, dolorosamente, que la madre (Victoria Ruscio) ha fallecido. Este hecho que parece ser un trauma, en las dos mujeres se transmite como una melancolía constructiva. Ellas logran crear desde el dolor, anhelando –de algún modo- volver a ese tiempo pasado en que jugaban con ratas, escondiéndolas en armarios, sin tenerles miedo ni asco, riéndose, conservando esa ingenuidad de la infancia.

La edad de la ciruela2

El autor de la pieza teatral, realiza un guión basado en la época de la dictadura, durante la cual su hermano fue detenido en Santa Fe. Para ese entonces, el modo que encontraron de sobrevivir fue, justamente, la escritura como conexión entre ellos. Arístides, siempre, encuentra el modo de darle un tinte humorístico a las tragedias sobre las que crea y ficciona.

Las escrituras van y vienen, las respuestas a interrogantes son las encargadas de unir cada parte de “La edad de la ciruela”, convirtiéndola en un todo con varios mensajes claros y concisos.

Esta obra es un aroma a vino, representado por esta fruta tan bella –comparada con la vejez humana, con ese deterioro físico del cuerpo y ese olor asqueroso a putrefacción-.

“La edad de la ciruela” es un cuerpo que desea sobrevivir, siendo siempre joven, sin arrugas, sin calvarios, sin nada malo y, por supuesto, con una inmensa alegría.

Estas dos hermanas recuerdan a sus abuelas, a su madre, a su tía, a su criada y a todo el entorno que las vio crecer en edad.

La importancia de saber cuándo esta fruta esta apta para ser bebida o para utilizar como vinagre, parece haber sido tema de conversación, trascendente, en la abuela María y su hermana Gumersinda. También, una preocupación, el no quedarse solas para vestir santos y encontrar un hombre que las acompañe en sus vidas, sin importar quién.

Por otro lado, la muerte, es una preocupación central en esta historia. La muerte vista como un lugar lleno de preguntas, de intrigas, de no sufrimiento. Celina, afirma, que su madre logró morirse, que no se murió –de casualidad- como les pasa a otras personas. Este logro, parece ser deseado también por sus hijas, de algún modo.

Eleonora, en cambio, siente cierta preocupación, al sentir la casa vacía, ya sin ninguna persona mayor que ella.

La metáfora es fundamental en esta obra, ya que sin ella sería cuasi imposible entender cada uno de los fragmentos relatados. Cuando Eleonora, en un momento menciona que todas las mujeres de la familia intentaron irse, como fugándose y cada una intentó que sea de un modo particular. Como el caso de la tía Adriática que lo hizo literalmente, pero que nunca se murió del todo. Siempre vuelve al hogar y entabla alguna conversación con Blanquita -la sirvienta-.La edad de la ciruela1

Otro de los puntos a resaltar en la obra es el que se refiere a la detención del tiempo. Ese tiempo que se suele denominar como veloz, es frenado por las dos hermanas -quienes jugando- logran su cometido. A partir de entonces se suceden varias situaciones cómicas como el hecho de que Blanquita no puede quitarse un vaso que se le quedó atorado en la mano, ya que las horas no pasan y el día es siempre el mismo.

¿Pueden imaginar, por unos minutos, cómo se daría una situación de estas características en  la vida real?

¿Cómo se podrían resolver conflictos, conversaciones, cotidianeidades, si el tiempo no se sucediera?

Muchas veces pudimos tener la necesidad de retroceder o de avanzar pero, ¿cómo sería suspender las agujas del reloj?

El tiempo se burla, pasa, transcurre, hace envejecer a la gente.

Retomando el eje del principio de la obra, en que Francisca – la madre de las chicas- muere, también tenemos la oportunidad de conocer momentos de su vida de joven, junto a sus dos hermanas, sus charlas, consejos y situaciones picarescas que hacen reír y emocionar.

Las apariencias se pueden notar de la mano de Victoria –hija de María-, cuando sin saber tocar el violín, hace “como si” supiera, teniendo de fondo a un músico que hace sonar el instrumento.

Blanquita (Pilar Calvo) es la que tiene más noción de la realidad, que sin parafrasear, dice: “La vida es una sola y si no la vivimos estamos jodidos”. Ella es quien estuvo al lado e inmersa en cada uno de los momentos de esas mujeres, tan diferentes a ella. Nunca tuvo su dinero ni su posición social pero, sin embargo, logró ver más allá de las miserias humanas y del “qué dirán”. Ella era así como se la veía, sin máscaras, simple. Callaba sus decires pero los gritaba por momentos.

Las protagonistas desarrollan con muchísimo talento los personajes presentes y pasados, cambiando de uno a otro en cuestión de segundos. Los demás roles están bien caracterizados por los artistas, en cuestión de vestuarios y voces. Esto ayuda a sumergirnos en esta bella y cuidada pieza teatral, la cual se convierte con el pasar del tiempo, en algo mágico. No llega a ser un objeto, aunque quisiéramos que lo fuera para poder conservarlo y quedarnos calmos.

Claro que la verdad que cierra dicha historia, la tiene Celina en cuanto le dice a su hermana que la nada está en los pensamientos.

Uno puede imaginar lo que desee y ser protagonista de lo que quiera. Quizás, de esta manera, pueda convertir las fantasías en hechos reales.

Tal vez, sin imaginación, el tiempo siga su curso –monótonamente- como el de estas mujeres que nunca se sintieron importantes ni fundamentales ni para ellas ni para su entorno. Ellas sobrevivieron recordando lo que fue.

Mariela Verónica Gagliardi

Nada del amor me produce envidia

Soledad Silveyra, encarna el papel de una modista de barrio, muy emprendedora y talentosa.

Comienza a hablar de las cuerdas vocales y de un amor no correspondido. Luego, el tema de las cuerdas vocales lo enlaza con Libertad Lamarque, a la cual siempre la pensó como un ángel.

Una pequeña escenografía en perspectiva y con una simple silla, son el marco que acompañan a Soledad Silveyra durante todo su relato.

La iluminación en el piso con una amplia gama de colores, va variando.

Todo lo que narra es a modo de anécdotas: las mujeres embarazadas que le piden vestidos de novia y ella, que intenta, disimularles las pancitas; son algunas de las tramas que más se destacan a lo largo de la historia del taller.

Ella se siente como la confidente de las futuras mamás y ese secreto sabrá guardarlo al igual que tantos otros.

También, toca asuntos como el de la muerte, mencionando lo difícil que es. “Quieren agarrar un vaso de agua y no pueden”.

Pero, al instante, retoma su discurso protagónico que es el del mundo de la modista. Su mundo.

“Un buen vestido de novia tiene que tener muchas capas para que el marido vaya sacando de a una por vez, hasta llegar al centro”.

Ella es pura y religiosa. Todas las canciones de amor le parecen iguales y está resentida con éste y su contexto.

“Un amor sin hombre es el amor de las costureras”, reflexiona en un momento del unipersonal. Es que la soledad y el vacío que siente son enormes. No desea, desde ya, permanecer sin un compañero; pero tampoco modifica algo en su vida o toma otra actitud como para encontrarlo o conocerlo.Nada del amor me produce envidia1

Con respecto a la música, solo está presente en unos breves momentos de la obra, lo que permite focalizar especialmente en las palabras, reflexiones y confidencias de la protagonista.

Por fin, se sincera diciéndonos: “Qué papel mas triste me ha tocado en esta farsa”. La mentira de cubrir con telas las personalidades de cada una de sus clientas y la oportunidad de “disfrazarlas” a su gusto y preferencia.

Ella, podía sentirse otra persona, en la piel de cada una de esas mujeres -importantes o no- que le dieron el lugar de sentirse otra, aunque sea por momentos.

Y tal como les mencioné en un principio a Lamarque, ella fue su referente, su ídola. Es impresionante cómo la actriz logra transmitir un papel lleno de magia, humildad, solidaridad y ternura. Su trayectoria la deja ser y mostrarse como aquella muchacha de clase trabajadora, solitaria y con tanto cariño para dar.

Lo cierto es que el guión de Santiago Loza está basado en la supuesta anécdota, tan conocida, sobre la cachetada que Libertad le habría pegado a Evita. Ambas damas, tan diferentes una de la otra, habrían sido rivales políticas y sociales.

La diseñadora, nos cuenta el día que le hizo el vestido a Libertad Lamarque. Los hilos de la tela, la suavidad de la misma y que, seguramente, provenía de oriente, de algún lugar poco conocido.

La emociona mucho esa situación y creía imposible poder confeccionar ese vestido.

Su mirada -decía en cuanto a la cantante- era diferente, tenía elegancia y era pequeña de estatura. Fue a la persona que más le gustó vestir y no es para menos su sentimiento.

Las luces en el taller de costura, marcan las transiciones, de un fragmento a otro, de la historia.

Nada del amor me produce envidia2

Creía que era el hecho más importante que le había pasado en la vida, pero un día llegó Evita a la casa de ella. Quería comprarle el vestido que Lamarque aún no se había llevado.

La primera dama le estrechó la mano, no le quiso dar un beso. A ella le pareció rara la reacción. Pero, no la verdad es que no le pareció humana.

La mujer del presidente Perón, pretendía tener el poder hasta en la compra de un vestido que había sido diseñado para otra. No tenía códigos ni modales.

Hay dos clases de personas: las que deciden y las que acatan (afirma la modista). Ella dice pertenecer al segundo tipo.  Pero cuando llegó el momento de optar a quien darle el vestido, tuvo que incluirse en el primer grupo. Recién ahí fue cuando logró soltarse, cantar, bailar, ser feliz.

Así fue como se dejó la prenda para ella. La lució y se sintió -por primera vez- una reina. Hasta que ocurrió una desgracia.

La narración podría ser para el medio radial, ya que es posible imaginar cada parte, sensación y trama, dicha por la gran intérprete.

El guionista y Alejandro Tantanián, lograron conformar un dúo excepcional. “Nada del amor me produce envidia”, se apodera de Soledad Silveyra y el libreto recorre cada una de sus venas para convertirla en lo ideado por Santiago Loza.

Fotografías: Ernesto Donegana.

Mariela Verónica Gagliardi

Kavafis1

«Me liberé de todo y me fui» 

Año 1882 – Egipto estaba siendo afectado por el levantamiento de los Bárbaros, hasta que Gran Bretaña termina teniendo el poder de la situación y del país. En ese escenario político se desarrolla la vida y obra de Konstantinos Kavafis quien nació en Alejandría, pero también vivió -por diferentes circunstancias políticas y familiares- en Inglaterra, Grecia, entre otros.

Sus palabras se centran en el amor, la soledad, con mucha carga de sensibilidad. También, giran en torno a la situación política reinante en los distintos países que habita el escritor. De hecho, él se consideraba un poeta histórico y esto se ve plasmado en varios de sus poemas.

Los vestuarios y trajes utilizados por los actores son muy llamativos y cargados de glamour. Las prostitutas están bien Kavafis2caracterizadas, tanto en sus indumentarias como en los maquillajes. Esto, sumado a la excelente elección de la sala antigua del Teatro La Comedia, permiten que los espectadores podamos sentir que estamos en aquella época, en esos prostíbulos en que los hombres encontraban diversión y un cable a tierra, en la ciudad egipcia, en sus calles.

La perfecta combinación de cada uno de los detalles, encuentra un buen eco en el público, quien desde que ingresa a la función hasta que la misma culmina, no quita sus sentidos de la pieza teatral.

Kavafis4

Mientras transcurre la obra pudimos ver diferentes escenas que compondrían una unidad, la cual cierra perfectamente. No es una historia con principio y fin como se suele contemplar; sino un relato central que es la vida de Kavafis, sumado a pequeñas situaciones vividas en su entorno y estrechamente vinculadas con él.

Cleopatra es una de las figuras más emblemáticas y destacadas de la narrativa, y a quien intentan ayudar ante la pérdida de poder.

Kavafis5La tragedia de su propia existencia del no poder mostrar su verdadera sexualidad y el caos de la sociedad, lo van agotando lentamente… hasta envejecer y enfermarse.

La escritura era lo suyo y cada día era rutinario. Él exageraba con cantos y expresiones, su pesar, su tristeza, su pasión, sus sentimientos y es un deleite haber podido estar presente en la recreación de su biografía. Allí, se llevó a la máxima expresión, lo necesario como para convencernos, aún más, del significado de su larga trayectoria.

Cada fragmento con su correspondiente poema, se puede ver con los ojos cerrados, imaginar y al abrirlos, sentir que nuestras ideas son similares a las expuestas por los actores.

Su literatura se hizo famosa tras su muerte, como suele ocurrir con los grandes. No es de sorprender, ya que él no escribía para un público masivo sino selecto. Él sabía con quién compartir y a quién hacer partícipe.

Kavafis3Aún cuando su voz se enfermaba e ingresaba en ese letargo, sus canciones se esbozaban gratamente e intentando conservar algo de energía en su corazón.

Otra cuestión a resaltar es el paralelismo logrado entre La Odisea de Homero y el relato escogido para la obra. Uno de los fragmentos del poema Ítaca dice: (…) Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca. Llegar hasta allí es tu destino. Pero no apures tu viaje en absoluto. Mejor que muchos años dure (…). Lo que él quiere transmitirnos es que es importante alcanzar nuestro objetivo pero, sobre todo, aprovechar y disfrutar el camino hacia éste.

Las temáticas desarrolladas durante la función son: amor entre una pareja, anécdotas entre un Maestro y su discípulo, charlas en los prostíbulos, cantos en griego -teniendo como protagonista a Alejandro Viola-, diálogos sobre el escritor acerca de sus riquezas y las penurias del pueblo, el amor evocado por parte de una madama, bailes típicos griegos (similares a las artes marciales), canciones en diferentes idiomas, entre otras.

Kavafis6

En cierto momento del relato, el actor principal pronuncia una frase emblemática, afirmando: todas las personas, en algún momento, tendrían que “decir el gran sí o el gran no”. Kavafis fue un hombre firme, de palabra, convincente en su postura, sin oscilaciones, heroico.

Esta original e inteligente puesta en escena nos permite conocer más en profundidad al artista. Además, percibir con todos los sentidos, cada cuadro teatralizado e interpretado -y en algunos casos también cantado-, donde no es necesario seguir el hilo de principio a fin, sino estar distendido y poner mayor énfasis en el poema que sea de nuestro agrado o interés.

ficha artístico-técnica kavafis

Mariela Verónica Gagliardi

Vida

“Vida, un musical sanador” (de y dirigida por Rodrigo Rivero) … Intrigante, difícil de definer. Creía que era sobre una temática y no me equivoqué. Solo el enfoque era totalmente opuesto a lo que mi intuición me dictaminaba.

Seguramente, habrán visto alguna vez en la televisión al típico pastor evangelista que se cree Dios, intentando convencer a la audiencia sobre su fe y lo que puede cambiar sus vidas, a cambio de dinero -claro-.

Esteban Sanador (Alfredo Bonini) es un hombre de cuarenta años, que trabajó durante mucho tiempo como taxista y decide ponerle un fin a esa etapa, para emprender un nuevo camino: el de la sanación y búsqueda personal. Este rumbo lo lleva a cabo junto a su secretaria Susana (Sol Montero), quien le imparte conocimientos acerca de la materia.

De esta manera, abre unos talleres que darán que hablar. Lo interesante y llamativo del musical es que cada integrante cuenta su historia a partir de una canción, la cual es acompañada por los músicos que tocan en vivo. Esto le agrega un plus al espectáculo y lo convierte en una pieza artística más completa.

“Hola, que tal?”, es el nombre del primer tema (interpretador por Esteban), y cuatro pacientes, conforman la apertura del seminario. Él les dice: “el cielo en la tierra, donde todo sana”. Así las personas empiezan a conocer de qué se trata todo.

Por otro lado, “Línea D”, es una de las canciones más divertidas (protagonizada también por el actor principal) y que, además, cuenta con una coreografía en la que están los participantes incluidos. El pastor se disculpa por haber llegado tarde ya que no pudo tomar el 39 a tiempo y con la línea D mucho no se puede contar. “Línea D, sos un mal necesario”, dice al final de la canción, como remate musical.

Una vez que los participantes son introducidos en el tema, él les explica que existen cuatro etapas en la curación de una persona: aura, conflicto, aceptación y la extirpación definitiva (del mal). En ese momento, según él, se les abrirá una puerta que los llevará a la felicidad absoluta.

Lo que cabe resaltar es la profesionalidad de cada uno de los artistas y bailarines en escena, junto a la puesta en escena y coreografías seleccionadas. Las voces, también, merecen ser destacadas ya que el director supo aprovechar cada una de ellas y darles la canción indicada para que se luzcan.

En cuanto se produce la presentación de los protagonistas, surgen los problemas en el grupo, las confrontaciones, la no aceptación del “diferente” y la no aceptación de sí mismo.

Hay diferentes perfiles: el de la joven Paloma Herrero que necesita ser más alta (Ayelén Varela), el de Ana (Deborah Turza) -ultra católica y sexy-, Silvia (Horacio Vay) que es un travesti-, el de Ernesto (Enrique Cragnolino) -un hombre muy callado y taciturno-; y el de Claudia D (Tiki Lovera) -la típica mujer llamativa y egocéntrica, junto a su asistente Roxie (Emiliano Sansone).

De este modo, las vidas se cruzan, se resaltan, se potencian y se teatralizan a partir de distintos espacios creados -especialmente- para que el participante pueda narrar su vida y todo lo que la aqueja.

“Ser mujer no es para vos” le canta en cierto momento Paloma a Silvia (Silvio). Ella tiene tantos problemas personales que los proyecta en él. Y él, no es más que un hombre que está feliz con su elección y cambio de nombre, lo cual no es motivo para agredirlo. Claro que este mecanismo de proyección  se potencia en los grupos y, muchas veces, es difícil darse de cuenta de lo llevado a cabo.

Silvia, la fiel, tiene un cuadro musical súper atractivo, en el cual la acompañan dos bailarines que interpretan a chicos de la villa miseria.

Por otro lado, Ernesto, permanece en silencio hasta que le toca el turno de hablar. En ese momento sí lo cree necesario. Y cuando lo hace, deja a todos con la boca abierta.

Ana, como les decía anteriormente, es muy religiosa pero intolerante y cerrada. Dice haber hablado con Dios y tener un problema que es el querer tener un vínculo romántico con él. Cosa imposible, si la hay.

Es entonces cuando las tres mujeres cantan unas estrofas sobre el abandono y todas sus penurias.

Con respecto a Roxie, quien no está para nada conforme con su vida, decide renunciar a su trabajo y dar un vuelco diferente. Él no había asistido al seminario como participante sino para acompañar a su jefa pero, evidentemente, supo enfrentar sus problemas e intentar salir adelante.

A nivel guion, el personaje más profundo es el de Ernesto, quien le da sentido a la obra, cantando “Ser”.  Él acude al taller para cumplir su sueño y creer en sí mismo.

Si bien cada persona tiene su punto débil y dificultad para afrontar las cosas, esta comedia musical es muy alentadora. Su fin es el encontrar en nuestro interior lo más preciado y luchar día a día para superar los obstáculos. También, nos desliga, de la dependencia. Este detalle -no menor-, es lo más trascendente de la obra y el mensaje que debe quedarnos como para que nuestra vida sea un aprendizaje constante y no el depósito de nuestra fe en un terreno espiritual tenebroso.

¿Se imaginan cual es el desenlace de cada una de las historias y el de la obra misma?

Es prácticamente imposible saberlo, por mas deducción que realicemos.

Pero, les aseguro, que es muy opuesto al que se puede conocer en una pantalla de programa evangélico.

Esta comedia musical, a través del humor negro, nos lleva por un sendero que difícilmente nos arrepintamos de conocer.

Mariela Verónica Gagliardi

Telemarketers

ESTRENO

Viernes 30 de Agosto 21hs

Funciones

Viernes 21hs

EL PORTÓN DE SANCHEZ

Sánchez de Bustamante 1034 – C.A.B.A.

Con Martín G. Bustos – Gonzalo Quintana – Uriel Einstoss

Dirección: Micaela Fariña

Sinópsis

Tres telemarketers trinan sus penas al viento.

Enfrentándose con las emociones que pujan por salir para recordarles su humanidad e invitarlos a hacerles frente, por fin, a sus miedos y más temidos fantasmas.

Hernán, Pedro y Darío comprenderán que tres en conjunto, son orquesta. Solo unidos en una amistad infranqueable, en una sola voz, podrán encontrar el verdadero propósito de sus vidas para convertirlas en algo más que un sinsentido.

Actúan

Martín G. Bustos es Pedro Domínguez

Gonzalo Quintana es Hernán González

Uriel Einstoss es Darío Contreras

Swing: José Luis Des Justo

Equipo Creativo

Escenografía y vestuario: Romina Mengarelli

Asistente de escenografía: Camila Torres

Realización de herrería: Maximiliano Nulchis Graffitti

Diseño de luces: Claudio Alejandro del Bianco

Asistencia de Iluminación: Verónica Lanza

Fotografía: Gastón Marín

Voz en off: Maien Vivanco

Diseño de video: Pablo Aparo

Asistencia coreográfica y coach de movimiento: Carolina Borca

Coreografía: Micaela Fariña – Uriel Einstoss – Gonzalo Quintana – Martín G. Bustos

Diseño gráfico: Fernando J. Perez

Prensa: Circular Prensa

Asistencia de Dirección: José Luis Des Justo

Dramaturgia: Micaela Fariña – Uriel Einstoss – Gonzalo Quintana –

Martín G. Bustos

Dirección: Micaela Fariña

Duración 50 minutos.

Valor Entrada $70 / $50

 

 

Embrujadas de amor

El teatro Gargantúa, preparo para este show, un espacio al estilo café concert; a partir del cual se facilita el estilo del musical y todo lo que este conlleva.

“Embrujadas de amor”, es una puesta escena femenina y feminista en un punto, pero sin llegar al extremo donde se anula al hombre como tal. De hecho el único en las tablas es el pianista (Leandro Becker) que las acompaña de principio a fin y realiza algunas intervenciones a nivel dialogo. Por otro lado y de forma sorpresiva, el director y guionista es también masculino: Claudio Cabré.

Canciones como “Sabor a mi” y “Arrancame la vida”, nos introducen a la historia, una historia integrada por cuatro mujeres (Florencia Rovere, Belén Caccia, Gimena Lima Jofre y Anita Frattin), quienes tienen temperamentos y estilos de vida diferentes, pero coinciden, todas, en que el amor es lo más importante en el mundo.

Cada una de las artistas tiene su espacio para demostrar su talento, realizando breves monólogos -que servirán como pie a la siguiente canción-.

Opiniones sobre el amor y realidades graciosas, serán la entrada temática al universo romántico, continuada de la mano de “La felicidad” (Palito Ortega). Después, seguirán monólogos como: lo que los hombres ven en las mujeres y la histeria, el casarse con un hombre de dinero (y los conflictos que eso trae, comparado con sacar un préstamo en el banco) y  el sadomasoquismo.

“El primer amor debería ser el amor propio” – dice en un momento, Belén Caccia. Y bien cierta es la afirmación. Como se podría amar a otro sin amarnos a nosotros mismos?

Por otro lado, el espectáculo cuenta con momentos en que las cuatro actrices cantan juntas, como es el caso de “Besos brujos” (Alfredo Malerba – Rodolfo Sciammarella).

Existe una gran variedad de melodías y épocas -muy bien seleccionadas- y, si bien, el musical es cómico, cuenta con una profundidad a nivel sentimental, súper tierna y conmovedora.

Pasan por el escenario anécdotas como: la de una mujer asesina, terminando el relato con el detalle de que se quedó con la mano de él -sobre la suya-; otra que cuenta lo desastroso que es su hombre pero que es suyo al fin de cuentas; el gran momento de casarse y lo “infelices” que serán; también estará presente la mujer abandonada y resentida, que sentirá ganas de darle “un buen par de patadas en el culo”.

“Embrujadas de amor”, apunta a un público diverso y, lo favorable, es que varios hombres se animaron a estar presentes. Quizás, no sabían bien el argumento de la obra o, tal vez, simplemente, se tiraron a la pileta como machos que son.

Cuando intentaba saber el significado del título, suponía una brujería relacionada con el amor y es que sentí más que el contenido del musical apuntaba a un hechizo. Claro que las mujeres presentes, vestidas de negro y todo, quieren simular maldad por momentos. Pero sus dulces rostros, inmediatamente, la borran.

Embrujadas de amor1Las embrujadas no tienen pudores, ¡van al frente y se animan a decir todo lo que sufren, padecen y lo que quieren!

Sin desmerecer a ninguna de las actrices, me pareció excelente la performance de Gimena Lima Jofre y el espectro de su bella voz, la cual nos deleitó en cada uno de sus cuadros musicales.

¡¿Cuántas mujeres se plantan y expresan sus sueños?! ¡¿Cuántas mujeres cuentan intimidades vergonzosas sin importarles quedar “mal paradas”?!

Ellas hablan de la masturbación sin tabúes, pero llamándola “la cosa”, por si hay alguna persona que aún no acepta la naturalidad de la cuestión.

Ellas se declaran “las voces de las mujeres” y las cuatro cantan las quejas contra ellos.

Si sos una resentida, tenés que hacerte amiga de las Embrujadas y si estás feliz con tu vida, también.

En este espacio muy bien recreado, se escuchan diferentes tonalidades de voces, distintas expresiones, algunos bailes -con y sin objetos-; intentando llegar al corazón de la gente.

Todos reímos y nos emocionamos. Es que es imposible no hacerlo. Es tan íntimo el lugar, que formaron parte de nuestras vidas por casi dos horas.

ficha técnica Embrujadas

Mariela Verónica Gagliardi

Damián Rovner1

Damián Rovner y Los Fundamentales, es el nombre de la agrupación que reúne a estos artistas. Damián es cantautor y sus melodías y letras reflejan la mirada que tiene sobre el amor, la vida, la dulzura y la diversión. Sus valores son como esos que ya no suelen abundar pero que, por suerte, siguen existiendo.

“Quiero creer” que mis ojos te juraron… es una ranchera, súper pegadiza que es pura seducción. Y así comienza el show de estos grandes músicos que no se agrandan, que no aparentan y que hacen lo que saben hacer: música y canciones propias, tocando distintos instrumentos -los cuales varían según el tema-.

Y enseguida, le toca el turno a una murga -al estilo uruguayo-, llamada “Cintura del tambor”; la cual dice: enciendo los olores que plantaste y salimos a la calle invitados por el sol. Si hubiera habido una pista, lo más probable es que la gente se habría parado para danzar o al menos moverse.

La energía se iba contagiando del escenario al público y, entre todos, aplaudimos, gritamos, aprendimos los estribillos de las canciones y sonreímos de principio a fin.

Al terminar la murga, pudimos escuchar la zamba “Abuela”, un tema que refleja lo que significa y el valor que ésta cumple y representa para la familia. Con su bondad sobre mi hombro, verdades del mundo me reveló.Damián Rovner2

Siguiendo los aromas de un lugar, las sensaciones que nos provocan, el imaginario social y los recuerdos, sonó “Luz de barrio” -canción inspirada en una pintura de Ignacio Sosa-.

Uno de los momentos más emotivos del recital fue el que se dio con “Giraba”, la cual cuenta con participación en bajo de su hijo Juan Pablo. Él no se había venido preparado para tocar junto a su padre, pero la sonrisa de éste duro toda la canción. Las frases, totalmente graciosas como: giraba, como un trompo,  me mareaba (…) aunque te dibujara, vos no estabas. E igual yo te abrazaba y vos no estabas.

Pero, de repente, lo festivo se vio interrumpido por aquellas letras que son como puñaladas al corazón.

El tango “Yo no quiero”, luego el turno del bolero “¡Qué bajón!” –que me cuentes sobre tu primera cita-; incursionaron en lo sentimental pero siempre desde un ángulo irónico.

Aunque el clima depre duró unos minutos hasta la llegada de la cumbia “No” –esa niña me tocó y me enamoró-, la cual le dejó el paso a la milonga “Impotencia” –la injusticia está en la sangre y te esconde la palabra (…) Y vivo (…), con el alma hecha pedazos, impotente y desgarrado -.

“Nunca más” pude oler el agua salada sobre tu piel ni pude escapar de la soledad, esperándote. Intercalada con “Ronda de fueguito” y un fueguito que te envuelve y una ronda de sazón. Ambas canciones demuestran, una vez más, el sello sentimental de las melodías y sus letras, las cuales con el equilibrio justo se despliegan por el público.

Y una sorpresa, muy grata, para una noche ventosa y fría; fue la copa de malbec que, gentilmente, nos dieron para brindar durante “Los amigos” –todos los amigos son como el vino, cuanto más añejo más abocado-.

Damián Rovner

Los temas siguieron, los bises también, la buena onda y el compañerismo entre ellos. Nos dieron a conocer algunas canciones que no están en su disco y hubiéramos deseado que siga la fiesta hasta el amanecer.

Damian Rovner y Los Fundamentales o Los Fundamentales, directamente. Todos los son y, aunque pueden haber reemplazos, las piezas musicales continúan sonando de la mano del indicado.

Ficha técnica Damián Rovner

Mariela Verónica Gagliardi

30 días

 

Teatro LA TERTULIA (Gallo 826 – C.A.B.A.)

Dramaturgia y Dirección: Matías Catopodis

 

Elenco: Mario Petrosini – Julieta Bottino – NaylaNoya – Francisco Ramallal.

Diseño de iluminación: Francisco Hindryckx
Diseño Gráfico: Santiago Ballester.
Fotografía: Maia Francia.
Producción: Jimena Veiga.
Prensa: Daniel Falcone.

Un matrimonio de clase media (Mirsin y Leviatén) que ha adoptado un niño a los 6 años de edad (León) descubre,

en el momento de la adolescencia del hijo, ciertos trastornos en su conducta

y contrata a una empleada de servicio doméstico (Analia) para que lo cuide.
El hijo (León), agobiado por la falta de atención de sus padres, ha estado fingiendo estos trastornos.

Los padres, ahogados en sus frustraciones personales y problemas de pareja, comienzan a alejarse cada vez más de él, acrecentando su angustia.
León, deslumbrado por la calidez de Analia decide revelarle su plan: el día de su cumpleaños

y frente a todos los amigos de sus padres, se convertirá en un vegetal.
Ella, con el fin de persuadirlo, le propone un juego que lo desafía a esforzarse para captar su atención

con conversaciones profundas, durante treinta días.
Si él lo logra, ella le contará un gran secreto que León anhela conocer.
La obra sucede durante este lapso de tiempo en donde las distancias de una familia se acortan

para dar paso a una unión genuina, donde el pasado deja de ser un dolor insoportable para construir un presente feliz.

Funciones: Domingos 18.30hs.
Localidades: $ 70

Beirut Boulevard

Teatro LA TERTULIA – Gallo 826 – C.A.B.A. 

El niño del corazón roto.

La niña del marcador rosa.

El psicólogo cocainómano.

La bomba de tiempo del Gin Tonic.

El contador de historias.

El que necesita salvar a alguien.

Y ella….y la puntualidad de las casualidades.

Dirigida por Martín Crespo y Gonzalo Senestrari

Actúan: Enrique Cragnolino – Martín Crespo – Nadia Crosa – Camila Garófalo – Verónica Intile – Gonzalo Senestrari – Marcelo Vacas
Asistencia de dirección: Sonia Fernández Vázquez
Escenografía e iluminación: Pablo Calmet
Prensa: Daniel Falcone 
Fotografía: Martín Crespo

EL DRAMATURGO

«Quería tan solo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí”. Demián.
Me arruinaron el corazón. Lo rompieron. Me lo arrancaron, me lo mostraron, le hicieron cosquillas, lo escupieron, lo aplastaron contra la pared, lo lamieron, le dieron drogas, lo arrojaron al piso, lo pisaron, lo patearon, lo mordieron, lo violaron, le hicieron cosquillas una vez más, le dispararon con un AK-47, con una bazuca y con una vagina.
Lo llevaron hasta el borde de un abismo, y lo ayudaron a cruzar.
Lo arruinaron lo suficiente como para desear imperiosamente atravesar esa misma rutina, una y otra vez.
Porque por alguna estúpida y auto-destructiva razón, ése es mi concepto del amor, y quise compartirlo, no trasmitiendo una idea al lector, sino una confusión emocional.
Por esa razón escribí “Beirut Boulevard”…o tal vez no, tal vez fue porque en una ocasión alguien me dijo que yo nunca iba a poder escribir una historia de amor, y me entretuvo la idea de demostrarle a esa persona que estaba equivocada.

LA COMPAÑÍA

“El niño maldito y la señora tatuada”. La compañía nació del primer encuentro del MICA. Creada por Sebastián Sánchez Amunátegui, productor y director chileno residente en México, y Gonzalo Senestrari, director, dramaturgo y actor argentino. Luego de haber trabajado juntos en las temporadas 2012/2013 de México, con la obra “Tiernas Criaturas” (guión finalista del premio Tirso de Molina de España) en el Foro Shakespeare, se crea la compañía “El niño maldito y la señora tatuada”, con el objetivo de construir un fuerte puente entre el teatro mexicano y argentino.

Funciones: Viernes 23.30 hs.

Localidades: $70