*** Noviembre 2017 ***

Vida

“Vida, un musical sanador” (de y dirigida por Rodrigo Rivero) … Intrigante, difícil de definer. Creía que era sobre una temática y no me equivoqué. Solo el enfoque era totalmente opuesto a lo que mi intuición me dictaminaba.

Seguramente, habrán visto alguna vez en la televisión al típico pastor evangelista que se cree Dios, intentando convencer a la audiencia sobre su fe y lo que puede cambiar sus vidas, a cambio de dinero -claro-.

Esteban Sanador (Alfredo Bonini) es un hombre de cuarenta años, que trabajó durante mucho tiempo como taxista y decide ponerle un fin a esa etapa, para emprender un nuevo camino: el de la sanación y búsqueda personal. Este rumbo lo lleva a cabo junto a su secretaria Susana (Sol Montero), quien le imparte conocimientos acerca de la materia.

De esta manera, abre unos talleres que darán que hablar. Lo interesante y llamativo del musical es que cada integrante cuenta su historia a partir de una canción, la cual es acompañada por los músicos que tocan en vivo. Esto le agrega un plus al espectáculo y lo convierte en una pieza artística más completa.

“Hola, que tal?”, es el nombre del primer tema (interpretador por Esteban), y cuatro pacientes, conforman la apertura del seminario. Él les dice: “el cielo en la tierra, donde todo sana”. Así las personas empiezan a conocer de qué se trata todo.

Por otro lado, “Línea D”, es una de las canciones más divertidas (protagonizada también por el actor principal) y que, además, cuenta con una coreografía en la que están los participantes incluidos. El pastor se disculpa por haber llegado tarde ya que no pudo tomar el 39 a tiempo y con la línea D mucho no se puede contar. “Línea D, sos un mal necesario”, dice al final de la canción, como remate musical.

Una vez que los participantes son introducidos en el tema, él les explica que existen cuatro etapas en la curación de una persona: aura, conflicto, aceptación y la extirpación definitiva (del mal). En ese momento, según él, se les abrirá una puerta que los llevará a la felicidad absoluta.

Lo que cabe resaltar es la profesionalidad de cada uno de los artistas y bailarines en escena, junto a la puesta en escena y coreografías seleccionadas. Las voces, también, merecen ser destacadas ya que el director supo aprovechar cada una de ellas y darles la canción indicada para que se luzcan.

En cuanto se produce la presentación de los protagonistas, surgen los problemas en el grupo, las confrontaciones, la no aceptación del “diferente” y la no aceptación de sí mismo.

Hay diferentes perfiles: el de la joven Paloma Herrero que necesita ser más alta (Ayelén Varela), el de Ana (Deborah Turza) -ultra católica y sexy-, Silvia (Horacio Vay) que es un travesti-, el de Ernesto (Enrique Cragnolino) -un hombre muy callado y taciturno-; y el de Claudia D (Tiki Lovera) -la típica mujer llamativa y egocéntrica, junto a su asistente Roxie (Emiliano Sansone).

De este modo, las vidas se cruzan, se resaltan, se potencian y se teatralizan a partir de distintos espacios creados -especialmente- para que el participante pueda narrar su vida y todo lo que la aqueja.

“Ser mujer no es para vos” le canta en cierto momento Paloma a Silvia (Silvio). Ella tiene tantos problemas personales que los proyecta en él. Y él, no es más que un hombre que está feliz con su elección y cambio de nombre, lo cual no es motivo para agredirlo. Claro que este mecanismo de proyección  se potencia en los grupos y, muchas veces, es difícil darse de cuenta de lo llevado a cabo.

Silvia, la fiel, tiene un cuadro musical súper atractivo, en el cual la acompañan dos bailarines que interpretan a chicos de la villa miseria.

Por otro lado, Ernesto, permanece en silencio hasta que le toca el turno de hablar. En ese momento sí lo cree necesario. Y cuando lo hace, deja a todos con la boca abierta.

Ana, como les decía anteriormente, es muy religiosa pero intolerante y cerrada. Dice haber hablado con Dios y tener un problema que es el querer tener un vínculo romántico con él. Cosa imposible, si la hay.

Es entonces cuando las tres mujeres cantan unas estrofas sobre el abandono y todas sus penurias.

Con respecto a Roxie, quien no está para nada conforme con su vida, decide renunciar a su trabajo y dar un vuelco diferente. Él no había asistido al seminario como participante sino para acompañar a su jefa pero, evidentemente, supo enfrentar sus problemas e intentar salir adelante.

A nivel guion, el personaje más profundo es el de Ernesto, quien le da sentido a la obra, cantando “Ser”.  Él acude al taller para cumplir su sueño y creer en sí mismo.

Si bien cada persona tiene su punto débil y dificultad para afrontar las cosas, esta comedia musical es muy alentadora. Su fin es el encontrar en nuestro interior lo más preciado y luchar día a día para superar los obstáculos. También, nos desliga, de la dependencia. Este detalle -no menor-, es lo más trascendente de la obra y el mensaje que debe quedarnos como para que nuestra vida sea un aprendizaje constante y no el depósito de nuestra fe en un terreno espiritual tenebroso.

¿Se imaginan cual es el desenlace de cada una de las historias y el de la obra misma?

Es prácticamente imposible saberlo, por mas deducción que realicemos.

Pero, les aseguro, que es muy opuesto al que se puede conocer en una pantalla de programa evangélico.

Esta comedia musical, a través del humor negro, nos lleva por un sendero que difícilmente nos arrepintamos de conocer.

Mariela Verónica Gagliardi

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