*** Octubre 2017 ***

Nada del amor me produce envidia

Soledad Silveyra, encarna el papel de una modista de barrio, muy emprendedora y talentosa.

Comienza a hablar de las cuerdas vocales y de un amor no correspondido. Luego, el tema de las cuerdas vocales lo enlaza con Libertad Lamarque, a la cual siempre la pensó como un ángel.

Una pequeña escenografía en perspectiva y con una simple silla, son el marco que acompañan a Soledad Silveyra durante todo su relato.

La iluminación en el piso con una amplia gama de colores, va variando.

Todo lo que narra es a modo de anécdotas: las mujeres embarazadas que le piden vestidos de novia y ella, que intenta, disimularles las pancitas; son algunas de las tramas que más se destacan a lo largo de la historia del taller.

Ella se siente como la confidente de las futuras mamás y ese secreto sabrá guardarlo al igual que tantos otros.

También, toca asuntos como el de la muerte, mencionando lo difícil que es. “Quieren agarrar un vaso de agua y no pueden”.

Pero, al instante, retoma su discurso protagónico que es el del mundo de la modista. Su mundo.

“Un buen vestido de novia tiene que tener muchas capas para que el marido vaya sacando de a una por vez, hasta llegar al centro”.

Ella es pura y religiosa. Todas las canciones de amor le parecen iguales y está resentida con éste y su contexto.

“Un amor sin hombre es el amor de las costureras”, reflexiona en un momento del unipersonal. Es que la soledad y el vacío que siente son enormes. No desea, desde ya, permanecer sin un compañero; pero tampoco modifica algo en su vida o toma otra actitud como para encontrarlo o conocerlo.Nada del amor me produce envidia1

Con respecto a la música, solo está presente en unos breves momentos de la obra, lo que permite focalizar especialmente en las palabras, reflexiones y confidencias de la protagonista.

Por fin, se sincera diciéndonos: “Qué papel mas triste me ha tocado en esta farsa”. La mentira de cubrir con telas las personalidades de cada una de sus clientas y la oportunidad de “disfrazarlas” a su gusto y preferencia.

Ella, podía sentirse otra persona, en la piel de cada una de esas mujeres -importantes o no- que le dieron el lugar de sentirse otra, aunque sea por momentos.

Y tal como les mencioné en un principio a Lamarque, ella fue su referente, su ídola. Es impresionante cómo la actriz logra transmitir un papel lleno de magia, humildad, solidaridad y ternura. Su trayectoria la deja ser y mostrarse como aquella muchacha de clase trabajadora, solitaria y con tanto cariño para dar.

Lo cierto es que el guión de Santiago Loza está basado en la supuesta anécdota, tan conocida, sobre la cachetada que Libertad le habría pegado a Evita. Ambas damas, tan diferentes una de la otra, habrían sido rivales políticas y sociales.

La diseñadora, nos cuenta el día que le hizo el vestido a Libertad Lamarque. Los hilos de la tela, la suavidad de la misma y que, seguramente, provenía de oriente, de algún lugar poco conocido.

La emociona mucho esa situación y creía imposible poder confeccionar ese vestido.

Su mirada -decía en cuanto a la cantante- era diferente, tenía elegancia y era pequeña de estatura. Fue a la persona que más le gustó vestir y no es para menos su sentimiento.

Las luces en el taller de costura, marcan las transiciones, de un fragmento a otro, de la historia.

Nada del amor me produce envidia2

Creía que era el hecho más importante que le había pasado en la vida, pero un día llegó Evita a la casa de ella. Quería comprarle el vestido que Lamarque aún no se había llevado.

La primera dama le estrechó la mano, no le quiso dar un beso. A ella le pareció rara la reacción. Pero, no la verdad es que no le pareció humana.

La mujer del presidente Perón, pretendía tener el poder hasta en la compra de un vestido que había sido diseñado para otra. No tenía códigos ni modales.

Hay dos clases de personas: las que deciden y las que acatan (afirma la modista). Ella dice pertenecer al segundo tipo.  Pero cuando llegó el momento de optar a quien darle el vestido, tuvo que incluirse en el primer grupo. Recién ahí fue cuando logró soltarse, cantar, bailar, ser feliz.

Así fue como se dejó la prenda para ella. La lució y se sintió -por primera vez- una reina. Hasta que ocurrió una desgracia.

La narración podría ser para el medio radial, ya que es posible imaginar cada parte, sensación y trama, dicha por la gran intérprete.

El guionista y Alejandro Tantanián, lograron conformar un dúo excepcional. “Nada del amor me produce envidia”, se apodera de Soledad Silveyra y el libreto recorre cada una de sus venas para convertirla en lo ideado por Santiago Loza.

Fotografías: Ernesto Donegana.

Mariela Verónica Gagliardi

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