*** Agosto 2017 ***

Isla Mauricio

No puedo evitar relacionar, al instante, el título de la obra con un político amarillista que días atrás clausuró Hasta Trilce, haciendo que concluya en que su ideología es aniquilar la cultura y hundir a los jóvenes -sobre todo- en un precipicio irrecuperable como comenzó el innombrable.

Después de esta ráfaga, como un pestañeo, logro hacer la fila para ingresar y disfrutar de la primera función de “Isla Mauricio” (escrita por Theresa Rebeck bajo el título Mauritius, adaptada por Carolina Darman y dirigida por Alejandro Casavalle) la cual es una historia que atraviesa varios matices interesantes y a destacar: los valores, la moral y el egoísmo. Los cinco personajes en escena se ven impregnados de estos sentimientos que los trauman, los tocan muy de cerca y los hacen reflexionar de algún modo.

Todo surge a partir de una herencia, poco convencional, que una madre le deja a una de sus hijas. Dos medio hermanas que no crecieron juntas y que no se parecen -a simple vista- y que, sin embargo, son exactamente iguales.

El mundo de la filatelía aparece para ser descubierto y, le interese o no al espectador el tema a tratar, se vuelve atrapante. Nombres de estampillas, de esos pedacitos de papel en miniatura que significan mucho para la hermana más grande (Antonella Scattolini) -la verdadera conocedora junto a su fallecido abuelo, quien no lo era de su hermana- y nada para la más chica. Cómo la palabra valor puede tomar sentido si se la relaciona con lo afectivo o con lo económico. Y cómo ambas mujeres se disputan un álbum, una colección de estampillas mejor dicho, que termina siendo el tesoro salvador.

La República de Mauricio es el nombre original de la isla, que está situada en el Océano Índico y se erige como un verdadero paraíso, con aguas turquesas que bañan la costa y un destino turístico desde hace varias décadas. Por el año 1847, Gran Bretaña emitió dos series de estampillas (de uno y de dos centavos) bajo el nombre: Post office Mauricio y, jamás, se podría haber imaginado que podían valer millones de dólares.

Un comerciante (Abian Vainstein) pasa sus días, comprando objetos que sabe no lo harán rico ni mucho menos y, un joven (Juan Luppi), a diario aparece en su local para encontrar a la persona que traiga aquella estampilla millonaria. A su vez, un comprador intermediario (Ramiro Vayo) va plagando de oscuridad y violencia el panorama, hasta que todo encuentra su cauce.

Quien parece más vulnerable termina convirtiéndose en una fiera para sobrevivir y, tal vez, porque siempre lo fue y disimuló.

Y quien parecía más temerario no sorprende ni atemoriza más de la cuenta.

“Isla Mauricio” es un thriller psicológico que transita por el género policial, abriendo un enorme panorama en que se tendrá que prestar atención a cada detalle, a cada frase y a cada ornamentación que no es meramente un objeto.

Buscar con la lupa aquella que se desea, encontrar una con errores que le puede dar el valor no imaginado, continuar en el campo de batalla para sentirse alguien.

Eso es lo que tienen, también, en común estos personajes. No son felices y creen que el dinero los puede posicionar en un lugar privilegiado, dotándolos de aquellas falencias que no se consiguen con billetes verdes.

Juan Luppi, interpretando a un misterioso joven, lee el diario mientras elucubra sus objetivos, simulando ser genial y para nada interesado y consiguiendo unos remates geniales en muchos momentos de la obra. Es él quien maneja los hilos, conociendo los códigos del negocio, sin tener conciencia y siguiendo adelante, como si el tiempo se terminara y su tiranía lo hiciera decidir perfectamente y sin titubeos.

Carolina Darman, le otorga creatividad suprema a la pieza teatral, convirtiendo la novela dramática de Rebeck en acción, en una historia que mantiene la tensión en todo momento e interpretando a Jackie -quien intimida, propone y dispone de todo lo que se le presenta, manipulando la realidad a su antojo-.

“Isla Mauricio” es como un tablero de ajedrez sobre el que se juegan muchas piezas (estampillas). Cada movimiento no podrá deshacerse como en la era digital. Todo pensamiento plasmado tendrá repercusión y la frialdad, absoluta, de sus tripulantes que ni siquiera precisan embarcarse para navegar en territorio desconocido. ¿O conocido?

Una puesta en escena, sencilla y eficaz, en que los artistas darán lo mejor para contar este interesante recorrido, lleno de diálogos atrapantes y una dirección impecable, dentro de la que nos sentiremos espectadores activos y jugando el juego de la vida. De nuestra propia vida.

Quien no se sienta identificado, que tire la primera piedra.

ficha Isla Mauricio

Mariela Verónica Gagliardi

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