*** Octubre 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘11 Festival de Teatro Rafaela’

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La ternura de crear

Cinco pal peso

Se dice que el que busca encuentra, y si hay algo que me caracteriza es la investigación e indagación acerca de un tema en particular.

A lo largo del 11° Festival de Teatro de Rafaela, acudí a todas las funciones en la carpa de circo que tuvieron lugar a las 15 horas. Realmente, todas las tardes fueron soleadas, los niños comían pochoclos, estaban felices y, los adultos, también.

Siempre, cuando asisto a espectáculos para pequeños voy abierta a conocer un nuevo mundo, creado especialmente para ellos. Como una puerta mágica, aparecen personajes que pueden ser payasos, malabaristas, trapecistas y acróbatas, entre otros. Pero, lo que muchas veces no existe es un lenguaje acorde a los niños, invadiendo su espacio con malas palabras, términos chabacanes y violencia verbal; quizás para congraciar con el público adulto.

De todas formas, mi búsqueda finalizó en el día de hoy y Cinco pal peso (de Circo El Conventillo) es la propuesta infantil más representativa de todo el festival siendo, además, la única que narra una historia -con principio, nudo y desenlace-, con personajes que viven en un conventillo de La Boca, que interactúan entre sí y que se lucen esplendidamente.

Este elenco tiene lo necesario como para brillar, sin encender antorchas que puedan peligrar a los espectadores, ni insultos o términos despectivos. Solo demostrando sus habilidades, su calidad como artistas y la ternura que les permitió pintar sonrisas durante la función que más espectadores tuvo en la carpa.

Cinco pal peso narra las vicisitudes entre varios inquilinos que apenas ganan dinero y que nunca llegan a pagar su alquiler. La dueña del conventillo es una anciana no demasiado antipática que intenta cobrarles en todo momento. Pero, ¿qué hacer cuando no se tiene con qué?

Esta historia es para grandes y chicos, una puesta en escena muy colorida en que los tangos desfilarán sonoramente, hasta que una pareja de bailarinas rompa con el esquema tradicional y alcancen la cima -trepando por unas telas que las exhibirán con muchísima gracia y técnica-.

También tendrá lugar un boxeador yanqui -que hará su performance en una hamaca-, y la participación que nos dejo boquiabiertos a todos de una bailarina que fusionará sus movimientos gitanos con la tela. Lo asombroso es que ella no solo trepa y cae, sino que se desplaza. Como si consiguiera -y de hecho lo hace- bailar sobre la altura y contagiando ese profesionalismo sobre todo en las niñas que no dejaban de admirarse con su presencia y de comentarles a sus mamás sobre este número.

Mirando a mi alrededor, pude notar que había más mujeres que hombres casualmente. Y no es de extrañarse ya que tuvo lugar el partido entre Atlético de Rafaela y River, dejando las calles totalmente desiertas.

La elegancia, suavidad y unión de este grupo de circo consigue transmitir un encanto diferente, la esperanza de que aún existen propuestas de calidad en este género y que puedan educar a los más pequeños sin tener que hacer alusiones a cosas grotescas o a menospreciar la sexualidad de una mujer para erigirse como hombres.

En un barrio bien arrabalero está Palmito, que vendría a ser el más carismático de todos, quien utiliza su sonrisa para salirse con la suya y hacer reír a cada rato. Un plomero que en realidad no lo es pero que debe convertirse en tal porque así lo quiso quien lo confundió, y una serie de enredos totalmente ocurrentes y divertidos como para pasar una tarde genial. Y una ama de casa que desfilará con sus tacos rojos, una y otra vez, hasta alcanzar la altura y hablar desde allí.

Como anecdótico, no pude dejar de mirar a un perro que se adueñó del escenario y precisaba compañía, moviendo la cola de alegría. Los perros en esta Ciudad tienen muchísima personalidad y considero que no se sienten para nada mascotas. Así lo demostró este can que se compró al público y que, tal vez, podría ser invitado a participar espontáneamente, sin caer en la humillación de algunos circos que aún los siguen viendo como seres inferiores.

Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a María Eugenia Meyer

m eugenia meyer

María Eugenia Meyer,  es actriz y secretaria del Centro Cultural La Máscara (Rafaela – Santa Fe), Profesora de lengua, literatura y comunicación social, Licenciada en enseñanza de la lengua y la literatura y Magister en didácticas específicas. También realizó el Posgrado en Lectura, Escritura y Educación; y la Especialización en Ciencias Sociales con orientación en Lectura y Escritura.

Después de ver Las arcanas, localicé a esta talentosa directora para conocer un poco más acerca de esta obra, de su creación y de los detalles esotéricos.

¿Crees que el destino pueda modificarse si se conoce?

No lo sé. El tarot me encanta por las imágenes, los simbolismos que guarda y cómo las interpretaciones muchas veces te hacen ver mejor lo que sucede. No creo que te dictamine el destino. Pienso en el tarot como en una pintura que hay que interpretar.

¿Por qué fue la decisión de elegir a cuatro amigas?

Cuatro amigas porque quería mostrar cuatro mundos diferentes, disímiles y en algunos casos irreconciliables. Justamente, a veces estos mundos diferentes se encuentran y se necesitan, como es el caso de las amigas.

¿Te gustaría adaptar Las arcanas a una versión masculina?

Tal vez. Tal vez sí me gustaría explorar en el mundo masculino cuando está solo. Creo que también se debería desmitificar esa idea del hombre solo libre, descomprometido. Puede ser.

¿Cómo surgió la idea de contar esta historia utilizando estas disciplinas?

Es lo que percibo en la realidad. Hoy hay mucha gente que encuentra en esas disciplinas, respuestas, formas de expresarse y también ve en ellas un proceso de mejoramiento personal, espiritual.

¿Existen personas no supersticiosas?

Sí, creo que sí, creo que hay gente que puede desprenderse de los discursos y los mitos que nos rodean

¿La incertidumbre se apacigua con una tirada de cartas?

Sí, se apacigua con una tirada de carta, con lo que te dice un amigo, se aliviana.

¿Estas cuatro amigas existen en la vida real?

No tan así. Existen, estas cuatro amigas que me contienen. Existen, pero no con esas características. Puedo decir que he construido en las cuatro arcanas características de todas mis amigas, mezcladas, fundidas.

¿Cómo es hacer funciones durante el año, fuera del Festival?

Rafaela es una ciudad pequeña y hacer tantas funciones para nosotros es maravilloso. No hay tantas ofertas culturales y tampoco hay una variada oferta teatral. Para nosotros, para nuestro grupo, la producción propia siempre ha sido muy enriquecedora, multiplicadora, provechosa.

¿Cuáles fueron los primeros comentarios que te hicieron sobre Las arcanas?

Los primeros comentarios y los últimos también hablan acerca de la gran identificación que se da. Es esto de verse reflejados más allá de lo disímiles de las propuestas. la identificación. Se ven a sí mismos

¿Qué significa que las noches no sean eternas?

Las noches de estas amigas son eternas, interminables, repetitivas, rutinarias y en muchas ocasiones, vacías. La sentencia de las noches no son eternas creo yo que tiene que ver con los cambios, las transformaciones, lo nuevo que va apareciendo en la vida.

Mariela Verónica Gagliardi

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La humillación no tiene vencimiento

1969

Dos épocas bastante diferentes y con puntos que convergen, antes y ahora. Situaciones que ocurren, que pasan, que se repiten y que se olvidan. Algo tan simple como observar el exterior desde la ventana de un dormitorio, debe dejarse de lado por miedo a que un bombardeo irrumpa precipitadamente.

“1969” (escrita por Manuel Santos Iñurrieta y dirigida por Claudio García) es una excelente obra de teatro que deslumbra mágicamente con su arte. Valiéndose de un dispositivo para proyectar luz, de algunos objetos que servirán para construir los espacios y momentos, y de la creatividad de este equipo (Agrupación del 69 teatro de investigación) es como surgirán muchísimas escenas que conformarán una película en vivo.

Todo el proceso en que perfectamente podría originarse un film, es de la manera en que está construida esta dramaturgia. Con la calidad que cada uno de sus artistas convierte en diamante lo que toca, con la precisión para iluminar al personaje que tendrá el turno de expresarse, para luego continuar con el siguiente.

Otra herramienta que también hace su aporte es la historieta de algún modo. Dibujos confeccionados en tiza, para ilustrar situaciones que están teniendo acción en ese momento por parte de los otros actores.

Sensaciones que se sienten en lo más profundo del alma, que duelen como aquello inexplicable y que torturan hasta encontrar la calma en medio de la noche.

La historia comienza cuando tres hermanos (Diana Cortajerena, Diego Ortenzio y Elian Abatemarco) acaban de perder a su padre. Vuelven del entierro y lamentan haber gastado en el cajón aquello que no tenían. Así, tendrán que sobrevivir con lo poquito de comida que consigan, durmiendo con mantas rotas y deseando estar en una casa que no se achique.

La simbología es uno de los factores que más predomina en “1969” y que permite dejar una huella importante a lo largo de la función.

Una casa que pierde su tamaño, como si se tratara de una persona que envejece y se encoge. Cómo imaginar que pueda ocurrir lo mismo con un mobiliario. De hecho, pasa, pero, metafóricamente hablando.

Estos jóvenes se sienten asfixiados por las paredes, por no poder salir a la calle, libremente, por no poder hacer lo que se les antoja sin pensar en la situación que reina en ese momento. Mejor dicho, las situaciones conflictivas que está atravesando el país: el Cordobazo en plena Dictadura de Onganía, por ejemplo.

Como si la casa cobrara forma de un cubo tridimensional, que se queda paralizado por la inoperancia de quienes están en el poder y no saben cómo solucionar aunque sea lo más sencillo de resolver.

Esta pieza artística se apoya en el género clownesco para componer sus personajes, los cuales están muy bien caracterizados, bien plantados en escena y con una energía que se conserva de principio a fin.

Dos hermanos y una media hermana -que pertenece a otra comunidad, con costumbres diferentes y valores opuestos- son el puntapié inicial sobre el que se erigirá 1969; un año en el que, además, se dice que el hombre pisó la Luna. Acontecimientos cronológicos que, comprobables o no, son los que contextualizan el argumento de la obra.

No es el fin narrar solamente lo que ocurría en aquel entonces sino el tomar conciencia que actualmente, y en democracia, hay cuestiones que siguen sin asumirse y sin encontrar su veta más idónea.

El tamaño de una pollera que se vincula con la prostitución, la eliminación de “ideas raras” con torturas, y todo tipo de contradicción con mecanismos obsoletos.

¡Eh, usted! – menciona la actriz en un momento de la historia. Como si se tratara de un llamado de atención, de una pausa. Como los telegramas que le enviaba su otra familia, aquella que tuvo que dejar y con la que, por el momento, no podrá volver. La pausa, para meditar, para analizar y para poder sacar nuevas conclusiones -no resultados de otros-.

Las secuencias son ágiles y se van conformando por cuadros que serían viñetas de historietas, a la vez que escenas de una película. Ambos artes se unen, sobre la plataforma del teatro, para demostrar que es posible investigar sobre una época, su estilo de vida, sus códigos, y trasladarla a nuestros tiempos en que todo parece estancarse o abolirse.

Como una paliza sin sentido, por el mero hecho de hacerse notar. Al igual que Onganía con un poder inexistente pero con balas en cuerpos inocentes.

Mientras los actores posan frente a cámara y configuran sus primeros planos -acercándose al lente del proyector- es así como logra desenvolverse 1969. Una película, historieta y obra que otorga una experiencia inolvidable.

Las gotitas de lluvia se deslizan sobre la ventana que deberá quedar cerrada, por precaución… como la vida de estos dos hermanos que no ven a su media hermana como tal. Qué término tan decadente es el de media hermana. Como si la otra mitad se tirara a la basura o fuera desvalorizada. Quizás por ese motivo, ella no sea vista como familiar sino como una minita a la que se la puede pasar por encima, manosear, invalidar, e indicar qué puede y debe hacer.

La Dictadura externa se traslada adentro de esta casa que se cae a pedazos como sus vidas, provocando escalofríos y el agobio de pensamientos quedados en el túnel del tiempo.

Mariela Verónica Gagliardi

Diferentes miradas acerca del trabajo

Dos obras sobre el trabajo

Una amplia variedad de géneros y estilos colmaron el Festival de Rafaela. Algunas obras más entretenidas que otras. Otras para un público de élite o selecto. Y, unas pocas para pensar y repensar la historia argentina, mundial y el lugar que ocupa una persona con respecto a su puesto de trabajo.

Para ello, decidí elegir a las dos propuestas que investigaron acerca de la temática y que se valieron de recursos tecnológicos similares al momento de la puesta en escena.

De esta forma, Por el dinero y Un trabajo representaron a tantos empleados absorbidos por el sistema capitalista en que quedan indefensos, alienados y sin deseos de buscar hacia otros rumbos.

Por el dinero

Por el dinero (escrita por Luciana Acuña y Alejo Moguillansky) realiza un recorrido, muy relajado, por el valor económico del dinero. Valiéndose del testimonio de un economista, la historia se abre para dar lugar al consumo estimativo que se tiene en un hogar. Comparando, luego, los gastos de dos familias es que se llega a la conclusión de que el vil metal no alcanza para nada. Después de atravesar diferentes estadísticas, años y fechas, como una nueva ventana al mundo; dos artistas (Luciana Acuña y Matthieu Perpoint) utilizan el teatro y la danza contemporánea para contar sus comienzos tanto a nivel académico como profesional -habiendo tenido que luchar, incansablemente, contra viento y marea-; sumándose a los relatos un cineasta independiente (Alejo Moguillansky) y un músico (Gabriel Chwojnik) que realiza cortes de difusión para publicidades comerciales.

Es entonces como tenemos la posibilidad de ver un producto artístico que atraviesa esas disciplinas, utilizando aquellos recursos más significativos y llegando a la conclusión de que se gasta más de lo que se tiene.

Por suerte, en la pantalla se van proyectando diferentes escenas que ilustran y sirven de soporte a la dramaturgia. En la misma, también, puede conocerse un libro llamado Las reglas de oro para bailar bien nuestras danzas, el cual enseña -no las posiciones del cuerpo y pies sino aquello que debe sentirse y ser-. Con humor, estas prácticas cobran vida en los cuerpos de los bailarines que le danzan a la vida, a los billetes que tardan en llegar y que se van más rápido de lo que vienen; y a cada momento deseado que en alguna ocasión se podrá alcanzar.

Mientras deben rebuscárselas para vivir de lo que aman, se dan cuenta y asumen que deben incorporar y transar con ciertas cuestiones del sistema, pero jamás bajar los brazos ni caer en lo bajo.

La ficción y la realidad se conforman en un mismo eje en que puede ser verdad o no lo que acontece. Para el caso, esta es una de las claves para que la obra sea interesante y el documental -en vivo- surta efecto. Al menos este material no precisará aprobación de ninguna institución ni esperar fondos de un país europeo ni ser menospreciado por tratarse del tercer mundo.

Un trabajo

Con respecto a Un trabajo, Elisa Carricajo y Lisandro Rodríguez, interpretan a dos empleados que realizan -a diario y durante muchas horas- un programa de televisión. Conductora y operador no se conocen en persona pero, de a poco, las distancias físicas comienzan a unirse a través de palabras, de anécdotas contadas, de las esperas entre un video y otro; y de todo surge un enfrentamiento y rivalidad entre mujer y hombre.

Por un lado, se plantea al trabajo como puesto rentable que otorga un dinero a fin de mes. Por otro lado, el deseo de un hombre por embarazarse y, por otro lado, las diferencias de géneros planteadas al extremo.

Son tres temas que se relacionan entre sí y que, al ser vox populi, quedan instantáneamente en el colectivo social: en este caso en el público espectador.

Una mujer que es seducida y que se siente realmente entre la espada y la pared. Que no encuentra la manera de huir porque estaría abandonando su trabajo, que se siente intimidada y envuelta con frases ya dichas, reproducidas y consideradas piropos por algunos y violencia por otros. Ya no existen demasiados payadores que puedan inventar palabras bonitas para damas sino personas de sexo masculino que, ante sus inseguridades viriles, se suben al mismo barco que la mayoría para demostrar-se su hombría.

El programa de televisión va grabado y el tema que tiene lugar en dicha emisión es el de un tratamiento que le podría permitir a los hombres optar por embarazarse al igual que las mujeres. Esto es el puntapié para que el operador comience a decir cosas, a sobrepasarse, a no darse cuenta que existen límites y que el acoso no es una caricia sino acoso.

Me parece excelente la manera en que se plantea la puesta en escena. Justamente, cada uno en un espacio físico diferente. A ella la vemos y a él no, motivo por el cual su interpretación tiene que ser (y lo es) muy convincente. Respecto de ella, vemos cada gesto, cada mirada, cada sensación y ocurrencia en vivo. Cuando le habla a una cámara, a dos, a tres. En cada plano reproducido. Tenemos la oportunidad de ver su rostro y cuerpo en acción, siempre en el mismo sitio, acorralada -al igual que ocurre con la dramaturgia, de parte de él hacia ella-; tanto en pantalla como sin ella.

Es tan real de la forma en que está conformada la obra que, por momentos, me daban ganas ingresar a la cabina para ponerle los puntos. Esto es lo que provoca, que uno se convierta en espectador activo. Que se sienta conmovido, que no sea un tema que pase como la brisa de verano sin dejar huella alguna. Esto ocurre y lo vemos, lo escuchamos, lo leemos, nos lo cuenta una vecina o un familiar o un amigo. No es un tema lejano sino parte de nuestro círculo más íntimo y de la sociedad claramente.

Existe la violencia, existe el abuso, así como existen leyes muy bien redactadas y no cumplidas. Existen mujeres denigradas y tratadas como prostitutas, al igual que mujeres violadas por lucir una minifalda.

La violencia de género existe y no es un título bonito ni de moda. El teatro, como reflejo de la sociedad y como portavoz; permite que concibamos la dura realidad de una manera más creativa. No por eso, la violencia es menor ni el abuso es menor.

Y, con respecto al tercer tema, ¿puede ser cierto que un hombre nunca haya pensado en la posibilidad de tener su propio hijo engendrado en su vientre? ¿Existirán en verdad hombres que no se pongan en nuestro lugar así como nosotros nos ponemos en el de ellos?

¿Por qué por lo general las obras de teatro que tratan sobre violencia de género y/o abuso no muestran a la mujer en un lugar desde el que puede vencer con su discurso y con la palabra en vez de tomar un arma siguiendo por el mismo camino que el agresor primario?

Un trabajo demuestra que la mujer que se sienta como tal y que tenga la inteligencia suficiente y sepa quién es, puede erigirse como una guerra sin pelear en el campo de batalla. Que puede y debe defenderse, intimidando a todo hombre que pretenda pasarla por encima.

Denigrar y minimizar es violencia. Menospreciar es violencia. No es cierto que todos los trabajos tengan que provocar la desdicha y bronca del empleado. Ella eligió ser conductora, le gusta y se siente capacitada para hacerlo. Quizás le faltó pasar por la capacitación en que le enseñen a tolerar a un ser despreciable e infeliz.

Dos trabajos diferentes pero que plantean la situación actual con mucha originalidad, las piedras en el camino, los abusos desde distintos ángulos y la postura de cada persona ante un conflicto en el mundo artístico, haciéndonos saber que la política es una forma de vida.

Mariela Verónica Gagliardi

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Rafaela en escena

Un lazo rojo y Las arcanas

Como Bonaerense, deseo ver producciones teatrales de otros lugares que no sean de sitios locales o aledaños. En esta ocasión el 11° Festival de Teatro de Rafaela, expuso dos obras con temáticas diferentes, bien interpretadas y que tuvieron su espacio para dejar bien parada a su ciudad.

Un lazo rojo (de Ramiro Rodríguez) y Las Arcanas, las noches no son eternas (de María Eugenia Meyer), son los nombres de estas dramaturgias que se caracterizaron por la obsesión y que, luego hicieron recorridos totalmente distintos.

Un lazo rojo1

En la primera, perteneciente al género dramático, se puede observar cómo un matrimonio de toda al vida se va de campamento a un lugar precioso. Toda la cuestión de paisajes es ambientada a partir de proyecciones visuales que transitan desde flores hasta árboles, con sonidos de pajaritos y diversas gamas de colores que se modifican según la acción que se esté desenvolviendo en ese momento.

Un lazo es una unión, genéricamente hablando, aunque en este caso se trata de algo más fuerte. De ese sentimiento o trastorno -mejor dicho- en que la obsesión se apodera de un cuerpo para obnubilarlo y hacer con él lo que se le antoje. Así le ocurre a Francis (Marcelo Gieco), un hombre que es machista, violento y que no sabe tratar a su mujer, Helena. Quizás porque la única mujer en su vida fue su madre, a quien extraña y rememora en todo momento. La pobre esposa (Marcela Bailetti), que bien podría separarse de él, lo apaña, lo justifica de algún modo -porque de otra forma no seguiría en ese círculo vicioso- y, si bien pide ayuda externa; no logra despegar del lugar en el que está.

Así, la violencia de género se hace presente y cobra el protagonismo de la obra, consiguiendo un silencio absoluto. Dicho silencio es la reflexión de todos y todas sobre un tema que hace tiempo nos viene preocupando y sobre el que las mujeres, más que nadie, debemos unirnos y ayudarnos.

Habrá algunas más débiles que otras pero nunca debemos permitir ser tratadas agresivamente ni maltratadas -en cualquiera de sus sus vertientes-.

El sonido del mar, con sus olas que están cercanas a la orilla, empieza la función. Una tras otra, durante minutos. Luego, este personaje masculino que está convencido de que con solo esbozar una orden todo será dispuesto a su merced. Así ocurre en esta historia y en muchísimos hogares con lo que se denomina violencia doméstica y, es tan burda esa titulación, que me referiré a ésta como violencia.

Esa sonrisa que él demuestra, a la vez que afila sus cuchillas para un asado o para sus últimos minutos de vida. Una vida que no soporta más así como el aire denso que respira sin encontrarle una salida a lo que él mismo creó.

Como un monstruo que lo exorciza, Francis le echa la culpa a todo menos a sí mismo. Los gritos y malos pensamientos son sus únicos aliados, así como todo lo que pertenezca a su entorno. Helena, de hecho, es otro de sus bienes que no tiene intención de abandonar ni pasada la delgada línea. Ella, perfecta, con un vestido y zapatos a composé, con un corazón noble y predispuesta a dar su vida a alguien cruel y dañino.

Ahora estoy en la etapa de la adolescencia – menciona, refiriéndose a su terapia psicológica. Y comienza a detallar los gratos momentos que pasaba junto a su marido -en ese momento novio-, cómo iban tomados de la mano, sintiendo… esa pequeña sonrisa se le dibuja hasta extinguirse por completo.

Cada uno, estancado y frenado en el momento que fue más feliz, no pudiendo comprender que la vida es movimiento. Comiendo, cocinando y temiendo sin darse el lugar para llorar de verdad.

Francis, citando a su madre, pretendiendo que Helena sea como ella, deseando que se parezcan -incluso cuando no lo hacen en absoluto- deja en evidencia su locura que aniquila todo sonido de la naturaleza para hacer sufrir esa sensación de escalofríos infinitos. Como cuando uno ingresa al mar una mañana de invierno para ver cómo está el agua.

Pero, en cuanto se comprueba su temperatura, ya el lazo hizo su nudo, uniendo a seres que merecían vivir libremente.

El mar es como la vida – repite Francis al comienzo y al final.

Las arcanas

Con respecto a la segunda obra, que es una comedia realmente muy entretenida; tiene a cuatro actrices geniales que se complementan muy bien entre sí: Mayra Armando (Corina), Marilú De la Riva (Marina), María Cecilia Tonón (Sonia) y Silvit Yori (Alicia).

Como si se tratara del Club de las divorciadas, estas amigas se juntan a comer cosas ricas, a compartir vivencias, a intercambiar consejos -aunque no los pidan- y a pasar el tiempo que se les hace eterno.

Muy feministas, convencidas de que están bien así y con propósitos vinculados al esoterismo; este clan dará que hablar.

El tarot repartirá sus cartas sobre la mesa, o sobre el piso. Unas piedras calientes servirán para relajar todo cuerpo agotado. La comida macrobiótica para mantenerlas supuestamente sanas y cada idea para superar un nuevo trauma.

Teniendo cada amiga su momento para darse a conocer -a partir de monólogos- y lograr empatía con el público; será el principio de enlace entre su intimidad y el grupo femenino.

Corina, la más chica de las cuatro, pasará por una situación sentimental muy conocida y por la que, seguramente más de una, ha tenido que pasar en su momento. Así es como es alertada por estas suspicaces mujeres que solo desean su bien.

Muchas veces, el bien es visto como envidia y así lo siente ella, hasta que -por sus propios medios- comprueba que tenían razón. Y es que está bien prestar atención a las opiniones pero vivir su camino.

Sonia es la anfitriona y en su casa decorada al extremo, con plantas y todo tipo de objetos ornamentales, desfilarán sahumerios, galletas de arroz y deseos de ver el más allá.

Vinculando el argumento con el título de la obra, cuando se menciona que las noches no son eternas está íntimamente ligado con todas las veladas compartidas y la necesidad de descubrir un mundo nuevo. De este ya están cansadas y aburridas. De hecho rememoran el pasado pero son mujeres activas y con una impronta muy avasallante.

Cada una vestida con un look diferente, con una peluca de distinto largo y color; podría decirse que tanto sus personalidades se ven plasmadas interior y exteriormente.

Con respecto a la dramaturgia, provoca la risa inmediata, la tensión en diversos momentos de la historia y la empatía con el público. Esto me parece fundamental al momento de hacer teatro.

Ver una obra y que no sea una mera exposición de recursos escénicos sino la necesidad de narrar algo con un fin determinado, y no la vanidad de demostrar cuán bien se hace algo para ser admirado.

Las arcanas es una comedia muy divertida, bien escrita y dirigida, con cuatro artistas encantadoras que componen sus personajes de pies a cabeza. Esta unión se trasluce en cada escena, en las voces del más allá, en el reiki y en tantas disciplinas vinculadas con las energías. Porque, en definitiva, todo gira alrededor de vibras que se pretenden entender como señales para hacer o no algo determinado.

Eso es lo que ellas precisan, aunque la música las evada y la memoria las traiga de vuelta a la realidad real. Una realidad que no desea ser vista por ninguna.

Mariela Verónica Gagliardi

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Crónica sobre cómo romper con lo que se supone que es la danza

La wagner De Vir

Sin lugar a dudas, las obras más polémicas del 11° Festival de Teatro de Rafaela fueron: La Wagner (de Pablo Rotemberg) y De-Vir (de Fauller). Ambas obras, pertenecientes al género de la danza, expusieron diferentes temáticas pero con la coincidencia de hacer lucir al desnudo a sus artistas. Dicha elección provocó la ira de aquellos que son demasiado conservadores, hablando negativamente de las puestas en escena, y opacando dos trabajos, indiscutiblemente, novedosos y con una carga social y argumental fuertísimas.

Como sucede, actualmente, en el ámbito de la política, los comentarios verbales, escritos en diferentes medios y alcanzando las redes sociales; dejaron en evidencia que los cuerpos son capaces de convencer sobre cuestiones que la razón puede no llegar a comprender por diferentes motivos.

En definitiva, ¿qué es la danza?

Podríamos tomar una enciclopedia o diccionario y buscar las distintas acepciones al término, las cuales distan mucho unas de otras. De lo que sí podemos estar seguros es que suele ser tomado el término danza como sinónimo de baile. Se supone que para que exista la danza debería respetarse una secuencia de movimientos -bien llamada coreografía- con una música que acompañe. Ahora, ¿se puede ser tan literal como para no asumir que la danza fue evolucionando y modificándose según la sociedad, cultura y país de que se trate?

Recuerdo cuando años atrás leí un folleto que decía: clases de biodanza y fui a ver de qué se trataba. Por más que desglocé, anticipadamente, la palabra; no estaba relacionada dicha clase con lo que, tradicionalmente, se conoce como danza o baile. Un grupo de personas, con sonrisas pintadas, hablaban de cómo había sido su día, conformando una ronda en el piso; luego, todos los alumnos dejaban que la música les produzca un movimiento u otro. Pero yo seguía cuestionándome, en silencio, que eso no era baile. Transcurrida una hora de clase, opté por dejar mis prejuicios de lado y hacer que las melodías me hagan sentir algo. Lo que sea. Así fue como me convertí en una alumna más que le danzaba a la vida, que sonreía a mis compañeros, que cerraba los ojos para aflojar todo tipo de tensión… y eso era danza. No precisaba zapatillitas de baile en punta, ni elongación ni respiraciones de un tipo u otro. Cada uno tenía su propia gracia, no existía la competencia y la profesora no era más que nuestra guía en este camino.

La wagner

Al presenciar la función de La Wagner, no pude relajarme, sentí asfixia y ganas de irme. Sentí impotencia por querer abandonar mi butaca y me cuestioné durante días por qué esta obra me provocaba tantas sensaciones diferentes si no era más que una obra de danza. No me salían las palabras y la respiración entrecortada me recordaba a casi todas las secuencias de Rotemberg en que Ayelén Clavin, Carla Di Grazia, Josefina Gorostiza y Carla Rímola; interpretaban a cuatro bailarinas que sufrían incesantemente. Fue recién ahí cuando pude quitar mi nudo de la garganta y lograr que mis palabras expresaran aquella angustia y que agradecí no haberme parado.

Pársifal y Tristán e Isolda son dos de las óperas que se hacen presentes en La Wagner, para oficiar de contexto. Richard Wagner (1813-1883) fue un compositor alemán, famoso por su antisemitismo -si bien no fue contemporáneo con Hitler (1889-1945)- al igual que por su talento musical; le otorgó a la puesta una manera de narrar una época que se fusiona y entremezcla con la vigente.

Estas mujeres aparecen, muy lentamente, acompañadas por el Preludio de Pársifal que hace sentir un vacío entremezclado con una fuerte presión en el pecho. Desgarradoramente parecen ingresar a un campo de concentración, en que se abusa de ellas, en que su condición femenina se ve desplazada y en que la simbología de Pársifal (ausente físicamente en escena) hace relucir que la “pureza” era vista en éste de la misma manera que el nazismo lo hacía con la raza aria.

Lo puro en contradicción a la pureza. Lo blanco como superior y la mujer como objeto despreciable.

La Wagner tiene nombre de mujer no por haber sido la intención de su compositor, sino porque Rotemberg pretende imprimir y luchar por los derechos nuestros, por reflejar el dolor que provoca una violación física y mental, llevando al extremo todo tipo de movimiento corporal para producir un efecto de violencia que desde ya no existiría al utilizar metáforas o versos bonitos.

A veces es necesario mostrar la violencia como tal, el maltrato como tal y el abuso como tal; así no quedan dudas de que existe y desea ser soslayado por ciertos sectores sociales, por intereses y por diferentes motivos imposibles de aceptar.

También aparecen otros fragmentos musicales tanto de Wagner (Tristán e Isolda) como de otros músicos que permiten que las bailarinas sean vistas como parte de una lucha eterna en que sus cuerpos sufren secuelas y sus corazones continúan para no perecer en el intento.

Cada una de las secuencias coreográficas es muy fuerte, colmada de ideología y con una pequeña-gran historia por transmitir, un fiel retrato de lo que ocurre y no siempre tiene solución inmediata.

Seguramente lo que más duela sea la espalda, la cual jamás es mostrada por parte de ellas.

De-Vir

Con respecto a De-Vir, si bien es otra puesta en escena de danza, no transmite ni provoca lo mismo.

Son cuerpos humanos que por momentos adquieren formas de objetos y de animales. Por más descripción que pueda leerse sobre la misma, cada quien entenderá y resignificará la pieza artística a su modo.

En mi caso, pude observar que desde la manera de apoyar las manos y hasta su caminar, se trataba de una especie animal esbelta, fina, delicada y precisa. Cuatro artistas-bailarines (Wilemara Barros, Henrique Castro, Marcelo Hortêncio y Fauller) conformaron diferentes cuadros, con una iluminación tenue y, separados, por la oscuridad absoluta.

Quizás, a ciertos espectadores les pueda chocar un desnudo o puedan no estar acostumbrados a verlo, pero debo admitir que en ambas obras está muy justificada la elección de que no utilicen un vestuario.

En esta segunda, si los personajes adoptaran un atuendo, quedarían disfrazados de algo determinado y, posiblemente, ridiculizarían sus interpretaciones. De este modo, sus pieles simulan ser pieles de otra especie, desnudos de pies a cabeza, valiéndose de una escenografía inexistente al igual que en la primera.

De-Vir es oriunda de Brasil, motivo por el cual mi mente imaginó la selva amazónica como uno de los escenarios posibles en que estas especies animales caminaban, se juntaban, separaban y fusionaban.

La imaginación deberá utilizarse en ambas obras, aunque más en esta segunda ya que el silencio musical se apodera de la historia para que el público escuche los sonidos naturales de la respiración.

Las dos propuestas son muy interesantes y con temáticas diferentes, intentando romper con estructuras tradicionales. La danza contemporánea contiene un sinfín de movimientos y expresiones que la danza clásica no. Una no es mejor que la otra ya que, una se nutre de la otra para crear lo propio. De lo que sí podemos estar seguros es que cada espectador podrá digerir lo que pueda y como pueda, podrá sentir incomodidad o placer pero, jamás, indiferencia.

Cada movimiento, por más pequeño que sea, es un modo de expresión y cuanto más grande se hace, más visible se vuelve. Como si se tratara de una caminata normal en que comenzamos a sentir cada extremidad como propia y otorgándole un movimiento diferente en que la música nos permite soltar sin ataduras. El cuerpo como instrumento que ejecuta un baile, una danza, como si se tratara de un desplazamiento sobre la partitura -una partitura que adopta la forma deseada, que sorprende y deja de lado todas las convenciones-.

Danzar la vida, desnudarse ante la vida, contando sin textos y hablando sin palabras.

Mariela Verónica Gagliardi

Cuando la vida sorprende

La sala roja

Siempre se escucha acerca de las famosas reuniones de padres, en colegios y jardines de infantes. En ellas se suelen hablar de cómo se portan los niños, entre otras cosas. Lo que no se menciona es por qué los pequeños son como son o por qué hacen tal o cual cosa.

Cada vez más son los padres que se cuestionan si mandar o no a sus hijos al colegio. Y por más que continúan siendo minoría, es una minoría que va en aumento.

¿Puede haber docentes que, además de enseñar contenidos académicos, puedan contener a sus alumnos? ¿Por qué el sistema de enseñanza oficial trata a todos los niños por igual si no lo son? ¿Por qué asume el sistema que a todos les interesa aprender lo mismo y hacer lo mismo si no son iguales? No son iguales.

La sala roja (escrita y dirigida por Victoria Hladilo) es una obra de teatro que, en formato de comedia, logra mostrar la tradicional reunión de padres, dejando en evidencia que si ellos no son iguales, sus niños tampoco.

Existe la obligación de tener que ponerse de acuerdo en diferentes actividades, en diseñar un muñeco, en tratar diversos temas y en decidir por estos seres que -por más chiquitos que sean- tienen voz y voto. O, al menos deberían tenerlos.

Victoria Hladilo, además de escribir y dirigir esta magnífica historia, interpreta a una madre con muchísimo carácter, que va manipulando cada cosa y situación a su antojo. Ella es la mujer modelo o la modelo de mujer que ejecuta y dirige la batuta, que arma y desarma… la líder nata.

Dentro de cada personaje existe una elaboración exhausta del tema educación, de sus posibilidades, de las limitaciones de una institución y de una directora que se hace esperar.

Cada falencia se siente, cada voluntad se debate con la del otro y cada quien pretenderá imponer su punto de vista. Mientras tanto, una de las maestras oficiará de puente entre los llamados reiterativos de dicha directora y los ansiosos padres (Manuel Vignau, Verónica Mc Loughlin, Carolina Marcovsky, Victoria Marroquín, Axel Joswig y Victoria Hladilo); hasta que las cartas estén tiradas sobre la mesa. Hasta ese entonces todo será expuesto, cada uno quedará al desnudo con su pensamiento y no podrán simular demasiado su egoísmo.

¿Se puede ser culpable o juzgado por no querer ser parte del sistema capitalista, por no querer vacunar a un hijo o por pretender que éste coma de manera más sana?

Existe una fuerte comparación entre niños y adultos, entre hijos y padres, entre alumnos y superiores. Los padres, docentes y directivos son mostrados como superiores, como los que tienen la verdad y los únicos capaces de determinar lo que los “inferiores” merecen o les hace mejor. Los niños-objetos, no están presentes ni tienen lugar en esta dramaturgia. No se los ve ni conoce sino a través de la mirada adulta e infantil de sus señores padres, quienes ni siquiera tienen el deseo de acudir a dicha reunión y a formar parte del intercambio de ideas.

Como una organización de mando vertical, todo está delineado así y ni siquiera la inclusión de un nuevo miebro, podrá cambiar la situación.

El diferente es discriminado, torturado, castigado y excluido. Esto es mostrado tanto en el mundo adulto como en el de los niños. El más tímido es considerado como alguien despreciable e indigno de juntarse con los más populares.

Un sistema obsoleto que se descascara por completo entre gritos y pinturitas, entre bricolaje y pasiones desenfrenadas. Como el color rojo que enciende todo sin límite.

Esta salita que une a personas distintas y que imponen, a partir de juegos, sus ideologías.

Entre risas del público y una función verdaderamente hermosa (que tuvo incluso un pequeño corte de luz); se disfrutó de una historia bien narrada, interpretada y dirigida en escena.

La pieza artística tiene un nivel excelente, la historia nos mantiene en suspenso durante todo el tiempo, los diálogos son verdaderamente exquisitos y todas las bajadas de línea que puedan existir son suspicaces y sin caer en la redundancia.

Con todos los detalles para recrear al jardín, con guardas en las paredes, cartulinas, tijeritas, sillas pequeñas, mesas y masitas -sin harina ni azúcar-; que le otorgaron a La sala roja su momento de esplendor, su muestra de talento y la necesidad de trascender el aula con una temática tan importante como lo es la educación en nuestro país.

¿Es más responsable quien manda a su hijo al colegio?

Mariela Verónica Gagliardi

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Radiante nunca será

Mi humo al sol

Cómo representar a una madre e hija que han sufrido más de lo imaginado y pensado.

De qué forma pueden dos actrices, reencarnarse en dos seres que precisan sincerarse, traer el pasado y continuar sus vidas después de la verdad.

Cada persona se dice que es un mundo aparte, pero si hay algo que en general nos caracteriza es la necesidad de saber acerca de algo. De ese algo que no nos deja avanzar de verdad hacia adelante, sin que giremos la cabeza para recordar aquel episodio o aquel hecho.

Esto es lo que ocurre en Mi humo al sol (escrita y dirigida por Manuel García Migani) una obra dramática que, de comienzo a fin, nos mantiene en vilo, en total suspenso y teniendo que prestar atención a cada detalle y diálogo para luego aunar todo y comprender de qué se trata.

En verdad, el alma comprende a la perfección que se basa en un encuentro entre dos mujeres que parecen no conocerse, aunque por datos que vamos teniendo a lo largo de la historia, se llega a dilucidar quiénes son dichas mujeres (Elena Schnell y Miranda Sauervein).

Lo interesante es cómo interactúan ambas, qué se dicen, a quiénes mencionan y por qué una tiene la necesidad de expresarse -aún sin el consentimiento de la otra-. Esta relación tan fría produce angustia, desolación y confusión, hasta que el teléfono actúa de puente entre lo que percibimos y lo que en realidad es.

Con respecto a las actuaciones, deslumbran y tienen en cuenta hasta el mínimo detalle corporal como para que sus personajes se luzcan y sean lo más reales posibles.

Mi humo al sol, es una ventana a la intimidad de una familia, como un retrato a lo más privado que precisa se contado para alivianar aquella mochila que presiona la espalda muy agotadoramente.

Una película oriental se visualiza al comenzar y, la protagonista, se asemeja mucho a la protagonista de esta historia, quien no menciona palabra sino que deja que su cuerpo se encargue de hablar, observando detenidamente a su visita, a esa extraña que conoce su niñez, su trenza cosida deshecha y su casco depositado por doquier.

Pareciera ser que cada objeto existe para decorar el living de esta casa y sucede todo lo contrario. La casa es un objeto inserto dentro de cada simbolismo que determina el accionar de esta joven que perdió el rumbo de su vida. No hay que creer que la charla le devuelva el timón, pero sí algunas certezas y la manera de afrontar cada paso para no volver a estrellarse sin andar en moto.

Humo que empaña las palabras más sinceras y escalofriantas que, por temor, no fueron pronunciadas. Grises opacando la visualización y lo que podría ser -pero no es ni será-. Un sol que no se ve y que parece querer asomar cuando se traslada el relato a tiempos memorables y felices en que todo era más simple.

Un aroma a gastado que pretende esfumarse para volver a circular.

Los ojos que se posan sobre la mirada ajena para estudiarla e intimidarla, como si lo más importante fuera desplazar en vez de aceptar y continuar.

Quizás el final no sea el más deseado, aunque sí lógico y coherente. En definitiva, dar es dar y no dar para recibir.

Cada cual seguirá como pueda, sin deseos o con ellos, sin esperanzas aunque con ellas. Caminando por un ambiente y teniendo la certeza de que las cosas son lo que son.

Un gran trabajo actoral, con un texto profundamente confesional, y una dirección permiten que Mi humo al sol sea el reflejo de la vida de tantos seres que se ocultan para no avergonzarse y que cuando logran cobrar fuerzas vuelven a acobardarse.

Seguramente la sociedad en nuestro país no colabore demasiado en esto y castigue en vez de reeducar, prive en vez de otorgar, exponga en vez de ayudar y juzgue en vez de perdonar.

Todos somos expertos en temas judiciales y de humanidad, pero nadie suele estar en la piel del otro para comprender que no todos tienen la oportunidad de defender sus valores de manera inteligente.

Esta obra se presentó el 16 de julio en el 11° Festival de Teatro de Rafaela.

Mariela Verónica Gagliardi

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Una confesión como justicia social

Boy Scout

El psicólogo noruego, Dan Olweus, a principios de los años setenta, comenzó a investigar acerca del acoso y violencia en los colegios. Fue el primero en utilizar el término bullying, ya famoso en nuestros tiempos. El significado está relacionado con pasar por encima a una persona sin tratarla como tal, despojándola de todo tipo de derechos. Bull (toro en inglés) hace alusión a dicha conducta que afecta a un gran porcentaje de adolescentes dentro del ámbito escolar.

Dennis Smith, un talentoso artista, utiliza tres palabras escogidas específicamente: aceptación, concreción y rechazo; para definirlas individual y grupalmente. Así, se produce la apertura al mundo de los sueños y de la realidad cruda que estalla de golpe sin pedir permiso.

Una ambientación, realizada con sogas y nudos, nos traslada a un bosque en que este personaje podrá defender su postura, conocer lo supuestamente correcto y elegir lo que más desea sin que nada le importe. O al menos, intentando que no le importe demasiado.

“BoyScout” es el nombre de esta comedia musical que tiene varios aspectos dramáticos y cómicos en su relato. Es que, desde ya, no causa gracia lo que dice sino el cómo. Dejando demostrada su ductilidad para componer a quien desee, desde la escritura hasta la acción del personaje; este pobre joven oscilará entre la vida y la muerte de manera constante.

Valiéndose de dos fuertes discursos anacrónicos, en los que se conoce su pasado en dos momentos totalmente diferentes; es él quien debe tener la fortaleza para decidir si quiere aprender a armar el tradicional nudo de ahorque o si pretende usarlo para un fin determinado.

Como si se tratara de una clase, los conceptos teóricos acompañan las escenas, una y otra vez; pretendiendo contar con nuestro apoyo por más que ahora es un adulto y ya no lo necesite.

El diferente es aislado, adoctrinado, utilizado. Su alma es violada, por más que no se la toque físicamente. Así, la personalidad de un niño es enajenada, sintiéndose vacía, sin sentido.

“BoyScout” es un trabajo brillante en el que las canciones forman parte del argumento y cada letra oficia de hilo conductor entre sus pesares más antiguos y los más llevaderos.

Un joven que fue invitado a formar parte de lo que se veía como perfecto, aquel campamento en que muchos niños conviven en carpas, en comunidad, aprendiendo cosas “útiles” y siguiendo a un líder que los conduce y enseña.

Bajo ese panorama, él creció, sufrió y, cuando no pudo más, decidió. Porque no estaba acostumbrado a decidir, sino a aceptar lo que otros decidían y eso no significa que el que calla otorga. Él no hablaba por temor, por vergüenza, por no saber cómo hacerse escuchar ni para qué gritarle al mundo -o al menos a sus familiares- lo que sentía.

Este niño es el autor, actor y director. Este niño es cada uno de los incomprendidos, de los que sienten otra sexualidad o despertar, aquellos que no quieren tener la necesidad de justificar lo que desean porque un grupo es ignorante y morboso.

Un carisma envolvente que estruja mi corazón cuando siento su dolor, cuando siento que su relato es el de muchos más que no se animan, cuando tantos adormecidos son silenciados y abusados, cuando las palabras sobran y empiezan a vibrar las melodías.

Cuando el pensamiento queda en reposo para que corra, desesperado, a un lugar aislado del campamento y encuentre el modo de no sentir pudor por lo que le pasa, por no sufrir la miseria ajena.

Consiguiendo emocionar y estremecer a todo espectador, invitándonos a conocer una historia íntima, sencilla y atrapante, con muchos matices que permiten transitar los climas y ambientes descriptos, puntillosamente, por el siempre listo de vestimenta camuflada.

Ese camuflaje que le permitió esconderse y esconder cada uno de sus secretos que en verdad eran sus pesares. Dicho pesares que se convirtieron en conflictos por no ser aceptado. Y sí, creo que un adulto puede luchar, realmente, contra viento y marea; pero un chico precisa de apoyo.

Oscureciendo los momentos que son más privados y llenando de blancos los que merecen más exposición; es que transita esta pieza artística arbolada sin árboles, en que los simbolismos tienen un peso fundamental y en que cada detalle sirve para componer BoyScout. Esta historia es un ejemplo de cómo no hay que vivir o, mínimamente, qué cosas hay tener en cuenta para elegir con el corazón sin sentir que éste se equivoca.

Esta obra se presentó el miércoles 15 de julio, dentro del marco del 11° Festival de Teatro de Rafaela.

Mariela Verónica Gagliardi

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La cultura es un derecho y no un accesorio

Fanfarria Da Vinci16

En Buenos Aires no toleramos a aquellos políticos que destinan los fondos a satisfacciones personales o a egoísmos extremos o a circunstancias que los dejan en evidencia. Siempre, quienes nos dedicamos al ámbito cultural, deseamos que haya presupuesto para las diferentes ramas del arte, de la educación y, quién más quisiera, de las artes escénicas.

En Rafaela (Santa Fe), ocurre lo contrario. Muchos vecinos, critican negativamente al ámbito cultural por promover la cultura y por seguir avanzando año tras año. Por recuperar una construcción tan simbólica como la del Viejo Mercado y convertirla en Centro Cultural, por hacer que la ciudad cada día esté más bonita, artísticamente, y por lograr aquello que se dice y no siempre se siente: que la cultura sea un derecho, no algo para una élite.

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Así, quedó demostrado, en la Apertura del 11° Festival de Teatro de Rafaela -que comenzó hoy- cómo la sociedad rafaelina necesita del teatro, necesita de la cultura, cómo se la apropia ya no como accesorio sino como parte de su vida y cómo desde el desfile en el microcentro hasta la última función en La Máscara, colmó de vecinos felices cada butaca y cada espacio.

Y no existe pretexto para afirmar que la función gratuita tuvo más público que las pagas, porque todas tuvieron éxito.

La fiesta comenzó con Fanfarria Da Vinci (con la intervención del artista Víctor “Tomate”Ávalos, de Buenos Aires), un grupo de músicos cordobeses que desfilaron junto a un dragón enorme, armado con globos, de distintas formas y tonalidades: rosa, blanco y negro -que son los colores elegidos para la artística de este año por el Festival-.

De esta forma, a las 18 hs pudo disfrutarse de pura música, ejecutada por actores circenses que al ritmo de instrumentos de viento y percusión, consiguieron la adhesión del público a lo largo de las calles. Niños de diferentes edades, muchísimos adultos y varios perros que querían escuchar el espectáculo sin ser pisados.

Estamos en invierno y, sin embargo, se sintió verano, en medio de un corso en el que todos esperaban mirar al dragón, tocarlo y sacar cuantas fotos puedan.

Luego, una larga fila nos esperó en el Teatro Municipal Manuel Belgrano para escuchar tanto al Secretario de Cultura (Marcelo Allasino) como al Intendente de Rafaela (el Arquitecto Luis Castellano).

Secretario e Intendente Rafaela

A diferencia del año pasado, esta vez, sus discursos estuvieron más cargados por la emoción y la firmeza de que están por el camino indicado y lucharán contra todo tipo de boicot.

Fue, realmente, una inauguración conmovedora y caben resaltar algunas frases dichas por ambos íconos de la Cultura rafaelina.

El bien común está en boca de todos (…) Hay quienes se resisten al cambio y hay quienes lo abrazan. Este Festival es una muestra contundente de ese cambio que estamos viviendo como comunidad, es un ejemplo de transformación. Para algunos, el arte sigue siendo un espacio de regocijo elitista, un lujo para pocos o un accesorio prescindible; para otros, una forma de abrir puertas, generar vínculos, un espacio para reconocernos, repensarnos, encontrarnos” (Marcelo Allasino).

También hizo hincapié en que el festival llega a quienes pueden y a quienes no, a los que están en el centro y en los barrios, a las localidades con salas y a los que no las tienen.

Luego, tuvo la palabra el intendente Luis Castellano: “El Festival es una fiesta popular en la Ciudad de Rafaela (…) La cultura y el teatro nos ayudan a encontrarnos.

Popular, encuentro, derechos, cultura y arte; fueron algunas de las palabras que circularon en ambos discursos y que desean quedarse impregnadas en el imaginario social. Como quien sopla el molinillo de viento con un aire de esperanza a que todo cambie a favor o a que, al menos, todo el esfuerzo de más de una década no sea en vano.

También, el Licenciado, se refirió a los inmigrantes -haciendo un breve recorrido por la historia- y recordándonos que fueron ellos quienes colocaron las primeras semillas cuando la tierra era tierra y quisieron crear cultura para ellos y para el futuro.

Ya llegada la noche, el grupo La Pipetuá (de Buenos Aires) hizo su aparición en escena con
La Pipetuá 13 añosun show increíble, aplaudido de pie por los espectadores y demostrando el talento que lo caracteriza desde siempre.

La edad del pavo es el nombre de su espectáculo (dirigido por Teresa Duggan y La Pipetuá), que con un sello se distingue de otros de su género. Mezclando y fusionando el clown, circo, música y destrezas físicas; consiguen un éxito arrollador que puede verse plasmado en cada uno de sus números -los cuales llaman la atención por su lenguaje cotidiano y de fácil llegada al público, por su feedback, por el carisma que tienen de principio a fin y por la excelencia y perfección de todo lo presentado en el show-.

Utilizando la música como principal soporte, a partir del que surgirán pruebas físicas y tradicionales del mundo circense, jugando entre ellos como verdaderos pavotes, realizando chistes sonsos y que, sin embargo, despiertan las carcajadas del público y recreando el universo infantil y para todo público en que justifican cada una de sus elecciones.

Burbujas pequeñas, medianas y gigantes que sirven como contenedoras de cuerpos. Saltos a través de diversos objetos, canciones diversos estilos que logran describir paisajes y sensaciones. Instrumentos de viento, de percusión y todo aquello que escojan para sacarle sonido; ocurrirá a lo largo de este evento.

Los cuatro artistas, cada uno en lo suyo y en lo que mejor sabe hacer, generarán distintas situaciones cómicas y dignas de ser admiradas. Cómo con lo simple y desde lo simple se puede crear algo enorme y de calidad. Fruto del tiempo que permanecen juntos, de su perfeccionismo y de la vocación que con solo mirarlos segundos podemos confirmar.

Caños móviles, que cobran formas, desplazamientos que inundarán de alegría esta función, consiguiendo identidad. Aquí, allá, y en cualquier lugar por el que pase La Pipetuá; es un fenómeno que garantiza pasar un fantástico momento, un delirio tras otro y esa esencia que nos traslada a esos momentos en que éramos chiquitos -como los niños que venían gateando en la oscuridad para verlos cada vez más de cerca-.

Al finalizar esta obra, comenzó en el Teatro Lasserre, Muñeca (de Armando Discépolo,
Muñecadirigida por Pompeyo Audivert y Andrés Mangone). Este drama exhibe al amor en todo su esplendor. Al capricho como sensación irreparable y a la fortuna como la explotación más deshonrosa.

¿Quién es muñeca? Una mujer hermosa que con sus palabras y calidez, se desplaza como si sus pies patinaran y su cuerpo no le pesara en absoluto. Como un objeto que es adquirido, expropiado y utilizado a merced de Anselmo -un hombre espantoso, millonario y con una personalidad ambigua-.

Salida de un placard, se une a la aventura de un grupo de amigos que se debaten entre carreras de caballo, drogas, alcohol y algo de música. Apoyados por un cellista que, además, les hace la ambientación sonora en vivo, estos hombres no recorren la vida sino que la atraviesan. Desean comprar escenas y evitar otras. Hallar a la muñeca que huyó y volver a plasmar la vida tal cual era. No importa quién es ella en verdad sino lo que significa para Anselmo y para su débil situación.

Entre disfraces, glamour y un desfile de bebidas; las noches pasan una tras otra sin interesar nada más. Intentando que el titiritero haga sus jugadas y cada uno de sus caprichos se satisfaga, haciendo aparecer la política (como en todo texto de Discépolo) y utilizando a Uriburu para demostrar que ni un militar ni un radical podrán cambiar la situación en que se vivía y vive. Que todos son parte de lo mismo y, quizás por eso, ellos se encierren en la mansión para disfrutar, de algún modo, aquellos “placeres” de la vida.

Muñeca es una figura, una imagen, un fantasma que se pierde y aparece cuando lo invocan y todo lo que desearían otorgarle.

Cuando no está, los amigos parecen estallar de ira, de dolor infundado y de delirios cada vez más grandes.

La traición es aquello irreparable que surge en esta dramaturgia y que no tendrá más remedio que la tragedia a flor de piel. Como aquel sol que no saldrá jamás y aquellas sábanas que no volverán a alojar a la deseada.

Con actuaciones realmente impecables y una dirección majestuosa, esta versión consiguió crear interrogantes en cada uno de nosotros.

Esta obra fue estrenada por primera vez en 1924 y transcurridos noventa años, hay cuestiones que siguen iguales, otras que se han podido modificar y algunas más que reinarán en todos los humanos.

Mientras tanto, la muñeca de porcelana, ese adornito insignificante para unos e importantes para otros podrá recorrer cada minuto de las vidas de estos patriotas sin patria y la alienación que los invade, hará que no puedan descubrir cuando están despiertos, dormidos, viviendo o muriendo.

Para cerrar la noche, una comedia dramática llamada Doberman (escrita y dirigida por Azul Lombardía), se encargó de materializar muchas risas como al principio de la tarde.

Doberman

Mónica Raiola y Maruja Bustamante, consiguieron formar una dupla exquisita en que demostraron sus dotes para interpretar a unas amigas, más bien conocidas, que tienen algunos asuntos que solucionar.

La primera, una mujer ama de casa, con una sencilla vida; y, la segunda, una madre de seis hijos y un esposo decadente; conformarán la escena de Doberman. Una única escena que se desarrollará en la cocina de una de ellas, mediando la palabra como principal argumento.

¿Qué buscan dialogar tanto?

Con un lenguaje burdo, grosero y súper real en nuestros tiempos; ambas se debaten entre la ironía y la violencia verbal. No cabe revelar el asunto de sus charlas ya que la dramaturgia llegaría a su fin pero sí mencionar los dos personajes tan bien conformados por Mónica y Maruja.

Mónica, luciendo como tímida, sencilla e introvertida; mientras Maruja se va convirtiendo en esa raza de perro tan temida por algunos.

La agilidad en la manera de hablar de una, y la lentitud en la forma de esbozar la palabra de la otra, van delineando la trama de Doberman -una pieza artística que no solo genera tensión y expectativa sino que convierte el drama en comedia y la comedia en drama de un momento a otro-.

Azul Lombardía consigue esta ambigüedad y moldea cada uno de los diálogos para que las actrices sientan comodidad y puedan generar la sorpresa en el público.

Sentadas alrededor de una mesa, durante casi toda la obra, no precisan moverse si lo que tienen para decir pasa por otro lado.

Una llamada en el contestador, una visita inesperada, una enfermedad utilizada para manipular y toda la ferocidad de una mujer que se siente despechada y minusválida. En cuanto esto sea creído y justificado, el peor ataque podría aparecer.

La composición del perro conmueve, permitiendo que veamos cada detalle -desde sus ojos, su expresión en el rostro, su manera firme y convincente al caminar, al moverse- y esa delicadeza en que se escoge qué decir y en qué momento. Como si un animal pudiera hablar, que de hecho lo hace pero con otro lenguaje. Quizás más expresivo como el que puede notarse sobre todo al llegar el final de esta gran puesta en escena.

Tres estilos de obras totalmente diferentes, con vestuarios bien caracterizados y ambientaciones que permiten delinear la historia en cada una de ellas; fueron las primeras en pasar por este Festival que, una vez más, está generando muchísimas expectativas en los vecinos y en público de provincias aledañas que se traslada, al igual que Sabor A Teatro; para observar de cerca este fenómeno.

Mariela Verónica Gagliardi

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