*** Agosto 2017 ***

La wagner De Vir

Sin lugar a dudas, las obras más polémicas del 11° Festival de Teatro de Rafaela fueron: La Wagner (de Pablo Rotemberg) y De-Vir (de Fauller). Ambas obras, pertenecientes al género de la danza, expusieron diferentes temáticas pero con la coincidencia de hacer lucir al desnudo a sus artistas. Dicha elección provocó la ira de aquellos que son demasiado conservadores, hablando negativamente de las puestas en escena, y opacando dos trabajos, indiscutiblemente, novedosos y con una carga social y argumental fuertísimas.

Como sucede, actualmente, en el ámbito de la política, los comentarios verbales, escritos en diferentes medios y alcanzando las redes sociales; dejaron en evidencia que los cuerpos son capaces de convencer sobre cuestiones que la razón puede no llegar a comprender por diferentes motivos.

En definitiva, ¿qué es la danza?

Podríamos tomar una enciclopedia o diccionario y buscar las distintas acepciones al término, las cuales distan mucho unas de otras. De lo que sí podemos estar seguros es que suele ser tomado el término danza como sinónimo de baile. Se supone que para que exista la danza debería respetarse una secuencia de movimientos -bien llamada coreografía- con una música que acompañe. Ahora, ¿se puede ser tan literal como para no asumir que la danza fue evolucionando y modificándose según la sociedad, cultura y país de que se trate?

Recuerdo cuando años atrás leí un folleto que decía: clases de biodanza y fui a ver de qué se trataba. Por más que desglocé, anticipadamente, la palabra; no estaba relacionada dicha clase con lo que, tradicionalmente, se conoce como danza o baile. Un grupo de personas, con sonrisas pintadas, hablaban de cómo había sido su día, conformando una ronda en el piso; luego, todos los alumnos dejaban que la música les produzca un movimiento u otro. Pero yo seguía cuestionándome, en silencio, que eso no era baile. Transcurrida una hora de clase, opté por dejar mis prejuicios de lado y hacer que las melodías me hagan sentir algo. Lo que sea. Así fue como me convertí en una alumna más que le danzaba a la vida, que sonreía a mis compañeros, que cerraba los ojos para aflojar todo tipo de tensión… y eso era danza. No precisaba zapatillitas de baile en punta, ni elongación ni respiraciones de un tipo u otro. Cada uno tenía su propia gracia, no existía la competencia y la profesora no era más que nuestra guía en este camino.

La wagner

Al presenciar la función de La Wagner, no pude relajarme, sentí asfixia y ganas de irme. Sentí impotencia por querer abandonar mi butaca y me cuestioné durante días por qué esta obra me provocaba tantas sensaciones diferentes si no era más que una obra de danza. No me salían las palabras y la respiración entrecortada me recordaba a casi todas las secuencias de Rotemberg en que Ayelén Clavin, Carla Di Grazia, Josefina Gorostiza y Carla Rímola; interpretaban a cuatro bailarinas que sufrían incesantemente. Fue recién ahí cuando pude quitar mi nudo de la garganta y lograr que mis palabras expresaran aquella angustia y que agradecí no haberme parado.

Pársifal y Tristán e Isolda son dos de las óperas que se hacen presentes en La Wagner, para oficiar de contexto. Richard Wagner (1813-1883) fue un compositor alemán, famoso por su antisemitismo -si bien no fue contemporáneo con Hitler (1889-1945)- al igual que por su talento musical; le otorgó a la puesta una manera de narrar una época que se fusiona y entremezcla con la vigente.

Estas mujeres aparecen, muy lentamente, acompañadas por el Preludio de Pársifal que hace sentir un vacío entremezclado con una fuerte presión en el pecho. Desgarradoramente parecen ingresar a un campo de concentración, en que se abusa de ellas, en que su condición femenina se ve desplazada y en que la simbología de Pársifal (ausente físicamente en escena) hace relucir que la “pureza” era vista en éste de la misma manera que el nazismo lo hacía con la raza aria.

Lo puro en contradicción a la pureza. Lo blanco como superior y la mujer como objeto despreciable.

La Wagner tiene nombre de mujer no por haber sido la intención de su compositor, sino porque Rotemberg pretende imprimir y luchar por los derechos nuestros, por reflejar el dolor que provoca una violación física y mental, llevando al extremo todo tipo de movimiento corporal para producir un efecto de violencia que desde ya no existiría al utilizar metáforas o versos bonitos.

A veces es necesario mostrar la violencia como tal, el maltrato como tal y el abuso como tal; así no quedan dudas de que existe y desea ser soslayado por ciertos sectores sociales, por intereses y por diferentes motivos imposibles de aceptar.

También aparecen otros fragmentos musicales tanto de Wagner (Tristán e Isolda) como de otros músicos que permiten que las bailarinas sean vistas como parte de una lucha eterna en que sus cuerpos sufren secuelas y sus corazones continúan para no perecer en el intento.

Cada una de las secuencias coreográficas es muy fuerte, colmada de ideología y con una pequeña-gran historia por transmitir, un fiel retrato de lo que ocurre y no siempre tiene solución inmediata.

Seguramente lo que más duela sea la espalda, la cual jamás es mostrada por parte de ellas.

De-Vir

Con respecto a De-Vir, si bien es otra puesta en escena de danza, no transmite ni provoca lo mismo.

Son cuerpos humanos que por momentos adquieren formas de objetos y de animales. Por más descripción que pueda leerse sobre la misma, cada quien entenderá y resignificará la pieza artística a su modo.

En mi caso, pude observar que desde la manera de apoyar las manos y hasta su caminar, se trataba de una especie animal esbelta, fina, delicada y precisa. Cuatro artistas-bailarines (Wilemara Barros, Henrique Castro, Marcelo Hortêncio y Fauller) conformaron diferentes cuadros, con una iluminación tenue y, separados, por la oscuridad absoluta.

Quizás, a ciertos espectadores les pueda chocar un desnudo o puedan no estar acostumbrados a verlo, pero debo admitir que en ambas obras está muy justificada la elección de que no utilicen un vestuario.

En esta segunda, si los personajes adoptaran un atuendo, quedarían disfrazados de algo determinado y, posiblemente, ridiculizarían sus interpretaciones. De este modo, sus pieles simulan ser pieles de otra especie, desnudos de pies a cabeza, valiéndose de una escenografía inexistente al igual que en la primera.

De-Vir es oriunda de Brasil, motivo por el cual mi mente imaginó la selva amazónica como uno de los escenarios posibles en que estas especies animales caminaban, se juntaban, separaban y fusionaban.

La imaginación deberá utilizarse en ambas obras, aunque más en esta segunda ya que el silencio musical se apodera de la historia para que el público escuche los sonidos naturales de la respiración.

Las dos propuestas son muy interesantes y con temáticas diferentes, intentando romper con estructuras tradicionales. La danza contemporánea contiene un sinfín de movimientos y expresiones que la danza clásica no. Una no es mejor que la otra ya que, una se nutre de la otra para crear lo propio. De lo que sí podemos estar seguros es que cada espectador podrá digerir lo que pueda y como pueda, podrá sentir incomodidad o placer pero, jamás, indiferencia.

Cada movimiento, por más pequeño que sea, es un modo de expresión y cuanto más grande se hace, más visible se vuelve. Como si se tratara de una caminata normal en que comenzamos a sentir cada extremidad como propia y otorgándole un movimiento diferente en que la música nos permite soltar sin ataduras. El cuerpo como instrumento que ejecuta un baile, una danza, como si se tratara de un desplazamiento sobre la partitura -una partitura que adopta la forma deseada, que sorprende y deja de lado todas las convenciones-.

Danzar la vida, desnudarse ante la vida, contando sin textos y hablando sin palabras.

Mariela Verónica Gagliardi

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