*** Junio 2017 ***

Un lazo rojo y Las arcanas

Como Bonaerense, deseo ver producciones teatrales de otros lugares que no sean de sitios locales o aledaños. En esta ocasión el 11° Festival de Teatro de Rafaela, expuso dos obras con temáticas diferentes, bien interpretadas y que tuvieron su espacio para dejar bien parada a su ciudad.

Un lazo rojo (de Ramiro Rodríguez) y Las Arcanas, las noches no son eternas (de María Eugenia Meyer), son los nombres de estas dramaturgias que se caracterizaron por la obsesión y que, luego hicieron recorridos totalmente distintos.

Un lazo rojo1

En la primera, perteneciente al género dramático, se puede observar cómo un matrimonio de toda al vida se va de campamento a un lugar precioso. Toda la cuestión de paisajes es ambientada a partir de proyecciones visuales que transitan desde flores hasta árboles, con sonidos de pajaritos y diversas gamas de colores que se modifican según la acción que se esté desenvolviendo en ese momento.

Un lazo es una unión, genéricamente hablando, aunque en este caso se trata de algo más fuerte. De ese sentimiento o trastorno -mejor dicho- en que la obsesión se apodera de un cuerpo para obnubilarlo y hacer con él lo que se le antoje. Así le ocurre a Francis (Marcelo Gieco), un hombre que es machista, violento y que no sabe tratar a su mujer, Helena. Quizás porque la única mujer en su vida fue su madre, a quien extraña y rememora en todo momento. La pobre esposa (Marcela Bailetti), que bien podría separarse de él, lo apaña, lo justifica de algún modo -porque de otra forma no seguiría en ese círculo vicioso- y, si bien pide ayuda externa; no logra despegar del lugar en el que está.

Así, la violencia de género se hace presente y cobra el protagonismo de la obra, consiguiendo un silencio absoluto. Dicho silencio es la reflexión de todos y todas sobre un tema que hace tiempo nos viene preocupando y sobre el que las mujeres, más que nadie, debemos unirnos y ayudarnos.

Habrá algunas más débiles que otras pero nunca debemos permitir ser tratadas agresivamente ni maltratadas -en cualquiera de sus sus vertientes-.

El sonido del mar, con sus olas que están cercanas a la orilla, empieza la función. Una tras otra, durante minutos. Luego, este personaje masculino que está convencido de que con solo esbozar una orden todo será dispuesto a su merced. Así ocurre en esta historia y en muchísimos hogares con lo que se denomina violencia doméstica y, es tan burda esa titulación, que me referiré a ésta como violencia.

Esa sonrisa que él demuestra, a la vez que afila sus cuchillas para un asado o para sus últimos minutos de vida. Una vida que no soporta más así como el aire denso que respira sin encontrarle una salida a lo que él mismo creó.

Como un monstruo que lo exorciza, Francis le echa la culpa a todo menos a sí mismo. Los gritos y malos pensamientos son sus únicos aliados, así como todo lo que pertenezca a su entorno. Helena, de hecho, es otro de sus bienes que no tiene intención de abandonar ni pasada la delgada línea. Ella, perfecta, con un vestido y zapatos a composé, con un corazón noble y predispuesta a dar su vida a alguien cruel y dañino.

Ahora estoy en la etapa de la adolescencia – menciona, refiriéndose a su terapia psicológica. Y comienza a detallar los gratos momentos que pasaba junto a su marido -en ese momento novio-, cómo iban tomados de la mano, sintiendo… esa pequeña sonrisa se le dibuja hasta extinguirse por completo.

Cada uno, estancado y frenado en el momento que fue más feliz, no pudiendo comprender que la vida es movimiento. Comiendo, cocinando y temiendo sin darse el lugar para llorar de verdad.

Francis, citando a su madre, pretendiendo que Helena sea como ella, deseando que se parezcan -incluso cuando no lo hacen en absoluto- deja en evidencia su locura que aniquila todo sonido de la naturaleza para hacer sufrir esa sensación de escalofríos infinitos. Como cuando uno ingresa al mar una mañana de invierno para ver cómo está el agua.

Pero, en cuanto se comprueba su temperatura, ya el lazo hizo su nudo, uniendo a seres que merecían vivir libremente.

El mar es como la vida – repite Francis al comienzo y al final.

Las arcanas

Con respecto a la segunda obra, que es una comedia realmente muy entretenida; tiene a cuatro actrices geniales que se complementan muy bien entre sí: Mayra Armando (Corina), Marilú De la Riva (Marina), María Cecilia Tonón (Sonia) y Silvit Yori (Alicia).

Como si se tratara del Club de las divorciadas, estas amigas se juntan a comer cosas ricas, a compartir vivencias, a intercambiar consejos -aunque no los pidan- y a pasar el tiempo que se les hace eterno.

Muy feministas, convencidas de que están bien así y con propósitos vinculados al esoterismo; este clan dará que hablar.

El tarot repartirá sus cartas sobre la mesa, o sobre el piso. Unas piedras calientes servirán para relajar todo cuerpo agotado. La comida macrobiótica para mantenerlas supuestamente sanas y cada idea para superar un nuevo trauma.

Teniendo cada amiga su momento para darse a conocer -a partir de monólogos- y lograr empatía con el público; será el principio de enlace entre su intimidad y el grupo femenino.

Corina, la más chica de las cuatro, pasará por una situación sentimental muy conocida y por la que, seguramente más de una, ha tenido que pasar en su momento. Así es como es alertada por estas suspicaces mujeres que solo desean su bien.

Muchas veces, el bien es visto como envidia y así lo siente ella, hasta que -por sus propios medios- comprueba que tenían razón. Y es que está bien prestar atención a las opiniones pero vivir su camino.

Sonia es la anfitriona y en su casa decorada al extremo, con plantas y todo tipo de objetos ornamentales, desfilarán sahumerios, galletas de arroz y deseos de ver el más allá.

Vinculando el argumento con el título de la obra, cuando se menciona que las noches no son eternas está íntimamente ligado con todas las veladas compartidas y la necesidad de descubrir un mundo nuevo. De este ya están cansadas y aburridas. De hecho rememoran el pasado pero son mujeres activas y con una impronta muy avasallante.

Cada una vestida con un look diferente, con una peluca de distinto largo y color; podría decirse que tanto sus personalidades se ven plasmadas interior y exteriormente.

Con respecto a la dramaturgia, provoca la risa inmediata, la tensión en diversos momentos de la historia y la empatía con el público. Esto me parece fundamental al momento de hacer teatro.

Ver una obra y que no sea una mera exposición de recursos escénicos sino la necesidad de narrar algo con un fin determinado, y no la vanidad de demostrar cuán bien se hace algo para ser admirado.

Las arcanas es una comedia muy divertida, bien escrita y dirigida, con cuatro artistas encantadoras que componen sus personajes de pies a cabeza. Esta unión se trasluce en cada escena, en las voces del más allá, en el reiki y en tantas disciplinas vinculadas con las energías. Porque, en definitiva, todo gira alrededor de vibras que se pretenden entender como señales para hacer o no algo determinado.

Eso es lo que ellas precisan, aunque la música las evada y la memoria las traiga de vuelta a la realidad real. Una realidad que no desea ser vista por ninguna.

Mariela Verónica Gagliardi

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