*** Agosto 2017 ***

Dos obras sobre el trabajo

Una amplia variedad de géneros y estilos colmaron el Festival de Rafaela. Algunas obras más entretenidas que otras. Otras para un público de élite o selecto. Y, unas pocas para pensar y repensar la historia argentina, mundial y el lugar que ocupa una persona con respecto a su puesto de trabajo.

Para ello, decidí elegir a las dos propuestas que investigaron acerca de la temática y que se valieron de recursos tecnológicos similares al momento de la puesta en escena.

De esta forma, Por el dinero y Un trabajo representaron a tantos empleados absorbidos por el sistema capitalista en que quedan indefensos, alienados y sin deseos de buscar hacia otros rumbos.

Por el dinero

Por el dinero (escrita por Luciana Acuña y Alejo Moguillansky) realiza un recorrido, muy relajado, por el valor económico del dinero. Valiéndose del testimonio de un economista, la historia se abre para dar lugar al consumo estimativo que se tiene en un hogar. Comparando, luego, los gastos de dos familias es que se llega a la conclusión de que el vil metal no alcanza para nada. Después de atravesar diferentes estadísticas, años y fechas, como una nueva ventana al mundo; dos artistas (Luciana Acuña y Matthieu Perpoint) utilizan el teatro y la danza contemporánea para contar sus comienzos tanto a nivel académico como profesional -habiendo tenido que luchar, incansablemente, contra viento y marea-; sumándose a los relatos un cineasta independiente (Alejo Moguillansky) y un músico (Gabriel Chwojnik) que realiza cortes de difusión para publicidades comerciales.

Es entonces como tenemos la posibilidad de ver un producto artístico que atraviesa esas disciplinas, utilizando aquellos recursos más significativos y llegando a la conclusión de que se gasta más de lo que se tiene.

Por suerte, en la pantalla se van proyectando diferentes escenas que ilustran y sirven de soporte a la dramaturgia. En la misma, también, puede conocerse un libro llamado Las reglas de oro para bailar bien nuestras danzas, el cual enseña -no las posiciones del cuerpo y pies sino aquello que debe sentirse y ser-. Con humor, estas prácticas cobran vida en los cuerpos de los bailarines que le danzan a la vida, a los billetes que tardan en llegar y que se van más rápido de lo que vienen; y a cada momento deseado que en alguna ocasión se podrá alcanzar.

Mientras deben rebuscárselas para vivir de lo que aman, se dan cuenta y asumen que deben incorporar y transar con ciertas cuestiones del sistema, pero jamás bajar los brazos ni caer en lo bajo.

La ficción y la realidad se conforman en un mismo eje en que puede ser verdad o no lo que acontece. Para el caso, esta es una de las claves para que la obra sea interesante y el documental -en vivo- surta efecto. Al menos este material no precisará aprobación de ninguna institución ni esperar fondos de un país europeo ni ser menospreciado por tratarse del tercer mundo.

Un trabajo

Con respecto a Un trabajo, Elisa Carricajo y Lisandro Rodríguez, interpretan a dos empleados que realizan -a diario y durante muchas horas- un programa de televisión. Conductora y operador no se conocen en persona pero, de a poco, las distancias físicas comienzan a unirse a través de palabras, de anécdotas contadas, de las esperas entre un video y otro; y de todo surge un enfrentamiento y rivalidad entre mujer y hombre.

Por un lado, se plantea al trabajo como puesto rentable que otorga un dinero a fin de mes. Por otro lado, el deseo de un hombre por embarazarse y, por otro lado, las diferencias de géneros planteadas al extremo.

Son tres temas que se relacionan entre sí y que, al ser vox populi, quedan instantáneamente en el colectivo social: en este caso en el público espectador.

Una mujer que es seducida y que se siente realmente entre la espada y la pared. Que no encuentra la manera de huir porque estaría abandonando su trabajo, que se siente intimidada y envuelta con frases ya dichas, reproducidas y consideradas piropos por algunos y violencia por otros. Ya no existen demasiados payadores que puedan inventar palabras bonitas para damas sino personas de sexo masculino que, ante sus inseguridades viriles, se suben al mismo barco que la mayoría para demostrar-se su hombría.

El programa de televisión va grabado y el tema que tiene lugar en dicha emisión es el de un tratamiento que le podría permitir a los hombres optar por embarazarse al igual que las mujeres. Esto es el puntapié para que el operador comience a decir cosas, a sobrepasarse, a no darse cuenta que existen límites y que el acoso no es una caricia sino acoso.

Me parece excelente la manera en que se plantea la puesta en escena. Justamente, cada uno en un espacio físico diferente. A ella la vemos y a él no, motivo por el cual su interpretación tiene que ser (y lo es) muy convincente. Respecto de ella, vemos cada gesto, cada mirada, cada sensación y ocurrencia en vivo. Cuando le habla a una cámara, a dos, a tres. En cada plano reproducido. Tenemos la oportunidad de ver su rostro y cuerpo en acción, siempre en el mismo sitio, acorralada -al igual que ocurre con la dramaturgia, de parte de él hacia ella-; tanto en pantalla como sin ella.

Es tan real de la forma en que está conformada la obra que, por momentos, me daban ganas ingresar a la cabina para ponerle los puntos. Esto es lo que provoca, que uno se convierta en espectador activo. Que se sienta conmovido, que no sea un tema que pase como la brisa de verano sin dejar huella alguna. Esto ocurre y lo vemos, lo escuchamos, lo leemos, nos lo cuenta una vecina o un familiar o un amigo. No es un tema lejano sino parte de nuestro círculo más íntimo y de la sociedad claramente.

Existe la violencia, existe el abuso, así como existen leyes muy bien redactadas y no cumplidas. Existen mujeres denigradas y tratadas como prostitutas, al igual que mujeres violadas por lucir una minifalda.

La violencia de género existe y no es un título bonito ni de moda. El teatro, como reflejo de la sociedad y como portavoz; permite que concibamos la dura realidad de una manera más creativa. No por eso, la violencia es menor ni el abuso es menor.

Y, con respecto al tercer tema, ¿puede ser cierto que un hombre nunca haya pensado en la posibilidad de tener su propio hijo engendrado en su vientre? ¿Existirán en verdad hombres que no se pongan en nuestro lugar así como nosotros nos ponemos en el de ellos?

¿Por qué por lo general las obras de teatro que tratan sobre violencia de género y/o abuso no muestran a la mujer en un lugar desde el que puede vencer con su discurso y con la palabra en vez de tomar un arma siguiendo por el mismo camino que el agresor primario?

Un trabajo demuestra que la mujer que se sienta como tal y que tenga la inteligencia suficiente y sepa quién es, puede erigirse como una guerra sin pelear en el campo de batalla. Que puede y debe defenderse, intimidando a todo hombre que pretenda pasarla por encima.

Denigrar y minimizar es violencia. Menospreciar es violencia. No es cierto que todos los trabajos tengan que provocar la desdicha y bronca del empleado. Ella eligió ser conductora, le gusta y se siente capacitada para hacerlo. Quizás le faltó pasar por la capacitación en que le enseñen a tolerar a un ser despreciable e infeliz.

Dos trabajos diferentes pero que plantean la situación actual con mucha originalidad, las piedras en el camino, los abusos desde distintos ángulos y la postura de cada persona ante un conflicto en el mundo artístico, haciéndonos saber que la política es una forma de vida.

Mariela Verónica Gagliardi

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