*** AGOSTO 2021 ***

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Un bosquejo de lo que podría llamarse identidad perdida

Gris de ausencia - Radioteatro

Ficha radioteatro ElencoEn 1981 Roberto “Tito” Cossa estrena la obra de teatro titulada Gris de ausencia, situada en una época pos peronista, alrededor de la década del 60´ y con una carga emotiva muy relevante. Es así como Víctor Agú decide adaptarla al formato de radioteatro para revivir la esencia fundamental del desarraigo.

Como la canzonetta que se escucha en varios momentos de la historia que va hilvanando los retazos del pasado, de un continente y otro, de las tierras natales y las convertidas en propias aunque siempre desoladas. Así es como transcurre el relato de cada uno de los personajes de esta historia que consigue expresarse como un conjunto de evocaciones atemporales, sin años, sin presente ni futuro, solo con un pasado que conmueve al más añejo y permite desplegar las alas al más joven.

Un gris que empaña lo que podrían ser colores vivos pero que conmueve hasta al más inquieto.

Los recuerdos, esa caja fuerte o ese baúl que cuesta vislumbrar desde lejos pero que está integrado por anécdotas, por sueños tan fuertes que son imposibles de notar despiertos. Como esa fragancia al puerto de La Boca, de las reuniones familiares, de una partida de tute y las melodías de un acordeón desafinado que se oyen más representativas que lo que podría ser perfecto.

Sebastián Pozzi es el encargado de darle vida sonora a cada escena del radioteatro y que como espectadores podamos sentir los pasos, el correr de una página del diario que llega tarde al barrio, las voces gastadas de tanto sufrir, el idioma que confunde personalidades y sentires, dolores del alma imposibles de subsanar.

Mientras Nora Cárpena ý Víctor Agú nos introducen a esta melancólica escucha, cada interpretación se irá encargando de decir algo picaresco, inolvidable y tan profundo como lo no sucedido como se deseaba.

Un abuelo interpretado por el talentoso actor Roly Serrano, al cual podemos observar con toda la gestualidad al pie de un hombre anciano y, a su vez, darnos el lujo de cerrar los ojos y sentir la fascinación de su gran composición interpretativa.

Gris, como lo intermedio entre una tonalidad y otra, como lo que no se puede definir exactamente, como lo desteñido del negro u opacado del blanco. Como un pie dejando huella en Italia y Argentina, como la confusión de un Coliseo y la cancha boquense. Como el mareo que no permite saber a ciencia cierta para qué permanecer donde se permanece ni por qué.

Ficha Gris de ausencia - radioteatro

Mariela Verónica Gagliardi

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La sabiduría del arte

Camarines1

Ficha CamarinesMuchas cosas le puede enseñar un padre a un hijo y también son varias las cosas que puede aprender un hijo de un padre. Pero, cuando no se está presente, suele quedar un vacío tan profundo, tan difícil de volcar con las palabras justas como de comprender certeramente. Las sensaciones no siempre pueden verbalizarse.

Es así como Víctor Laplace y Sergio Surraco, interpretan a dos seres que creen ser quienes quieren hasta que se dan cuenta de lo mucho que se están perdiendo por la terquedad de sus personalidades.

Uno actor y el otro ingeniero, realmente dos carreraras completamente opuestas que no conseguirían unirse de ningún modo. Sin embargo, estos hombres tan desconocidos entre sí y con genes tan similares encuentran la manera, espontánea, de retroalimentarse.

Si bien existen muchísimos momentos en que el humor hace estallar varias carcajadas en ellos y el público, es la nostalgia la encargada de lograr quitarle tanto polvillo a dicha relación.

Dos actores que se lucen de principio a fin, que convocan y llena la sala del teatro Tornavía (en San Martín), que tienen muchísimos cambios de vestuario (los cuales consiguen hacer lucir aún más a estas estrellas del teatro) y un sin fin escenografías que alcanzan la fluidez necesaria para que cada una de las escenas consiga la hilación con la siguiente.

Así, Camarines (escrita y dirigida por Rafael Bruza) se convierte en el espacio ideal para que los personajes se desnuden por completo y decidan su futuro sin culpas o morales innecesarias. Entonces, la vida misma les va mostrando cuán interesante resulta el desafío de imaginarse estar en otro lugar, cambiar rotundamente, maquillarse con los colores que desean para encarnar a quienes sueñan y entenderse, mutuamente, sin la necesidad imperiosa de pretender convencerse para modificar algo.

Como quien quisiera ser feliz y no conformarse con lo conseguido hasta el momento, ellos buscan, indagan, se sorprenden sin imaginarlo, sueñan con los ojos abiertos y se ayudan como nunca lo hicieron antes. Por eso, Camarines, es un búsqueda hacia lo más profundo y sensible de un ser humano, sobre todo sobre aquellos que no tuvieron un padre presente, sobre la oportunidad de cambiar y no estancarse en un pasado doloroso, dejando a un lado el rencor, asumiendo que toda persona se equivoca y que la única condena que debería existir es la de ser preso de las propias palabras.

Al observar a los espectadores pude notar como todos teníamos la misma sensación: la de estar dentro de un verdadero camarín, escuchando las conversaciones privadas detrás de una puerta, intentando capturar la esencia de cada charla y asombrándonos por cada uno de los sucesos de la presente trama.

Como la frase: nunca digas de ese agua no he de beber, así se manifiesta esta entretenida y sensible historia que nos lleva de la mano por un camino conmovedor y lleno de esperanza en el que siempre se está a tiempo.

¡Qué lindo resulta saber que una persona puede arrepentirse y que no tiene que seguir un modelo para no evitar decepcionar a alguien!

Una comedia dramática que sutilmente consigue enaltecer al amor y demostrar cómo lo esencial es la ternura que le imparte uno a otro, el cuidado y la enseñanza de transmitir lo que más se sabe.

Mariela Verónica Gagliardi

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Vuelve “Ni con perros ni con chicos”

ni con perros ni con chicosEl exitoso musical de Fernando Albinarrate
que dirige Javier Daulte regresa al Cervantes.


Omar Calicchio y Laura Oliva serán nuevamente Charles Laughton y su esposa Elsa Lanchester en la sala Orestes Caviglia del Teatro Nacional Cervantes. Desde el viernes 26 de febrero vuelve a escena Ni con perros ni con chicos…, el exitoso espectáculo que ambos protagonizan. El musical de Fernando Albinarrate que dirige Javier Daulte se estrenó en octubre pasado con gran repercusión en el público y la crítica.

Dennis Smith y Daniela Pantano en los papeles de Andy Jenkings y Andrea -y otros personajes masculinos y femeninos- junto a los músicos en escena Marcos Vives(cello), Pablo Citarella (piano), Alejandro Bidegain  (saxo tenor) y Roberto Gutiérrez (clarinete) componen el elenco de este espectáculo que cuenta la vida del célebre actor y director de cine y teatro Charles Laughton -inglés nacionalizado estadounidense en 1950- que brilló en la época dorada de Hollywood (La vida privada de Enrique VIII, Rembrant, Espartaco, Testigo de cargo, entre otras) y de su mujer Elsa Lanchester, actriz también británica cuyo nombre cobró fama en 1935 por su papel enLa novia de Frankenstein, y a partir de ahí desarrolló una interesante carrera en el cine (La escalera de caracol, La zapatilla de cristal, Testigo de cargo), en varias películas junto a su marido.

Ni con perros ni con chicos… recorre la vida privada y pública de ambos. La intimidad de la pareja va descubriéndose a la vez que entretelones de la historia del cine y del teatro de la época aparecen, y los personajes van y vienen en el tiempo y el espacio.

El espectáculo tiene Iluminación de Matías Sendón, coreografía de Verónica Pecollo, vestuario de Mini Zuccheri y escenografía de Alicia Leloutre. La asistencia de vestuario es de Josefina Veliz, la de dirección de Ana Calvo y la producción ejecutiva de Ana Riveros.

Se ofrecerá al público a partir del sábado 27 de febrero,de jueves a sábados a las 21.30 horas y los domingos a las 21 horas. Localidades 75 pesos. Jueves 60.

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Idénticos III en Teatro x la Identidad

teatro x la identidad

Teatro x la identidad cumple 15 años y lo celebra con una nueva edición, como cada ciclo anual, con muchísimas propuestas y sedes que se suman (como el Centro Cultural Kirchner). Actores, autores y directores con el apoyo de las Abuelas de Plaza de Mayo.

Desde el 16 de noviembre que el teatro comenzó a rodar para que, de manera gratuita, todos puedan disfrutar y apoyar a esta causa tan noble como es la búsqueda de los nietos desaparecidos.

La obra escogida de la programación fue Idénticos III, dentro de la que se pudieron ver doce monólogos escritos por doce autores y dirigidos también por doce directores.

Mariano Mazzei abrió la noche con F5 (autor: Lucas Lagré y dirección Emiliano Dionisi), un monólogo en el que un hombre acaba de separarse y sufre muchísimo. Aprovechando que le entró un virus a la computadora, se comunica con su ex y le pide asesoramiento. Si bien existen algunos gags humorísticos, predomina la angustia y profundidad de un relato excelentemente bien interpretado, como es característico en Mazzei.

El cabello por el suelo (autora: Andrea Garrote, director: Mariana Chaud), interpretado por Andrea Garrote, parte de un corte de pelo que la define y le configura una nueva identidad en su adolescencia. Hay cosas que no existen en el mundo de las palabras – menciona. Otro de los factores que la definen es un encuentro casual que tiene en un bar con un hombre, el cual le muestra una fotografía con una amiga de él muy parecida a ella. Esta situación le aclara cuestiones que nunca había podido entender y que por ello veía presencias en su cuarto a menudo.

Mi China (autor: Juan Carrasco, director: Becky Garello) fue una simpática puesta como intérprete a Marcelo Mellingo. Consiguiendo una inmediata identificación con el público, logró contar su relación utópica con una empleada de supermercado chino a quien confundió con japonesa. Él relata cómo se enamoró de Li mientras la veía cortar fiambres, hasta que un día fue con sus “tropas de élite”para conquistarla pero, por confundir su nacionalidad, no logró su cometido.

Despedida (autor: Mariano Saba, director: Ignacio Apolo) me atrevo a afirmar, fehacientemente, que fue el mejor monólogo de toda la velada, con un texto increíble, dinámico, entusiasta y una actriz como lo es María José Gabin impecable. Un verdadero equipo que supo elegir a la artista indicada para desarrollar a una directora de colegio muy bien personificada, con el estereotipo más común que se puede conocer en las escuelas.

Sus palabras como directora, en un acto de fin de año, súper tradicional pero en el que ocurren algunas vicisitudes como retos en público, apretones a los señores padres, resentimiento transformado en sonrisas irónicas. De repente, su discurso se mezcla con una introspección hacia su vida, hacia el camino tan distinto que tenía soñado para ella y que, bueno, le “tocó” otro. Los he parido – menciona. Y realiza un recorrido por los años, con su voz chillona, diciendo que las criaturas son delincuentes de un año y pico. La particularidad de esta escena fue que mágicamente parecían aparecer cada uno de los personajes citado por la dramaturgia. Un verdadero monólogo con todos los condimentos que debería tener cada pieza para brillar.

Continuó un monólogo de humor, interpretado por la actriz Alejandra Flechner, titulado El amor en tiempos de whatsapp (autora: Macarena Trigo, directora: Mónica Cabrera). Este discurso comienza con unas palabras tajantes sobre qué es estar enamorado. Así, le habla a un hombre al que le dice que no es muy enamoradizo sino que es un idiota. Con un sable muestra formas de artes marciales comparadas con las búsquedas de su vida.

Sin dudas que uno de los monólogos que más emocionó fue El hombre de mediana edad (autora: Jimena Aguilar, director: Claudio Martínez Bel) interpretado por Marcelo Mazzarello nos pasea por un interesante texto vinculado a lo que siente un hombre a lo largo de los días con su nombre, apellido y demás factores. Se podría cuestionar si es imprescindible llevar un nombre o saber quién se es en verdad. Entonces, como un juego impactante él cambia su nombre según el día, el apellido también y cada vez que despierta habla un idioma distinto. Astuguider es el apellido que más le gusta, aunque lo que más lo conmueve es el significado poético que le encontró a la vida, al modo en que recita versos sobre paisajes en los que logra identificarse por completo.

Cuando le tocó el turno al gran Osqui Guzmán con Tambor (autora: Lucía Laragione, directora: Leticia González de Lellis), el espacio escénico se transformó energéticamente. Y es que se trataba de los pueblos originarios, de los africanos que piden por la libertad. Mientras, Osqui, utiliza la percusión para decir que “Después retumbaron otros tambores”. Como si los pedidos de esta comunidad tuvieran el eco necesario para hacerse oír.

“Nosotros, los negros, estamos resonando” – dice en otro momento del discurso. También se encarga de mencionar a distintas personas desaparecidas que nunca serán buscadas. Un relato que utilizó muchas metáforas y sonidos de percusión para ejemplificar lo que sienten aquellos olvidados.

El piano seguía interpretando melodías clásicas de la mano de Martín Pavlovsky, quien homenajeó con su música a una etapa oscura que todos desearíamos borrar de la historia pero que, sin embargo, no es ni será posible ya que está de por medio la vida de miles de jóvenes reprimidos por los armados.

En cuanto llega El origen (autora: Carol Inturias, director: Mauricio Kartún) con la presencia de Lorena Vega, nuevamente los pueblos originarios son citados desde varias aristas. Lo cómico, lo irónico y lo vulgar se fusionan como varios mosaicos que pretenden formar un gran paisaje. Lorena le habla, sentada en un banco alto, a un pibe. No podría mencionarse como hombre ya que sus vocablos demuestran lo molesta que está con él. “Para saber a dónde vas, tenés que saber de dónde venís”. Y aquí ocurre otra cuestión: nuevamente los años más tenebrosos de la Argentina.

Ella se tilda de negra y justifica que existieron grandes personalidades a las que se mencionó con dicho apodo: Mercedes Sosa y Alberto Olmedo son algunos de los citados por su grandeza.

Continúa hablando y refiriéndose a ella misma como negra pero también resentida. Cuestiona el día de la raza al que se modificó con un título muchísimo más largo: Día de la diversidad…

Las resistentes (autor: Nelson Mallach, director: Raúl Mereñuk) trae a Marta Bianchi, una mujer pobre que vive junto a su gran amiga Elsa. Ambas le deben poner el pecho a la vida, cazar gatos para sobrevivir y hacer determinadas cosas que las herirán en lo más profundo.

Con un palo de amasar como arma de defensa, ella no perecerá nunca y cuidará a su amiga -quien cayó en manos de la prostitución y que, igualmente, dejará a un lado sus prejuicios para ayudarla-.

El debut (autor: Gabriel Graves, director: Mauricio Kartún) interpretado por Manuel Vicente, compara un ring de boxeo con la guerra.

Con un monólogo cargado de ironía, este hombre entrena a un boxeador a quien le da consejos, diciéndole, que es un artista, que cuando le pegan un golpe cae como artista.

“Hay que saber perder con arte” – le dice en un momento al joven, a quien compara con Firpo, y pretende transmitirle toda la confianza necesaria como para que no se rinda. Luego menciona que siempre hay que estar de un lado o del otro: del que gane o del que pierda, pero siempre tomar partido.

La violencia de género, los maltratos, las violaciones y todo el terror que sufrieron y sufren muchísimas mujeres es representado por María Fiorentino en Se los dejo pasar (autora: érica Carrasco, director: Manuel Vicente).

Una enfermera que cumple su turno como empleada, que hace lo que le ordenan y, sin embargo, no puede dejar de tener angustia por la sangre que ve derramarse. Como si se tratara de una indagatoria, ella deberá responder todo lo que se le pregunte. Ella no se siente parte del sistema para el cual colaboró, ya que menciona que la contrataron por su discreción.

Pero su calidad de mujer la hace involucrarse, emocionalmente, con el caso de una joven embarazada a punto de morir: “Tenía un sufrimiento que no le llegaba la voz”.

Y, llegando a su fin, el último monólogo llamado Vuelta (autor: Mariano Saba, director: Uriel Guastavino) estuvo a cargo de Osvaldo Santoro. Un hombre que recuerda a su abuelo, haciendo sonar una cajita de música.

Los relatos de su infancia cobran vida en su memoria, en su rostro, en su sonrisa. Rememora la primera vez que sacó la sortija andando en calesita y la personalidad vibrante de su abuelo cuando cantaba (…) “Viva la Internacional!”.

Músico: Martín Pavlovsky

Selección de textos: Mauricio Kartún

Dirección: Daniel Veronese

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Los vientos de la desgracia

juan moreira

Ya de por sí su nombre pisa fuerte, tiene vigor y un encanto específico. ¿A quién no le hubiera gustado conocerlo y charlar un rato con él? Saber de sus convicciones, de su lucha, de nunca bajar los brazos, del miedo que no formaba parte de su vida y de sus propósitos.

Juan Moreira (versión y dirección de Claudio Gallardou que se basa en la original de José Podestá) es un drama en un acto y nueve cuadros que ilustra una época muy trágica de la historia argentina: el enfrentamiento ente gauchos y soldados.

Al comenzar la obra, Juan Moreira (interpretado por Alberto Ajaka) dice quién es, por qué y su legado. Una vez terminado su relato, no tiene más tiempo que para escapar y escabullirse donde pueda. El Alcalde Don Francisco menciona que “Si los gauchos son gauchos salvajes, ¿qué será de nosotros por Dios?”

La escenografía bien campestre, va modificándose y detallando -cada lugar recorrido por Moreira y sus persecutores-, con diferentes estilos que permiten otorgarle también un tinte contemporáneo.

En cuanto a la música, surgen diferentes ritmos como: milonga y zamba, fusionándose con el drama y los momentos de comicidad en que –como espectadores- nos relajamos un poco la tensión imperante.

Los payadores interactúan con los personajes y le otorgan a la pieza artística un vuelo más alto, al igual que el pianista que va sentenciando los pasos hacia la mortalidad del gaucho.

Su amigo Julián (y padrino de su hija) intenta convencerlo de que cambie de opinión pero Moreira es un hombre cerrado, rudo y que irá por lo que juró. No hay que olvidarse que, como tantas tragedias, la presencia de su esposa Vicenta es por la que se desata la ira del famoso sargento Chirino. Una fiesta de cumpleaños no comunicada y llegada a oídos de este oficial que se toma demasiadas atribuciones.

Una pulpería será uno de los espacios en que se desarrollará la historia dramática, intercalándose con paisajes y otros lugares en que ocurrirá la acción.

Es digno de destacar no solo la parte actoral, de dramaturgia y dirección sino el sonido que nos permitirá ingresar en un universo desde los primeros minutos de la obra. Resulta más pasional y un plus -la música en vivo-, la percusión que va acentuando la tensión y las pausas marcando el suspenso de lo que estará por venir.

En cuanto al vestuario, está muy bien caracterizado tanto para los personajes femeninos como para los masculinos, se percibe cómodo y le permite a cada personaje desplazarse, correr y danzar perfectamente.

“El engaño quema las entrañas del hombre”, dice el Tata (abuelo de Vicenta). A lo que, más tarde, el héroe gaucho agrega: “Yo no nací Juan Moreira, yo no nací peleador, me han hecho pelear los hombres pa´ defender mi honor”.

Cuando Moreira mata a uno de los hombres y huye, rápidamente, el alcalde toma prisionera a su esposa y pretende denigrarla y violarla (hecho que por suerte no llega a consumar). Allí está él, batiéndolo a duelo, defendiendo a su mujer, a todo lo que considere que debe cuidar con uñas y dientes.

El malambo muestra la guapeza de los bailarines, sus dotes para la danza, esa esencia originaria que pisa en el lugar preciso. Algunos se lucen más que otros, al igual que las parejas que desfilan por el escenario, que se dicen versos recitados y se seducen con las miradas.

Esta pieza teatral realiza un gran despliegue escénico en que es posible disfrutar del teatro en vivo, deseando que gane Moreira, sabiendo que eso no ocurre, sufriendo con cada tropiezo y pidiéndole a la vida que las cosas pudieran ser diferentes.

“Como mi alma tiene alas, a mí me gusta volar”.

ficha Juan Moreira

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Fraude o defraude? Síganme hermanas y hermanos

La crueldad de los animales1

Raúl Ricardo Alfonsín fue el primer presidente electo democráticamente después de varias sucesiones de gobiernos de facto en el país que seguían debilitando a nuestra sociedad, a nuestra economía y a nuestra política. Cuando todo parecía convertirse, de a poco, en una estabilidad constituida por derechos y el fin de las masacres a quienes opinaban diferente; nuestro presidente fue invitado a retirarse del cargo. En su lugar vino él: un hombre de pequeña estatura que prometió el oro y el moro, que supo decir las palabras que el pueblo quería escuchar y, apoyándose en un discurso “perfecto”, ganó las elecciones. Así, Carlos Saúl Menem, asumió como presidente de los argentinos, vendiendo nuestras tierras al mejor postor, olvidándose de cuál era su rol (de administrador) y arruinando a una sociedad que no había podido tener tregua tras tanto sufrimiento.

Menem, con el correr del tiempo, se convirtió en mala palabra. Su nombre era yeta. Su presidencia nefasta y su demagogia el comienzo de una era que aún en nuestra actualidad no logra revertirse.

La crueldad de los animales (escrita por Juan Ignacio Fernández y dirigida por Guillermo Cacace) es un recorrido por esta época tan siniestra y macabra en que se utilizó a millones de personas para un plan que se revirtió sobre la marcha.

Esta puesta en escena realmente audaz, con un elenco talentosísimo y una dirección impecable; logra describir los años noventa sin siquiera mencionarlos, sin utilizar la tradicional bajada de línea ni siquiera para contextualizar. En vez, se juega completamente valiendo y apoyándose de y en la danza, la música, los efectos sonoros y la actuación.

Un escenario desprovisto de objetos y accesorios, en el que solo puede observarse césped artificial, verde brillante y sillas -una para cada artista-. A la vez que varios reflectores sirven para acentuar un discurso o protagonista. Dichas luces no permanecen estáticas sino que son movidas por los dos apuntadores quienes, además, forman parte de la historia dramática que se representa a lo largo de una hora.

En la sutileza del vestuario pueden vislumbrarse las diferencias en cuanto a estratos sociales, al abuso de unos hacia otros y al “olvido” de quienes son los verdaderos dueños de las tierras: los aborígenes que se leen más de lo que se ayudan.

A lo largo de siete escenas es como el público deberá imaginar la estética y ambientación de todo lo que sea mencionado como descriptivo, para luego observar la acción en vivo y en directo -nutriéndose lo dicho con lo interpretado-.

Lisandro ingresa y entre pasos de flamenco logra romper el hielo de esta dramaturgia que intriga completamente: “Si no sos fuerte se sufre mucho”, le dice su madre. Y sus ojos, llenos de lágrimas, miran a un punto en el horizonte mientras sus brazos y piernas recorren un espacio preciso. Pareciera querer avanzar sin trasladarse en el espacio. Está absorto, perplejo, sufriendo en carne propia.

De repente, el absurdo se hace presente con Manuel quien con tono irónico pretende llevar adelante su estrategia de conformar a un hombre que perdió casi todo en su vida. Aquí es cuando se comprende el principio del fin, uno de los conflictos territoriales que no consiguen hallar soluciones eficaces para los pueblos originarios.

Un sobre abierto desata varias situaciones desagradables que desembocan en violencia. En diferentes tipos de violencia que ejemplifican diversas formas de poder y lo que éste implica.

Después de representarse diversas escenas con situaciones familiares, sacando a la luz problemas pendientes de resolver y conflictos importantes o banales; se da a conocer otra cuestión realmente imprescindible en materia nacional: las tierras.

El sarcasmo es el que permite que por momentos sonriamos en medio de tanta tragedia lingüística y real.

Un sonido de interferancia aparece y desaparece por momentos -marcando tensión y suspenso-, al igual que los ladridos de una perra que se van extinguiendo como las conversaciones, como las soluciones, como el mal clima del país. Todo es política y no porque se cite a un político sino porque las transacciones, los intercambios, las relaciones humanas, entre otras; giran en torno a la política, a decir o hacer algo esperando o pretendiendo un fin determinado.

Chiquito es el diferente, el olvidado, el dejado a un lado y el que se pretende ocultar o que pase más desapercibido aún. Su vida, su deseo, sus necesidades nadie las atiende. Él es un aborigen, un hombre con familia, un ser que no daña a nadie pero pretende ser respetado. Él no usa un abrigo de piel, no mata para lucir, no aparenta lo que no es.

Los viajes a Miami se suceden mientras otros se quedan ansiando poder llevarse un bocado de pan a la boca, sufriendo el derroche de las clases más altas -y de las que no tanto- que disfrutan un paseo de virtualidad derrotada luego.

“Es mi tierra Manuel” – acota Chiquito. Él no quiere una casa lujosa ni más cómoda, quiere quedarse en su hogar a orillas del río Paraná. Son sus raíces las cuales no quiere que se le amputen.

Pero, la única que lo entiende es la abuela de la familia aristocrática: “el nombre y la tierra es lo único que tenemos”.

Las palabras son dichas, las broncas brotan de cada uno de los presentes y hay quien no quiere estar más así ni ahí.

¿Cómo salvarse de una situación tan discrepante, que amenaza a todos por igual aunque de distinta manera?

Manuel Dorrego fue fusilado al igual que tantos hombres inocentes que perecieron en la lucha de existir. Siempre gana el más fuerte, el que tiene más apoyo, no el que tiene la razón.

Los pedidos continúan, el hombre moreno quiere que su lugar sea respetado, no quiere que un temporal lo extermine ni una construcción edilicia le ataje el sol.

Sangre que viene y va, animales feroces que se atacan o que atacan simplemente. Larvas que están por convertirse en algún organismo animal más desarrollado, larvas que son malignas, organismos que se trepan por los cuerpos, que se inmiscuyen en éstos hasta pudrirlos. Larvas que convierten a humanos en parásitos.

La crueldad de los animales es un panorama sobre una época nefasta que no terminó, que sigue su curso hasta que los derechos de los mortales sean respetados y ningún vivo pueda sobrevivir por sobre otro.

Dramaturgia: Juan Ignacio Fernández. Elenco: Héctor Bordoni, Ana María Castel, Fernando Contigiani García, Gaby Ferrero, Esteban Kukuriczka, Sabrina Marcantonio, Iván Moschner, Denisse Van der Ploeg, Nacho Vavassori y Sebastián Villacorta. Funciones: viernes y sábados 19 hs, domingos 18:30 hs. Teatro Cervantes. Dirección: Guillermo Cacace.

Mariela Verónica Gagliardi

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65 años de historia y recuerdos

El 27 de marzo de cada año, se celebra el “Día Mundial del Teatro”. En esta oportunidad el homenaje a este arte tan bello y completo se llevó a cabo en el Teatro Cervantes, el 3 de abril a las 20 hs. La escenografía a cargo de Carlos Di Pasquo y la dirección general de la mano de Román Caracciolo, hicieron posible este evento tan importante.Día mundial del teatro

La palabra estuvo a cargo de Francisco Javier, quien muy inteligentemente nos acompañó durante toda la velada y, a través del cual, pudimos conocer varios datos, información, anécdotas y extractos de importantes obras argentinas, que marcaron la historia de la dramaturgia.

Día mundial del teatro2Agustín Alezzo, nos hizo emocionar con su discurso sobre el teatro nacional y su andar lento sobre el escenario, nos llenaron de lágrimas pasionales. Él es un claro ejemplo de que artista se es en todo momento y ante cualquier adversidad.

Pepino el 88 (Guión y actor: José Juan “Pepe” Podestá), por Claudio Da Passano, rememorándonos a un personaje lleno de gracia, alegría y chistes tan distintos a los narrados contemporáneamente por los cómicos.

Luego, tuvimos la oportunidad de ver un fragmento de Las de Barranco (de Gregorio de Laferrère), por Lidia Catalano y Rita Terranova. Una primera escena entre la madre y su hija, durante la cual surgen rencores y la tan ansiada caída del poder de su difunto marido, representado en un cuadro que termina derrumbándose a lo largo de la historia.

Y, de repente, finalizó la actuación, para dar lugar a Los dientes del perro (un sainete escrito por Alberto Weisbach y José González Castillo, personificado por Manolita Poli). Fue así como escuchamos “Mi noche triste”, cantada por Alejandra Radano y sus músicos, quienes nos transmitieron mucha energía y una versión excelente.

Foto mixta Día mundial del teatro

Después del tango, continuó Juan, el zorro (basado en el libro de Serafín García), interpretado por Julián Howard y Roberto Saiz. Estos dos actores, nos brindaron unos momentos inolvidables, mostrándonos las aventuras y comicidad, en forma de fábula, entre los dos artistas.

También tuvimos el lujo de presenciar a Florencio Parravicini, por Víctor Laplace. Las sonrisas y empatías lograron su mayor afinidad por parte de la recreación de tan afamado personaje, en la piel de nuestro actor en escena.

La noche fue muy especial y ansiamos que día a día se le pueda seguir dando tanto valor a los intérpretes y actores del país.

Mariela Verónica Gagliardi

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