*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La traición mata

Un comedor, ambientado muy precariamente, que consta de una mesita con rueditas y dos sillas de madera, nos invitan a presenciar la vida de dos mujeres grandes.

La particularidad de estas señoras es que son mejores amigas, pero su relación se basa en la hipocresía, el dolor, el resentimiento, la bronca y la mala sangre. Uno podría preguntarse para qué quieren ser amigas si se detestan como seres humanos. Y la respuesta más simple podría ser que, además de que existen muchas relaciones enfermizas en la realidad, sienten una especie de placer al hacer sufrir a la otra.

«El Imperio de Goldie» no es la soberanía de Imperio (Juan Francisco Muñoz) sobre Goldie (Claudio Favieri), en un primer momento. Imperio, es la típica mujer pacata, que se horroriza al escuchar hablar a su amiga Goldie, quien tiene un vocabulario muy espontáneo y conectado con lo sexual, con la diversión y con pasarla bien en la vida.

Esta comedia de humor negro, saca los trapitos al sol de distintas situaciones y momentos de ambas y, solo el destino, podrá decidir cómo terminará su amistad.

Sucede que a Imperio, hace cinco años, se le ha muerto Bruno, su marido, -no se sabe cómo- y, desde entonces, está de luto. Pero no está de luto vestida de negro ni llorando por los rincones. Ella se viste como una andrajosa, está abandonada estéticamente por completo, es perversa y no tiene sensibilidad, ni en sus palabras ni en sus actos. Pretende simular lo triste que está por esa pérdida cuando, en verdad, le encanta tener la cama grande solo para ella, cobrar la pensión y no martirizarse con la no colaboración en la casa de parte de él.

Imperio tiene una rutina muy meticulosa, al punto de la obsesión. Cada mueble y objeto debe estar en un lugar, perfectamente ubicado. No le gusta atender el timbre ni el teléfono. Tampoco disfruta de su soledad ni tiene una actividad recreativa.

Su mente ya no está tan fresca y habla con su difunto, lo reta y -a diario- repite las mismas frases y contestaciones ante todo lo que se va aconteciendo.

Su amiga Goldie, en cambio, es esbelta, rubia y se viste a la moda. Es snob, ama salir de compras, cocinar y competir con la desafortnada vida de su amiga. Tanto es así que se le ocurre organizar un viaje a Mar del Plata. Claro que Imperio no acepta, pero lo que sí tiene que aceptar -a la fuerza- es la idea de Goldie de pasar una prueba de fin de semana, en la cual deberán improvisar juegos, charlas y comidas, como si estuvieran juntas en la costa.

En todo momento podemos observar cómo sale a la luz lo más negativo de cada una de las amigas, pero lo llamativo, es que ninguna de las dos hace algo al respecto. Imperio, le demuestra que su presencia le es ingrata y no se anima a marcar el límite para que Goldie no se entrometa en su privacidad.

Hace cinco años que el tiempo se ha detenido para la viuda y esto marcó un antes y un después. Por otro lado, Goldie, le recuerda su estado civil constantemente, al igual que los recuerdos vividos cuando su marido estaba vivo.

De esta manera, vivenciamos un abanico de sentimientos contradictorios, los cuales llevan la amistad a un punto que roza lo ridículo. Es imposible no reír y estremecerse con cada momento que se observa en la vida de estas mujeres.

Su talento como actores es infinito y no hay palabras que puedan expresar el trabajo llevado a cabo por ellos en el escenario.

Por momentos se ven ingredientes al estilo Antonio Gasalla, donde la realidad, por más dura que sea, es ridiculizada hasta estallar en carjadas por la incoherencia reinante.

El guión también cumple un rol fundamental en esta obra de teatro, ya que cada diálogo establecido por ellas nos da cuenta de la importancia de la palabra, de cada gesto y de cada acción realizada.

Por más parodia y humor que puedan existir en la obra, un punto fuerte es la trama psicológica de la misma. Estos personajes están muy analizados antes de guionarlos y eso se nota a la perfección. La manipulación está presente en muchos momentos de la puesta en escena y, gracias a este factor, podemos justificar sus acciones e imaginar posibles desenlaces.

Si nos tapáramos los oídos, notaríamos cómo la expresividad de los actores nos cuenta perfectamente esta historia, llena de traiciones y secretos ocultos.

Si nos tapáramos los ojos, escucharíamos cada relato, imaginándonos la vestimenta, el caminar y la presencia de ellas.

El final de «El Imperio de Goldie» es la frutilla del postre y un souvenir que será guardado por siempre en esas cajita tan preciada.

Si pudiéramos recortar el desenlace de la obra, sería como un libro de Elige tu propia aventura, donde puede pasar el final previsto o el más temido.

Imperio, no se llama así por casualidad. Su perfil demuestra a una mujer sufrida y harta de la vida que elige vivir… hasta que decide cambiarla y ese cambio será rotundo y eficiente.

¿Querés saber el final, conocer a estas amigas – enemigas e ingresar en la casa detenida en el tiempo? Te queda una sola función que es el próximo sábado 17 de noviembre.

Mariela Verónica Gagliardi

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La Floresta, ese mundo mágico que todos deseamos tener

Carolina Doartero y Mariana Danani, expresan sus sentimientos y pesares a través de la danza contemporánea. Indagan nuevas formas y mecanismos de recrear su pequeño mundo.

“La Floresta”, es una obra basada en el relato de Clarice Lispector llamado “Como una corza”. Dicho cuento, brevemente nos detalla la vida de Eremita, una adolescente que trabaja de empleada doméstica. Sus días giran en torno a los detalles que la plagan de alegría y quehaceres rutinarios como lavar la ropa y secarla. Pero tiene un ritual que es visitar la floresta, hacia la cual conoce un camino más corto para llegar. Cada vez que vuelve de ese paseo, su mente logra vaciarse y disfrutar de ese sitio tan especial para ella. Esta muchacha, sencilla, tiene rasgos normales y movimientos a veces grotescos o brutos.

Durante la puesta en escena logramos ver a ambas mujeres, recorriendo el escenario en busca de ese algo tan mágico. Puede ser por un momento, convertirse en aves y, por otros, ser sonidos de la naturaleza.

Mientras la iluminación oscurece su tonalidad, ellas cambian su itinerario, logran ensamblarse y formar un todo imaginario para el espectador.

Sus cuerpos, dejan de ser tales para crear figuras graciosas, poco convencionales y también conmovedoras. Por momentos son un solo cuerpo en busca del universo, pero en cuanto las luces cambian su color; se separan y cada una logra hacer –al ritmo de cada sonido-, un modelo diferente.

Sus rutinas se juntan, manteniéndose separadas entre sí, transmitiendo frescura y sensaciones agradables al sentir humano.

Algo tan sencillo como puede ser caminar en línea recta, desde un banquito hacia otro; ellas logran hacerlo de modo diferente: mostrando un pisar distinto y comprometido con la representación de la obra. En ningún momento se ve una danza con movimientos desintegrados, sino todo lo contrario. Desde el comienzo del espectáculo y sin tener en cuenta el relato en el cual se basaron, se sabe y presiente que la actuación apunta hacia un lugar especial. Solamente hay que observar cada segundo, escuchar cada sonido, mirar cada cambio que se produce y no sacar conclusiones apresuradas.

Ellas son dos bailarinas y actrices que logran superar el cuento y duplicar cada acto, llenándolo de sutilezas que van conformando sus vidas.

Esta obra nos demuestra que la observación es un mundo tangible y que, poniéndonos alas podemos volar hacia donde nuestra imaginación nos lo permita.

El perfeccionismo, la coordinación y la concentración que tienen, es inigualable. Solo dos profesionales en la materia pueden hacerlo posible.

La Floresta, es un espejo a lo cotidiano de una determinada clase social, muchas veces menospreciada. Esta puesta en escena, recrea lo humano que deberíamos tener todos los hombres, justamente en esta tierra.

La Floresta, es un lugar elegido, escogido y con un aroma no solamente a silvestre y naturaleza, sino a libertad. Por más que una mujer sea atada a su condición de sierva, jamás podrá dar su alma ni su corazón. No tienen precio y si lo tuviera, la vida de ella dejaría de tener sentido.

Mariela Verónica Gagliardi

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Transformación Malvinas

Transformación Malvinas es un espectáculo teatral que nace desde la necesidad de rendir tributo por siempre a los Héroes de Malvinas y de cultivar la memoria para no olvidar jamás. Tiene la particularidad de ser una pieza en donde se mezclan distintas artes. Por un lado la danza, la actuación, como dos profesiones sobre tablas, y, por el otro, lo audiovisual y lo poético, como ramas que tienen que ver  más con el papel y la edición.

Los textos son narrados, como decía antes, en forma puramente poética, la interacción entre los personajes se da desde esta sensación de pregunta – respuesta,  pero sobre todo desde el monólogo que cuenta cada uno de estos dos personajes. Se destaca así, el juego y la potencia de la voz del actor de la obra, que encarna de forma muy real la poesía del diálogo.

Para representar a los soldados que dieron la vida por nuestra patria, se utilizan imágenes que son escenografía, durante la mayor parte de la función. Imágenes duras que permiten la comprensión profunda de la guerra, aunque todos sepan qué pasó, es necesario recordarlo para que no ocurra nuevamente nada parecido. Y es que la guerra, no se hace por amor a la patria, no se hace en nombre de Dios. La guerra es un acto de ambición de poder, sin pensar en los individuos, en la humanidad.

La danza juega un papel predominante en este caso, la actriz es además bailarina y se logra una suerte con diferentes objetos, cascos, telas, muñecos que son ellos: los soldados – semillas, que pudieron ser otro destino. “Semillas de jóvenes soldados que sembraron camposanto cuyo fruto será nuestra respuesta y no el olvido”.

En ningún momento el espectador deja de emocionarse y recordar. Es el objetivo, sí. Pero, también, es así como lo siente el director, Daniel Lambertini, a quien la historia le pega de cerca, ya que su hermano, José María Lambertini, es un sobreviviente de tan triste episodio en nuestra historia como argentinos. El director, ya ha hecho varias obras con este tinte, en la ciudad, y tanto él como su hermano, son activos militantes en esta causa.

La Guerra de Malvinas dejó un saldo de 649 muertos y más de 400 soldados que se quitaron la vida una vez finalizada la misma, porque no pudieron desprenderse de los recuerdos. A 30 años de aquel 2 de abril, no a la guerra, no al olvido.

La obra de teatro se realizó el domingo 28 a las 20 hs, en la Sala A del Centro Cultural Osvaldo Soriano (25 de Mayo 3108 – Mar del Plata).

Melisa Morini

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Amar como animales y pelear como tales

Hay una canción muy conocida de Bersuit Vergarabat que dice así: «coger no es amor, es mucho mejor».

Los humanos estamos acostumbrados a separar el acto sexual del amor, cuando en realidad no hay motivo para hacerlo. Se puede coger sin amar a la persona o, también, amándola. No es condición sine qua non.

Vos, ¿disfrutás carnalmente como una fiera?

¿Puede un animal ser egoísta, provocador, perverso y disfrutarlo? ¿Puede un humano sentir y dejarse llevar sin evaluar en todo momento si conviene o no lo que su instinto le dicta?

La piedad y los animales nos presenta a una pareja conformada por: Marisa (Paula Morales)  – una actriz en ascenso – y Roy (William Prociuk) – un pintor muy apasionado por su carrera -. Si bien están casados, no son muy felices que digamos. Él necesita satisfacer sus deseos sexuales con otra mujer y comienza a tener encuentros ocasionales con Laura (Thelma Fardín), – una modelo muy sexy y que sabe lo que quiere -. Sus dos amores, son totalmente opuestos y complementarios en su vida. Cabe entonces preguntarse si está mal lo que él hace.

Pero, ¿qué relación guarda la piedad con esta obra de teatro? Miguel Ángel, en el siglo XV, realizó una escultura llamada la Piedad florentina, la cual consta de cuatro personajes: el Cristo muerto, sostenido por la Virgen, María Magdalena y Nicodemo. Si bien no se toca el tema religioso en ningún momento, está claro que la piedad se observa y se siente como la compasión que un humano puede sentir por otro.

Su director Fernando Ferrer, recrea, de esta forma, un conflicto relacionado con el amor y con la soledad, más allá de estar acompañados. Es muy interesante escuchar los diálogos entre los protagonistas, totalmente reales y abrumadores. Da la sensación de estar mirando una serie de televisión, donde cada movimiento sutil significa un todo.

Si tenemos en cuenta, la idea principal de la obra, nos refleja cómo Marisa, por hacerse la open mind, termina bebiendo de su propia medicina. Ella, un día, tiene la idea de que su marido tenga una amante, pero no se da cuenta que esa idea no es la indicada para su vida. A partir de ese momento, sus celos irán aumentando hasta un punto ya enfermizo.

Pero, ella, opta por no quedarse atrás y también tener una relación ocasional con otro hombre que termina siendo el mejor amigo de su marido, Fred (Ezequiel Tronconi) – su socio y representante -. Esta situación parece no afectarle al pintor famoso ya que por lo que más se preocupa es por estar bien. Él siente con el corazón, con su cuerpo, con su piel y sus órganos, como los animales. No siente remordimiento por nada y placer por todo, desde su amante hasta de beber un buen vino tinto.

En una oportunidad, se le ocurre a Roy, hacer una reunión con los cuatro integrantes. Cree que de esa manera se va a poder sacar alguna conclusión positiva con respecto a los vínculos establecidos por ellos de forma natural, pero no se imagina que la catástrofe está por avecinarse.

Durante el encuentro, los cuatro comienzan a mostrar su intimidad al desnudo y eso provoca choques entre unos y otros, a nivel dialéctico y físico. Lo burdo, lo versátil y lo fugaz comienzan a tomar las riendas en el escenario. Lo que en un principio fue importante, deja de serlo. Lo no valorado, surge como valorado. Lo central en la vida de estos personajes se extingue de un minuto para otro y cobra importancia aquello más simple, llamado cariño.

Aunque la trama tenga gags para hacernos reír, lo fundamental en La piedad y los animales es acompañar los vaivenes de los personajes de una manera entretenida pero con una visión específica sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Podrán tener la profesión que sea, pero lo que vale en la vida de ellos es el amor, desde sus cimientos.

¿Se tratará de humanizarse un poco más o de ser más animales cuando lo sintamos? Si el humano surgió del animal, ¿por qué no puede conservar ese instinto en todo momento? ¿Puede ser el animal más humano que el hombre?

Los amantes de esta obra que parecen ser desvalorizados, justamente por su condición, demuestran su excelente profesionalismo y talento a lo largo de la puesta en escena. Sus actuaciones nos dejan boquiabiertos, tienen muchas técnicas de teatro como mirar al público, hacer ademanes, gestualizar, proyectar la voz para que se entienda lo que dicen, entre otras cosas.

Una felicitación muy especial para Thelma Fardín y Ezequiel Tronconi, quienes dejaron sus huellas en el escenario.

Por el lado de los protagonistas, también se esmeraron mucho y se nota que tuvieron un gran proceso de aprendizaje. Pudimos ver a una Paula Morales haciendo un papel muy diferente a los que le tocaban, generalmente, en la televisión. Y, William Prociuk, se podría resumir que fue el hilo conductor de cada pasaje y cambio de rumbo en las escenas.

Con respecto a la iluminación del espectáculo, cumplió un rol importante ya que al descender la misma, marcaba una separación entre un acto y otro.

Esta obra nos hace reflexionar, muy intensa y minuciosamente, en nuestro interior, qué es lo que anhelamos y cómo conseguirlo, tratando de no dañar a quien queremos o sabiendo disculparnos si nos es imposible evitarlo.

Por último, les haré una pregunta profunda: ¿tienen piedad los animales o tienen piedad los humanos?

Descubrílo junto a ellos, en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960 – C.A.B.A).

Mariela Verónica Gagliardi

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Radio CMQ les da la bienvenida…

Al romanticismo, a la pasión, al dolor desgarrador, a la poesía… al amor.

Cuando me invitaron a ver esta obra no sabía muy bien por dónde iría la cuestión. Podía ser una comedia musical, un recital un poco aburrido o algo bizarro. No sé si les pasa, pero por lo general, no me gusta leer mucha información antes de ir a ver una obra al teatro ya que después me veo condicionada por la famosa sinopsis.

Con una ambientación llena de fragancia a nostalgia y a enamoramiento, Dr. Bolero y sus locuaces – Lenguaje universal del corazón, nos invitan a pasar a su living. Allí conocemos a los músicos: Roberto «Tito» Amaro (Hernán Pérez), Ramón «René» Rodríguez (Ruy Alonso) y Frank «el Sinsonte» Jiménez Jr. (Paulo Ruiz), quienes muy gratamente nos enseñan sus compaces y ritmos. Por otro lado, Consuelo Pareja (Laura De Andreis) – la mujer que tiene locos a todos los hombres con su presencia y voz – y Benny, quien más sabe de este género, desde su historia hasta sus melodías; van haciendo un recorrido muy interesante, desde la década del 20 hasta la del 60.

Como una emisión radial, al igual que ocurría muchos años atrás, Benny, vestido con traje y lookeado como los presentadores de aquella época, nos deleita con varias canciones conocidas y, también, fragmentos de otros íconos de este estilo cubano. A su vez que Consuelo, va intercalando otros temas con su partenaire. Ellos, se relacionan a través del amor, de su significado, pero todo lo que él siente por ella, parece no ser correspondido.

Sucede que Consuelo Parejas, está en su máximo punto de esplendor y talento, entonces desea, evidentemente, abocarse a su profesión. Por otro lado, él, intenta demostrarle su sabiduría, pero de nada sirve. Por momentos, parecen conectarse, pero luego, la distancia los vuelve a separar.

Mientras tanto, «el living del amor», sigue vibrando con sus notas y los músicos, felices de estar allí, también intentan ganarse aunque sea una mirada de la intérprete. Ella con su vestido rojo y tacos altos en color negro, pisa firme y no duda en ningún momento que lo suyo es el escenario.

Algunas de las canciones, y fragmentos, que escuchamos fueron: «Estás en mi corazón» (Ernesto Lecouna), «Inolvidable» (Bebo Valdés), «Veinte años» (Guillermina Aramburu), «Noche de ronda» (Agustín Lara), «Somos» (Mario Clavel), «Mía» (Armando Manzanero), «La última noche» (Bobby Collazo), «Esta tarde vi llover» (Armando Manzanero).

El bolero gira en torno al corazón (cardiocentrismo). Si escuchamos «Piel canela» (Bobby Cappó), «Mucho corazón» (Ema Elena Valdelamar); podremos darnos cuenta, a los segundos de comenzada la pista, de qué se trata. Igualmente, todos los boleros se orientan a cuestiones de sentimentales, sea positiva o negativamente.

En el caso de «Tú me acostumbraste» (Frank Domínguez) y «Contigo a la distancia» (César Portillo de la Luz), notamos cómo surgen los reproches y el resentimiento.

Hay para todos los gustos y de todos los sabores. Depende del estado de ánimo, de la situación sentimental, del humor, de la vida misma. Lo que no se puede negar es que es maravilloso sentir el cariño de un hombre o una mujer al decir su amor en una canción. Aunque, ¿saben que me sorprendió de la palabra bolero? Su significado. La primera acepción que aparece en el diccionario está vinculada a la mentira. ¿Será que para conquistar o adular a alguien hay que «chamuyar»?

Podríamos decir que esta puesta en escena es una clase abierta, en la cual el que va sin ningún tipo de conocimiento, se lleva una carpeta llena de información y sabiduría. Claro que, al menos en la función que estuve presente, el público era un fiel conocedor de boleros, hasta el punto de conocer a la perfección cada letra.

Al lado mío tenía a un matrimonio de unos 60 años de edad y fue maravilloso notar como él la miraba de reojo, le susurraba un tema al oído y, ella, quieta en su butaca, recibía tan cálida sorpresa.

No a todo el mundo le gustan los boleros. Quizás porque se guían por un Luis Miguel como referente contemporáneo pero les aseguro que, si indagan un poquito más, van a empalagarse un rato con las canciones melódicas.

Lo interesante fue ver cómo el presentador hilaba cada subtema con determinadas canciones, lo cual hizo muy llevadera la audición. Por ejemplo, en un momento hizo una descripción de los tres reinos de la naturaleza: el mineral, el vegetal y el animal. Pueden preguntarse qué tiene que ver esto con el amor. Y les respondo, que ¡todo!

En el reino mineral encontramos a las joyas como el oro y las piedras preciosas, que son despreciadas por el bolero. En el reino vegetal encontramos a las flores, que representan uno de los regalos más típicos y hermosos en el mundo del amor. Y, por último, en el reino animal tenemos a los pájaros, aves y palomas; muy relacionadas con los mensajes románticos.

Al terminar la función, de aproximadamente una hora y medio, todos quisimos un Bis. Benny nos dijo que con gusto lo harían, pero que venía otra obra a continuación. La única expresión que me sale es ¡qué lástima!

Todos teníamos ganas de más. ¿Cómo decir adiós? Claro, nosotros no nos teníamos que despedir, sino los artistas. Por suerte, sabemos que la próxima audición en vivo es el próximo viernes a las 21 hs en Taller del Ángel.

Lo bello siempre dura poco…

Mariela Verónica Gagliardi

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Un golpe al corazón

Delfina (Moyra Agrelo) y Catalina (Soledad Galarce) disfrutan de la vida de una manera muy superficial y snob. Ellas se dedican a diseñar ropa y creen que se pueden llevar el mundo por delante por tener dinero y status.

Un taller de costura, nos abre sus puertas. Allí, podemos observar suciedad, desprolijidad, y una estética que induce al abandono.

Pero cuando las amigas llegan con su glamour al local, esperando encontrar algo igual o similar a su clase social, les agarra un ataque de furia a cada una. El lugar está clausurado con las fajas de seguridad, impidiéndoles el paso. Pero se acuerdan que tienen un amigo abogado y rompen dicha faja.

Como dos volcanes en erupción, comienzan a dar unos discursos cargados de exceso de conchetaje, el cual desborda hasta el ridículo, para demostrarnos que esta obra llamada Baja costura, apunta hacia otra dirección.

Las dos chicas, llenas de energía, irrumpen con sus vestidos dorados y todo al tono, en el taller que les contaba, y se deprimen. No saben qué hacer. No encuentran a su empleada – quien trabaja en negro para ellas – y hoy era el día en que debía finalizar un pedido para poder llevárselo a un cliente importante. Ellas son dos inútiles que quieren simular no serlo y, en cambio, vivir de otros. Explotar a otros.

Delfina parece fría y calculadora, pero a Catalina parece afectarle todo. Al cabo de unas horas, los papeles se revierten y nos demuestran que son humanas con sentimientos, los cuales van más allá del vestuario que se compren o hagan.

La situación de que su única empleada las haya dejado clavadas, fue un puñal en el corazón. No entienden cómo les pudo hacer eso y suponen que se la llevaron presa. Luego de confirmar que está en su casa y, enojada con sus amas, las chicas saben que no podrán contar más con ella.

Pero como enseñanza y, como suele pasar siempre que se obra mal, las amigas deben aunar sus fuerzas y coser ellas mismas. Las máquinas son muy antiguas y tienen que aprender a usarlas lo más rápido posible para llegar a tiempo con la entrega.

Como la frase bien conocida «no se me van a caer los anillos», no les queda otra alternativa que quitarse sus trajes ostentosos y colocarse guardapolvos – los cuales tienen escritos unas palabras alusivas al grupo Alameda que se encarga de militar y luchar contra el trabajo en negro-. De ahí en más, Baja costura, pega un giro de 360° y conocemos las facetas de las glamorosas, ahora pobres.

Unos videoclips, muy entretenidos,  hechos con animaciones de ropa y fotos, van ambientando lo que sucede en el taller.

Después de reírnos por los monólogos y diálogos disparatados de las actrices, una dosis de realidad cae ante nuestros ojos. La puesta en escena que había comenzado, y seguido, chistosamente, burlándose de los que menos tienen; pasa a ser un balde de agua fría.

El reducto, sin ventanas, donde se come, duerme y va al baño, se empieza a apoderar de ellas, como un monstruo. Pierden noción del tiempo, del espacio y se sienten perdidas. No saben si llegarán a entregar el trabajo prometido o si les conviene abandonar todo y salir corriendo. Pero no. No pueden escapar porque ahora no son más de la clase alta sino que fueron contratadas en negro.

¿Cómo ocurrió esto?

La obra no nos muestra ningún contrato firmado, a ningún capataz. Nada.

Sucede que el paralelismo nos hace pasar de un escenario a otro para, justamente, conocer la otra realidad. La de los explotados y sufridos empleados, generalmente oriundos de otros países o lugares.

Unos fragmentos de videos extraídos, de diversas investigaciones televisivas, nos dan a conocer varios testimonios de trabajadores contratados en pésimas condiciones y tratados peor que a animales.

La ductilidad de la obra, también divide en dos al lugar de trabajo (imaginariamente o por efecto de las luces), para mostrarnos dos momentos históricos trágicos, durante los cuales se incendiarios dos talleres: uno en Nueva York en el año 1911 y el otro en el barrio de Flores, en el año 2006. No fueron accidentes sino negligencias ya que estos lugares suelen ser cerrados con llave por los jefes para que sus empleados no salgan ni pierdan tiempo, no tienen ventilaciones ni tampoco posibilidad de pedir auxilio.

Así, podemos entender por qué el nombre de la obra de teatro. Es una alta costura la de las protagonistas pero una Baja costura el mensaje y propósito de la misma.

Se cae muy bajo al maltratar a la gente, al no considerar a las personas como tales y no asumir que todos tenemos los mismos derechos. El que menos tiene dinero no es menos que el que lo tiene. La grandeza no se cuenta sino que se refleja en los actos, en las miradas, en la gentileza y en el don de ponerse en el lugar del otro.

Las risas se disipan al llegar un llanto, como en la vida misma. Si abrimos nuestro corazón y nos dejamos llevar, podremos transitar por distintas emociones maravillosas y difíciles de transmitir con palabras.

 

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Quién se atrevió a decir sexo débil?

Enaguas es una obra que atrae desde su nombre. Más aún cuando uno se entera en dónde se realiza la función: en el Centro Cultural Villa Victoria Ocampo, una casona típica de principios del 1900, característica de aquella época, donde la aristocracia porteña se alojaba cuando vacacionaba en la ciudad de Mar del Plata.

Seis mujeres, vestidas de blanco, representan, cada una, a una mujer real, que ha formado parte de nuestra historia. Elegidas con rigurosidad, cada una de ellas tiene la particularidad de haber transformado al país, de una u otra manera.

Es así que nos encontramos con una Mariquita Sánchez de Thompson, que enfrentó a su familia y al propio Virrey porque en ese momento se estilaba entregar a las mujeres a un marido, aunque así no lo quisieran, y ella tuvo la valentía de luchar por su verdadero amor, además de haber peleado por la libertad previa a la Revolución de Mayo, cuando prestaba su casa para reuniones y tertulias.

Siguiendo el recorrido de la historia, y de la casa, nos dirigimos hacia la cocina, donde encontramos a una Juana Azurduy, con sus trenzas y su bravura, que decide ir al rescate de su Manuel, a quien acompañó en las batallas por la emancipación del Virreinato del Río de la Plata, guerrera nata, de raíces Quechuas y Aimaras.

Pasan por los salones de la antigua mansión, personajes del pasado, mujeres valientes y atrevidas, como Macacha Güemes, independentista, hermana del General Güemes, fiel servidora de la patria.

Subiendo las crujientes escaleras de la villa, bajo la simulación de la lluvia, nos recibe Lola Mora entre sus cuadros, entre sus artes, contando una porción de su vida. También lo hace la dueña de la casa, Victoria Ocampo, amante de las artes poéticas, de la literatura, una mujer de vanguardia, como se hacía llamar.

Y continúan personificándose distintas mujeres que formaron parte de nuestra cultura, de las artes de la guerra, de los saberes deportivos y del sentimiento ligado al pueblo. No voy a nombrarlas a todas, voy a dejar que la curiosidad juegue su partida. Pero sí quisiera transmitir el mensaje que deja la obra.

Estas actrices con sus cuerpos en escena, alejadas de lo clásico, del teatro convencional, utilizan esta casa cultural para teatralizar un recorrido que atraviesa la línea del tiempo. Son mujeres, que al igual que aquellas a quienes representan, tienen sueños y ganas de hacerlos realidad. Se atreven a enfrentar las reglas de lo establecido y, a romper con lo cotidiano, que hay hasta en el arte.

Rescatan los valores que acarrea el sexo femenino, a lo que pueden enfrentarse, dejan en claro que tanto hoy como ayer, la mujer es mucho más que la compañera del hombre, que tenemos los mismos derechos y posibilidades, porque aunque parezca estar todo dicho, a alguno se le puede olvidar. Pues no lo hagan, ya nos lo dijo la historia y nos lo repitieron estas mujeres.

La obra vuelve a repetirse el 10 de noviembre en Villa Victoria Ocampo (Matheu 1851 – Mar del Plata).

Actúan: Marisa Rodríguez, Silvia Torti, Walter Martínez, Mónica Pari, Emanuel Contreras, Natalia Castaño, Malena Bustos, Lara Colella, Mariela Barraza, Mirta Santana.

Dirección: Mónica Pari.

Melisa Morini

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Componer nuestra vida

No Avestruz (Humbolt 1857 – C.A.B.A), esta vez nos abrió sus puertas con una propuesta diferente. Acostumbrada a ingresar al espacio que es muy bonito e informal, me encontré con mesas ratonas, una iluminación tenue y velitas decorando dichas mesas. Había cuadros en las paredes y un aroma a que algo distinto pasaría.

Cerca de las 22 hs ingresó Julia Moro junto a los músicos: Rafael Varela (Guitarra), Juan Rivero (Piano), Andrés García Strauss (Acordeón, Flauta traversa y Melódica) y Gonzalo Rujelman (Percusión).

Las distintas melodías comenzaron a tejer una atmósfera donde “Y el amor” se hizo presente.

Esta canción, compuesta por ella, nos da una mirada diferente sobre la temática del corazón: (…) “la vida les marcó el juego y encontraron lo mejor, una mirada al cielo y el amor” (…).

Pero, inevitablemente, la melancolía y el dolor, llegaron de la mano de “Vete de mí” (Homero y Virgilio Expósito). Las marcas, imposibles de borrar, debieron taparse con una curita hasta la llegada de “Otro lado del puente” – tema compuesto por ella y basado en el amor de pareja, en las diferencias entre dos seres que siendo distintos, logran pasarla bien juntos.

Y siguiendo el transcurso de la noche, una noche plagada de vibraciones hermosas, pudimos escuchar el tango “Niebla del riachuelo” (Enrique Cadícamo-Juan Carlos Cobián). Tanto Julia como los músicos, estaban felices y se les notaba en sus rostros, en sus miradas.

El público, en su mayoría femenino, aplaudía, observaba y avivaba con gritos de euforia a la agrupación. Cuando me refiero a mayoría de público femenino, estoy diciendo que había un solo hombre, quien escuché en la fila que integra una orquesta en Rosario.

Otras de las canciones que también tuvimos el agrado de oír fueron: “Yo sé que vos podés” (Alba Estrella Gutiérrez-Juan Rivero), “¡Ay pena, penita!” (Quintero-León-Quiroga), “Y tan contenta” (Eduardo Mignogna-Paco Ortega) e “Hilandera del viento” (Alba Estrella Gutiérrez-Julia Moro).

El recital, con su iluminación en tonos rojizos, tuvo ese matiz durante toda la presentación de Julia Moro. El amor, el desamor, las idas y venidas en las almas, se pudieron escuchar a través de cada estrofa. Hilandera del viento, canción que da título a su disco, es esto y mucho más. Es hilar, unir, tejer y bordar cada punto, hasta que quede conformado en nuestra alma aquel “tapiz” que soñamos.

Hilandera del viento, es una manera de aceptar desafíos, objetivos y de transitar por la vida en las buenas y en las malas, solos o acompañados.

 Mariela Verónica Gagliardi

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Naturalizar lo que se repite no siempre hace bien

La sala baja sus luces hasta que se ilumina la cara de un personaje llamado Andrés. Él es abogado, fanático de la música que hace el tenista Guillermo Vilas y sin un rumbo fijo.

Este hombre de unos 40 años, nos narra su vida pero desde un plano muy específico: el sufrimiento, la desdicha y el poco valor que tiene para ser “alguien”.

Como su autoestima es inexistente, toda persona con la que se cruza, lo maltrata física y verbalmente. Andrés, no se da cuenta, que todos los acontecimientos que se van presentando día tras día, se vuelven en su contra y, repetidamente, siempre le ocurre lo mismo. Lo único que cambia es el escenario y la gente que conoce o frecuenta.

Loop, es una clara imagen de la realidad cotidiana de todo ser humano. Es un principio y un final, al igual que una vuelta de página para volver a empezar, cuando se pueda.

Loop, es un camino a veces elegido por comodidad y, otras tantas, por no tener energía para emprender algo nuevo. Es como la tan famosa frase: “mejor malo conocido que bueno por conocer”.

El protagonista nos pasea por distintas etapas de su vida, al parecer muy significativas, y que fueron dejando huellas en su corazón, difíciles de borrar.

Lo primero acontecido es el regreso a su casa de la infancia, que logra habitar después de mucho tiempo. Nunca imaginó volver al barrio de su niñez y verse metido en un conflicto con una muerte de por medio. Él nunca es culpable de nada, pero todo lo negativo se le pega como un imán, sin dejarle una salida placentera.

Su relación con las mujeres a nivel sentimental, son totalmente enfermizas y se enamora de un perfil igual, siempre. Al igual que el vínculo distante que tiene con su padre, quien pretende moldearlo a su gusto y preferencia, sin asumir que su hijo es diferente a él.

Esta tragicomedia, de un humor negro, por momentos, nos presenta a cuatro actores (Andrés Rossi —Andrés—, María Laura Santos —Alice—, Eduardo Peralta el papá de Andrés, Juan Manuel Castiglione el portero del edificio y Lizzi Argüelles Isabel, la vendedora de parcelas); que logran lucirse y transmitir: comicidad, odio, bronca, rencor, resentimiento, amor, pasión y dolor.

Loop es como un perfume concentrado que con más de una gotita, nos provoca un efecto, en la vida del protagonista, desagradable.

Andrés y su novia Alice – una policía super original e histérica -, Andrés y su nueva relación con una vendedora de parcelas en el cementerio, Andrés y sus diálogos con el portero del edificio donde vive, Andrés y su padre. Andrés vs Andrés podría resumirse. Él contra él mismo, aniquilándose de a poco, lamentándose por no encontrar ese cable a tierra. Intentando sobrevivir después de tanto dolor.

¿Lo conseguirá? ¿Logrará aceptarse y quererse? ¿Intentará vencer esas fronteras que lo separan de la alegría y felicidad?

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

La voz del tango

Hace un rato terminó el recital de una excelente cantante de tango. Ella, no solamente tiene el don en sus cuerdas vocales y afinación, sino que es capaz de interpretar un vals, una milonga, un estilo lento, otro más movido. Cuando tenía 9 años debutó en «Grandes valores del tango» y, desde ese momento, no paró de estudiar y seguir avanzando en su carrera.

María José Mentana, se presentó en el espacio de Homero Café (Cabrera 4946 – C.A.B.A) para mostrarnos su sabiduría en las letras arrabaleras, en las historias de los cantores de los años 40´ y para demostrarnos su don de gente.

Ella, con su vestuario en tonos de negro y plateado, se siente una mujer bella, se le nota en sus expresiones al sonreír e interpretar cada una de las estrofas. Su risa se va posando en cada uno de los espectadores, para ser reproducida a los momentos nuevamente. Acompañada por bandoneón y guitarra (Rubén Slonimsky y Ramón Maschio), nos hizo un viaje por diferentes canciones como: «Somos como somos» (Eladia Blázquez) y «Contame una historia» (Mario Iaquinandi – Eladia Blázquez), «Soledad» (Alfredo Le Pera – Carlos Gardel), Fruta amarga (Homero Manzi – Hugo Gutiérrez) y Milonga de corralón (Arturo De La Torre – Horacio Quintana).

La noche, realmente, estaba en llamas y todas las mesas del bar, completas. Si alguien llegaba a pasar caminando y quería asomarse, no hubiera tenido la oportunidad de formar parte del show. Sí, fue un Show. No hizo falta ponerle un escenario como en el Maipo, efectos especiales ni más músicos que toquen junto a ella; porque María José – como se hace llamar – es una estrella que sabe acomodarse a los distintos lugares dando lo mejor de sí misma.

Hubo una variedad enorme en cuanto a estilos de tangos: «Un momento» (Héctor Stamponi), «Garúa» (Enrique Cadícamo – Aníbal Troilo), «Pasional» (Mario Soto – Jorge Caldara), «Pequeña» (Homero Expósito – Osmar Maderna), «Jacinto Chiclana» (Jorge Luis Borges – Astor Piazzolla) y de yapa «La vie en rose» (Edith Piaf – Louis Gugliemi) fueron otros de los tantos poemas que pudimos disfrutar, cantar en voz baja y, aplaudir, cuando la ocasión lo ameritaba.

Homero reabrió sus puertas, como les contaba al principio, y es un pequeño sitio con lo justo y necesario para ambientar una noche mágica. A veces, los artistas no tienen la posibilidad de hacer su número en un espacio acorde. Pero en este caso, sí ocurrió y esta gran intérprete nos trasladó por los barrios porteños, a través de los cuales se fue situando la música tanguera.

Un dato que no es menor es el público espectador que se hizo presente. También acorde a la música. Cualquier persona que tomara una fotografía, podría asumir que la gente presente era del ambiente.

De repente, la zamba «La añera» (Atahualpa Yupanqui – Nabor Córdoba), comenzó a ser cantada por María José. Fue muy linda la versión que realizó ya que sus tonos más bien graves, fueron proyectando unas melodías dignas de ser bailadas. Pero al instante retomó su música con «Mi ciudad y mi gente» (Eladia Blázquez). Tuvimos el agrado de escuchar  «Che, bandoneón» (Homero Manzi – Aníbal Troilo), «Malena» (Homero Manzi – Lucio Demare), «Oro y plata» (Homero Manzi – Carlos José Pérez) y «Pedacito de cielo» (Homero Manzi – Enrique Francini y Héctor Stamponi).

Y, como todo espectáculo bello y perfecto, también hubo una sorpresa: Eleonora Barletta, como cantante invitada.

Dijeron que estaba dando sus primeros pasos firmes. Realmente parecía hacerlo hace mucho tiempo. Su vocalización y actuación, de cada tema interpretado, fueron exquisitas, a nivel auditivo. Un placer el haber tenido a esta artista en el recital ya que pudo lucirse y ofrecer otro tipo de tonalidad en las canciones, al tener un registro de voz diferente al de María José. Ambas se complementaron muy bien al cantar  «Honrar la vida» (Eladia Blázquez). Y ojalá el honrar la vida pudiese sentirse tan a flor de piel, siempre. Sea a través de una canción, de una palabra, de una caricia o, simplemente, de una mirada.

Tuvimos la suerte de sentir «Nostalgias» (Enrique Cadícamo – Juan Carlos Cobián) y «Absurdo» (Homero y Virgilio Expósito), ambos éxitos del tango. También, subiendo un poquito el ritmo, el «Candombe para Gardel» (Rubén Rada).

¡Qué ganas de bailar teníamos todos! Sepamos o no los pasos de cada uno de los ritmos interpretados por las dos artistas.

Con unas baldosas más en el Café, hubiéramos podido desplazar nuestros cuerpos y conmovernos aún más con estas letras fenomenales. Las sabremos o no de memoria pero, lo cierto, es que el Tango jamás va a pasar de moda.

Es un ritmo que podrá ser cantado por quien se anime y tendremos un abanico infinito de voces. En este caso elegimos en nuestro menú a María José. Una mujer delicada, en cada uno de sus movimientos, con una Voz sin límite (solo el que ella le ponga) y una personalidad digna de ser destacada. Su amor por el arte es tan grande que ayuda a las cantantes que recién empiezan y no son famosas. Su humildad, ahora nos damos cuenta, es la que la hizo brillar y ser la Estrella que fue, es y será por siempre.

Temas interpretados por María José: «Somos como somos», «Contame una historia», «Soledad», «Fruta amarga», «Milonga de corralón», «Pasional», «Pequeña», «Jacinto Chiclana», «La vie en rose» , «La añera», «Malena», «Honrar la vida», «Nostalgias». En dúo con Eleonora cantó: «Absurdo», «Candombe para Gardel», «Oro y plata» y «Pedacito de cielo».

Temas interpretados por Eleonora: «Un momento», «Garúa», «Mi ciudad y mi gente», «Che, bandoneón» y «Nostalgias».

Mariela Verónica Gagliardi