*** Junio 2019 ***

Carolina Doartero y Mariana Danani, expresan sus sentimientos y pesares a través de la danza contemporánea. Indagan nuevas formas y mecanismos de recrear su pequeño mundo.

“La Floresta”, es una obra basada en el relato de Clarice Lispector llamado “Como una corza”. Dicho cuento, brevemente nos detalla la vida de Eremita, una adolescente que trabaja de empleada doméstica. Sus días giran en torno a los detalles que la plagan de alegría y quehaceres rutinarios como lavar la ropa y secarla. Pero tiene un ritual que es visitar la floresta, hacia la cual conoce un camino más corto para llegar. Cada vez que vuelve de ese paseo, su mente logra vaciarse y disfrutar de ese sitio tan especial para ella. Esta muchacha, sencilla, tiene rasgos normales y movimientos a veces grotescos o brutos.

Durante la puesta en escena logramos ver a ambas mujeres, recorriendo el escenario en busca de ese algo tan mágico. Puede ser por un momento, convertirse en aves y, por otros, ser sonidos de la naturaleza.

Mientras la iluminación oscurece su tonalidad, ellas cambian su itinerario, logran ensamblarse y formar un todo imaginario para el espectador.

Sus cuerpos, dejan de ser tales para crear figuras graciosas, poco convencionales y también conmovedoras. Por momentos son un solo cuerpo en busca del universo, pero en cuanto las luces cambian su color; se separan y cada una logra hacer –al ritmo de cada sonido-, un modelo diferente.

Sus rutinas se juntan, manteniéndose separadas entre sí, transmitiendo frescura y sensaciones agradables al sentir humano.

Algo tan sencillo como puede ser caminar en línea recta, desde un banquito hacia otro; ellas logran hacerlo de modo diferente: mostrando un pisar distinto y comprometido con la representación de la obra. En ningún momento se ve una danza con movimientos desintegrados, sino todo lo contrario. Desde el comienzo del espectáculo y sin tener en cuenta el relato en el cual se basaron, se sabe y presiente que la actuación apunta hacia un lugar especial. Solamente hay que observar cada segundo, escuchar cada sonido, mirar cada cambio que se produce y no sacar conclusiones apresuradas.

Ellas son dos bailarinas y actrices que logran superar el cuento y duplicar cada acto, llenándolo de sutilezas que van conformando sus vidas.

Esta obra nos demuestra que la observación es un mundo tangible y que, poniéndonos alas podemos volar hacia donde nuestra imaginación nos lo permita.

El perfeccionismo, la coordinación y la concentración que tienen, es inigualable. Solo dos profesionales en la materia pueden hacerlo posible.

La Floresta, es un espejo a lo cotidiano de una determinada clase social, muchas veces menospreciada. Esta puesta en escena, recrea lo humano que deberíamos tener todos los hombres, justamente en esta tierra.

La Floresta, es un lugar elegido, escogido y con un aroma no solamente a silvestre y naturaleza, sino a libertad. Por más que una mujer sea atada a su condición de sierva, jamás podrá dar su alma ni su corazón. No tienen precio y si lo tuviera, la vida de ella dejaría de tener sentido.

Mariela Verónica Gagliardi

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