*** Junio 2019 ***

Un comedor, ambientado muy precariamente, que consta de una mesita con rueditas y dos sillas de madera, nos invitan a presenciar la vida de dos mujeres grandes.

La particularidad de estas señoras es que son mejores amigas, pero su relación se basa en la hipocresía, el dolor, el resentimiento, la bronca y la mala sangre. Uno podría preguntarse para qué quieren ser amigas si se detestan como seres humanos. Y la respuesta más simple podría ser que, además de que existen muchas relaciones enfermizas en la realidad, sienten una especie de placer al hacer sufrir a la otra.

“El Imperio de Goldie” no es la soberanía de Imperio (Juan Francisco Muñoz) sobre Goldie (Claudio Favieri), en un primer momento. Imperio, es la típica mujer pacata, que se horroriza al escuchar hablar a su amiga Goldie, quien tiene un vocabulario muy espontáneo y conectado con lo sexual, con la diversión y con pasarla bien en la vida.

Esta comedia de humor negro, saca los trapitos al sol de distintas situaciones y momentos de ambas y, solo el destino, podrá decidir cómo terminará su amistad.

Sucede que a Imperio, hace cinco años, se le ha muerto Bruno, su marido, -no se sabe cómo- y, desde entonces, está de luto. Pero no está de luto vestida de negro ni llorando por los rincones. Ella se viste como una andrajosa, está abandonada estéticamente por completo, es perversa y no tiene sensibilidad, ni en sus palabras ni en sus actos. Pretende simular lo triste que está por esa pérdida cuando, en verdad, le encanta tener la cama grande solo para ella, cobrar la pensión y no martirizarse con la no colaboración en la casa de parte de él.

Imperio tiene una rutina muy meticulosa, al punto de la obsesión. Cada mueble y objeto debe estar en un lugar, perfectamente ubicado. No le gusta atender el timbre ni el teléfono. Tampoco disfruta de su soledad ni tiene una actividad recreativa.

Su mente ya no está tan fresca y habla con su difunto, lo reta y -a diario- repite las mismas frases y contestaciones ante todo lo que se va aconteciendo.

Su amiga Goldie, en cambio, es esbelta, rubia y se viste a la moda. Es snob, ama salir de compras, cocinar y competir con la desafortnada vida de su amiga. Tanto es así que se le ocurre organizar un viaje a Mar del Plata. Claro que Imperio no acepta, pero lo que sí tiene que aceptar -a la fuerza- es la idea de Goldie de pasar una prueba de fin de semana, en la cual deberán improvisar juegos, charlas y comidas, como si estuvieran juntas en la costa.

En todo momento podemos observar cómo sale a la luz lo más negativo de cada una de las amigas, pero lo llamativo, es que ninguna de las dos hace algo al respecto. Imperio, le demuestra que su presencia le es ingrata y no se anima a marcar el límite para que Goldie no se entrometa en su privacidad.

Hace cinco años que el tiempo se ha detenido para la viuda y esto marcó un antes y un después. Por otro lado, Goldie, le recuerda su estado civil constantemente, al igual que los recuerdos vividos cuando su marido estaba vivo.

De esta manera, vivenciamos un abanico de sentimientos contradictorios, los cuales llevan la amistad a un punto que roza lo ridículo. Es imposible no reír y estremecerse con cada momento que se observa en la vida de estas mujeres.

Su talento como actores es infinito y no hay palabras que puedan expresar el trabajo llevado a cabo por ellos en el escenario.

Por momentos se ven ingredientes al estilo Antonio Gasalla, donde la realidad, por más dura que sea, es ridiculizada hasta estallar en carjadas por la incoherencia reinante.

El guión también cumple un rol fundamental en esta obra de teatro, ya que cada diálogo establecido por ellas nos da cuenta de la importancia de la palabra, de cada gesto y de cada acción realizada.

Por más parodia y humor que puedan existir en la obra, un punto fuerte es la trama psicológica de la misma. Estos personajes están muy analizados antes de guionarlos y eso se nota a la perfección. La manipulación está presente en muchos momentos de la puesta en escena y, gracias a este factor, podemos justificar sus acciones e imaginar posibles desenlaces.

Si nos tapáramos los oídos, notaríamos cómo la expresividad de los actores nos cuenta perfectamente esta historia, llena de traiciones y secretos ocultos.

Si nos tapáramos los ojos, escucharíamos cada relato, imaginándonos la vestimenta, el caminar y la presencia de ellas.

El final de “El Imperio de Goldie” es la frutilla del postre y un souvenir que será guardado por siempre en esas cajita tan preciada.

Si pudiéramos recortar el desenlace de la obra, sería como un libro de Elige tu propia aventura, donde puede pasar el final previsto o el más temido.

Imperio, no se llama así por casualidad. Su perfil demuestra a una mujer sufrida y harta de la vida que elige vivir… hasta que decide cambiarla y ese cambio será rotundo y eficiente.

¿Querés saber el final, conocer a estas amigas – enemigas e ingresar en la casa detenida en el tiempo? Te queda una sola función que es el próximo sábado 17 de noviembre.

Mariela Verónica Gagliardi

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