*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Paradise city

The human sacrifice

Una escenografía de todos los colores invita a conocer esta historia que simula un mensaje opuesto al real. Tal es así que nos dejaremos obnubilar por luces, por una decoración extremadamente sobrecargada y un universo que deberemos ir desmenuzando si es que queremos ingresar en el código propuesto por Roberto Corvatta (quien escribe y dirige The human sacrifice).

La estética de los personajes también los vuelve atractivos y éstos pueden interpretar -al extremo- sus propósitos.

Esta historia se desarrolla en la terraza de una casa de clase alta que es tomada por un grupo de personas. Este grupo está conformado por dos familias enfrentadas -al igual que los Montesco y Capuleto- pero de los años setenta en Argentina.

Una época controversial en nuestro país que, aún en nuestros tiempos, sigue provocando discusiones inentendibles y provocando la piel de gallina en aquellas personas que  tienen memoria.

Ambas familias están integradas por matrimonios e hijos que se buscan, se desean, juegan -como cualquier niño- y se conectan todos tanto racional y como irracionalmente.

¿Cuál es el simbolismo de estas personas? ¿Qué propósito argumental tienen?

Suceder en el poder al líder que acaba de morir y, dicha sucesión, estará íntimamente relacionada con Videla. A éste no se lo menciona pero sí se hace alusión a su gobierno de facto, a integrantes de su familia y a determinados detalles como para comprender con exactitud que la política -sobre todo durante el proceso militar- estuvo a cargo de personajes indeseables que solo buscaban salirse con la suya sin importarles las consecuencias.

Esto se siente, se percibe, se huele aún sin aroma real. Todo abuso está presente, se palpa sin tocar y se consuela sin importar. Los actores son los encargados de ejemplificar todos los cliché que están plasmados en cada una de las escenas que se van esfumando, al igual que en el cine, como fade out, hasta fusionarse con la siguiente. Varios recursos del séptimo arte están presentes y puede disfrutarse tanto a nivel visual como sonoro. De hecho, las canciones que se esbozan en ciertos momentos de la obra, son súper pegadizas y conocidas por todo el público.

«The human sacrifice» es una comedia satírica que surge y se zambulle en el código kitsch (movimiento barroco de los que se destacan Pierre Commoy y Gilles Blanchard), que realza todo lo que se desea subrayar.

Un niño (Román Tanoni) que no es tenido en cuenta, que representa a alguien trascendente para la historia pero que no tendría sentido revelar. Este joven que no consigue la libertad ni ser alguien que desea -como ocurría antes de la democracia-.

Es muy importante resaltar estas cuestiones ya que no pueden ignorarse por más escalofríos que produzcan. Mientras los colores y lo absurdo de la dramaturgia intentan narrar, relajadamente, tantos acontecimientos, tragedias, lucha de poderes, faltas de códigos, ignorancia, maldad, egoísmo, caprichos, abusos de poder y artilugios sanguinarios; un golpe -en este caso no de Estado- cuasi trompada estalla en vivo.

El momento de cobardía es dejado de lado por el público, quien decide seguir absorto. Después, al finalizar, los comentarios fueron y serán muy distintos -como cada uno-, sin demasiada explicación. Cada quien siente lo que su cuerpo y fuerzas le permiten, en cuanto el ring lo permita, el día más feliz se termine o los roces transgredan todo oportunismo.

La sonrisa de ellos y nuestras se esbozan, permanecen… hasta que el líder nuevo se retrata para abolir, como todo. La vida sigue igual, como un carnaval inexplicable de emociones en que se puede digerir todo lo surgido.

Sea como fuere, en todo circo siempre habrá payasos que intenten llevar las miradas cuestionadoras hacia la diversión. Como un chapuzón en el agua fría o un fiesta premeditada.

Esta historia no termina como Romeo y Julieta aunque existen varias similitudes.

No existe sacrificio cuando el egoísmo está en la cima, ni modo de entender lo injusto e indeseable.

ficha The human sacrifice

Mariela Verónica Gagliardi

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No hay que juzgar antes de conocer

Shrek

Los cuentos de hadas, princesas, príncipes y demás personajes tradicionales para niños; no tienen el mismo lugar ni la misma enseñanza.

Aquellos pobres pequeños que se sienten muchas veces obligados a vestirse de una manera, con un color que se supone femenino o masculino, a frecuentar determinados lugares y a utilizar ciertas palabras por mandatos sociales; no tienen espacio en esta comedia musical que está basada en la película Shrek (la cual se origina gracias a la novela de William Steig).

En el año 2001 se lanza el film que tino de verde la historia del ogro, el prejuicio de lo que se consideraba como desagradable, poco estético, anti-heroico y feo. No es en “Shrek, el musical” (dirigida por Carla Calabrese) que un príncipe rescata a la princesa que se halla prisionera desde los siete anos.

Una puesta en escena con todo lo que tiene que tener un musical para brillar y destacarse, para entretener a chicos y grandes, para hacer revivir el film estadounidense, sus momentos más tensionantes y dignos de disfrutar en familia.

Los cuatro protagonistas: Shrek, Fiona, Burro y Lord Farquaad; son increíbles. Con un carisma sorprendente, con talento único y con esa gracia que se precisa para llevarse al público en el bolsillo enseguida.

Así es Shrek que cuenta su sufrimiento, como sus padres le dieron libertad y el sintió abandono; el Burro que tiene mucha suspicacia y necesidad de tener un amigo; Fiona que desea todos los días de su vida poder vivir como quiera, terminando con el hechizo que le hicieron de niña; y Lord que solo necesita una esposa para cumplir con su egoísmo y convertirse en Rey.

Pablo Sultani consigue plasmar y proyectar una voz impostada que realmente se asemeja al mundo animal. Sin siquiera hacer esfuerzo, así se percibe y desde sus manos gigantes hasta su brutalidad, le otorgan el poder para rescatar a la mujer que ningún caballero valiente consiguió.

Mela Lenoir, interpreta a una princesa muy suave, delicada y con una belleza que se plasma tanto en su rostro como en su gracia.

Esta dupla se fusiona deleitosamente y, juntos, logran cantar como humanos y ogros, venciendo todo tipo de fronteras y encontrando lo que buscan.

Sin lugar a dudas, quien se gana el corazón de todos es el simpático burro, quien con ternura, paciencia y humildad puede obrar de mediador y ganarse el lugarcito que tanto necesitaba. Talo Silveyra, con una sonrisa y desplazándose de un lugar a otro del pantano, demostrando que toda cobardía puede ser superada con amor y confianza tanto en sí mismo como en los demás.

Y, con respecto a Roberto Peloni, considero que lleva a cabo el personaje más difícil ya que no debe solamente hacer valer su propio cuerpo sino el de un títere, motivo por el cual los movimientos y acciones que se observan, pertenecen a otro ser, movido por sí mismo. Esto se torna muy atractivo ya que puede bailar coreografías, saltar, montar a caballo y sorprender con sus habilidades.

Es justo destacar a todo el elenco ya que, en conjunto, es como se consiguen tan buenos resultados. Pero, debo resaltar algunos momentos ya que sino la nota seria eterna.

Una de las escenas más lindas se produce cuando se encuentran los aldeanos con Shrek, se conocen, se odian y, pasadas ciertas circunstancias logran entenderse. Los aldeanos buscaban lo mismo que todos los integrantes de esta historia: ser libres y felices.

Son muchos los valores que están impregnados, fuertemente, a lo largo de la dramaturgia y en cada una de las canciones vocalizadas. Justamente, las letras de dichas canciones son las que llega al imaginario social y que quedan guardadas den el corazón. La animación llevada a escena, también, consigue su objetivo de conmover y dejar grabadas imágenes en cada uno de los espectadores.

Los personajes de cuentos clásicos ya no sirven, quedaron obsoletos y, sus dueños, se quieren deshacer de ellos. Pero, al igual que otras historias, Pinocho, la Bruja, el Hada madrina, entre algunos de los que aparecen: tienen voz y voto. Saben lo que quieren y no van a darse por vencidos. Como una rebelión en la granja, esta manifestación les surge desde lo más profundo.

En cuanto a otra escena importante y fabulosa, se encuentra la del trío conformado por tres Fionas: la niña, la adolescente y la adulta. Las tres mujeres son una misma y lucharan hasta poder salir de ese castillo en que se encuentran prisioneras. Sobre todo, la adulta, cantara con su ukelele y, añorando, cumplirle a la mas niña.

Son muchos los títeres de varillas que se ven en escena, durante breves momentos y muy bien confeccionados.

La dragona, tildada como un animal feroz, que tira fuego y rodea el gran castillo, también tiene su lado débil y frágil. Esta dragona, además, está interpretada a nivel físico por un animal enorme que es movido por tres artistas y, a nivel vocal, por Maia Contreras que con su canto cautiva enormemente.

El juzgado juzga y, esto, es más común ver de lo que se pueda creer. Es así como Fiona le dice a su nuevo amigo: «No está bien juzgar antes de conocer».

Shrek y Fiona se comportan infantilmente y Burro puede unirlos diciendo lo que piensa: “voy a buscar leña para avivar el fuego”.

Dos seres que son diferentes, que tuvieron vidas muy distintas pero que los une el sufrimiento y las ganas de estar bien. Que buscan y viven sin maldad. Dos infancias que se comparan bajo la canción “Lo mío fue peor” y gracias a las melodías tan sentidas se enamoran.

«Shrek, el musical» tiñe de verde los rosas y celestes, con gamas de todos los colores, con simpatía, talentosos artistas, una dirección impecable y el sello de Gaby Goldman.

De Broadway a Buenos Aires, para demostrar que el limite geográfico es simplemente eso y que el amor puede estar en el lugar menos pensado.

Mariela Verónica Gagliardi

ficha Shrek el musical

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Jaque mate

Isla Mauricio

No puedo evitar relacionar, al instante, el título de la obra con un político amarillista que días atrás clausuró Hasta Trilce, haciendo que concluya en que su ideología es aniquilar la cultura y hundir a los jóvenes -sobre todo- en un precipicio irrecuperable como comenzó el innombrable.

Después de esta ráfaga, como un pestañeo, logro hacer la fila para ingresar y disfrutar de la primera función de “Isla Mauricio” (escrita por Theresa Rebeck bajo el título Mauritius, adaptada por Carolina Darman y dirigida por Alejandro Casavalle) la cual es una historia que atraviesa varios matices interesantes y a destacar: los valores, la moral y el egoísmo. Los cinco personajes en escena se ven impregnados de estos sentimientos que los trauman, los tocan muy de cerca y los hacen reflexionar de algún modo.

Todo surge a partir de una herencia, poco convencional, que una madre le deja a una de sus hijas. Dos medio hermanas que no crecieron juntas y que no se parecen -a simple vista- y que, sin embargo, son exactamente iguales.

El mundo de la filatelía aparece para ser descubierto y, le interese o no al espectador el tema a tratar, se vuelve atrapante. Nombres de estampillas, de esos pedacitos de papel en miniatura que significan mucho para la hermana más grande (Antonella Scattolini) -la verdadera conocedora junto a su fallecido abuelo, quien no lo era de su hermana- y nada para la más chica. Cómo la palabra valor puede tomar sentido si se la relaciona con lo afectivo o con lo económico. Y cómo ambas mujeres se disputan un álbum, una colección de estampillas mejor dicho, que termina siendo el tesoro salvador.

La República de Mauricio es el nombre original de la isla, que está situada en el Océano Índico y se erige como un verdadero paraíso, con aguas turquesas que bañan la costa y un destino turístico desde hace varias décadas. Por el año 1847, Gran Bretaña emitió dos series de estampillas (de uno y de dos centavos) bajo el nombre: Post office Mauricio y, jamás, se podría haber imaginado que podían valer millones de dólares.

Un comerciante (Abian Vainstein) pasa sus días, comprando objetos que sabe no lo harán rico ni mucho menos y, un joven (Juan Luppi), a diario aparece en su local para encontrar a la persona que traiga aquella estampilla millonaria. A su vez, un comprador intermediario (Ramiro Vayo) va plagando de oscuridad y violencia el panorama, hasta que todo encuentra su cauce.

Quien parece más vulnerable termina convirtiéndose en una fiera para sobrevivir y, tal vez, porque siempre lo fue y disimuló.

Y quien parecía más temerario no sorprende ni atemoriza más de la cuenta.

«Isla Mauricio» es un thriller psicológico que transita por el género policial, abriendo un enorme panorama en que se tendrá que prestar atención a cada detalle, a cada frase y a cada ornamentación que no es meramente un objeto.

Buscar con la lupa aquella que se desea, encontrar una con errores que le puede dar el valor no imaginado, continuar en el campo de batalla para sentirse alguien.

Eso es lo que tienen, también, en común estos personajes. No son felices y creen que el dinero los puede posicionar en un lugar privilegiado, dotándolos de aquellas falencias que no se consiguen con billetes verdes.

Juan Luppi, interpretando a un misterioso joven, lee el diario mientras elucubra sus objetivos, simulando ser genial y para nada interesado y consiguiendo unos remates geniales en muchos momentos de la obra. Es él quien maneja los hilos, conociendo los códigos del negocio, sin tener conciencia y siguiendo adelante, como si el tiempo se terminara y su tiranía lo hiciera decidir perfectamente y sin titubeos.

Carolina Darman, le otorga creatividad suprema a la pieza teatral, convirtiendo la novela dramática de Rebeck en acción, en una historia que mantiene la tensión en todo momento e interpretando a Jackie -quien intimida, propone y dispone de todo lo que se le presenta, manipulando la realidad a su antojo-.

«Isla Mauricio» es como un tablero de ajedrez sobre el que se juegan muchas piezas (estampillas). Cada movimiento no podrá deshacerse como en la era digital. Todo pensamiento plasmado tendrá repercusión y la frialdad, absoluta, de sus tripulantes que ni siquiera precisan embarcarse para navegar en territorio desconocido. ¿O conocido?

Una puesta en escena, sencilla y eficaz, en que los artistas darán lo mejor para contar este interesante recorrido, lleno de diálogos atrapantes y una dirección impecable, dentro de la que nos sentiremos espectadores activos y jugando el juego de la vida. De nuestra propia vida.

Quien no se sienta identificado, que tire la primera piedra.

ficha Isla Mauricio

Mariela Verónica Gagliardi

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Hoy tengo que creer

¿Eres mía todavía?
Necesito tu amor, yo…
necesito tu amor.
Dios me manda tu amor (lo acelera hacia mí)

Ghost foto

Probablemente al mencionar esta película, la primera imagen que se les venga a la mente sea la del cuenco que Molly estaba fabricando. Una imagen que sensibilizó a millones de espectadores.

En el año 1990 se estrena el film estadounidense: “Ghost, la sombra del amor” (con libro y letras de Bruce Joel Rubin, y música y letras de Dave Stewart y Glen Ballard). La misma, recorrió durante todos estos años, una y otra vez, las pantallas de los hogares -enamorando a más de una pareja-. El sueño del amor eterno pareció y parece llegar para quedarse, creyendo que quien muere solo lo hace físicamente pero que su alma deambula en busca de aquello que aún necesita.

Llamado fantasma para provocar miedo en aquellos que cometieron crímenes y compañía en Molly (Jennifer Schomberger) que amaba a su hombre (Matías Mayer), reprochándole palabras y cosas que, en definitiva, no servían demasiado.

Esta adaptación del guión original (a cargo de Marcelo Kotliar), dirigida por Marcelo Rosa, con Gerardo Gardelín en la dirección musical; no pretende ser una copia de la película sino rescatar los momentos más trascendentes, con dos protagonistas (Jennifer y Matías) que se lucen de principio a fin y que no se parecen ni a Patrick Swayze ni a Demi Moore.

Es un acierto. Toda copia, sobre todo tratándose de una del país del norte, con otro idioma, podría resultar un verdadero dilema al momento de la representación.

Durante la función pude observar al gran público adolescente que no comprendía bien el argumento. De por sí, supongo que la mayoría que se acercó a ver Ghost, sabe al menos la sinopsis, pero, comprender lo que siente Molly al perder a Sam, cómo cambia su vida, cómo se desespera sin entender por qué no fue ella la elegida, cómo puede hacer para creer en aquello que no ve; no puede ser asimilado por aquellos jóvenes que creen que sus vidas son infinitas.

Distinta fue la actitud de los adultos que se emocionaron, lloraron, sonrieron desde el alma, recordaron cada una de las escenas de la película y aplaudieron por la Whoopi Goldberg (interpretada por Natalia Cociuffo) que hacía de Oda Mae Brown -la vidente que operaba de puente entre los dos amados-. La figura de esta actriz, tan talentosa, trajo humor a la desgracia y su soltura a lo largo de la historia demostró que inclusive en los momentos más angustiantes es posible sentir esperanza.

Un Matías Mayer que sigue evolucionando en el género de comedia musical, dejando todo en las tablas, interpretando a Sam conmovedoramente, proyectando su voz a partir de las partituras en las que se apoyan los grandes músicos -los cuales hacen vibrar, aún más, la tensión de la dramaturgia-.

Resumiendo la parte argumental, esta comedia dramática se basa en una pareja que acaba de mudarse a un departamento, en pleno corazón de Brooklyn (Estados Unidos) y vive su amor como el primer día. Un día, como cualquier otro, un delincuente le quita la vida a Sam y, de ahí en más, la historia se divide en dos: por un lado en el amigo heredado de Sam, Carl que intenta conquistar a Moly; y, por otro lado, en el thriller que surge deleitosamente, convirtiendo las escenas en un policial.

Considero que es una apuesta muy jugada el adaptar una película al teatro y, sobre todo, convertirla en comedia musical. Sobre todo porque el canto podría quitarle cierto grado de drama -lo cual por momentos ocurre- y está bien que así sea ya que la propuesta pretende esbozar el amor que trasciende todo tipo de batallas y fronteras, enfrentándose a la cantidad de obstáculos necesarios como para conseguir que el sentimiento continúe lo más puro posible.

Existen personajes que son, más allá de los protagonistas, quienes ilustran y le dan el sello distintivo a la historia: el Fantasma del subte (Marcos Gorosito) y Oda Mae Brown (la cual mencioné anteriormente). Ellos dos consiguen mostrar que existe otra “vida” después de la muerte en la que se puede continuar lo que no se llegó a finalizar en esta vida.

Marcos Gorosito es el encargado de mover objetos y desplazarlos en el aire, al igual que enseñarle estas acciones a Sam para que logre atravesar aquella línea delgada y se haga “presente” de algún modo. Él no era visto, ni escuchado, ni sentido y es, a partir de este fenómeno, como comienza a hacerse oír, utilizando todo tipo de estrategia para realmente intervenir y evitar más daños a su amada.

Rodolfo Valss, vestido de blanco, es el antecesor del fantasma mencionado y con el que aprende algunos códigos. Códigos que tendrá que utilizar cuando precise para no meterse en problemas. En definitiva, el otro mundo, aquel que imaginamos a veces como oscuro y amorfo, nos enseña que es igual a este y que las personas malas y perversas solo caminan por otro sendero siendo lo mismo que eran.

Escenas de acción, de amor, de angustia, de peleas, descriptivas, analíticas; todas acompañadas por efectos visuales, música en vivo, canciones que dan cuenta lo que se está transitando y un escenario que se convierte en pantalla -recordándonos que el cine también puede verse en el teatro-.

ficha Ghost, el musical

Mariela Verónica Gagliardi

Un reset con secuelas

Borratex

Una comedia musical que mezcla la ironía, el absurdo y el humor negro, para transitar temas realmente profundos que son tomados por un grupo de personas, como superficiales.

¿Cómo sería eliminar todo lo que no te guste de tu mente?

«Borratex» (con texto y letras de Estefanía Di Bona y Javier Valdez; dirigida por Marcos Rauch) ganó el Concurso de Teatro Musical 2014 de la Fundación Julio Bocca y acaba de estrenar en el Método Kairós, brindando una función llena de pasión y a sala llena.

Una empresa clandestina es la que ejemplifica cómo opera una institución privada, capitalista y llena de códigos que hacen sentir felices a los trabajadores -encegueciéndolos por completo-.

Como si se tratara de una luz solar que los obnubila y hace ver una realidad que no es justamente la realidad ni la deseada por un humano.

Franco (Marco Gianoli) es contratado como empleado por Griselda (Vicky Carambat), la jefa del establecimiento. Entre un vestuario de color violeta (que significa transmutación), sonrisas pintadas cual dibujos animados y un ánimo sorprendente es que se va conformando esta historia que es simplemente un retrato de muchos individuos desolados, trabados, sufridos y sin fuerzas para salir adelante.

Desde la capacitación hasta el puesto más alto, Franco aprenderá a utilizar este sistema de borrado que no es ni más ni menos que el usado por ciertas instituciones psiquiátricas. Existen muchos puntos verosímiles que producen la carcajada del público por la cantidad de códigos humorísticos utilizados para tal fin.

Una ambivalencia que lleva el contenido al punto máximo del absurdo y que ridiculiza ciertas situaciones internas y externas del ser humano, para hacer pensar al espectador, además de hacerle pasar una velada encantadoramente divertida.

El ensamble de bailarines se fusiona con el relato para tener, también, participación el el mismo, debiendo mostrar su talento actoral y vocal.

Otra de las propuestas dirigidas por Rauch que despertarán el interés de todo aquel que tenga ganas de ver algo diferente, muy bien realizado, con una Carambat que transmuta como el violeta, llegando a límites altísimos del imaginario humano. Su voz y su carisma siempre la convierten en una artista muy querida que cada vez que toca el escenario es para dejar su huella irremplazable.

¿Por qué el hombre precisa olvidar, aniquilar pensamientos que lo perturban, en vez de afrontar?

En medio del caos, de un stress que no afloja y de todas las presiones propias y ajenas; ¿qué remedio más efectivo podría existir que borrar lo que “no sirve”?

«Borratex» juega con los límites de lo posible e imposible, de lo lo moral y amoral, de lo que se juzgaría correcto o incorrecto. Dentro del universo lingüístico planteado, estos empleados arriesgan sus vidas para ser felices. Aunque dicha felicidad no sea real y les pueda provocar el peor desenlace.

Si no existieran las secuelas, ¿darían todo por solo vivir una vida color de rosa?

Una equivocación: eliminada. Un mal momento: eliminado. Una noticia triste: eliminada. Todo lo que hace mal: eliminado. La cuestión es de qué manera se desarrolla un día cualquiera en que alguien te pregunta si te acordás de tal persona o cosa o situación y tu mente está en blanco.

Un cruel procedimiento que pretende traer felicidad a la persona sin tener conciencia de lo que se está haciendo. Un procedimiento invasivo que divertirá en el Kairós, rodeado de alegría.

«Borratex» es como un reset que llegará bastante lejos, mientras asuntos pendientes se resolverán, algunos romances aparecerán y la línea entre sueño, pesadilla y realidad dejará de existir por momentos.

Todo lo confuso se volverá tradición y no habrá demasiados cuestionamientos al orden establecido. Como un engranaje perfecto, puede fallar o reciclarse.

ficha Borratex

Mariela Verónica Gagliardi

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Fiel a sus principios

Antígona Vélez

En el año 1951, Leopoldo Marechal escribe Antígona Vélez, basándose en la Antígona de Sófocles.

Si bien Marechal conserva vivo el argumento original, lo adapta a la época de la Conquista del Desierto en Argentina, una época en que miles de aborígenes fueron, no solo privados de sus derechos, sino exterminados de sus tierras.

El eje central de la dramaturgia, con dirección de Marcelo Silguero, consigue destacar los principales sentimientos de aquella mujer que sufría por el destino de su hermano, a quien se considera un traidor.

Justamente, en torno a la traición, surgirán los versos más sentidos y desgarradores de Antígona que dará su vida para que se haga justicia. Al menos lo que ella considera como justo.

Una solitaria y firme mujer (interpretada por Verena Smith) que da su alma, su corazón y cada una de sus palabras en honor a Ignacio, un hombre humano que tuvo valor para unirse a los Pampas y arriesgarlo todo. Mientras tanto, la Ley de una familia, hará hasta lo imposible para resaltar la grandeza del otro combatiente, hermano de Ignacio y Antígona, llamado Martín; a quien se enterró como un luchador de verdad.

Esta contraposición entre leal y desleal, traza el camino de toda esta historia surgida en el Siglo XIX, una narración que va acompañada por dos músicos que ambientan cada escena, para que el espectador sienta dolor, angustia y ese aire encantador de Antígona que es mujer, hermana y luchadora.

Con respecto a la muerte de ella, las vueltas de la vida hacen que Don Facundo (Diego Dinkel) la mande a asesinar, sin imaginar que su propio hijo, Lisandro (Javier Mirez), correría la misma desgracia. Ese desenlace lo hacen entender que la sangre no será en vano y que quienes cosechen en un futuro en esos campos, serán los nietos que nunca podrá en verdad tener.

Se puede contemplar una escenografía que fusiona lo autóctono con lo cool, valiéndose de efectos de llamas que prenden y apagan de acuerdo al relato en vivo. Y, en cuanto a la iluminación, consigue ser parte de la dramaturgia ya que no solo proyecta luz sino que sirve al momento de cambiar de una escena a otra, situándonos en las tierras desoladas para, luego, hacer caer la noche en que lo peor ocurre.

Esta pieza artística es una brillante adaptación en la que se destacan tanto Antígona como Lisandro, al igual que otros personajes secundarios entre los que se encuentran Carmen, hermana de Antígona, (Paula Viola) y una de las brujas (Vivi Campos).

Centrándonos en el origen de esta historia, la misma surge como un Mito en el que se encuentran: Antígona, su padre (Edipo Rey, recientemente fallecido), su madre (Yocasta) y hermanos (Eteócles, Polínice e Ismene). El argumento solo cambia los nombres de los protagonistas al igual que el motivo de las rivalidades, pero la esencia es exactamente la misma.

Ambos hermanos varones debían turnarse para estar en el trono un año cada uno; pero Eteócles no quiso cumplir con la regla y llamó a un ejército contra Tebas -el cual salió victorioso- y ambos hombres se mataron mutuamente.

Un hermano más valiente que el otro, que corre con distinta suerte, que la misma familia es la culpable de su muerte y, por una cuestión de poder, aparece el Rey Creonte -hermano de Yocasta y tío de estos guerreros- para ocupar el trono que estaba libre.

Esta fiel mujer a sus principios, al igual que Antígona Vélez, entierra a su hermano Polínice y luego se ahorca para no ser enterrada viva como se había previsto. Su amado, en este caso, Hemón (hijo de Creonte) se quita la vida y así finaliza el mito.

Es realmente increíble el poco peso que tiene en un sentido la familia y el gran peso que tiene en cuestión de fuerza y poder. Cómo quien quiere cumplir con una voluntad no es dejado y cómo quien desea abrirse camino por otro lado, es condenado.

En el año 442 A.C. se representó por primera vez la versión de Sófocles y puede notarse la contemporaneidad del tema. Quizás, actualmente, un “traidor” no sea penado tan extremamente pero sí existen infinitos ejemplos para dar cuenta del tipo de castigos a los que son sometidos quienes no obedecen lo que un superior (no siempre elegido por el pueblo) dictamina.

ficha Antígona Vélez

Mariela Verónica Gagliardi

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Nicolás Manservigi

Nicolás Manservigi

El año pasado el músico Nicolás Manservigi lanzó su primer disco que lleva su mismo nombre.

Nicolás, con un aire de enorme humildad, lleno de templanza, da a conocer su profundo recorrido que viene realizando desde pequeño.

Interpretando diferentes estilos musicales, cantando en inglés, frances, italiano y castellano; consigue un óptimo resultado para presentar en público.

Contando con los arreglos y dirección musical de Hernán Valencia, el lírico sale de sus venas, de su alma, in crescendo. Logrando impregnarse en nuestros corazones con una voz cálida, juvenil, fresca y notoria.

Con “Je en regrette rien” (Edith Piaf) se abre un camino en los enamorados, no solo en las parejas, sino en aquellas personas enamoradas del amor. Y esto es el resumen de su discografía: un recorrido por diferentes canciones románticas, muchas de las cuales recordamos de alguna película, de alguna cita, de una publicidad o, simplemente, cantamos a escondidas a alguien que aún no conocemos.

La tensión del repertorio surge con Procuro olvidarte, que le otorga una angustia como debe existir en todo recorrido amoroso.

Más allá de la variedad en los temas, su interpretación consigue proyectar diferentes personajes y no solo una bonita voz. Sucede que Nicolás es, además, actor, escritor y tiene la facilidad de ubicarse en un lugar exacto para describir una determinada situación, como si se tratara de escenas que conforman una obra de teatro o un film.

Cerrando los ojos, puede vibrarse y disfrutar de un piano que realza su figura, la adorna, la acompaña y le permite transitar por un camino vertiginoso y absolutamente conmovedor.

Me refiero a vertiginoso porque no es sencillo animarse a cantar lírico. Requiere de estudio, de técnica y de alma.

Te quiero” (José Luis Perales) es el detalle más grande de todo el disco. Quien tenga al menos treinta años, podrá recordar este éxito, los versos que esbozan esas palabras exactas y divinas. Ahora, en manos de este intérprete que pretende enamorarnos y hacernos sentir que toda soledad es un estado de ánimo, que toda crisis es parte de la vida y que todo sentimiento merece ser transitado para luego resurgir en otro.

(El disco fue grabado durante el 2013 en los Estudios EG, con arreglos y dirección musical de Hernán Valencia, producción ejecutiva de Jorge Carossia y producción de Silvia Aguirre).

¿A qué edad empezaste a cantar?

Empecé a cantar desde chiquito en mi casa, pero mi mamá me mandó al coro de niños de la provincia de Tucumán cuando cumplí los seis. Pienso que siempre canté, a pesar de haber sido un niño muy silencioso.

¿Cómo surge tu interés por la música a tan temprana edad?

No lo sé. Quizás tuvo que ver que en mi casa a mis padres siempre les gustó cantar, tocar el piano, el bombo, hacer fiestas, escuchar muchísima música y variada; y por qué no la insistencia de mamá para que yo fuera al coro de niños que a pesar de negarme, terminé audicionando y, desde entonces, nunca más deje de cantar y estudiar técnica vocal.

Además de intérprete sos escritor y actor. ¿Qué placeres encontrás en estas tres disciplinas?

Son distintas… Cuando canto me siento más expuesto, desnudo… siento un miedo que esta ahí siempre, porque no hay un personaje que me proteja como en la actuación o en la escritura. La escritura me apasiona, como todo lo demás, pero me cansa. Escribir una novela o un guión de cine es un trabajo de muchos meses no sólo de escribir sino de investigar, corregir y tirar. En la actuación es en donde más debo hacer un trabajo extra para lograr lo que el personaje necesita.

¿Qué sentís antes de subirte al escenario?

Algo que es una mezcla entre miedo y una especie de latido fuerte en el corazón. Es como si me embotara en una sensación lejana que me aísla y me lleva a concentrarme, no puedo hacer otra que pensar en salir, en mirar las caras. Me gusta hacer eso, es mi forma de enfrentar y relajarme para poder trabajar.

¿Cuál es el género musical que más disfrutás al cantar?

La balada, lo melodramático, todo aquello que tiene un sonido profundo y nostálgico, sean canciones de películas o de musicales como Carrousel o Les Miserables. Años atrás canté un poco Spirituals y los disfrutaba también. Pienso que es la canción, más allá de su género, lo que me genera algo adentro.

¿Cómo podrías definirte a nivel artístico?

No lo sé, pienso que soy ecléctico. No me siento actor ni escritor ni cantante sino un explorador de todas esas disciplinas. No puedo pensar mis días sin hacer un trabajo artístico.

¿Es posible construir un universo en el que todo se alcanza?

Sí, pienso que sí. Me pasa mucho cuando escribo. Los personajes de mis novelas o de mis guiones de alguna manera terminan siempre encontrando lo que les faltaba. Pueden redimirse, aprender, vencer… pero terminan alcanzando. Creo, fervientemente, que la persistencia hace que todo sea posible en el universo, sea ficción o realidad.

Mañana estrenás Lisboa, proyecto en el que cantarás. ¿Además del trailer (que atrapa al espectador), cómo surge esta propuesta?

Lisboa es una obra poética de teatro-danza que me tiene atrapado, ya que todo el relato se sostiene por un cuerpo de bailarines maravillosos que son quienes hacen posible que los recuerdos se expresen de forma real. Me convocó Rodolfo Olguín –el director y dramaturgo- a principio de año, me comentó que tenía ganas de remontar esta obra y que había pensado en mí para el rol del actor-cantante. Lo conozco del estudio de danzas y, además, él me había visto en “A nonna Filomena” un musical que hice en el 2014 en el Teatro Moliére, y en mis conciertos en Clásica&Moderna, entonces tenía una referencia de mi trabajo.

Es una obra que se adentra en las raíces de la nostalgia y la familia, en el desarraigo y lo que una persona siente al dejar todo, al renunciar para ir en la conquista de algo. Pienso que tiene mucha sensibilidad y, particularmente, la siento cercana porque soy de Tucumán y he sentido esas emociones inmigrantes en mí. Es un desafío porque debo trabajar varios monólogos y cantar fados, y es todo nuevo, para descubrir y aprender.

¿Cuáles son tus próximos sueños para el resto del año?

Seguir aprendiendo y esperar que se den muchos proyectos pendientes, entre los que están la filmación de una película, el estreno de una obra de teatro de un gran amigo y hacer varios shows con artistas muy especiales para mí.

¿Cómo se nace artista?

No tengo la más mínima idea. Lo que sí puedo decir es que hay que trabajar mucho, pero mucho eh.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un melodrama según Puig

Yo siempre me soñé novela

Cuando se juega con llevar una pieza teatral a un extremismo semejante, pueden ocurrir dos cosas: que resulte excelente o un producto decadente.

Esto le mencioné a una de las actrices de “Yo siempre me soñé novela” (escrita y dirigida por Edgardo Dib), cuando terminó la grandiosa función.

No siempre existen artistas que se animen a apostar para desafiar al destino. Edgardo Dib, sin lugar a dudas, apuesta, crea, arma y confecciona una dramaturgia de forma artesanal. Y me refiero a esto último como algo deseado y anhelado.

Como un homenaje, de cierta forma, al género de telenovelas de los años setenta y ochenta, se puede ver cómo Milagros Alarcón y Gilda Scarpetta interpretan a personajes femeninos de “Rolando Rivas taxista” y “Rosa de lejos”. Dos telenovelas que se apoderaron de los hogares en plena dictadura militar. Una en blanco y negro, la otra a color. Ambas románticas, para enamorarse y con todos los detalles conformaban a aquellas novelas que se repetían durante largas temporadas en la pantalla chica.

Cegueras inesperadas, un Juan Carlos tironeado y deseado por dos mujeres ciclotímicas y rivales que pelean hasta el cansancio. Golpes que hacen terminar a una en silla de ruedas, sin voz. Repentinos cambios de estado, de ánimos y escenas que componen a este melodrama que, en tono sarcástico, provoca la risa inmediata.

Milagros y Gilda, merecen ser destacadas tanto por los personajes que realizan en escena, como por el acento que requiere cada uno de ellos, por los cambios de vestuarios inmediatos, por la composición de máscaras en sus rostros, por la excelencia y respeto por un género tantas veces menospreciado por un sector de la sociedad.

En cuanto al modo en que está narrada la historia, Dib utilizó la manera en que Manuel Puig escribió “Boquitas pintadas”. O sea, una manera no convencional de atravesar historias paralelas, con personajes que no se conocen, con diálogos o monólogos que surgen espontáneamente, con cartas que se sirven de discursos no lineales y con la figura de ciertos autores o el mismo Edgardo Dib, firmando dichas escrituras.

Esta manera de componer un relato, en el caso de Puig, es sumamente atractiva y le permite al espectador reconstruir todo lo que observa sin tener el material servido como suele ocurrir en una novela de la tele por ejemplo.

Al entrelazar dos épocas y dos dramas vistos masivamente, es que se logra exponer ambas para plasmar el juego de la creatividad.

Por más que el público no haya visto estas novelas, ni leído a Puig, no significa que no vaya a comprender la trama, la secuencia y la originalidad discursiva. Puede, perfectamente, disfrutarse en los dos casos y el resultado a nivel opinión será muy diferente.

Al tratarse de dos historias de la televisión argentina, acompañan las escenas aquellas publicidades más recordades de ese entonces, interpretadas por las propias actrices que lucen como dicha época. También, no podrían estar ausentes, las canciones de Andrea del Boca, y otras que se suman a este delirio exitoso.

«Yo siempre me soñé novela» es también un proceso de filmación, un intercambio de anécdotas femeninas, de madres con hijos, de vivencias personales y de una atmósfera artificial para soportar la vida real que estaba aconteciendo a nivel político y social.

El arte siempre sirvió para distraer, aunque me atrevo a afirmar que para cultivar intelectos perdidos o abandonados ante tanto dolor.

Alberto Migré, Carlos Gardel y una cadena de nombres que ilustran y decoran unos años llenos de artistas que desafiaban todo tipo de crueldad para impregnar su sello de actuación.

ficha Yo siempre me soñé novela

Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a Antonio Leiva

Antonio Leiva

Es actor, autor, intérprete, director, productor y uno de los íconos visibles del Teatro Empire. Su ternura, profesionalismo y vocación permiten que todo lo imposible se vuelva posible.

El ambiente de la música clásica sigue siendo muy selecto, no solo por los precios de sus localidades sino por sus melómanos. ¿Cómo lograste armar este año una temporada de ópera en el Teatro Empire?

El teatro desde el 1999 incluye dentro de su programación espectáculos de ópera. A lo largo de los años hemos ido desarrollando distintas estrategias con el fin de seguir recibiendo propuestas de compañías de ópera independientes. Con este fin recuperamos el foso de la orquesta y hemos ido desde la sala acompañando a las compañías.

Dentro de nuestra temporada hay compañías como Lyric Soul, Sol Lírica y Ópera Joven, que vienen trabajando con nosotros hace varios años.

Desde hace tres años le damos formato de temporada, ofreciendo espectáculos de calidad de abril a noviembre.

Es verdad que a la música clásica se la asocia con un público muy selecto, pero lo cierto es que hay un montón de amantes de la ópera que pertenecen a una clase media que disfruta de distintas propuestas en la Ciudad, a precios accesibles e incluso busca las oportunidades de poder ver obras en el Teatro Colón o el Avenida.

Nuestra política ha sido siempre sostener precios accesibles y ofrecer distintas promociones con el fin de poder permitir el acceso a todos.

Compositores europeos, con propuestas totalmente diferentes unas de otras. ¿Cómo fue la selección de las piezas? Qué cuestiones tuviste en cuenta al momento de seleccionar a los elencos?

La selección de la pieza es responsabilidad de las compañías, nosotros armamos la temporada en función de las propuestas que recibimos de estas. En esta primer etapa, nos esforzamos en consolidar al Teatro Empire como espacio donde la ópera es parte importe de nuestra programación. Nuestro objetivo es que el público operístico recuerde que todos los años tiene propuestas de calidad en el Empire.

Las compañías por lo general eligen títulos que saben que el público gusta ver, pero también hacen propuestas de obras poco conocidas y eso nos llena de orgullo.

A la hora de seleccionar las compañías tenemos en cuenta su trayectoria, todas la compañías que están trabajando tienen un amplio recorrió en la producción de espectáculos.

Lyric Soul, Estudio de Opera Bs. As., Sol Lírica, Clásica del Sur, Ópera Festival Bs As. tienen en común de contar entre sus integrantes excelentes profesionales, gente muy talentosa, que ha logrado a lo largo del tiempo sostener la producción de uno o más espectáculos en el año, con criterios de producción racionales, responsables, y eficientes.

Vi la Bohéme en mayo y me sorprendieron varias cuestiones: una de ellas es la referida a las orquestas que se simplifican en un músico. ¿Qué repercusión está teniendo esta decisión por parte del público?

Varios títulos han sido representados al piano. El público que asiste a ver producciones de ópera independiente sabe que seguramente la música será ejecutada al piano y no con orquesta debido al costo que a veces la orquesta representa.

En estos últimos años vemos que varias compañías están articulando con orquestas jóvenes que se encuentran en la misma situación y en conjunto logran resultados muy buenos, este año El Murciélago, La Flauta Mágica, Il Signor Bruschino, Cosi Fan Tute van con orquesta y, posiblemente, Cármen y La Traviata también lo sean.

¿Considerás que los espectadores que se están acercando a esta programación pueden llegar a ser en un punto algunos de los que acuden al Colón o al Avenida?

Sí, claro. El espectador de ópera circula por la ciudad, y sabe de las distintas propuestas, si bien el Colón y el Avenida tienen su público cautivo que solo asiste a ese lugar, hay muchos espectadores que disfrutan viendo distintas propuestas.

La ciudad cuenta con varios grupos de ópera independiente que, lamentablemente, no tienen acceso a realizar sus producciones en teatros como el Avenida y que no cuentan con apoyo oficial -ya sea con fondos u espacios oficiales para la representación-.

Estas compañías han logrado que el público pueda contextualizar los distintos formatos de producción, ofreciendo espectáculos de calidad.

Creo que estás dándole una oportunidad única a los elencos independientes. ¿Sos conciente de esto?

Sí, claro. Somos conscientes de eso y es nuestro principal objetivo. El éxito de programación se basa , justamente, en haber reconocido que los elencos independientes necesitaban un espacio, acompañarlos, aconsejarlos, motivarlos, incluirlos.

Nos pone muy contentos cuando vemos que una compañía logra crecer, cuando de pronto incorpora una orquesta, cuando con pocos recursos logra, de manera creativa, hacer puestas dignas, estéticamente impecables, con altísima calidad vocal y musical.

A lo largo de estos años hemos invertido mucho dinero para poder sostener el espacio de programación destinado a la ópera. Estamos muy satisfechos con los resultados obtenidos.

Este es uno de los teatros más importantes, del Siglo pasado y que continúa de forma no comercial. ¿Qué sentimientos te produce esto?

Nos produce una enorme satisfacción. Si bien tenemos un amplio recorrido como gestores de salas independientes (nuestra primera sala fue Theatron en Santa Fe y Pueyrredón), haber logrado recuperar el Empire como teatro barrial y no comercial nos llena de orgullo.

Hemos invertido muchas horas de trabajo para lograr la recuperación edilicia y artística. Nos faltan muchas cosas por hacer, pero lo importante es que hemos logrado una estructura de trabajo sólida y perdurable en el tiempo.

Actuás, dirigís el Empire, sos talentoso y tenés varias obras en cartel. ¿Cuáles son tus próximos sueños?

Ya con poder sostener lo que tengo considero el sueño cumplido.

Por otro lado, me gustaría incluir más música clásica en la programación, ya sean conciertos de solistas, orquestas, cuartetos…

Es claro que la programación teatral o musical es el resultado de cómo está la sociedad a nivel cultural y social. Quizás sea tiempo de subir la vara, de apostar a la música clásica como un género viable para cualquier espectador, independientemente de la clase social a la que se pertenezca o el nivel cultural que se tenga.

La Ciudad de Buenos Aires tiene un abanico gigante en cuanto a espectáculos. ¿Cuál es la visión y misión de esta temporada de ópera?

La visión es a largo plazo y está encuadrada dentro de nuestro objetivo de consolidar al teatro Empire como referente de ópera.

Este año hemos aparecido en agenda junto al Teatro Colón, al Argentino de La Plata y al Teatro Avenida. Nuestra misión es posicionarnos y aumentar la cantidad de espectadores en relación al año pasado.

La temporada 2014 fue muy buena: presentamos 11 títulos con 26 funciones. Este año nos propusimos crecer en cantidad de espectadores. Hasta el momento lo vamos logrando, para ello hemos reforzado nuestras estrategias de comunicación y difusión.

Este año presentaremos La Bohème, de Puccini (Lyric Soul), Orfeo en los Infiernos de Offenbach (Estudio de Ópera de Bs.As.), El Murciélago de Strauss (Ópera Joven), La Flauta Mágica de Mozart (Ópera Festival Bs.As), Il Signor Bruschino de Rossini (Sol Lírica), Cármen de Bizet (Clásica del Sur), Cosi Fan Tutte de Mozart (Lyric Soul) y La Traviata de Verdi (Clásica del Sur).

¿Cuál es tu compositor favorito, tu ópera preferida y por qué?

Mi compositor favorito es Giaccomo Puccini, y mi ópera preferida “Turandot”.

Considero que Puccini es creador de una propuesta totalmente lúdica en lo que respecta a la música,  y los momentos de tensión, los momentos de drama o de ternura, los frasea de una forma excepcional, que me conmueve profundamente.

También me gustan mucho óperas como “Elektra” y “Salomé” de Richard Strauss, piezas también muy “teatrales”.

¿Es posible lograr una resistencia cultural haciéndole frente a la violencia social?

Es posible siempre y cuando esa resistencia se proponga como propuesta hacia el afuera de manera inclusiva, sino se transforma en resistencia cultural para sobrevivir.

La resistencia cultural es una herramienta para hacerle frente a la violencia social, pero si esta no va acompañada de otras acciones es difícil de lograr cambios masivos y realmente efectivos.

La música clásica es una muy buena herramienta y está más que probado que sirve para atenuar la violencia social y genera inclusión, pero eso solo no basta. Si el Estado no posee políticas amplias que aseguren la inclusión educativa, social, territorial, laboral, etc; las acciones artísticas terminan siendo solo paliativos temporales.

Mariela Verónica Gagliardi

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2 x 4 = cuarteto

Tango corrupto

El tango empezó siendo un género musical para una clase baja y discriminada en varios aspectos. Con el correr del tiempo alcanzó a los sectores más altos y desde hace décadas que recorre el mundo fascinando con parejas de bailarines y orquestas a toda persona que no lo conocía o sabía demasiado.

Acá, en Buenos Aires, resulta imposible no tener algún acercamiento ya que los adoquines, los nombres de algunos pasajes y estaciones llevan los nombres de quienes fueron escribiendo la historia desde los suburbios, las pulperías y el for export.

Este espectáculo denominado “Tango corrupto” me lo apropio y considero que todo extranjero que lo vea y escuche no podrá sentir lo que, localmente, se siente.

Casi todas sus canciones parecieran recrear el folklore de una tradicional fiesta de cumpleaños o casamiento en nuestra sociedad. Con solo mirar el folleto del show podemos notar que se tratará de algo diferente y con una impronta, nuevamente, para los sectores más relegados. No con esto considero que se base en algo de mala calidad sino todo lo contrario. Un espectáculo que fomenta, a mi parecer, la inclusión social en un lugar como Molière que podría no considerarse para tal fin.

Así como la política corrompe, traspasa límites y llega un momento en que solo le importan sus propios intereses: esta pieza artística ideada por Oscar Lajad y Julio Panno (dirigida por éste último) yirará por diversos lugares. Al menos eso es lo que se percibe mientras se desarrolla Tango corrupto.

El cantor Oscar Lajad no solo interpreta canciones sino que narra anécdotas de su Salta querida, comparándola con la Ciudad Porteña, creando una atmósfera propicia para que la velada sea única e increíble.

Se trata de un recital no convencional que incluye en su repertorio canciones como: “Fiesta” (Raffaella Carrá), “Devórame otra vez” (Azúcar Moreno), “Lo mejor del amor” (Rodrigo Bueno), “Chindolele” (Xuxa), “El firulete” (Julio Sosa), “Hola Don Pepito” (Fofó y Miliki), “No me arrepiento de este amor” (Gilda), “Don” (Miranda), “Sobreviviré” (I will survive – Gloria Gaynor), “Mentirosa” (Ráfaga), “Como bolita” (Ktrask), “Corazón con agujeritos” (Chiquititas), “Ciega, sordomuda” (Shakira) y “A quién le importa” (Thalía), entre algunas de las que sonaron durante la noche.

Así se puede notar un gran trabajo por parte de Gustavo Calabrese (quien hizo los arreglos musicales) y de Romy Terzo (la pianista y directora musical); quienes en conjunto consiguieron un resultado conmovedor para todo amante del tango.

Hay que tener en cuenta que Tango corrupto no es para un público susceptible ni conservador, sino para quien desee innovar, conocer algo diferente y luego juzgar según ciertos parámetros personales.

Lo que no se puede negar es que tanto Oscar como Sandra Guida, brillan en escena, cantan a la vida, deambulan por melodías que van desde la cumbia hasta el pop y todo suena a tiempos de antaño. Para esto se precisa de un equipo talentoso como este y de una orquesta que acompañe. La Falsa Orquesta de Señoritas como decidieron denominarla, está integrada por: Julia Peralta (bandoneón ), Carolina Rodríguez (violín) y Federico Salgado (contrabajo).

Esta gran simulación del Siglo XIX nos hace vivenciar momentos muy agradables en que las palmas homenajean no solo a ellos sino a los creadores del tango, a quienes dejaron su huella, a quienes aportaron su granito de arena y a quienes continúan otorgándole -siempre- su corazón.

Mientras la señora con quien compartí la mesa, me decía que soy muy joven para conocer la canción de Hola, Don Pepito; mi alma estallaba de felicidad por el recorrido musical en que reviví mis primeros años de vida, el globo que bauticé con el nombre de dicha canción y toda mi adolescencia unida a las milongas de Buenos Aires en que gasté y rompí zapatos hasta el amanecer. Esto es mágico, es energía en movimiento y la suspicacia para inventar un producto sofisticado valiéndose de todo lo existente. Como si se tratara de un reciclaje cultural que pretende abrazar a todos por igual, a la vez que Sebastián Colavita se desplaza por la pista de baile y configura un baile de a dos o de a tres, según la ocasión.

Rompiendo con las estructuras tradicionales es posible fomentar espectáculos como Tango corrupto, un espectáculo en el que se siente alegría en el corazón y una sonrisa cada vez más grande.

Observando a mi alrededor pude confirmar que el público diverso tiene que ver con la propuesta. Jóvenes, adultos y adultos mayores, de diferentes clases sociales estuvieron felices de ser parte de esta transgresión.

ficha Tango corrupto

Mariela Verónica Gagliardi