*** Septiembre 2017 ***

¿Eres mía todavía?
Necesito tu amor, yo…
necesito tu amor.
Dios me manda tu amor (lo acelera hacia mí)

Ghost foto

Probablemente al mencionar esta película, la primera imagen que se les venga a la mente sea la del cuenco que Molly estaba fabricando. Una imagen que sensibilizó a millones de espectadores.

En el año 1990 se estrena el film estadounidense: “Ghost, la sombra del amor” (con libro y letras de Bruce Joel Rubin, y música y letras de Dave Stewart y Glen Ballard). La misma, recorrió durante todos estos años, una y otra vez, las pantallas de los hogares -enamorando a más de una pareja-. El sueño del amor eterno pareció y parece llegar para quedarse, creyendo que quien muere solo lo hace físicamente pero que su alma deambula en busca de aquello que aún necesita.

Llamado fantasma para provocar miedo en aquellos que cometieron crímenes y compañía en Molly (Jennifer Schomberger) que amaba a su hombre (Matías Mayer), reprochándole palabras y cosas que, en definitiva, no servían demasiado.

Esta adaptación del guión original (a cargo de Marcelo Kotliar), dirigida por Marcelo Rosa, con Gerardo Gardelín en la dirección musical; no pretende ser una copia de la película sino rescatar los momentos más trascendentes, con dos protagonistas (Jennifer y Matías) que se lucen de principio a fin y que no se parecen ni a Patrick Swayze ni a Demi Moore.

Es un acierto. Toda copia, sobre todo tratándose de una del país del norte, con otro idioma, podría resultar un verdadero dilema al momento de la representación.

Durante la función pude observar al gran público adolescente que no comprendía bien el argumento. De por sí, supongo que la mayoría que se acercó a ver Ghost, sabe al menos la sinopsis, pero, comprender lo que siente Molly al perder a Sam, cómo cambia su vida, cómo se desespera sin entender por qué no fue ella la elegida, cómo puede hacer para creer en aquello que no ve; no puede ser asimilado por aquellos jóvenes que creen que sus vidas son infinitas.

Distinta fue la actitud de los adultos que se emocionaron, lloraron, sonrieron desde el alma, recordaron cada una de las escenas de la película y aplaudieron por la Whoopi Goldberg (interpretada por Natalia Cociuffo) que hacía de Oda Mae Brown -la vidente que operaba de puente entre los dos amados-. La figura de esta actriz, tan talentosa, trajo humor a la desgracia y su soltura a lo largo de la historia demostró que inclusive en los momentos más angustiantes es posible sentir esperanza.

Un Matías Mayer que sigue evolucionando en el género de comedia musical, dejando todo en las tablas, interpretando a Sam conmovedoramente, proyectando su voz a partir de las partituras en las que se apoyan los grandes músicos -los cuales hacen vibrar, aún más, la tensión de la dramaturgia-.

Resumiendo la parte argumental, esta comedia dramática se basa en una pareja que acaba de mudarse a un departamento, en pleno corazón de Brooklyn (Estados Unidos) y vive su amor como el primer día. Un día, como cualquier otro, un delincuente le quita la vida a Sam y, de ahí en más, la historia se divide en dos: por un lado en el amigo heredado de Sam, Carl que intenta conquistar a Moly; y, por otro lado, en el thriller que surge deleitosamente, convirtiendo las escenas en un policial.

Considero que es una apuesta muy jugada el adaptar una película al teatro y, sobre todo, convertirla en comedia musical. Sobre todo porque el canto podría quitarle cierto grado de drama -lo cual por momentos ocurre- y está bien que así sea ya que la propuesta pretende esbozar el amor que trasciende todo tipo de batallas y fronteras, enfrentándose a la cantidad de obstáculos necesarios como para conseguir que el sentimiento continúe lo más puro posible.

Existen personajes que son, más allá de los protagonistas, quienes ilustran y le dan el sello distintivo a la historia: el Fantasma del subte (Marcos Gorosito) y Oda Mae Brown (la cual mencioné anteriormente). Ellos dos consiguen mostrar que existe otra “vida” después de la muerte en la que se puede continuar lo que no se llegó a finalizar en esta vida.

Marcos Gorosito es el encargado de mover objetos y desplazarlos en el aire, al igual que enseñarle estas acciones a Sam para que logre atravesar aquella línea delgada y se haga “presente” de algún modo. Él no era visto, ni escuchado, ni sentido y es, a partir de este fenómeno, como comienza a hacerse oír, utilizando todo tipo de estrategia para realmente intervenir y evitar más daños a su amada.

Rodolfo Valss, vestido de blanco, es el antecesor del fantasma mencionado y con el que aprende algunos códigos. Códigos que tendrá que utilizar cuando precise para no meterse en problemas. En definitiva, el otro mundo, aquel que imaginamos a veces como oscuro y amorfo, nos enseña que es igual a este y que las personas malas y perversas solo caminan por otro sendero siendo lo mismo que eran.

Escenas de acción, de amor, de angustia, de peleas, descriptivas, analíticas; todas acompañadas por efectos visuales, música en vivo, canciones que dan cuenta lo que se está transitando y un escenario que se convierte en pantalla -recordándonos que el cine también puede verse en el teatro-.

ficha Ghost, el musical

Mariela Verónica Gagliardi

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