Este mes, a partir del próximo fin de semana, se vienen un montón de propuestas en cuestión de teatro para disfrutar a lo grande.
Algunas de ellas están dentro del marco de Festivales de la zona y, otras, son funciones programadas dentro del circuito de piezas artísticas de Teatro El Baldío.
Viernes 14 y sábado 15 de octubre, 21 hs. Dirección: Ana Victoria García.
Viernes 21 de octubre, 21 hs. Actriz: Laura Torres.
Sábado 22 de octubre, 21 hs. Dramaturgia y actuación: Daniela Del Franco. Dirección: Miriam De Luca.
El pretérito imperfecto es un tiempo que indica pasado. Se utiliza para expresar acciones que tuvieron lugar en el pasado, explicar cómo eran en otras épocas o qué hacíamos normalmente. En el presente, las mujeres estamos en proceso de un cambio de paradigma respecto a nuestra naturaleza, nuestra historia, nuestra cultura. Ernestina les presenta distintas situaciones en la vida de la mujer desde una perspectiva feminista y humanista, tratando temas sobre la hegemonía corporal, los vínculos, el amor, los patrones culturales, la lucha por la igualdad de derechos, el amor propio, la autoestima y les invita a repensarse.
Viernes 28 de octubre, 22.30 hs. Dramaturgia y actuación: Cristian Palacios. Dirección: Daniela Martin.
Un hombre solo en un páramo deshabitado cuenta una única historia que contiene, como todas las historias, fragmentos de otras historias, pedazos deshilvanados de chistes, mitos, relatos, recuerdos, pequeñas cosmogonías cotidianas, discursos políticos, fórmulas científicas, con el objeto de contestar una única pregunta ¿cuál es el sentido de todo esto, todo lo que es el mundo, todo esto?
Un delirio onírico atravesado por los mitos e historias de las que estamos hechos, por esas obsesiones que nos habitan, por esas preguntas que a lo largo de las épocas se siguen preguntando a sí mismas a través de los hombres.
Hay clásicos que se imponen a nuestros tiempos y hay que poder sacarlos de la biblioteca para exponer públicamente.
Muchas veces, las temáticas profundas y controversiales se consiguen abordar mejor, en formato artístico para -que quienes no se sientan en su amplia comodidad- sigan estando incómodos pero no por eso ajenos a la problemática.
En esta ocasión, “Casa de muñecas” (escrita por Henrik Ibsen y dirigida por Lizardo Laphitz) conserva la estética del 1.800, con tonalidad de madera y celeste pastel en sus muebles, así como una iluminación muy delicada y sobria que permite entrar en la historia de Nora (interpretada por Gabriela Puig), una mujer que quedó “encerrada” entre cuatro paredes, presa de lo que los hombres de su vida: padre y marido; quisieron para ella.
Por eso, como si se tratara de una muñeca, de un personaje, Nora intenta romper con todos los paradigmas, discriminación y violencia contra las mujeres.
Esta actriz, sorprende, ilusiona, y nos permite recorrer el clásico basado en la sociedad del Siglo XIX.
Acompañan a Gabriela Puig, un elenco de excelentes actores y actrices que nos presentan una versión tradicional pero muy actualizada, gracias a la dirección de Laphitz. Y este es uno de los puntos que más quiero resaltar: la delicadeza y precisión con que le da vuelo a la narrativa de Ibsen, logrando que cada personaje pueda abandonar el rol de víctima. Y qué fundamental se torna esto: una vez que nos damos cuenta de que somos víctima de una situación o de una relación (como es el presente caso), conseguir las herramientas necesarias para volar hacia otros horizontes sin sentir miedo por dejar lo que, de alguna manera, nos genera comodidad. Esa falsa comodidad que da más angustia que pasión.
Para quienes no tengan la fortuna de saber sobre este relato, Nora está casada con Trovaldo Helmer (Santiago Vicchi), un abogado que cree tener su vida y la de su esposa controladas. Este matrimonio tiene hijos, los cuales no aparecen presentes en la obra de teatro, pero sí son citados de diferentes maneras. Se suma Cristina Linde (Agustina Sáenz), amiga de Nora; a quien no ve hace muchos años y con quien se irán generando unas charlas más que interesantes, con muchos suspenso. Lo curioso es que el director, no hace explotar en ira a estas amigas como es esperable. Es como si prefiriera hacer reinar la paz en medio de tanto alboroto y que las dos mujeres puedan tramar su estrategia para salir lo más ilesas posibles del conflicto que surge en Casa de muñecas.
Elena, la criada (Luciana Lamota) interpreta uno de los papeles más desgarradores de la pieza artística y que no debe pasar desapercibido. ¿Por qué digo esto? Porque menciona que por temas económicos tuvo que dejar a su hija para aceptar su presente trabajo que, en un comienzo, era ser la nana de Nora. Dejar a su propia hija para criar a otra. Esos diálogos, entre lágrimas, que se vislumbran casi al final de la historia, nos dan la pauta de que no es un clásico que haya pasado de moda y que hoy, más que nunca, debemos leerlo, analizarlo, compartirlo y si hay obras de teatro como esta que la lleven a escena; acudir para verla.
Y dejando casi para el final a los dos hombres restantes: Krogstad (Alejandro Holm) y el Dr. Rank (Richard Courbrant) es que podemos completar el panorama de situación.
Un banquero y un médico que pululan por la casa de la familia Helmer, que generan intrigas, malos entendidos, que intentan romper con el statu-quo reinante y desbordar de amor hacia quien corresponda cuando así lo sientan.
En mi humilde opinión, esta obra no solo encarna el tema de la violencia de género sino del amor. El amor que, muchas veces, se intenta esconder debajo de la alfombra creyendo que así se olvidará y, cuando se da el momento “ideal” resurge como lava de volcán para quemar a quienes no se atrevieron y luego sí.
Más que impactantes las líneas agregadas por el director, al desenlace de la historia cuando Nora decide dejar todo para ocuparse de ella misma y, Trovaldo asume, abiertamente, que era el momento de separarse, de que esta pajarita cante y vuele hacia otros rumbos.
Es un espectáculo basado en el famoso clásico de Lewis Carroll. Cuenta la historia de «Alicia en el país de las maravillas», a través de canciones y las sombras de los personajes.
El famoso clásico de Lewis Carroll contado con canciones y teatro de sombras.
VIVO es un espectáculo experimental de improvisación, donde se postula la multiplicidad de la escena como factor determinante de la construcción, el intérprete despojado de todo artificio lleva la actuación a sus estados más primitivos y carnales.
Datos paso a paso:
El actor toma una máscara, y comienza a desarrollar una escena. Al termino de esta toma otra mascara y desarrolla otra escena. Cada situación se desarrolla como una entidad autónoma de creación. En la segunda etapa el actor comienza a desarrollar un donde re aparecen los personajes antes vistos, generando en este momento la multiplicidad dramática. De esta manera aquellos seres creados azarosamente comienzan a confluir en un relato u obra única. En esta etapa del show el intérprete deja las máscaras para utilizar las huellas que han dejado las mismas en su cuerpo. El resultado final es un material formulado por diferentes puntos de partida y que luego se convierten en una sólida obra.
Duración: 60 minutos Clasificaciones: Teatro para adultos
BELISARIO CLUB DE CULTURA Av. Corrientes 1624 – CABA Argentina Teléfonos: 4373-3465 Web: https://www.facebook.com/belisarioclub Sábado – 21:45 hs – Del 07/08/2021 al 25/09/2021
Tenía muchas ganas de ver “Verde agua” (escrita y dirigida por la gran artista Marina Lamarca). Así fue como una noche en que había un partido de fútbol, mi elección fue asistir a una función que en mi corazón se selló como inolvidable.
Mientras la ciudad parecía inmovilizada por una pelota, en el Teatro Border reflexionábamos sobre el lugar que ocupamos las mujeres, el feminismo, la solidaridad entre nosotras y el ímpetu por hacerle frente a un gran problema hace… desde el comienzo de la humanidad: el machismo.
Un público conmovido por la presente dramaturgia que nos logra atravesar, de un extremo a otro, desde que comienza la historia. Una historia que se centra en la Provincia de Entre Ríos, y más precisamente en la mejor empresa de embutidos del país. Con una puesta en escena conformada por salamines (bajo mi mirada hace una alusión perfecta con los pensamientos obtusos, anticuados y conservadores de muchísimos varones de Argentina), de distinto largo y grosor; nos inmiscuimos en una conferencia de prensa que es la más trascendente en la carrera del político Carlos Almada. A este acto acuden las mujeres que lo “respaldan”, al menos hasta ese momento: su esposa, hijas y secretaria de oficina. Pero, algo puntual ocurre: dichas mujeres quedan encerradas en un sótano con todos los embutidos y absolutamente todos los conflictos salen a la luz. ¿De la peor manera? Sí.
No puedo revelarles cada detalle porque perdería gracia la trama para quienes aún no tuvieron oportunidad de presenciarla. Lo que sí les puedo garantizar es que cuando las mujeres nos agrupamos, con diferentes modos de pensar, de vestir o de actuar; algo nos une: el hecho de ser MUJERES.
Creo que no existe poder mayor que el nuestro y no porque queramos competir con los hombres sino porque las mujeres tenemos la oportunidad de dar vida, algo tan valioso como ello.
Volviendo a Verde agua, tanto la dramaturgia como dirección de Marina Lamarca, son impecables, con un atractivo único y, al menos a mí, me hicieron brotar las lágrimas de esperanza, de que vamos por buen camino, de que todo acto de justicia (sea o no criticado por quienes no se sienten “parte”) dio y seguirá dando los frutos anhelados. Mientras tanto, la puerta permanece cerrada, la adulación hacia este político aumenta, los aplausos se oyen a lo lejos, quien iba a dar un discurso (por un motivo específico) no lo da; la violencia física y verbal van en auge… hasta que se produce un quiebre: el más inesperado de toda la obra. Cuando eso ocurre, el patriarcado empieza a disolverse, las furias a combatirse y las manos a abrazarse.
No hay peor odio que el que pueda surgir entre mujeres, no hay peor guerra que la que nos tenga enemistadas. El amor late en los corazones de estas excelentes actrices que interpretan increíblemente a estos personajes.
Pero el verde, pueden preguntarse por qué está presente en sus vestidos y es que quisieron combinar con la corbata de Carlos Almada (quien, por suerte, no está físicamente en la obra). Y sí. Cinco mujeres que están felices y dichosas de tener a este hombre en su vida cotidiana, cada una desde un lugar diferente y con un propósito distinto… Sus sonrisas que parecen pintadas como para la foto que saldría en la portada de la revista con mayor tirada; se vislumbran ficticias.
¿Cuánto tienen que fingir para no decaer? ¿Cuántas pruebas deben superar para subsistir? ¿Cuál es el peligro que las aqueja? ¿A qué le tienen tanto miedo?
Lo que parece ser, no es… se cae. No puede sostenerse, así como el sol no puede taparse con una mano.
Es el momento, el de la unión, el de la empatía, el de abrazarse y no juzgarse, el de callar a tiempo, el de solidarizarse sin rencor. El de decir ¡basta!
Lala, va mostrándole, al público, de manera humorística, todo su equipaje. Va descubriendo cómo lucir ante una posible conquista. Se prueba pelucas, recuerda anécdotas y aguarda a que pase “algo”.
En blanco y negro, Lala brilla más que la luz. Sus diversos personajes van surgiendo a lo largo de la historia, al igual que sus cambios estéticos.
Utilizando frases de canciones, consigue narrar desde una arista totalmente creativa, con el timing ideal para la fugacidad de internet.
De repente el color se hace presente y permite ilustrar pinceladas de un pasado que pretende impregnarse.
“Llegué para nacer” es un antes y un después, una vuelta de tuerca a todo lo que le pasa a Lala, con reminiscencias al género absurdo y unos títeres que cobran vida para jugar -por un rato- el código de la niñez en el que es posible reencontrarse.
Con un total manejo de la cámara, Lalo Moro interpreta, hace y deshace a su antojo; ¡y desearía que este personaje pueda formar parte de una serie!
Las protagonistas de MALAMADRE se rebelan contra lo que escuchan desde su niñez.
Movilizadas por las contradicciones del ser “buena madre”, transitan la realidad de lo posible para las mujeres.
Para ellas la maternidad no es un cuento de hadas y está lejos de ser una experiencia romántica. A través de distintos relatos, MALAMADRE traspasa el imaginario social para espiar el lado oculto de la maternidad. La directora y guionista Amparo Aguilar (Furia travesti: una historia de traVajo, 2015) se adentra en este universo desde su propia trinchera como madre. Así, entreteje el documental con su imaginario. El de sus propios hijxs y las entrevistas profundas a mujeres de diferentes clases sociales de Latinoamérica, sumergiéndose en aquello que no nos contaron sobre la maternidad.
Guión: Amparo Aguilar, Agostina Bryk
Actúan: Amparo Aguilar, Francisca Biazzi, Ariana Blanco, María Del Sol Carbo, Casandra da Cunha, Marta Dillon, Tatiana Fosalba, Alba García Aronno, Catalina Locatelli, Juan Locatelli, Estela López, Amaru Muñoz, Fernanda Peñarrieta, Elisa Pollini, Gaspar Salvador, Carolina Toninelli, Paula Villalba, Blanca Yañez
Mi familia es noctámbula. Sus vidas comienzan siempre después del mediodía: la primera en levantarse es mi hermana para preparar el desayuno. Horas más tarde se suma mi mamá y tiempo después mi padre, y ahí comienza la verdadera rutina, que ellos repiten todas sus tardes y sus noches. Solo salen para proveerse de comida y otras necesidades. Cada fin de año, en vísperas de las fiestas y de mi cumpleaños, viajo dos semanas y convivo con ellos. Todo pasa en la misma casa.
Dirección de arte: Edgardo Castro, Alicia Mabel Pepa
Dirección de fotografía: Inés Ducastella, Agustín Mendilaharzu
Dirección: Edgardo Castro
Clasificaciones: Cine, Streaming online, Adultos
Localidades Capital Federal – Buenos Aires – Argentina Web: http://www.comunidadcinefila.org Domingo, Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes y Sábado – 00:00 hs – Hasta el 28/02/2021
Escrito
en octubre 8, 2022