*** Noviembre 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘Tatiana Santana’

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Orgullosa de Evita

fanny-y-el-almirante1

ficha-fanny-y-el-almiranteCon una escenografía que nos ambienta inmediatamente en los años 50´, es que comienza esta historia. Una historia que fue real, pero será narrada brutalmente cómica por momentos para que podamos digerirla sin oponernos. Como saboreando un helado de chocolate al que no podríamos jamás decir que no.

La Revolución Libertadora le abre las puertas a un grotesco sin igual, muy bien interpretado por los cuatro artistas en escena, con un libro punzante como debe ser y con la fina pluma de una gran directora que los sabe llevar por cada uno de los recovecos de esta era.

Así es como “Fanny y el almirante” (dramaturgia de Luis Longhi y dirección de Tatiana Santana) nos invita ser espectadores de un íntimo y desagradable encuentro entre este personaje funesto de la historia argentina y la delicada actriz-amiga de Evita.

La iluminación cumple un rol central en la obra porque, gracias a ella, seguimos (al igual que en una película) lo que se quiere perseguir. Los relatos tienen mucho del séptimo arte y también de lenguaje teatral, una combinación perfecta para lograr la inmediatez y efectividad en cada una de las escenas desarrolladas.

En menos de una hora de reloj se puede conocer la síntesis y fragancia de lo que fue ese año 1955 en el país, de lo que había que callar y omitir para subsistir y de lo que había que aferrarse cuando se trataba de defender ideales hasta el hartazgo.

Nacida en 1920, Fanny Navarro (Rosario Albornoz) tuvo la suerte y desdicha de haber sido muy afín a la gran Evita. ¿Por qué digo esto? Porque podría haber dejado de existir en cuestión de segundos si el almirante (Luis Longhi) lo hubiera así ordenado. Porque con tan solo observar su dedo, habría visto relucir un anillo que su amiga le regaló en cierta ocasión y que no quiso quitarse jamás. Porque bastó que el autoritarismo se le plantara con graciosa voz, para que ella estuviera más segura que nunca de permanecer fiel a su sentimiento -sabiendo que no estaba cometiendo ningún crimen-.

Un cierto día, ella es llamada para una reunión (recibida por el secretario y Marino, interpretado por Lalo Moro). Su madre (Karina Antonelli) la acompaña totalmente temerosa y es así como se desarrollan unos diálogos deleitosos. A través de éstos, podremos reír a carcajadas burlándonos irónicamente del submundo recreado por estos uniformados, para ingresar en el código del grotesco y terminar lagrimeando -prácticamente en shock-.

Gracias Tatiana por dejarnos pasar una noche tan realista, tan cargada de todo lo que hace falta para no titubear entre lo que fue y será. Porque la excelencia de esta directora en todo lo que hace, permite que la política se escabulla sin que (quienes no son amantes de ésta) la sintamos. Si no se supiera de lo que se está hablando, bien podría tratarse de una reunión durante la cual un hombre intenta y pretende seducir a su presa. Una presa ingenua que reposará hasta dar el primer paso. Ahora, adentrándonos en el plano político, Fanny pudo haber tenido una mejor carrera en la que brillar pero escogió la que su corazón le dictó. ¿Existe acaso mejor elección?

¿Se puede borrar una amistad, un orgullo, una creencia, solo por temor a?

Como si fuera poco, tuvo una relación estrecha con Juan Duarte (hermano de Eva), la cual desencadenó en una casi tragedia desde el momento que apareció muerto.

Y en lo que respecta a los inicios de la vida política de Fanny, en 1949 se afilió al Partido Peronista, logrando militar a diario. Lo más curioso fue que cuando se enteró Evita, le otorgó un puesto: “La felicito. Desde hoy es la presidenta del Ateneo Cultural”. Desde este lugar, claro que ella conseguía transmitir el mensaje del partido pero de una manera más “elegante”.

De ahí en más, los días de Navarro fueron potencialmente cargados de pasión, adrenalina, amor y tristeza al ser descubierta. Como si se tratara de una rata que apesta. Así fue juzgada por Próspero Fernández Alvariño, este hombre que como todos los de su clase creían que podían hacer titubear a cualquiera que no los obedeciera a estos ladrones de patria.

Pobre, devastada, sin trabajo, viviendo con su madre, sin el amor de su Juan y sin Evita; Fanny acudió a esa charla ingrata. Claro que el golpe bajo tuvo que ser dado y el remate de la obra se da de tal modo que nos deja atónitos.

Para quien conozca la cronología de los hechos podrá saber de qué trata, aunque lo mejor es presenciar la puesta en escena despojados de tanta información. Sumergiéndonos en el lenguaje que se plantea, absorbiendo aquellos momentos de escalofríos -pudiendo sonreír al comienzo de la dramaturgia, para luego quedar en el letargo-.

Mariela Verónica Gagliardi

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El mundo fue y será miserable

La ópera de los 3 centavos15

La talentosa directora Tatiana Santana, fue contratada para hacerse cargo de la dramaturgia de Bertolt Brecht, llamada Die Dreigroschenoper -conocida como La ópera de los tres centavos o La ópera de dos centavos, entre algunos de los títulos más famosos- (con música de Kurt Weill); que conforma el trabajo final de residencia de los estudiantes de teatro de la Escuela Municipal de Formación Actoral Pedro Escudero (Morón – Gran Bs.As).

Esta propuesta es muy interesante, con un guión tan actual, a pesar de haber sido escrito antes de 1930 en Alemania. Su contemporaneidad, eriza la piel y da escalofríos.

Un argumento centrado en la economía de ese entonces y de ahora. El capitalismo enfrentando al comunismo, desde una mirada marxista que muestra al mendigo como delincuente y a los ladrones de pequeñeces como responsables principales de todo lo malo que sucede.

Llama poderosamente la atención cuando al inicio de la obra uno de los personajes dice que solo un mendigo pagaría para verla. Y, cuanta razón tiene con esa introducción ya que es difícil que los verdaderos responsables pueda asumir sus culpas y quitarse los guantes blancos para demostrar su delincuencia.

Los estereotipos se van confinando cada vez más y, es increíble lo innovador que resulta John Gay al escribir “The beggar’s opera” -La ópera del mendigo o La ópera del vagabundo- (con música de Johann Christoph Pepush), pieza artística sobre la que se basó Brecht para hacer una remake más moderna y conflictiva.

Polly Peachum, hija del comerciante de los mendigos; comienza una relación con un rufián que, al fin de cuentas, no es tan malo como parece.

Navaja es un delincuente que está metido en negocios turbios y su entorno es, básicamente, de alcohólicos, reos y ladrones.

Pero, cuando todo parece marchar “entre rieles”, Jenny, una prostituta -ex amante del Capitán-, con su cara de inocente y enamorada le tiende una redada al hombre.

Por un lado, puede notarse cómo los uniformados son resaltados, irónicamente, como los prolijos, poseedores del poder y portadores de la última palabra. A la vez que, del otro bando, se encuentran los mendigos, pidiendo una mísera moneda, vestidos con ropas que ni siquieran son de sus tallas.

El comisario Brown y el policía Smith, son dos personas que no solo abusan de su puesto de seguridad sino que maltratan a todos los que no son como ellos. Lucy, hija de Brown, también jugará con esto, utilizando la manipulación en mayor medida.

No puede entenderse cómo entre prostitutas y niña bien se lo disputan al Capitán. Es cierto que tiene carisma pero su principal aliada es la mentira, permiténdose ver a cuanta mujer quiera, inclusive estando tras las rejas.

Para la época en que Gay escribió este texto, las óperas solían tener cinco actos, mostrándose él como rebelde, haciendo que tan solo tres actos fueran suficientes para narrar lo más trascendente. Valiendo y apoyándose en el teatro italiano, John Gay, utiliza lo grotesco y la satirización para emitir los mensajes más crudos y reales que pretendía evocar.

La sátira es el género literario más recurrente durante la historia y, puede notarse, cómo Polly -prometida de Mackie- habla con un tono muy similar al de un dibujo animado, mostrándose superada, enamorada de su hombre del que ignora todo. Ella cree en cada una de sus promesas sin tomarse siquiera un momento para darse cuenta que está siendo ferozmente engañada.

No es el propósito de la obra -de ninguno de los dos autores- juzgar la inocencia femenina sino plantear la desigualdad presente en las clases sociales más notorias, dentro de las que siempre se estereotipó como moneda corriente que poco vale. Por eso, el título de Gay y, luego el de Brecht. Este último mantuvo casi fielmente el guión de su creador.

Durante esta versión adaptada de Tatiana Santana, lógicamente, no estuvieron presentes los caballos ni cierta escenografía inglesa o alemana. Bastó con un espacio que tenía a un lado al pianista y pocos elementos para contextualizar las escenas. El foco estuvo puesto, durante toda la historia, en las interpretaciones; debiendo los actores lucirse sin tener la opción de apoyarse en recursos secundarios.

En la obra de Gay, se respeta el canto lírico como pieza fundamental de la ópera. Mientras que en la versión de Brecht, el jazz se apodera de todo estilo anterior. Por último, en la puesta en escena de Santana directamente se quita lo lírico y todo vestuario y representación aristocrática, para narrar las vicisitudes de los más desposeídos, quienes se ponen encima lo que tienen sin poder escoger colores o texturas. El jazz es el que predomina a lo largo de los actos y todas las canciones son interpretadas en castellano.

Resulta toltamente gratificante saber que las prostitutas -representando otro de los lugares más relegados, siempre- en esta oportunidad, tienen la última palabra y la oportunidad de vengarse de este mal bicho que termina corriendo mejor suerte de la esperada.

Ni siquiera merece morir. Se lo deja suelto, resumiendo que un reo más en libertad…

Las voces suenan al unísono diciendo: “que el que vive sin problemas, venga a vernos, padecer”.

“El mundo no va a ser más inmoral si un reo se escapa del montón”.

La ópera de los 3 centavos ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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No se puede aniquilar la fe

La bestia rubia12

 

 

 

 

 

 

En 1974, el Padre Mugica, fue fusilado. Existen distintas versiones respecto al origen del asesino. Algunos se inclinan porque habría sido un miembro de la Triple A. Mugica estaba brindando una misa en la Iglesia San Francisco Solano (Villa Luro) y, al cabo de un instante, su cuerpo baleado se derrumbó en el piso.

“La bestia rubia” (escrita por Andrés Gallina y dirigida por Tatiana Santana) toma el asesinato y vida del Padre para, a partir de la danza, recrear el antes y después de la sociedad, una sociedad de clase baja -representada por este humilde hombre- que se nutría del peronismo para darle su amor a los más necesitados.

Por esos años, este partido político estaba vedado. Pero los religiosos, de alguna manera, también. Lo espiritual es opuesto a la dictadura. El amor, también.

Mugica, además, era un hombre que se enamoraba, que sentía pasión por el fútbol y el automovilismo. Él, rezaba para que Fangio y Racing salieran campeones. Hasta que optó por dejar de lado sus pedidos y orar por los pobres, iluminándolos.

Rodolfo Eduardo Almirón, supuesto autor material del hecho, barrió a uno de los curas más bondadosos de la historia, por envidia. Que no sea lea como imbécil este comentario. Quien precise derramar sangre para sentir que sus ideas triunfaron y que tiene poder, está en vías de lograr exactamente lo contrario. Cómo puede ser que un embajador de Dios, que le dio tanto a la población religiosa y atea, no pueda estar presente para continuar con su mandato terrestre.

Estratégicamente hablando, un Cura tiene la posibilidad de llegar con sus palabras y oraciones a una gran cantidad de gente que confía en él. En cambio, un uniformado de la AAA, intenta predicar política sin ser político y utilizar la fuerza para exterminar a quien no se pliegue a su movimiento. Tristemente, esa fue la realidad.

La obra de teatro no precisa demasiados diálogos ya que las canciones se encargan de hilvanar una escena con la siguiente, además de utilizar al baile como herramienta total de expresión. La danza contemporánea es la encargada de demostrar lo que pudo sentir este seguidor fiel de la fe al morir, teniendo tanto por hacer en el mundo, abandonando un estilo de vida par ir a otro mundo diferente, para el que aún no estaba preparado.

“Un hombre fue ajusticiado hace 1900 años, en el Monte Calvario, en el Monte Calvario…”

Este verso, suena y resuena en mi cabeza durante la obra y después de la función. Se apodera de mí por la fuerza que tiene cada una de sus palabras, por el acento que se hace en el catolicismo, en los héroes y en la forma que tienen de ver a un hombre común como depositario de su alma, siendo de origen judío.

Jesus de Nazaret, Carlos Mugica. Ninguno de los dos eligió morir de tal manera. Uno crucificado por un pueblo religioso que lo consideraba traidor y el otro por un movimiento político que lo consideraba también traidor.

¿Por qué se lo consideró a Mugica de ese modo? ¿Quién se creyó su asesino para aniquilarlo, considerándose dueño de la verdad?

La palabra del padre no dañaba, enaltecía, mientras sus ojos claros como el mar, brillaban. Es increíble el parecido entre el Padre y el actor Nelson Rueda. Observo una foto de cada uno y sigo encontrando similitudes. Parecen, inclusive, la misma persona, fotografiada en distintos momentos.

Con respecto a la banda sonora, realizada por Rony Keselman, deleita profundamente. Le otorga un peso fundamental a la historia, impidiendo que caiga en alguna ocasión. Cada momento de tensión se escucha, se ve y se siente. Las tres disciplinas (danza, canto y actuación) se fusionan tan bien que deseamos que “La bestia rubia” no finalice nunca.

Todos los actores y bailarines-actores tienen un compromiso enorme con lo que hacen, además de su profesionalismo plasmado en cada movimiento. Laura Figueiras se muestra, al igual que en otras obras, como un ave que levanta vuelo sin pesar. Su cuerpo adopta la postura que ella desea y desde las acrobacias aéreas hasta en el piso transmiten mucho más que una performance. Es ese don innato que no se estudia ni adquiere, es aquello con la conforma como una artista completa, íntegra y distinguida.

Nelson Rueda nos lleva a congregar y plantea la religión de tal forma que no se siente un fanatismo. Él representa al Padre, lo interpreta, habla como hubiese hablado y dice lo que hubiese dicho. El espacio escénico no tiene más que una pared con la V y la P, ya conocida la combinación por todos los argentinos. Todas las representaciones nos permiten situarnos en tiempo y espacio gracias a las coreografías y a la música. Debo decir que los movimientos se entrelazan con los diálogos y con cada uno de los silencios, espontáneamente sin sentir que se fuerzan situaciones con tal de exponer una comedia musical.

Creo que Mugica desde el cielo, sigue iluminado como soñaba y está agradecido porque se siga hablando de él tan maravillosamente -expresando su mandato artísticamente-. El arte, como la fe, perduran con el tiempo y son las únicas cosas que nadie, jamás, podrá matar.

La bestia rubia

Mariela Verónica Gagliardi

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Los suburbios tienen aroma a Cachafaz

Cachafaz1

“Cachafaz, adiós milonga querida. Cachafaz, al compás del bandoneón”. Esta estrofa sonaba y resonaba en mi cabeza, una y otra vez, buscándole el sentido a la obra, a los relatos, a la intencionalidad de la pieza artística.

El personaje picaresco, chanta y adorable que encarna Emilio Bardi en los suburbios de un conventillo, donde vive con La Raulito (Claudio Pazos), su compañera, es una de las cuestiones más sobresalientes de la pieza teatral de Copi -dirigida por Tatiana Santana-.

Ellos hablan en forma de payada, ambientados como en la década del 40´, sintiendo el tango, la milonga, hablando en lunfardo y actuando instintivamente en un mundo donde el que no garronea algo está perdido.

Cuando empezamos a introducirnos en la historia, notamos como él es un borracho y “ella” trabaja de mucama pero la echaron por la barba crecida. Esta pareja no tiene demasiado tiempo para deprimirse ni llorar por los rincones. El dinero no les alcanza, no hay trabajo que dure y el Cachafaz chamuya con que tiene que inspirarse para escribir, narraciones que nunca llegará a publicar porque las ideas no le surgen demasiado.

Una de las cuestiones que me asombró fue la gran cantidad de personas grandes y que en ningún momento se horrorizaron ante las palabrotas esbozadas por los protagonistas. CachafazEs que en los burdeles, en los conventillos y en esa clase social, era moneda corriente escuchar ciertas expresiones.

En cierto momento escuchamos una canción sobre la pija que ella le canta a él, con ritmo de milonga. Los dos, felizmente, se tocan, danzan y expresan su sentimiento -tan profundamente- que logramos entender el amor que siente uno por el otro.

Estos personajes tan especiales, se enfrentan a la autoridad policial ante cualquier adversidad. Un día, el uniformado toca a la puerta y quiere arrestarlo. Explica el motivo y dice que están culpando al Cachafaz de haber robado cosas, lo cual es cierto. Y es que él tiene que hacerlo para sobrevivir monetariamente.

Mientras la comedia musical prosigue su eje emblemático y cada una de las trabas surgidas, las vecinas dentro del conventillo, le cantan a La Raulito sobre las cosas que les robaron.

Aunque no tienen solo un modo de proceder negativo. También se dedican a abastecer a la ciudad Pardo con carne, aquella carne surgida de los cuerpos matados. De esa manera, tienen otro ingreso para intentar mantener su humilde vivienda.

Pero la desfachatez hace que el delinquir sea un detalle y que todos sus actos sean justificados -de alguna manera- por su amada. El Cachafaz canta sobre su inspiración y dice versos como: “El hombre es un enemigo negro, blanco, pobre o rico; pero ninguno es pavo real”.

En cuanto regresa la policía, intenta arrestarlo pero él lo termina matando. No es un asesino a sangre fría, simplemente un hombre práctico. Claro que no sabe que acaba de asesinar a un familiar muy cercano, pero éste no es motivo suficiente para que se entristezca ni tenga cargo de conciencia. Un hombre raudo como él está para otras cosas.

Otra de las situaciones más relevantes de la historia es la referida a la noche en que van a comprometerse. Dicha unión surge a partir del asesinato del último vigilante y al robarle su anillo, se da cuenta de que puede dárselo a ella. La Raulito va a estallar de felicidad, aunque Cachafaz2más tarde una desgracia se avecinará, la cual romperá con toda la dicha.

La puesta en escena es oscura, arrabalera, con un cuerpo de baile que expresa los sentires de cada situación, sumado al agregado de sus voces -las cuales no podrán ser silenciadas-, y el lujo de contar con tres músicos que interpretan con sus instrumentos las melodías de las canciones en vivo.

“Pedile perdón al cielo por haber comido humanos”, dice uno de los vecinos. A lo cual podemos agregar que cuando la desesperación es tan grande no hay moral que prevalezca. ¿Está bien consumir animales y no humanos? El especismo presente nuevamente. En otra época, en otro contexto sociocultural. La quietud predispone al hombre a aceptar que es ético asesinar a los inferiores y, sin embargo, es incorrecto comerse entre pares.

Cuando el corazón deja de latir, cuando éste es lastimado, herido, imposibilitado de seguir con su sonido interno, recién ahí los valores más profundos salen a la luz. La humanización del humano.

Ficha artístico-técnica Cachafaz

 Mariela Verónica Gagliardi

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Cachafaz: últimas 4 funcionesc

Jueves 15, 22 y 29 de noviembre y 6 de diciembre 

GANADORA DE 4 PREMIOS HUGO AL TEATRO MUSICAL

De Copi Con Emilio Bardi y Claudio Pazos. Dirección: Tatiana Santana. Coro de vecinas: Rosario Albornoz, Catalina Lescano, Patricia Martínez, Pilar Rodríguez Rey. Coro de vecinos: Andrés Granier, Marcelo Lirio. Músicos en escena: Joel Maiante (guitarra), Pablo Martínez (percusión) y Eugenio Sánchez (clarinete). Coreografía: Mecha Fernández. Composición musical: Rony Keselman.
“¡Robarle el fuego al infierno es mucho más que capricho, robarle nieve al invierno no se atrevería ni un bicho!” Copi, con su mirada descarada, irónica y arriesgada, nos enfrenta a esta historia de guapos de conventillo. Cachafaz y La Raulito, entre el hambre y la indecencia, entre policías y vecinos, son los héroes desvergonzados de ésta, su última payada mistonga morocoté. Cachafaz nos toma, nos mezcla, nos deglute y nos vomita. Nos hace ver lo que no podemos, o no queremos ver al transitar la experiencia de este conventillo en ruinas.

Funciones: Jueves a las 21 / Localidades: $ 70.- Estudiantes y jubilados: $ 40.-
Teatro Del Pueblo – Av. Roque Sáenz Peña 943 – C.A.B.A

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