*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Hoy tengo que creer

¿Eres mía todavía?
Necesito tu amor, yo…
necesito tu amor.
Dios me manda tu amor (lo acelera hacia mí)

Ghost foto

Probablemente al mencionar esta película, la primera imagen que se les venga a la mente sea la del cuenco que Molly estaba fabricando. Una imagen que sensibilizó a millones de espectadores.

En el año 1990 se estrena el film estadounidense: “Ghost, la sombra del amor” (con libro y letras de Bruce Joel Rubin, y música y letras de Dave Stewart y Glen Ballard). La misma, recorrió durante todos estos años, una y otra vez, las pantallas de los hogares -enamorando a más de una pareja-. El sueño del amor eterno pareció y parece llegar para quedarse, creyendo que quien muere solo lo hace físicamente pero que su alma deambula en busca de aquello que aún necesita.

Llamado fantasma para provocar miedo en aquellos que cometieron crímenes y compañía en Molly (Jennifer Schomberger) que amaba a su hombre (Matías Mayer), reprochándole palabras y cosas que, en definitiva, no servían demasiado.

Esta adaptación del guión original (a cargo de Marcelo Kotliar), dirigida por Marcelo Rosa, con Gerardo Gardelín en la dirección musical; no pretende ser una copia de la película sino rescatar los momentos más trascendentes, con dos protagonistas (Jennifer y Matías) que se lucen de principio a fin y que no se parecen ni a Patrick Swayze ni a Demi Moore.

Es un acierto. Toda copia, sobre todo tratándose de una del país del norte, con otro idioma, podría resultar un verdadero dilema al momento de la representación.

Durante la función pude observar al gran público adolescente que no comprendía bien el argumento. De por sí, supongo que la mayoría que se acercó a ver Ghost, sabe al menos la sinopsis, pero, comprender lo que siente Molly al perder a Sam, cómo cambia su vida, cómo se desespera sin entender por qué no fue ella la elegida, cómo puede hacer para creer en aquello que no ve; no puede ser asimilado por aquellos jóvenes que creen que sus vidas son infinitas.

Distinta fue la actitud de los adultos que se emocionaron, lloraron, sonrieron desde el alma, recordaron cada una de las escenas de la película y aplaudieron por la Whoopi Goldberg (interpretada por Natalia Cociuffo) que hacía de Oda Mae Brown -la vidente que operaba de puente entre los dos amados-. La figura de esta actriz, tan talentosa, trajo humor a la desgracia y su soltura a lo largo de la historia demostró que inclusive en los momentos más angustiantes es posible sentir esperanza.

Un Matías Mayer que sigue evolucionando en el género de comedia musical, dejando todo en las tablas, interpretando a Sam conmovedoramente, proyectando su voz a partir de las partituras en las que se apoyan los grandes músicos -los cuales hacen vibrar, aún más, la tensión de la dramaturgia-.

Resumiendo la parte argumental, esta comedia dramática se basa en una pareja que acaba de mudarse a un departamento, en pleno corazón de Brooklyn (Estados Unidos) y vive su amor como el primer día. Un día, como cualquier otro, un delincuente le quita la vida a Sam y, de ahí en más, la historia se divide en dos: por un lado en el amigo heredado de Sam, Carl que intenta conquistar a Moly; y, por otro lado, en el thriller que surge deleitosamente, convirtiendo las escenas en un policial.

Considero que es una apuesta muy jugada el adaptar una película al teatro y, sobre todo, convertirla en comedia musical. Sobre todo porque el canto podría quitarle cierto grado de drama -lo cual por momentos ocurre- y está bien que así sea ya que la propuesta pretende esbozar el amor que trasciende todo tipo de batallas y fronteras, enfrentándose a la cantidad de obstáculos necesarios como para conseguir que el sentimiento continúe lo más puro posible.

Existen personajes que son, más allá de los protagonistas, quienes ilustran y le dan el sello distintivo a la historia: el Fantasma del subte (Marcos Gorosito) y Oda Mae Brown (la cual mencioné anteriormente). Ellos dos consiguen mostrar que existe otra “vida” después de la muerte en la que se puede continuar lo que no se llegó a finalizar en esta vida.

Marcos Gorosito es el encargado de mover objetos y desplazarlos en el aire, al igual que enseñarle estas acciones a Sam para que logre atravesar aquella línea delgada y se haga “presente” de algún modo. Él no era visto, ni escuchado, ni sentido y es, a partir de este fenómeno, como comienza a hacerse oír, utilizando todo tipo de estrategia para realmente intervenir y evitar más daños a su amada.

Rodolfo Valss, vestido de blanco, es el antecesor del fantasma mencionado y con el que aprende algunos códigos. Códigos que tendrá que utilizar cuando precise para no meterse en problemas. En definitiva, el otro mundo, aquel que imaginamos a veces como oscuro y amorfo, nos enseña que es igual a este y que las personas malas y perversas solo caminan por otro sendero siendo lo mismo que eran.

Escenas de acción, de amor, de angustia, de peleas, descriptivas, analíticas; todas acompañadas por efectos visuales, música en vivo, canciones que dan cuenta lo que se está transitando y un escenario que se convierte en pantalla -recordándonos que el cine también puede verse en el teatro-.

ficha Ghost, el musical

Mariela Verónica Gagliardi

Un reset con secuelas

Borratex

Una comedia musical que mezcla la ironía, el absurdo y el humor negro, para transitar temas realmente profundos que son tomados por un grupo de personas, como superficiales.

¿Cómo sería eliminar todo lo que no te guste de tu mente?

«Borratex» (con texto y letras de Estefanía Di Bona y Javier Valdez; dirigida por Marcos Rauch) ganó el Concurso de Teatro Musical 2014 de la Fundación Julio Bocca y acaba de estrenar en el Método Kairós, brindando una función llena de pasión y a sala llena.

Una empresa clandestina es la que ejemplifica cómo opera una institución privada, capitalista y llena de códigos que hacen sentir felices a los trabajadores -encegueciéndolos por completo-.

Como si se tratara de una luz solar que los obnubila y hace ver una realidad que no es justamente la realidad ni la deseada por un humano.

Franco (Marco Gianoli) es contratado como empleado por Griselda (Vicky Carambat), la jefa del establecimiento. Entre un vestuario de color violeta (que significa transmutación), sonrisas pintadas cual dibujos animados y un ánimo sorprendente es que se va conformando esta historia que es simplemente un retrato de muchos individuos desolados, trabados, sufridos y sin fuerzas para salir adelante.

Desde la capacitación hasta el puesto más alto, Franco aprenderá a utilizar este sistema de borrado que no es ni más ni menos que el usado por ciertas instituciones psiquiátricas. Existen muchos puntos verosímiles que producen la carcajada del público por la cantidad de códigos humorísticos utilizados para tal fin.

Una ambivalencia que lleva el contenido al punto máximo del absurdo y que ridiculiza ciertas situaciones internas y externas del ser humano, para hacer pensar al espectador, además de hacerle pasar una velada encantadoramente divertida.

El ensamble de bailarines se fusiona con el relato para tener, también, participación el el mismo, debiendo mostrar su talento actoral y vocal.

Otra de las propuestas dirigidas por Rauch que despertarán el interés de todo aquel que tenga ganas de ver algo diferente, muy bien realizado, con una Carambat que transmuta como el violeta, llegando a límites altísimos del imaginario humano. Su voz y su carisma siempre la convierten en una artista muy querida que cada vez que toca el escenario es para dejar su huella irremplazable.

¿Por qué el hombre precisa olvidar, aniquilar pensamientos que lo perturban, en vez de afrontar?

En medio del caos, de un stress que no afloja y de todas las presiones propias y ajenas; ¿qué remedio más efectivo podría existir que borrar lo que “no sirve”?

«Borratex» juega con los límites de lo posible e imposible, de lo lo moral y amoral, de lo que se juzgaría correcto o incorrecto. Dentro del universo lingüístico planteado, estos empleados arriesgan sus vidas para ser felices. Aunque dicha felicidad no sea real y les pueda provocar el peor desenlace.

Si no existieran las secuelas, ¿darían todo por solo vivir una vida color de rosa?

Una equivocación: eliminada. Un mal momento: eliminado. Una noticia triste: eliminada. Todo lo que hace mal: eliminado. La cuestión es de qué manera se desarrolla un día cualquiera en que alguien te pregunta si te acordás de tal persona o cosa o situación y tu mente está en blanco.

Un cruel procedimiento que pretende traer felicidad a la persona sin tener conciencia de lo que se está haciendo. Un procedimiento invasivo que divertirá en el Kairós, rodeado de alegría.

«Borratex» es como un reset que llegará bastante lejos, mientras asuntos pendientes se resolverán, algunos romances aparecerán y la línea entre sueño, pesadilla y realidad dejará de existir por momentos.

Todo lo confuso se volverá tradición y no habrá demasiados cuestionamientos al orden establecido. Como un engranaje perfecto, puede fallar o reciclarse.

ficha Borratex

Mariela Verónica Gagliardi

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Fiel a sus principios

Antígona Vélez

En el año 1951, Leopoldo Marechal escribe Antígona Vélez, basándose en la Antígona de Sófocles.

Si bien Marechal conserva vivo el argumento original, lo adapta a la época de la Conquista del Desierto en Argentina, una época en que miles de aborígenes fueron, no solo privados de sus derechos, sino exterminados de sus tierras.

El eje central de la dramaturgia, con dirección de Marcelo Silguero, consigue destacar los principales sentimientos de aquella mujer que sufría por el destino de su hermano, a quien se considera un traidor.

Justamente, en torno a la traición, surgirán los versos más sentidos y desgarradores de Antígona que dará su vida para que se haga justicia. Al menos lo que ella considera como justo.

Una solitaria y firme mujer (interpretada por Verena Smith) que da su alma, su corazón y cada una de sus palabras en honor a Ignacio, un hombre humano que tuvo valor para unirse a los Pampas y arriesgarlo todo. Mientras tanto, la Ley de una familia, hará hasta lo imposible para resaltar la grandeza del otro combatiente, hermano de Ignacio y Antígona, llamado Martín; a quien se enterró como un luchador de verdad.

Esta contraposición entre leal y desleal, traza el camino de toda esta historia surgida en el Siglo XIX, una narración que va acompañada por dos músicos que ambientan cada escena, para que el espectador sienta dolor, angustia y ese aire encantador de Antígona que es mujer, hermana y luchadora.

Con respecto a la muerte de ella, las vueltas de la vida hacen que Don Facundo (Diego Dinkel) la mande a asesinar, sin imaginar que su propio hijo, Lisandro (Javier Mirez), correría la misma desgracia. Ese desenlace lo hacen entender que la sangre no será en vano y que quienes cosechen en un futuro en esos campos, serán los nietos que nunca podrá en verdad tener.

Se puede contemplar una escenografía que fusiona lo autóctono con lo cool, valiéndose de efectos de llamas que prenden y apagan de acuerdo al relato en vivo. Y, en cuanto a la iluminación, consigue ser parte de la dramaturgia ya que no solo proyecta luz sino que sirve al momento de cambiar de una escena a otra, situándonos en las tierras desoladas para, luego, hacer caer la noche en que lo peor ocurre.

Esta pieza artística es una brillante adaptación en la que se destacan tanto Antígona como Lisandro, al igual que otros personajes secundarios entre los que se encuentran Carmen, hermana de Antígona, (Paula Viola) y una de las brujas (Vivi Campos).

Centrándonos en el origen de esta historia, la misma surge como un Mito en el que se encuentran: Antígona, su padre (Edipo Rey, recientemente fallecido), su madre (Yocasta) y hermanos (Eteócles, Polínice e Ismene). El argumento solo cambia los nombres de los protagonistas al igual que el motivo de las rivalidades, pero la esencia es exactamente la misma.

Ambos hermanos varones debían turnarse para estar en el trono un año cada uno; pero Eteócles no quiso cumplir con la regla y llamó a un ejército contra Tebas -el cual salió victorioso- y ambos hombres se mataron mutuamente.

Un hermano más valiente que el otro, que corre con distinta suerte, que la misma familia es la culpable de su muerte y, por una cuestión de poder, aparece el Rey Creonte -hermano de Yocasta y tío de estos guerreros- para ocupar el trono que estaba libre.

Esta fiel mujer a sus principios, al igual que Antígona Vélez, entierra a su hermano Polínice y luego se ahorca para no ser enterrada viva como se había previsto. Su amado, en este caso, Hemón (hijo de Creonte) se quita la vida y así finaliza el mito.

Es realmente increíble el poco peso que tiene en un sentido la familia y el gran peso que tiene en cuestión de fuerza y poder. Cómo quien quiere cumplir con una voluntad no es dejado y cómo quien desea abrirse camino por otro lado, es condenado.

En el año 442 A.C. se representó por primera vez la versión de Sófocles y puede notarse la contemporaneidad del tema. Quizás, actualmente, un “traidor” no sea penado tan extremamente pero sí existen infinitos ejemplos para dar cuenta del tipo de castigos a los que son sometidos quienes no obedecen lo que un superior (no siempre elegido por el pueblo) dictamina.

ficha Antígona Vélez

Mariela Verónica Gagliardi

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Un melodrama según Puig

Yo siempre me soñé novela

Cuando se juega con llevar una pieza teatral a un extremismo semejante, pueden ocurrir dos cosas: que resulte excelente o un producto decadente.

Esto le mencioné a una de las actrices de “Yo siempre me soñé novela” (escrita y dirigida por Edgardo Dib), cuando terminó la grandiosa función.

No siempre existen artistas que se animen a apostar para desafiar al destino. Edgardo Dib, sin lugar a dudas, apuesta, crea, arma y confecciona una dramaturgia de forma artesanal. Y me refiero a esto último como algo deseado y anhelado.

Como un homenaje, de cierta forma, al género de telenovelas de los años setenta y ochenta, se puede ver cómo Milagros Alarcón y Gilda Scarpetta interpretan a personajes femeninos de “Rolando Rivas taxista” y “Rosa de lejos”. Dos telenovelas que se apoderaron de los hogares en plena dictadura militar. Una en blanco y negro, la otra a color. Ambas románticas, para enamorarse y con todos los detalles conformaban a aquellas novelas que se repetían durante largas temporadas en la pantalla chica.

Cegueras inesperadas, un Juan Carlos tironeado y deseado por dos mujeres ciclotímicas y rivales que pelean hasta el cansancio. Golpes que hacen terminar a una en silla de ruedas, sin voz. Repentinos cambios de estado, de ánimos y escenas que componen a este melodrama que, en tono sarcástico, provoca la risa inmediata.

Milagros y Gilda, merecen ser destacadas tanto por los personajes que realizan en escena, como por el acento que requiere cada uno de ellos, por los cambios de vestuarios inmediatos, por la composición de máscaras en sus rostros, por la excelencia y respeto por un género tantas veces menospreciado por un sector de la sociedad.

En cuanto al modo en que está narrada la historia, Dib utilizó la manera en que Manuel Puig escribió “Boquitas pintadas”. O sea, una manera no convencional de atravesar historias paralelas, con personajes que no se conocen, con diálogos o monólogos que surgen espontáneamente, con cartas que se sirven de discursos no lineales y con la figura de ciertos autores o el mismo Edgardo Dib, firmando dichas escrituras.

Esta manera de componer un relato, en el caso de Puig, es sumamente atractiva y le permite al espectador reconstruir todo lo que observa sin tener el material servido como suele ocurrir en una novela de la tele por ejemplo.

Al entrelazar dos épocas y dos dramas vistos masivamente, es que se logra exponer ambas para plasmar el juego de la creatividad.

Por más que el público no haya visto estas novelas, ni leído a Puig, no significa que no vaya a comprender la trama, la secuencia y la originalidad discursiva. Puede, perfectamente, disfrutarse en los dos casos y el resultado a nivel opinión será muy diferente.

Al tratarse de dos historias de la televisión argentina, acompañan las escenas aquellas publicidades más recordades de ese entonces, interpretadas por las propias actrices que lucen como dicha época. También, no podrían estar ausentes, las canciones de Andrea del Boca, y otras que se suman a este delirio exitoso.

«Yo siempre me soñé novela» es también un proceso de filmación, un intercambio de anécdotas femeninas, de madres con hijos, de vivencias personales y de una atmósfera artificial para soportar la vida real que estaba aconteciendo a nivel político y social.

El arte siempre sirvió para distraer, aunque me atrevo a afirmar que para cultivar intelectos perdidos o abandonados ante tanto dolor.

Alberto Migré, Carlos Gardel y una cadena de nombres que ilustran y decoran unos años llenos de artistas que desafiaban todo tipo de crueldad para impregnar su sello de actuación.

ficha Yo siempre me soñé novela

Mariela Verónica Gagliardi

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2 x 4 = cuarteto

Tango corrupto

El tango empezó siendo un género musical para una clase baja y discriminada en varios aspectos. Con el correr del tiempo alcanzó a los sectores más altos y desde hace décadas que recorre el mundo fascinando con parejas de bailarines y orquestas a toda persona que no lo conocía o sabía demasiado.

Acá, en Buenos Aires, resulta imposible no tener algún acercamiento ya que los adoquines, los nombres de algunos pasajes y estaciones llevan los nombres de quienes fueron escribiendo la historia desde los suburbios, las pulperías y el for export.

Este espectáculo denominado “Tango corrupto” me lo apropio y considero que todo extranjero que lo vea y escuche no podrá sentir lo que, localmente, se siente.

Casi todas sus canciones parecieran recrear el folklore de una tradicional fiesta de cumpleaños o casamiento en nuestra sociedad. Con solo mirar el folleto del show podemos notar que se tratará de algo diferente y con una impronta, nuevamente, para los sectores más relegados. No con esto considero que se base en algo de mala calidad sino todo lo contrario. Un espectáculo que fomenta, a mi parecer, la inclusión social en un lugar como Molière que podría no considerarse para tal fin.

Así como la política corrompe, traspasa límites y llega un momento en que solo le importan sus propios intereses: esta pieza artística ideada por Oscar Lajad y Julio Panno (dirigida por éste último) yirará por diversos lugares. Al menos eso es lo que se percibe mientras se desarrolla Tango corrupto.

El cantor Oscar Lajad no solo interpreta canciones sino que narra anécdotas de su Salta querida, comparándola con la Ciudad Porteña, creando una atmósfera propicia para que la velada sea única e increíble.

Se trata de un recital no convencional que incluye en su repertorio canciones como: “Fiesta” (Raffaella Carrá), “Devórame otra vez” (Azúcar Moreno), “Lo mejor del amor” (Rodrigo Bueno), “Chindolele” (Xuxa), “El firulete” (Julio Sosa), “Hola Don Pepito” (Fofó y Miliki), “No me arrepiento de este amor” (Gilda), “Don” (Miranda), “Sobreviviré” (I will survive – Gloria Gaynor), “Mentirosa” (Ráfaga), “Como bolita” (Ktrask), “Corazón con agujeritos” (Chiquititas), “Ciega, sordomuda” (Shakira) y “A quién le importa” (Thalía), entre algunas de las que sonaron durante la noche.

Así se puede notar un gran trabajo por parte de Gustavo Calabrese (quien hizo los arreglos musicales) y de Romy Terzo (la pianista y directora musical); quienes en conjunto consiguieron un resultado conmovedor para todo amante del tango.

Hay que tener en cuenta que Tango corrupto no es para un público susceptible ni conservador, sino para quien desee innovar, conocer algo diferente y luego juzgar según ciertos parámetros personales.

Lo que no se puede negar es que tanto Oscar como Sandra Guida, brillan en escena, cantan a la vida, deambulan por melodías que van desde la cumbia hasta el pop y todo suena a tiempos de antaño. Para esto se precisa de un equipo talentoso como este y de una orquesta que acompañe. La Falsa Orquesta de Señoritas como decidieron denominarla, está integrada por: Julia Peralta (bandoneón ), Carolina Rodríguez (violín) y Federico Salgado (contrabajo).

Esta gran simulación del Siglo XIX nos hace vivenciar momentos muy agradables en que las palmas homenajean no solo a ellos sino a los creadores del tango, a quienes dejaron su huella, a quienes aportaron su granito de arena y a quienes continúan otorgándole -siempre- su corazón.

Mientras la señora con quien compartí la mesa, me decía que soy muy joven para conocer la canción de Hola, Don Pepito; mi alma estallaba de felicidad por el recorrido musical en que reviví mis primeros años de vida, el globo que bauticé con el nombre de dicha canción y toda mi adolescencia unida a las milongas de Buenos Aires en que gasté y rompí zapatos hasta el amanecer. Esto es mágico, es energía en movimiento y la suspicacia para inventar un producto sofisticado valiéndose de todo lo existente. Como si se tratara de un reciclaje cultural que pretende abrazar a todos por igual, a la vez que Sebastián Colavita se desplaza por la pista de baile y configura un baile de a dos o de a tres, según la ocasión.

Rompiendo con las estructuras tradicionales es posible fomentar espectáculos como Tango corrupto, un espectáculo en el que se siente alegría en el corazón y una sonrisa cada vez más grande.

Observando a mi alrededor pude confirmar que el público diverso tiene que ver con la propuesta. Jóvenes, adultos y adultos mayores, de diferentes clases sociales estuvieron felices de ser parte de esta transgresión.

ficha Tango corrupto

Mariela Verónica Gagliardi

Una carta al más allá

Querida mamá

Una casa en las afueras de la ciudad, rústica, en plenos años noventa. Una joven en pijama, deambulando. Una señora más grande, con ropa clásica, con los pelos anaranjadas que le cubren parte de su frente y dejan relucir su personalidad.

«Querida mamá o guiando la hiedra» (basada en textos de Hebe Uhart, escrita por Laura Yusem y dirigida por ésta última) es una obra de teatro que también invoca (al igual que Mariposa de pies descalzos, dirigida por Yusem) al mundo de los muertos y al más allá.

Una madre (Martha Rodríguez ) y su hija (Julieta Alfonso) se comunican, desde universos paralelos, como si el tiempo no las distanciara. Esta narración que pertenece a un realismo mágico, cobra un vuelo tangible que no deja de sorprender.

Se ve plasmado un excelente trabajo por parte de las dos actrices y una clara línea divisoria entre la vida y la muerte. Más allá de dicha división, es posible hallar dos encuentros entre ambas mujeres: uno que existe gracias a la imaginación y otro por una realidad ficticia que las une para que recuerden y sanen gratos momentos que desearían volver a tener muy cerca, dejando de lado las peleas de la convivencia cotidiana.

La música e iluminación consiguen ambientar cada escena en que las actrices interpretan sus sentires. Unos sentires que van desde la alegría, el anhelo, la desdicha, el abandono y el dolor.

Acostada sobre un mueble campestre, ella fuma y larga un humo, lentamente, para sentir la presencia de su mamá. Una mamá que es dulce y también rígida, que pretende tener todo ordenado y limpio; no asumiendo que su hija es un poco más rebelde y tiene otras costumbres.

Una carta es el hilo conductor, de principio a fin, que enlaza cada palabra y diálogo con el pasado y el presente representado en escena.

Esta es una bella y acertada elección para contar una historia, que siempre será sensible por su tema central. Todos hemos perdido a algún ser querido y deseamos reencontrarnos para sanar ciertas cuestiones o, simplemente, para seguir la vida más dulcemente.

No es todo una cuestión de espíritus ni de fantasmas. No es una locura sino el deseo de unir fantasía con realidad y sentir que no existe el dolor de una pérdida sino la forma exacta como para charlar, libremente, con esa persona que murió físicamente.

El título de esta obra se refiere al cariño de una hija hacia su madre pero, también, de una hiedra. Parecieran ser dos cuestiones totalmente diferentes, sin embargo, la hiedra representa de algún modo al curso de la vida. Sus bellas hojas, que crecen fácilmente, sin demasiados cuidados, merecen ser orientadas para tener alguna forma genérica, como para que su dibujo no sea subjetivo sino más certero.

La vida de esta joven que tuvo distintas experiencias, desde la partida de su madre, y que se las comunica como todo diálogo merecedor de espacio. Mientras la planta precisa embeberse de agua, ella anhela un receptor, un alguien que le de cariño, que la acompañe en sus momentos de verdadera soledad, en que el dinero no alcanza para nada y una tortilla es suficiente para colmar toda expectativa.

Si su madre supiera que el liberalismo económico no tiene nada que ver con el liberalismo en cuanto a expresión.

Si la hiedra hablara y esbozara sus sentimientos, posiblemente desearía reencontrar a estas dos almas que deambulan en buscas de momentos cálidos, de una palabra justa y de esos instantes fugaces.

ficha Querida mamá

Mariela Verónica Gagliardi

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Un dolor liberado

Mariposa de pies descalzos

Ingrid Pelicori interpreta a Inés, una acomodadora del Teatro Colón que tiene pasión y devoción por la ópera. Ella no es una empleada cualquiera, es una soñadora que, cada estreno, lo siente como propio. Esta historia, que forma parte de un ciclo de tres obras dirigidas por Laura Yusem, se titula “Mariposa de pies descalzos” y ganó el concurso de dramaturgia de Nuestro Teatro 2014.

Inés, con su trabajo se inmiscuye en la música clásica, en los escenarios, entre las butacas -de las que conoce, perfectamente, su distribución-; añorando ser cantante lírica. Ella no lo dice con palabras exactas, pero en su monólogo se presiente, se deja relucir.

Inés no tuvo una vida fácil, sino un pasado muy doloroso que aún no pudo superar. A partir, entonces, de un conflicto ocurrido hace mucho tiempo, ella transita intentando sobrevivir.

Pasado y presente se fusionan y su profundo padecimiento la convierte en una mariposa. Una mariposa sin alas que pretende volar sin fronteras, alcanzando la libertad absoluta, no sin antes cumplir su ansiado objetivo.

Ingrid desempeña un personaje totalmente expresivo en el que se visualiza su talento y profesionalismo. Su interpretación es realmente conmovedora y no existe posibilidad de no emocionarse durante la media hora que dura esta dramaturgia. Una historia breve que no tiene necesidad de ocupar más tiempo, porque todo lo transita.

Mientras Inés recorre las dos escaleras de Patio de Actores y todo el escenario, se produce un sinfín de sensaciones. Las mujeres, por el tema a tratar, nos conectaremos más con su dolor que los hombres, y mi expresión no es feminista sino real.

Con una luz que abarca la totalidad de la sala y se convierte en su propio lugar, el recreado por su recuerdo e imaginación; otorgándole detalles que no vemos pero sí vibramos junto a ella.

Vestida de negro, de pies a cabeza, su rostro solamente esboza otro color, aunque su corazón está tan herido como la oscuridad. Su mente confusa, le da a veces tregua, para recordar los estrenos en el teatro donde pudo encontrar un lugarcito para no ser tan infeliz. Sabiendo a la perfección cada acto, escena, diálogo y voz; podría ser mínimamente una figurante de la ópera.

Sin embargo, su destino fue otro.

Se dice que quien muere, no muere del todo. Así es como ella deambula, certeramente, por cada espacio escogido, sin zapatos, con aires de grandeza, liberándose de su decisión adolescente que la traumó para siempre.

ficha Mariposa de pies descalzos

Mariela Verónica Gagliardi

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El arte en las venas

La comedia de los herrores

Nosotros queríamos hacer un espectáculo que pudiesen disfrutar todos, que no sea un espectáculo para chicos que tenga guiños para adultos, sino que la pasen bien todos juntos.

Estaría bueno generar siempre situaciones en que pueda compartir: a veces en el arte, en el cine, en el teatro. Son pocas las oportunidades que uno tiene de compartir con el chico la experiencia y disfrutarlo por igual.

Soy fanático del cine mudo, entonces quería buscar algo que tenga que ver con coquetear con el teatro clásico de Shakespeare, con el cine clásico de Chaplín y Buster Keaton y Harold Lloyd; y de una mezcla así como de una batidora salió la propuesta”.

Estas palabras fueron dichas por Emiliano Dionisi durante el Festival de la Palabra el 22 de marzo, el cual tuvo lugar en Tecnópolis.

Emiliano Dionisi es un talentoso director que no deja de sorprender con su amplia creatividad y puestas en escena.

Desde el año pasado está llevando a cabo “La comedia de los herrores” (basada en la Comedia de las equivocaciones de William Shakespeare) -habiendo recibido muchos premios y ganado el concurso propuesto por La Comedia de Buenos Aires- una de las obras más entretenidas del autor inglés, con más intrigas, ironías y en tono burlesco de principio a fin. Estas características la convierten en una pieza artística maravillosa que es para disfrutar en familia, orientada a todas las edades.

En marzo asistí por primera vez a una función y quise aguardar a una segunda para realizar algunas comparaciones. La primera fue en Tecnópolis, con entrada gratuita y a sala llena. De hecho, hubo gente que se tuvo que quedar afuera porque no cabía ni un alfiler más en la sala, que de por sí era grande.

Esta segunda vez, en un teatro como La Comedia, que oscila entre independiente y comercial, no tuvo el mismo resultado. Con entrada a un precio normal, no colmó la platea. Aquí está el primer rasgo: esta obra quiere ser vista por toda persona que se entere ya que cuenta con una propuesta innovadora que mezcla teatro con cine mudo, con un vestuario en blanco, gris y negro que guarda dicha coherencia con la época y un elenco de actores muy carismáticos, profesionales y que interpretan sus personajes deleitosamente.

Y, no es cierto que una función gratuita sea sinónimo de sala llena, ya que eso sería subestimar al espectador, que de por sí demuestra que tiene criterio para elegir qué ver.

La trama gira en torno a una familia que se separa por un naufragio. Dicha familia estaba compuesta por un matrimonio (Emilia y Egeón) y dos gemelos (llamados ambos Antífolo), a la vez que dos sirvientes también gemelos (y llamados Dromio). Al ocurrir este accidente, Egeón junto a uno de sus hijos y sirvientes, quedan juntos y, su mujer, unida a su otro hijo y sirviente.

Al ser los niños iguales a sus hermanos, este es uno de los factores que provoca a lo largo de toda la dramaturgia, muchísimas confusiones que despiertan el humor infrenable.

Valiendo de y apoyándose en la música, se disfruta de un espectáculo que entrelaza proyecciones visuales (con estilo de film) en que están los mismos personajes que en vivo, ingresando y saliendo de escena como si fuera un efecto en que la fusión del séptimo arte se fusiona con el arte dramático.

Es llamativamente interesante observar este paralelismo ya que tienen que realizarlo sincronizadamente, tanto a nivel de diálogos como de movimientos. Y, de hecho, los compases musicales, los pasos de baile y cada palabra tienen su firmeza y suspicacia para demostrar la excelencia de todo el grupo.

Las equivocaciones entonces, generan conflictos momentáneos, enamoramientos que parecen de antemano frustrados, regalos que no llegan a manos de la persona deseada e inclusive la prisión del erróneo.

Shakespeare delineó esta entramada historia a fines del Siglo XVI pero se publicó recién en 1623. Él se basó en relatos de diversos autores como Plauto, Geoffrey Chaucer y Philip Sidney, entre algunos de los más citados según fuentes históricas. De hecho, Plauto menciona a una pareja de gemelos y Shakespeare doblega la apuesta.

Siracusa estaba condenando a muerte a mercaderes de Éfeso que no contaban con dinero para pagar la fianza. Así es como Éfeso adopta una medida similar en cuanto a los mercaderes de Siracusa. La tirantez de la medida es otro de los motivos por los cuales se origina un conflicto ya que Egeón (antiguo mercader de Siracusa) se encuentra en esas tierras para hallar a su esposa y a su otro hijo.

De ahí en más, la serie de escenas, escándalos y situaciones graciosas consiguen una impronta súper agradable que serán aplaudidos por todos los presentes.

«La comedia de los herrores» es un reflejo sobre cómo de una palabra se puede conformar un universo tremendamente delirante, justificado en todos sus aspectos y utilizando el drama, la comedia, la farsa y todos los recursos necesarios para demostrar que, de un momento a otro, se puede esbozar una idea u otra, un reflejo de la sociedad o una contraposición a la misma. Para reír a carcajadas, que los niños aprendan, disfrutan y todos los adultos tengamos la excusa para revivir momentos únicos.

ficha La comedia de los herrores

Mariela Verónica Gagliardi

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Un hechizo que rompe con el amor

Prueba de amorUn romance, compuesto por Frida (Renata Marrone) y Guinter (Santiago Stieben), es el que tiene como principio esta obra de teatro llamada “Prueba de amor” (escrita por Roberto Arlt y dirigida por Rita Terranova). Dicha dramaturgia, en palabras del propio autor, es un boceto teatral irrepresentable ante personas honestas.

Ya teniendo en cuenta esto y contextualizando la época, se puede garantizar que se trata de una ironía y ridiculización hacia quienes “gobernaban” en ese entonces como conservadores y estaban a favor de ciertas prácticas tiranas y a quienes en vez, delibremente, se condenaban con un estado de sitio.

Frida quiere casarse con Guinter y todas las escenas que podrán verse girarán en torno a palabras que pretenderán convencerla de que solo continúe con ese deseo si realmente lo ama, al igual que que él continúe a su lado si obtiene alguna prueba determinada.

En un solo acto, integrado por tres escenas -las cuales transcurren en el living de la mansión de Guinter- los parafraseos serán recurrentes, uno querrá ser más vivo que el otro, inclusive utilizando mecanismos no imaginados.

Una mujer enamorada que desea tener total certeza de que él es el indicado. Un hombre que no confía demasiado en ella y pretende hacerle notar cómo lo único que le interesa de él es su fortuna. Él se cuestiona si Frida lo amaría sin ningún billete y ella, pretendiendo evadirlo, le contesta que lo conoció rico.

Esta obra es una pieza teatral perfecta por su texto, los dos actores y la dirección de la talentosa Rita Terranova. Acompañan este universo mágico, la iluminación y efectos sonoros -junto a la música reproducida, la cual marca suspenso- consiguiendo un resultado óptimo y notable.

Si pensamos cómo eran las señoritas de aquella época, que debían casarse vírgenes, contentar siempre al hombre en todas sus ocurrencias, no ser rebeldes sino sumisas; este personaje que vemos resulta una oposición, una manera de hacer notar que no siempre los hombres tenían razón y que todas las mujeres tenían derecho de negarse a hacer lo que no estaban a gusto.

Aunque los derechos fueron arrebatados por los inoperantes y violentos de siempre, aquellos que no saben escuchar sino aniquilando.

Frida es un ejemplo de feminismo, sin extremos, de una delicada mujer que sabe decir que no cuando lo precisa, que cuestiona lo necesario para no equivocarse gravemente y que el amor no la enloquece ni cega.

Guinter, es el reflejo de tantos hombres que incluso hoy siguen existiendo, que suponen que con una fortuna pueden manipular decisiones y futuros supuestos.

Es increíble la literatura de Arlt en cada uno de sus libros, en su pensamiento inagotable y en su intelecto que busca por lugares sorprendentes.

Por momentos sentí que estaba en el cine, donde no existen equivocaciones porque el material ya está editado y unido a la perfección. Donde las equivocaciones son a drede o involuntarias.

Los años 30´ fueron inolvidables: por el proceso militar como gran aspecto negativo, pero por su música, vestuarios, peinados y estilos del lenguaje insuperables.

Como un retrato en la mesita de luz, ahí queda él, con un objeto que su dinero compró. Sin nada más. Quizás solo con lo que se merecía por engañar, por intentar ser más que. Ella, de igual manera, siente la traición, y solo prestando verdadero atención podrá conocerse quién es más culpable si de culpas se trata.

Así, con un primer plano que cualquier mirada puede imaginar, mientras las luces se apagan tenuamente y los aplausos avivan la sala.

Domingos 19 hs. Andamio 90´.

Mariela Verónica Gagliardi

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Escribir la vida desde el Paraíso

Hoy El diario de Adán y Eva1

El cometa Halley, pasó cerca del Planeta Tierra el 30 de noviembre de 1835, día en que Samuel Langhorne Clemens nacía.

Más conocido como Mark Twain, es uno de mis autores favoritos desde pequeña, ya que logra acercar sus vivencias personales a las aventuras más sorprendentes y divertidas, en las que es posible ser feliz durante cada una de sus páginas.

Sin lugar a dudas, este genio creó uno de los libros más importantes de la literatura humana: El diario de Adán y Eva. Durante este breve relato, estos personajes bíblicos van autodescubriéndose y conociendo el mundo, sus palabras, sus significados y, asombrándose, con las diferencias entre ambos sexos.

Como un homenaje, en cierta forma, a su esposa Olivia -quien murió un año antes de la escritura del libro-, él entremezcla ficción y realidad, haciendo primar las diferencias y el humor por sobre todas las cosas.

Justamente, esta mujer y este hombre reflejan a tantos otros de su especie. Tanto animal como humana, claro que solo la humana podrá comprender el lenguaje que se utiliza durante la dramaturgia, a pesar de que Miguel Ángel Solá representa muy bien a las diferentes especies anteriores al hombre. Tal es así que Eva tarda en entender la evolución y darse cuenta que es un semejante.

Lo mismo ocurre cuando engendran vidas -la de Caín en primera instancia-, las cuales no logran asimilar como suyas, ni entender de qué razas son -confundiéndolas, incluso, con reptiles-.

Todo el lenguaje poético que se utiliza en esta obra, denominada “Hoy: El diario de Adán y Eva” (escrita por Solá, Oteyza y González Gil; dirigida por Manuel González Gil), goza de una suspicacia y sensibilidad enormes.

Miguel Ángel Sola y Paula Cancio, consiguen retratar a dichos personajes emblemáticos de la religión católica, enaltecerlos y ridiculizar sus conductas a partir de diálogos entretenidos, graciosos y llenos de romanticismo.

La música, a cargo de Martín Bianchedi, ameniza las escenas que transcurren entre pasado y presente. Un pasado en que una emisión radial desarrollaba un radioteateatro sobre este clásico de Twain, un clásico representado por Dalmacio y Eloísa (Adán y Eva). A partir de estas intervenciones en el micrófono, dentro de las que logran desarrollar dotes artísticos, se enamoran. Como era esperado.

Entonces, la pieza artística tiene varios aspectos a destacar: los orígenes de la especie humana a través del libro de este escritor y periodista del Siglo XIX, una historia de amor deleitosamente interpretada en la radio, en la vida ficcionada y la certeza de que todo ocurre, seguramente, en su vida privada.

Una historia, dentro de otra y ésta, dentro de otra… como quien abre una Mamushka y se encuentra con otra y sonríe por saber que existe una aún más pequeña e idéntica.

Así, como la reproducción humana, como las generaciones y como los días recorridos por el Diario que nos esboza otra sonrisa. No existe descubrimiento para nosotros, sin embargo, rememorar los orígenes, sin importar el credo, es una caricia al alma. Imaginar que dos seres, únicos, están solos y no les queda más alternativa que congraciar o ignorarse.

Como Adán cuando ya no soporta escuchar a Eva hablar sin parar, mientras Eva no entiende lo frío que se muestra su compañero.

Los fragmentos escogidos para representar están muy bien tomados y esta elección les permite intercalar lo fiel del teatro leído con la memoria que los caracteriza.

Y, con respecto al presente -que aparece, una y otra vez-, un programa radial, con mobiliario moderno, lo entrevista a Dalmacio. Un Dalmacio ya anciano, con problemas de salud que intenta disimular y con una ternura y terquedad como toda persona mayor. La entrevistadora (Adriana) es la pieza fundamental de toda la obra y quien irá conduciendo el programa para llevar a este personaje por diferentes momentos de su historia. Será de vital importancia el objetivo que ella persigue y el cual éste niega rotundamente con evasivas.

Mientras, los actores se cambian en visibles camarines -que se encuentran en ambos extremos del escenario-, la música no solo nos y los acompaña en esos breves instantes, sino que no dejan de narrar y esbozar sus identidades. Todo el vestuario es asombrosamente práctico y bello, lo que les permite a los intérpretes hacer los cambios en escena y que, desde el público, se pueda observar.

Casualmente, aunque no creo demasiado en las casualidades, el gran Mark Twain fallece el 21 de abril de 1910 -un día antes de que el cometa Halley volviera a pasar por la Tierra-.

ficha Hoy El diario de Adán y Eva

Mariela Verónica Gagliardi