*** Noviembre 2017 ***

Una carta al más allá

Querida mamá

Una casa en las afueras de la ciudad, rústica, en plenos años noventa. Una joven en pijama, deambulando. Una señora más grande, con ropa clásica, con los pelos anaranjadas que le cubren parte de su frente y dejan relucir su personalidad.

“Querida mamá o guiando la hiedra” (basada en textos de Hebe Uhart, escrita por Laura Yusem y dirigida por ésta última) es una obra de teatro que también invoca (al igual que Mariposa de pies descalzos, dirigida por Yusem) al mundo de los muertos y al más allá.

Una madre (Martha Rodríguez ) y su hija (Julieta Alfonso) se comunican, desde universos paralelos, como si el tiempo no las distanciara. Esta narración que pertenece a un realismo mágico, cobra un vuelo tangible que no deja de sorprender.

Se ve plasmado un excelente trabajo por parte de las dos actrices y una clara línea divisoria entre la vida y la muerte. Más allá de dicha división, es posible hallar dos encuentros entre ambas mujeres: uno que existe gracias a la imaginación y otro por una realidad ficticia que las une para que recuerden y sanen gratos momentos que desearían volver a tener muy cerca, dejando de lado las peleas de la convivencia cotidiana.

La música e iluminación consiguen ambientar cada escena en que las actrices interpretan sus sentires. Unos sentires que van desde la alegría, el anhelo, la desdicha, el abandono y el dolor.

Acostada sobre un mueble campestre, ella fuma y larga un humo, lentamente, para sentir la presencia de su mamá. Una mamá que es dulce y también rígida, que pretende tener todo ordenado y limpio; no asumiendo que su hija es un poco más rebelde y tiene otras costumbres.

Una carta es el hilo conductor, de principio a fin, que enlaza cada palabra y diálogo con el pasado y el presente representado en escena.

Esta es una bella y acertada elección para contar una historia, que siempre será sensible por su tema central. Todos hemos perdido a algún ser querido y deseamos reencontrarnos para sanar ciertas cuestiones o, simplemente, para seguir la vida más dulcemente.

No es todo una cuestión de espíritus ni de fantasmas. No es una locura sino el deseo de unir fantasía con realidad y sentir que no existe el dolor de una pérdida sino la forma exacta como para charlar, libremente, con esa persona que murió físicamente.

El título de esta obra se refiere al cariño de una hija hacia su madre pero, también, de una hiedra. Parecieran ser dos cuestiones totalmente diferentes, sin embargo, la hiedra representa de algún modo al curso de la vida. Sus bellas hojas, que crecen fácilmente, sin demasiados cuidados, merecen ser orientadas para tener alguna forma genérica, como para que su dibujo no sea subjetivo sino más certero.

La vida de esta joven que tuvo distintas experiencias, desde la partida de su madre, y que se las comunica como todo diálogo merecedor de espacio. Mientras la planta precisa embeberse de agua, ella anhela un receptor, un alguien que le de cariño, que la acompañe en sus momentos de verdadera soledad, en que el dinero no alcanza para nada y una tortilla es suficiente para colmar toda expectativa.

Si su madre supiera que el liberalismo económico no tiene nada que ver con el liberalismo en cuanto a expresión.

Si la hiedra hablara y esbozara sus sentimientos, posiblemente desearía reencontrar a estas dos almas que deambulan en buscas de momentos cálidos, de una palabra justa y de esos instantes fugaces.

ficha Querida mamá

Mariela Verónica Gagliardi

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